La creación no ha terminado...

Historia y Cultura, Salud y Ecología

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: DEUTERONOMIO

DEUTERONOMIO

Memorándum, promesas, amenazas y el óbito de Moisés

1,34 El dios monta en cólera, dejándose llevar por las pasiones cual un vulgar comedor de pan[1].

2,24-25 Incomprensible anhelo bélico en un dios todopoderoso[2].

2,34-35 Inapropiada forma de actuar para un pueblo otrora sometido a servidumbre, que no al exterminio, y que dícese comandado por un dios paciente y misericordioso, que no mísero[3].

Además, es preciso tener en cuenta que el dios prohíbe tales prácticas con extrangeros en, verbigracia, Éx.22,20 y Éx.23,9, y que todavía no estaba en vigor la proterva disposición del anatema (20,16-18).

3,3-6 Más exterminio feroz llevado a cabo por el pueblo jacobita que, aun de la mano del todopoderoso Yahvé, se muestra torpe e incapaz de poner en práctica métodos de persuasión pacíficos[4].

3,22 Al verdadero dios acaso jamás le fuera necesario luchar para imponer su divinal designio, por cuanto los métodos con los que procedería serían en todo punto más sutiles.

3,26 Expresión gravemente irrespetuosa con el dios verdadero. No obstante, bien cierto es que no es posible despreciar al dios y quedar impune al mismo tiempo.

Sin embargo, el inquisidor exige que se tomen medidas de carácter urgente con el propósito de reparar o enmendar tamañas atrocidades. En efecto, la Comunidad Bíblica debiera cantar ya su palinodia y renegar de pasajes tan horrendos como el presente; de no ser así, probablemente mermará su ya muy deteriorada credibilidad hasta convertirse en una grotesca institución. ¡Oh Tiempo! ¡Insobornable cauterizador de infamias y latrocinios![5]

4,2 El versículo demuestra el profundo conservadurismo que embotaba el juicio de los autores que dictaban al amanuense. El paciente inquisidor pretende hacer ver que nadie ―por mucha fe que dipositen en los textos bíblicos―, debería poner en práctica semejantes preceptos, tan obsoletos como nunca podrían estar unas órdenes divinas[6].

4,3-4 Más siembra de miedo irracional. Las enmiendas al respecto son ya demasiadas.

4,6 Los siguientes mandamientos constituyen un esbozo de constitución, compuesta con el firme propósito de infundir un acerbo temor al vulgo, aludiendo a fuerzas superiores e inexcrutables que castigarían a todo aquel que no obedeciese las leyes de la teocracia.

4,7 El hagiógrafo parece entender la existencia de otros dioses, sólo que no tan solícitos para con su pueblo como lo es Yahvé para con el suyo.

4,13 En este versículo aparece por primera vez en los textos la expresión ‘los diez mandamientos’ o ‘el Decálogo’, a los cuales el inquisidor quiere hacer una mención particular. En efecto, representa una síntesis del ‘código de Hammurabi[7]’ babilonico, bajo el cual vivió Abram en Ur Casim, y ―aun legislar disposiciones completamente obvias―pretende ser un compendio de reglamentos fundamentales que establezcan una distinción con los pueblos circunvecinos a Israel.

4,16-19 Se cercena la raíz del verdadero arte, es decir, se prohíbe la evocación de lo divino mediante lo mortal, por cuanto no existe arte auténtico que no se ejecute con tal objetivo[8].

4,21 Acaso Moisés no haga lo correcto cuando culpa al pueblo. El castigo que el dios le impuso fue motivado exclusivamente a su desconfianza en el poder de Yahvé[9].

Quizá con ello el hagiógrafo quisiera envolver al líder de un cierto martirio.

4,24 Más temor irracional dirigido a las mentes más débiles.

4,31 Una vez más aparece Yahvé como susceptible a posesión parcial y como un dios misericorde.

4,35 El inquisidor, criado cara al anchuroso piélago, percibe en el versículo un fuerte recelo del hagiógrafo con respecto a que el pueblo, ajeno a los anhelos de poder, decidiera a motu propio mudar las tradiciones inculcadas.

Por cierto, asombra el comprobar semejante inmovilismo cultural.

5,5 No es cierto lo que Moisés refiere, el pueblo pretendió subir al monte Sinaí, de hecho, son Yahvé y el propio Moisés quienes prohíben que el pueblo suba.

Las citas al respecto[10] no dan margen a ambigüedades.

5,7-10 “No tendrás otro dios que a mí”[11]. Pero, ¿cómo es posible tener otro dios si solamente existe uno?[12] No obstante, en caso de trasgredirse el mandamiento, al sacrílego se le punirá con la pena de muerte.

En efecto, así queda patente en Éx.22,19, en Dt.4,25-26 y en Dt.8,19. Léase, asimismo, Éx.32,27-28, donde a causa de la adoración prestada al becerro de oro se exterminan tres mil israelitas. En aquel suceso, cabe decir que se trasgredieron a la par los dos primeros mandamientos que, al parecer, podrían resumirse en uno solo. No obstante, el hagiógrafo quiso explicitar la prohibición de la iconolatría.

