La creación no ha terminado...

Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: ECLESIÁSTICO

ECLESIÁSTICO

Laudatorio al dios y al hombre virtuoso

1,4 “Antes que todo fue creada la sabiduría, y la luz de la inteligencia existe desde la eternidad”. Como se afirma en el segundo miembro de este período contradictorio, la sabiduría no fue creada, sino que por ser cualidad íntima del dios, forma parte de la divinidad y de lo eterno. De hecho, así lo entienden los politeístas helenos y por ello veneran a la diosa Atenea de ojos glaucos; y por ello consideran que surgió de la cabeza de Zeus portador de la égida. ¡Maravilla comprenderlo!

Véase como todo monoteísmo tiende naturalmente a identificar divinidades que acompañan al dios o actúan por él, ya sean dioses dentro de la propia naturaleza del dios (Gén.1,26/ Gén.11,7 ó Prov.21,16); ya sea mediante las diversas advocaciones del dios superior (Gén.35,1/ ó Jue.2,1-3); ya sea mediante invocaciones a estrellas, el ejército de los cielos, los dioses, santos, querubines, ángeles o arcángeles (Jue.5,20/ 1Rey.22,19/ 2Mac.3,33/ 2Mac.11,8-11/ 2Mac.15,31-35/ Esdr.1,2/ Tob.5,4/ Tob.12,15/ Est.14,12/ Job 1,6-7/ Job 15,15/ Sal.18[Vg17],28/ Sal.33[Vg32],6/ Sa.68[Vg67],18/ Sal.82[Vg81],1/ Sal.84[Vg83],8/ Sal.89[Vg88],6y8/ Sal.89[Vg88],37-38/ Sal.91[Vg90],11-12/ Sal.99[Vg98],1/ Sal.103[Vg102],20-21/ Sal.138[Vg137],1/ Sal.147,4/ Sal.148,2-6/ 42,17/ Is.37,16/ Is.63,9/ Dan.4,10/ Dan.9,24/ Dan.10,13/ Dan.11,36/ Zac.3,5/ Zac.14,5); ya sea la Sabiduría deificada cual diosa ojizarca (Prov.1,20-21/ Prov.1,26-30/ Prov.7,4/ Prov.8,12-21/ Prov.8,22-35/ Prov.9,13-18 ó 24,12-16); etc. A decir verdad, el auténtico creyente identifica todas las virtudes nobles como dioses menores, y por ello merece ser llamado politeísta el hombre piadoso y monoteísta el hombre fanatizado[1].

1,5 Como no podría ser de otra forma, aquí se dice que los mandatos del dios son eternos, lo cual invalida la muy perversa manipulación según la cual existe una ‘ley antigua’ y una ‘ley nueva’ prerrogada por el mismo dios.

1,8 Es cierto que sólo el dios es sabio, aunque en realidad sea la propia sabiduría o, más aún, quien la dispensa. Sin embargo, es impúdico proferir que el dios es “grandemente terrible” (Nácar-Colunga) o “temible sobremanera” (Bover S.I.–Cantera).

1,9 Una vez más se yerra al inferir que el dios creó la sabiduría[2], pues acaso la sabiduría y el dios permanezcan unidos durante la eternidad, como acaso lo esté el dios con cada una de las nobles virtudes.

1,11-15 Uso impropio del temor[3], como impropio y abominable es pretender la justificación de tamaña perversión. Las numerosas enmindas al respecto evidencian el por qué[4].

1,26ó27-28 Buen empleo de la cólera: vil pasión que ofusca el razonamiento del más sensato.

En efecto, lo conveniente es postular que de cólera sólo hay una y es siempre perniciosa; de hecho, aquello a lo que se refiere quien alude a la ‘cólera buena’ debe llamarse con otra palabra, ya sea ‘poder’, ‘vehemencia’, ‘valor’, ‘animosidad’, ‘ardor’, ‘impetuosidad’, etc. A decir verdad, coadyuvar a la ambigüedad partiendo las palabras en dos es como servir al mal de caótico movimiento.

2,1-6 Ejemplo de perfecta oración.

2,12 La lecuta correcta sería tal que ‘(¿)O quién persevera en su amor y fue abandonado(?)’.

2,14-15 Encomiable censura a los cobardes, porque es cierto que, debido a su pusilanimidad y falta de esperanza, son una especie de impíos.

2,18-19 Ejemplo de la evidente dispensabilidad del término ‘temor’ en relación a según qué conceptos. Aquí, después de usarlo de modo impropio, se vuelve a utilizar en el mismo contexto pero substituyéndolo por la palabra ‘amor’. En efecto, ésta palabra así como otras del mismo tenor deberían ocupar, en casos similares, el lugar del término ‘temor’.

2,23 Es decir, que la misericordia del dios es infinita, según lo cual se invalida el torpe dogma de la eterna condenación, producto de mentes enfermas.

3,14 Es “hijo, acoge a tu padre en su ancianidad y no le des pesares en su vida” un hermoso precepto.

De hecho, en este sentido debe entenderse el lamento de Homero “a sus progenitores no pudo devolver el pago de su crianza: efímera su vida se tornó” (Ilíada IV 477-478).

3,20 “Cuanto más grande seas, humíllate más, y hallarás gracia ante el Señor” es un buen mandato, si acaso porque el grande en riquezas materiales tiene más peligro de pecar que el insignificante en posesiones y en poder.

4,11 Aquí se infiere que cualquier hombre que ejercite la virtud es, precisamente por ello, un ungido del dios, es decir, que precisamente por ello es un cristo o un mesías[5].

4,12-22 Todo este pasaje es un explícito panegírico a la filosofía[6].

4,25 Los doctores Nácar-Colunga utilizan el término ‘confusión’, menos acertado que el de ‘vergüenza’ presentado por Bover S.I.–Cantera. En efecto, el pudor es una virtud circunstancial, y por ello no es siempre igual a sí misma y lleva consigo su exceso[7].

4,26 De este versículo se deduce que el respeto o el miramiento no siempre son adecuados, y, por ende, que son virtudes circunstanciales o relativas. De hecho, éstas se diferencian de las virtudes nobles, como la justicia, la sabiduría o el amor, que nunca son inconvenientes.

4,28 La alocución “no ocultes tu sabiduría” contrasta con la recogida en Prov.10,14 “el sabio esconde su ciencia”.

