La creación no ha terminado...

Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: JEREMÍAS Y SUS LAMENTACIONES

JEREMÍAS

De las amenazas del marginal profeta, fustrado teócrata de Israel, y del cautiverio en Babilonia como castigo benévolo de Yahvé

1,5 Yahvé proclama a Jeremías “antes de que te formara en el vientre te conocí”, en lo que parece ser una alusión a la preexistencia del alma.

2,3 Parecería justo que un dios misericordioso atendiera con mayor dilección no a “la primicia de sus frutos” que se dice es Israel, sino a los desgraciados y a los desfavorecidos.

2,19 En los dos primeros hemistiquios se interpreta con corrección la naturaleza del mal, de manera que éste en sí mismo ya es un castigo[1].

2,27 Censura muy válida para los iconólatras de la incesante producción de imagenería bíblica.

3,12 Dice Yahvé “no es eterna mi cólera”, aunque diría ‘no existe cólera en mí’ si del cierto fuera el auténtico dios.

3,22-25 La expresión “Yahvé, nuestro dios” indica que esta divinidad era patronímica de Israel, pues el auténtico dios, por ser esférico, posee a todos por igual.

4,2 Yahvé conmina a sus fieles a jurar por su vida, de manera que se corrobora la exégesis presentada por el inquisidor respecto al tercer mandamiento[2].

4,4 A diferencia de lo expresado por Yahvé en 3,12 “no es eterna mi cólera”, en los tres últimos hemistiquios del presente versículo se apunta otra posibilidad, más temible, con la amenaza “no sea que salga como fuego mi ira y se encienda, sin que haya quien lo apague”, y se dice, sin rubor ni pudor, por más que “la ira es propia de necios” (Ecl.7,9)[3].

Adviértase que en Jt.8,16 se infiere con orgullo que “no es Dios como un hombre que se mueve con amenazas”.

4,26 Se profiere con toda vehemencia “ante el furor de su cólera (de Yahvé)”, a pesar de que “el rencor y la cólera son detestables” (Eclo.27,33)[4].

5,3 Aparece la proverbial expresión “tienes la cara más dura que una piedra”, por cierto, muy apropiada a bíblicos que no aceptan corrección alguna y se defienden con trapazas y artificios.

5,9 Pregunta Yahvé en relación a los pecados de su pueblo infiel “¿no habré yo de tomar venganza?”, a lo que el auténtico dios respondería ‘en absoluto, la justicia es suficiente y la venganza, lamentable desahogo de mortales’[5].

5,12 El pecado en sí mismo es mayor mal que la guerra o el hambre[6].

5,26-27 De semejante forma define Platón a los sofistas (Sofista 223b); de ahí que Jeremías llamaba ‘falsos profetas’(5,30-31)[7] a los que el ateniense llama ‘sofistas’, y ‘profetas’ a los que el helenio ancho de espaldas llama ‘filósofos’. En efecto, estos últimos hablan palabra eterna mediante la colaboración del intelecto, don de los ínclitos dioses[8].

7,16 Aunque se dice que Yahvé es siempre el mismo (Sal.102[Vg101],28), lo cierto es que no actúa de igual manera que en el caso similar acontecido en Éx.32,10-11, donde Yahvé sí cambió de parecer a petición de Moisés[9].

7,19 Es correcto esgrimir que al dios no se le puede ofender, aunque de ningún modo es incorrecto hacer libaciones a Istar, la Afrodita de los nobles semitas.

7,22 Dice Yahvé que “cuando yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue de holocaustos y sacrificios de lo que les hablé y ordené”, por más que múltiples pasajes evidencian que desde luego prerrogó holocaustos y sacrificios de toda índole y con todo detalle (Gén.15,10/ Éx.13,11-16/ Éx.29,38-42/ Éx.32,27-30/ Lev.1,1-7y38 y Núm.28,3-8)[10].

8,17 La serpiente es empleada, una vez más (Is.34,15), como símbolo maligno.

9,22ó23 Advierte Yahvé “que no se gloríe el sabio de su sabiduría”, aunque en Eclo.20,32-33 se dice que es “mejor hombre el que esconde su necedad que el que oculta su sabiduría”, y en Eclo.4,28 se recomienda “no ocultes tu sabiduría”.

10,4-5 El profeta quizá se refiera a la ingente producción de la imagenería bíblica y su folclore.

