Sófocles, héroe del saber

Sófocles, el hijo de Sófilo, nació en el 496 a.M., segundo año de la septuagésima primera Olimpíada, en Colono hípico[1], una aldea sita poco al norte de Atenas, junto al río Céfiso, cuyas corrientes obtuvieron en posesión las Gracias[2]. Su padre Sófilo era un acaudalado armero, y de sus talleres saldrían muchas de las espadas, lanzas de doble moharra, broqueles, grebas y panoplias con las cuales los atenienses, poco tiempo después (490-479 a.M.), habrían de contribuir a la defensa de Grecia frente al peligroso ataque de los medo-persas.

En efecto, se dice que en la batalla de Salamina (septiembre del 480 a.M.), que fue decisiva para el desenlace de las Guerras Médicas, los tres grandes tragediógrafos de Atenas participaron de una manera u otra: Esquilo batalló en ella, a la edad de cuarenta y cinco años, arriesgando su vida, como ya había hecho en Maratón; por su parte Sófocles, que contaba con dieciséis años, era elegido para dirigir con la lira a otros efebos en el peán de la victoria cantado aquella misma noche, y ese mismo año nacía Eurípides, en Salamina, tal vez incluso aquel mismo día. Asimismo, han sido muchos los que han visto en este supuesto acontecimiento, por cierto, una marca fatal en el carácter y el destino de los tres grandes tragediógrafos: mientras que Esquilo simbolizaba el pasado glorioso de Atenas y Eurípides la decadencia de ésta, en cambio, Sófocles parece representar en sí mismo las mieles del éxito ateniese, tanto porque sintió la amenaza extranjera y maduró en una patria poderosa y liberada del enemigo, como porque su daimon no permitió presenciara la derrota de la misma a manos espartanas (404 a.M.), habida cuenta falleció dos años antes, en el 406 a.M., después de una vida longeva y dichosa. Además, Sófocles finó en Atenas después que muriera Esquilo, en Gela (456 a.M.), y después también de Eurípides, que había acabado su vida en Pella (406 a.M.), pocos meses antes.

Y es que, a veces, el destino parece querer hablar a través de los acontecimientos, por ejemplo aquí, siendo como fue la muerte de Sófocles tan distinta a la de sus dos colegas. En efecto, se cuenta que Esquilo murió en la ciudad siciliana de Gela, lejos de su patria, por el impacto del caparazón de una tortuga sobre su calva cabeza, confundida con una brillante roca por un quebrantahuesos, que desde las alturas dejó caer al animal con la intención de partir su caparazón, no la inadvertida cabeza de Esquilo. A su vez, de Eurípides se cuenta que se retiró a la corte de Arquelao I de Macedonia (408 a.M.), en la ciudad de Pella, lejos también de su patria, donde al parecer, dos años después, murió despedazado y devorado por los montaraces perros del monarca[3]. En cambio, una noticia cuenta que Sófocles, “tras llevar a escena su última tragedia y vencer, prorrumpió en tan insuperable alegría que a causa de ésta finó”[4]; es decir, Sófocles, a diferencia de Esquilo, su antecesor, y a diferencia de Eurípides, que nunca llegó a ser su sucesor, murió de forma apoteósica, aclamado por sus compatriotas atenienses, quienes, para colmo, “le erigieron un «heróon» (templo consagrado a un héroe) con el nombre de Δεξιός (Diestro)”[5] y “decretaron incluso ofrecerle un sacrificio anual”[6].

Sea como fuere, además de haber obtenido en suerte un daimon favorable y además de tener a las Gracias céfisas de su parte, lo cierto es que Sófocles debía tener muchas agallas para batirse el cobre en los escenarios, ya que por entonces era luenga la sombra de Esquilo, el reputado poeta nacido precisamente en Eleusis, patria chica de la tragedia y lugar donde se dice ésta tuvo origen. De hecho, después de Arión de Metimna, que inició la transformación del ditirambo hacia la tragedia[7], y de Tespis de Icaria, el primer tragediógrafo en participar como tal en unas Grandes Dionisias (535 a.M.)[8], el siguiente personaje en honor y estima dentro del ámbito de la tragedia era el augusto Esquilo, y el joven Sófocles debía tenerlo muy en cuenta cuando, “habiendo imitado de broma la ampulosidad de Esquilo, y, después, la aspereza y el artificio de su composición, cambió, en tercer lugar, el aspecto del lenguaje, que es lo que tiene que ver más con el carácter y que es lo mejor”[9], de manera que así logró Sófocles un progreso real y no presuntuoso, hasta el punto de que en las Grandes Dionisias del 468 a.M.[10], a la edad de 28 años, vence a Esquilo en la que se supone fue su primera participación, de la cual se cita el drama intitulado Triptólemo, que tal vez formaba parte de una trilogía[11].

Pues bien, al parecer, esta victoria de Sófocles sobre Esquilo fue convulsa, disputadísima, y, por las consecuencias que habría de suponer, incluso trágica, por lo menos en lo que atañe al ánimo de Esquilo. En efecto, fue hacia mediados del mes de marzo, durante las Grandes Dionisas del 468 a.M., “cuando Sófocles, aun joven, concursó con su primera obra, y el arconte Apsefión, al producirse disputas y revuelo entre los espectadores, no echó a suertes el juicio de aquel concurso[12]. Pero Cimón, tras entrar en el teatro con sus compañeros estrategos, hizo las preceptivas libaciones en honor de la divinidad y no permitió que éstos se marcharan, sino que les obligó bajo juramento junto a diez personas, una de cada tribu, a sentarse en su lugar y a emitir veredicto. El certamen, así pues, a causa de la valía de los jueces[13], llevó el ansia de gloria a un punto excesivo; y, como venciera Sófocles, se dice que Esquilo se quedó tan consternado que, no pudiendo soportarlo más, no permaneció mucho más tiempo en Atenas. A causa de su enfado marchó a Sicilia, donde murió, y fue enterrado en Gela”[14]. Según esta noticia, pues, Esquilo habría sido derrotado por Sófocles a los cincuenta y siete años, y si Esquilo murió a los sesenta y nueve años, en efecto, lo narrado por Plutarco tiene muchas probabilidades de ser cierto.

