La creación no ha terminado...

Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: LUCAS

LUCAS

Admonición sobre la llegada del fuego purificador

1,18-20 Ante la mínima incredulidad del santón Zacarías, el ángel Gabriel le apaga su voz hasta que su mujer, estéril y como él de avanzada edad, diese a luz a Juan el Baptista. En cambio, ni el propio Yahvé fue tan severo ante no ya un asomo de incredulidad, sino ante la evidente desvergüenza de Sara (Gén.18,10-15). Asimismo, no deja de sorprender como la completa incredulidad de María ―“¿cómo podría ser esto?” (1,34)― queda sin punir, muy a diferencia de lo acontecido al propio Zacarías, como aquí se muestra, o a Moisés y a Aarón (Núm.20,10)[1], quienes pagaron caro su pequeño deje de incredulidad.

1,34-35 Aplíquese enmienda relativa a Mt.1,23. En efecto, mediante partenogénesis nace Sansón (Jue.13,3yss.), precedente que por cierto pudo inspirar la creatividad de los evangeliógrafos.

1,37 Aplíquese enmiendas a Mc.10,27 y a Mt.19,29.

1,31 Que el galileo debiera llamarse ‘Jesús’ y no ‘Emmanuel’, invalida la tan citada profecía de Isaías al rey Acaz de Judá, la cual reza “por eso el Señor mismo os dará una señal: hete aquí que la virgen preñará en el seno y parirá un hijo, y le asignarás el nombre de Emmanuel” (Is.7,14), el mismo que debía venir como señal, tras la devastación, en caso que Acaz no tuviese fe en Yahvé para derrotar a la coalición contra Judea formada por Asiria, Efraím y Samaria.

1,50 María aventura a decir que la misericordia de su dios “se derrama de generación en generación sobre los que le temen”, sin embargo, otrora se dijo que es “su misericordia sobre todas sus obras” (Sal.145[Vg.144],9), ya que ciertamente “los dioses inmortales no han establecido igual para siempre en la tierra sagrada una querella eterna para los mortales, ni tampoco un amor”[2], lo cual pueda parecer falso para quienes anelan la inmortalidad del cuerpo y la eternidad del mundo.

2,1-7 Lucas sitúa el nacimiento del galileo en el momento preciso en que debía cumplirse el empadronamiento decretado por César Augusto, mediante un edicto ‘siendo Quirino gobernador de Siria’ ―ἅυτη,  ἡ  ἀπογραφὴ  πρώτη,  ἐγένετο  ἡγεμονεύοντος  τῆς  Συρίας  Κυρηνίου  ~ “éste, el censo primordial, aconteció siendo Quirino gobernador de Siria[3]” (2,2)―.

2,11 Si bien el galileo era llamado  Σωτήρ (salvador), en realidad, ‘quien tiene el poder de salvar’ es  Σώκρατης (Salvador), pues mientras que aquél salva el cuerpo del fuego eterno, éste salva el alma de la ignorancia perecedera.

Asimismo, llamar al galileo con el título de  Κύριος (Señor) contraviene el primer mandato de la Ley, en tanto que “no tendrás otro dios que a mí” (Éx.20,3), y contraviene también a su propio dios, quien intituló al galileo no como Señor, sino como Sirviente  (Παῖς) · “he aquí mi Sirviente” (Mt.12,18).

2,34 Sin duda, es muy cierto que el galileo “se halla para una señal que se contradice”  (κεῖται  εἰς  σημεῖον  ἀντιλεγόμενον), pues aunque muchos crean que vino a traer la paz y la bienaventura, en realidad trajo el tumulto y la desolación.

3,5-6 Aplíquese enmienda relativa a Mt.3,3.

3,7 Aplíquese enmienda relativa a Mt.3,7.

3,8 Aplíquese enmienda relativa a Mt.3,9.

3,9 Aplíquese enmienda relativa a Mt.3,12.

