La creación no ha terminado...

Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: ISAÍAS

ISAÍAS

Fuego eterno para los disidentes del monoteísmo y tutela privilegiada de Yahvé para con su nación de adictos

1,2 Sin entrar a valorar prolijamente lo insólito y grandemente vanidoso que resulta pretender hablar en nombre del dios ―aun cuando semejante irreverencia carece de parangón en el decurso de la historia, quedando solo y marginado el ejemplo que el fanatismo atroz auspicia―, cabe destacar cómo el profeta presenta a un Yahvé indignado y sorprendido por la presunta rebelión del pueblo en su contra.

En efecto, semejante escena sólo la pueden pretender justificar ciertos creyentes de oropel, puesto que atribuyen improvisación a la naturaleza que provista de todo todo lo provee y, con grande necedad, censuran con palabras que al tiempo merecen la más recia censura. En fin, son las propias Escrituras las que aeguran que la  misericordia del dios es infinita, aun para quienes se rebelen en su contra (Dan.9,9 ó Miq.7,18).

1,3 Se comete, como en tantas otras ocasiones, el repugnante pecado de teonacionalismo.

1,4 No es más “Santo de Israel” que de ningún otro lugar del orbe, puesto que no hay acepción en el dios[1].

1,5 Un verdadero creyente no es capaz de pensar que un castigo del dios pueda ser falible, y también es incapaz de concebir que el dios desespere en su eterna labor.

1,8 No parece éste un símil afortunado, a tenor del propósito del profeta, porque necio es despreciar lo que la naturaleza presta ufana y lozana, pero locura es sentirse sitiado por bellos campos repletos de frutos y hortalizas. No obstante y dicho esto, el símil parece correcto en el sentido opuesto al pretendido por su berroqueño autor[2].

1,9 Acaso parecería imposible una contradicción más palmaria. Se dice aquí que “si Yahvé no nos hubiera dejado un resto, seríamos como Sodoma”; sin embargo, según el mismo autor algo deben de parecerse, cuando bien cerca (1,7) lamenta que Sión haya quedado “asolada como en la destrucción de Sodoma”. Asimismo, respecto del estado moral de sus habitantes, en 1,6 el autor censura que “desde la planta de los pies hasta la cabeza no hay en él (en el pueblo) nada sano”. Al fin, en 3,9 dice del pueblo de Israel que “llevan, como Sodoma, sus pecados a la vista”.

Aún hay más, porque según el profeta Jeremías “mayor ha sido la culpa de la hija de mi pueblo que la de la misma Sodoma” (Lam.4,6)[3]; y también sentencia algo similar el profeta Ezequiel en Ez.16,46-47.

1,11-16 “¿A mí qué,” ―dice Yahvé― “toda la muchedumbre de vuestros sacrificios?”. El dios parece referirse a la muchedumbre de sacrificios que encomendó a Israel, ya bien con tal de ser honrado según su gusto o bien para expiar ciertos deiltos. Así lo atestiguan pasajes como Gén.15,10/ Éx.13,11-16/ Éx.23,15 donde Yahvé exige que no se presente ante él nadie con las manos vacías/ Éx.32,27-29/ Lev.20,1-18/ Núm.14,32-35/ Núm.25,9/ 2Sam.6,13/ Job 1,4-5/ Eclo.35,8/ 43,23 donde el dios recrimina que no le ofrecieran ovejas en holocausto/ 56,7/ Jer.7,22/ Jer.33,18 ó Mal.1,11.

1,13 En el segundo y tercer hemistiquios, Isaías representa a Yahvé abominando del sábado, aun cuando fue el propio dios quien lo prerrogó como uno de los diez mandamientos (Éx.20,8-11 ó Dt.5,12-15) y aun cuando en Sab.11,25 se le dice que “nada aborreces de lo que has hecho”.

Recuérdese que la pena por transgredir el sábado es la muerte por lapidación (Núm.15,32-36).

1,17 Estas conminaciones son intachables, y el sentido general del pasaje anterior es excelente, pues obrar bien es el mejor sacrificio para los dioses. No obstante, no deja de ser una contradicción más de las muchas comprobables en las Escrituras.

1,24 Bajo concepto de Yahvé tendría el autor, habida cuenta lo muestra ávido de venganza y proclive a la revancha, como también es mezquino inferir que el dios pueda tener enemigos.

1,25 Magnífica metáfora, lugar común de unos y otros.

1,28 Isaías representa a Yahvé amenazando con la aniquilación, aun cuando en Jt.8,16 se dice que “no es Dios como un hombre que se mueve con amenazas” y en Sal.136(Vg135),1-26 que “eterna es su piedad” amén de que “reparte su misericordia sobre todas sus obras” (Sal.145[Vg144],9).

2,6 Dice el presunto profeta que Yahvé ha rechazado al pueblo de Israel, entre otras cosas, por “haber pactado con los extranjeros”; sin embargo, Yahvé no pareció rechazar los pactos entre los Macabeos y los romanos (1Mac.8,1-32) o entre éstos y los espartanos (1Mac.12,1-17), que sin duda efectuaron a fin de encontrar apoyos más fiables que los de su dios[4].

2,8 La iconolatría que Isaías desprecia es la misma que ha acompañado al judeo-mesianismo desde sus orígenes. Véase, por ejemplo, la devoción prestada al tabernáculo (Núm.4,15), a las filacterías (Núm.15,37-41), al arca de la alianza (1Sam.5,1-12) o a los antropomorfos ‘terafim’ (1Sam.19,13)[5]. Asimismo, no debe olvidarse el culto a las serpientes de bronce (Núm.21,8-9), que en Sab.16,6 se interpreta como “una señal de salud”[6] y hasta el apóstol Juan hace mención del hecho relacionándolo con el icono del judío en el madero (Jn.3,14). Ahora bien, cabe decir que Ezequiel abominó la serpiente de bronce que había hecho Moisés y que, en definitiva, para el profeta semejante figura representa el mal y las tentaciones que atribulan a todo humano (Gén.3,1-19).