4,29 “En el hablar se da a conocer la sabiduría” es una sentencia digna de ser ponderada, pero además cabría advertir que “hay que ser honrados de palabra y de acción”[8], porque “los que no obran correctamente no son ni sabios ni sensatos” y “los hombres sabios llevan a cabo acciones hermosas y buenas”[9]. En definitiva, “¡cuántos hay que dicen cosas justas y cometen injusticias!, mientras que llevando a cabo hechos justos no podrían ser injustos”[10]. Sea como fuere, también cabe considerar el criterio de Platón, en este caso próximo al del hagiógrafo, cuando se pregunta: “¿Se puede poner en práctica algo tal y como se dice? ¿O no es acaso que la praxis, por naturaleza, alcanza la verdad menos que las palabras?” (República 473a). Y tal vez sea definitivo a favor del hagiógrafo lo sentenciado por Gorgias, de modo tal que “la palabra es un poderoso soberano que, con un cuerpo pequeñísimo y completamente invisible, lleva a cabo obras sumamente divinas”[11], pero se torna completamente insuperable si a ello se une el magnífico Píndaro, proclamando que “la palabra vive por más largo tiempo que los hechos, aquella que, con el favor de las Gracias, hace brotar la lengua del profundo del alma” (Nemea IV 6-8).

4,30 El consejo “no hagas contradicción a la verdad” es muy apropiado para la Comunidad Bíblica, por cuanto postulan una absoluta infalibilidad de los Textos que aquí tan concisamente se enmiendan.

4,32 “Y no nades contra corriente” es una prescripción servil y acomodaticia, habida cuenta una corriente puede ser a veces peligrosa o infecta y a menudo desemboca en una infame letrina[12].

Al respecto consúltese Platón Crátilo 413d-414a, donde se alude a la etimología de la palabra ‘ἀνδρεία’ (valentía), que precisamente significa ‘fluir contra corriente’.

4,34 “No seas duro en tus palabras ni perezoso ni remiso en tus obras”. Versículo que el inquisidor toma como directriz para realizar su trabajo como es debido.

También Odiseo le pidió algo semejante a Diomedes al decir: “ni me alabes demasiado ni me recrimines” (Ilíada X 249).

5,5 Sustitúyase el término ‘temor’ por el de ‘respeto’ o ‘pudicia’ y gócese de la lectura el distinguido lector.

5,9 Se blasfema de gravedad al decir que el dios “de repente desfoga su ira”, ya que la ira no tiene parte en el dios sino en los necios[13]. Asimismo, se peca por inferir que el dios pueda actuar por venganza, instrumento de viles hombres, cuando le basta el deseo de ajusticiamiento[14].

5,12 “No tengas más que una palabra” es un mandato que deberían obedecer los bíblicos llenos de hipocresía, en efecto, cada vez que utilizan el temor, la cólera, la ira, la venganza o la ley divina con falsía y doblez, de manera que retuercen las palabras a su necio interés[15].

6,9 Quien descubre los defectos de alguien no es su enemigo, sino todo lo contrario: es por cierto el mejor amigo de cualquiera.

6,34 Quien precisa doctrina no “inclina” su oído, como si éste se hallara sobre aquélla, sino que es la doctrina que siempre desde arriba eleva al indocto.

6,35-36 “Busca la compañía de los ancianos, y si hallas algún sabio, allégate a él. Toda conversación acerca de Dios escúchala con gusto y no rehúyas las sentencias de la sabiduría. Si ves hombre discreto, apreúrate a unirte con él y frecuenten tus pies la escalera de su puerta”. Consejos dignos de memoria eterna.

7,1 Maravilloso precepto es “no hagas mal y no te alcanzará”.

7,6 Versículo pusilánime y servil, hasta el extremo de que si todos siguieren tal prescripción jamás existirían jueces íntegros.

7,13 De hecho, a nadie se le debe levantar falso testimonio, a fuer de si es padre, hermano, amigo, conocido o incluso enemigo si se tuviere.

7,14 “Guárdate de mentir y de añadir mentiras a mentiras, que eso no acaba en bien”. Aunque el precepto estaba dirigido en particular a la Comunidad Bíblica, lo cierto es que no le prestaron atención, puesto que la horrible añadidura ya ha acabado en malévolas consecuencias. Desgraciadamente, en la actualidad “el sumo honor se ofrece a la mentira abigarrada”[16].

7,18 Inadecuado empleo de la cólera.

7,26 Curiosa observación al tiempo que sirve de consejo para el padre de sus hijas.

7,28 Censura a la poligamia.

7,37 “Y al muerto no le niegues tus piedades” es un aviso que parece contradecir lo expresado en Sab.14,15-17.

En efecto, ya Píndaro dice “también los muertos tienen su parte en lo que hacemos de acuerdo a los ritos. El polvo no encubre la fama querida de los parientes” (Olímpica VIII 77-80).

7,38-39 “No te alejes del que llora, llora con quien llora. No seas perezoso en visitar a los enfermos, porque por ello serás amado”. El primer versículo es extremoso, y lo mejor no coincide ni con alejarse ni con llorar[17], sino con consolar al apenado; el segundo versículo es parcial, pues nunca y con nada hay que mostrarse perezoso, no sólo en las visitas a los enfermos.

7,40 “En todas tus obras acuérdate de tus postrimerías y no pecarás jamás”. Excelso final de capítulo. Recuérdenlo para siempre quienes aman al dios.

8,1-22 Capítulo impecable en toda su extensión.

9,17 Otra referencia al castigo de los impíos antes de su muerte, de modo que se advierte cómo la labor de la justicia es constante y no se reserva para un solo día[18].

9,24 “La mano del artífice se alaba por su obra” es una frase que parece justificar lo que en Sab.14,18-20 se reprueba[19].

10,2-3 Versículos certeros que evocan la gran importancia de un gobierno justo.

10,6 “No vuelvas a tu prójimo mal por mal, cualquiera que sea el que él te haga”. Hemistiquio que desaprueba la pena del talión.

10,23 El primero y tercer hemistiquio dan a entender la condición dual del hombre, constituido por una parte divina ―el alma inmortal que se asemeja al dios― y otra parte mundana ―las pasiones, la ignorancia y todo aquello que hace grávida la mejor parte―.

