Epítome Odiseica por Marco Pagano

A continuación, se presenta un resumen escrito en prosa que, por cierto, se debe a la traducción, en verso, llevada a cabo por José Manuel Pabón editada por la Biblioteca Clásica Gredos en el año 1982, a título póstumo del gran helenista.

Canto I ‘La intercesión de Atenea’: Invocación a la dea para que auxilie al aedo a recordar lo que a Odiseo sucediole de regreso a su tierra patria, tras haber arrasado el alcázar sagrado de Troya. Inicio del relato (1 día del presente) Odiseo se haya retenido amablemente por la ninfa Calipso en la isla Ogigia. Él anda errante sin poder regresar a la patria debido al encono de Posidón, pues sin resolver matarlo decidió en cambio impedir su vuelta a casa desde que dejó ciego a su hijo, el ciclope Polifemo. Los demás dioses padecían por Odiseo, y Atena rogó por él ante Zeus, quien le recuerda cómo y por qué murieron Egisto y Clitemnestra a manos de Orestes. Zeus accede al ruego de Atenea, que le exhorta a enviar a Hermes para que éste comunique su decisión, en tanto que Odiseo debe poder volver a su patria, la isla de Ítaca. Mientras, ella, la diosa ojizarca, conminará a Telémaco a encarar a los feroces galanes y a visitar Pilo y Esparta, con el fin de preguntar él por su padre tanto a Néstor como a Menelao, y con el fin de lograr él gloria y renombre entre las gentes. Atenea hace transmutada en Mentes, señor de los tafios, sin que advirtiera su naturaleza divina Telémaco, quien ya no guardaba a penas esperanza alguna de que su padre Odiseo regresara; Atenea-Mentes, en cambio, se lo asegura, y le infunde vigor antes de ella marcharse. Telémaco, una vez se fue, reconociola por diosa, y poco tardó en convocar a los insolentes galanes, mientras éstos escuchaban al cantor Femio recitar el regreso desastroso de Ilión que a los dánaos impuso Atenea. Este canto fue a herir a Penelopea, la hija de Icario, que desconsolada bajó desde el altillo a rogar que Femio cambiare de cantinela. Sin embargo, Telémaco reconviniola y mandola callar y atender sus labores: ella subió al piso a llorar por Odiseo y a dormir; a su vez, a los galanes convocolos al ágora para el día siguiente, y rogándoles abandonar las estancias amonestolos y amenazolos con inusitado coraje. Los galanes siguieron banqueteando hasta la noche, empero, yéndose luego cada cual a su casa, mientras que Telémaco fuese a su alcoba a dormir, no sin antes revolver las mientes en los viajes que aconsejole la diosa.

Canto II ‘Telémaco parte a Pilo’: (2 días del presente) Amanecido ya, Telémaco la asamblea convoca, y ante los dánaos itacenses y ante los ancianos, lamenta su desgracia: no sólo ha perdido a su padre, sino que los nobles de la vecindad consumen sus bienes instalándose a diario en su casa. En respuesta, el galán Antínoo culpa a su madre Penelopea, que desde cuatro años ha promete y regatea compromisos, so pretexto de haber de tejer antes una tela que por el día hila y deshila de noche: he allí el ardid, que dice la tela tal será la mortaja del cadáver de Odiseo cuando aun finido haya de volver. Empero los galanes una noche descubriéronla destejiendo el sudario, y acabado lo tiene ya tras cuatro años de fingimiento. Así pues, Antínoo exige que Penélope elija un nuevo marido, o de lo contrario su hacienda paterna se verá consumida. Telémaco defiende el honor de su madre y así como la aún posible vuelta de su ausente padre, y al momento aparecen surcando el cielo dos águilas, sobrevolando en círculo el ágora, marchándose a oriente entre ataques de una a otra: el anciano Haliterses Mastórida revela el significado de semejante presagio: Odiseo ha de volver para perdición de los galanes, y tal sería como tal fue lo que él mismo vaticinó a Odiseo, antes de partir hacia Troya: que hubiendo sufrido mucho volvería a Ítaca, transcurridos veinte años. El galán Eurímaco, hijo de Pólibo, le niega présago y vaticinio, amenaza de multarle por suscitar vanas esperanzas y exige Penélope se traslade a casa de su padre Icario, a esperar la mejor dote de entre los muchos que la pretenden. Telémaco, ante la obstinada insolencia de los galanes, pide que al menos se le conceda una nave ligera con doce remeros para marchar a Pilo y a Laconia, y que si descubre que su padre ha de venir esperará sólo un año más, si por el contrario le revelan su padre ha fallecido ya, aceptará y dispondrá su madre Penélope escoja nuevo marido. Por su parte, Mentor, el amigo de Odiseo que éste dejó encargado del viejo Laertes y del caserón, lamenta se olvide a Odiseo y no se ponga coto a los galanes. Leócrito le amonesta, advierte que ni aun viniendo Odiseo se les podría arredrar, exhorta a que Haliterses y Mentor preparen el viaje de Telémaco, aunque no cree tenga valor para emprenderlo, y disuelve la asamblea. En la playa, Telémaco invoca a Atenea; ésta, en figura de Mentor, le asegura su fiel patrocinio. Telémaco va y da órdenes a Euriclea. Mientras, Atenea, transfigurada en el propio Telémaco, concita voluntades para el viaje, y luego esparce el sueño entre los galanes, que vuelven a sus casas. Transmutada la diosa de nuevo en Mentor, avisa a Telémaco que ya todo está listo para partir: marinos y combo bajel en la playa aguardan. Con la ayuda de éstos, Telémaco carga la nave y zarpan rumbo a Pilo cuando la noche ya ha caído.

Canto III ‘Telémaco en Pilo’: (3 días del presente) Al alba abarloa en Pilo el panzudo bajel, en la villa de Neles, patria de Néstor, mientras los pilios celebraban hecatombes de toros negros a Posidón peliazul. Tras presentarse Telémaco y Mentor-Atenea y alzar súplicas al sacudidor de la tierra con libaciones, Telémaco pregunta a Néstor por el sino de su padre. Por su parte, el Nelida responde que antes de abandonar la ya arrasada Troya suscitose discordia entre los Atridas: Menelao postulaba marchar de inmediato, Agamenón sacrificar hecatombes para aplacar la indignación de la diosa ojizarca. Entonces, la mitad de los pilios y el Tidida se hicieron a la mar rumbo a casa, pero los de Agamenón y los del propio Odiseo quedáronse a ofrecer sacrificios. Néstor, asimismo, dijo conocer que llegaron a puerto primero Diomedes y Neoptólemo con sus mirmidones, así como Idomeneo de Creta, y luego, el Atrida Agamenón, que fue muerto a traición por Egisto y su propia esposa: tal crimen se ajustició a los ocho años, por mano de Orestes. Por su parte, Menelao consiguió regresar tras haber sido arrastrado por las corrientes hasta Egipto. Néstor conmina a Telémaco a visitar a Menelao precisamente, que llegó a Esparta poco ha, ofreciéndole aindamáis a sus hijos como guías, y le aconseja por ende no demorarse, puesto que los fieros galanes le consumen la hacienda  y traman contra él. La tarde avanza, y Atenea-Mentor propone hacer las últimas libaciones y dormir. Néstor ofrece lecho a Telémaco y a Atenea-Mentor, pero ésta declina la oferta y excusándose cortésmente sale volando transfigurada en águila. Entonces, todos comprenden que Atenea patrocina a Telémaco. Néstor ofrece nuevas libaciones esta vez en honor de Atenea, a quien invoca largamente. Duermen. (4 días del presente) Al amanecer, celebran sacrificios rituales, comen, beben y por mandato de Néstor se le otorga a Telémaco como escolta y guía su propio hijo Pisístrato, de modo que ambos jóvenes montados en el carro se dirigen hacia los aposentos de Menelao. Antes hicieron posta en Feras, en casa de Diocles, nieto de Alfeo, donde durmieron. (5 días del presente) Tras mostrarse la aurora reemprendieron el viaje, y a Laconia llegaron cuando nuevamente oscurecía.