2,9 Es probable que el mismo Isaías se incluyera en la apocalíptica sentencia “todo hombre será derribado, todo mortal humillado”, en la que no distingue ya entre justos y pecadores. Además dice de todos a Yahvé: “no los perdonarás”, aun cuando en Sab.11,27 se dice a Yahvé que “a todos perdonas” y en otro lugar que “tu poder soberano te autoriza para perdonar a todos” (Sab.12,16); pero también cabe recordar que es “la misericordia (…) del Señor para con toda carne” (Eclo.18,12)[7].

2,22 Isaías corona el apocalíptico pasaje con una sentencia misántropa. En fin, todo un ejemplo de fe.

3,10 Por lo expresado en 2,9 no parece que el justo obtenga más recompensa que el pecador.

5,1-7 Toda esta parábola no es más que una formal impiedad respecto al poder del dios, por cuanto acaso nada suceda que esté fuera de sus prerrogativas, acaso nada acontezca que contradiga sus previsiones y, en efecto, si existe la corrupción y el mal es para que sirvan a la santidad y al bien, como de hecho quedó expresado en Ecl.3,1-8/ Prov.16,4 y Eclo.39,30.

5,20-24 Todas estas amenazas parecen invalidar aquel pasaje que ampuloso reza “no es Dios como un hombre que se mueve con amenazas” (Jt.8,16).

5,25 Cegado por el lirismo y la pasión, Isaías pretende que el dios pueda encolerizarse. Pero que él la sufra y que a él le azote no significa que le ocurra lo mismo a todo ser, y aún más disparatado es pensar que le ocurre al dios. ¡Enloquecer para creer!

6,2 La mención de los Serafines que acompañan al Señor dan fe de que el pasaje es politeísta, aunque sea también insulso y acomplejado, pues dice que éstos poseían seis alas: “con dos se cubrían el rostro y con dos se cubrían los pies, y con las otras dos volaban”, todo ello compuesto con evidente remilgo, padeciendo la angustia que, a los mojigatos, provoca la luenga sombra de los dos primeros mandamientos[8].

6,8 La pregunta que formula el dios omnisciente es en todo punto retórica.

6,9-13 En este pasaje se da a entender que la corrupción moral del Israel fue provocada por Isaías poderoso, a las órdenes del más poderoso aún Yahvé. En tal caso no se entienden las deprecaciones y amenazas que el profeta propala en los Textos (1,1-16/ 1,6-8/ 1,22-24/ 3,8-26, etc), habida cuenta la muchedumbre es sólo un instrumento de Yahvé e Isaías grande y poderoso.

8,8 De ahí que el salvador definitivo no se llama Jesús, sino Emmanuel (‘dios está con nosotros’). Así pues, ¿por qué tanto empeño en llamarle Jesús?

8,13 Referido a Yahvé reza el texto “de Él habéis de temer, de Él tened miedo”, evidenciando que en las Escrituras, cuando se habla del ‘temor de Dios’, en efecto, se está más próximo a decir ‘miedo’ que ‘respeto’, ‘amor’ o similares. La posición del inquisidor al respecto es que no se debe temer del dios, así como es del todo necesario rendirle piedad.

8,22-23 No parecería sensato que de todo aquel que afirme ‘tras la tormenta viene la calma’ se dijera que es profeta. Fácil es acertar en semejantes términos, ya que ‘no hay mal que cien años dure’. Sin embargo, el profeta se contradice, porque Yahvé le ordenó que confundiera al pueblo de Israel de modo que “no sea curado de nuevo” (6,10).

9,7 Acaso Isaías erró en la previsión al decir que tal soberano de la teocracia vendría “para dilatar el imperio y para dar una paz ilimitada”, pues si la profecía se refería al mártir crucificado desde luego que no lo consiguió, a pesar de las feroces guerras desatadas para imponer el monoteísmo atroz. De hecho, tal vez la ansiada paz retorne cuando no existan hombres con pretensiones de imponer su culto al prójimo.

9,12 Iracundo, Isaías propala el infundio de que el dios pueda, como él, padecer la penosa tribulación de la ira. Tal vez el profeta, al hacer escrupuloso caso del mandato de su dios para con el pueblo, en efecto, se lo aplicó también a él mismo y acabó por “no (ver) con sus ojos, ni (oír) con sus oídos, ni (entender) con su corazón” (6,10)[9].

9,15 Isaías, modesto sin par ni parangón, seguro que debe incluirse entre los denostados cuando profiere que es “el profeta, doctor de mentiras”. No obstante, los bíblicos han hecho caso omiso a la sentencia: para ellos toda la Escritura es la mismísima palabra infalible del dios[10].

9,17 “Por eso el Señor no (…) tiene piedad de sus huérfanos y sus viudas”. De esta cláusula se desprende que lo dicho en 1,17 “haced justicia al huérfano, amparad a la viuda” sólo sirve en el caso de que éstos sean buenos creyentes en Yahvé[11].

10,5 Isaías dice que puede haber cólera y furor en el dios[12].

10,7 Yahvé reprocha al rey de Asiria que “su deseo era desarraigar, exterminar pueblos en gran número”, aun cuando en Núm.25,17 Yahvé ordena la destrucción del pueblo madianita[13] y aun cuando el propio Isaías, por cierto, habita la tierra que su pueblo invadió eliminando a los indígenas por mandato de su colérico dios: el terrible y caliginoso Yahvé[14].

11,1-2 La esperanza en que algún día nazca el líder de la nación no es en sí nada extraordinario. A decir verdad, lo peculiar del mesianismo judío es que surge de una organización teocrática muy fanatizada ―la cual llenó al pueblo de enormes fustraciones―, y por ello el profeta recurre al líder de la teocracia en términos también teocráticos y fanatizados.