10,14-15 Tan bajuno concepto del arte escultórico, en efecto, denota el grave retraso intelectual de los cervigudos bíblicos.

10,23 La sentencia, que representa al humano incapaz de tomar decisiones por su propia voluntad, a fuer de contradecir la doctrina del ‘libre albedrío’ (Gén.3,5y22 ó Eclo.15,14) es profundamente gregaria y pusilánime.

10,24 Tamaña duda “corríjeme, Yahvé, pero conforme a juicio, no con ira” es profundamente impía, pues el auténtico dios corrige siempre conforme a juicio, por cuanto es “siempre el mismo” (Sal.102[Vg101],28).

10,25 Es de malvados desear el mal ajeno, así como es cierto que “el rencor y la cólera son detestables” (Eclo.27,33)[11].

11,8 El pasaje sugiere improvisación en la actividad de Yahvé, lo cual evidencia que no es un auténtico dios.

13,14 Yahvé amenaza de manera que “no tendré compasión, ni clemencia, ni misericordia para destruirlos”, a pesar de que en otro lugar, la Escritura exclama con toda pompa que “es eterna su piedad” (Sal.118[Vg117],1) y que se derrama “su misericordia sobre todas sus obras” (Sal.145[144],9). También entonces dijo vanamente “juro yo no enojarme contra ti ni amenazarte” (Is.54,9).

14,10 Se dice que Yahvé “se acordará de sus maldades y les pedirá cuenta de sus pecados”, por más que se dijo que “cuan lejos está el oriente del occidente, tanto aleja de nosotros nuestras culpas” (Sal.103[Vg102],12), o que “no nos trata a la medida de nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras iniquidades” (Sal.103[Vg102],10), sin olvidar que “disimulas los pecados de los hombres” (Sab.11,24).

15,6 Yahvé profiere “estoy cansado de sentir compasión”, aunque también se dice que “no (…) se rinde” o que “no se fatiga ni se cansa” (Is.40,28) y que “es eterna su piedad” (Sal.118[Vg117],1)[12].

15,11 Sin embargo, las deprecaciones expresadas en 10,25[13] no parecen ser precisamente buenos deseos.

16,18 Yahvé amenaza con amargura a su pueblo, de forma que profiere “les pagaré al doble sus iniquidades y pecados”, a pesar de haber dicho a Israel “por amor de mí borro tus pecados” (Is.43,25), y a pesar de la jactancia del hagiógrafo respecto a que Yahvé “no nos trata a la medida de nuestros pecados ni nos para conforme a nuestras iniquidades” (Sal.103[Vg102],10)[14].

16,20 Cierto es que “si es el hombre el que se hace los dioses, entonces no son dioses”, también en el caso de Yahvé, creado por y para Israel.

En efecto, ¡cuan difieren los cultos dictados por hombres a los cultivados a través de larga tradición!

16,21 “Y sabrán que mi nombre es Yahvé” es una sentencia que afecta teonimolatría y evidencia la inexistencia del dios patronímico de Israel[15].

Qué diferencia con el noble discurrir de los paganos. Por ejemplo, hay que recordar a Heráclito, cuando advierte que “Uno, lo único sabio, quiere y no quiere ser llamado con el nombre de Zeus”[16], dando a entender que al dios no se le puede nominar con el habla humana, y desaconsejando entonces la adoración al presunto nombre del dios.

17,4 Dice Yahvé “el fuego de mi ira, que arderá por siempre”, por más que, en otro lado, el hagiógrafo asegura que “un instante dura su cólera” (Sal.30[Vg29],6), que “no (…) guarda rencor eternamente” (Sal.103[Vg102],8-9), o que “la ira es propia de necios” (Ecl.7,9). Con todo, no sería noble esgrimir que hay una cólera divina que es justificable, y antes debería leerse aquello de “no tengas más que una palabra” (Eclo.5,12) y recordar que los “de lengua doble (…) han sido la perdición de muchos que vivían en paz” (Eclo.28,15).

17,5 Yahvé dice “maldito el hombre que en el hombre pone su confianza”, de modo que parece ser una sentencia sectaria además de misántropa[17].