Canto IV ‘Telémaco en Esparta’: Cuando llegaron a la corte del rey Menelao, encontraron que allí se celebraba el banquete nupcial de doble boda. Megapentes, un hijo del Atrida, casábase con una sierva hija de Aléctor, y a su hija, la hechicera Hermíone ―tras tenerla a ella Helena ya no paría más― casábanla con Neoptólemo, tal y como Menelao prometió al Pelida en la llanura troyana de Ilión. Sea como fuere, Menelao acoge a Telémaco y a Pisístrato Nestórida, y sin saber aún su identidad ordena les bañen, les unjan de aceite, los sienten en el banquete. Comienza a platicar el propio Menelao, que asegura haber errado por tierras chipriotas, fenicias, egípcias, etíopes, sidonias, erembas y libias, y que al llegar a su tierra hubo de saber de la muerte traicionera de su hermano Agamenón, motivo por el cual tiempo ha que lamentábase largamente, así como por el sino de Odiseo, del cual por cierto no tenía noticia. La mención de su padre provoca en Telémaco el llanto, y entonces es Pisístrato Nestórida quien revela a Menelao y a Helena ―que acababa de presentarse entre ellos― su identidad. Menelao muestra su añoranza y afecto por Odiseo, y ofrece a Telémaco poblado vecino, todo bien que deseara y amistad hasta la muerte, y de inmediato diose al llanto Helena, pero también Telémaco, el gran Menelao e incluso el Nestórida, a quien le brotaba la añoranza por su fallecido hermano Antíloco. Aun así las cosas, Helena suministroles cierta droga mezclada con el vino, la cual cesaba el todo llanto y desolación, por grande que fuera, y así diéronse al banquete: ése momento precisamente aprovechó Helena para relatar cómo Odiseo se introdujo en la ciudadela de Troya travestido de mendigo, cómo nadie descubrió el ardid salvo ella misma, que habló con él y le bañó, lavó, ungió; cómo éste le reveló el plan de los dánaos, cómo ella lo calló. A su vez Menelao relató cómo escondiéronse en el huevo equino, cómo Deífobo y la propia Helena ―que inspirada por algún dios auxiliaba a los troyanos― palparon el ingenioso ardid de madera, y hasta cómo Helena, imitando las voces de las esposas de uno y otro, les llamaba a salir, cómo Odiseo reparó en la añagaza y contuvo los vehementes intentos, tanto de Menelao como de Diomedes, por responder a sus amadas mujeres y salir del escondite, y cómo Atenea alejó a Helena del hueco rocino por mor de los dánaos. Relatado esto, fueron al lecho a dormir. (6 días del presente) Al despertar, Menelao acude a hablar con Telémaco, y éste le refiere el motivo de su visita; Menelao, pues, le explica aquello que sabe ocurrió durante el retorno: retenido en la isla de Faros, que se halla frente a Egipto, por los vientos y por la voluntad de algún dios, la diosa marina Idotea, hija de Proteo, oyendo sus lamentos, presentose ante él y díjole que su padre, el mismo Proteo, le revelaría cómo llegar a su casa y qué habría de encontrar en ella, pero sólo si lo capturaba vivo. Así, al día siguiente, Menelao y tres de sus amigos capturan al anciano Proteo, que les refiere sólo podrán llegar a Laconia si ofrecen sacras hecatombes a los dioses en tierra de Egipto. Asimismo, a preguntas de Menelao, Proteo le revela cómo Áyax había fallecido en el mar, cómo también Agamenón a causa una celada del traidor Egisto, cómo Orestes estaba ya pronto a ajusticiar semejante crimen, cómo Odiseo se halla retenido contra su voluntad en una isla por la ninfa Calipso y cómo Menelao, él mismo, por fin, no moriría en Argos, sino que sería enviado por los dioses a los campos elisios. Al día siguiente Menelao con los suyos fueron a Egipto a ofrecer las preceptivas hecatombes, y allí el Atrida erigió un túmulo a su fallecido hermano Agamenón. Tras hacer esto, pudieron a la tierra patria regresar sin más demora. Tal le habló Menelao a Telémaco. Mientras, en Ítaca los donceles advierten la ausencia de Telémaco, y Antínoo se dispone a avizorar su regreso, con una nave de veinte remeros, para acabar con la vida del hijo de Odiseo. De semejante plan enterose el heraldo Medonte, que a ocultas de los galanes restaba quedo, escuchándolo todo; así fue cómo a continuación pudo ir a referírselo a Penélope. Ésta, al saberlo, abandonose al llanto y preguntó a sus criadas si alguna de ellas sabía que Telémaco había partido a Pilo y a Esparta; entonces el aya Euriclea confesó estar al corriente e incluso haber ayudado a su hijo, y, calmándola, la hizo desistir en su idea de advertir al viejo Laertes mediante su siervo Dolio, por bien que aconsejola bañarse y orar a la diosa Palas. Hizo Penelopea, y Atenea escuchó. Pero Penélope seguía en sus plañires cuando al fin durmiose, y Atenea enviole una sombra de su hermana Iftima, casada con Eumelo en Feras, y en sueños aliviola en su pecho al asegurarle no habría de recibir daño su hijo Telémaco. Mientras, Antínoo ya tenía preparado el ligero navío con veinte remeros en la playa, y allí esperaban llegase la noche. Llegada ésta, zarparon y fondearon cabe la isla Asterís.

Canto V ‘Calipso libera a Odiseo’: (7 días del presente) Amanecido ya el día, en el consejo de los dioses Atenea imploró por Odiseo y por Telémaco. Zeus, entonces, ordenó a la propia Atenea velara el regreso de Telémaco a Ítaca y desbaratara las funestas intenciones de los galanes, y a Hermes, el mensajero Argifontes, ordenole comunicar a Calipso dejare ir en una balsa a Odiseo, que habría de penar por mar por veinte días, hasta llegar a Esqueria en tierra de los feacios, última estación ya antes de regresar por fin a Ítaca. Hermes hace; Calipso acepta el decreto de Zeus y se lo comunica a Odiseo, que exige el juramento de lealtad a Calipso. Ésta realiza un último intento por retener a su amado ofreciéndole nuevamente a Odiseo la inmortalidad, pero éste rechaza por mor de su patria y la luz del regreso. Calipso se resigna; la noche se cierne sobre el horizonte de poniente y ambos, en la cueva rodeada de vergeles, cenan y se aman. (8 días del presente) Llegada la Aurora temprana dedos de rosa, Calipso ayuda a Odiseo en todo a fin de preparar la barcaza con la cual el Laertíada sufridísimo iba a emprender la navegación. La barca quedó construida transcurridos cuatro días, y el quinto ya dispuesto estaba a partir de Ogigia, isla de la poderosa ninfa Calipso. (13 días del presente) Zarpó pues Odiseo y veló timón en mano la noche toda también: la diosa Calipso dejole dicho arrumbase llevándola siempre a su izquerda, y así navegó por diecisiete días, cuando entonces columbraba ya tierra feacia. (30 días del presente) Cuando ya anochecía Posidón, que advirtió la inminente salvación de Odiseo, irritose en sus entrañas y despertó una tempestad atroz, mas la diosa Ino, antes mortal hija de Cadmo, apiadose de Odiseo y transfigurada en gaviota salió del fondo marino y diole un velo protector, con el cual asegurole llegaría a nado hasta la costa feacia, si bien una vez hubiere arribado debía devolverlo lanzándolo a las aguas. Tal hizo Odiseo cuando una gran ola desmontó su barcaza, y lanzose a nadar con el velo de Ino extendido bajo el pecho; además, Atenea mandó a los vientos a sus respectivas casas, excepto al Bóreas, que no dejó de soplar a fin que Odiseo llegara salvo a tierra feacia. (31 días del presente) Dos días estuvo el Laertíada errante a merced de la marejada, y sólo al tercero divisó ya tierra de cerca. (34 días del presente) Buscando a nado la playa libre de rocas e islotes, Odiseo llegó a la desembocadura de un río, el cual apaciguó su corriente por mor de las súplicas de Odiseo, que al fin logró apearse en la playa feacia. Desmayóse fatigado, pero al despertar lanzó al mar el velo de Ino y fuese a la selva propincua a dormir tras prepararse un lecho de hojarasca.

Canto VI ‘Odiseo en Esqueria, tierra de los feacios’: Mientras, Atenea transfigurose en una amiga de Nausícaa, hija de Alcínoo, rey de los feacios, y aconsejole en sueños ir al día siguiente a lavar al río sus ropas nupciales, tras lo cual marchó al Olimpo. (35 días del presente) Así, hubiéndolo permitido su padre Alcínoo, fue con sus amigas sirvientas a limpiar la ropa al río la doncella Nausícaa, y mientras la ropa al sol secábase, jugando a la pelota y cantando consiguieron despertar a Odiseo, que ante Nausícaa se presentó suplicante. La doncella, a la que Atenea despejó todo temor, no se arredró ante la montaraz figura de Odiseo, cubierto como estaba de costras salinas, antes bien ordenó a sus sirvientas le dispensaran ropajes y comida después que él mismo, por su voluntad, se bañase, y antes de que se le indicara cómo llegar hasta la corte de Alcínoo, rey de los feacios y padre de Nausícaa. No obstante, Nausícaa indicole además cómo debía suplicar a su madre ya en la corte, y que allí debía allegarse sin su compañía, por no ser ella misma oprobio de las gentes feacias. Así pues, ya llegado el véspero, montadas en las mulas acompañaron a Odiseo hasta el predio de Atenea, donde allí el Laertíada imploró a la diosa ojizarca. Ésta escucholo en su pecho.

Canto VII ‘Odiseo ante Alcínoo, rey de los feacios’: Entonces, cuando Odiseo ya entraba en la ciudad, Atenea vertiole en redor densa niebla, y apareciósele en figura de joven moza con un cántaro que atendiole y guiole a la corte de Alcínoo, tras advertirle que a nadie mirase ni preguntase. Una vez llegaron cabe la corte, Atenea en figura de moza le aconseja ser resuelto y suplicar antes que a nadie a la reina Areta, esposa de Alcínoo. Así hizo Odiseo, y fue bien acogido. Diéronse pues a la cena, y cada uno fue a su lecho salvo Alcínoo, Odiseo y Areta, que preguntole quién era, de dónde venía, de dónde era y quién diole las ropas que llevaba vestidas. Odiseo respondió cómo siete años estuvo atrapado en Ogigia, isla en medio del mar, apartada de todo, donde vive Calipso, después de naufragar y perder a sus amigos por un rayo de Zeus, cómo cuando principiaba ya el octavo año allí salió de la isla por el favor de Calipso, cómo pasó veinte días en el mar, cómo volvió a naufragar, cómo llegó a la playa de Esqueria y cómo encontrose con Nausícaa. Alcínoo responde ofreciéndole a su hija en matrimonio y haciendas varias, pero sin embargo accede a llevarle de regreso a Ítaca el día que había de amanecer si ése era su propósito. Así confirma esto último Odiseo y todos fueron al lecho a dormir.