11,6-8 Parece que semejante profecía no estaba dirigida al martiriócrata galileo, puesto que tras su muerte acaso vinieron mayores y peores guerras y mayores cotas de corrupción.

11,7 Al desaparecer los carnívoros, en efecto, cabría esperar una exagerada superpoblación de animales de todo tipo, todos rumiadores de paja y vegetación inagotables; hasta es de suponer que los carnívoros mutarían su organismo y dentadura con objeto de respetar la vida de todo ser, con lo cual dejarían de ser lo que son; y, en fin, nada dejaría de ser lo que es pero al tiempo todo cambiaría[15].

Lo dicho en Eclo.13,21 parece hecho ex profeso para este versículo, puesto que se pregunta “¿para qué unir el lobo con el cordero? Pues lo mismo es unir al impío con el justo”.

11,9 ¡Y vuelta a empezar!

11,13 “Y serán destruidos los enemigos de Judá”. Es decir, “habitará el lobo con el cordero (…), el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán juntos el becerro y el león” (11,6), pero no podrán convivir Judá y sus depredadores, aunque ambos pertenecen a la misma especie animal. Sonría o reflexione, según prefiera el distinguido lector.

11,14-16 Tanta petulancia y xenofobia no pueden conllevar ningún bien. Creer en semejantes bravatas es caer muy bajo, y pretender sostenerlas es participar del desprecio que el monoteísmo evoca hacia todo lo ajeno.

12,1 Isaías, arrogante sin cuento ni par, sugiere que Yahvé pueda irritarse con un mortal. ¡Poza de impiedades!

12,2 Buen uso del temor.

12,4 Se comete el pueril pecado de teonimolatría.

13,4 “Yahvé de los ejércitos revista al ejército que va a combatir”. El hecho de no tener un culto rico y complejo, sino pobre e insulso, lleva al profeta a trasvestir la imagen de su dios hasta extremos de esperpento.

13,5 “Viene de tierra lejana”, se dice de Yahvé, aun cuando en otros lugares se ha hecho creer que “eligió Yahvé a Sión, le plugo para morada suya” (Sal.132[Vg131],13), a fuer de que lo mejor sería decir que Yahvé mora en todo rincón del orbe (Sal.139[Vg138],7-12)[16].

13,9 Poseído por las más variadas pasiones, el profeta dice de su dios que es “cruel, con cólera y furor ardiente”, toda vez que se le dice que “tú siempre eres el mismo” (Sal.102[Vg101],28) o que es “el mismo desde la eternidad” (Eclo.42,21), con lo cual no sería válida aquella socorrida pero vil excusa de que, en efecto, a veces el dios puede comportarse de forma distinta a la cual es, o bien que es de un modo u otro según la circunstancia. Sea como fuere, también en este exquisito versículo se dice que Yavhé vendrá para “exterminar a los pecadores”, dejando sin validez tan altílocuas palabras que rezaban ufanosas que es “su misericordia sobre todas sus obras” (Sal.145[Vg144],9) o “a todos perdonas” (Sab.11,27), o que la misericordia del Señor es “para con toda carne” (Eclo.18,12)[17].

13,13 Se atribuye a Yahvé cólera e indignación.

14,2 “Cautivarán a los que los habían cautivado y dominarán a sus opresores”, aun cuando el mismo profeta dice que “serán destruidos los enemigos de Judá” (11,13)[18]. Por lo visto, aquí parece haberles encontrado un destino mejor que el anatema[19].

14,21 “Preparad un matadero para los hijos por la iniquidad de sus padres” dice el profeta, amante de la palabra de Yahvé (2,3), aun cuando en Dt.24,16 se dice que “no morirán los padres por culpa de los hijos, ni los hijos por culpa de los padres”[20].

14,22-23 Estos malignos deseos no parecen obedecer aquel antiguo precepto que dice orgulloso “no maltratarás al extranjero, ni le oprimirás” (Éx.22,20), y tampoco a lo que Yahvé prerrogó al pueblo de Israel: “amad también vosotros al extranjero” (Dt.10,19), así como parece obviar la amenaza que resuena: “maldito quien haga entuerto al extranjero” (Dt.27,19)[21].

14,30-31 El oráculo parece no haberse cumplido todavía. En fin, habrá que esperar un poco más. Sin duda los bíblicos de antojo y cerrojo deben ansiar que se cumpla, y lo cierto es que hacen todo lo posible por conseguirlo.

16,6 Parece que el profeta censura en los demás el orgullo, la arrogancia y la vana palabrería, aun cuando él mismo ha dado buena prueba de poseer tales atributos; por ejemplo, al pretender hablar en nombre de un dios (1,2/ 16,13) o al despreciar a toda nación fuera de Israel (11,14-16) e incluso a Israel mismo (3,8).

17,8 Tal vez se refiera a que cesarán de adorarse la ingente cantidad de obras de la imagenería bíblica, entre otras que los monoteísmos instigan.

17,14 El inquisidor creía que la suerte de los enemigos de Israel era la de caer cautivos de Israel, como el profeta humildemente vaticinó en 14,2.

19,17 La profecía está por llegar, no se impacienten, bíblicos de freno y heno[22].

24,20 “La tierra (…) caerá para no volver a levantarse”, acaso contradiga los vaticinios de esperanza esgrimidos por el propio profeta en 25,6-8 ó 35,1yss.

25,8 “Y destruirá la muerte para siempre”. Pues más vale que Yahvé elimine a su vez el nacimiento, porque de lo contrario no hallarán espacio suficiente en la tierra.

25,10 Parece evidente que el profeta sentía especial aversión hacia los moabitas, por bien que su odio y aviesas profecías se extendían a toda la tierra que no fuera Israel (13,17-22/ 14,25-27/ 14,29-32/ 17,9-11/ 17,12-14/ 19,1-16/ 23,12-14).