17,16 El bueno de Jeremías, cándido se refiere a Yahvé “yo no he ido tras de ti a incitarte al mal, ni he deseado el día de la calamidad”, a pesar de haber proferido “véngame de mis perseguidores. No contengas tu ira” (15,15), “consúmelos” (15,16) y “derrama tu furor sobre las gentes que te desconocen y sobre los pueblos que no invocan tu nombre” (10,25). ¿Qué le parece el angelito? ¿A qué le echa morro? Pero el despropósito alcanza su pináculo cuando un poco más abajo clama a Yahvé “haz venir sobre ellos el día de la desgracia, quebrántalos con doble quebranto” (17,18)[18]. Por supuesto, los bíblicos de antojo y cerrojo, pétrea testuz y de cal y canto, en efecto, saldrán al paso de la enmienda regurgitando el dogma de la ‘ley vieja’ y la ‘ley nueva’, por más que la Escritura berrea “tu palabra, ¡oh Yahvé!, es eterna, es estable como los cielos” (Sal.119[Vg118],89), proclama “tus mandamientos los estableciste para la eternidad” (Sal.119[Vg118],152), continúa “sus caminos, los mandatos eternos” (Eclo.1,5) y reitera “la palabra de nuestro dios permanece para siempre” (Is.40,8).

17,21-22 Aquí se explicita qué no debe hacerse durante el día sábado, y parece referirse sobretodo a las labores manuales[19].

18,1-10 Tan natural es que el alfarero haga con la arcilla lo que tenga a bien hacer, como absurdo sería que de salirle mal culpara a la arcilla y no a sí mismo. De hecho, aun ser rústica, la metáfora es correcta por completo; la interpretación del profeta, sin embargo, es parcialmente defectuosa[20].

Acaso sea oportuno citar lo referido por Plutarco según lo dicho por el filósofo Demócrito de Abdera, en tanto que “si el cuerpo le reclamara justicia al alma por los males que sufrió y que padeció durante toda su vida, y yo fuese el juez del litigio, de muy buen grado condenaría al alma, pues, por un lado, ella lo arruinó con su negligencia y lo debilitó con la ebriedad, y, por el otro, lo corrompió y lo disipó con los placeres. Del mismo modo, cuando encuentro una herramienta en mal estado, culpo a quien la usó en forma inadecuada” (Demócrito BCG frag.996).

18,7-10 Concebir que el creador pueda arrepentirse de su obra es irreverente, puesto que para con los defectos de la obra no hay más culpable que el creador, si éste es en realidad responsable. Es razonable, por tanto, que las aparentes imperfecciones formen parte del proceso de creación, de modo que aquéllas sirven para alcanzar el fin último.

18,11 “Así habla Yahvé: He aquí que estoy trazando males”, y como acaso entenderlo del modo piadoso es difícil y retorcido, es mejor callar semejantes palabras.

19,3-5 Figúrese el distinguido lector cuan monstruosos serían los males con los que amenaza Yahvé para que le retiñen los oídos a quienes sacrifican humanos en nombre de un dios. En fin, tal vez se refiera al propio pueblo de Israel, perito en inmolaciones y anatemas humanos en nombre de Yahvé (Éx.13,11-16/ Éx.21,1-23y33/ Éx.32,27-29/ Lev.20,1-18/ Núm.14,32-35/ Núm.25,9/ Éx.32,30/ Núm.25,9/ Núm.31,7-10/ Núm.31,15-18/ Lev.24,14-16/ Dt.4,13/ Dt.12,31/ Dt.17,2-5/ Núm.15,32-36/ Dt.22,13-21/ Dt.13,6-11/ Dt.21,22 donde Yahvé prerroga la muerte por crucifixión/ Jue.11,39/ 1Rey.15,29-30, etc.).

19,11 Dice Yahvé con una amenaza “romperé yo a este pueblo y a esta ciudad como se rompe un cacharro de alfarero, sin que pueda volver a componerse”, aunque en otro lugar el mismo Yahvé dijo a su pueblo “borro tus pecados y no me acuerdo más de tus rebeldías” (Is.43,25) y le aseguró, una vez derramara su cólera, todo tipo de bienes sin cuento ni par (Is.25,6-8 e Is.35,1yss.)[21].

21,5 Tamañas palabras en boca de Yahvé, en efecto, demuestran que éste no es un dios, sino sólo un producto de la teocracia fanática judía. De hecho, la autenticidad de un dios no se revela en el hecho de representarlo o no mediante una figura tallada, sino que se verifica más bien por el concepto que de él tienen sus creyentes. Con todo, el concepto de Yahvé aquí expresado, luchando “con ira, cólera e indignación grandes” evidencia tanto la bajeza de culto del profeta y como la inexistencia de su dios[22].

