La creación no ha terminado...

Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: ÉXODO

ÉXODO

De la huída de Egipto y de las instituciones mosaicas

1,19 Excusa de las parteras al faraón que sólo un ingenuo podría aceptar. En definitiva, muestra poca astucia quien tanto la exige a los demás (1,10).

2,24-25 La atención del dios para con los israelitas parece depender de su memoria[1].

3,16 Si los abrahamitas tienen ‘su’ dios, deberían comprender que los demás pueblos tengan ‘sus’ otros dioses.

Se encuentran indicios politeístas en el estilo del hagiógrafo[2].

4,18-19 Mucho más coherente resultaría en orden inverso, tal que sería 4,19-18.

4,22 Sin contar Noé, el inquisidor creía primogénito del dios, en cuanto a personalidad profética y en cuanto a depositario de la alianza de su pueblo, a Abraham Terájida por delante de Isaac Abrahámida, y éste, por delante de Israel Prejacob Isaáqueda.

Véase Gén.12,1-3. Para Abraham véase Gén.22,17-18; con respecto a Isaac Gén.28,13-15 y en relación a Jacob consúltese Éx.2,24, Éx.3,6 y Éx.3,16. Todo ello, en fin, para constatar la propia enumeración cronológica del dios.

4,24-26 Versículo ininteligible mediante los múltiples métodos tradicionales. En ninguna otra ocasión el dios condena a muerte a un israelita incircuncidado, pues la pena prescrita al respecto es el destierro, como bien se explicita en Gén.17,14.

6,2-3 Acaso no es cierto, por cuanto el dios se ha presentado a todos los protagonistas con tal nombre. En efecto, véase como se presenta a Abraham en Gén.18,14; o a Isáac en Gén.27,7 y Gén.27,27; también se presenta con el nombre de Yahvé a Jacob en Gén.28,13 y en Gén.28,21; como también a sus mujeres Lía ―en Gén.29,32-33 y en Gén.29,35― y, por último, Raquel es testigo del nombre del dios en Gén.30,24.

6,7 Ya fue proclamado su pueblo y su dios en numerosas ocasiones, todas ellas constituyentes del soberbio y pestilente pecado de teonacionalismo.

6,8 He aquí la antiquísima e interminable lucha de un pueblo por encontrar y salvaguardar su pedazo de tierra, aunque para justificar su derecho sea menester el recurso de la donación divina.

En definitiva, en el caso de darles verosimilitud, estas sentencias entrañan grandes peligros.

7,11 Los magos de Egipto realizan un prodigio similar al del todopoderoso Yahvé.

7,16 ¿Cómo el verdadero dios puede ser de unos y no de otros, cuando debería ser de todos[3]?

7,19yss. Hete aquí las funciones de los hermanos Moisés y Aarón intercambiadas, contraviniendo así las órdenes explicitadas por Yahvé a Moisés en 4,16-17 y en 7,1-2.

No obstante y con todo, es de esperar que los exegetas más recalcitrantes lo pretendan justificar.

7,25 Lamentablemente, no le es conocido al humilde lector conocer qué sucede con el agua, si recobra su salubridad o continúa corrompida. La duda es similar a la surgida a partir de la plaga de mosquitos (8,12ó16-14ó18).

8,3ó7 Portentoso poder de los magos que, cual dioses, se enfrentan a Yahvé “haciendo subir las ranas sobre la tierra de Egipto”(7,11). No obstante, el autor parece olvidar de inmediato el pasaje, ya que después el faraón aún suplica a Moisés que retire la plaga de ranas (8,4-7).

8,10ó14-15ó19 Peor es el remedio que la enfermedad, amén que la terquedad del faraón debía de ser proverbial[4].

No cabe esgrimir como exégesis que los hechiceros fueron quienes endurecieron el corazón del faraón, como podría desprenderse de “los magos de Egipto hicieron otro tanto con sus encantamientos, y el corazón del faraón se endureció”, ya que varios pasajes refrendan que fue Yahvé el único responsable de tal endurecimiento[5]. En efecto, fue el dios quien lo utilizó como método de propia vanagloria ante Egipto y su pueblo y, por ende, es el hagiógrafo quien lo emplea con tal de glorificar a su dios.

8,16ó20 ¿Qué hacen de la innúmera cantidad de mosquitos[6]?