11,4 Se cita explícitamente el proverbio “las obras del Señor son inescrutables”, el cual parece en todo punto discutible y digno de matiz. ¿Acaso el auténtico creyente no es quien escudriña las obras del Señor para encontrarle a él?[20]

11,7 “Antes de informarte no reprendas; explora primero y luego corrige. Antes de oír no respondas, y no interrumpas el discurso ajeno” son muy bellas palabras.

De hecho recuerdan a lo advertido por Hesíodo: “ni sentencia impartas hasta que de las dos partes el discurso hayas oído” (frag.338 BCG).

11,9 Proverbio “el que mucho abarca poco aprieta”.

11,14 Aquí el autor afirma que los males provienen del dios. Sin embargo, tal vez suceda que el dios sólo reparte bienes, aunque por limitaciones temporales al hombre le parezcan desgracias[21].

Por ende, adviértase que la vida no es antónimo de la muerte, sino el nacimiento. A decir verdad, la vida es el espacio de tiempo comprendido entre el nacimiento y la muerte. En efecto, el dios otorga la vida, pero la existencia es inalienable a cada ser[22].

11,21 Hermoso precepto es “sé constante en tu oficio y vive en él y envejece en tu profesión”.

12,6 Versículo infame. En primer lugar porque asegura que “el Altísimo aborrece a los pecadores”, toda vez que su amor hacia ellos los mejora según su propio compás. Además, tal y como se dijo en Sab.11,25 referido al dios “nada aborreces de lo que has hecho”. En segundo lugar, es blasfemo inferir  que el dios se mueve por venganza, y no por ajusticiamiento[23].

12,19 Magnífica pintura del embaucador, como sucede en 13,7 y en 27,25.

13,26-29 “Si el rico habla, todos le aplauden; aunque diga necedades le dan la razón.  Pero si el pobre habla, le insultarán; hablará con discreción y nadie lo reconocerá. Habla el rico y todos callan y ponen por las nubes su discreción. Pero habla el pobre y dicen: ¿Quién es éste? Y si se propasa, todos se le echan encima”. Lamentable verdad argumentada por el autor con gran perspicacia[24].

13,31-32 Hermosas palabras que recuerdan que la cara es el espejo del alma.

14,16-17 Las palabras destilan un leve hedonismo.

15,11-12 Se dice con acierto que los pecados no pueden provenir del dios. No obstante, el mismo autor no expresó el mismo criterio en 11,14[25].

15,14 Se dice que “Dios hizo al hombre desde el principio” aun cuando es conocido que creó al hombre en el día sexto (Gén.1,26-31) y que “(Dios) le dejó en manos de su albedrío” aun el hombre ser conocedor del bien y del mal por propia voluntad, ya que cedió a la tentación de la serpiente (Gén.3,1-13)[26].

16,1 En el último hemistiquio el temor es manipulado y su significado se tergiversa a conveniencia del autor. De hecho, la trapaza forma parte del escenario lírico de las Escrituras.

16,7 Uso correcto de la ira.

16,12 Se dice que hay cólera en el dios, aun cuando “el rencor y la cólera son detestables” (27,33)[27].

17,1 “El Señor formó al hombre de la tierra”, esto es, que lo creó de algún elemento preexistente y no de la nada, como sostienen pazguatos de antojo y cerrojo[28].

17,3 “Y le hizo (Dios al hombre) a su propia imagen”, con lo cual el dios bíblico es antropomorfo, a diferencia de los dioses paganos, que si bien eran representados como mejor se podían representar, se presuponía que carecían de apariencia semejante a la humana[29].

En efecto, ¿por qué sino Posidón y Atenea “habían adoptado figura humana” (Ilíada XXI 285)? ¿Alguien no recuerda que para ayudar a Odiseo sufridísimo, “Atena, desde el cielo bajando a su lado con cuerpo y figura de mujer” (Odisea XX 30-33) se le presentó benéfica? ¿Por qué se olvidó ya lo sucedido al dardanio Anquises, padre de Eneas, cuando “se detuvo ante él la hija de Zeus, Afrodita, tomando la apariencia en talla y figura de una virginal doncella, no fuera que se espantara al percibirla con sus ojos” (Himno V a Afrodita 80yss.). En definitiva, tal y como lo conocen los antiguos politeístas, es preciso saber que “los dioses, que toman tan varias figuras, las ciudades recorren a veces en forma de errantes peregrinos a ver la justicia o maldad de los hombres” (Odisea XVII 485-487), así como también conviene aprender que “de ninguna manera los mortales podrían competir con los inmortales en figura y en aspecto” (Odisea V 212-213) y “hasta tú te darás cuenta de que digo la verdad si no esperas a ver la apariencia corporal de los dioses, sino que te conformas, viendo sus obras, con adorarlos y honrarlos” (Jenofonte Memorias de Sócrates IV 3,13).

17,4 Uso falaz del temor. Substitúyase el término por otro como ‘amor’, ‘respeto’ o similares.

17,6 “Y le dio a conocer (Dios al hombre) el bien y el mal”, cosa que, de ser cierta, convertiría a la humanidad en un conjunto de sabios, habida cuenta sabio es quien conoce el bien y el mal. Sin embargo, eso no es así. Con todo, recuérdese como El-hoím se lamenta de que el hombre presuntamente adquiera tal conocimiento (Gén.3,22)[30].

17,7 En efecto, es a través de las obras del dios como también se le conoce; por lo tanto, el repudio de los bíblicos hacia cualquier adoración que no sea estrictamente su dios queda injustificada[31].