21,9 Aquí Yahvé conmina a su pueblo a vivir en esclavitud para salvar la vida[23].

22,3 Yahvé conmina a su pueblo a no vejar al extranjero y a no hacer violencia.

22,10 En efecto, el muerto es Josías, de quien se dice “no lloréis por el muerto, ni hagáis duelo por él”, toda vez que en Eclo.7,37 se dice “al muerto no le niegues tus piedades”. Asimismo, “el que se va” debe ser Sellum, a tenor de las palabras subsiguientes, no obstante, el nombre del hijo de Josías que se llevó el faraón Necao era Joacaz (2Rey.23,34).

22,24 El nombre del hijo de Joaquim antes era Joaquín (2Rey.24,6). El error en el escolio a 22,20 de Nácar-Colunga (1968) puede ser debido a una errata en la impresión.

22,25 Uso correcto del temor.

22,25-27 Dice Yahvé a su pueblo que los entregará a sus enemigos caldeos y “allí moriréis”, y que a su tierra ya “no volverán”, por más que en 21,9 dijo que quienes “se entreguen a los caldeos que os cercan, vivirán”.

22,30 Acaso éste sea un versículo antimesiánico.

24,6 Dice Yahvé de los deportados a Babilonia que “los haré volver a esta tierra”, aun cuando en otra ocasión les dijo “allí moriréis” y “no volverán” (22,26-27)[24].

25,11 Profetiza Jeremías que “servirán las gentes estas al rey de Babilonia setenta años”. Sin embargo, el cautiverio duró 48 años (586-538 a.C.), el imperio caldeo en Babilonia 182 años (721-539 a.C.) y el reinado de Nabucodonosor II 43 años (605-562 a.C.)[25].

25,12 ¿Pueden los caldeos ser responsables de maldades aun sirviendo a Yahvé y obedeciendo sus dictámenes? (25,9). ¿No es el humano responsable del bien y del mal, tal y como se lamentó Yahvé en Gén.3,22?

25,15-18y28-29 Acaso esta metáfora del ‘cáliz de la maldición’ sea otra profecía antimesiánica.

25,34 “Y caeréis como carneros selectos” puede ser otra profecía antimesiánica.

25,37 Yahvé es aquí el iracundo dios folclórico de Israel.

26,3 Qué folclórico resulta Yahvé, el dios capaz de arrepentirse, aun cuando el verdadero dios “no es (…) hijo de hombre, para arrepentirse” (Núm.23,19)[26].

26,13 No es piadoso concebir que el dios pueda improvisar o variar su conducta según las circunstancias. Una buena interpretación respecto a los malvados es aquella que dice que “el impío queda preso en su propia iniquidad y prendido en los lazos de su culpa” (Prov.5,22), y por ello son absurdas las amenazas, por cuanto al respecto bastan los consejos o las advertencias[27].

26,15 Este aviso recuerda al que Sócrates profirió durante el juicio que acabaría condenándole a morir (Platón Apología de Sócrates 30c-31c).

27,5 “Y la doy a quien quiero”, por cuanto el verdadero dios diría ‘y la doy a quien debo’.

27,11-12 Aquí, como en 21,9, Yahvé dice que quienes vayan reos bajo el yugo caldeo vivirán, mientras que en 22,25-27 predijo a su pueblo que “allí moriréis” y “no volverán”[28].

28,11 A diferencia de la profecía esgrimida en 25,11[29], aquí Yahvé advierte que “romperé yo dentro de dos años el yugo de Nabucodonosor (…) de sobre el cuello de todos los pueblos”. El yugo de Nabucodonosor sobre los judíos duró 24 años (586-562)[30].

29,10 Jeremías profetiza que el cautiverio de Israel en Babilonia finalizará “cuando se cumplan los setenta años de Babilonia”, aun cuando el imperio neo-Babilónico duro 182 años (721-539 a.C.) y el cautiverio tan solo 48 años (586-538 a.C.)[31].

29,14 Dice Yahvé “yo haré volver a vuestros desterrados”, a pesar de haber dicho en otra ocasión, y a la misma sazón, que de allí “no volverán” (27,17)[32].

30,10 Buen empleo del temor.

30,11 Este versículo evidencia la acepción de Yahvé para con su pueblo, lo cual demuestra que el dios de Israel no era más que una fantasía gentilicia. Recuérdese que “no está bien tener acepción de personas en el juicio” (Prov.24,23).