3,11 En otro lugar el galileo no aconsejó como aquí hace el Baptista ‘al que tiene dos túnicas, dar una al que no tiene’, lo cual parecería justo y bondadoso siempre y cuando quien no tuviere túnica la aceptara, sino que exigió dar la túnica y también el manto a quien litigare con uno por tales prendas (Mt.5,40), e incluso darlas a quien simplemente lo pidiere (6,29).

Sea como fuere, el precepto aquí expuesto no es original del Baptista, sino que hunde sus raíces en los albores de la civilización, y también halla eco en el Antiguo Contrato (Tob.4,16), hasta el punto que dice “da de tu pan al hambriento y de tus vestiduras al desnudo. Todo cuanto te sobrare dalo en limosna”, lo cual parece mesurado y bondadoso.

3,14 Los preceptos de evitar la extorsión y el falso testimonio son tan antiguos como el hombre, a fuer de hallar eco en el Antiguo Contrato (Éx.22,24/ Éx.23,1 y Lev.19,13). Por ende, en cuanto a ‘contentarse con la soldada’, ¿qué otro remedio cabe, para quien se abstiene de robar, de practicar usura y de extorsionar? Sin embargo, en otra ocasión el galileo prohibió incluso contentarse con el sueldo, en tanto que “vende todo cuanto tienes, dalo a los pobres” (Mt.19,21).

3,16 Aplíquese enmienda relativa a Mc.1,8.

3,17 Aplíquese enmienda relativa a Mt.3,12.

3,22 Aplíquese enmienda relativa a Mt.3,17.

3,23-38 Aplíquese enmienda relativa a Mt.1,1-17. Como es de ver en la siguiente relación, las genealogías de Mateo y de Lucas son imposibles de conciliar.

4,1-2 Habida cuenta el galileo “fue llevado por el Espíritu Santo al desierto”, la tentación primera fue de parte del Espíritu Santo, y no del diablo, quien al fin y al cabo hace lo que es propio y lo que debía esperarse de dicha fuerza.

4,4 Aplíquese enmienda relativa a Mt.4,4.

4,12 Aplíquese enmienda relativa a Mt.4,7.

4,18-19 El pasaje pertenece no al libro del profeta Isaías propiamente dicho (capítulos 1 – 39), sino al libro llamado ‘Trito-Isaías’ (Isaías Tercero)[16], que se halla entre los capítulos 56 y 66, y sobre el cual, junto con el Deutero-Isaías (Isaías Posterior) cabe mantener cierto recelo en cuanto a su fecha y motivo de su composición. Véase enmienda a Mt.12,18-20.

4,24 El galileo afirma que “ningún profeta es acepto en su patria”, de modo similar a como se hace en Mt.13,57 y sendos pasajes siendo inspirados por Ez.3,5-6.

4,29-30 El galileo menosprecia la capacidad taumatúrgica de Elías (4,25-27), por cuanto de entre muchas viudas y muchos leprosos, solamente asistió a una viuda y limpió a un leproso; sin embargo, ¿no es mejor curar a uno solo con el corazón limpio, o aun no curar en absoluto, que efectuar curaciones a fin de engañar al mundo? Asimismo, si incluso Elías se exedió en su labor, habida cuenta la Ley especifica “no practicaréis la adivinación ni la magia” (Lev.19,26), ¿cuánto no se habrá excedido el galileo, habiendo como hubo curado a muchedumbres?

4,32 Aplíquese enmienda relativa a Mt.7,28-29 y a Mc.1,22.

4,35-36 Véase enmienda a Mc.3,26. En efecto, “en la guerra no hay otra actitud que beneficie más a los amigos que parecer ser su enemigo, ni otra actitud que dañe más a los adversarios que parecer su amigo”[17], por lo cual no cabe dudar de que el diablo, que promueve los peores males, pueda aparecer como el mejor benefactor.