5,8-9 “No te harás imagen de escultura, ni figura alguna de cuanto hay arriba, en los cielos, ni abajo, sobre la tierra, ni de cuanto hay en las aguas debajo de la tierra”[13]. Con este mandamiento se pretende evitar el surgimiento de cultos politeístas pues, a decir verdad, el hagiógrafo sabía bien que, de las diferentes interpretaciones artísticas de la divinidad, en efecto, aparecen las distintas divinidades, como de hecho sucedió con el nacimiento y evolución de los cultos politeístas.

Este mandato reprime la razón de ser del verdadero arte, es decir, se prohíbe la mortal representación de la naturaleza sempiterna. A juicio del inquisidor, éste es quizá el mandamiento más nefasto de los que aquí son considerados.

5,11 “No tomarás en falso el nombre de Yahvé”[14]. Es decir, ‘no hablarás en nombre del dios si no perteneces a la casta sacerdotal, puesto que sólo ellos son competentes en transferir la palabra divina al pueblo’. Por ende, la trasgresión del mandato estaba punida con la muerte, como se comprueba en Lev.10,1-3, donde Yahvé abrasa a los hijos de Aarón. También se confirma más adelante, en Lev.24,10-16, donde se relata la lapidación de un blasfemo, y, finalmente, en Dt.13,5 y Dt.18,20, donde se exige la ejecución del falso profeta[15].

Esta es una sagaz medida emprendida por los poderosos, en parte, con el fin de eliminar los muchos adivinos y oráculos que, con más o menos acierto o con más o menos honradez, profetizaban por doquier de aquellos lares y, por lo tanto, que representaban cierta amenaza a la unidad y solidez de la teocracia totalitaria[16].

5,12-15 “Acuérdate del día sábado para santificarlo”[17]. Es decir, ‘no se te ocurra eludir el tributo semanal a la teocracia o serás ejecutado’. En efecto, la contravención del mandato se punía, como en los casos anteriores, con la negra parca. Así lo demuestran las palabras pronunciadas en Éx.31,14-15, o el lamentable hecho acaecido en Núm.15,32-36, ya enmendado en la presente obra.

No obstante, y atendiendo a que posiblemente el mandato solamente pretendía establecer el día de descanso semanal, es preciso apuntar que tal disposición tiene su origen en la tradición mesopotámica, cosa por otra parte natural, por cuanto este precepto es consecuencia directa del sedentarismo. Asimismo, el término que designa el descanso ‘Sa-batu’ es también de origen sumerio[18].

5,16 “Honra a tu padre y a tu madre”[19]. Si bien el precepto es bondadoso, no lo es en absoluto el castigo a su contravención, pues, como en todos los casos anteriores, es la muerte inclemente.

Así al menos se recoge en Lev.20,9.

5,17 “No matarás”[20]. Mandato que se contradice no sólo con la pena del talión[21], sino también con todos los castigos a los preceptos anteriores, así como con los múltiples exterminios ya citados[22] y otros por citar[23].

En efecto, la sentencia esconde una honda hipocresía como por lo común pretenden hacer los textos, tal y como sucede con las directrices ordenadas al pueblo en Éx.22,20 y Éx.23,9, donde se le insta a tratar bien a los extranjeros a la par que se le obliga exterminarlos por completo[24].

5,18 “No adulterarás”[25]. No obstante, de cumplir este pudoroso precepto, al pecador se le castiga con la funesta y muy negra muerte.

Así al menos se puede leer en Lev.20,10-12 y en 22,22-24.

5,19 “No robarás”[26]. Suena enternecedor, pero al buen precepto se le debe adicionar la preceptiva y rutinaria ejecución para el pecador, porque así lo ordenan las sempiternas leyes del dios misericordioso, quien publica y vela por el cumplimiento del sexto mandamiento, ¡oh, clemente y pacífico! ¡Oh, tardo a la ira!

En efecto, véase Éx.22,1, donde Yahvé permite matar al ladrón si éste es hallado in fragante y con los agravantes de nocturnidad y alevosía.

5,20 “No testificarás contra tu prójimo falso testimonio”[27]. Esta es una bella directriz, que por cierto aparece refrendada con distintos términos en 23,1.

5,21 “No desearás nada de cuanto pertenece a tu prójimo”[28]. Sin embargo, parece lícito desear todo cuanto pertenece al enemigo, incluyendo la tierra fecunda donde habita desde tiempos remotos así como sus múltiples posesiones.

5,7-21 Estos son los diez mandamientos dictados por Yahvé a Moisés, y representan la operación cosmética que mejor resultado ha dado de todos los tiempos, el paciente inquisidor ha dado buena fe de ello; así pues, prevénganse los gaznápiros de flébil fuste y carácter alicaído, que tras el adorno y la brillantina se esconde un cadáver pútrido y ponzoñoso.