Fuera como fuere, el caso es que a partir de tan sonada victoria Sófocles ganó prestigio entre sus conciudadanos, y si bien de primeras era elogiado por su saber dramatúrgico y por su inusitado donaire, más tarde lo sería por dicho saber, ya consumado y excelso, pero además por sus servicios a la patria tanto políticos como religiosos. En efecto, se dice que en sus primeras tragedias Sófocles figuraba como actor, conociéndose que representó a Nausícaa jugando a pelota en Plintrias o Nausícaa, y a Támiras tañendo la lira en la tragedia homónima, lo cual, por cierto, propició que a Polignoto se le encargara plasmar la esbelta efigie de Sófocles, en el pórtico de Pecile, portando la lira como hiciera durante la representación[15]. No obstante, a causa de la debilidad de su voz, pronto acabó por abandonar la faceta de actor, si bien a partir de entonces concentraría sus esfuerzos a la composición de sus obras, con las cuales alcanzaría la cima del género trágico, y a las actividades que ejercerían de poderoso ascendente durante su madurez y ancianidad: el servicio a la política y a la religión tradicional de su país.

Con todo, ello no impidió que lograra pasar a concurso un total de ciento veintiocho dramas entre tragedias y sátiras[16], lo cual significa que fue aprobado por los arcontes un total de 32 años (a cuatro obras por año), de los cuales se dice “obtuvo veinte victorias, (…) muchas veces el segundo puesto y nunca el tercero”[17]. Pues bien, que Sófocles lograra el primer puesto veinte veces significa que de los ciento veintiocho dramas, ochenta fueron victoriosos y cuarenta y ocho obtuvieron el segundo puesto, con lo cual puede concluirse que, de sus 62 años de carrera poética, 20 años fue primero y 12 años segundo; 32 años fue aprobado por el arconte de turno y 30 años rechazado para competir. Aceptado el cálculo de estos números, el promedio de participaciones a concurso de las obras sofocleas sería de casi una participación por cada dos años, y, de cada tres veces que era aprobado para concurso, dos quedaba en primer lugar, llevándose consigo como premio el cabrío preceptivo[18] y la prez, que con el devenir del tiempo aumentaba en torno a su persona.

Y a pesar de su vasta producción, tan sólo se conservan siete tragedias completas de Sófocles, cuyos títulos son Ayante (c.447 a.M.), Las traquinias (c.445 a.M.), Antígona (442 a.M.), Edipo tirano (c.429 a.M.), Electra (c.415 a.M.), Filoctetes (409 a.M.) y Edipo en Colono (406 a.M.), representada ésta a título póstumo en el 401 a.M. Siendo todas ellas obras maestras, tal vez las cinco últimas, y en especial Antígona y Edipo tirano, poseen el timbre inmortal y sobrecogedor de las obras más conspicuas de la literatura universal. Del resto de la producción sofoclea sólo quedan pequeños pero valiosos fragmentos, que han permitido a los filólogos modernos identificar un buen número de obras dramáticas, intituladas por orden afabético Acrisio, Los adivinos, Admeto, Las aguadoras, Alcestis, Alcmeón, Los Aléadas, Alejandro, Aletes, Los amantes de Aquiles, Ámico, Andrómaca, Andrómeda, Anfiarao, Anfitrión, Los Antenóridas, La asamblea de los aqueos, Atamante I y II, Atreo, Áyax locrio, Las bacantes, Las bodas de Helena, Los camicos, Las cautivas, Cedalión, Cerbero, Clitemestra, Las colquidenses, Los comensales, Las cortadoras de raíces, Los cretenses, Creúsa, Crises, El culpable, Dánae, Dédalo, Los destripaterrones, Dioniso niño, La disputa, Los dólopes, Egeo, Egisto, Eneo, Enómao, Los epígonos, Erífila, Erígona, Los escirios, Los escitas, Los etíopes, Eumelo, Euríalo, Eurípilo, Eurísaces, Los feacios, Fedra, Fénix, Filoctetes en Troya, Fineo I y II, Los frigios, Frixo, Heracles, Heracles niño, Hermíona, Hipodamía, Hipónoo, Los iberos, Ificles, Ifigenia, Ínaco, La insolencia, Iocles, Ión, Ixión, El juicio, Las lacedemonias, Laocoonte, Los lariseos, Las lavanderas, El lavatorio, Las lemnias, Medea, Meleagro, Memnón, Las miceneas, Minos, Los misios, Momo, Las mujeres de Ptía, Las Musas, Nauplio navegante, Nauplio prendedor de fuegos, Nausícaa, Los necios, Níobe, Odiseo herido por el aguijón, Odiseo loco, Oícles, Oritía, Palamedes, Pandora, Los pastores, Peleo, Pelias, La pobreza, Poliido, Políxena, Los portadores de estatuas, Príamo, Procris, Prometeo, El rapto de Helena, Los rastreadores, La reclamación de Helena, Salmoneo, Sinón, Sísifo, Támiras, Tántalo, La Telefía, Télefo, En Ténaro, Tereo, Teseo, Teucro, Tiestes, Los timbaleros, Tindáreo, Tiro I y II, Triptólemo, Troilo, Yambe, Yóbates[19].

Pero Sófocles no sólo cultivó el género dramático, antes bien, hay noticias de que compuso varias elegías[20], por lo menos un epigrama ―el conservado lo dedicó a Eurípides[21]―, “una oda a Herodoto cuando (Sófocles) tenía cincuenta y cinco años”[22], un ensayo intitulado Sobre el coro, y un peán a Asclepio[23] que cantaban los atenienses aún en tiempos de Luciano (s.II d.M.)[24], y del cual, pese a su popularidad, sólo queda un resto apenas inteligible, que se traduce a continuación:

“[¡Oh,] hija [de Flegias[25]]!, ¡renombrada madre del dios que el dolor aleja,

[a la que fecundó] el de intonsa guedeja […]!: daré inicio a un himno

[altitonante,

[…] [buen agüero] […] el silbido de la flauta,

[…] mezclado con los bufidos serpentinos.

[Suplico] al auxiliador de los cecrópidas[26] […]

[…] [de dorada guedeja],

[…][27].

De todos modos, donde Sófocles desplegó las poderosas alas de su genio fue en la tragedia, y aunque “alguno, quizá, podría reprochar (…) la irregularidad de Sófocles”[28], es justo pensar “y ¿qué?, en poesía lírica, ¿preferirías ser tú Baquílides más que Píndaro y en tragedia Ión de Quíos más que Sófocles? Pues los unos no tienen faltas y escriben siempre con elegancia y sin fisuras, pero Píndaro y Sófocles, a veces, lo abrasan todo con su ímpetu, pero también se apagan con frecuencia incomprensiblemente y caen en los defectos más desafortunados. Además, ¿cambiaría alguien que estuviera en su sano juicio una sola tragedia, el «Edipo», por (todas) las tragedias juntas de Ión?”[29]. De ahí que no sólo Polemón, el que fuera director de la Academia platónica, se declarara “gran admirador de Sófocles, y, sobre todo, por aquellos pasajes donde, según un autor cómico, «parecía colaborar con él un perro moloso»[30], y donde era, según el verso de Frínico[31], «ni mosto ni moscatel, sino vino de Pramnos[32]»”[33], sino muchos otros junto a él.