26,5 “Derribó la ciudad soberbia”. Pero bueno, ¿acaso existe ciudad más soberbia que aquella que dice ser habitáculo del creador y predilecta del Señor? ¿Es concebible ciudad más soberbia que la misma que dice ser la elegida por el Altísimo para comandar a todas las naciones de orbe? ¡Por Zeus, qué descaro!

26,14 “Los muertos no revivirán” es una sentencia que de ser cierta invalidaría las otras muchas que altivas claman de Yahvé: “a todos perdonas” (Sab.11,27), “su misericordia sobre todas sus obras” (Sal.145[Vg144],9) o que “es eterna su misericordia” (Eclo.51,17).

26,19 La sentencia que aquí se lee “revivirán tus muertos” parece contradecirse con la no muy apartada “los muertos no revivirán” (26,14) en la que entonces cabría apostillar ‘los muertos (de otro) no revivirán’, pero los de Israel, por protervos que fueren (3,8-12), resucitarán lozanos y rubicundos. Y luego dirán que Yahvé “no hace acepción de personas” (Dt.10,17), porque su “poder soberano (le) autoriza para perdonar a todos” (Sab.12,16); y es evidente que “todo lo ha hecho Yahvé para sus fines, aun al impío para el día malo” (Prov.16,4).

28,29 Acaso la sabiduría que infunde Yahvé sea en mayor término para realizar obras no materiales[23].

29,10 Dice Isaías al pueblo que “cierran vuestros ojos los profetas”, dando prueba una vez más de su profunda modestia[24].

29,13 El profeta apela a la irracionalidad del temor con tal de honrar a Yahvé según presume es debido.

29,14 No parece ser suficiente prodigio la propia vida y las miríficas leyes que la disponen y acendran, que Yahvé, con tal de atemorizar a la muchedumbre, precisa hacer prodigios tales como resecar la sabiduría de los sabios y cercenar la sagacidad de los prudentes, todo ello fruto de la benevolencia del dios de Israel.

29,16 El símil da a entender que los seres vivos han sido creados a partir de un elemento preexistente, sobre el cual se ha modelado el compuesto, y no a partir de la nada, como arguyen ciertos exegetas según lo expresado en 2Mac.7,28.

30,6 Quizá el ‘dragón volador’ al cual se refiere el pasaje sea el propio Yahvé, a tenor de la descripción que de él se hace en Sal.18(Vg17),9-11.

30,22 Según el profeta, ese es el destino que aguarda a todos los idólatras bíblicos. ¡Innúmera saga sin cuento ni parangón![25]

30,27 Descripción fáunica de Yahvé, similar a la ya enmendada que aparece en Sal.18(Vg17),9-11[26]. Además, el profeta dice de Yahvé que “arde su cólera” a pesar de que “la cólera furiosa lleva a la ruina” (Eclo.1,28) y de que, en efecto, “el rencor y la cólera son detestables” (Eclo.27,33).

30,33 Según Isaías, va a ser el dios de Israel quien mantenga vivas las llamas del averno; acaso tal labor pareciese más pertinente a Satanás[27].

31,2 La sentencia “Él (Yahvé) es diestro en traer males” parece oponerse a Eclo.15,11-12[28]. Asimismo, si Yahvé “no retira su palabra”, no es cierto que haya una ley antigua y otra nueva. Otrosí, se dice que Yahvé “se levantará contra la casa de los malvados”, con lo cual el dios de Sión deberá alzarse contra la suya propia, puesto que “Él es diestro en traer males”, y ¿qué es eso sino ser malvado?

31,3 El profeta asevera que los “caballos son carne, no son espíritu”, que es como decir que los animales carecen de alma, por cierto, según las Escrituras, al igual que ocurre con el humano, puesto que éste “no es más que carne” (Gén.6,3).

32,3-4 Este pasaje es contradictorio con el aparecido en 6,9-10, por cuanto en ese anterior texto se concluye “y no sea curado de nuevo”[29].

33,3 Con igual vehemencia se afirma de Yahvé “cuando te alzas tú, las naciones se dispersan”, como que “será ensalzado sobre los collados, y se apresurarán a él todas las gentes, y vendrán muchedumbres de pueblos” (2,2-3).

33,14 “¿Quién habitará en los eternos ardores?” pregunta el profeta, aunque según las propias Escrituras la respuesta sea ‘nadie’, porque “eterna es su piedad” (Sal.136[Vg135],1-26) “para con todas sus obras” (Sal.145[Vg144],9).

34,2 Infiere el profeta que Yahvé puede irritarse, a pesar de que “al insensato le mata el enojo, y al necio la cólera” (Job 5,2). Del mismo modo afirma que puede haber “un año de desquite para la causa de Sión”, aun cuando “el rencor y la cólera son detestables” (Eclo.27,33).

34,15 Se utiliza la figura de la serpiente como símbolo de la maldad[30].

35,4 Ejemplar uso del temor y nefasta utilización de la venganza, pues el ajusticiamiento es suficiente para toda recitificación.

37,16 El dios de Israel se identifica como el único existente, por más que no sea una sola divinidad, puesto que el profeta infiere que se sienta “entre los querubines”[31].

37,17 Se le dice a Yahvé “inclina tus oídos”, aun cuando es el mortal quien debe ensalzar su espíritu hacia la divinidad[32]. Asimismo, el modesto profeta exige a su dios que abra los ojos, de lo cual se deduce que Yahvé, siempre según Isaías, tenía los ojos cerrados por lo menos antes del imperativo. Acaso tales peticiones sean ejemplo de impiedad[33].

37,20 Este versículo es prueba del repelente teonacionalismo expansionista que macula los Textos bíblicos.

37,36 El escolio de los doctores Nácar-Colunga (1968)señala que la acción del ángel de Yahvé fue inocular la peste en los cuerpos de los asirios. De hecho, es más plausible esta exégesis que imaginar a un ángel antropomorfo y con voluntad propia, lo cual obligaría a incluirlo en el panteón de divinidades yahvistas.

