La creación no ha terminado...

Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: CRÓNICAS 1 Y 2, ESDRAS Y NEHEMÍAS

1 PARALIPÓMENOS O CRÓNICAS

De lo acontecido desde Adán protohombre hasta el rey David

Como única observación al libro, el inquisidor recoge la advertencia que de él hacen en su introducción los doctores Nácar-Colunga en la eximia edición que presentaron el año 1968 bajo los auspicios de la ilustre BAC (Biblioteca de Autores Cristianos):

“Las listas, a veces repetidas y discordantes, muestran que tales documentos son más bien empadronamientos de las tribus o familias”, con lo que acepta algún tipo de falibilidad a los Textos, aunque ésta sea en el ámbito del sentido literal. Ahora bien, para el propósito del inquisidor revisten mayor importancia las máculas de carácter doctrinal, lógico o moral, por lo que, en general, no prestará especial atención a errores o erratas de tal jaez. Sencillamente, contrástese 7,6yss. con 8,1-40; y asimismo 11,11  con 2Rey.23,8.


2 PARALIPÓMENOS O CRÓNICAS

De lo acontecido desde el reinado del rey Salomón hasta el edicto de libertad de Ciro, el gran rey de Persia

20,25-26 El despojo de riquezas a los enemigos, ya sean moabitas o ammonitas, está explícitamente prohibido por la ley del anatema, promulgada por Yahvé en Dt.7,25-26.

20,32-33 Existe una contradicción entre la sentencia “(Josafat) anduvo (…) haciendo lo recto a los ojos de Yahvé” con las otras que claman “los altos no desaparecieron y el pueblo no tenía su corazón firmemente apegado al Dios de sus padres” o “Por haberte asociado con Ocozías, Yahvé destruirá tu obra” (20,37).

21,4 Hermoso acto de Joram el Joven de Judá, pues “pasó a cuchillo a todos sus hermanos”. En efecto, noble práctica que al parecer fue común en el Oriente más decoroso.

21,20 La aseveración “(Joram de Judá) se fue (…) y le sepultaron (…), pero no en los sepulcros de los reyes” se contradice con la aparecida en 2Rey.8,24 “Joram se durmió con sus padres y fue sepultado con ellos”. Sus padres, por cierto, eran los anteriores reyes de Judá.

32,25 La frase “(Ezequías) se ensorbeció en su corazón, y se encendió la ira de Yahvé contra él y contra Judá y Jerusalén” no se corresponde con la legible en 29,2 “(Ezequías) hizo lo recto a los ojos de Yahvé, enteramente”.

36,22 El gran rey Ciro de Persia patrocina el regreso de los israelitas a su tierra durante su primer año de regencia; ahora bien, Jeremías, uno de los profetas de Yahvé, vaticinó con una sensible ambigüedad, que Israel debería soportar setenta años de servidumbre babilónica (Jer.25,11 y Jer.29,10) cuando en realidad, desde la primera deportación bajo yugo babilónico (586 a.C.) hasta el edicto de amnistía de Ciro (538 a.C.) median 48 años[1].

Por descontado, no faltan un sinfín de sinuosos malabarismos de cuerda floja que, postulados por los bíblicos de moña y roña, pertenden excusar todo apreciable error; por ejemplo, alegando que Jeremías se refería a la duración del imperio caldeo (604 – 539 a.C.) aun cuando ésta sea de 65 años, aun cuando el origen del imperio caldeo en Babilonia se remonte al 721 a.C., y aun cuando el reinado de Nabucodonosor finalizara el 562 a.C.

36,23 Las primeras palabras puestas en boca de Ciro son improbables. A decir verdad, Ciro no consideró a Yahvé su dios, si bien es cierto que como buen politeísta, respetase el ejercicio de su culto e incluso lo llegase a fomentar entre los hebreos.

En efecto, Ciro se erigió rey de Persia restaurando los dioses de las tierras que conquistaba y, por mor al dios y a los diferentes credos con los cuales se le rinde adoración, los consideraba beneficiosos toda vez que difirieran del suyo[2]. Para más actitudes persas al respecto, léase Esd.7,17-20, donde Artajerjes repite por tres veces “vuestro Dios”, refiriéndose a Yahvé. De hecho, pocas cosas existen de mayor vileza y petulancia que la arrogación de los designios de un rey como Ciro, soberano y punta de lanza de su muy gallarda nación.