Y es que debe de ser cierto que “muchos de los otros (poetas) imitaron a alguno de sus antecesores o de sus contemporáneos, pero sólo Sófocles toma lo mejor de cada uno, al igual que la abeja: él logró reunir oportunidad, dulzura, arrojo y variedad”[34], como también debe de ser cierto que esa gran habilidad dramatúrgica bebía de una eximia e inagotable fontana, en tanto “Sófocles disfrutaba con el ciclo épico, hasta el punto de que todos sus dramas los compuso mediante retazos de la producción mítica en dicho género”[35], pues, no en vano, más del cuarenta por ciento de los argumentos de las obras de Sófocles proviene del ciclo troyano, y, el resto, de diversos ciclos épicos. En cierto modo, con el transcurrir del tiempo Sófocles llegó a ser equiparado al gran Homero[36], hasta el punto que se decía que “Homero era el Sófocles épico, y Sófocles, el Homero trágico”[37], y quizá sin exagerar en lo más mínimo.

Sin embargo, este acentuado gusto por la tradición más secular no fue óbice, en absoluto, para que Sófocles pergeñara una serie de reformas e innovaciones que conducirían a la tragedia hasta el más alto grado de perfección clásica: en efecto, según se dice, Sófocles fue el primero en presentar tragedias independientes, no en trilogía como se tenía por costumbre, con lo cual cada pieza tomó significado por sí misma, y, por ende, obligó al compositor a concentrar en pocos versos toda la carga de mensaje y forma; además, “Sófocles añadió un tercer personaje y la escenografía”[38], ya que “antaño, en la tragedia primero actuaba sólo el coro a lo largo de la representación, y luego Tespis introdujo un actor único en las pausas del coro, y Esquilo un segundo, y Sófocles el tercero, y se completó la tragedia”[39], de modo que a partir de entonces el desarrollo argumental se vehiculó en mayor medida a través de rápidos diálogos, vibrantes y demoledores, que en manos de Sófocles adquirieron una rematada y sobrecogedora profundidad, agudeza y verosimilitud[40]. Por último, otras innovaciones, tal vez de menor enjundia, fueron la adición de tres coreutas, aumentando el coro de doce a quince miembros, la invención de la cachava ―bastón curvo usado sobre todo en las sátiras― y de los coturnos, zapatos de suela elevada, de pies intercambiables, que conferían prestancia a los actores y al coro en escena[41].

Tal vez debido a su tradicionalismo, entreverado de una gran versatilidad, y de su espíritu resuelto, domeñado por una señorial prudencia, Sófocles fue requerido en numerosas ocasiones para desempeñar tareas diplomáticas de envergadura, y, según parece, siempre respondió con resultado satisfactorio. Así, coincidiendo con el inicio del liderazgo de Pericles (443 a.M.), que fue elegido estratego sin interrupción hasta su muerte (429 a.M.), y tras haber trasladado éste a Atenas el Tesoro de Delos (454 a.M.), Sófocles es designado, entre otros, tesorero imperial (ἑλληνοταμίας), cargo de suma relevancia sobre el cual recaía la responsabilidad de administrar el tributo anual a Atenas, el cual procedía de los más remotos lugares de Grecia[42], y que, según el acuerdo, debía repartirse en beneficio de los adscritos a la Liga de Delos como defensa ante la amenaza persa[43]. Y dos años después y siendo general junto a Pericles, Sófocles participó en la expedición ateniense que sofocó la revuelta de los samios (441 a.M.)[44], a la edad de 55 años.

Poco después, a los 58 años vuelve a ser elegido estratego durante la guerra contra los aneos (438 a.M.)[45], pero es de suponer que el inicio de la Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta (431 a.M.), unido a la prematura e inesperada muerte de Pericles (429 a.M.), su amigo y máximo valedor, apartaron a Sófocles de la escena política y pusieron a prueba la templanza del tragediógrafo. Sin embargo, tiempo después volvió a ser elegido estratego, junto a Nicias el de Nicerato[46], probablemente durante los prolegómenos a la expedición a Sicilia o en su exitoso principio (415 a.M.), lo cual situaría a Sófocles como general a la edad de 81 años. Tal vez ello explique que éste, reunido en consejo con los otros estrategos, le dijera a Nicias no sin ironía “yo soy el más viejo, pero tú eres el más venerable”[47], considerando que por entonces Nicias contaba ya con 55 años. Dos años más tarde, tras el calamitoso desastre de la expedición a Sicilia (413 a.M.), Sófocles formó parte del comité de los Diez Probulos (411 a.M.)[48] encargados de supervisar la transición de la ciudad hacia la oligarquía[49]. Por entonces Sófocles cargaba ya con 85 años sobre sus veteranos hombros, y, como evidencian los testimonios, fue solicitado por sus compatriotas para las tareas más importantes y hasta su fallecimiento.

Y sin embargo no todo son luces en torno a la figura de Sófocles; de hecho, aunque “ninguna mentira se desliza hasta la vejez en el tiempo”[50], y por más que “no producen fruto las falsas palabras”[51], una serie de testimonios parecen insinuar que Sófocles era aficionado al sexo paidófilo. Así, unas veces se le presenta ingeniando ardides para besar a un efebo, durante la expedición contra los aneos que realizó junto a Ión[52], otras, cortejando amorosamente a un muchacho[53], mientras que otras se le ve llevando “fuera de las murallas a un muchacho de buena planta para tener trato con él. El muchacho, entonces, extendió su propio vestido encima de la hierba y se envolvieron en el manto de Sófocles. Después de la unión, el muchacho, tras apoderarse del manto de Sófocles, se fue, dejándole a Sófocles el vestido juvenil. Como es natural, lo sucedido pasó de boca en boca, y Eurípides, al enterarse y burlándose de lo ocurrido, dijo que también él en una ocasión había tenido trato con ese muchacho, pero que no había pagado nada, mientras que Sófocles había sido desdeñado por su intemperancia. Y Sófocles, al oírlo, le dedicó el siguiente epigrama, utilizando el relato del Sol y Bóreas, y sirviéndose de un cierto enigma en relación con la práctica del adulterio de aquél:

«El Sol fue, no un muchacho, Eurípides, el que con su calor

desnudo me dejó. Mas a ti, al amar a [una mujer casada],

Bóreas se asoció. Y tú eres el ignorante que, a Eros,

al sembrar un campo ajeno, llevas cual ladrón»”[54].