Canto VIII ‘Bromas y veras del aedo Demòdoco’: (36 días del presente) Al amanecer del día siguiente Alcínoo y Odiseo fueron al ágora de la ciudad, donde habían de reunirse los feacios, y Atenea en figura de un heraldo real iba conminando a todos a acudir. Allí Alcínoo anunció que un bajel debía ser arreado a fin que el extranjero Odiseo pudiera regresar a su tierra patria, y dicho esto volvieron a la corte donde ya había muchedumbre de ancianos, varones y mozos, prestos a celebrar el festín. No olvidó Alcínoo convocar allí a Demódoco, aedo insigne por su dulce voz mas ciego por mor de las Musas, y sentolo y proveyolo de pan y vino a discreción. Saciados ya del banquete, el aedo Demódoco su lira cogió y se dejó oír con un canto verdadero: la recia riña entre Odiseo y Aquiles mientras banqueteaban, présago de la inminencia de la guerra de Troya, que Agamenón conocía y callaba merced al pitio oráculo. Semejante canto conmovió el ánimo de Odiseo, que lloraba su desconsuelo al recordar aquellos momentos, mas cubriéndose el rostro con el manto pretendía ocultar su honda pena. Advirtiéndolo Alcínoo, exhortó dar fin al banquete y la lira y salir fuera a participar y gozar de los juegos. Obedeciéronle todos y salieron hacia el ágora. El heraldo que cogió de la mano al ciego Demódoco, empero, descuidó allí su lira. Una vez en el ágora se levantaron muchos esforzados mancebos, que deseaban participar del certamen. En la carrera venció Clitoneo, en la lucha Euríalo, Anfíalo en el salto, Elatres en el disco y en el pugilato venció Laodamante, el hijo de Alcínoo. Este Laodamante invitó a participar de los juegos a Odiseo, que declina la oferta antes empero de verse zaherido por Euríalo: entonces acepta el reto cogiendo el disco y de súbito lo dispara más lejos que ninguno lo había lanzado en la prueba recién disputada, aun haber empleado un disco mucho más grande y pesado. Así quedó demostrada su valía y Alcínoo exhortó a los donceles a danzar mientras, hubiendo el heraldo ido a recoger la lira descuidada, el cantor Demódoco dejaba oír su voz con el canto de una fábula divertida y aconsejadora a un tiempo: cómo Hefesto advertido por el Sol urdió invisible e irrompible red, cómo capturó en amor a su esposa Afrodita y al propio Ares, dado que uno y otro aprovecharon su ausencia para yacer previo pago del amante, y cómo los demás concurrieron ante la escena avisados por Hefesto y cómo estallaron en gozosas risas. Ése fue el cuento que cantó Demódoco, para agradar las mientes del auditorio y para advertir a Odiseo que, si bien con veras otrora le hizo plañir, agora con bromas le hizo velar. A continuación bailaron solos dos jóvenes haciendo las delicias del Laertíada, y Alcínoo ordenó volver a la corte y que allí se le ofrecieran a Odiseo presentes que llevar a su patria, y también baño. Luego se entregaron al banquete y Odiseo ponderó a Nausícaa por ser su salvadora y a Demódoco, por ser de la raza de los aedos. A éste pidió Odiseo que recitara lo ocurrido en Troya, cuando los aqueos pudieron introducir el engañoso caballo obra de Epeo y de Atenea, lleno de hombres, con que asolaron al fin la ciudadela de Pérgamo. En efecto, Demódoco cantó cómo muchos dánaos volvieron ya a la tierra patria, cómo los más ardidos se metieron en la panza del caballo, cómo los teucros introducieron el caballo de hueca madera en la ciudadela, cómo discutían entre sí los troyanos, dirimiendo entre despedazarlo, precipitarlo por las rocas o quedárselo en tanto que ofrenda a los dioses, cómo al fin lo aceptaron en tanto que ofrenda, y cómo, en definitiva, Troya quedó asolada por los aqueos de buenas grebas. Mientras, Odiseo se daba al llanto, si bien sólo Alcínoo por hallarse de él más cerca reparó en ello. Así pues, el rey feacio disuelve el festín y sólo entonces pregunta a Odiseo por su nombre, su patria y su errar, y al tiempo alude al vaticinio que Posidón confiole a su padre: una de las naves feacias quedaría destruída tras cierto salvamento en las aguas, y, tras ello, cerraría la ciudad con enorme montaña.

Canto IX ‘Memoria de Odiseo I (el ciclope Polifemo)’: Por dar cumplida noticia al rey Alcínoo, Odiseo tras ensalzar la raza de los aedos, da comienzo al relato de su penoso errar. (1 día del pasado) Canta Odiseo llegó primero a Ísmaro, patria de los cícones, cuando partió de la playa troyana. De allí él y los suyos, tras saquear el territorio y llevarse cumplido botín, salieron con dificultad por inoportuno entretenimiento de la tripulación, lo cual permitió a los cícones reagruparse para luchar. Entonces, navegando ya el anchuroso lomo de la mar, Zeus desató tremenda borrasca y entre embates y sin velamen transcurrieron doce días hasta llegar a tierra de los lotófagos. (12 días del pasado) Allí, los que comían del loto no querían ya más volver a su patria, habiéndola olvidado por entero, si bien conducidos a la fuerza se pudieron embarcar también y así lograr la huída. Bogando por mar, de allí vinieron a dar a tierra de los ciclopes, en frente de la cual había una isla llamada ‘Laquea’, ya que en aquella isla Odiseo y los suyos fondearon sin casi advertirlo, siendo ya noche cerrada como era. (13 días del pasado) Al amanecer se dieron a la caza y por la noche al festín y al sueño, mientras escuchaban las voces de los ciclopes que habitaban en la tierra vecina a la isla Laquea. (14 días del pasado) Levantado el día siguiente Odiseo decidió ir con los de su bajel a la tierra de los ciclopes, por ver quiénes eran éstos. Una vez calado el bajel en la costa vecina a la isla, Odiseo escoge a doce de los suyos y remonta una ladera en la cual avista un antro: allí entraron y se proveyeron de viandas. Entonces, ya todos pedían a Odiseo marchar veloces hacia la nave, pero éste decidió presentarse ante el ciclope y pedir hospedaje. Así pues, sentáronse a comer allí mismo, y cuando el ciclope llegó, del espanto al contemplar su monstruosa figura se metieron todos al fondo del antro. El ciclope entró en él, cerró la entrada con enorme pedrejón, ordenó las cabras y luego descubrió la presencia de los varones. Entonces, Odiseo rogole hospedaje, pero mostrando impiedad de palabra y de acto, el ciclope comiose a dos de sus compañeros y púsose a dormir cual fiera corrupia. Odiseo pensó entonces en darle muerte con la cuchilla, pero advirtió que de hacerlo morirían ellos después, cerrados allí como estaban por tan descomunal peña. Suspirando, pues, aguardaron al alba. (15 días del pasado) Amanecido ya el día, el ciclope Polifemo ordeñó de nuevo a sus reses, se almorzó otros dos varones compañeros de Odiseo y salió al monte a pacer su rebaño tras volver a tapar la entrada de la cueva. Mientras, Odiseo taló y pulió un leño de olivo curando con fuego la punta que él mismo aguzó, y dispuso a cinco de sus hombres para ayudarle en el ataque contra el monstruoso ciclope. Mas cuando volvió de pacer sus reses y las hubo ordeñado dentro del antro, cenose crudos dos hombres de Odiseo más: ya sólo le quedaban allí seis de los doce hombres que con él subieron la colina. Entonces Odiseo le ofreció con engaño el vino que llevaba él en un odre: tan fuerte que lo mezclaban con veinte partes de agua para beberlo sin daño; pero el ciclope bebió de él cual fiera corrupia. Al tiempo éste preguntole a Odiseo su nombre, y él contestole que su nombre era ‘Nadie’. Antes de dormirse afectado por el vino, prometiole comerse último a Nadie, como muestra de cortesía y de cumplido hospedaje. Así pues, mientras dormía y hubiendo calentado la aguda punta del leño de olivo, Odiseo y los suyos hincáronselo en su único ojo provocándole un dolor paralizante. Polifemo vociferaba auxilio a los otros ciclopes, que en llegando preguntáronle quien le había atacado. Polifemo, en respuesta dijo que Nadie le atacó, y en consecuencia no se vieron impelidos a prestarle auxilio y se fueron por donde y tal como habían llegado. Él, pues, salió del antro, y, con las manos extendidas, palpaba a fin de comprobar que sólo salían las reses y los hombres no lograban huir, pero Odiseo ideó un nuevo ardid: juntando con mimbres tres grandes carneros sus hombres asíanse bajo el del medio, y así pudieron esconderse en el propio antro, mientras él se hallaba asido bajo un gran morueco. En tal guisa esperaron al alba divina. (16 días del pasado) Al amanecer, el ciclope, transido aún de agudos dolores, sacó a pastar las ovejas, y no advirtió como al fin salieron Odiseo y sus seis hombres. Éstos, llevándose los carneros consiguieron volver a la nave y embarcarse huyendo así la negra parca. No obstante ―y de esta insolencia le habrían de venir sus males presentes a Odiseo―, cuando ya se alejaban de la costa, el Laertíada se jactó por su ardid y confesó al ciclope su verdadero nombre, y, a la par, le apostrofó que ni Posidón, aun siendo su padre, podría curarle ya su ceguera. Airose en la entraña el ciclope y lanzó una enorme peña que en caer al mar hizo retroceder la nave: había comprendido cómo habíase cumplido un vaticinio que otrora el Eurímida Télemo le confió, por más que imaginaba que el tal Odiseo del vaticinio sería un ser corpulento y de enorme poder, pero no un hombre de aspecto corriente. Polifemo, colérico, volvió a lanzar otra peña aún mayor y ésta cayó tras la nave, lo cual impulsola hacia la playa de la isla Laquea. Una vez a salvo, sacaron los carneros y cenaron mientras anochecía, y al amanecer volvieron a zarpar hiriendo la mar con los luengos remos.