Con todo, el pasaje en su conjunto es un recordatorio de los diez mandamientos aparecidos por vez primera en Éx.20,3-17.

6,4 “Yahvé es nuestro Dios, Yahvé es único”. Mas esfuerzos hagiógrafo por presentar al dios verdadero como un dios parcial y nacional de Israel. En efecto, tamaña arrogación carece de fundamento, puesto que el dios, si en realidad es único, debe ser el dios de todos, y si éste fuera sólo o en especial el dios de los israelitas, sería necesario que existiese más de un dios[29].

A decir verdad, se aprecia un verdadero trauma en el proceso de desapego a los antiguos y naturales cultos politeístas, cuyos efectos aún perduran en la actualidad. Porque tan contranatura es el monoteísmo sin diferentes dioses como lo es un Estado sin distintas naciones.

6,8-9 Extensión aparentemente literal del significado de la utilización de las filacterías[30].

6,13 Se insta al pueblo de Israel que tema al dios y que jure por su nombre. En efecto, esta exigencia anula la exégesis más común al tercer mandamiento[31].

6,14-16 Más propagación de miedo y más alusiones a otros dioses; más pretendidos atributos horribles al dios, como son la cólera o los celos, y mayor exterminio infausto.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que “revolver lo mismo tres y cuatro veces, es pobreza de talento, como el que en vano asusta a niños” (Píndaro Nemea VII 104-105).

6,24 Más tufo de acérrimo inmovilismo, enfermedad del alma que sume a quien la sufre en una inexorable degeneración.

7,1-2 Más posesivos relacionados con Yahvé y más mandatos de infames anatemas; acciones perversas que, por cierto, contravienen la orden prerrogada solemnemente en el sexto mandamiento del decálogo (Éx.23,9).

Las repetidas contradicciones hacen que los textos, desde sus mismos cimientos, se derrumben y carezcan de la dignidad pedagógica o doctrinal que se les presupone[32].

7,4 Se atribuye al dios un defecto tan grave como la ira, y se continúa, en lo que parece ser una demente porfía, procurando atemorizar al eventual lector gazmoño o pusilánime.

¿Es posible servir a otros dioses cuando existe un solo dios? ¿Por qué no se puede amar al mismo dios de diferentes maneras? ¿Es sensato afirmar que el dios se preocupa de a quién o a qué dedican su fe los mortales si, al fin y al cabo, éstos obran bien y se conducen acompañados de la virtud y del conocimiento?

7,6 Más lamentables demostraciones de patriotería teológica, preñez de antipatías, pues redundan en la abominable idea de que el dios sólo gobierna para unos, o que lo hace en especial para cierta nación privilegiada. ¡Execrable blasfemia! ¡Letrina de errores!

7,9-10 Es oportuno señalar que la virtud de la misericordia no se ejerce con el que es inocente, sino que sólo es aplicable a quien es culpable de pecado alguno.

Además, estos dos versículos no muestran que Yahvé sea misericordioso, sino todo lo contrario; se advierte un ser destructivo, rencoroso y contumaz[33]. ¡Evítense tamañas trapazas! ¡Poza de engaños sin números!

7,21 Se califica al dios como ‘terrible’, que por cierto lo sería sólo a ojos de los indignos de su majestad.

8,3 Proverbial sentencia “No sólo de pan vive el hombre”.

8,6 Más aparición de temor donde debería encontrarse respeto o amor.

9,2 Pregunta muy similar a la que sirvió para que el dios le castigara negándole la entrada en la tierra prometida.[34]

9,18-20 A decir verdad, el auténtico dios jamás se irritaría, no actuaría colérico ni furibundo, como tampoco se enojaría; habida cuenta que la irritación, la cólera, el furor y el enojo son pasiones que aquejan a los humanos comedores de pan.

En efecto, estos versículos demuestran una grave falta de respeto al verdadero dios, integérrimo ser alrededor del cual todo lo demás gravita.

9,7-29 Moisés reprocha todas las infidelidades del pueblo de Jacob a Yahvé que, a juicio del inquisidor ―y considerando tanto la intransigencia de su dios como que el tiempo trascurrido es de cuarenta años―, son muy pocas y también muy leves. No obstante, el hagiógrafo las rememora a fin de recrudecer el sentimiento de culpa y azuzar el temor del pueblo hacia su dios pedestre, continuando así el estropicio más giganteo y duradero que la humanidad jamás haya padecido.

10,12-13 Yahvé, por boca de Moisés, exige que su pueblo sea dichoso; ahora bien, cabría pensar que es difícil lograr la felicidad por mandato, pero aún más difícil se antoja si, como castigo, al infeliz se le prescribe la muerte impenitente.

No obstante, véase Lev.23,29, donde una ley les impele a afligirse.