Pues bien, aunque muy del cierto “grande es la fuerza con que Cipris se lleva siempre la victoria”[55], Sófocles parecía más atraído por las féminas que por los muchachos, hasta el punto que tuvo dos mujeres a la vez, una legal, Nicóstrata, con la que engendró a su hijo Yofonte, que fue también tragediógrafo[56], y otra ilegal, llamada Teoris de Sición, con la cual tuvo a Aristón, que le dio por nieto a Sófocles, otro tragediógrafo como su abuelo homónimo[57]. Además, resultaría extraño que un varón como Sófocles, amante de los valores tradicionales, asumiera para sí una conducta tan denostada por los poetas que le precedieron[58], y, tal vez, a la primera respuesta de Sófocles ante la insidia que con malicia Eurípides acogió, epigráfica, en caliente, le siguió una segunda, poderosa, en forma de tragedia, el Edipo tirano, con la cual Sófocles se deshizo magistralmente del pernicioso rumor[59]. De hecho, no hay que olvidar que Layo fue condenado a morir a manos de su hijo Edipo ―el mismo que, siendo hijo de ambos, casaría con su esposa Yocasta procreando mediante incestuosa cópula― porque raptó y refociló con el muchacho Crisipo, hijo de Pélope, quien sabedor de lo ocurrido ante Zeus maldijo con esas calamidades la que se considera primera relación homosexual; así pues, que Sófocles tratara la tragedia resaltando el carácter intemperante de Edipo, al que llamó ‘tirano’ en el título de la misma, a él, hijo de Layo y depositario de la maldición, en efecto, quizá disuada a los pocos que todavía crean que Sófocles era demasiado amante de los efebos.

Bien al contrario: por lo que se desprende de quienes le conocieron y le trataron, Sófocles era un varón prudente y temperado, que desdeñaba incluso el fustigante ardor que impele a penetrar el sexo de las féminas; así, en palabras de Céfalo, “una vez me hallaba con el poeta Sófocles cuando fue interpelado por alguien: «Eh, Sófocles», dijo, «¿cómo lo llevas con respecto al sexo? ¿Aún serías capaz de acostarte con una mujer?». Y él dijo: «Habla bien, hombre, que, sin duda, lo rehuí tan de buen grado como quien rehuyó a un amo furibundo y cruel»”[60]. Asimismo, el retrato que de Sófocles traza Aristófanes en Ranas, estrenada al año siguiente de la muerte del tragediógrafo (405 a.M.), es muy benévolo para con él, pero en cambio no lo es para con Eurípides, que también había finado el año anterior. En este sentido, parece ser Eurípides el que habría ganado para sí la fama de intemperante, mientras que Sófocles queda plasmado como un prohombre reputado, decente y de bien, incapaz de cometer un acto tan deshonesto:

“Heracles: Luego si es verdad que debes traértelo de allí,

     no vas a resucitar a Sófocles, en tanto es mejor que Eurípides?

Dionsiso: No, antes querría comprobar lo que hace Yofonte[61]

     tras quedarse él solo, sin Sófocles[62];

     y, por otro lado, mientras que Eurípides, siendo osado como es,

     probaría incluso de fugarse conmigo de allí,

     en cambio él era apacible[63] aquí, y también allí debe ser apacible[64].

En efecto, se define a Sófocles como ‘apacible’ (εὔκολος), que es contrario de ‘osado’ (πανοῦργος) y de ‘exaltado’ (ἐπαρθεὶς):

Criado: (Esquilo) ostentaba el Trono Trágico,

     por cuanto es el más fuerte en dicho arte (…).

     Cuando por cierto bajó Eurípides, se exhibió

     ante los robatrajes y los cortabolsas,

     ante los parricidas y los butroneros,

     que son muchedumbre en el Hades, y, como se prendaron

     de sus antilogías, requiebros y volteos,

     sobreexitáronse y nombráronle el más sabio;

     y, a continuación, exaltado, se postuló al Trono

     donde Esquilo estaba sentado.

Xantias: Y ¿no fue expulsado (Eurípides)?

Criado: ¡Por Zeus!, antes bien, el vulgo reclamaba celebrar una elección

     sobre quién de ambos es el más hábil en dicho arte.

Xantias: ¿Él (Eurípides), (el más hábil) de entre los pérfidos?

Criado: ¡Por Zeus que sí!, por más excesivo que sea.

Xantias: Y ¿no habían otros, afines a Esquilo?

Criado: Escasa es la decencia, también aquí.

Xantias: Y ¿qué diantre está dispuesto a hacer Pluto?

Criado: A celebrar muy de inmediato un duelo, una demostración

     y una valoración del arte de ambos.

Xantias: Y ¿cómo es que al punto

     no se postuló Sófocles al Trono?

Criado: ¡Por Zeus que aquél no (lo hizo)! Sin embargo,

     justo cuando bajó, Esquilo le besó y le alzó la diestra,

     y aquél (Sófocles) se retiró del Trono en su favor[65],

     en cambio ahora está dispuesto, como dijo Cleidemides,

     a sentarse ‘bien asentado’, y ha dicho que si Esquilo

     vence renunciará al puesto, pero si no, se batirá

     en un duelo sobre el arte, a todas contra Eurípides”[66].

Pero ello no hizo falta, porque Dioniso escogió resucitar a Esquilo, al cual de seguido se lo llevó con los vivos de Atenas, ya que por entonces no quedaban buenos tragediógrafos[67]. En consecuencia, dice Esquilo a Pluto:

“(…) Tú cede mi trono

a Sófocles para que me lo guarde

y me lo conserve, por si acaso alguna vez yo

regresara aquí, pues yo resuelvo que éste

es el segundo mejor en este saber”[68].

Pero es que Sófocles, además de ser un señalado poeta, un servidor de su país y un varón de temperamento prudente y apacible, como remate era un hombre religioso y amante de sus dioses patrios. En efecto, con motivo de la construcción de un templo a Asclepio, Sófocles acogió en sus estancias particulares a la estatua del dios (420 a.M.), mientras el templo no estaba listo para albergarlo[69]. Asimismo, se dice que ejerció para la ciudad “el sacerdocio de Alcón, héroe que acompañó a Asclepio junto a Quirón”[70], y, al parecer, fundó un círculo erudito de estudios literarios en honor a las Musas llamado ‘Tíaso de las Musas’: ahora bien, por más que ‘tíaso’ (θίασος) pueda significar ‘cuadrilla festiva’, y por más que su vocación poética estuviera emparentada con el dios del vino, hay que saber que Sófocles distinguía muy bien entre su vocación y la parranda, hasta el punto que como “Esquilo componía sus tragedias cuando estaba borracho, (…) Sófocles le reprochaba que, aun cuando componía lo que debía, no lo componía de modo consciente” [71].