4,39 Aplíquese enmienda relativa a Mt.8,14.

4,41 Véase enmienda a Mc.3,26.

5,10 Aplíquese enmienda relativa a Mt.4,19.

5,5-11 Resulta evidente cómo la principal motivación que empujó a los primeros seguidores del galileo, a fuer de un voraz ánimo de lucro (5,6-7)[18], fue la taumatolatría: aquella fe que tiene asiento y sostén merced a cábalas, acertijos y prodigios.

Por ende, es de ver a qué altura queda este suceso aquí narrado, si se compara con el aquél allí narrado sobre Pitágoras, en una circunstancia similar, aunque exenta de mesianismo, taumatocracia y proselitismo atroz. En efecto, se cuenta que Pitágoras, “poniéndose junto a unos pescadores, en tanto su red arrastraba del fondo un gran copo, predijo la cantidad de peces que estaban recogiendo, precisando el número. Los hombres se comprometieron a hacer lo que se les ordenara si su predicción se cumplía; Pitágoras les pidió, a su vez, que dejaran vivos los peces, después de contarlos con exactitud. Y lo más sorprendente es que ningún pez pereció, al permanecer fuera del agua, durante todo el tiempo que duró el recuento en su presencia”[19]. Esto es: ni pretendía con altanero corazón ‘enseñar a las muchedumbres’, ni pidió a nadie echar traicioneras redes al agua, ni espoleó a los pescadores porque consiguieran llevarse su botín, sino que, Pitágoras, a diferencia del galileo, enseñaba con serenidad a quien se le acercaba, no en muchedumbre, sino uno por uno y en discretas reuniones; por ende, exhortaba a sus seguidores a descubrir y quitar redes y otras acechanzas, pero nunca a encubrirlas y a echarlas, y dedicaba su tiempo a lograr la salvación de toda creatura mediante el poder de su alma, no a promover capturas, martirios y adhesiones incondicionales mediante el maléfico poder de la amenaza.

5,14-15 Véase enmienda a Mt.8,4.

5,20 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,2.

5,20-21 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,2-3 y Mc.2,7.

5,26 Tras haber visto cómo el galileo curaba a un paralítico, los presentes exclamaron “hoy hemos visto lo increíble”, aunque eso que llamaron ‘increíble’ en realidad fuera el sustento de una pervertida creencia: el judeo-mesianismo taumatólatra, cuya ‘enseñanza’ es la anécdota, cuya ‘apotegma’ es el prodigio y cuya ‘esperanza’ es el mundo, la carne y la cruz.

5,30-32 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,12.

5,37-38 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,17.

5,39 En efecto, entre un vino añejo y un vino nuevo, “el añejo es mejor”, igual que la ley del Antiguo Contrato es menos mala que ‘la sangre del Nuevo Contrato: la que se desparrama sobre muchos’ (Mt.26,28).

6,2 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,2.

6,3 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,3.

6,4 Véase enmienda a Mt.12,5.

6,5 Aplíquese enmienda relativa Mc.2,27.

6,9 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,12 y a Mc.3,4.

6,19 Se dice que del galileo emanaba “un poder tal que sanaba a todos”, sin embargo, él mismo rechazó a una gentil que pedía de él curación, asegurando que “no he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt.15,24), en alusión al pueblo judío, de modo que sólo accede a su petición, excepcionalmente, tras ésta haberle rendido miserable homenaje y vergonzante pleitesía (Mt.15,27-28).

6,20-21 Aplíquese enmienda relativa a Mt.5,3-10. De hecho, no fue el galileo quien decía por vez primera “bienaventurados los pobres”, sino que ya de antaño se hablaba de la pobreza en sus justos términos y sin pretensiones fatuas, no mediante palabras facilonas y con la pretensión de conciliarse los ánimos de la muchedumbre, porque si bien no es piadoso “echar en cara la funesta pobreza que roe el corazón de los hombres”[20], tampoco lo es jactarse de ser pobre y creer, con vanidoso corazón, que la pobreza por sí misma asegura la bienaventuranza.