8,19ó23 Sería interesante saber qué ocurrió con los esclavizados israelitas en las otras tres plagas anteriores. La imaginación al poder.

8,20ó24 La tierra estaba ya corrompida desde el día anterior a causa de la putrefacción de los batracios (8,10ó14). Ahora se le añaden los zumbantes tábanos.

9,12 Resulta inverosímil la absoluta sumisión del ya por entonces civilizado pueblo egipcio y, sobre todo, la de los magos religiosos que, junto a los sacerdotes, ejercían gran influencia en las decisiones del faraón. Por más que la respuesta acaso se encuentre en 10,1 ―donde Yahvé sentencia “he endurecido su corazón (el del faraón) y el de sus servidores”, no obstante y pese ello, la contradice el pasaje de 10,7, y, en fin y en todo caso, semejante solución sólo sería apta para mojigatos de jáquima cerril o para recalcitrantes de visión difusa y obtusa.

10,15 ¿Cómo podrían las langostas devorar las hierbas de la tierra si ésta se corrompió por dos veces, ¡oh calamidad!, tanto en 8,10ó14 como en 8,20ó24?

10,29 Parece que Moisés ya no habla por boca de Yahvé, pues estas palabras no resultan efectivas. A decir verdad, Moisés y el faraón se verán una vez más en 12,31.

11,3 Pasaje inverosímil, sólo explicable por la poca habilidad del autor en acomodar el relato a sus propias intenciones[7].

12,29-32 El poco avisado lector debe tener en cuenta que no hubo en Egipto persecuciones por motivos religiosos hasta la época romana y, asimismo, que no se conoce ningún caso de crimen civil con sentencia de muerte dictada por faraón alguno.

13,9 ¿Quién dice que los antiguos hebreos no metían tablas de la ley en sus bocas? Pues, debido a su atroz farisaísmo, sí ataron filacterías alrededor de sus frentes y brazos, interpretando los textos en su sentido literal[8].

13,11-16 Pasaje muy ambiguo, pues, de ser interpretado en su sentido literal, daría a entender que el dios ―al parecer por una cuestión de orgullo― exige a Israel el sacrificio de los primogénitos nacidos después de la liberación de Egipto, ya fueren bestias o humanos. Por otro lado, si es interpretado en sentido figurado, la circuncisión de los neonatos representaría el sacrificio humano, y en efecto lo convalidaría. No obstante y con todo, persisten ciertas dudas al respecto, por cuanto, al fin y al cabo, la circuncisión era una directriz instituida con anterioridad, y debía aplicarse a todo varón, fuese o no primogénito. Asimismo, la identificación de los levitas como redentores de los primogénitos[9] varones, anularía la exégesis de la circuncisión que, en tal caso, sería del todo innecesaria.

14,12 Recurso sorprendente del hagiógrafo, habida cuenta que ilustra al pueblo de Israel como si hubiere sido reacio o reticente al abandono de Egipto. A decir verdad, el versículo 4,30-31 muestra una disposición del pueblo muy distinta para con Moisés.

15,26 Yahvé, aun siendo un dios todopoderoso, precisa infundir temor a su pueblo con tal que su mandato se cumpla.

Pero cómo, ¿es el temor el fundamento de la fe, o lo fundamental es el amor? Por ende, ¿el amor puede ser impuesto mediante el temor, o precisamente éste hace que aquél no prevalezca jamás?

16,8-9 Aquí las murmuraciones y las quejas tienen el mismo efecto que lo pudieran tener los ruegos y las pregarias. ¡Oh desastre! ¡Nidal de impiedades!

17,12 Escena tragicómica aun cuando pretendiere ser heroico-dramática.

17,16 ¿Algún verdadero creyente puede concebir que el dios alguna vez haya estado en guerra contra un pueblo? Pero ¿no es Yahvé todopoderoso como para ser capaz de emplear métodos más sutiles y usar la persuasión[10]?

18,2 Versículo que se contradice con 4,20, donde Moisés se lleva a Egipto a su mujer Séfora Jetroida.

18,17-24 Circunspecta y oportuna medida aconsejada por Jetró.

19,24 Recuérdese 17,12, donde Moisés, flaco de fuerzas, no puede mantener levantado por mucho tiempo el cayado del dios. Sin embargo, sí es capaz de subir cuatro veces a la cima del monte Sinaí[11] en el espacio de tres meses[12].