38,5 Resulta insólita esta rectificación de Yahvé, quien le prerroga a Ezequías quince años más de vida tras los sollozos que éste le dirige. Acaso Ezequías no fue lo suficientemente piadoso y se le dio otra oportunidad, aun cuando los mandatos del dios son eternos (Eclo.1,5). De todas formas, parece conveniente ver la enmienda a 39,8.

En el mismo sentido, es Hera quien advierte a Zeus: “¿A un hombre mortal y desde hace tiempo abocado a su sino pretendes sustraer de la entristecedora muerte? Hazlo, mas no te lo aprobamos todos los demás dioses” (Ilíada XVI 441-443). Evidentemente Zeus no cometió semejante acepción y aprobó el consejo de su mujer, porque tal y como dijo Hermes “vituperable sería que un dios inmortal favorezca tan abiertamente a los mortales” (IlíadaXXIV 463-464).

38,18-19 Este pasaje prueba el triste concepto de ultratumba que tenían configurado los israelitas. No es de extrañar, entonces, que de ese lamentable concepto de ‘seol’ se derivara la doctrina del ‘paraíso en la tierra’, con seres antropomorfos y con un ambiente lozano de animales y vegetación: tal era el horror que inspiraba el más allá en aquellas vetustas mentes[34], el mismo horror que padecen quienes todavía creen en tamaño embeleco.

39,2 Ezequías gusta de mostrar su oro y su plata, aun cuando el buen creyente no quiere “ni pobreza, ni riquezas” (Prov.30,8) “y el que ama los tesoros no saca de ellos provecho alguno; también esto es vanidad” (Ecl.5,9), porque el mismo Yahvé ordena que “no se gloríe el rico de su riqueza” (Jer.9,22ó23)[35].

39,8 Este versículo evidencia egoísmo en Ezequías, y el pasaje todo, en efecto, denota cierto empeño de Isaías por dejar en mal lugar a Ezequías, quien por cierto era su superior político[36].

40,2 Dice el profeta que, respecto a Israel, “está pagada su culpa, (…) el doble por todos sus pecados”, por más que en Sal.103(Vg102),10 se afirme que Yahvé “no nos trata a la medida de nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras iniquidades”.

De hecho, pagar el doble de lo merecido no sería necesario en ningún caso, y en caso de efectuarse por necesidad, en efecto, tal pago sería el justo y nunca el doble de lo preciso, porque lo justo ni resta ni excede en nada de lo adecuado[37].

40,8 “Sécase la hierba, marchítase la flor, pero la paralabra de nuestro Dios permanece para siempre”, de modo que se abunda en la eternidad de la palabra del dios de Israel, con lo cual ésta debería soportar el paso de todo tiempo y circunstancia. Sin embargo, no sucede así para quienes establecen, cual sierpes de lengua bífeda, una ley Antigua y otra ley Nueva, que prescinde de la obediencia a muchas de las leyes del Antiguo Contrato.

40,9 La petición del profeta “sube a un alto monte” resultaría difícil de efectuar si llegare a completarse su anterior exigencia: “que (…) se rebajen todos los montes y collados; que se allanen las cuestas y se nivelen los declives” (40,4)[38].

40,18 Inquiere desafiante el profeta: “¿qué imagen hallaréis que se le asemeje?”, aun cuando no es preciso elaborar imagen alguna, puesto que creó al hombre “a imagen suya, a imagen del dios lo creó, y los creó macho y hembra” (Gén.1,26-27), así que “cuando creó Dios al hombre, le hizo a imagen suya” (Gén.5,1), porque “ha sido hecho a imagen de Dios” (Gén.9,6) y “le hizo según su propia imagen” (Eclo.17,3)[39].

40,19 Quizá el texto se refiera a la obra de las miríadas de imagineros bíblicos. ¡Entre Zeus y Hefesto les dén reposo!

40,28 Se dice de Yahvé que “no se fatiga ni se cansa”, que bien entendido sería como decir que “es eterna su piedad” (Sal.118[Vg117],1-4)[40].

41,8 Más hedores de teonacionalismo, aun cuando por otro lado se dice con orgullo “que no hace acepción” (Dt.10,17).

41,10 Correcto empleo del temor, pues Yahvé le dice a su siervo “no temas”[41].

41,11-12 Dice Yavhé que los opositores de Israel “serán reducidos a nada, aniquilados”, aun cuando las Escrituras se jactan de que “es eterna su misericordia” (Eclo.51,17), la cual se ejerce “para con toda carne” (Eclo18,12).

41,19-20 Aquí se evidencia con cuanta irracionalidad pretenden convencer a la muchedumbre los bíblicos de todo tiempo y jaez[42]. Sin embargo, no todos caen en el sombrío peñasco, porque el intelecto ilumina las sienes de los biencriados.

41,24 “Abominable es quien os elige”, desprecia Yahvé, a pesar de que en Sab.11,25 se le dice a Yahvé que “amas todo cuanto existe y nada aborreces de cuanto has hecho”; y hete aquí el por qué: “pues si tú hubieras odiado alguna cosa, no la habrías formado”. De hecho, esto último parece evidente para cualquier salubre discurrir, pero no para quienes presumen imprevisión en el todopoderoso creador.

42,1-6 Todo el pasaje ―que debe recordarse pertenece al llamado Deutero-Isaías (40-55)―, podría parecer una alusión al mesías galileo, pero tal vez invalide semejante pretensión la frase “hasta que establezca el derecho en la tierra” (42,4). En fin, acaso la llegada del martiriócrata sólo hizo que empeorar las cosas.

42,13-14 Aquí el concepto de Yahvé es tan bajuno, por cierto, que no alcanza la nobleza de cualquier héroe homérico. El dios supremo de los paganos jamás se rebajaría a enfrentarse con mortales. Asimismo, el símil de Yahvé con una mujer pariendo, bañada en gemidos y jadeos, en fin, es inconcebible para cualquier creyente de bien.

42,17 Quizá se refiera a las ingentes obras de la imagenería bíblica y a todos los papatostes que les rinden vehemente culto.