6,21 El galileo promete hartura a los hambrientos y risa a los lloradores, de modo que librándoles de una pasión los encadenaría a otra, si bien lo preciso, tanto en lo material como en lo moral, es alimentarse “lo justo para no tener todo el día el estómago ni vacío ni demasiado lleno”[21], porque “el hecho de dejarse excitar por manjares o bebidas es propio de cerdos y de bestias salvajes”[22]; y por ende, también es preciso saber, tanto en lo material como en lo moral, que “aun en la risa hay aflicción de corazón, y a la alegría sucede la congoja” (Prov.14,13)[23].

6,22 A decir verdad, es enteramente justo aborrecer lo aborrecible así como piadoso es expulsar lo contaminado, ahora bien, entraña enorme peligro ultrajar a quien se nutre del ultraje, y así, al intentar proscribir su nombre, éste, con el justo castigo y la oportuna reprobación crece y se multiplica, tal y como hacen las pústulas sarnosas al ser rascadas con prurito calamitoso. Pero no os escandalicéis por ello, galileos, mas reflexionad con piadoso corazón ya que vuestro mal es del alma, no del cuerpo.

6,23 Aplíquese enmienda relativa a Mt.5,11-12.

6,24-26 En efecto, llegaba la era del todo o nada, tiranía o esclavitud, lujo o miseria, bienaventurados o condenados, hartura o hambruna, risa o llanto: “el que no está conmigo está contra mí” (11,23). Todo iba a verse enfrentado, porque el galileo vino “a poner espada, a separar al hombre de su padre y a la hija de su madre (…) y los enemigos del hombre serían los de su casa” (Mt.10,34-36), y muchos iban a verse empapados por el chorretón de “la sangre del Contrato: la que se desparrama sobre muchos” (Mt.26,28), la cual sólo cesará de chorrear cuando acabe la abominable profanación del altar (Dan.9,27 y Dan.12,11 ~ Mt.27,51) y el cadáver insepulto sea bajado de la cruz y bautizado en fuego (2,16): el fuego de la catarsis.

6,27-28 Aplíquese enmienda relativa a Mt.5,46-47.

6,27-28 El galileo falacísimo exige a los suyos ‘amar a los enemigos, hacer bien a los aborrecedores, bendecir a los maldicientes y orar por los calumniadores’; sin embargo, lejos de amar a los enemigos, el galileo decreta para ellos ir “al fuego eterno (…), al suplicio eterno” (Mt.25,41y46), llamándoles “malditos” (Mt.25,41), y lejos de orar por quienes él cree le calumnian, no sólo les amenaza terriblemente (6,24-26), sino que a unos injuria con feas palabras, tales como ‘hipócritas, insensatos, ciegos, serpientes, raza de vívoras’ (Mt.23,13-33), e incluso ‘hijos del diablo’ (Jn.8,44), mientras que a otros los considera no más que ‘perrillos’ (Mt.15,26), ‘rameras‘, (Mt.21,31), ‘tullidos, cojos y ciegos’ (Lc.14,21). Sea como fuere, quienes “acechan para derramar sangre traman contra ellos mismos” (Prov.1,18), y si bien ellos amenazan a sus enemigos con “ir a la gehenna, al fuego inextinguible, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga” (Mc.9,43-44), lo cierto es que “el hombre que trama males para otro, trama su propio mal”[24].