ASCENDENCIA DE LAS TRIBUS DE ISRAEL A PARTIR DE ADÁN


ESDRAS

Del regreso de Israel a su tierra tras el cautiverio bajo Nabucodonosor y sus primeras acciones auspiciadas por Ciro

1,2 Véase enmienda a 2Par.36,22, donde se explica que el rey Ciro no tenía por que ser yahvista, puesto que en realidad éste célebre monarca era politeísta de menche anchurosa. Además, la crónica babilónica que da fe del edicto es clarificatoria al respecto, cuando dice “Yo reduje a los dioses a los lugares que habían habitado y los instalé en su morada eterna. Yo reuní a todas las gentes y las restablecí en sus domicilios, y los dioses de Sumer y Accad, que Nabonides, con grande enojo del señor de los dioses, había traído de Babilonia, por orden del dios Marduc, yo les hice ocupar en sus santuarios la morada amada de su corazón” (escolio a 1,4 de Nácar-Colunga 1968).

De hecho, Ciro el grande sentía un profundo respeto por todos los dioses que él conocía, y debido a su longanimidad y excelencia era bien capaz de rendir culto moderado a más de un dios extranjero, sin por ello afectar ningun tipo de prejuicio fanático. Por ende, tal conducta demuestra cuan respetuosa suele ser la fe politeísta, a diferencia del monoteísmo, que a fin de evitar la multiplicidad rechaza y abomina cualquier dios que no sea el propio, convirtiendo así a sus creyentes en feligreses de mente estrecha y desconfiados en extremo. ¡Qué lejos de la afabilidad de los politeístas, que aprecian la hermosa dualidad de lo uno y de lo múltiple![3]

2,63 Parece ser que el ‘urim y tummim’ eran dos guijarros que, estando uno marcado y el otro no, se utilizaban como método de adivinación en lo que, por cierto, representaba una evidente práctica supersticiosa. Asimismo, también existen indicios que no dejó de ejercerse hasta el s.V a.C.[4]

Al respecto véase Éx.28,30, donde precisamente ésta es ordenada por Yahvé a los sumos sacerdotes, Lev.8,8 donde se ejecuta el mandato, y 1Sam.14,41/ 1Sam.30,6-8 ó Neh.7,65 donde es posible observar cómo se llevaba a cabo la práctica supersticiosa.

6,4 La buena intención del rey Ciro, sin él saberlo, se oponía a la directriz de Yahvé. En efecto, Yahvé advirtió que “al levantar tu cincel sobre la piedra la profanas” (Éx.20,25)[5].

6,21-22 Los dos versículos finalizan con un “Yahvé, Dios de Israel”. Digna sentencia, si no fuera porque se pretende que Yavhe, dios de Israel, sea a un tiempo el dios de la creación, hecho que constituye el pecado de teonacionalismo.

7,25-26 Este último versículo, final de la epístola atribuida a Artajerjes II, es impobrable que se original del rey persa, que por cierto debía ser respetuoso con los cultos de cada quien.

Asimismo, hágase notar que el mandato se refiere en exclusiva al territorio “del otro lado del río”, es decir, a la zona entre el río Jordán y el Gran Mar o Mar Mediterráneo, y por lo tanto no es extensible a todo lugar, como podría interpretar el poco avisado lector.

9,3 Según el falible pero denodado inquisidor, la escandalosa conducta de Esdras es indigna de un profeta, aun y cuando fuera costumbre realizar tales manifestaciones.

Los epígonos de la humanidad, desde siempre y por definición, han pasado por alto las costumbres que de su propia nación consideraban impropias.

9,5 El posesivo que emplea Esdras “mi Dios” constituye impiedad. En efecto, toda pretendida posesión de la divinidad es impropia del buen creyente, y necesariamente perjudica tanto al blasfemo como a sus secuaces.

De hecho, hablar de modo incorrecto, a juicio del caduciforme inquisidor, es lo mismo que actuar mal y, por ende es pecado[6].

10,14 “La encendida cólera de nuestro Dios” es una locución doblemente blasfema: en primer lugar por atribuir la vil pasión de la cólera al dios, y en segundo lugar por hablar del dios en términos posesivos.