Canto X ‘Memoria de Odiseo II (el odre de Eolo, los lestrígones, Circe)’: (17 días del pasado) Llegaron pues a la isla de Eolia, donde tiene su sede el Hipótada Eolo así como su esposa y sus doce hijos: seis varones y seis hembras que Eolo casó entre sí. Odiseo y los suyos allí estuvieron hospedados un mes entero, hasta que Odiseo rogó a Eolo poder regresar a la patria con su ayuda. (47 días del pasado) Entonces el Hipótada desolló un buey y con su piel fabricó un odre en el cual encerró los vientos salvo el Céfiro, por que así Odiseo tuviera plácida singladura de retorno. Cuando ya llevaban diez días navegando (57 días del pasado) avistaron Ítaca e incluso las hogueras que allí hacían sus pobladores, sin embargo, Odiseo se durmió presa de un gran cansancio. Entonces, sus compañeros, envidiosos de él por llevar a su casa tantos tesoros y ellos tan pocos, desataron el odre de Eolo con el propósito de averiguar su contenido, esperando encontrar gran cantidad de oro y plata: así fue que desataron a la par todos los vientos y de nuevo fueron arrastrados por la borrasca hacia alta mar y recalaron de nuevo en la isla de Eolia; el Hipótada Eolo, empero, no los acogió más aduciendo que no ayudaría a quien maldito por los dioses estuviera. Marchando de allí, pues, al séptimo día de travesía (64 días del pasado) llegaron a Telépilo, a tierra de los lestrígones, donde reina Antífate en el castillo de Lamo. Encontrando por el camino a la hija del rey, ésta indicoles cómo llegar a palacio, pero una vez llegaron al mismo, aterrados, descubrieron que tales reyes eran monstruos de enorme estatura, y Antífate, rey de los lestrígones de Telépilo, tras reventar a uno devorolo. Los demás huyeron, pero a la voz de alarma los gigantones lestrígones acudieron en tropel, lanzándoles enormes pedrejones, y si bien muchos dánaos allí perecieron, Odiseo y algunos de los suyos consiguieron huir. La huída los llevó por mar a Eea, la isla habitada por Circe, hermana de Eetes y con él hija del Sol y Persea la de Océano. En la playa primero pasaron dos días con sus noches, y al tercero (66 días del pasado) Odiseo fue a explorar la isla, hasta otear el palacio de Circe, tras lo cual volvió a las naves con la intención de enviar heraldos hacia allí. De camino cazó un gran ciervo, y con él pudieron aún comer algo. Después de cenar, se acostaron. (67 días del pasado) Levantado el día Odiseo formó dos grupos: él jefe de uno, del otro Euríloco. Echaron suertes y tocó ir al palacio de Circe al grupo de Euríloco. Llegados a las estancias aúlicas de Circe, todos entraron salvo Euríloco, que presintió una parca funesta. A los que se allegaron a Circe ésta entre los abundantes manjares dioles un elixir que convirtiolos en cerdos. Euríloco, al darse cuenta de que nadie de allí salía ya, volviose a las naves refiriéndolo a Odiseo con gran temor. El Laertíada decide ir en rescate de los suyos, y próximo ya al tétrico palacio Hermes se le presenta transfigurado y  le da un antídoto que le ha de hacer invencible ante Circe; además, le aconseja yacer con ella cuando se lo pida, bajo juramento, empero, de no pretender ya más mal alguno contra él ni contra los suyos. Odiseo hácelo todo tal cual le aconsejó Hermes, y tras Circe liberar del hechizo a sus compañeros, va en busca de los que en la nave aguardaban para, a petición de la diosa, pasar un agradable tiempo en sus estancias. Odiseo pues accede, y allí entre banquetes y divinos placeres estuvieron todo un año. (1 año y 67 del pasado) Cumplido el año, empero, los suyos a Odiseo recordaron la vuelta a la tierra patria, y a la noche suplicole a Circe, en el lecho, les ayudara en el regreso. Ella contestole que para eso antes habían de acudir a las puertas de Hades, a consultar al adivino tebano, el ciego Tiresias, y refiriole con qué ofrendas y sacrificios había de congraciarse con la nación de los muertos. (1 año y 68 días) Así pues, llegada la Aurora Odiseo y los suyos partieron con el combo bajel hacia el Hades.

Canto XI ‘Memoria de Odiseo III (visita al Hades)’: Yendo pues hacia allí, pasaron cabe la tierra de los cimerios: brumosa, donde el sol nunca penetra, y, según anochecía, transcurriendo por el confín del océano merced a la brisa del cierzo que Circe les dispensaba, abarloaron en el lugar señalado. Allí, Odiseo hizo como Circe le indicó: excava una fosa de un codo de anchura, liban leche con miel, después vino dulce y finalmente agua pura, luego esparcieron sobre la fosa harina, Odiseo imploró largamente a los muertos, prometiéndoles sacrificios a su vuelta, y degolló una oveja y su cordero, ambas reses de color negro. Los muertos desde el Érebo surgieron con horrendo clamor, queriéndose acercar a las reses degolladas, y mientras sus compañeros consumaban el sacrificio mediante el holocausto, Odiseo mantenía alejados a los muertos cuchillo en mano. Entretanto presentósele primero Elpénor, su compañero que murió al zarpar de Eea cayendo desde una terraza por olvidar la escalera, y pidiole no regresare a Ítaca sin sepultar su cadáver. Luego presentósele su difunta madre, Anticlea, y su pecho inundósele de dolor, si bien no le dejó acercarse a la sangre de la fosa. Sí dejó que bebiera Tiresias, cuando al fin se presentó. Éste, después de bever la rica sangre, le predijo llegar fácil a Ítaca si no mancillaban las vacas del Sol que en la isla Trinacia pacen, y también le reveló el acoso de los galanes a su mujer; por último, le vaticinó una plácida muerte hubiendo llegado a una lozana ancianidad. A continuación, Odiseo preguntole a Tiresias cómo podría hablar con su madre Anticlea, una sombra ahora, y díjole aquél que dejándole beber de la sangre. Así, Anticlea primero preguntole si había regresado a Ítaca, respondiéndole Odiseo que aún no, y éste a su vez preguntole por su padre, esposa e hijo, y contestole Anticlea la verdad: Laertes en el campo, añorado por su hijo, Penelopea paciente, encerrada en casa, aguardando a su esposo todavía, y Telémaco crecido, velando por la hacienda de su padre. Además, a la consulta sobre el motivo de su muerte contestó su madre que fue la tristeza lo que la mató. Intentó abrazarla Odiseo por tres veces. No pudo. Se desvanecía. Y se le acercaron luego próceres féminas: Tiro la de Salmoneo que enamorose del río Enipes, Antíopa la de Asopo, Alcmena que tuvo a Heracles por hijo con Zeus y a Anfitrión por marido, Mégara la de Creonte que casó con Heracles, Epicasta, la madre de Edipo que de su propio hijo tuvo vástagos; Cloris, la esposa de Neles; Leda, la de Tindáreo esposa; Ifimedia, la madre de Efialtes y Oto, que pretendieron ellos remontarse al Olimpo, antes bien los fulminó Apolo; luego Fedra, Procris, Ariadna la de Minos, Mera, Clímena, Erifila, y un sinfín de mujeres próceres imposibles de enumerar en una noche. Tal acabó su relato Odiseo y rogó poder descansar, puesto que la noche habíase presentado. Sin embargo, Alcínoo le pide quedarse un día más en Esqueria y que prosiga aún su relato, sin atender a la hora ni al descanso. Y continuó, pues, refiriendo Odiseo cómo vio luego de las mujeres al Atrida Agamenón, que murió por traición de Egisto, según él mismo le confió, y tras él fue asesinada Casandra la de Príamo, que traía consigo por botín, cuyo cadáver cayó sobre el suyo. Con su sino, pues, Agamenón ejemplifica lo que no va a sucederle a él con Penelopea, la prudente hija de Icario, mas aconseja sigilo en su retorno a Ítaca. Luego se le presentaron Aquiles, Patroclo, Antíloco y Áyax. A Aquiles pudo referir cómo triunfó su hijo Neoptólemo en el consejo y en la llanura de Ilión; mientras que Áyax se mantenía alejado del Laertíada por causa de lo ocurrido con las armas de Aquiles. Entonces arrepintiose Odiseo de haber ganado semejante porfía y quiso hablarle, pero aborreciéndole se fue al Érebo, con el resto de las sombras. Vio Odiseo también a Minos que juzgaba a los muertos, y a Orión, y a Ticio enorme el de Gea que osó asaltar a Letona: dos buitres el hígado le roían; y a Tántalo atormentado: con bienes en rededor, se le apartan cuando pretende alcanzarlos; y a Sísifo trajinando la monstruosa piedra vez tras vez: a la cima la empuja, de la cima se le escapa rodando hasta el llano; y vio también al fuerte Heracles: su sombra, pues él habita ya con su Hebe al lado de Zeus, y díjole que también él otrora hubo de llegar al Hades por capturar al perro Cerbero, y también vio a Teseo y al hermano de éste, Pirítoo. A continuación, miles de muertos con horrendo chillido se le acercaban, y huyó presto hasta refugiarse en el bajel, con el cual zarparon raudos alejándose de las puertas del Hades.