17,8 En el primer hemistiquio se comete teonimolatría, en uno más de los múltiples intentos de imponer un solo nombre al dios (Neh.1,11/ Neh.9,5/ Tob.3,11/ Tob.8,5/ Job 1,21/ Sal.5,12/ Sal.61[Vg60],6/ Sal.68[Vg67],5/ Sal.86[Vg85],11/ Prov.18,10/ Prov.30,4/ Is.12,4 ó Jer.16,21). De hecho, la Escritura pretende también imponer su nación predilecta (Gén.17,7/ Gén.33,20/ Gén.46,3/ Éx.3,16/ Éx.6,7/ Éx.7,16/ Dt.4,7/ Dt.4,31/ Dt.6,4/ Dt.7,1-2y6/ Dt.32,9/ Jos.10,19/ Jue.11,21/ 1Sam.23,11/ 2Sam.7,26/ Esdr.6,21-22/ Est.10,10/ 1Mac.14,27/ Sal.33[Vg32],12/ Sal.68[Vg67],36/ Sal.96[Vg95],5/ Cant.1,6/ Sab.19,20/ 17,15/ 36,11/ 36,14-15/ Is.37,20/ Is.43,3 ó Is.54,2-3); su ciudad preferida (Sal.87[Vg86],3/ Sal.122[Vg121],9/ Sal.132[Vg131],13-14/ Sal.135[Vg134],21 ó Joe.2,27), e incluso su monte y lugar de más grata habitación (Sal.68[Vg67],16-17); en fin, todo ello no dejan de ser pruebas del acerbo fanatismo que rezuman los Textos. Otrosí, se puede leer que el hombre “pregonará la grandeza de sus obras (del dios)”, con lo cual se justifican las alabanzas paganas dirigidas al Sol, a la Luna, al Océano, a la Tierra, a los ríos, a los buenos y bellos animales, etc, que los hombres de bien dedican, desde la más lejana Antigüedad, por mor del dios supremo que embraza la égida, “Zeus, padre de dioses y hombres”[32].

17,15 “Israel es la porción del Señor” es una sentencia teonacionalista.

17,31 Aquí el autor profiere una alabanza al Sol, sustento de toda vida.

18,2y5 segundo hemistiquio Palabras que parecen contravenir lo expresado en 17,8 segundo hemistiquio.

18,8 “El número de los días del hombre, a más tirar, son de cien años”. Sin embargo, Adán vivió 930 años, Set 912, Enós 905, Cainán 910, Mahalel 895 años, Jared vivió hasta alcanzar los 962 años, Enoc tan sólo vivió 365 años, Matusalén llegó a los 969 con cierta salud, Lamec a los 777 aún tenía ganas de que le vengaran “setenta veces siete” (Gén.4,24), Noé alcanzó los 950 años, y Moisés y su hermano Aarón vivieron 120 y 123 años respectivamente[33].

18,12 Es “la misericordia (…) del Señor para con toda carne”, esto es, que el perdón del dios es para todos, hasta para los mayores pecadores de la tierra, ya que su misericordia es infinita y para con todas sus obras (Sal.118[117],4/ 136[Vg135],1-26/ Sal.145[Vg144],9/ Prov.4,4/ Prov.16,4/ Sab.11,24/ Sab.11,27/ Sab.12,16/ Sab.16,7/ 2,23/ 18,12/ 18,20/ 51,17/ Is.40,28/ Jer.33,11/ Dan.3,89-90), y aunque éstas se rebelen en su contra (Dan.9,9 ó Miq.7,18).

18,14 Sí, pero también según otros pasajes, como en 18,12[34], también tiene piedad para con los pecadores, de hecho, porque son ellos quienes reciben la benevolencia de semejante virtud. Por el contrario, los justos no requieren ser perdonados, pues son sus actos la mejor defensa que podrían formular[35].

18,20 “Y en la hora de la visitación hallarás piedad”, esto es, en la hora de la muerte. Por cierto, adviértase que el autor no parece referirse al día del juicio final, como sin embargo aducen lechuginos y tragasantos de tropa y sopa, sino a la visitación y piedad para con el alma de cada cual y conforme a los actos de cada cual.

18,24 Se vincula con suma necedad la cólera y la venganza al dios. Por ende, aquí tampoco parece que el autor se refiera a un juicio definitivo y rebañil.

19,10 Uso adecuado del temor en la que es una agraciada sentencia que invita a la discreción.

19,11-12 Símil muy acertado y grato al inquisidor.

19,16 Buen consejo que debería aprovechar la Comunidad Bíblica[36].

19,18 Inadecuada utilización del temor. El término correspondiente al contexto es ‘respeto’, ‘amor’, ‘pudor’, ‘veneración’, ‘humildad’, etc. A decir verdad, el uso del ‘temor de Dios’ es un madero más que los bíblicos arrastran desde los tiempos de la barbarie mosaica, donde se hacía necesario atemorizar al vulgo para que siguieran ciertas directrices[37].

19,19 Así como “no hay prudencia en los consejos de los pecadores” tampoco existe una “ciencia de la maldad”, como asegura el pasaje[38].

19,20 “Hay una sabiduría execrable”. Acaso tan sólo plantearlo sea impiedad. ¿No es la sabiduría pura y única? ¿Por qué tanta doblez? ¿A qué tanta doble lengua? ¿No dicen los propios Textos: “maldice al murmurador y al de lengua doble, porque han sido la perdición de muchos que vivían en paz” (28,15)? ¿No se aconseja en 5,12 “no tengas más que una palabra”? ¿Entonces? ¿A qué viene tratar de engendrar dos tipos de sabiduría, una buena y otra perniciosa?[39] En fin, otrosí se dice que “hay necios que ni siquiera saben hacer el mal”. ¡Bendita necedad esa! Sin embargo, acaso la sabiduría sea una virtud que incita a obrar rectamente y por tanto aleja de obrar mal; en tal caso, sería imposible saber hacer el mal, del mismo modo que es malvado o loco quien afirma lo que no es.

19,21 Mal empleo del temor, como ocurre en 21,7/ 21,13/ 23,37/ 25,8/ 25,13-14/ 26,3/ 26,29/ 26,31/ 27,3ó4/ 32,20/ 33,1/ 34,14y16-17 y 50,31.

20,32-33 Correcto elogio a la manifestación de la sabiduría y correcta censura a su ocultación, tan sólo pretendida por misticones de vuelo gallináceo[40].

21,6 “El juicio viene prestamente contra el opresor” es una sentencia que contradice el dogma simplón y ramplón del juicio becerril, puesto que, según aquí se afirma, a unos les llega con más presteza que a otros.

21,15 La sentencia “hay una prudencia que acarrea mucha amargura” es falaz y mendaz, porque mezclar bien con mal es crimen que produce males sin cuento. A decir verdad, la ‘mala prudencia’ a la cual se refiere el autor debe llamarse con otro nombre, semejante a ‘timidez’, ‘cortedad’, ‘temor’, ‘pusilanimidad’, ‘gregarismo’, ‘apocamiento’, ‘poquedad’, etc.

21,17 Magnífico símil, lugar común de los preclaros helenos que, en virtud de su anchuroso entendimiento, comparaban la actividad de los necio a la de coger agua con un cedazo agujereado. Además, éstos mismos llevarían el agua hacia un barril también agujereado, en fin, todo ello con la inútil intención de llenarlo. Esto es lo que les ocurre a los necios, pues desconocen los favores de la sagrada Mnemósine[41].