10,17 “porque Yahvé, vuestro dios, es el Dios de los Dioses, el Señor de los Señores”. Definitivamente, el hagiógrafo debería aclarar al lector si el verdadero dios es el dios de los Israelitas por su propio capricho y acepción (9,5-6) o, como el inquisidor consideraría más congruo, si es que el auténtico dios gobierna a todos y a todo cuanto existe a través de leyes eternas.

La opinión de Calmet al presente pasaje es acertada, la de Teodoreto, sin embargo, está tergiversada[35]. El criterio del inquisidor, ya ha sido expresado con anterioridad[36].

10,17bis “el Dios grande, fuerte y terrible”. Otra vez se utiliza el insulto ‘terrible’ aplicado al integérrimo creador. Toda vez que se entiende que el hagiógrafo lo emplea con tal de atemorizar al incauto lector, cabe decir que además de ser un acto malévolo es una tremenda impiedad.

Pero además, cuando el texto asegura del dios “que no hace acepción de personas ni recibe regalos” parece fundamentarse tan solo en la hipocresía, pues una caterva de pasajes anteriores[37] y otra de ulteriores[38] lo desacredita. En efecto, las palabras vanas son muy propias de las religiones de margarita y foripondio.

10,19 Se recuerda al pueblo de Israel que ame al extranjero justo antes de anatematizar a miles de ellos.

La hipocresía más atroz se manifiesta y hunde en inmundos lodazales a quienes les pasa desapercibida. ¡Cuídense los aún no enfermos!

10,20 Se pide que se tema a Yahvé, se le presenta como susceptible a ser poseído y se conmina a jurar por su nombre[39]. Así pues, se entiende, vulgarmente, que el tercer mandamiento (Éx.20,7 ó Dt.5,11) prohíbe lo que aquí se exige.

11,12 Más muestras de teonacionalismo, ¡poza de odios sin cuento!

11,17 Se le atribuye a Yahvé el vicio de la cólera.

Los despropósitos y las amenazas se suceden como en ninguna otra obra literaria.

11,26-28 Al pueblo de Jacob no se le permite elegir un término medio. Según obedezcan al teócrata de turno recibirán bendición o acarrearán maldición. De hecho, esta orden es ya una maldición en sí misma.

Asimismo, el pueblo vive condenado a seguir unas leyes que le constriñen a ser felices y que, de no seguirlas o en el caso de no lograr la felicidad con ellas, se condena a muerte al infractor o al infeliz. En efecto, la escena no podría ser más lóbrega y lúgubre.

11,28 “y, apartándoos del camino(…), os vais tras otros dioses que no habéis conocido”. Pero, ¿cómo diantre podrían conocer otros dioses en el caso de que éstos no existieran?

12,2 Abominable crimen que debería avergonzar a todo miembro de una comunidad decente. En efecto, a valiosa fuente de conocimiento que aniquiló el protervo anatema no será restituida jamás.

12,5-14 Se centraliza el poder con tal de evitar la aparición de sectas que puedan suponer un contrapoder y, de tal modo y al mismo tiempo, se pretende recaudar los impuestos ‘divinos’ desde una sola administración.

Más adelante, la jerarquía eclesial funcionará de modo similar, a saber, uniformando y eliminando matices a lo que a la actividad de la fe se refiere. En definitiva, manipulará esa hermosa necesidad con tal de arrogarse el poder sobre el vulgo, desatendiendo y penalizando cualquier modificación que pudiese mermar su enorme y siniestra influencia.[40]

12,19 Se apuntala en el poder a la clase sacerdotal ―aquella que por entonces ya portaba la égida y la misma que dictó estos textos bíblicos―, de tal forma que al erigirse receptora de todos los impuestos consiguió el dominio económico, amén del político, social y religioso, que ostentaba con ferocidad sobre el vulgo becerril.

12,22 Aquí se dice “el (animal) puro y el impuro podrás comerlo uno y otro”, al parecer, contradiciendo el precepto ordenado un poco más abajo, en 14,3-21, donde se enumeran todos los animales impuros y donde, en efecto, se prohíbe su ingestión.

12,27 “y la carne la comerás tú”. En caso de cumplir el precepto, el oferente protagonizaría la tremebunda escena de tener que engullir él sólo todos los holocaustos y oblaciones, hazaña que únicamente podría llevar a cabo si poseyera un enorme ventral.

Se hace evidente, por tanto, que alguien más, y no sólo él, debería ingurgitar los presentes ofrecidos al dios pedestre. Efectivamente, es en 12,18 donde se indica quiénes le acompañan a la comilona, mencionando a sus hijos, a sus siervos[41] y al levita. No obstante, en Lev.22,1-15 se refieren algunas excepciones[42].

12,31 Es de suponer que tales pueblos, condenados al anatema por su incurable maldad (9,5), deberían ejercer alguna práctica religiosa moralmente aceptable, si bien es cierto que los holocaustos humanos fueren por completo execrables.