Canto XII ‘Memoria de Odiseo IV (el gran periplo hasta Ogigia, donde mora Calipso)’: De noche fue que llegaron de vuelta a la isla de Eea, en que tiene sus casa y sus coros la Aurora temprana y el Sol sus salidas, y los dánaos quedáronse durmiendo en la propia playa. (1 año y 69 días de pasado) Al amanecer les recibió Circe y quedáronse en sus estancias comiendo y bebiendo a discreción, ello después que Odiseo y los suyos diesen digno sepelio a Elpénor. Llegada la noche Circe preguntole a Odiseo respecto de lo visto y padecido en la morada de Hades, a lo cual respondió el sufrido Laertíada. A continuación, la diosa advirtiole sobre las Sirenas y sobre cómo evitarlas, y también sobre los dos caminos posibles una vez sorteadas las Sirenas: el paso de las Simplégades, que sólo la nave Argo pudo singlar, o bien un otro paso, sito entre dos promontorios, de los cuales uno cobija en una cueva al monstruo Escila de seis largos cuellos y seis cabezas con bocas de tres apretadas hileras de dientes, mientras que el de enfrente a tiro de flecha es más bajo y alberga a la divina Caribdis, que vomita y absorve las aguas con tremenda resaca. Le aconseja pues pasar cabe Escila evitando así ser engullidos por Caribdis, y llamar a la madre del monstruo aquél, de nombre Cratéis, a fin de evitar la ruina total. Advirtiole también que de salir airosos llegarían a la isla Trinacia, donde las vacas inmortales del Sol pacen: de ellas ni una sola han de dañar, pues de hacerlo todos salvo Odiseo habrían de fenecer. (1 año y 70 días del pasado) Partieron pues con el combo bajel al punto que apareciose la Aurora temprana dedos de rosa, y Odiseo advirtió a su tripulación cómo debían atarle con recias maromas al pie del mástil a fin de evitar su encanto. Asimismo, él a su tripulación taponoles los oídos con cera, y prevenidos de tal modo pudieron sortear a las Sirenas. Al punto pasaron también el estrecho de Caribdis y Escila, arrimándose al peñasco donde éste se esconde, si bien el monstruo de seis fauces devoró a seis valientes dánaos. A continuación arribaron a la isla del dios Sol: Trinacia, aunque Odiseo porfió a su tripulación en tanto debía evitarse por todos los medios. Ellos aducían que sólo pasarían allí la noche, por tal de evitar la furia nocturna del mar, y fueron obligados por Odiseo a prestar juramento de no dañar en modo alguno res alguna, pues vacas y ovejas eran propiedad del dios Sol. Así llegaron a la isla, cenaron y durmieron. (1 año y 71 días del pasado) Sin embargo, transcurrido un mes entero sin poder zarpar, pues soplaba el Austro, llegó el día en que se quedaron sin víveres y el hambre roía sus entrañas (1 año y 101 días del pasado). Odiseo entonces fue al interior de la isla para suplicar a los dioses, y allí quedose dormido. Mientras, Euríloco persuadió a los demás a que ofrecieran hecatombes a los dioses atrapando las mejores vacas del dios Sol. Así lo hicieron los insensatos, y tras los ritos se dieron al festín. Odiseo regresó y al oler la grasa de lejos cayó al suelo imprecando al cielo, desolado. Imprecó también a los suyos nada más llegar, pero ellos continuaron su infausta tropelía por seis días más; al séptimo, empero, (1 año y 107 días del pasado) cesó el Austro de soplar y al fin diéronse a la mar con el combo y negro nacío. Estando ya en alta mar, Zeus desató una cruel tormenta, y, por resarcir al Sol, con un potente rayo hizo saltar a los tripulantes al mar, si bien sólo Odiseo se aferró al mástil y así vio cesar la tormenta. (1 año y 108 días del pasado) Al amanecer, el combo bajel se dirigía de nuevo hacia los peñascos de Caribdis y Escila, justo cuando aquélla tragaba las aguas. Entonces, antes de ser absorbido junto con la nave, Odiseo saltó agarrándose a un cabrahigo que hundía sus raíces en la propia peña. Allí colgado esperó hasta la tarde, cuando la divina Caribdis vomitó las aguas saladas, y con ellas los maderos del otrora combo bajel. A ellos se aferró Odiseo, y, remando, sin ser visto por el monstruo Escila, pudo salir airoso del paso por segunda vez. Tras ser arrastrado por el mar durante nueve días, a la décima noche llegó hasta la isla Ogigia, donde habita Calipso. (1 año y 118 días del pasado) En dicha isla fue que Odiseo estuvo retenido siete años, y cuando principiaba ya el octavo año salió de la isla por el favor de Calipso, que lo tenía decretado por Zeus, atento a las súplicas de su hija Palas Atenea (8 años y 118 días del pasado, más 36 días del presente a partir del día en que Ulises zarpa de Ogigia, suman un total de 8 años y 154 días, tiempo transcurrido a partir de que Odiseo dejara la playa de Ilión rumbo a Ítaca).

Padre zeus

Dioses a favor de Odiseo Palas Atenea (Mentes o Mentor)

Hermes Argifontes

Posidón

La ninfa Calipso (Ogigia)

La diosa Circe (Eea)

El Sol Hiperión (Trinacia)

Dioses en contra de Odiseo
Mortales a favor de Odiseo Odiseo

Penelopea (esposa de Odiseo)

Telémaco (hijo de Odiseo)

Laertes (padre de Odiseo)

Euriclea (la discreta nodriza)

Dolio (siervo de Penélope)

Autónoa (sierva de Penélope)

Hipodamía (sierva de Penélope)

Eurínoma (sierva de Penélope)

Néstor Nelida (en Pilo)

Pisístrato (hijo de Néstor)

Menelao Atrida (en Esparta)

Nausícaa (hija de Alcínoo)

Alcínoo (rey de los feacios)

Euríloco (compañero de Odiseo)

Polites (compañero de Odiseo)

Eumeo (fiel porquero de Odiseo)

Filetio (fiel boyero)

Argo (el perro de Odiseo)

Los galanes, según XVI 245 y ss. se hospedan en casa de Odiseo 52 de Duliquio, 24 de Sama, 20 de Zante y 12 de Ítaca, sumando un total de 108 galanes, de entre los cuales destacan Antínoo, Eurímaco, que es quien ofrece una mayor dote por Penélope, Anfínomo, que es quien más place a Penélope según XVI 397-398, Agelao, Eurínomo, Leócrito, Leodes y Ctesipo.

Medonte (heraldo  los galanes)

Melantio (el cabrero infiel)

Melanto (impúdica sierva de Penélope)

El ciclope Polifemo

El lestríon Antífate

Las Sirenas

Caribdis y Escila

Mortales en contra de Odiseo

Haliterses Mastórida (anciano agorero de Ítaca)

El Hipótada Eolo (quien regala el odre de los vientos a Odiseo)

Femio (aedo en casa de Odiseo)

Demódoco (aedo en casa de Alcínoo)

Tiresias (el adivino tebano del Hades)

Teoclímeno (agorero hospedado en Ítaca por Telémaco)

Canto XIII ‘Llegada a Ítaca’: Así fue como Odiseo relató su errar al rey Alcínoo y a los primates feacios, y tras acordar ofrecer nuevos presentes para el sufrido Laertíada, cada uno marchó a su casa vencido por el sueño. Al día siguiente (8 años y 155 días del presente) la Alteza de Alcínoo prepararon la nave que había de lograr Odiseo regresara a Ítaca, y luego banquetearon. Al llegar el véspero despidiose de sus huéspedes: la Potencia de Alcínoo y Areta. Ya en el bajel, mientras dormía la Noche, los remeros singlaban hacia Ítaca divina hiriendo la calmosa mar con sus luengos remos. Atracaron en el puerto itacense de Forcis cuando el día se amanecía (8 años y 156 días del presente), y los remeros feacios sacaron primero a Odiseo que aún dormía sobre el lecho de lino, y luego los presentes maravilla de ver, dejando éstos y aquél bien lejos del camino transitado. Al volver los remeros feacios a Esqueria, Posidón convirtió su nave en peñasco ante su propio puerto, y viéndolo, Alcínoo comprendió se había cumplido el vaticinio que confiole su padre, por lo cual de seguido prohibió a los feacios ayudar en adelante a otro que su ruta errara. Por otro lado, en Ítaca, Odiseo mañero despertó, mas su tierra no reconocía por hechizo de Atenea, que transfigurándolo pretendía no fuera visto por nadie antes del ajusticiamiento. Entonces Odiseo creyó haber sido engañado por los feacios, si bien al contar los presentes confirmó no faltaba nada. Entonces Odiseo suspirabad desconsolado, sin saber dónde diantre se hallaba ahora, pero apareciósele Atena bajo la figura de un pastor ovejero, y así díjole que se hallaba en Ítaca. Él contestó con fingimiento que llegaba de Creta, merced al navío de unos fenicios, pero a continuación Atenea transmutó su aspecto presentándose ante él bajo forma de mujer alta, hermosa, perita en brillantes labores, y confiole además ser Atenea, que para ayudarle acudía. Acto seguido despejó la bruma de sus ojos y Odiseo reconoció su patria Ítaca: el puerto y la cueva de las ninfas náyades, en donde dios y mortal aparejaron los tesoros feacios. Hecho esto, taparon la entrada con una piedra y bajo un olivo Atena aconsejó al sufrido Odiseo cómo ajusticiar a los fieros galanes, quienes de tres años ha pretenden a la Icárida Penelopea. En efecto, mutó el aspecto de Odiseo, convirtiéndolo en anciano de ajada piel y ojos pitañosos, y exhortolo a ir primero en busca de su fiel piarego Eumeo, mientras ella a Laconia acudía para avisar a Telémaco, el hijo de Odiseo.