En cambio, Sófocles fue un poeta consciente y esforzado, cuidaba de su salud y conocía de qué modo tan especial era amado por los dioses y estimado por los hombres. Como prueba de su magnanimidad, es conocido que, durante las Grandes Dionisias del 406 a.M., Sófocles rindió homenaje a Eurípides, que había fallecido poco tiempo ha, vistiéndose de negro riguroso, él y su coro, durante el ensayo de la tragedia que se iba a representar[72]; asimismo, el día de la competición apareció sin ceñirse a la frente la corona ritual, también como señal de luto y en homenaje de Eurípides.

Poco después de este hecho, cuando Sófocles tenía ya 90 años, hubo de sufrir que su hijo Yofonte le acusara de incapacitado mental, e incluso lo llevó a juicio para inhabilitarlo por senilidad[73], pero “muchos dicen que, para escapar a la acusación de que su razón desvariaba, leyó la párodos del Edipo en Colono, cuyo comienzo es

“«llegas, extranjero, a esta región

de bellos corceles, a la mejor morada de la tierra,

a la blanca Colono, donde

más gorjea el armonioso ruiseñor

que frecuenta los verdes valles»[74].

Como el canto pareció maravilloso, el público lo acompañó en cortejo desde el tribunal, como si saliera del teatro, entre aplausos y aclamaciones”[75], y al parecer ésa fue su última victoria, pues fue entonces cuando, en medio del jolgorio en su honor, “prorrumpió en tan insuperable alegría que a causa de ésta finó”[76]. No obstante, Edipo en Colono se representó a título póstumo en el año 401 a.M., aunque es evidente que Sófocles ya la tenía compuesta antes del 406 a.M.

En efecto, “a los ancianos un golpecito en la balanza los tumba”[77], pero aun así, puede afirmarse que Sófocles murió a los 90 años con el esplendor de un joven, y demostró con los hechos que “no existe la vejez de los sabios, cuya mente coexiste alimentada por el divino día, pues la previsión es una gran ganancia para los hombres”[78]. Y él la tuvo, porque si bien “el no haber nacido triunfa sobre cualquier razón, pero ya que se ha venido a la luz lo que en segundo lugar es mejor, con mucho, es volver cuanto antes de allí de donde se viene”[79], Sófocles confiaba en la justicia de los dioses y jamás desesperó, pues sabía que, tras la muerte, “al lado de una divinidad tal habrás de llegar que ni lo equitativo ni el agradecimiento conoce, sino que sólo ama la pura y sencilla justicia”[80]. Atento a esa justicia, pues, encaminó Sófocles toda acción en su vida; y porque muy del cierto “no se puede conocer completamente el destino de los mortales, ni si fue feliz o desgraciado para uno, hasta que muera”[81], y, por ende, “ningún mortal puede considerar a nadie feliz, con la mira puesta en el último día, hasta que llegue al término de su vida sin haber sufrido nada doloroso”[82], a ti, émulo de Néstor, se te debe considerar

“Feliz, Sófocles. Vivió largo tiempo

y murió como un hombre feliz y diestro.

Compuso muchas hermosas tragedias,

finó bellamente y no soportó dolor alguno”[83].

De hecho, incluso muerto recibió favores de los dioses y de los hombres. Primero, en tanto estaba convencido de que “un dios es mi jefe, pero no lo es ningún mortal”[84], el dios Dioniso, “según se dice, se encargó de que encontrara sepultura”[85] incluso durante el duro asedio de los espartanos a Atenas. En efecto, “el panteón familiar de Sófocles estaba en el camino de Decelia, lugar fortificado por los lacedemonios contra los atenienses. Dioniso se presentó en sueños a Lisandro (rey espartano) por dos veces y le ordenó que (negociara la tregua y) dejara enterrar allí a Sófocles”[86], “Dioniso le ordenó «honrar a la Nueva Sirena con los honores que se deben a los muertos». El sueño fue interpretado en relación con Sófocles y su poesía”[87], y así a Sófocles le fue cumplido su anhelo en toda medida, pues “era tan amante de Atenas que, aunque muchos reyes le invitaban, él no quiso abandonar la ciudad”[88]. Y además, como recompensa a tan excelsa vida dedicada a su patria a sus dioses, “los atenienses le erigieron un «heróon» (templo consagrado a un héroe) con el nombre de Δεξιός (Diestro)”[89] y, “a causa de la virtud de tan gran hombre, decretaron incluso ofrecerle un sacrificio anual”[90].

Así, con la muerte de Sófocles Atenas quedaba desposeída de grandes tragediógrafos, y poco después, caería derrotada trágicamente por los espartanos (404 a.M.). No debe resultar extraño, pues, que tras presenciar la decadencia de Atenas y la paralela degeneración de la tragedia, Platón advirtiera que “si admites a la Musa edulcorada en los versos mélicos o épicos, el placer y el dolor reinarán en tu ciudad, en vez de la ley y el relato que siempre se considere es el mejor para la comunidad”[91]; pero así como es seguro que aquí se refería a los dramaturgos de su época, parece del todo improbable que Platón aludiera a Sófocles, y que fuera a él a quien “enviaríamos a otra ciudad vertiéndole mirra sobre su cabeza y coronado con lana”[92], y debe explicarse el porqué: como primera providencia, es preciso considerar que Platón no censura toda obra mimética, como son las obras trágicas, por el solo hecho de ser miméticas, antes bien, afirma con meridiana claridad que “nosotros recurrimos a un tipo de poeta más austero y desagradable como recurso para la narración de mitos: aquel que imite para nosotros el relato de lo conveniente”[93], y dice ‘aquel que imite’ (ὃς  μιμοῖτο) porque, aunque de veras sea cierto que “lo sensato y de carácter tranquilo, lo cual es siempre igual a sí mismo, ni es fácil de imitar ni de percibir su donaire en caso de ser imitado”[94], no es menos cierto que a unos pocos, amados de las Musas, se les otorga el don de imitar lo conveniente, y éste fue el caso de Sófocles: “él mostraba cómo es debido que sean (los hombres), en cambio, Eurípides, cómo son”[95], y en consecuencia, el propio Sófocles podría haber dicho “si la victoria ha de ser mía, (acogeremos) al (discurso) no mezclado, imitativo de lo conveniente”[96].