30,17 Resulta insólito que Yahvé le diga a su pueblo “te restituiré a la salud, pues voy a sanar tus heridas”, por cuanto un poco más arriba declamó que “es incurable tu herida, (…) no tienes curación. (…) Es incurable tu mal” (30,12-15). La licencia lírica en este caso es excesiva y la incorrección es inexcusable.

31,1 Dice Yahvé no sin cierta ingenuidad que “seré el dios de todas las tribus de Israel”, porque tras la deportación de los asirios, en efecto, las diez tribus de Israel fueron diseminadas sin dejar rastro, y se las conoce como ‘las diez tribus perdidas de Israel’[33]. De hecho, el pasaje es una prueba más de la ridiculez del teonacionalismo.

31,19-20 El patetismo con el cual Yahvé desvela su predilección por la tribu de Efraím, amén de evidenciar acepción, es largamente reprensible y digno del folclore más pueril y pedestre.

31,29-30 Que cada uno debía ser responsable de su propia iniquidad ya fue prerrogado en Dt.24,16, pero aquí se omite la validez presente y se alude a una validez futura[34].

31,34 Dice Yahvé del futuro de Israel que “les perdonaré sus maldades y no me acordaré más de sus pecados”, por más que en 30,11 dijera que “no te dejaré impune”[35].

31,27-40 Parece evidente que el texto se refiere al final de los tiempos, y no a la nueva Alianza o ‘nueva ley’ que los bíblicos más cervigudos suponen se estableció con la llegada del galileo.

33,11 Se dice de Yahvé que “es eterna su misericordia”.

33,16 En Is.8,8 se dijo que el nombre de salvador de Israel sería Emmanuel (‘dios está con nosotros’) y no ‘Yahvé, justicia nuestra’ [36].

33,18 Yahvé parece satisfacerse de que haya un varón que “ofrezca holocausto y queme la ofrenda”, a pesar de que en Is.1,11-16 despreciaba los holocaustos con acritud.

33,21 Dice Yahvé “los levitas sacerdotes, mis ministros”, con lo cual figúrese el distinguido lector qué significan los serafines, querubines o ángeles de Yahvé.

38,2-6 Los magnates tenían toda la razón, puesto que Jeremías pretendía que el pueblo se rindiera a los caldeos. Lo extraño del suceso es que el profeta no acabase lapidado[37].

42,10 Dice Yahvé “pues me pesa ya el mal que os he hecho”, en otra exorbitada licencia lírica, que demuestra en qué grado el dios de Israel no es más que pura cavilación enfermiza, habida cuenta el auténtico dios jamás se arrepiente (Núm.23,19).

42,11 Empleo correcto del temor, sin embargo, no ocurre así en 44,10[38].

48,29 El reproche que el profeta profiere contra Moab es del todo aplicable al pueblo de Israel, pues debido a su culto orgulloso creíase portador de la voluntad del creador del orbe. En fin, ¿puede haber arrogación más petulante y más execrable que la del teonacionalismo?[39]

50,29 El profeta clama con rencor “haced con ella como ella hizo”, por más que Eclo.10,6 reze “no vuelvas a tu prójimo mal por mal, cualquiera que sea el que él te haga, ni te dejes llevar por la soberbia”. A decir verdad, todo este propugnáculo regurgitado por Jeremías (46,1-51,64) es la apoteosis de la soberbia.

51,6 Es posible castigar sin ánimo vengativo, por ejemplo, como el dios, que castiga por justicia y con ánimo de reparación.

51,17 Quizá el versículo vaya dirijido a los infatigables artesanos de la imagenería bíblica y a los beatucos que adoran sus ídolos.


LAMENTACIONES DE JEREMÍAS

1,12 En el último hemistiquio el profeta atribuye cólera a su dios, por más que “la ira es propia de necios” (Ecl.7,9)[40].

3,28-30 Pasaje muy piadoso y digno de memoria.

3,29 Aparece por primera vez el consejo de “dar la mejilla al que le hiere”[41]. En el mismo orden de cosas, Hesíodo aconsejaba a su hermano Perses “si te empieza él con alguna palabra ofensiva o de obra, recuerda que debes tolerarle otras dos veces; y si vuelve a la amistad y quiere presentarte excusas, acéptalas” (Hesíodo Trabajos y Días 710yss.).