Canto XIV ‘Odiseo transfigurado’: Así pues, Odiseo en figura de un anciano subió sierra arriba y encontrose con Eumeo, que alejole los perros y dispensole festín de dos lechones mientras, desconsolado, refería su añoranza por Odiseo y su indignación por la merma diaria que los galanes infligían a la hacienda del Laertíada. Éste, manteniendo el ardid, jura a Eumeo que Odiseo pronto ha de venir para ajusticiar a los impúdicos pretendientes, pero el mayoral de los porqueros recela de ello, y, tras mostrar su preocupación por Telémaco, pide al anciano por su patria y su errar. Entonces, con discretísimo fingimiento, Odiseo, en figura un anciano provecto, refiriole ser un guerrero cretense que a Troya abarloó junto con el rey Idomeneo, que a Egipto fue por fortuna mas le prendieron al caer derrotado en una batalla, que tras siete años allí siguió a un fenicio hasta su patria, Fenicia, en donde hospedose un año, que luego de camino Libia para ser él vendido como siervo naufragaron y él dio con tierra de los tesprotos, donde supo de Odiseo y de donde cual siervo lleváronlo consigo hasta Ítaca, y que en Ítaca mismo por fin logró escapar. Eumeo quedose maravillado, mas no creyó lo de su amo Odiseo, ya que muchos otros sobre él habían llegado ya refiriendo embustes y patrañas. Sea como fuere, se dieron a la cena tras sacrificar un puerco florido de grasa. Hubiendo cenado y acostados en el catre, en tanto la noche era lluviosa y soplaba un crudo poniente, careciendo de manto a Odiseo le dio por referir una nueva historia: el suceso que en una emboscada en Ilión, durante una noche, sucediole a él mismo, esto es, que Odiseo hizo por que algún aqueo le diese un manto. En respuesta Eumeo le dio un manto para que pasara la noche al resguardo del frío, y luego él como buen porquero que era, junto a las zahúrdas se dio al sueño.

Canto XV ‘ La vuelta de Telémaco’: Entretanto Atenea instó a Telémaco a volver para Ítaca de inmediato, a no detenerse en el estrecho entre Ítaca y Sama donde le querían perder los galanes, y a dirigirse primero al cortijo del porquerizo Eumeo. Despertose pues Telémaco y a Pisístrato Nestórida exhortó a dejar las estancias de Menelao, mas él persuadiolo de esperar a la Aurora rosada. (8 años y 157 días del presente) En llegando el amanecer que ilumina el éter, Telémaco instó a Menelao a preparar su marcha. Éste al punto dispuso el desayuno y los preciosos regalos que aquél habría de llevarse a Ítaca. Despidiéronse pues y justo cuando emprendían el viaje con carro, un águila pasoles por la derecha agarrando una gran oca, lo cual Helena interpretó como présago a que Odiseo habría pronto de llegar a Ítaca y ajusticiar a los galanes. Dicho esto fustigaron a los caballos y emprendieron la marcha por todo el día. La noche la pasaron en Feras, en casa de Diocles el de Ortíloco, y prosiguieron su camino al amanecer (8 años y 158 días) hasta llegar a Pilo. Allí Telémaco se dirigió derecho a la nave, donde exhortó a la tripulación al arreo de aparejos y ofrendó a Palas. Antes de zarpar, empero, Telémaco acogió en su barco a un adivino llamado Teoclímeno, desterrado de Argos por haber matado a otro hombre. Así se hicieron a la mar rumbo a Ítaca. Anochecía ya, y allí cenaban Eumeo y Odiseo, cuando éste preguntó al pastor de marranos por su origen y errar; éste le refiere ser de Siría, una isla al Norte de Ortigia, cuyo rey es el Orménida Tesio, su propio padre, mas él fue raptado por unos fenicios, que llegados a Ítaca lo vendieron a Laertes como siervo aún pueril. A continuación fuéronse a dormir. Amaneció empero no mucho después (8 años y 159 días), y Telémaco había atracado ya en la isla; ordenó a los otros dirigirse a la ciudad, mientras él por la sierra visitaba sus fincas. Al adivino Teoclímeno mandolo a casa del galán Eurímaco, y en eso ocurrío una señal de buen augurio que Teoclímeno interpretó como présago de dichas para el linaje del perfecto Laertes. Por ello Telémaco cambió de sentir, y pidió a su más fiel amigo que hospedare al benéfico agorero. Acordado esto, Telémaco remontó la sierra hacia el cortijo que velaba el fiel piarego Eumeo.

Canto XVI ‘Odiseo se revela a Telémaco’: Al llegar los perros se le muestran halagueros, y, hubiéndose dado cumplido festín, Telémaco envió a Eumeo a dar aviso de su llegada a Penelopea. Mientras, Atenea retornó a Odiseo su auténtica figura, y exhortolo a presentarse ante su hijo Telémaco para planear juntos el ataque a los galanes. En efecto, Odiseo se presenta, y al reconocerlo Telémaco, ambos lloran a gritos. A continuación Odiseo detalla a Télemaco qué ha de hacer mientras él, transfigurado en mendigo, haya de soportar las insolencias de los galanes. Mientras, el noble porquero y el heraldo de la nave que regresó de Pilo coinciden en la estancia de Penélope para anunciar el feliz retorno de Telémaco, y los galanes, por su parte, yendo al puerto y encontrando allí a los que fueron a tan pérfida empresa, convocaron asamblea en el ágora. Allí Antínoo postuló acabar con Telémaco lo antes posible, mas, en respuesta, Anfínomo apostrofó que antes de semejante acción debían consultar a los dioses. Este último discurso persuadió a los demás, y todos fueron al caserío de Odiseo. Allí encontraron a Penélope, que salió para reprobarles su conducta y clamar no acabasen con su hijo Telémaco. Eurímaco juró Telémaco no sería asesinado mientras él viviese, tramaba dar fin a su vida, empero. La Icárida subió a su cámara y el sueño apagó su llanto. Al tiempo, Eumeo se había reunido con Odiseo, ya transmutado en anciano andrajoso, y con Telémaco; y en preparando la cena éste preguntó al piarego por el estado de cosas en palacio, mas él respondió haber comunicado el mensaje a Penélope solamente, si bien vislumbró desde una loma un bajel de hombres armados. Eran los galanes que regresaban de su infructuosa vil empresa. Dicho esto cenaron y fueron a buscar el dulce regalo del sueño.

Canto XVII ‘La entrada en el caserío’: Amanecido ya (8 años y 160 días) Telémaco ordena a Eumeo llevar al anciano a mendigar mientras él, raudo, va para palacio a dar fe de su llegada a su paciente madre. Llegó y recibiolo primero el aya Euriclea, luego su madre Penelopea, a la que mandó bañarse mientras él iba a casa de su amigo fiel, Pireo, a recoger al huésped que trajo de Pilo, el adivino Teoclímeno. Telémaco hizo, y hubiéndose bañado ambos, sentáronse en la estancia a comer. Saciados de alimento, Penelopea preguntó a Telémaco el devenir de su viaje a Pilo y Esparta. Telémaco refiere, y, por su parte, Teoclímeno desvela a la mujer sin tacha que Odiseo ya se halla en Ítaca, al rececho para ejecutar justa venganza. Luego al banquete se dieron los galanes, y, mientras, Odiseo, en figura de pobre anciano, se dirigía con Eumeo a palacio. Durante el camino Odiseo viose vejado por el cabrero Melantio, pero esforzándose retuvo su cólera. Sea como fuere, allegáronse al umbral de la casa de Odiseo, y su perro Argo, que lo reconoció, murió de angustia tan solo verlo, pasados casi veinte años. Entró primero Eumeo, al cual se le sentó y diósele de comer, y después Odiseo, que en figura de anciano andrajoso se puso a mendigar. Todos le dieron algo, excepto Antínoo, que lo ultrajó golpeándole el hombro con un escabel. Entonces Penélope rogó a Eumeo le trajera al pordiosero, que anhelo tenía de preguntarle por Odiseo; pero éste al porquero indicó que se presentaría a la estancia de la de Icario a la puesta del sol, cuando los galanes hubiésense marchado a sus casas. Tal le dijo Eumeo a su señora, y ella quedó convencida en las mientes. A continuación Eumeo marchose al establo, si bien encargo tenía de volver a palacio anunciada la Aurora.