No obstante véase Sab.11,25, pues allí se afirma que el dios ‘nada aborrece’.

12,32 El incircunciso inquisidor preguntaría, ‘¿ni aun siendo algo bueno se podría añadir? ¿Ni aun después de comprobar que alguna práctica quedó obsoleta se podría derogar?’.

En efecto, el versículo rezuma un rancio fanatismo inmovilista.

13,1-5 Intento de los teócratas de eternizarse en el poder merced a una perversa e insalubre estratagema, la cual, a semejanza de la aconsejada por Trasíbulo de Mileto a Periandro, cercena cualquier espiga que sobresalga de entre la mies[43].

13,6-11 Se castiga con despreciable brutalidad cualquier disensión al mandato de Yahvé, el dios pedestre. En efecto, el sexto mandamiento debería rezar ‘No matarás sin mi permiso, pero deberás matar siempre que Yahvé lo ordene, amén’. ¡Enloquecer para creer![44]

13,17 Una vez más se le atribuye al dios furor e ira, vicios muy longincuos a la naturaleza divina.

El error crece, se agiganta.

14,25-26 En definitiva, trataban de contribuir al engorde y enriquecimiento de los representantes de la teocracia. A tal efecto, nadie podía quedar exento del pago de impuestos.

A decir verdad, parece obvio que fueron ciertos miembros de esa clase poderosa quienes compusieron y dictaron al amanuense los textos que aquí se enmiendan. Acaso el objetivo fuera crear un Estado indisoluble e invariable donde, tras eliminar a toda oposición, perpetuarse en el poder, ellos, y sus privilegiados descendientes.

16,19 “No tuerzas el derecho, no hagas acepción de personas, no recibas regalos, porque los regalos ciegan los ojos de los sabios y corrompen las palabras de los justos”. Versículo impecable en todos los sentidos, como también lo es 15,11[45].

17,2-5 Más inmisericordia para todo aquel que no tenga a Yahvé como único dios, “los lapidarás hasta que mueran”, se prescribe para aquellos[46].

Otrosí, se tipifica como delito “postrarse ante (…) el sol o la luna o cualquier astro del ejército de los cielos”; en efecto, la monstruosa desvinculación del humano con la naturaleza ―y porque la llegada del mal debía prepararse con cierta antelación― empezaba ya a maquinarse desde las mentes más progresistas.

17,6-7 Parece ser una torpe medida, que además es susceptible de múltiples ambigüedades, sin embargo, paliadas, en parte, con lo articulado en 19,15-20. Pese a todo, no armoniza con la intención expresada en 16,19, que, por el contrario, sí resulta virtuosa en todo punto y medida.

Definitivamente, la aparición de un apóstata requiere ‘otra justicia’ más visceral. En efecto, para los teócratas, el apóstata representa un peligro intolerable que urge ser extirpado. Por ello, todo quien no converja con los poderosos debe ser inmediatamente aniquilado. Otrosí, la acerba tiranía, lóbrega y lúgubre, muestra sus más obscuras tinieblas en 17,12-13. ¡Enloquecer para creer! ¡Oh, fértil tierra, también eres criadero de enfermos!

18,9-11 Se procura evitar así cualquier contrapoder religioso.

19,2-6 El caduciforme inquisidor considera esta medida muy apropiada.

19,21 Reafirmación de la infame pena del talión[47].

20,5-10 “Luego hablarán al pueblo los escribas, diciendo: ‘¿Quién ha construido una casa nueva y no la ha estrenado? (…) ¿Quién ha plantado una viña y no la ha vendimiado todavía? (…) ¿Quién se ha desposado con una mujer y todavía no la ha tomado? (…) ¿Quién tiene miedo y siente desfallecer su corazón? Que se vaya y se vuelva a su casa’ (…). Cuando te acercares a una ciudad para atacarla, le brindarás la paz’”. El mediterráneo inquisidor contempla con honda admiración semejantes prolegómenos a una batalla[48].

20,13-15 Acaso no sea forma amistosa de tratar a los extranjeros, por lo que contravendría lo que su dios ordena en repetidas ocasiones[49].

20,19-20 Astutos preparativos para el combate.

Repárese en la cláusula “para apoderarte de una ciudad enemiga”, hecho que, tras intentar pactar la paz de forma infructuosa, exoneraría al pueblo de cualquier culpabilidad.

21,13-14 Aquí, mediante laringe mosaica y hagiográficas falanges, Yahvé permite el divorcio entre marido y mujer y en el siguiente versículo se refiere con naturalidad a la poligamia. La pregunta del caduco inquisidor es ¿qué opinan los representantes mesiánicos de estas palabras de su Señor, el cual dicen dictamina leyes eternas ajustadas a su también inmarcesible naturaleza?

Adviértase que son los hombres quienes aprueban leyes circunstanciales, pues la Necesidad acucia implacable sus azarosas vidas, y que el dios es perito de verdaderas leyes, gloriosas y sempiternas, únicas leyes.