3,40 Aparece el buen consejo “escudriñemos nuestros caminos y examinémoslos”, que evoca el también atiguo ‘conócete a ti mismo’ proclamado por los helenos de un modo acaso más lacónico.

3,57 Uso ejemplar del temor.

3,59 El imperativo dirijido a Yahvé “¡hazme justicia!” es impío, ya que plantea duda respecto del poder del dios.

4,6 “Mayor ha sido la culpa de la hija de mi pueblo que la de la misma Sodoma” evidencia la acepción de Yahvé para con su pueblo, por más que “no hace acepción de personas” (Dt.10,17)[42].

4,16 Dice el profeta que “Yahvé mismo los dispersó y no volverá a ellos su mirada”, aunque en otro lugar el mismo dios prometió que “les perdonaré sus maldades y no me acordaré de sus pecados” (Jer.31,34)[43].

4,22 La presunta profecía no tuvo vigencia, lo cual prueba que Jeremías no era un auténtico profeta (Dt.18,22).

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]     Ver, en el mismo sentido, 4,8.

[2]     Véanse Éx.20,7/ Dt.5,11/ Dt.6,13 y enmiendas correlativas, así como 5,7 y 12,16.

[3]     Ver 4,8/ 5,14-17/ 6,8/ 7,20y29/ 8,19/ 15,15-16/ 22,5-7/ 26,4-6/ 35,17 y 36,7.

[4]     Ver 6,11/ 7,20/ 10,10/ 12,13 y 15,14.

[5]     Véase 5,29 y 9,8ó9.

[6]     Ver 2,19 y 4,18 para hallar interpretaciones piadosas al respecto. Ver también 5,25.

[7]     Véase Lc.5,10 donde el galileo conmina a Simón a ejercer el arte de “pescador de hombres”.

[8]     Ver Ez.13,18y20-21.

[9]     Véase concomitancias en 11,14. Además, ver 15,1.

[10]    Ver enmienda a Sal.40(Vg39),7. Argüir que se refiere al doble sentido sería vil y mezquino, a fuer de que el propio Yahvé alerta de que “no he hablado yo en secreto” (Is.45,19).

[11]    Ver contradicción en 15,11.

[12]    Véase 16,5.

[13]    Véase enmienda.

[14]    Ver enmienda a Is.40,2.

[15]    Véase enmienda anterior.

[16]    Clemente de Alejandría Stromateis V 116.

[17]    En el mismo sentido véase Sal.118(Vg117),8 y enmienda.

[18]    Para comprobar la apoteosis de la inquina diríjase a 18,21-23 y 20,7-18.

[19]    Ver Is.58,5yss. y enmienda.

[20]    Véase Lam.4,2 y sobretodo Jenofonte Recuérdos de Sócrates III 13,4.

[21]    Ver enmienda a Is.24,20.

[22]    Véase 21,12.

[23]    Véase enmienda a Éx.32,27-29.

[24]    Ver enmienda a 22,25-27.

[25]    Véase 29,10 y enmienda.

[26]    Ver 26,13y19.

[27]    “Dicen, por otra parte, a propósito de los hombres más perversos, a quienes se da el nombre de abominables, que sus desgracias los hacen prudentes” (Anónimo Sobre las leyes 93).

[28]    Ver 27,15y17.

[29]    Ver enmienda relativa.

[30]    Véase 30,8. Sin embargo, puede ser que la Escritura le diera el valor de doce años a cada año, con lo cual la profecía sería cierta, y, por tanto, todos los Textos serían divinos y el culto a Yahvé sería el único verdadero.

[31]    Véase 25,11 y enmienda.

[32]    Ver 30,3.

[33]    Relativamente fácil fue, entonces, que el culto se preservara tan solo en la tribu de Judá.

[34]    Ver contradicción en 32,18.

[35]    Véase 33,8 y 46,28 último hemistiquio.

[36]    Ver 23,6.

[37]    Ver 38,17-18.

[38]    Ver 46,27-28 para más buenos ejemplos.

[39]    Ver 51,19-23.

[40]    En el mismo sentido ver 2,1-4y6/ 2,21-22/ 3,43/ 3,66 y 4,11.

[41]    Véase Mt.5,39, donde el martiriócrata galileo se hace eco del pusilánime proverbio.

[42]    Ver enmienda a Is.1,9.

[43]    Ver las promesas de Bar.2,34-35.