6,29-30 Aplíquese enmienda relativa a Mt.5,39bis. Aquí el galileo considera que se debe dar la veste a quien lo pida, sin necesidad de haber litigio de por medio, y no sólo el vestido, sino cuanto pida y “a todo el que pida”. De hecho, es del todo cierto que “la puta y el bañero tienen invariablemente la misma costumbre: en la misma bañera lavan al bueno y al malo”[25]; no obstante, para los decentes y de bien “no es justo de ninguna manera que los mejores tengan el mismo trato que los malos”[26]. Con todo, ¿cómo no iban a querer igualdad de trato los impíos y la gente de mal?: es natural que reclamen igualdad, ahora bien, lo que no es en absoluto natural es que su prédica hallare asiento y los mejores se dejasen convencer por los peores.

Otrosí, la antigua Ley de sus mayores reza con sensatez “si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de la puesta de sol, porque con eso se cubre él, con eso viste su carne, y ¿con qué va a dormir?” (Éx.22,25-26).

6,31 Aplíquese enmienda relativa a Mt.7,12.

6,33 El galileo afirma que ‘los pecadores hacen bien a los que les hacen bien’, sin embargo, lo cierto es que “los malos han nacido más bien para odiarse que para ser amigos”[27]. En cambio, lo más sensato es considerar que ‘los pecadores hacen mal a los que les hacen bien’, mientras que los piadosos ‘hacen bien a quienes les hacen bien y castigan a los malvados’, porque en verdad “en el mundo no hay nada menos equitativo que el hecho de juzgar al bueno y al malo con el mismo rasero”[28].

6,34-35 El galileo exige “prestar sin esperanza de remuneración”, aunque la Ley de la cual dice hacer cumplir ‘toda jota y toda tilde’ (Mt.5,18yss.) especifica que el interés “puedes exigírselo al extranjero” (Dt.15,3/ Dt.23,20), “pero no a tu hermano”, concluye. En efecto, sería el pueblo judío quien introduciría semejantes abominación en Europa, acelerando así la debacle tan ansiada por las innúmeras hordas de galileos.

Sea como fuere, dicha prédica es tan antigua como el hombre, y ya de antaño se advierte que “el deseo de lucro hace perder la cabeza a los hombres y la falta de escrúpulos oprime la honradez”[29], porque era común el conocimiento de que “la rapiña es mala y dispensadora de muerte”[30].

6,36 El galileo pide “ser misericordioso, como vuestro Padre es misericordioso”, aludiendo a su dios, el mismo que le tiene encargado despachar a sus infieles “al fuego eterno (…), al suplicio eterno” (Mt.25,41y46), demostrando así su “eterna misericordia sobre todas sus obras” (Sal.145[Vg.144],9).

6,37 Aplíquese enmienda relativa a Mt.7,1 y a Mt.7,2. Haciendo uso del populismo más atroz jamás concebido, el galileo espeta a sus borregos “no juzguéis y no seréis juzgados”, aun cuando su dios ha de juzgar ‘en efusión de ira’ (Sal.110[Vg.109],6/ Ez.20,33-34), aunque él pasó su vida juzgando y condenando (Mt.4,17/ Mt.5,19/ Mt.5,22/ Mt.5,28/ Mt.5,34/ Mt.7,23/ Mt.11,24/ Mt.12,32 y un largo y lamentable etcétera), aun cuando el juicio veraz es un don de Zeus y de los ínclitos dioses[31], y aunque su propia ley, la de sus mayores, la que dice ‘no abrogar sino culminar en toda jota y toda tilde’ (Mt.5,18yss.), aconseja en tanto que “haz justicia y juicio, que eso es más grato a Yahvé que el sacrificio” (Prov.21,3), y “juzga a tu prójimo según justicia” (Lev.19,15).

6,38 Aplíquese enmienda relativa a Mt.7,2 y a Mt.7,7-11.

6,41-42 Aplíquese enmienda relativa a Mt.7,3-5.

6,43 Aplíquese enmienda relativa a Mt.7,17.

6,44 Aplíquese enmienda relativa a Mt.7,19-20.

6,45 ¿Cómo debe de ser la abundancia de males y de extravíos embutidos en el corazón del galileo, si en efecto “de la abundancia del corazón habla la lengua”?