21,23 Aguda y grata observación respecto a la estrepitosa risa del necio, de modo que se diferencia de la sutil sonrisa del discreto. ¡Maravilla comprobarlo!

22,1 Gracioso símil entre el perezoso y una pella de barro.

23,5-6 Ejemplar oración al dios, pues se le pide ayuda para alejar los placeres del vientre ―instinto de conservación― y los placeres del falo ―instinto de procreación―, por cierto, órganos que pecan con insistencia junto con la lengua doble.

24,12-16 Aquí habla la Sabiduría cual diosa ojizarca de religión pagana[42], y proclama al leyente que su morada particular es Israel, y más concretamente, las murallas de Sión. A decir verdad, ésta es una nueva variante del repelente teonacionalismo, que se puede denominar teolocalismo, esto es, la morbosa identificación del dios ―en este caso diosa― en un lugar concreto o en especial. Con todo, la petulancia y la jactancia más repulsivas encuentran su culmen en estos ridículos y largamente lamentables pasajes.

25,6 Elogio a la canicie, símbolo de la virtuosa ancianidad[43].

26,38 Agradable y justa censura a los empleados del sector terciario, secuestrado hoy por ávidas manos siempre sedientas de lucro sin fin.

27,8 Precioso consejo que recomienda prudencia en el elogio al tiempo que valora el bien hablar[44].

27,11 Aplíquese la enmienda relativa a Gén.4,7.

27,27 Se dice que “el Señor le aborrece también y le maldice”, que el dios maldiga es digno de considerarse, ahora bien, que “nada aborrece de cuanto ha(s) hecho”, en efecto, lo proclaman las propias Escrituras en Sab.11,25[45].

27,28 Hermoso símil enunciado en el primer hemistiquio que reza “el que tire la piedra a lo alto se expone a que le caiga en la cabeza, y el golpe a traición hiere al traidor”.

En semejante sentido cabe entender a Hesíodo cuando le aconseja a su hermano que “el hombre que trama males para otro, trama su propio mal; y un plan malvado perjudica más al que lo proyectó” (Trabajos y Días 265yss.); pero también cuando dice que “el plan del malvado perjudica muchísimo al que lo planeó”, porque “el que para otros males fabrica, un mal para su hígado fabrica” (frag.373 BCG).

27,28-30 Impecable interpretación de lo que le sucede a quien obra con maldad, así como del desarrollo de su merecida desdicha[46].

27,33 “El rencor y la cólera son detestables” es una justa consideración de estos dos viles conceptos.

28,1 El autor interpreta la venganza cual si fuera pecado, pero al mismo tiempo afirma sin rebozo alguno que el dios la aplicará sobre el pecador[47].

28,11-12 Buen uso de la ira y de la cólera. Sin embargo, véase 16,12 y 36,8 donde ambas pasiones son atribuidas al dios.

28,15 El autor censura “al de lengua doble”, pero según el inquisidor hay muchos de esta calaña por entre la Comunidad Bíblica, ya que éstos presentan dos tipos de temor (Is.8,13 y Sal.56[Vg55],12), dos sabidurías (19,20), dos prudencias (21,15), dos ciencias (19,19), dos venganzas (28,1), dos maneras de ver la cólera (Ez.20,33-34 y Ecl.7,9), dos formas de entender la ira, etc., de modo que pretenden que unas veces las mismas palabras sean bondadosas y otras veces las consideran perniciosas[48].

En definitiva, es conveniente advertir que ese menosprecio a la palabra y a su significado es causa, tal vez, de la mayor parte de las desgracias que azotan a los mortales de marcha erguida. Por ende, el inquisidor ruega a las instituciones de la Comunidad Bíblica que entonen ya su palinodia, y que recuerden que “el pecador rehúye la corrección y busca la Ley en su capricho” (32,21).

28,22 Buena apreciación del bien hablar, verbo caro a los bienpensantes.

28,24 La mención al “yugo de hierro” obliga a fechar la composición del texto no mucho antes del primer milenio a.C.[49]

29,4-10 Sagaz observación[50].

29,28 El inquisidor se muestra de acuerdo con estas palabras. En efecto, lo absolutamente necesario para el hombre es el alimento esto es comida y bebida y el abrigo esto es vestido y habitación.

30,7-13 Palabras muy provechosas para todo padre que se precie.

30,18-19 Se censura la idolatría con una sentencia aplicable a ciertos cultos bíblicos.

30,26 Buen uso de la cólera.

31,32-36 Correcto elogio del vino.

32,11ó12-13 Espléndida alabanza a la eubolia.

En el mismo sentido cabría escuchar a Hesíodo cuando dice que es “el mejor tesoro en los hombres, una lengua parca; el mayor encanto, una comedida. Si hablas mal, pronto oirás tú peor” (Trabajos y Días 719-720). O también cuando aconseja: “ni sentencia impartas hasta que de las dos partes el discurso hayas oído” (frag.338 BCG).

32,21 “El pecador rehúye la corrección y busca en la Ley su capricho” es una censura aplicable a las miríadas de bíblicos que, mediante ridículos malabarismos de alfeñique y chiquilicuatro, defienden con espantoso fanatismo la completa infalibilidad de los Textos.

33,3 “La Ley es para él (el hombre sensato) fidedigna como la respuesta de los ‘urim’”. Recuérdese que los ‘urim y tummim’ eran unas piedras que, cobijadas en el pectoral del sumo sacerdote, servían de consulta eventual a Yahvé, de modo tal que se echaban a suertes como si fueran dados[51]. Por lo tanto, y habida cuenta lo dicho, la ley es para el sensato tan fidedigna como una tirada de dados; en fin… ¿qué decir?

33,10 “Todo hombre viene del polvo, y de la tierra fue creado Adán”, esto es, que según la Escritura hubo un elemento preexistente a la creación humana, por lo que el hombre no surgió de la nada, como asombrosamente sostienen santulones de antojo y cerrojo[52].

33,15 En efecto, “enfrente del mal está el bien”, pero enfrente de la muerte no está la vida, sino el nacimiento, ¡maravilla comprenderlo!, y en frente del justo está el injusto, aunque éste sea también pecador.

33,29 Bueno es el dicho “que la ociosidad enseña muchas maldades”[53].