En efecto, sube en 19,20 y baja en 19,25. Por vez segunda sube en 20,21 y baja en 24,3. Por vez tercera sube en 24,13 ―al tiempo que se cumplen cuarenta y ocho días desde la primera ascensión― y baja en 32,15. Por último, y cumpliendo su cuarta ascensión a la cima del monte, sube en 34,4 ―a la vez que se cumplen cuarenta y nueve días― y baja definitivamente en 34,29, empleando así ochenta y nueve días para realizar las cuatro escaladas al monte Sinaí.

20,3-6 “No tendrás otro dios que a mí”[13]. Pero, ¿cómo es posible tener otro dios si solamente existe uno?[14] No obstante, en caso de ser transgredido el mandamiento, al sacrílego se le punirá con la pena de muerte.

Así queda patente en Éx.22,19, en Dt.4,25-26 y en Dt.8,19. Léase, asimismo, Éx.32,27-28, donde a causa de la adoración al becerro de oro se exterminan tres mil israelitas. En aquel suceso, cabe decir que se trasgredieron al mismo tiempo los dos primeros mandamientos que, al parecer, podrían resumirse en uno solo. No obstante, el hagiógrafo quiso especificar con claridad la prohibición de la iconolatría.

20,4-5 “No te harás esculturas, ni imagen alguna de lo que hay en lo alto de los cielos, ni de lo que hay abajo sobre la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra”[15]. Con este mandamiento se pretende evitar el culto politeísta pues, a decir verdad, el hagiógrafo sabía bien que, de las diferentes interpretaciones artísticas de la divinidad, en efecto, surgen las distintas divinidades, como de hecho ha sucedido con todos los cultos politeístas.

Este mandato reprime la razón de ser del verdadero arte, es decir, se prohíbe la mortal representación de la naturaleza sempiterna. A juicio del inquisidor, éste quizá es el mandamiento más nefasto de los que aquí se consideran.

20,4 Se elimina el profundo objetivo del auténtico arte, que, precisamente, consiste en representar lo divino y sempiterno mediante elementos mundanos y caducos. Sin embargo, lo peor es que aparta a quienes lo secundan de la veneración y el amor a lo divino a través de los artes nobles[16].

Este lastimoso mandamiento es consecuancia, muy probablemente, del miedo a que el trabajo de representación del dios, de los astros o de cualesquier animal, desembocara en la natural aparición de diferentes dioses menores, como de hecho ha ocurrido, en parte, con el nacimiento y evolución de todas las religiones politeístas. En efecto, el grado de complejidad y riqueza de una religión es proporcional al nivel cultural y social de la civilización que la profesa[17].

20,7 “No tomarás en falso el nombre de Yahvé”[18]. Es decir, ‘no hablarás en nombre del dios si no perteneces a la comunidad sacerdotal, puesto que sólo ellos son competentes en transferir la palabra divina al pueblo’. Por ende, la trasgresión del mandato estaba castigada con la muerte, como se comprueba en Lev.10,1-3, donde Yahvé abrasa a los hijos de Aarón. También se evidencia más adelante, en Lev.24,10-16, donde se relata la lapidación de un blasfemo y, finalmente, en Dt.13,5 y Dt.18,20, donde se exige la muerte al falso profeta[19].

Esta es una sagaz medida tomada por los poderosos, en parte, con el fin de desembarazarse de los muchos adivinos y oráculos que, con más o menos acierto o con más o menos dignidad, profetizaban por doquier de aquellas tierras y, por lo tanto, que representaban una seria amenaza a la unidad y solidez de la teocracia[20]. No tan perversa era la intención de Agamenón cuando se prometió: “no invocaré el nombre de la divinidad con perjurio” (Ilíada XIX 188)[21].

20,8-11 “Acuérdate del día sábado para santificarlo”[22]. Es decir, ‘no se te ocurra eludir el tributo semanal a la teocracia o se te ejecutará’. En efecto, la contravención del mandato se punía, como en los casos precedentes, con la negra parca. Así lo demuestran las palabras pronunciadas en Éx.31,14-15, así como el lamentable hecho acaecido en Núm.15,32-36, ya enmendado en la presente obra.

No obstante, y atendiendo a que posiblemente el mandato solamente pretendía establecer el día de descanso semanal, es preciso apuntar que tal precepto fue originariamente instituido por la tradición mesopotámica, cosa por otra parte natural, tratándose de un precepto fruto del sedentarismo, por cuanto el término ‘Sa-batu’, que designa tal descanso, es de origen sumerio[23].