21,18-21 La presunta ley divina indica que, al hijo rebelde, se le debe lapidar hasta la muerte. Una evidencia más de la infinita clemencia de Yahvé El-Sadday.

21,22 En este versículo se ordena poner en práctica la crucifixión, y aunque algunos ya pagaron por semejante impudicia, los descendientes de tan procaz blasfemo deberían pregonar sus disculpas y mostrar su repudio a tales palabras. ¡Oh, recua de impiedades!

22,1-4y9 Ésta es una noble directriz, según el inquisidor.

22,12 El Josepeida insiste en aseverar que el dios no se dedicaría a prerrogar semejantes vulgaridades.

Como es obvio, no todos los pasajes han recibido la inspiración del Creador, y, en absoluto, no de todos es el autor directo. Ahora bien, palabra del dios es todo texto o alocución que corresponda con la realidad, ya esté escrito en la Biblia o en un cuaderno infantil.

22,13-21 Pena de muerte para el culpable en un caso que, en particular, se presta a múltiples ambigüedades.

22,22-24 Más condenas de muerte por adulterio. Orden de Yahvé.

23,19-20 Aquí el dios de Israel permite la usura con los foráneos[50].

23,24-25 Medidas sensatas, acertadas y muy hermosas; leerlas llena el alma de gozo; así pues, procúrelo el muy distinguido lector.

El inquisidor, caduciforme mas con poso divino, no siente inquina a los textos bíblicos, no obstante, siente profundo amor al Bien y se deleita allá donde éste asome.

24,1-4 En este pasaje Yahvé aconseja el divorcio como solución a los casos de repudio[51].

24,5 “Cuando un hombre sea recién casado, no irá a la guerra ni se le ocupará en cosa alguna” Preciosa cláusula que exime de blandir la espada al recién desposado[52].

24,7 Más sentencias de muerte. Esta vez por consumar el secuestro y la venta del propio hermano.

Sin duda, hay actos de tanta vileza que remueven los instintos de venganza, ahora bien, el hombre prócer evitaría rebajarse al mismo nivel que el criminal.

24,12-15 Maravillosas prescripciones y muy dignas de elogio.

Aquí, como en otros pasajes similares, se alcanza la verdadera finalidad de la literatura, que no es otra más que la de instruir al espíritu mediante la palabra escrita.

24,19-21 Excelentes y muy bondadosas medidas.

El inquisidor, al leerlas una y otra vez, sobrecógese de admiración; asimismo, cree que todas las naciones deberían aplicarlas en pos del buen ejercicio de su gobierno.

25,11 Castigo desproporcionado a la gravedad del acto, que si bien es despreciable en todo punto, debería ser punido con más moderación.

Adviértase que el dios nunca se mostraría excesivo, por cuanto acaso él sea el camino del medio y, ¡oh, ventura sin par!, no comparte su ser ni con defectos ni con exceso alguno. Por ende, hallar al dios es practicar la piedad y la moderación.

27,5 Se cita al hierro como material artesanal.

27,15 Se maldice la devoción al dios a través de imágenes fundidas. El inquisidor se pregunta qué le debe parecer a Yahvé la inagotable imaginería bíblica.

Recuérdese que las leyes del auténtico dios son eternas.

27,15-26 Se utiliza de forma explícita, y por vez primera[53], la fórmula del sermón con la respuesta final ‘amén’, que tomado del original hebreo significa ‘verdaderamente’; sin embargo, por abuso del lenguaje, más tarde se empezó a utilizar en el sentido de ‘así sea’ y, al fin y al cabo, de esta manera aún perdura en la actualidad.

El hecho es que semejante fórmula elimina, de modo sistemático, el noble proceso de persuasión mediante el diálogo, y, en pos de la teocracia, lo substituye por el procedimiento de la sumisión becerril.

28,9-10 Una prueba más del teonacionalismo que los textos rezuman.

Si existe el dios, lo más probable es que deba gobernar para todos, pues indiferente a la nacionalidad de cada cual “no hace acepción”, recompensa a los buenos y sana a los malvados, no hace que éstos teman a aquéllos, sino que les hace ver que los buenos viven en la dicha mientras ellos, infelices, recogen desgracias sin descanso[54].

28,14 “…no yéndote a otros dioses para servirles”. Sería interesante concer qué piensa Yahvé de los cultos a los numerosos santos, vírgenes, patronos, canónigos, serafines, querubines, ángeles, arcángeles, etcétera, que profesan aquellos para quienes dicen la Biblia es su ley. ¡Politeistas de dura cerviz! ¡Impenitentes iconólatras!

28,15-68 Pasaje horrible donde se citan todos los males que pueden azotar tanto a un humano como a una nación.

El hagiógrafo, en su obsesivo empeño por atemorizar a los lectores meapilas, escribe posiblemente las líneas más sórdidas atribuídas a un dios o a su inspiración. En este repudiable capítulo, la locura se hunde hasta las más escabrosas simas.