42,19-20 El desconcertante versículo acaso represente una profecía antimesiánica, pues ¿por qué habría de haber otro siervo de Yahvé aparte del aparecido en 42,1-6?[43] En definitiva, parece ser que, en ambos casos, el ‘siervo de Yahvé’ es un aforismo relativo al pueblo de Israel, por cuanto el mesías sería en realidad la nación en su conjunto[44].

42,25 La atribución de una pasión, en este caso la ira, a la naturaleza de un dios, en efecto, representa una forma de impiedad, y pretender justificarla es participar de ella, como sólo hacen impíos de antojo y cerrojo.

43,1 Buen empleo del temor, por cierto, concepto que manipulan las sinuosas sierpes de lengua bífeda[45].

43,3 Otro vapor más del tufo que desprende el infame y vergonzoso teonacionalismo expansionista, lacra impenitente que azota el orbe.

43,11-12 La sentencia “yo, yo soy Yahvé, y fuera de mí no hay salvador” parece ser una declamación antimesiánica, de la cual se deduce que, de entre las diferentes corrientes del judaísmo ―cabe recordar que estos fragmentos pertenecen al Deutero-Isaías― habrían ciertas facciones contrarias al dogma del mesías salvador, y, en todo caso, tal siervo de Yahvé lo sería la nación de Israel en su conjunto[46].

43,14 Esta mención al cautiverio de Babilonia, entre otros motivos, confirma la tesis que sitúa el fragmento (40-55) en una época posterior a la de Isaías[47].

43,18-19 Esta conminación a olvidar el pasado parece propia de la esgrimida por los galileos, que postulaban una ley antigua y otra ley nueva. Acaso el texto pertenezca al primer siglo d.C. y fuera compuesto por una secta nacionalista (43,21) que negara el mesianismo del galileo, en lo que de hecho sería un ‘pre-arrianismo’[48].

43,23 El reproche que Yahvé dirige a su pueblo “no me ofreciste ovejas en holocausto” disiente profundamente de las amargas deprecaciones aparecidas en 1,11: “¿A mí qué, dice Yahvé, toda la muchedumbre de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros (…). No quiero sangre de toros, ni de ovejas”.

43,25 Dice Yahvé a Israel “borro tus pecados y no me acuerdo más de tus rebeldías”, que es tanto como decir que Yahvé está dispuesto a negligir, a prevaricar, o, en todo caso, a realizar acepción de naciones[49].

44,8 Yahvé repite a su pueblo que no tema[50].

44,9-20 Son buenas reprimendas a la muchedumbre que adora las obras de la insaciable imagenería bíblica.

44,28 También esta mención a Ciro, el gran rey persa de Babilonia la nueva, obliga a fechar el texto tiempo después de Isaías[51].

45,1 Según este versículo, incluso el rey Ciro llegó a ser un cristo, como después para algunos lo sería el hijo ilegítimo de María.

45,7 Yahvé dice de sí mismo “el que da la paz y crea la desdicha. Yo soy, Yahvé, quien hace todo eso”[52].

45,14 Tras estas infamantes palabras se esconde la pretensión de acabar con toda cultura salvo la judía. ¡Canten la palinodia que tanto se les demora!

45,19 Dice Yahvé “no he hablado yo en secreto”, en referencia a los oráculos paganos, los cuales debían ser interpretados por los exegetas. Sin embargo, son muchos los esfuerzos escatimados en interpretar los tenebrosos pasajes de la Escritura[53].

45,21 Yahvé prerroga “consultaos unos a otros «¿Quién ha hecho oír esto desde antiguo»?”, aunque en 43,18-19 dice “no os acordéis de las cosas anteriores ni prestéis atención a las cosas antiguas, pues he aquí que voy a hacer una obra nueva”[54].

46,4 Acaso resulta demasiado atrevida la metáfora que a un dios se pone en boca: “yo mismo hasta la vejez y hasta la canicie os portaré”.

46,7 ¿A quién mejor podría ir dirigida la deprecación sino a los beatucos bíblicos que adoran imágenes sin cuento? Su número es incontable.

50,2 Dice Yahvé: “he aquí que con mi amenaza…” aun cuando en Jt.8,16 se dice que “no es Dios como un hombre que se mueve con amenazas”.

51,2 Yahvé parece no decir toda la verdad cuando afirma en referencia a Abraham que “sólo a él le llamé yo, le bendije y le multipliqué”, puesto que en Gén.25,11 bendice a Isaac y en 1Sam.9,16 a Saúl, entre otras unciones[55].

51,6 Dice Yahvé con respecto al día del juicio final que “mi salvación durará por la eternidad, y mi justicia no tendrá fin”, aun cuando también se dice del dios de Israel que “tú siempre eres el mismo” (Sal.102[Vg101],28), o que “es uno y el mismo desde la eternidad” (Eclo.42,21)[56]. Si esto último fuera cierto, ¿por qué su comportamiento antes del juicio iba a ser distinto al de después del juicio?

51,9-10 Estas rememoraciones del pasado parece que fueron desaconsejadas por Yahvé en 43,18-19[57].

51,20 Yahvé se contamina de ira o furor.

52,1 El apóstata e incircunciso inquisidor, en efecto, siente gran alivio al leer los tres últimos hemistiquios del versículo.

52,14-15 El avisado lector debería conocer que todo este fragmento (40-55) pertenece al denominado Deutero-Isaías, y que según el caduciforme inquisidor, como ya señaló en la enmienda a 43,11-12, podría ser todo él una interpolación compuesta en el primer siglo d.C.

53,1-12 Todo parece indicar que se trata de una interpolación, añadida por algún taimado copista, y perteneciente al primer o segundo siglo d.C. De no ser así, en efecto, el pasaje podría ser eminentemente profético, como ocurre con Sal.22(Vg21),17[58]. No obstante, las profecías y las adivinanzas no son relevantes en los cultos más nobles, pues en éstos la miríada de profecías son los propios razonamientos, que apuntan y disciernen lo que siempre es. Por el contrario, lo sujeto a temporalidad ―como una profecía relativa a un acontecimiento físico―, tanto deviene como de repente se va, y una fe que se fía de profecías se fía de cadáveres y de sombras.