6,47-49 Aplíquese enmienda relativa a Mt.7,24-27.

7,13-16 Como si la justicia y la Moira no trascendieran a la compasión[32], el galileo da la vida al cuerpo de un niño que la perdió conforme a naturaleza, destino y ley, para que su alma se allegare al fin a la existencia que trasciende a la vida. No obstante el calamitoso suceso ―equiparable a impedir que un feto salga del útero de su madre―, los presentes optan por considerar al susodicho como un ‘gran profeta’[33], aunque “vituperable es que un dios inmortal favorezca tan abiertamente a los mortales”[34], y a pesar de que “no nacer es lo mejor para los que habitan sobre la tierra; pero si no obstante se nació, traspasar cuanto antes las puertas del Hades”[35]. Porque es del todo cierto que “cuando el espíritu se libera puro y sin mezcla, es natural que entonces disfrute del máximo raciocinio”[36], y con él, pueda amar a Zeus y a los dioses imperecederos con mayor plenitud.

7,19-23 Aplíquese enmienda relativa a Mt.11,3-6.

7,41-43 Sin embargo, los decentes y de pro jamás aceptarían una condonación, sino que arrostrarían el débito y acabarían pagándolo, fuera más tarde o más temprano, porque oyeron de sus mayores “no recibas regalos, que ciegan a los prudentes y tuercen la justicia” (Éx.23,8), y de los Antiguos que “de los regalos muchos males le sobrevienen a los hombres, pues seducen la mente de los hombres y sus acciones”[37].

Por ende, es de notar cómo, para jalonar la parábola, una vez más se emplean conceptos del ámbito mercantil y financiero, tales como  χρεωφειλέται (deudores),  δανειστής (prestamista o usurero) ―que por cierto en la parábola representa al dios―,  ὀφέλλω (deber),  δηνάριον (moneda romana) y  ἀποδίδωμι (pagar).

7,44-46 El galileo reprocha a un fariseo el que no se le agachase dando agua a sus pies, que no le diera el ósculo y que no le ungiera la cabeza con óleo; sin embargo, en otra ocasión afirmó con aterradora hipocresía “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mt.20,28)[38], con lo cual era él quien primeramente debía lavar, besar y ungir al fariseo que le dio hospedaje, y comportarse no como señor sino como sirviente.

7,47 Asegura el galileo que a la pecadora “le son perdonados muchos pecados, porque amó mucho”, en tanto que recibiría tanto perdón como amor dispensara; sin embargo, en la parábola de los jornaleros (Mt.20,1-16) el susodicho muestra cómo todos los obreros reciben un denario, a fuer de la cantidad de trabajo dispensada al dueño de la vid (Mt.20,12-14), lo cual daría a entender que a cada quien ‘le son perdonados sus pecados, porque amó lo que buenamente pudo amar’, igual que los jornaleros cobraron todos el denario convenido, hubiendo laborado lo que a bien pudieron laborar: unos más, otros menos, en tanto que “los postreros serán los primeros, y los primeros, postreros” (Mt.20,16). Y si el amor se ejerce mediante la buena labor para con el dios, y no adulando y lisonjeándole con lloros, sollozos y ungüentos, compréndase el porqué se menta aquí dicha parábola, y compruébese cómo el suceso de la pecadora, en efecto, es una artimaña populista que vence el corazón de los más incautos.

7,49 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,2-3 y a Mc.2,7.

7,50 Aplíquese enmienda relativa a Mc.5,34 y a Mc.10,26-27.

8,1-3 Una vez más se pone de manifiesto cómo el galileo en realidad ‘no vino a servir, sino a ser servido’ (Mt.20,28).

8,5-8 Aplíquese enmienda relativa a Mt.13,1-23.

8,10 Aplíquese enmienda relativa a Mc.4,11-12.

8,17 Aplíquese enmienda relativa a Mc.4,22.