Y es que muy en verdad Sófocles aspiraba a lo conveniente, tanto en su vida como en su obra: en aquélla, tanto para sí mismo como para sus conciudadanos, y en ésta, tanto en el contenido como en la forma. No en vano Sófocles “fue el primero de los poetas de Atenas que utilizó canciones frigias para sus propios cantos, y los mezcló con el estilo del ditirambo”[97]: que el modo frigio ―junto con el dorio, el único modo aprobado plenamente por Platón[98]― fuera mezclado por Sófocles al ditirambo ―según el filósofo ateniense, el tipo de canto más próximo al ideal[99]―, en efecto, tal vez disuada a los pocos que todavía crean que la tragedia sofoclea es incompatible con la doctrina platónica. Bien al contrario, no ha habido tragediógrafo más caro al platonismo que Sófocles, y no sólo porque ambos comparten el amor a los dioses, a la tradición y a los mejores de su patria, o la convicción de que el alma es eterna y transmigra[100] y que las ofrendas pacíficas son mejores que los sacrificios violentos[101], ni tampoco sólo porque su nombre ya prenunciara que sería ‘glorioso por su sabiduría’; en absoluto; sino porque, además de lo dicho, Sófocles componía siempre con la vista fija en los dioses y en su comunidad, para que sus espectadores aprendieran a ser piadosos con aquéllos y justos con ésta, de manera que, siendo más favorecidos por los dioses y estando más unidos entre sí, la ciudad no pereciera ni por la mano extranjera ni por la disensión interna.

Por lo tanto, y en este mismo sentido, “si la sabiduría de Eurípides, la elocuencia de Sófocles y las palabras de Esquilo apartaron a la ciudad de alguno de sus males, o le dieron algún esplendor, es justo comparar sus obras con los trofeos de guerra, y poner en parangón el teatro con el lugar de reunión de los generales, y comparar las historias dramáticas con las batallas singulares”[102], pero de no haber sido así no sería justo, sino que entonces sería piadoso y justo comparar sus obras con los asedios a la ciudad, y poner en parangón el teatro con el lugar de reunión de los enemigos, y comparar las historias dramáticas con las peores derrotas y las más devastadoras pestes. Porque de lo uno y lo otro es capaz también la mano del poeta, y por ello, para que los nuevos aedos se sirvan de la Musa decente y de bien y eviten a toda costa la edulcorada, sus antiguos epígonos deben brillar bien alto en el firmamento, como a tenor de lo aquí expuesto aquí y ahora refulge Sófocles, héroe del saber.


Escolios

*a.M./d.M. = antes de la Modernidad/ después de la Modernidad.

[1] Véase Mármol parisino 56 y 64.

[2] Véase Píndaro Olímpica XIV.

[3] Sea como fuere, tanto a Esquilo como a Eurípides les erigieron sendos cenotafios en la ciudad de Atenas.

[4] Diodoro Sículo XIII 103,4. Traducción del editor.

[5] Plutarco Vida de Numa 4,10. Traducción de Aurelio Pérez Jiménez.

[6]  Vida y linaje de Sófocles 17. Traducción de Assela Alamillo.

[7] Véase Heródoto I 23. Los ditirambos eran himnos corales en honor del dios Dioniso, muy parecidos a los yambos, cuya temática se dice que podría ser de tipo mitológico. Véanse los ditirambos de Baquílides, por ejemplo, donde ya hay trazas de un cierto diálogo entre el coro y un supuesto protagonista.

[8] Según parece, Tespis fue el primero en participar en el coro del ditirambo no como un coreuta más, sino como el protagonista que respondía al coro (ὑποκριτής ~ ‘actor’, literalmente, ‘el que responde’), creando así el modo de interpretación próximo a la tragedia.

[9] Plutarco Moralia 79 B. Traducción de Concepción Morales Otal. En este mismo sentido, en Vida y Linaje de Sófocles 21 se dice que “esto es lo más importante del arte poético: mostrar carácter o sentimiento”.

[10] Estas celebraciones atenienses se llamaban ‘Grandes Dionisas’ o ‘Dionisas Urbanas’ para diferenciarlas de las ‘Dionisas Rurales’; mientras éstas se celebraban en diciembre, las Grandes Dionisas tenían lugar entre los días 8 y 18 de marzo, en época de bonanza, de modo que gran cantidad de forasteros se allegaban a Atenas para presenciar los certámenes y festejos.

[11] Según tradición, los tragediógrafos debían presentar cada año tres tragedias en forma de trilogía y un drama satírico; no obstante, Sófocles sería el primero en presentar tragedias independientes, prescindiendo de la agrupación por trilogías. Cuándo Sófocles realizó este cambio formal es hecho desconocido, pero suele suponerse que en un principio siguió las pautas preestablecidas, y, posteriormente, quizás en época de madurez, introdujo esta innovación.

[12] En efecto, el jurado lo formaban cinco ciudadanos escogidos a suertes; al constatar el revuelo y las violentas presiones que la muchedumbre ejercía sobre ellos, el arconte decidió suspender la votación para asegurar la integridad física del jurado y evitar graves distubios entre los espectadores.

[13] Tal y como lo narra Plutarco, los jueces eran los diez estrategos (uno por tribu), más diez ciudadanos escogidos por el propio Cimón, correspondiendo éstos también a uno por tribu, más los cinco ciudadanos elegidos previamente. No es de extrañar, en consecuencia, que el vencedor designado por un jurado de veinticinco miembros obtuviera una gloria primorosa y excepcional.

[14] Plutarco Vida de Cimón 8-9. Traducción de David Hernández de la Fuente y Helena Ferrándiz Martín.

[15] Véase Linaje y vida de Sófocles 5.

[16] Así lo atestiguan estudios filológicos modernos (véase Tragedias y Fragmentos de Sófocles editados por Editorial Gredos), quedándose con una cifra muy verosímil y razonable, si se considera la cifra de ciento trece de Linaje y Vida de Sófocles 18-19 y la de ciento veintitrés de Suidas (s.v. Σοφοκλῆς).

[17] Linaje y vida de Sófocles 8.

[18] En efecto, éste era el premio del certamen; no en vano, el término ‘tragedia’ (τραγῳδία) significa ‘el canto’ (ᾠδή) ‘del cabrío’ (τράγος), animal, por cierto, que mantiene un estrecho vínculo con el dios Dioniso.

[19] Lista perteneciente a Sófocles Fragmentos BCG 1983; con traducción de J. Ma. Lucas de Dios.

[20] Hefestión Ἐγχειρίδιον (Manual) III 20 y Harpocración 60,16.

[21] Ateneo Deipnosofistas 604 d-f.

[22] Plutarco Moralia 785 B. Traducción del editor.

[23] Suidas s.v. Σοφοκλῆς 815 IV 402.

[24] Luciano de Samósata Encomio a Demóstenes 27 III 559 y Filóstrato el Viejo Vida de Apolonio de Tiana III 17 y I 96.

[25] Aquí Sófocles muy probablemente alude a Corónide, la madre de Asclepio, hija de Flegias. Esta princesa lapita tuvo relaciones con un mortal mientras estaba embarazada de Apolo, y, según se cuenta, como represalia el dios la quemó en una pira; justo antes de que ardiera, empero, el dios sacó del vientre de la mujer a Asclepio, de modo que se dice así sucedió el nacimiento del semi-dios.