54,2-3 Aquí se conmina al pueblo de Israel a engordar su imperio subyugando a todas las demás naciones del orbe. En efecto, es una muestra más del hediondo pecado de teonacionalismo expansionista.

54,8 Yahvé reconoce haber padecido cólera, aun cuando “la ira es pecado de necios” (Ecl.7,9) y a pesar de que se dice en Sal.102(Vg101),28 que Yahvé siempre es el mismo.

54,9 Dice Yahvé a Israel: “juro yo no enojarme contra ti ni amenazarte”. ¿Cumplirá el voto?

54,14 Buen empleo del temor.

56,3 En efecto, que diga el extranjero allegado a Yahvé “ciertamente me va a excluir Yahvé de su pueblo” en el caso de ser incircunciso, puesto que según el dios de Israel “no volverá a entrar en ti (en Jerusalén) incircunciso” (52,1).

56,7 Parece un cambio de criterio “sus holocaustos y sus sacrificios serán gratos en mi altar” respecto a lo expresado por el propio Yahvé en 1,11 “harto estoy de holocaustos”[59].

58,1 El profeta ordena a su dios “echa en cara a mi pueblo sus iniquidades, y a la casa de Jacob sus pecados”, a pesar de que en 43,25 el mismo Yahvé asevera a su pueblo que “borro tus pecados y no me acuerdo más de tus rebeldías”, y más arriba, en Sal.103(Vg102),10, el salmista dice orgulloso de Yahvé que “no nos trata a la medida de nuestros pecados” ―en 40,2 se dice que Israel “ha recibido de manos de Yahvé el doble por todos sus pecados”“ni nos paga conforme a nuestras iniquidades”.

58,5yss. Aquí se evidencia un recta y excelente comprensión de lo que significa el descanso del sábado[60].

58,13 En este versículo se explicita qué no debe hacerse en el santo día sábado.

59,9-11 Hermosa metáfora que recuerda, vagamente, al símil de la caverna compuesto por Platón en Constitución 514a-517b.

59,18-19 El profeta dice que Yahvé padece la pasión de la ira, aunque “la ira es propia de necios” (Eclo.7,9), y el mal uso del temor evidencia impiedad y desprecio al foráneo de Israel.

60,12 Se identifica a los prescitos como aquellos que no sirvan a Israel, aun cuando “eterna es su piedad” (Sal.136[Vg135],1-26) y redunda en y se reparte “para con toda carne” (Eclo.18,12).

60,14 El ánimo de revancha es aquí tan palmario como despreciable.

60,20 Metáfora que recuerda al sol que jamás se pone de Heráclito de Éfeso[61].

61,1 En un arrebato de profunda modestia, el profeta se considera un ungido de su dios Yahvé. En estos mismos términos se descubrió ungido el galileo martiriócrata, como explica el fabulista Lucas en su evangélio homónimo (Lc.4,17-19).

61,2 Que Yahvé pueda padecer “un día de venganza” y que, por el contrario, no sea capaz de conducir la eternidad con justicia, en efecto, indica que se trata de un dios gentilicio, propio de Israel solamente y de nadie más, porque el dios por cierto “es uno y el mismo desde la eternidad” (Eclo.42,21).

63,1-6 La escena es tremebunda en todos los sentidos. En efecto, que Yahvé monte en cólera porque no encuentra quien le apoye y por ello extermine furioso todo hálito de vida, en fin, sólo es capaz de concebirlo una mente enferma por el fanatismo más atroz. ¡Sálvese quien pueda!

63,9 Aquí se identifica al ángel como un mensajero de Yahvé, cual Hermes pagano, evidenciando matices politeístas en el cencerril culto que berrean las Escrituras.

64,1ó19-4ó3 Es completamente irracional pretender que la muchedumbre crea en Yahvé mediante la contemplación o recuerdo de prodigios naturales. Ahora bien, ¿no es prodigio la vida misma y las cíclicas leyes que la ordenan y la sostienen?

64,5ó4 Absurdo es que Yahvé se irrite por ver pecar a su pueblo[62]. En efecto, o siempre está irritado o jamás podría estarlo, porque Yahvé “es uno y el mismo desde la eternidad” (Eclo.42,21).

65,2 Aquí se certifica que para seguir a Yahvé es preciso dejar de pensar por uno mismo.

65,3 Yahvé es un dios susceptible a la ira, acaso también sea un dios gentilicio.

65,6-7 Uno podría pensar, al contrario de cómo Yahvé aquí expone, que debería creérsele cuando dijo aquello de “borro tus pecados y no me acuerdo más de tus rebeldías” (43,25)[63].

65,20 Prerroga Yahvé que tras el juicio final “el más joven morirá a los cien años”, de lo cual se deduce que aún existirá la muerte de implacable designio; sin embargo, en 25,8 se dijo que tras el juicio Yahvé “destruirá la muerte para siempre”.

65,25 Ver enmienda a 11,7.

66,1 El versículo da a entender que Yahvé mora por doquier y que, por ende, no precisa ninguna edificación material; sin embargo, ello contradice la morbosidad del teolocalismo, por cierto, muy abundante en las Escrituras (Sal.68[Vg67],16-17/ Sal.74[Vg73],7-8/ Sal.87[Vg86],3/ Sal.122[Vg121],9/ Sal.132[Vg131],13-14/ Sal.135[Vg134],21/ Sal.138[Vg137],2/ Jon.1,3 ó Joe.2,27).

66,15 Se dice de Yahvé que tornará “sus amenazas en llamas de fuego”, a pesar de que también se dijo que “no es Dios como un hombre que se mueve con amenazas” (Jt.8,16) y a pesar de que Yahvé proclamó “juro yo no enojarme contra ti ni amenazarte” (54,9)[64].