20,12 “Honra a tu padre y a tu madre”[24]. Por más que el precepto sea correcto[25], no ocurre así con el castigo a su desobediencia, pues como en todos los casos anteriores, es la muerte impenitente.

Así al menos se recoge en Lev.20,9.

20,13 “No matarás”[26]. Mandato que se contradice, tanto con la pena del talión[27], como con todos los castigos a los mandatos precedentes, así como con los múltiples exterminios ya citados y otros por citar[28].

En efecto, la sentencia esconde una honda hipocresía ―como por lo común pretenden los textos―, tal y como sucede con las directrices ordenadas al pueblo en 22,20 y 23,9, donde se le ordena tratar bien a los extranjeros a la vez que se le obliga exterminarlos por completo[29].

20,14 “No adulterarás”[30]. No obstante, de no cumplir este sano precepto, al pecador se le castiga con la funesta y muy negra muerte.

Así amenos se puede leer en Lev.20,10-12 y en Dt.22,22-24.

20,15 “No robarás”[31]. Suena enternecedor, pero al buen precepto se le debe adicionar la preceptiva y rutinaria muerte para el pecador, porque así lo ordenan las sempiternas leyes del dios misericordioso, quien promueve y vela por el cumplimiento del sexto mandato, ¡oh, clemente y pacífico! ¡Oh, tardo a la ira!

En efecto, véase 22,1, donde Yahvé permite matar al ladrón si éste es hallado in fragante y con los agravantes de nocturnidad y alevosía.

20,16 “No testificarás contra tu prójimo falso testimonio”[32]. Esta es una buena directriz, que aparece refrendada con otros términos en 23,1.

20,17 “No desearás nada de cuanto pertenece a tu prójimo”[33]. Sin embargo, parece que sí se puede desear todo cuanto pertenece al enemigo, incluyendo la tierra feraz donde habita desde tiempos remotos y sus múltiples bienes.

20,20 El hecho de no pecar por temor al dios no es en absoluto comparable a evitarlo por amor al mismo.

Pasajes de tal jaez, según el mortal inquisidor, constituyen una inconmensurable desconsideración a las vías de acción divinas.

20,20bis Primeramente dice Moisés a su pueblo “No temáis (…)”, pero media línea más abajo dice “para que tengáis ante vuestros ojos su temor y no pequéis”.

20,21 Principio de jerarquía irracional entre el dios y su pueblo[34].

20,26 Versículo que denota grandes complejos en relación a la desnudez, a no ser que figurativamente se refiera a la penetración, como sí parece ocurrir en Lev.18,6-19.

Adviértase que ‘malo’, según la R.A.E., es también quien piensa mal.

21,1 – 23,3 La nota de la edición Nácar-Colunga (2003) duda de la intervención directa del dios en la autoría de las escrituras; sin embargo, la crasa Comunidad Bíblica no admite otra posibilidad al respecto.

21,1 – 23,33 Texto éticamente despreciable, infestado de protervas aberraciones, que, sin embargo, no avergüenzan a quienes pretenden que no sólo éste, sino que todos los textos sean autoría del dios. Ahora bien, entre máculas y disparates descomunales, es preciso, según el caducimorfo inquisidor, considerar provechosos los siguientes preceptos que a continuación se mencionan: 21,28 (exceptuando la lapidación; por cuanto hay maneras menos festivas para inmolar un buey)/ 21,33/ 21,35-36/ 21,37/ 22,4-5/ 22,11-14/ 22,20 y 22,9/ 22,24-26/ 23,2-8/ 23,10-12 y 23,19 (a decir verdad, no es réproba solamente la segunda parte del versículo, que reza “No cocerás el cabrito en la leche de su madre”, es decir, ‘no comerás lechal’).

21,17 Precepto severísimo, inaudito hasta en comunidades salvajes.

21,24-25 He aquí la celebérrima pena del talión, que de siempre ha fomentado grandes odios entre humanos, convirtiendo a todo inocente en la misma calaña que el inicuo[35].

Obviamente, cualquier persona decente la rechazaría, como se dice que hizo el atrabiliario galileo en Mt.5,38, pero como también ya fue rechazada por todos los pueblos civilizados, mucho tiempo antes de que el pretencioso galileo fuese concebido. ¡Mnemósine, guarda por ellos!

