Mazda MX-5 Análisis (modelo del año 2000)

Ante todo el Mazda MX-5 es un automóvil japonés, y ello asegura calidad en sus componentes, funcionalidad y sobriedad en los interiores y belleza y equilibrio estético en la carrocería.

Así es, como buen coche nipón, el Mazda MX-5 es muy sobrio en el interior, el volante es comodísimo y los controles son mínimos, presentando una tapicería con lo justo y necesario, sin que le falte ni sobre de nada. Algo que quiero destacar de entrada es que posee un indicador del nivel de aceite ¡sí! Algo tan primordial de conocer, el nivel de aceite, pero que sólo en rarísimas ocasiones viene incorporado en el salpicadero de cualquier automóvil. Cómo es esto posible no llegamos a comprenderlo, pero resulta muy satisfactorio ver que algunos coches, como el Mazda MX-5, sí lo integran para placer y comodidad de su conductor.

Aunque es un biplaza semi-deportivo, los asientos y la tapicería son comodísimos y de una gran calidad. El freno de mano se halla en la posición más ergonómica que uno pueda imaginar, y la palanca se retrae de un modo que da gusto, a diferencia de otros coches (como el Mercedes SLK), que al accionar el freno de mano te preguntas si te habrás roto o no alguna fibra del hombro.

La dirección es suave y perfecta, un gustazo, y la caja de cambios no es la del honda civic de su misma época (parecida a las deportivas), pero como buen coche japonés las marchas entran solas y sin esfuerzo alguno. La potencia de 100 caballos es muy discreta, aunque se trate de un coche muy ligero, y a menudo echaremos en falta mejor respuesta cuando pisemos el acelerador, lo cual nos obligará a rebajar una o dos marchas cada vez que deseemos salir disparados. También son buenas pero discretas la adherencia en las curvas y la respuesta de frenada, por lo cual advertimos tomar este biplaza convertible como un coche de paseo más que como un deportivo come-curvas.

La capota desplegable es manual y está hecha de una lona de gran calidad, muy bonita, fuerte, resistente pero ligera, muy bien hecha y fácil de cerrar y abrir manualmente desde el asiento, aunque se tendrá que cerrar con los dos brazos si no se quiere emplear mucha fuerza y arriesgarse a una posible lesión en el hombro. En modo descapotable el Mazda MX-5 no protege debidamente de las corrientes de aire: dotado de una mala aerodinámica a tal efecto y un deficiente deflactor de corrientes, nos resultará incómodo viajar a más de 100 km/hr sin la capota cerrada.

En definitiva es un coche muy bonito, útil como coche de paseo y para disfrutar de la conducción, un capricho de soltero, asequible, y que de buen seguro otorgará placer y satisfacción a quien lo conduzca.

Marco Pagano.

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