33,31 Trato adecuado que, en efecto, debe dispensar el amo a su siervo, tal y como siglos antes ya preconizaban las más eximias escrituras helenias[54].

34,4 El autor infiere que de todo humano sólo sale mentira, cosa que, de ser verdadera, haría que las Escrituras sólo fueran un montón de falsedades. Sin embargo, eso no es así porque del humano no sólo sale mentira, sino que merced a su alma y al dios revela verdades que no mueren.

34,5 “Cosa vana son la adivinación, los agüeros y los sueños”. Sin embargo, debe acudirse a Gén.40,8-19 ó a Gén,41,1-36 para comprobar cuánta utilidad le dispensaron a José[55], o a Dan.2,27-35 para darse cuenta cómo Daniel acudió a semejantes prácticas para salvar la vida. Ahora bien, el colmo en el abuso de esta práctica se da en Mt.1,24, donde el Espíritu Santo anuncia a José el origen de la preñez de María, en Mt.2,12, donde un ángel advierte a los magos mediante sueños de no volver a Herodes, o en Mt.2,13, Mt.2,19 y Mt.2,22, donde por tres veces la divinidad asiste a José mediante sueños reveladores. En fin, todo ello demuestra que realmente los sueños son muy vanos, pues vinieron a anunciar la más atroz de las vanidadades.

A decir verdad, la solución la presentaron, una vez más, los epígonos de la Antigüedad, que admiten con bellas palabras la falibilidad de la adivinación, si bien jamás dudan que la auténtica adivinación tenga origen divino. De hecho, es “Zeus autor de todo presagio”[56] que se revela verdadero, aunque en el fragor de la batalla sea cierto que “el mejor agüero y el único es luchar en defensa de la patria”[57]. Y aunque “no a todos se vienen a hacer manifiestos los dioses”[58] a través de la adivinación, a pesar de que “muchas aves recortan el día las luces del cielo, mas no todas nos traen vaticinios”[59], toda vez que “de Zeus no viene a los hombres claro signo”[60], y por más que “ni un solo adivino hay entre los hombres terrenos que pueda conocer la mente de Zeus que empuña la égida”[61], lo cierto es que “los dioses dan señales a quienes les resultan propicios”[62], de modo que con la adivinación se muestra el “consejo de los dioses”[63].

34,14 Sí, por cierto, vivirán todos habida cuenta la inmortalidad que poseen, pero quienes no temen al dios, sino que le aman y le ofrecen bellos sacrificios, éstos existirán sin vejez.

34,19 “Los ojos del Señor están puestos sobre los que le aman”; en efecto, como también sobre toda la creación, incluso sobre quienes le temen sin razón alguna, porque “el ojo de Zeus que todo lo ve y todo lo entiende” está siempre abierto, ¡oh Zeus!, “tú que todo lo ves y escuchas” (Hesíodo Trabajos y Días 265yss./ Trabajos y Días 9).

35,1-14 Versículos que trapacean acerca de las ofrendas espirituales y las materiales, es decir, por más que las donaciones espirituales sirvan, el autor solicita sin rubor que no deben dejarse de ofrecer los bienes materiales.

35,8 Aquí el autor solicita ya sin rebozo alguno sacrificios materiales, como en 38,11 y 50,17, a pesar de que ciertos pasajes consideran inútiles semejantes ofrendas, por ejemplo en Sal.40(Vg39),7/ Is.1,11-17/ Am.5,21-22/ Os.6,6/ Os..8,13/ ó Mal.1,11.

35,15 “No hay en Él acepción de personas”, toda vez que sí existe cierta predilección por las personas de Israel (Est.10,10), y cierta preferencia hacia los diferentes profetas y ungidos por el mismo, según dicen los hagiógrafos (Sal.105[Vg104],15).

35,23 Decir que el dios pueda actuar por venganza es blasfemia. En todo caso, el dios actuaría movido por el deseo del ajusticiamiento, y en todo caso aplicaría los castigos cual médico que receta el fármaco sanador.

36,2 Uso impropio del temor.

36,8 En éxtasis blasfemo, se vincula la ira y la cólera a la naturaleza del dios. De hecho, no puede haber justificación a semejante procacidad[64].

36,10 Bajo el cómodo amaparo del lirismo, se exige al dios que se apresure y que se acuerde de sus promesas. Pero ¿cómo no iba a ser impiedad creer que el dios pueda olvidarse o negligir?

36,11 Se alude a la cólera del dios y se perpetra el pecado de teonacionalismo, aun ser la creación el pueblo del dios y a pesar de que “no hay en Él acepción de personas” (35,15). Los pueblos, por cierto, son comunidades de personas.

36,14-15 Más hediondas manifestaciones de teonacionalismo.

37,21 Contrario a la muerte no es la vida, sino el nacimiento. Por ende, el noble complemento de la vida es la existencia inmortal.

37,23 Acaso ése no sea un auténtico sabio, aunque así sea llamado por bífedas lenguas sin rigor ni pudor. En fin, ¿puede llamarse sabio a quien “ha sido privado de toda sabiduría” (37,24)? En todo caso, ¿no sería éste un necio? ¿Quién es entonces el más necio de todos?

38,29 Nueva mención a la herrería[65].

38,25-39 Se desprecia a los artesanos por incapaces de elevar su espíritu al dios. Sin embargo, es el propio autor quien dice “sé constante en tu oficio y vive en él y envejece en tu profesión” (11,21)[66].

39,28 Se relaciona la ira con el comportamiento del dios.

39,30 Se dice que las cosas malas fueron creadas por el dios, sin embargo, también se dice que “las obras del Señor son todas buenas” (39,21 y 39,39).

En fin, tal vez ayude en algo lo referido por Zeus a través del poeta: “es de ver cómo inculpan los hombres sin tregua a los dioses achacándoles todos sus males. Y son ellos mismos los que traen por sus propias locuras su exceso de penas” (Odisea I 32-34).

39,35-36 Acaso éstos no sean instrumentos de venganza, sino de justicia, castigo, enmienda o reparación. A decir verdad, la venganza sólo satisface la impotencia de los mortales.

40,2 Correcta utilización del temor.

40,4 Uso adecuado de la cólera, del temor y de la ira[67].

40,12 Se pone de manifiesto la caducidad de los vicios y, por el contrario, la inmortalidad de las nobles virtudes. ¡Maravilla comprenderlo!