[26] Esto es, los atenienses, descendientes de Cécrope, el rey fundador de Atenas, otrora llamada ‘Cecropia’ en su honor.

[27] Sófocles Peán fr.737 PGM (Poetae melici graeci); Denis Page. Traducción del editor.

[28] Plutarco Moralia 45 B. Traducción de José García Lopez.

[29] Longino Sobre lo sublime 33,4-5.

[30] Éste es un perro-lobo de Molosia, región de Epiro, en la Grecia nor-occidental. Se conoce que era un perro usado por los pastores de ovejas, y debía de ser un valioso y apreciado perro pastor. En este caso, la alusión tal vez se refiera al consumado arte de Sófocles en el control de sus personajes, hasta el punto que procedía cual pastor con sus ovejas ayudado por un buen perro moloso. Este verso es atribuído a Aristófanes por Henderson entre los ‘dubia’ (Aristófanes fr.958 Loeb).

[31] Frínico, poeta cómico ateniense (s.V a.M.), rival de Aristófanes. Obtuvo el segundo premio en las Leneas del 406/405 a.M. con su comedia Las Musas, tras Aristófanes, que consiguió el primer puesto con Ranas.

[32] El mosto es el zumo de la uva antes de fermentar, mientras que el moscatel es un vino muy maduro. Así, Sófocles sería un punto medio y poderoso, como el vino de Pramno (Ilíada XI 639 y Odisea X 235), mientras que, tal vez, Esquilo sería como el mosto, y, Eurípides, como el moscatel.

[33] Diógenes Laercio Vida de los filósofos ilustres IV 20. Traducción de Carlos García Gual para Alianza Editorial.

[34] Linaje y vida de Sófocles 20. Traducción de Assela Alamillo.

[35] Ateneo Deipnosofistas VII 277e. Traducción del editor.

[36] Véase Jenofonte Memorias I 4,2-3.

[37] Diógenes Laercio Vida de los filósofos ilustres IV 20. Traducción de Carlos García Gual. En Linaje y vida 20 se dice que Sófocles “en todo emplea las palabras de Homero: trata los mitos siguiendo la huella del poeta (…). Crea los caracteres, los adorna y utiliza con maestría sus invenciones, influenciado al tiempo por el encanto de Homero. De ahí que se pueda decir que Sófocles es el único discípulo jónico de Homero”. Traducción de Assela Alamillo.

[38] Aristóteles Poética 4,15-20. Traducción del editor.

[39] Diógenes Laercio Vida de los filósofos ilustres III 56. Traducción de Carlos García Gual.

[40] Según Linaje y Vida de Sófocles 21, “ha sabido también calibrar oportunamente las acciones, hasta el punto de retratar totalmente a una persona en un pequeño hemistiquio o en un solo parlamento”. Traducción de Assela Alamillo.

[41] Linaje y vida de Sófocles 4 y 6.

[42] Por cierto, durante el tiempo en que el Tesoro de la Liga de Delos residió en Atenas (454 a.M. – 431 a.M.), los aliados portaban sus tributos anuales en ocasión de las Grandes Dionisias, de manera que eran exhibidos en la orquestra del teatro, justo antes de la representación. Hay que imaginar, pues, a Sófocles ejerciendo de administrador de los tributos a Atenas, exhibidos en la orquestra, y a él mismo venciendo en ella gracias a su arte. Por otro lado, este cargo tal vez propició las burlas que cariñosamente le dedicó la comedia, en tanto un personaje de Aristófanes, llamado Trigeo, en la tragedia titulada La Paz, dice que Sófocles, “aun siendo anciano y decrépito, por mor de ganancias navegaría incluso sobre una estetera” (Aristófanes La Paz 695-699). Traducción del editor. Sin embargo, esta comedia se representó en el 421 a.M., cuando Sófocles tenía 75 años; y poco ‘decrépito’ (σαπρός) podía estar Sófocles por entonces, cuando le quedaban aún quince años de vida, por cierto, durante los cuales continuó ejerciendo tanto su actividad política (consejero a los 85 años, según Aristóteles Poética 3,18) como poética (murió celebrando su última victoria, según Diodoro Sículo XIII 103,4 y según Vida 14) conservando su salud intacta (Frínico Las Musas fr.31 Kock).

[43] Los tesoreros imperiales estaban dirigidos por Arístides, apodado ‘el justo’, y, aunque en primera instancia la Liga de Delos había creado buenas espectativas, a partir del traslado del Tesoro de Delos a Atenas (454 a.M.) y el inicio del ambicioso programa de obras públicas emprendido por Pericles (449 a.M.), los espartanos y su Liga del Peloponeso, creada en el 500 a.M., comenzaron a recelar muy seriosamente, denominando a aquélla ‘Liga Ática’, y no ‘Liga de Delos’, de manera que poco tiempo después estallaría la fraticida guerra entre Atenas y Esparta (431 a.M.).

[44] Plutarco Vida de Pericles 8,7-8.

[45] Véase Linaje y vida de Sófocles 9.

[46] Plutarco Vida de Nicias 15,2.

[47] Íbid; Vida de Nicias 15,2. Traducción de Amanda Ledesma y Jorge Cano.

[48] Aristóteles Poética 3,18.

[49] Sin duda, Sófocles y los Probulos (Consejeros) pretendían establecer una aristocracia, no una oligarquía, aunque dadas las circunstancias ésta les resultara mejor que una democracia; de hecho, “cuando los en verdad notables a manos de los sin ascendencia son vencidos, ¿qué ciudad podría cosas así soportar?” (Sófocles fr.84 BCG).

[50] Sófocles fr.62 BCG.

[51] Sófocles fr.834 BCG.

[52] Ateneo Deipnosofistas 603e – 604d.

[53] Plutarco Moralia 839 A; Vida de Pericles 8,7-8 y Cicerón Sobre los deberes I 40,144.

[54] Ateneo Deipnosofistas 604 d-f. Traducción de José Ma. Lucas de Dios.

[55] Sófocles Traquinias 497.

[56] Aristófanes Ranas 76-82.

[57] Linaje y vida de Sófocles 13 y Diodoro Sículo XIV 53,6.

[58] Hesíodo Labores y días 735-755; Arquíloco fr.327 y 328 ó Esopo Fábula 109.

[59] Tal vez el bulo se propaló poco después de la muerte de Pericles (429 a.M.), cuando Sófocles se hallaba más débil, y el contrarrestarlo de la manera más inmediata sería una de las múltiples motivaciones para presentar el Edipo tirano ese mismo año o el siguiente.