28,48 Se menciona de modo explícito, y por segunda vez, el hierro como material de artesanía[55].

28,49-53 Profecía que, visto lo sucedido al pueblo de Israel a lo largo del tiempo, parece haberse cumplido asaz.

En definitiva, éste es un luctuoso pasaje, cunal de melancolías.

29,16 Habla Moisés: “habéis visto sus abominaciones y sus ídolos, leño y piedra, plata y oro, que hay entre ellos”, considerando inmundicia y abominación todo culto foráneo. ¡Qué decir del cadáver judío, símbolo de la atrocidad y el ateísmo atroz![56] En cambio, véase como habla un antiguo heleno cuando dice que “no el oro brillante, t

Sólo decir que no debería interpretarse como palabra del dios, como no lo hace todo auténtico creyente, el mismo que entiende las múltiples maneras de ejercer el culto a la divinidad, práctica que al humano ennoblece respecto a los demás animales. Además, ¿no dicen los propios Textos que “su pregón sale por toda la tierra, y sus palabras llegan hasta los confines del orbe” (Sal.19,2-7)? ¿No advierten que el justo hace “alianza con las piedras del campo, y paces con las fieras salvajes” (Job 5,23)? ¿Entonces? ¿A qué tanta superchería?

29,18 Frase proverbial “…se une la sed a la gana de beber”.

29,19 Se le presume a Yahvé celo y cólera. ¡Insultan a su propio dios!

29,26-27 Aquí se muestra al dios de Israel susceptible de padecer furor, cólera e indignación; lo cual es imposible si fuera el auténtico dios. ¿Caben imprevistos a quien está sobre toda pasión?

31,13 “Vuestros hijos habrán de oirla (la ley), para aprender a temer a Yahvé”. He aquí una religión que se fundamenta en el temor y no en el amor. Es precisamente un ejemplo de cómo no debe entenderse la religión.

31,17 Se presenta al dios, una vez más, susceptible de posesión y de sentir la baja pasión del furor. ¡Oh, calamidad!

31,29 Moisés profetiza la total perversión de Israel, aunque éstos escritos probablemente fueran ulteriores a la decadencia, y presenta al dios susceptible de irritación. ¡Trapaza impía! ¡Perversa manipulación!

32,1-47 Tremebundo cántico, exponente de la demencial religión del temor.

Patético intento de hacer sentir al lector el peso de la culpa. Éste pasaje, con el capítulo veintiocho de este mismo libro, representa una de las mayores catástrofes de la religiosidad. ¡Pozas de confusión! ¡Cuna de enfermedades!

32,9 El dios de Israel es sólo de Israel, por lo que es dios parcial y no de toda la creación.

Sin embargo, el dios auténtico gobierna por igual sobre toda creación, y de ello se infiere que el dios de Israel no es el dios absoluto. ¡Demiurgo iluminador, que provees de las mismas oportunidades tanto al bueno como al protervo! ¡Oh, tú, misericordia infinida que no prejuzgas y no haces acepción de personas, pero tampoco de nación alguna!

32,16 Se asocia la irritación, que es un defecto pasional, con el dios. ¡La impudicia continúa! ¡Insolente porfía![57]

32,17 Se censura cualquier posibilidad de evolución religiosa y espiritual.

32,22 Ira asociada a un presunto ser divino. ¡Oh, triste calamidad!

32,31 “Porque no es como nuestra Roca la Roca suya”. Es decir, ‘porque no es nuestro dios como su dios’, tratando al dios foráneo como si del cierto existiera.

32,39 Aquí se dice que el dios es único, sin embargo, por doquier se lee que es el dios de Israel, habida cuenta es el pueblo escogido para ejercer su gobierno en la tierra. ¡Enloquecer para creer!

32,41 El dios auténtico nunca actuaría por venganza.

El relacionar vicios con la naturaleza divinal es quizá la impiedad más grave que el humano es capaz de cometer. Discúlpense los descendientes del hagiógrafo y queden abominados estos infames textos. ¡Perdición de millones de almas!

32,51-52 Se confirma que la duda expresada por Moisés en las aguas Meribá fue pecado a ojos de Yahvé.

33,25 Se cita al hierro usado en la herrería como en 27,5/ 28,48 y 33,25. Referencia que obliga a datar la composición del libro hacia el primer milenio a.C., en los albores de la edad de hierro.

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]     Véase Éx.33,13/ Núm.25,17 ó Núm.25,4.

[2]     Véase Éx.33,13/ Núm.25,17 y enmienda precedente.

[3]     Véase Núm.31,7-10 y Núm.31,15-18.

[4]     Véase enmiendas precedentes.

[5]     Al respecto véase Éx.33,13/ Núm.25,17/ Núm.25,4 y Dt.1,34.

[6]     Véase 12,32.

[7]     Rey de Babilonia hacia 1728 – 1686 a.C.