Canto XVIII ‘Los arrestos de Odiseo y Penélope’: Entonces se allegó al portal de la casa otro mendigo: era grandullón, se llamaba Arneo, pero todos le conocían por el nombre de Iro yendo como iba siempre a cumplir recados. Éste luchó contra Odiseo, por sentarse en la mesa del festín y por un vientre embutido de grasa y de sangre, pero hubo de caer derrotado ante el Laertíada, que lo arrastró fuera del palacio. Mientras, Atenea infundió arrestos a Penelopea, que bajó a reprender a Telémaco por prestarse a compartir festín con los galanes, y a éstos por mermar la hacienda de continuo. Ellos empero seguían banqueteando, y Odiseo aún hubo de soportar los improperios de la impúdica sierva Melanto y de su amante, el galán Eurímaco. Saciados de comer y de beber, cada uno fue a su casa vencido por el sueño.

Canto XIX ‘La cicatriz de Odiseo’: Habiendo salido ya todos los galanes, Odiseo urge a Telémaco a entrar en casa todas las armas, so pretexto de que se deslucen por tanto humo y por temer no sirvan a la ira en una de las riñas que suelen los galanes. Así pues entre los dos hacen, y de seguido Telémaco fuese a dormir, mientras que Odiseo encontrose con Penélope en el salón. Ésta preguntole por su patria y por su errar, pero Odiseo declinó hablar sobre sus largos pesares. Penélope insiste y el Laertíada le revela fementido ser de Creta, hijo de Deucalión el de Minos y hermano menor de Idomeneo, y de nombre Etón. Añadio además haber dado hospedaje a Odiseo, que a Creta arribó errante cuando todavía Idomeneo no había gozado de la luz del regreso. Escuchando esto último Penelopea diose al llanto, por cierto, añorando al esposo que tenía a su lado. Por su parte, Odiseo le asegura que su esposo pronto ha de volver, y ella ordena a Euriclea lavar a Odiseo, que teme ser por ésta reconocido si le llega a ver la cicatriz de la pierna; sin embargo, no pudo evitarlo y la provecta Euriclea lo reconoció: tal cicatriz cerró una herida que, siendo joven Odiseo, los colmillos de un jabalí le abrió cuando él, junto con los hijos de su abuelo materno Autólico, intentaban darle caza en el monte Parnaso. Consiguió darle caza empero el joven Laertíada. Sea como fuere, Euriclea queda conmocionada, y, antes que pueda dar noticia a su señora Penelopea, Odiseo la retiene con violencia y la obliga a guardar estricto silencio. Ella, después de lavarle, hace. Luego Penélope, tras evocar un sueño de buen augurio a Odiseo, se retira a sus estancias de arriba, y todos en casa déjanse vencer al sueño que tanto calma las cuitas.

Canto XX ‘El desafuero de los galanes’: No dormía empero el Laertíada, tramando en sus mientes la pronta perdición de los galanes, y hubo de escuchar así como sus sirvientas a ocultas refocilaban con los galanes. Indignado y a punto de descubrise para darles muerte, supo contener el ladrido de su corazón y aguantó sin consuelo semejante vileza. Atena, viéndole en apuros, bajó del Olimpo, y, con aspecto de mujer, derramó el sueño sobre sus párpados. Mientras, Penélope lloraba amargamente en su lecho: la añoranza por su esposo le hacía verlo incluso en sueños. (8 años y 161 días) Levantada ya la Aurora, Odiseo se despierta creyendo haber oído los lamentos de Penélope. Sale al pórtico y levantando los brazos al límpido éter clama Zeus le envíe un buen présago: Zeus truena, y tras una molinera que por allí pasaba expresar el deseo de que haya de volver Odiseo, vuelve a tronar con fuerza. Poco tiempo después ya toda el caserío trabaja afanoso, pendientes los siervos de que pronto llegaren los voraces galanes. Casi al tiempo llegan Eumeo, Filetio y Melanto, y si bien aquéllos dos se cuidan de Odiseo, éste, de nuevo, no duda en vejarlo. Hubiendo llegado los galanes, pues, empezó el festín, y, con él, las chanzas y las burlas dirigidas contra Odiseo. Telémaco les amenazaba con vigor, y Teoclímeno les predijo la muerte con funestas palabras de mal présago; y tras ello, presintiendo la muerte, se marchó a casa de Pireo, quien primeramente le dio hospedaje a instancias de Telémaco. No se conmovieron en absoluto los galanes, que seguían enloquecidos por causa de Atena, abandonados al exceso del rico banquete.

Canto XXI ‘La prueba del Arco’: Entonces Penélope, hubiendo cogido del tesoro el arco de Odiseo y la aljaba preñada de dardos, va y apostrofa a los galanes que dejará la casa para irse con aquél que, traspasando hasta doce anillas de doce hachas, consiga combar el retráctil arco de Odiseo. Primero lo intentó el propio Telémaco, que plantó las doce hachas en el suelo, pero lo dejó a instancias de su padre tras intentar por tres veces enganchar siquiera la cuerda al aro. A continuación lo intentó Leodes, mas no pudo dilatar la recia combadura del arco: tampoco otros que lo intentaron después. Cuando iban a probarlo Antínoo y Eurímaco, el boyero Filetio y Eumeo el piarego dejaban la casa, mas viéndolo Odiseo dirigiose a ellos ya fuera de palacio, y, tras probar su lealtad con palabras, les reveló su auténtica identidad enseñándoles la cicatriz de la pierna. Entendiéronlo todo los pastores y con Odiseo lloraban y suspiraban abrazándose con tierno cariño. A continuación el Laertíada ordenó a Eumeo primero darle el arco cuando fuera oportuno, y, en segundo lugar, cerrar la puerta que da al salón; a Filetio, por su parte, confiole mantener bien cerrada la puerta de salida del patio. Antes, empero, volvieron a sentarse allí donde estaban, y vieron cómo Eurímaco, pese a calentar el arco al fuego, fue incapaz de tenderlo siquiera. El turno tocaba pues a Antínoo, que prefirió dejar el intento para el día siguiente; sin embargo, Odiseo pidió se le dejara probar suerte, y pese a la negativa de los galanes, Eumeo pudo entregarle en mano el arco y la aljaba preñada de flechas. De inmediato, el propio porquero instó a Euriclea a cerrar las puertas de la casa y a contener a las sirvientas, por más ruido que de fuera se escuchara; mientras, Filetio se deslizó fuera de palacio y cerró el portón del patio. Ya Odiseo había asido el arco, y sin mucho esfuerzo tendiolo: rebentó el éter con un trueno de Zeus; disparó la saeta, que voló atravesando las doce anillas de las doce hachas, y, mirando a Telémaco, cogió el carcaj de múltiples dardos; aquél, por su parte, ya lucía el bronce de espada y lanzón. Pronto estaba ya el ajusticiamiento.

Canto XXII ‘El ajusticiamiento’: Ninguno lo esperaba, pero a Antínoo disparó primero Odiseo, despojado ya de andrajos, y fue la saeta a traspasarle el cuello por medio la garganta: un grueso caño de sangre se le escapaba, y con él, también la ténue vida de humano. En viéndolo todos los galanes quedaron estupefactos, si bien al presentarse Odiseo por su nombre ya buscaban cómo diantre escapar de allí. Sin embargo, Eurímaco optó por suplicarle piedad en tanto que, según dijo, el mayor responsable, Antínoo, estaba ya muerto, y añadió a sus súplicas inmensos regalos de parte de los galanes todos. Como Odiseo se negara en redondo, Eurímaco a todos exhortó a luchar contra uno solo, y él mismo fue quien primero se abalanzó sobre Odiseo cuchillo en mano: murió con saeta envasada en el hígado. También Telémaco hirió mortalmente con la picota traspasándole espalda y pecho a Anfínomo, cuando éste alcanzaba a Odiseo, y dejó la pica ensartada como estaba, apostándose junto a su padre. Así avisole de que él mismo iría a coger armas para luchar también junto a Eumeo y Filetio. Telémaco hace y ya los cuatro lucían broqueles, yelmos y luengos lanzones. Cuando ya Odiseo acabó las saetas y se disponía a blandir las dos picas, el vil cabrero Melantio dirigiose al tesoro y trajo doce escudos, doce lanzas y doce buenos yelmos, para armar a otros tantos galanes; cuando volvia a por más armas aún, violo Eumeo, y avisando a Odiseo éste ordenó que junto con Filetio lo capturara y atado lo dejaran cerrado dentro del tesoro. Tal hicieron los fieles pastores, y, de inmediato, volvieron a la cruel refriega: ellos, cuatro; los galanes, aun muchos. En esto, pues, Atena apareció con figura igual a la de Mentor, mas conociola en su entraña el sufrido Laertíada. Vigorizolo, no más, pues como pretendía darle gloria a él y a su hijo, transformada en golondrina posose sobre una viga del caserío; aun así empero fustraba la diosa los ataques de los galanes. Entonces Odiseo mató a Demoptólemo, Telémaco a Euríades, Eumeo a Élato, y Filetio acabó con Pisandro. El resto ya huía, aunque por poco tiempo, pues caían uno tras otro. Entonces fue a suplicar a Odiseo Leodes, que servía como harúspice a los galanes, mas Odiseo no le dio merced alguna y hundiole la espada cuello través. Cogiendo sus rodillas suplicole también Femio, que a la fuerza les cantaba cuando de ellos era de gusto, y a instancias de Telémaco perdonole la ténue vida de mortal. Tal cual pudo salvarse también el heraldo Medonte. Mientras, los galanes todos yacían cubiertos de polvo, y ya dentro de palacio, Odiseo preguntaba a Euriclea cuáles de entre las sirvientas merecían ser castigadas. Una vez llamadas, Odiseo ordenó a Telémaco, Eumeo y Filetio que las obligaran primero a retirar los cadáveres amontonándolos en el porche del patio, y a limpiarlo todo de la negra sangre; luego habríen de ahorcarlas, y así hicieron. Por su parte, a Melantio cortáronle narices y orejas, cercenáronle el miembro y amputáronle piernas y brazos de consuno. Ya dentro palacio, Odiseo fumigó el salón con azufre y ordenó a Euriclea hacer pasar al resto de siervas. Éstas, viendo a Odiseo mostránronle tierno afecto, y él contenerse tuvo el sollozo y el llanto, que cada cual un afectuoso recuerdo le evocaba dentro el ánimo.