23,15 El dios exige “no te presentarás ante mí con las manos vacías”.

23,20-21 En este pasaje el dios mismo se diferencia del ángel, quien resulta ser un ministro o ejecutor de los propósitos divinos[36].

25,1-40 y 30,1-21 Es una grave impiedad poner en boca del dios palabras tan vulgares ―más propias de un obrero gentil―, para detallar los pormenores en la elaboración de objetos materiales[37].

Hubiere resultado más respetuoso relatar que Moisés, infuso por el dios, encargó tal o cual cosa, pero es inaceptable para cualquier hombre de pro, la infame desfachatez del hagiógrafo que, actuando sesgadamente para vanagloria de su propia religión[38], pone en boca del dios términos vulgares y conceptos mundanos (medidas de longitud, pormenores del candelabro, molduras, detalles de las vestiduras, materiales del altar, téxtiles de confección, perfumería, etc.)[39].

31,12-15 Creer propias del dios estas palabras, en efecto, puede conducir a una grave distorsión de la realidad, merced a las impiedades de un texto sobrevalorado.

En este pasaje se equipara la expresión “será borrado de en medio de su pueblo”, por lo general interpretada como el destierro de Israel, con la más contundente “será castigado con la muerte”. Pues bien, si esta segunda lectura fuese a veces la acertada, obtendríanse un cúmulo de despropósitos abominable[40].

32,14 ¿Cómo puede el dios arrepentirse de sus intenciones? ¿Qué dios es aquél al que hay que obedecer a ciegas pero que, a la par, puede sentir arrepentimiento?

Hágase notar que en Núm.23,19 se asegura que al dios le es imposible arrepentirse.

32,27-29 Moisés ordena abyectos sacrificios humanos como castigo. A veces da la sensación de que Yahvé no es un dios benigno, sino el propio mal[41].

Con todo, el pueblo acaso podría pensar que el precio pagado por la liberación de Egipto civilización que despreciaba la pena de muerte, es demasiado oneroso, habida cuenta que han pasado de la servidumbre al faraón a la esclavitud a Yahvé.

32,30 El infame sacrificio de tres mil personas no basta para recibir el perdón del dios. ¡Oh, tropel de calamidades, no os amontoneis!

33,1-6 El autor evidencia un febril empeño por hacer que los creyentes lo sean, no merced a un amor racional, sino a través del temor más irracional. ¿Qué decir, sino que resulta repugnante, inmoral y profundamente impío[42]?

33,11 El inquisidor rectificaría en el siguiente tenor ‘Yahvé hablaba a Moisés cara a cara, como habla un tirano a su secuaz’.

Sin embargo, véase 33,20, donde se aprecia una contradicción con el presente versículo.

33,13-17 Continúan las negociaciones con el dios. ¿Qué decir, cuando la impiedad es tan obvia?

34,13 Es sensato pensar que ningún dios motivaría guerras, por cuanto éstas son producto de la incapacidad del humano para resolver sus causas, a fuer de ser parte del aprendizaje natural que le corresponde a toda creatura del dios.

34,14 ¿Algún creyente podría aceptar la existencia de un dios celoso? ¿Celoso de qué otro dios, habida cuenta que no hay más que uno? ¿Celoso por guardar sus preceptos? ¿Tan efímeros son? ¿Son tan débiles que precisa defenderlos? ¿O por el contrario son eternos y no se defienden ya de nada ni de nadie, por cuanto ordenan y disponen todo lo demás? ¿Pero no es el dios todopoderoso como para prescindir del celo constante?

34,17 Ya. ¿Y que son los dorados querubines del arca?

34,19-20 La relación con el dios resulta meramente mercantil[43].

Por ende, no sirve excusar tal comportamiento con el pretexto del primitivismo de las religiones de antaño, o aludiendo a la decisiva importancia del ganado en cualquier sociedad de la misma época. Pues era en el mismo Egipto de donde huyeron los israelitas, y aún milenios antes de que el éxodo ocurriera, donde tenían asiento[44] cultos intelectuales como el ofrecido al dios Amón-Ra, divinidad solar y dadora de conocimiento.

35,35 “Los ha llenado (Yahvé) de inteligencia para ejecutar toda obra (…) de arte”. Es preciso objetar que no toda; a decir verdad ―y a excepción de los querubines―, el dios les impide ejecutar las más bellas y las más auténticas obras[45].