66,24 Es decir, que los insurgentes de los mandatos prerrogados por Yahvé serán exterminados para siempre, aun cuando “eterna es su piedad” (Sal.136[Vg135],1-26) y es “para con toda carne” (Eclo.18,12). ¿Cuánta demencia cabe padecer para tomar por ley lo que en realidad es fabulación, mentira y perversión?

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]     Véase enmienda precedente y enmienda a 139(Vg138),7-12.

[2]     Ver contraste con el símil aparecido en Joe.1,7 y véase 1,19.

[3]     Véase enmienda correlativa.

[4]     Ver enmienda a 1Mac.12,11-12.

[5]     Oportuno es recordar lo escrito por un noble varón, el cual advirtió que “no existen, en cambio, altares de la locura y de la desvergüenza… También tienen todos los hombres altares de la Justicia, el Buen Orden y del Respeto, los más bellos y santos levantados en el interior del alma y de la naturaleza de cada uno, otros erigidos en público para que todos les rindan honores” (Anónimo Sobre las Leyes 34-35).

[6]     Tal vez el símbolo fuera el mismo que el utilizado para representar al dios Asclepio.

[7]     Asimismo véase Eclo.18,20 ó Eclo.51,17.

[8]     Véase Ez.1,11.

[9]     Ver 9,17 último hemistiquio ó 10,4 último hemistiquio.

[10]    Véase 29,10.

[11]    Véase 10,2 último hemistiquio.

[12]    Ver 10,25.

[13]    Véase Núm.31,7-10 y Núm.31,15-18.

[14]    Al respecto ver Dt.2,34-35/ Dt.12,2/ Dt.20,13-15 ó Jue.18,27-29.

[15]    Véase 65,25.

[16]    Véase también, como de paso, 5,7.

[17]    No está demás echar un vistazo a la enmienda a 2,9 y 13,15-16.

[18]    Ver enmienda correspondiente.

[19]    Ver 16,14.

[20]    Al respecto véase Jer.31,30/ Lam.5,7/ Ez.18,20/ Bar.3,8.

[21]    Véase 14,25-26 y aplíquese la presente enmienda.

[22]    Ver 19,22-25.

[23]    Véase enmienda a Eclo.4,29.

[24]    Ver 9,15 y enmienda.

[25]    Véase 31,7.

[26]    Ver 30,6 y enmienda.

[27]    Ver 31,9 segundo hemistiquio.

[28]    Véase Job 2,10.

[29]    Ver 29,14 y enmienda correlativa.

[30]    Como ocurre en Jer.8,17.

[31]    Véase enmienda a Eclo.42,17.

[32]    En el mismo sentido véase Sal.86(Vg85),1/ Sal.102(Vg101),3/ Prov.22,17 ó Eclo.6,34.

[33]    Ver Bar.2,16.

[34]    Ver 11,7 y enmienda.

[35]    Véase Jenofonte República de los Lacedemonios 14,3. Además, es Píndaro quien dice: “¡Oh desgraciado ser efímero, pueriles cosas dices cuando ante mí te jactas de riqueza” (BCG frag.157), porque “hijo de Zeus es el oro: no lo devora ni polilla ni gusano, mas él, suprema posesión, devora el corazón de los mortales” (BCG frag.222).

[36]    Ver 38,3-5 y enmienda a Am.10,17.

[37]    Ver Jer.16,18.

[38]    Enmienda válida tanto en el sentido literal como en el sentido metafórico.

[39]    Véase también 40,25.

[40]    Ver enmienda a 1,5.

[41]    Ver 41,13-14.

[42]    En efecto, “las personas incultas pueden ser fácilmente y por cualquier medio seducidas en la orientación de sus vidas” (de Critias referido por Filóstrato Vida de los Sofistas I 16).

[43]    Véase enmienda correlativa.

[44]    A tal efecto véase 41,8/ 44,1 y 44,21.

[45]    Ver 43,5 y 44,2.

[46]    Con relación a ello ver 42,19-20/ 43,21/ 44,1 ó bien 44,21.

[47]    Véase 42,1-6 y 47,1.

[48]    Ver 46,5.

[49]    Ver Sal.103(Vg102),10 ó Sab.11,24 y enmiendas, así como 44,22.

[50]    Véase 43,1/ 43,5 y 44,2.

[51]    Ver 43,14/ 45,1 y 47,1.

[52]    Sin embargo, en Job 5,7 se dice que “es el hombre quien engendra la desventura”; en Eclo.15,11-12: “no digas: ‘mi pecado viene de Dios’, que no hace Él lo que detesta. No digas que Él te empujó al pecado, pues no necesita de gente mala”.

[53]    Ver enmienda a 43,18-19.

[54]    Véase enmienda correlativa. Sea como fuere, parece que el escriba desatendió que “lo ya sucedido, nunca dejará de ser ya” (Simónides BCG frag.68).

[55]    Al respecto véase enmienda a Sal.2,2. Con todo, léase también la hipótesis presentada en la enmienda a 43,18-19, puesto que parece también afectar al presente pasaje.

[56]    Véanse enmiendas correlativas y, como de paso, también 51,8.

[57]    Ver 65,17-18.

[58]    Ver enmienda correspondiente.

[59]    Ver 60,7/ 66,3 y Jer.17,26.

[60]    Véase Jer.17,21-22 y enmienda relativa.

[61]    Ver Platón Crátilo 413b-c ó Clemente de Alejandría Pedagogo II 99,5.

[62]    “Dicen, por otra parte, a propósito de los hombres más perversos, a quienes se da el nombre de abominables, que sus desgracias los hacen prudentes” (Anónimo Sobre las leyes 93).

[63]    Ver enmienda a 58,1.

[64]    En fin, véase 12,17/ 15,3-4/ Jer.19,11-13 ó Jer.19,15.