8,18 Aplíquese enmienda relativa a Mc.4,25.

8,19-21 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,46-50.

8,23-25 Aplíquese enmienda relativa a Mt.8,24 y a Mt.8,27.

8,28 Véase enmienda a Mc.3,26. Porque ciertamente “en la guerra (Mt.10,34) no hay otra actitud que beneficie más a los amigos que parecer ser su enemigo, ni otra actitud que dañe más a los adversarios que parecer su amigo”[39], ¿y qué podía hacer quien se hallaba poseído por el peor de los enemigos (Mt.16,23)?

8,30-37 Aplíquese enmienda relativa a Mt.8,34 y a Mc.5,6-13.

8,39 Aplíquese enmienda relativa a Mc.5,19-20.

8,48 Aplíquese enmienda relativa a Mc.5,34.

8,52 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,24.

8,56 Véase enmienda a Mt.9,30-31.

9,1 Véase enmienda a Mc.6,12-13.

9,2 Véase enmienda a Mt.10,7.

9,3 Véase enmienda a Mc.6,8-9.

9,4-5 Aplíquese enmienda relativa a Mt.10,13-15. Ahora bien, mientras que en Mt.10,5 el galileo alerta “no vayáis a gentiles”, aquí dice “en cualquier casa que entréis, quedaos allí”, sin hacer distingos entre casas gentiles y casas judías.

9,6 Aplíquese enmienda relativa a Mc.6,12-13.

9,11 Se dice que el galileo “curaba a todos los necesitados”, aunque debían de ser ‘todos los necesitados judíos’, ya que el propio susodicho aseguró haber venido sólo “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt.15,24), no a los ‘perrillos’ gentiles (15,26-27), de modo que sanó a la hija de quien le aduló tan sólo después de recibir miserable homenaje[40].

9,13-17 Aplíquese enmienda relativa a Mt.14,13-21 y a Mc.6,41-44.

9,20 Pedro es quien acierta a decir que el galileo es “el Ungido de Dios”  (τὸν  Χριστὸν  τοῦ  Θεοῦ)  creyéndolo diferenciar así del Baptista, de Elías y de los demás profetas de Yahvé; sin embargo, ‘Ungido de Dios’, esto es, Cristo  (Χριτοί)  o Mesías (ma-schi-aj), lo fue mucho antes Aarón (Éx.30,22-30/ Lev.8,12), Saúl (1Sam.10,1/ 1Sam.12,3y5), David (1Sam.16,6/ 2Sam.22,51), Sedecías (Lam.4,20) e incluso el rey Ciro de Persia, según cuenta Is.45,1[41].

9,23 Aplíquese enmienda relativa a Mt.16,23-24 y véase enmienda a Mt.10,38. En efecto, el galileo de doble palabra y doble faz advierte que “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo”; ahora bien, si aconseja tanto ‘negarse a sí mismo’ como ‘amar al prójimo como a uno mismo’ (Mt.5,43), ¿no resultará que pide ‘negar al prójimo’ tal vez sin tan siquiera haber sido consciente de ello? Entonces, ¿acaso la solución no sería afirmar y dar firmeza a lo bueno de uno mismo (‘amarse’) y, en cambio, negar y dar nulidad a lo malo que a uno contamina (‘negarse’)? ¿Para qué, pues, tantísima brocha gorda y para qué, pues, tantísima tabla rasa? ¿Para qué? ¿Por qué ‘amarse a sí mismo’ y ‘negarse a sí mismo’, en vez de amar lo bondadoso, se halle en uno mismo o en otro, y rechazar lo maligno ―pero jamás ceder ante ello (Mt.5,39)― sea que el mal atenace a otros o a uno mismo?

9,26 Aplíquese enmienda relativa a Mc.8,38.

9,27 Véase enmienda a Mt.24,34.

