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Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: CANTAR DE LOS CANTARES

CANTAR DE LOS CANTARES

Alegoría del teonacionalismo de Israel

1,6 El pasaje se refiere al cautiverio de la nación de Israel en Babilonia la nueva, por lo que en esta alegoría la esposa representaría la nación que se arroga al dios por encima de los demás pueblos. Así pues, el dios parece estar representado por el esposo[1].

Embriagados del frenesí exegético, y a fin de dotar al simil de un carácter mesiánico, algunos bíblicos católicos de la más burda estofa interpretan que la esposa es la Iglesia y el esposo es el galileo mortificado. ¡Enloquecer para creer![2]

1,8 A tenor de la exégesis más sensata ―según la cual el esposo es el dios de Israel, la esposa el pueblo de Israel y el coro las demás naciones―, en este versículo el dios le suplica a Israel que de no encontrarle, en efecto, opte por aprender de las demás naciones, esto es, “pastorea tus cabrillas junto a las cabañas de los pastores”. En resumidas cuentas, siendo Israel-Esposa una pastora que no encuentra a su Dios-Esposo, éste le aconseja relacionarse con las demás Naciones-Pastores.

1,17 Acaso sea ésta una alusión al templo de Salomón, que por cierto es el presunto autor del cantar[3].

2,2 En el supuesto de que Israel aquí sea la nación dilecta del dios, se demuestra una vez más el menosprecio del culto yahvista hacia las naciones paganas.

2,3 Del mismo modo, el autor comprende que existen otros dioses, sin perjuicio de que el dios ―ahora representado mediante un manzano― sea más bello y más útil que los demás árboles silvestres.

No obstante, y empleando los mismos elementos del símil que aquí se presenta, debe advertirse que los árboles silvestres son autosuficientes, a diferencia de los árboles de cultivo, como el manzano, que dependen de las atenciones que los hombres le dispensan. Así pues, la metáfora en este caso parece ser desafortunada.

2,7 En los dos últimos hemistiquios se infiere que Israel está dormida, y que el dios, en efecto, no quiere desvelarla hasta que la nación no lo haga por su propia voluntad[4].

2,10 Aquí el dios exhorta a Israel a deshacerse del sopor y a dirigirse hacia él[5].

2,11-13 El fin del invierno y la llegada de la primavera parece ser, a todas luces, otra referencia alegórica al cautiverio padecido por el pueblo de Israel[6].

3,1-2 La esposa aquí representa a Israel en tiempos de decaimiento religioso o político.

3,5 Aquí Israel vuelve a aparecer como una nación durmiente, al tiempo que el marido pide a las misteriosas “hijas de Israel” lo mismo que en 2,7, esto es, que no despierten a su amada.

En efecto, si la esposa representa a Israel entonces Jerusalén sería una parte de la esposa, ya sea la cabeza o el corazón, del mismo modo que la ciudad es la capital de la nación. Por lo tanto, acaso las ‘hijas de Jerusalén’ sean los sentimientos de ansiedad nacionales por reencontrarse con su dios Yahvé[7].

3,6 Acontece un cambio de escena brusco y desconcertante. Por espacio de unos párrafos, las exégesis anteriormente contempladas parecen perder toda su efectividad. De hecho, todo este pasaje podría ser una interpolación.

3,11 El rey Salomón no podría representar alegóricamente al dios, por cierto, tal y como venía haciendo el esposo hasta el momento, pues se dice que “le coronó su madre”, siendo Yahvé ingénito y, por tanto, carente de madre.

Asimismo, esta nueva aparición de la diadema coadyuva a restar excepcionalidad al único pasaje de apariencia mesiánica (Sal.132[Vg131],17-18). En efecto, como sucede en Prov.4,9, el contexto en el cual se desarrolla la escena no es en absoluto mesiánico, sino que parece ser una distinción más para el eventual rey de Israel, o incluso para el esposo decente (Is.61,10)[8].

4,1 Se retoma la alegoría con los mismos elementos de esposo y doncella, por cierto, después de ser importunada por el servil y ditirámbico pasaje salomónico (3,6-11).

4,2-6yss. Parece evidente que, bajo el sentido alegórico que presenta el canto, la esposa representa a Israel y no a la Iglesia, como de hecho pretenden manipuladores de bajuno jaez y burda estofa[9].

5,2 Aquí la metáfora del Esposo-Dios, fuera de casa, merced a las inclemencias, con la cabeza cubierta de rocío y escarcha, en efecto, parece del todo inconveniente. ¿Cómo el dios podría encontrarse desasistido y necesitado de una nación? ¿Acaso no es eso mismo lo que quiere decir la escena?[10]

5,6 Esto significa que cuando el dios llama a la puerta no valen remilgos, pues su eventual cercanía puede desaparecer, debido a las dudas o a la falta de perseverancia en la virtud.

No obstante, cabría advertir que el dios inunda todo el universo (Sab.1,7), y que en todo caso sería el mortal quien se acerca al dios.

5,9 Según se infiere en este pasaje, las ‘hijas de Israel’ son la representación alegórica de las demás naciones. En fin, aquí se demuestra cuán impúdico puede ser el teonacionalismo[11].

6,1-2 Ahora la esposa conoce el lugar dónde ha ido su Amado, toda vez que en 5,6 se dijo que lo desconocía por completo.

6,4yss. Sensible alusión a Israel y no precisamente a la Iglesia[12].

6,12 Este “sin saber cómo” resulta imposible de vincular al dios, por más licencias que permita el estilo alegórico[13].


[1]     Ver 2,11-13.

[2]     Véase 4,2-6 y enmienda correlativa. Tampoco estaría de más consultar 6,4 y 6,10.

[3]     A tal efecto véase 1Rey.6,10y15.

[4]     En el mismo sentido véase 3,5.

[5]     Véase la enmienda precedente, a la cual ésta parece contradecir.

[6]     Véase 1,6 y enmienda correspondiente.

[7]     Sin embargo, a pesar de que en 3,10 ó 5,8 no parece verse afectada la presente exégesis del inquisidor, ésta acaba por desmoronarse en 5,9 de forma inaudita.

[8]     En definitiva, es preciso advertir que éstos textos parecen estar compuestos con el propósito de motivar a los futuros reyes de Israel en el ejercicio del buen gobierno. Según el inquisidor, en este sentido iban dirigidas tales palabras, y por tanto no son profecías de la llegada del mesías martiriócrata.

[9]     Véase 1,6 y enmienda, así como 6,4yss. y 6,10.

[10]    En este sentido véase Sal.96(Vg95),7-8 ó Dan.10,13 y enmiendas correspondientes.

[11]    Véase 3,5 donde el inquisidor fue incapaz de concebir tal grado de petulancia, tufo y enajenación. Como de pasada véase también 6,1.

[12]    Véase 1,6 ó 4,2-6 y enmiendas correspondientes, así como 6,10.

[13]    En el mismo sentido véase Dan.13,42.