Canto XXIII ‘El reencuentro con Penélope’: Asimismo, Euriclea subió gozosa al piso de arriba y anunció a Penélope el retorno de Odiseo y el ajusticiamiento de los fieros galanes. La de Icario, empero, no daba crédito a semejante sucesión de hechos, aunque, debido a la insistencia del aya antañona, Penelopea bajó al salón a cerciorarse de qué era lo que excitaba tanto a Euriclea. Al ver a su añorado esposo a Penélope le embargó el pasmo, y Odiseo, el de heroica paciencia, aguardó sereno la reacción de Penélope. Ésta resolvió someterle a pruebas que sólo ella y Odiseo podrían resolver antes de aceptarlo ―tan celoso y tan prudente era su noble ánimo―; mientras Euriclea bañaba el cuerpo de Odiseo, perito en desgracias, éste ordenó a Telémaco y a los siervos lavarse y celebrar un festín, no fuera que alguien de fuera sospechara lo ocurrido por no oír el jolgorio acostumbrado. Ellos, pues, festejaban; y en la casa Penélope probó a Odiseo, ya bañado y esplendente, de modo que ordenó a Euriclea armar la cama nupcial que dijo hallarse dentro palacio; pero Odiseo replicó que ello era del todo imposible porque él mismo construyó su aposento en el patio, tomando por pata maestra de la cama el tronco de un gran olivo, olivo que también él mismo labró y olivo sobre el cual construyó una techumbre y puertas a los lados. Oído el detallado relato, allí rindiose Penélope y se dejó caer a los brazos de su añorado esposo Odiseo, consumida por un llanto infinito. Mientras, Atenea impidió la salida temprana de la Aurora, e impidió que enganchase a los potros Faetonte y Lampo, por dar tiempo a los esposos que al fin se reconocían. Así pues, todos fuéronse a dormir, y también Odiseo y Penélope, no sin antes relatarse sus sendos devenires, entre ellos, que Tiresias vaticinole a él, cuando arribó al Hades, haber de morir lejos de la patria, en lugar donde no conocieran la navegación, en calma y tras una lozana vejez; pero también refirió a su querida esposa su largo errar: la lucha ganada a los cícones, el peligro de los lotófagos, lo sufrido en la cueva del ciclope, la ayuda que prestole Eolo y su piedad, la batalla contra los montruosos lestrígones, el engaño y trazas de Circe, su llegada al Hades, las Sirenas, Caribdis y Escila, la imprudencia cometida por los suyos en la isla del dios Sol, su naufragio, su estancia en Ogigia, retenido por Calipso y tentado con la inmortalidad a cambio de casarse con la diosa, su llegada a tierra feacia, cómo de bien lo trataron, y en contando esto ambos durmiéronse plácidamente. (8 años y 162 días) Hubiéndolo permitido Atenea, la Aurora levantose por la espalda del anchuroso cielo y nuevo día amanecía. De inmediato despertó Odiseo y ordenó a su esposa dirigirse a los altos antes que saliera el sol, pues entonces la matanza de los galanes sería ya conocida por el pueblo; mientras, él iría a visitar a su padre, el perfecto Laertes, junto con Telémaco, Eumeo y Filetio: armados remontaron la loma hacia la finca de Laertes, en noche envolviolos Atenea, y así pudieron llegar sin ser vistos.

Canto XXIV ‘El reencuentro con Laertes y Paz en Ítaca’: Por otro lado, las almas de los galanes muertos ya eran conducidas por Hermes hacia el Hades, allí conversaban Aquiles y Agamenón, en tanto éste admiraba la muerte y exequias de aquél, y, en cambio, lamentaba postrera suerte. En viendo pasar a los galanes el Atrida preguntó a uno por la causa de ellos, tantos y tan jóvenes, haber muerto de consuno, y el galán Anfimedonte refiriole el ardid y ajusticiamiento llevado a cabo por Odiseo, ante el asombro de Agamenón. Mientras, Odiseo se allegaba a la finca, donde, en ese momento, su padre, Laertes, cavaba la tierra para plantar una cepa; Odiseo, al ver a su anciano padre descuidado y vencido por el dolor de su recuerdo, escondiose bajo un espeso peral y dejó que fluyese abundante su llanto. Presentose después ante él haciéndose pasar por un tal Epérito, hijo del rey Afidas, el de Polipemón, hijo de Alibante, que según refirió al anciano dio cumplido hospedaje a Odiseo. Al recordarle a su anhelado hijo, a Laertes nube oscura de pena cegole, y con sus curtidas manos vertió dos puñados de tierra sobre su cana cabeza. Odiseo ya no pudo soportar más ver a su padre en tal traza, y reveló su identidad al perfecto Laertes, que si bien al principio receló, después de Odiseo mostrarle la cicatriz que marcole el jabalí del monte Parnaso, y tras enumerar los árboles que de él recibió otrora, el anciano hijo de Arcisio conturbose y abrazó en desmayo a su tan añorado hijo. El sufridísimo Odiseo supo apaciguar su atormentado ánimo, por cierto, y ambos fueron a la finca de las zahúrdas, donde Eumeo y Filetio preparaban ya los tasajos que habían de saciar el apetito; a ellos uniose también Dolio, el siervo de Penélope, que llegó al poco. Mientras, el pueblo ya sabía de la matanza de los galanes, y se allegaban las gentes a la casa de Odiseo para cada cual recoger a su difunto. Convocaron asamblea de corrido, y allí Eupites, padre de Antínoo, conminó a todos a ir en busca de Odiseo y darle muerte antes de que escapara de la isla, mas el heraldo Medonte advirtió haber visto junto a Odiseo a un dios, bajo el aspecto de Mentor, y en el mismo sentido el anciano Haliterses Mastórida aconsejó no acosar a Odiseo, pues tanto fue el injusto mal que inflingieron los galanes como el justo castigo que les fue inflingido. A la sazón, pues, la mayoría aprobó dejar a Odiseo en paz, pero otros, afines a Eupites, partieron en busca de armas y remontaron la loma dirección a las zahúrdas. Desde allí Odiseo y los suyos avistáronles, y dispusiéronse todos para la batalla. Cuando estaban a tiro, el egregio Laertes, impelido por la ojizarca Atenea, disparó su recia pica y atravesó el testuz de Eupites. Iban todos ya a entablar atroz batalla cuando Atena, en forma de Mentor, detuvo sus impulsos con una sonora voz. Ellos, presas del espanto, detuvieron su homicida porfía y a partir de entonces Atena, bajo figura y voz de Mentor, puso concordia entre ambos bandos, pues lo que había de ser por siempre cantado sucedió ya por entero, y así Zeus de largos ecos, por medio de las acciones de los propios mortales, enseña lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, la piedad que otorga la gloria y la impiedad que a la ruina conduce.

Itinerario de Odiseo

  1. Ísmaro, la patria de los cícones.
  2. La tierra de los lotófagos; tal vez en la costa septentrional de Líbia.
  3. La isla de Laquea, frente a la tierra de los ciclopes; tal vez fuera alguna de las islas próximas a la costa africana.
  4. La isla de Eolia, sede del Hipótada Eolo: se supone al Oeste de Ítaca.
  5. Telépilo, la ciudad en tierra de los lestrígones.
  6. La isla Eea, habitada por la diosa Circe; se dice que allí tiene sus casas y sus coros la Aurora temprana y el Sol sus salidas, por tanto, puede corresponderse a la más occidental de las islas Azores.
  7. Pasan cabe la tierra de los cimerios, tal vez identificable con las actuales islas británicas o bien el cabo Finisterre.
  8. Las puertas de la morada de Hades, tal vez en la costa de la actual Irlanda, Islandia o Groenlandia.
  9. La isla Eea, por segunda vez.
  10. Por mar, sortean a las Sirenas y a los monstruos Caribdis y Escila.
  11. Trinacia, la isla del dios Sol.
  12. Diez días de naufragio.
  13. La isla Ogigia, donde vive Calipso.
  14. Naufragio de tres días.
  15. Esqueria, la tierra de los feacios.
  16. Llegada a Ítaca, gracias a los marinos feacios.
  17. Hospedaje en la cabaña del piarego Eumeo.
  18. Entrada en el caserío de Odiseo y ajusticiamiento final.

Autor: Marco Pagano.