[8]     Véase Éx.20,4.

[9]     En efecto, léase Núm.20,10-12 y Núm.27,13-14.

[10]    Véase Éx.19,21-24 y Éx.34,3.

[11]    Tiene su precedente en Éx.20,3-6.

[12]    Véase enmienda a Gén.17,7 y Éx.23,13.

[13]    Su origen se remonta a Éx.20,4-5.

[14]    Tiene precedente en Éx.20,7.

[15]    Al respecto véase Éx.6,13, donde se conmina al pueblo a jurar por su dios, hecho que invalida la interpretación popular del mandamiento.

[16]    Véase Zac.13,3-4 y enmienda correspondiente.

[17]    Tiene su precedente en Éx.20,8-11.

[18]    El significado de los dos términos que lo conforman es, por un lado ‘sa’, que viene a decir ‘corazón’ y, por otro ‘bot’, que significa ‘cesar’.

[19]    Su precedente se remonta a Éx.20,12.

[20]    El origen se encuentra en Éx.20,13.

[21]    Véase 21,24-25 ó 21,1 – 23,33.

[22]    Consúltese, por ejemplo Núm.31,7-10/ Núm.31,15-18 ó 2,34-35.         

[23]    Oportuno es acudir a 7,1-2/ 12,2/ 13,6-11/ Jos.6,21 ó Jue.18,27-29.

[24]    Véase Dt.10,19 y enmienda correspondiente.

[25]    Su origen pertenece a Éx.20,14.

[26]    Es fiel reproducción de Éx.20,15.

[27]    Su precedente se halla en Éx.20,16.

[28]    Su origen parte en Éx.20,17.

[29]    Los cultos politeístas entendían la existencia de múltiples divinidades, pero a la par todos profesaban culto a un dios supremo.

[30]    Véase Éx.13,9/ Núm.15,37-40 y Mt.23,5.

[31]    Al respecto véase enmienda a 4,13.

[32]    Véase 7,16 ó 7,23-24.

[33]    Véase 7,12.

[34]    Al respecto véase Núm.20,10.

[35]    Al respecto véase el escolio correlativo de la edición Bover S.I.-Cantera (1947).

[36]    Véase enmindas a Éx.3,16/ 6,4.

[37]    Véase Gén.4,4-7/ Gén.7,7-8/ Gén.29,31-35/ Gén.39,3/ Lev.1,3 y 6,7/ Núm.3,41/ Núm.15 ó Núm.29.

[38]    Véase 9,5-6/ 26,10/ 31,3y7-8/ Jue.13,5/ 1Sam.9,16 y 10,20-24/ 1Sam.16,12/ 1Rey.18,36-38/ Tob.3,17 y etc.

[39]    Véase 6,13 y enmienda relativa.

[40]    No se entiende por que motivo los doctores Bover S.I.-Cantera (1947) asocian, al parecer inopinadamente, la unidad a la pureza y, por ende, la multiplicidad a la impureza. Tal vez no compartan la idea de que toda unidad contiene otras múltiples unidades.

[41]    Acaso la mujer debería ser contabilizada dentro de este grupo.

[42]    Asimismo, véase 14,22-27.

[43]    Véase enmienda subsiguiente.

[44]    Véanse los subsiguientes versículos hasta la fin del capítulo, así como 18,20.

[45]    El cual dice: “Nunca dejará de haber pobres en la tierra; por eso te doy este mandamiento: abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al pobre de tu tierra”.

[46]    Acaso no sea nada sencillo rebatir que los teócratas pretendieron, cual tiranos de crasa cerviz, eternizarse en el poder de anhelado pináculo. Por ende, al respecto consúltese 13,1-5/ 13,6-11/ 18,9-11 ó 18,20.

[47]    Véase Éx.21,24-25.

[48]    Al respecto véase 24,4-5 y 1Mac.3,56.

[49]    Véase Éx.22,20/ Éx.23,9/ Lev.19,33-34 y Dt.10,19.

[50]    Véase precedente en 15,3.

[51]    Ver 21,13-14.

[52]    Ver 20,5-10 y 1Mac.3,56.

[53]    Sin embargo, y acaso empleado en un sentido más original, véase Núm.5,22, donde se prescribe que la pecadora lo proclame para arrepentirse.

[54]    Véase 29,11-12/ 29,24 y 32,9-11.

[55]    Ver enmienda a 27,5.

[56]    A decir verdad, adviértase qué irreprochable concepto tenían los antiguos paganos al respecto, cuando se proclama que “no el oro brillante, tan raro en la vida sin esperanzas de los mortales, no el acero ni los lechos de plata apreciados por el hombre brillan tanto ante los ojos, ni de la tierra anchurosa los campos fértiles, cargados de fruto, productivos por sí mismos, como la mente concorde de los hombres de bien” (Anónimo frag.139 Lírica Griega Arcaica B.C.G.).

[57]    Véase 32,19 y 32,21.