[60] Platón República I 329 b-c. Traducción del editor.

[61] Yofonte, hijo de Sófocles y también tragediógrafo, mencionado más arriba.

[62] La escena es verosímil en tanto Sófocles había muerto hacía poco.

[63] Con el término ‘apacible’ se traduce el griego εὔκολος (de buen conformar).

[64] Aristófanes Ranas 76-82. Traducción del editor.

[65] Se supone que Esquilo cede el Trono a Sófocles, pero éste lo rechaza en favor de su predecesor.

[66] Aristófanes Ranas 769-794. Traducción del editor.

[67] Aristófanes Ranas 1471. De ahí quizá que Platón, quien vivió de pleno aquella época decadente de Atenas en general y de la tragedia en particular, censurara el género tan amargamente (Platón República III 408 b-c y X 595 a-c).

[68] Aristófanes Ranas 1515-1519. Traducción del editor.

[69] Plutarco Vida de Numa 4,10; Plutarco Moralia 1103 B y Etymologicum Magnum s.v. Δεξιός 256,6 Gaisford.

[70] Linaje y vida de Sófocles 11. Traducción de Assela Alamillo.

[71] Ateneo Deipnosofistas I 22 a-b. Traducción de Lucía Rodríguez-Noriega Guillén, con revisión del editor. Véase al respecto Plutarco fr.130 BCG.

[72] El ensayo general o προαγών se celebrava el día antes de la vigilia de la puesta en escena, y durante el mismo estaba permitida la entrada al público.

[73] Véase Linaje y vida de Sófocles 13. Tal vez ello sucedió porque Yofonte estaba resentido con su padre por haber tomado a otra mujer, la extranjera Teoris de Sición, con la que tuvo a Aristón, hijo que, por cierto, era el preferido de Sófocles.

[74] En esta ocasión, Sófocles podría haber referido el primer estásimo del Edipo en Colono (668-673) ―no la párodos―, comparando la llegada a la ancianidad con la llegada a la ‘blanca’ Colono, ‘la mejor morada de la tierra’. Además, como ya ha sido apuntado por otros estudiosos, el pasaje en el cual Edipo reprende con extrema dureza a su hijo Polinices (Edipo en Colono 1354-1396) podría ser un trasunto literario de la mala relación entre Sófocles y su hijo Yofonte.

[75] Plutarco Moralia 785 A-B. Traducción de Helena Rodríguez Somolinos.

[76] Diodoro Sículo XIII 103,4. Traducción del editor.

[77] Sófocles Edipo tirano 961.

[78] Sófocles fr.950 BCG.

[79] Sófocles Edipo en Colono 1224-1227.

[80] Sófocles fr.770 BCG.

[81] Sófocles Traquinias 2-3.

[82] Sófocles Edipo tirano 1528-1530.

[83] Frínico Las Musas fr.1 = fr.31 Kock; Teubner. Traducción de Lasso de la Vega.

[84] Filón de Alejandría Por qué todos los probos son libres 19. Traducción del editor.

[85] Plutarco Vida de Numa 4,10. Traducción de Aurelio Pérez Jiménez.

[86] Plutarco Vida de Numa 4,10. Traducción de Aurelio Pérez Jiménez.

[87] Pausanias Descripción de Grecia I 21,1. Traducción de María Cruz Herrero Ingelmo. Véase al respecto Linaje y vida de Sófocles 15.

[88] Linaje y vida de Sófocles 10. Traducción de Assela Alamillo.

[89] Plutarco Vida de Numa 4,10. Traducción de Aurelio Pérez Jiménez.

[90] Linaje y vida de Sófocles 17. Traducción de Assela Alamillo.

[91] Platón República X 607a. Traducción del editor.

[92] Platón República III 398a-b. Traducción del editor.

[93] Platón República III 398a-b. Traducción del editor.

[94] Platón República X 604e. Traducción del editor.

[95] Aristóteles Poética 25,30-35. Traducción del editor.

[96] Platón República III 397d. Traducción del editor.

[97] Linaje y vida de Sófocles 23. Traducción de Assela Alamillo.

[98] Véase Platón República III 399a.

[99] Véase Platón República III 394 b-c y 396 c y e.

[100] Sófocles Edipo en Colono 1224-1227; fr.327a y fr.940.

[101] Porfirio Sobre la abstinencia II 19,1-2.

[102] Plutarco Moralia 348 D. Traducción de Mercedes López Salvá.

 

Bibliografía esencial

Para una consulta de las fuentes mencionadas a lo largo de este discurso, sencillamente debería uno dirigirse a cualquier biblioteca bien aprovisionada, y, a continuación, consultar los textos a partir del nombre del autor en cuestión y de la editorial que publicó dicho texto. Desde aquí se recomiendan encarecidamente, para comprobar los originales en griego o latín, los limpios textos editados por Scriptorum Classicorum Bibliotheca Oxoniensis u Oxford Classical Texts, conocida como ‘la Oxford’ (editada por la Oxford University Press), o bien los magníficos y eruditos textos editados por Bibliotheca Teubneriana (conocida como ‘la Teubner’), o los editados por Loeb Classical Library (publicada por la Harvard University Press, y conocida como ‘la Loeb’). Para las traducciones al castellano, los españoles debemos preciarnos de contar con la Biblioteca Clásica Gredos (publicada por Editorial Gredos), cuya diligente labor ha producido textos de una esmerada fiabilidad, con introducciones y notas al pie de una utilidad muy difícil de exagerar. Para el catalán es muy recomendable el uso de las traducciones publicadas por la Fundació Bernat Metge, que además vienen acompañadas del texto original. No obstante, a continuación se da noticia del material de consulta que ha resultado de gran utilidad al redactor de la presente edición.

–Catálogo Helénico Doctrinal de Marco Pagano; Editorial Caduceo, Barcelona 2008.

–Diccionario de Mitología de Pierre Grimal; Editorial Paidós, Barcelona 1951-1981.

–Diccionario Griego-Castellano de Sebastián Yarza; Editorial Ramón Sopena, Barcelona 1954-1964. Sin lugar a dudas, sigue siendo el mejor léxico griego-español editado en España.

–Diccionario Griego-Castellano de J. Ma. S. Pabón de Urbina; Editorial Uox, Barcelona 1967-2006. Aún indispensable, como manual auxiliar.

–Greek-English Lexicon compiled by H. J. Liddell & R. Scott; Oxford University Press, United Kingdom 1843-1996.

–Historia del mundo antiguo de Gonzalo Bravo; Alianza Editorial, Madrid 1994-2004.

–The Oxford classical dictionary editet by N. G. Hammond and H. H. Scullard; Oxford University Press, United Kingdom 1998.


Marco Pagano.

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