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]    Véase 6,5.

[2]    A tal efecto véase 5,3.

[3]    Para mayor ortodoxia debería leerse ‘cuando todos deberíamos ser de dios’. Asimismo, al respecto de la enmienda véase 3,6/ 8,10ó6/ 9,1 y 12,12.

[4]    Para verificación véase 7,13-14/ 7,22-23/ 8,11ó15/ 8,15ó19/ 8,28ó32/ 9,7/ 9,34-35/ 10,20/ 10,27 u 11,10.

[5]    Véase 7,3 donde Yahvé advierte “Yo endureceré el corazón del faraón y multiplicaré mis señales y mis prodigios en la tierra de Egipto”. Hecho que en efecto él mismo cofirma en 10,1 cuando sentencia “yo he endurecido su corazón” y en 10,20 el autor narra “Yahvé endureció el corazón del faraón”. Tal ocurre en 10,27, como en 11,10.

[6]    Véase 7,23 y enmienda correlativa.

[7]    Véase enmienda a 9,12.

[8]    Consúltese al respecto Núm.15,37-40/ Dt.6,4-9/ Dt.11,18-20 y Mt.23,5.

[9]    De suerte que la instauración de la clase sacerdotal convalidaría tal sacrificio.

[10] ‘No crea usted que el dios es sólo bondad’ dirán los más cervigudos, ‘tenga en cuenta que el dios verdadero es fuerte, poderoso y destructivo ―cuando es menester―, y que su ira, cuando se desata, es del todo implacable’.

[11] De 2.637m de altitud según unas fuentes o de 2.244m según otras, que lo identifican con el actual Guebel-Musa.

[12] El tiempo empleado son exactamente ochenta y nueve días.

[13] Se traslitera en Dt.5,7-10.

[14] Véase enmienda a Gén.17,7 y Éx.23,13.

[15] Se traslitera en Dt.5,8-9.

[16] Véase ejemplo de contradicción en 25,1-40.

[17] Véase 20,23/ 20,25/ Lev.26,1 y Dt.4,16-19y23.

[18] Se traslitera en Dt.5,11.

[19] Véase 6,13, donde se conmina al pueblo a jurar por su dios, hecho que invalida la interpretación popular del mandamiento.

[20] Véase Zac.13,3-4 y enmienda correlativa.

[21] Véase además Ilíada XIX 257-265.

[22] Se traslitera en Dt.5,12-15 y en Lev.23,1-3.

[23] El significado de los dos términos que lo conforman es, por un lado, ‘sa’, que viene a decir ‘corazón’ y, por otro, ‘bot’, que significa ‘cesar’.

[24] Se traslitera en Dt.5,16.

[25] Aun cuando en toda comunidad era consabido y connatural.

[26] Tiene correspondencia en Dt.5,17.

[27] Véase 21,24-25 ó 21,1 23,33.

[28] Oportuno es acudir a Núm.31,7-10/ Núm.31,15-18/ Dt.2,34-35/ Dt.7,1-2/ Dt.12,2 ó Dt.13,6-11/ Jos.6,21 ó Jue.18,27-29.

[29] Véase Dt.10,19 y enmienda correlativa.

[30] Tiene su duplicado en Dt.5,18.

[31] Que se traslitera en Dt.5,19.

[32] Así aparece en Dt.5,20.

[33] Mandato que se traslitera en Dt.5,21.

[34] Véase Núm.17,13ó28/ Núm.18,3 y Núm.18,22.

[35] Véase Dt.19,21.

[36] Véase enmienda correlativa a Is.63,9.

[37] Por ende, la elaboración de los querubines viola lo preceptuado en 20,4.

[38] El capítulo 29 parece propio de una orden satánica.

[39] Véase Núm.4,5-16/ Núm.4,25-27/ Núm.4,31-32/ Núm.7,11-88/ Núm.28,1-31 y Núm.29,1-39.

[40] En efecto, equipárese también respecto a otros casos y compruébese la gravedad que reviste la interpretación. Por ejemplo, véase Lev.20,18.

[41] Véase Núm.16,38 ó 17,3.

[42] Véase Núm.15,32-36 ó Núm.16,31-35.

[43] Véase Núm.3,47-50.

[44] Concretamente en la sagrada ciudad de On-Heliópolis.

[45] Véase al respecto Dt.4,16-19.