40,20 Justa alabanza a la filosofía.

40,26-28 Uso impropio del temor. En efecto, debería substituirse, a tenor del contexto, por palabras como ‘respeto’, ‘amor’, ‘pudor’, etc.

40,29 Se dice que “mejor es morir que mendigar”. No obstante, jamás debería olvidarse que “es Zeus quien envía a los mendigos y extranjeros errantes que el bien más pequeño agradecen que les damos” (Odisea XIV 57-59), porque “suplicantes y huéspedes son a manera de hermanos para todo varón no insensato del todo” (Odisea VIII 546-547).

42,1 último hemistiquio Buen uso del temor.

42,17 Versículo politeísta. O ¿qué es sino la inclusión de diversas divinidades en un culto monoteísta? Si es cierto que “los dioses son superiores a los hombres”[68] y que la divinidad es también superior, ¿no será que lo divino y los dioses son lo mismo? Entonces, ¿qué diantre son los santos, los ángeles, los querubines o los arcángeles de Yahvé? ¿No se atreve a verlo? ¿Por qué? ¿Cuál es la enfermedad que le incapacita?

42,21 Bueno es proclamar del dios que “es uno y el mismo desde la eternidad”.

42,23 “¡Cuán deleitables son todas sus obras!” es una jubilosa exclamación que justifica los cultos paganos a las diferentes obras del dios, ya sea la oronda tierra, las flamígeras estrellas, la andrógina Selene, los animales que son bellos y buenos o los propios hombres amantes de la virtud y de los dioses[69].

42,24 Si bien aquí se puede leer que “todo vive y permanece para siempre”, algunos lechuginos de toste y poste se empecinan en negar la inmortalidad del alma.

42,25 Acaso verdad sea que “no hay nada inútil”, y tal vez sea tan cierto como falso es que “no hay provecho alguno debajo del sol” (Ecl.2,11).

43,1yss. El pasaje es un panegírico a las magníficas obras del dios.

43,29 Se dice del dios que “Él lo es todo”, de forma semejante a como lo hace Píndaro cuando exclama: “¿Qué es Dios? ¡El Todo!” (Píndaro BCG frag.140d).

Dicho esto cabría considerar que el dios es todo lo que es, ha creado lo que está siendo pero no es, y, por lo tanto, no es lo que no es ni es lo que está siendo.

43,36 Más que “lo escondido de Él” debería decirse ‘lo inaccesible de Él’, por cuanto acaso no es que el dios esconde, sino que uno es incapaz de descubrir.

44,9 ¡Sea encomiada la estirpe de los Anónimos, pues sin ellos nada nos sería conocido!

45,14 Nueva mención a la diadema del sumo levita[70].

45,18 Es decir, que Aaron fue un ungido, lo que significa que fue un kjri-stós (cristo) o ma-schi-aj (mesías)[71].

45,23 Se vincula el ardor de la cólera con la naturaleza del dios.

45,27 Se dice de los levitas que “sólo en la tierra, no tuvieron parte en medio del pueblo”, toda vez que en Jos.21,1-3 y en Jos.21,4-40 se relata cómo reciben cuarenta y ocho ciudades[72].

51,17 Se repite del dios por número de catorce veces que “es eterna su misericordia”, lo cual invalida el tosco y hosco dogma de la condenación eterna o del exterminio de las almas. ¡Apoteosis de la necedad![73]

51,18-38 Como feliz corónide del libro se alaba a la filosofía, senda segura hacia el dios de anchurosa mente.

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]     Véase 15,14.

[2]     Como ocurre en 1,4. Véase enmienda.

[3]     Así también sucede en pasajes como 1,22/ 1,25-26/ 1,34/ 1,40/ 2,7-9/ 2,20/ 3,8/ 6,16-17/ 9,22/ 10,23y24-25 ó 10,27.

[4]     Enmiendas como por ejemplo las presentadas en Éx.15,26/ Éx.20,20/ Lev.20,1-18/ Lev.19,32/ Núm.7,11-88/ Núm.17,13ó28/ Dt.4,6/ Dt.8,6/ Dt.28,15-68/ Dt.32,1-47/ Jos.24,14/ 1Sam.5,1-12/ 2Sam.23,3/ Tob.4,21/ 2Mac.6,27-28/ Job 37,24/ Sal.112[Vg111],1/ Prov.1,7/ Prov.29,25/ Ecl.3,14/ Ecl.11,2 ó Sab.18,25.

[5]     Al respecto véase Sal.2,2.

[6]     Asimismo ver 6,18-36.

[7]     Véase 4,27.

[8]     Jenofonte Memorias de Sócrates II 6,14.

[9]     Jenofonte Memorias de Sócrates III 9,4-5.

[10]    Jenofonte Memorias de Sócrates IV 4,10.

[11]    Gorgias Encomio a Helena 8.

[12]    De hecho, sólo hace falta leer los siguientes versículos al aquí enmendado.

[13]    Véase siguiente versículo.

[14]    Véase enmienda a 12,6.

[15]    Véase 5,17 y 6,1.

[16]    Píndaro Nemea VIII 25-26.

[17]    En efecto, “nada se consigue con el gélido llanto, que hiela el corazón” (Ilíada XXIV 524).

[18]    Véase Sal.117(Vg116),1-2/ Prov.11,4/ Prov.11,31/ Prov.12,2/ Sab.3,18 ó Sab.11,9-10 y enmiendas correspondientes.

[19]    Al respecto ver especialmente enmienda a Sab.13,1-5.

[20]    Véase Tob.12,11/ Sal.40(Vg39),6/ Sal.145(Vg144),3/ Sab.20,27/ Sab.25,2/ Ecl.9,2/ Lam.3,40 ó Is.45,19 y enmiendas correlativas. Ver asimismo 9,24.

[21]    Véase 11,16, donde el autor parece rectificar. En 15,11-12 existe una cotradicción al respecto.

[22]    Véase último hemistiquio de 14,19.

[23]    Ver 5,9 y enmienda.

[24]    Simónides lo resumió diciendo que “hay muchos en la casa de Antíoco” (Lírica Griega Arcaica BCG Simónides frag.20).

[25]    Véase enmienda.

[26]    Véase enmienda a 1,4.

[27]    Asimismo, véase 28,11-12 ó 40,4.