NEHEMÍAS

De la penosa refundación de Judá y de su censo nominal

1,5 Nehemías dice “Dios grande y terrible” profiriendo gran blasfemia, pues terrible es todo aquello que produce terror, y tanto el dios como todo lo divino que de él se deriva, en todo caso produciría el efecto contrario[7]. Además, también reza “haces misericordia con los que te aman y guardan tus mandatos”; ahora bien, según el andariego inquisidor, no es posible practicar la misericordia con aquellos que guardan los buenos preceptos, sino con los pecadores, ya que la misericordia es una virtud compasiva hacia el culpable de manera que se le perdona. Por consiguiente, no se ejerce misericordia con el piadoso, pues éste sencillamente recibe su merecido respecto a sus buenas acciones, sino con el pecaminoso, que al fin y al cabo es quien precisa de misericordia. Otrosí, véase Sal.145(Vg 144),9 donde se especifica que “es benigno Yahvé para con todos, y su misericordia sobre todas sus cosas”. En efecto, los pecadores son también obra del dios, pues nada existe que escape a sus designios.

Advierta el aplicado leyente, que la fe en el dios también se practica intentando hablar con propiedad, si bien es preciso reconocer que resulta imposible hablar incorrectamente sin actuar mal a un mismo tiempo. ¿No será que la falsedad es un vicio contrario a la virtud de la autenticidad? En definitiva, ¿se puede hablar mal sin pecar?

1,11 “Los siervos tuyos (Israel) que desean temer tu nombre” es una sentencia constituyente del pecado de teonimolatría, una lamentable derivación de la iconolatría que por otro lado tanto abominan los Textos[8].

5,19 Este rezo es impío, según criterio del enjuto inquisidor, puesto que pone en duda la memoria del dios.

Porque ¿no es él quien delega tal ministerio a la muy encumbrada Mnemósine? Entonces, ¿no será un rezo del todo inadecuado, como todos aquellos que se profieren por un espurio interés? ¿No serán indignos también todos aquellos rezos que sólo incumben a particulares, o aquellos que dudan de la bondad del dios así como de la atención que dedica a su obra?[9]

9,5 “Bendecid a Yahvé” es una tremenda sentencia que, por motivos que parecen obvios, expresa un deseo difícil de realizar. A decir verdad, según el inquisidor este imperativo demuestra una grave inconsciencia y una profunda vanidad. Ocurre lo mismo con la frase “Bendito sea su glorioso nombre”, si bien representa aún una mayor impudicia, puesto que aquí se bendice ya no al dios, sino a su presunto nombre, con lo cual a la ignorancia y a la vanidad se le añade el pecado de teonimolatría.

9,13 “Les diste (al pueblo de Israel) (…) leyes de verdad”, por cuanto si tales leyes eran divinas y de verdad, deberían también ser eternas.

No obstante, en la presente inquisición se pone de relieve que ciertas leyes no soportan el peso de la razón y, como de hecho aceptan muchos bíblicos, son totalmente caducas.

9,14 El ‘sabat’ era en origen una práctica producto del sedentarismo, que según parece exportó Abraham desde Babilonia, y, probablemente, se transmitió entre los primeros hebreos de tal modo. En efecto, la misma palabra ‘Sah-bat’ es de origen caldeo, y no hebráico o arameo.

9,19 La “mucha misericordia” de Yahvé se tradujo en el asesinato a filo de espada de tres mil israelitas, matando “cada uno a su hermano, a su amigo, a su deudo” (Éx.32,27).

12,22 La mención del rey Darío III Codomano sitúa la elaboración del texto no antes del s.IV a.C.

13,15-22 La trasgresión del descanso sabático estaba penalizada con la muerte. Sin embargo, en esta ocasión Nehemías la obvia y neglige. Por el contrario, en un caso precedente y en obediencia a la ley mosaica, se lapidó al sacrílego del cuarto mandamiento (Éx.20,8/ Éx.23,12/ Éx.31,14 ó Núm.15,32-36 lugar éste último donde se narra la lapidación).

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]     Véase Esd.5,13.

[2]     Según parece, el culto de los persas era un dualismo del dios Ahura-Mazda con sus seis dioses de luz y el dios Angra-Mainyu con sus seis espíritus de las tinieblas. Asimismo, este longánimo pastor de huestes de padre elamita, quizá llegó a profesar también el culto al dios solar Mithra, que desde la Antigüedad hasta los tiempos de Roma fue popularizándose.

[3]     Véase 6,6-12.

[4]     Véase Neh.7,65.

[5]     También en Lev.26,1. Por ende, véase enmienda a 1Rey.5,17ó31-18ó32.

[6]     Véase Neh.7,5/ Neh.9,4-5 ó Neh.9,32.

[7]     Ver 4,8 ó 9,32.

[8]     Sin embargo, cabe distinguir la iconolatría de la iconología, que era el arte practicado por los helenos, matiz insalvable para algunas mentes de antojo y cerrojo.  Además, véase al respecto 5,9 ó 7,2.

[9]     A la sazón véase 6,14 y 13,31.