[28]    Véase 2Mac.7,28 ó Job 26,7 donde se dice que el dios creo el orbe de la nada. Sin embargo, son más los pasajes en los que se postula que el dios hizo la creación a partir de una materia indeterminada, tales comoSab.11,18/ 17,3/ 33,10/ Is.29,16.

[29]    Es cierto, curioso animal es “el hombre, que afirma ser, de entre todos los animales, el más semejante a Dios” (Sofistas Testimonios y Fragmentos BCG Antifonte B49).

[30]    Ver enmiendas al respecto en el libro Génesis.

[31]    Véase primero y segundo mandamientos en Dt.5,7-8 ó Dt.17,2-5 y enmienda subsiguiente.

[32]    Hesíodo Teogonía 455yss.

[33]    Véase enmienda a Sal.90(Vg89),10 y enmienda. Sin embargo, como dijera Penelopea: “es corto en verdad el vivir de los hombres” (Odisea XIX 328) y Antifonte: “el vivir se asemeja a una efímera vigilia y la duración de la vida a un solo día, por decirlo así, en el que, tras haber levantado los ojos hacia la luz, cedemos el puesto a los que nos suceden” (Estobeo Florilegio IV 34,63).

[34]    Véase lista compuesta en la emienda precedente.

[35]    Jenofonte Económico XI 22 ó bien Apología de Sócrates 3.

[36]    Véase también 20,4 y capítulo 21.

[37]    En efecto, así queda atestiguado en pasajes como Éx.15,26/ Éx.20,20/ Lev.20,1-18/ Lev.19,32/ Núm.7,11-88/ Núm.17,13ó28/ Dt.4,6/ Dt.8,6/ Dt.28,15-68/ Dt.32,1-47/ Jos.24,14/ 1Sam.5,1-12/ 2Sam.23,3/ Tob.4,21/ 2Mac.6,27-28/ Job 37,24/ Sal.112[Vg111],1/ Prov.1,7/ Prov.29,25/ Ecl.3,14/ Ecl.11,2 ó Sab.18,25.

[38]    En realidad, lo que se quiere decir con esto último es que ciertos saberes, los cuales se imparten para realizar bellas acciones, pueden utilizarse también para fines que no son el objetivo sano y original.

[39]    En efecto, “nada digno de fe habla en la boca la lengua de los que tienen en su corazón un pensamiento de palabra doble” (Lírica Griega Arcaica BCG Lírica Popular frag.109).

[40]    Se profieren más elogios en el mismo sentido en 33,22 y 41,17-18. Sin embargo existe contradicción en Prov.10,14 “el sabio esconde su ciencia”.

[41]    Para referencias de la alegoría véase Platón Gorgias 493a-494a/ República 363d/ Axíoco 371e así como Jenofonte Económico VII 40.

[42]    Véase Prov.8,22-35 y enmienda.

[43]    Véase al respecto Prov.16,31/ Sab.4,8-9 y enmiendas correspondientes.

[44]    Véase enmienda a 4,34.

[45]    Ver también Sab.14,9.

[46]    En el mismo sentido ver Prov.1,18-19/ Prov.5,22 ó Prov.11,3.

[47]    Véase 35,23.

[48]    Al respecto véase 19,20.

[49]    Sucede lo mismo en 31,31.

[50]    Expresada también por la sabiduría popular con el dicho ‘si doy, a la ruina voy; si fío, aventuro lo que es mío; si presto, al pagar haces mal gesto; pues para evitarme esto ni doy, ni fío, ni presto’. No obstante y con todo, es preciso leer los versículos siguientes.

[51]    Véase 45,12.

[52]    Ver 33,13-14.

[53]    En efecto, “el trabajo no es ninguna deshonra; la inactividad es una deshonra” (Hesíodo Trabajos y Días 308yss.); porque siempre será cierto que “el trabajo es una bendición y la ociosidad una desgracia” (Jenofonte Memorias de Sócrates I 2,57).

[54]    Por ejemplo, véase Odisea XVI 145-147 ó XVII 320-321 y Jenofonte Memorias de Sócrates III 13,3-6.

[55]    De hecho, “también el sueño procede de Zeus” (Ilíada I 63).

[56]    Ilíada VIII 250. También “Zeus, señor de todos los presagios” (Hesíodo frag.150,10yss.). Incluso hay testimonio de palabras del propio dios Hermes diciendo que “de Zeus vienen los vaticinios todos” (Himno IV a Hermes 472yss.) y también Apolo respondió al dios de semejante modo, pues “la adivinación es palabra divina el que no la aprenda ni siquiera otro de los inmortales, Eso lo conoce la inteligencia de Zeus” (Himno IV a Hermes 533yss.). Además cabe recordar la dura advertencia de Apolo: “el que, fiado en las aves de falibles augurios, quiera interrogar el oráculo en contra de nuestra voluntad y entender más que los dioses que por siempre existen, lo aseguro, hace su camino en balde y yo no aceptaré sus ofrendas” (Himno IV a Hermes 545yss.).

[57]    Ilíada XII 243.

[58]    Ilíada XVI 161.

[59]    Odisea II 181-182.

[60]    Píndaro Nemea XI 43-44.

[61]    Hesíodo frag.303 BCG.

[62]    Jenofonte Memorias de Sócrates I 1,9.

[63]    Jenofonte Memorias de Sócrates IV 7,10.

[64]    Véase 28,11-12.

[65]    Véase 28,24 y 48,19.

[66]    Véase Ecl.10,15 ó 33,29 y enmiendas correlativas. De hecho, “el trabajo es una bendición y la ociosidad una desgracia” y “trabajan los que hacen algo bueno” (Jenofonte Memorias de Sócrates I 2,57). Además, tal vez “no existe una gloria mayor para el hombre que aquello que realizan sus pies y sus manos” (Odisea VIII 147-148).

[67]    Véase 16,12 y 36,8, donde se atribuye al dios la cólera y la ira.

[68]    Ilíada XXI 264.

[69]    Véase 42,26 donde al respecto de la creación se dice: “¿quién se saciará de admirar su belleza?”. Asimismo ver 43,1yss.

[70]    Véase Sal.132(Vg131),18/ Prov.4,9/ Cant.3,11 ó Is.61,10.

[71]    Véase enmienda a Sal.2,2.

[72]    Véanse enmiendas relativas.

[73]    Ver Sal.136(Vg135),1-26 donde se repite lo mismo por espacio de veintiséis versículos.