9,33 Aplíquese enmienda relativa a Mt.17,4 y véase enmienda a Mc.9,5. De hecho, es cierto que Pedro dijo lo que dijo “sin saber lo que decía”, puesto que Satán le tenía poseído (Mt.16,23-24).

9,35 Aplíquese enmienda relativa a Mt.17,5.

9,41 Aplíquese enmienda relativa a Mt.17,17-20.

9,43 Véase enmienda a 8,28.

9,45 Véase enmienda a Mc.9,31-32. Se dice que el enigmático anuncio de la pasión, referido por el galileo falaz, no fue entendido por sus aborregados seguidores, ya que semejantes palabras “estaban para ellos veladas”: “¡ay de los que buscan en lo profundo para encubrir sus designios! ¡Ay de los que se esconden de Yahvé, queriendo encubrir sus pensamientos y para sus obras buscan las tinieblas! (…) ¡Qué perversidad la vuestra!” (Is.29,15-16). ¿O acaso el galileo mendaz no encubrió sus designios y sus pensamientos, cuando podría haberlos anunciado sin remilgos de oropel y tornasol? ¿Y si el susodicho encubrió la verdad, no sería porque ésta era que, en efecto, su pasión y cruz antecedería a la pasión y a la cruz de la humanidad? Y de haberlo sabido a la sazón, ¿es de creer que sus seguidores hubieran aceptado semejante responsabilidad? En fin, sea como fuere, el engaño debía preceder al anzuelo, y la Moira tejía de la más ingrata hilatura.

9,47-48 Aplíquese enmienda relativa a Mt.18,3-4.

9,48 Aplíquese enmienda relativa a Mc.9,37.

9,49 Aplíquese el subtexto de la enmienda relativa a Mt.12,24 y véase enmienda a Mc.9,38-39.

9,50 Aplíquese enmienda relativa a Mc.9,40.

9,58 Aplíquese enmienda relativa a Mt.8,20.

9,59-60 Aplíquese enmienda relativa a Mt.8,21-22 y véase enmienda a Mc.15,46.

9,62 Si ciertamente “nadie que, después de haber puesto la mano sobre el arado, mire atrás es apto para el reino de Dios”[42], resultaría que el propio galileo no sería en absoluto apto a tal efecto, puesto que por momentos miró atrás y no soportó con entereza lo que era su destino (Mc.14,33-36), y sobre todo, justo antes de morir, en la hora de la verdad[43], se retractó de su glorioso y privilegiado sino (Mc.15,34), clamando con tan grande impiedad como ningún profeta, fariseo, escriba o gentil hubiere osado clamar jamás.

Sea como fuere, ni Elías fue tan injusto con Eliseo, al cual hubiéndole llamado a ministerio, permitiole despedirse antes de sus padres (1Rey.19,20-21), lo cual parece bondadoso y digno de un noble varón. De igual modo, bondadoso y noble sería aceptar a quien, tras decidir tomar la senda correcta[44], cometiera un pecado justo antes de emprender la marcha[45], pues “flexibles son las mientes de los nobles”[46]: las de los míseros, en cambio, anquilosadas son.

10,2 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,37-38.

10,3 El pasaje es un lastimosa incitación al suicidio martiriólatra, que los más borregos no dudarían en utilizar a fin de propagar el imperialismo teocrático. En efecto, el galileo exhortó a sus enviados tal que “id, yo os envío como corderos en medio de lobos”, y así marcharían, como ‘falsos profetas, que vienen con vestiduras de cordero, más por dentro son lobos rapaces’ (Mt.7,15), porque realmente el galileo ‘se hallaba para una señal que se contradice’ (2,34).

10,4 El galileo ordena a sus enviados ‘no saludar a nadie por el camino’, muy al contrario de cómo prescribió en Mt.5,41, en tanto que “si alguno te requisara para una milla, vete con él dos”, con lo cual no sabrían cómo “ser perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial” (Mt.5,48). Sea como fuere, lo relevante es saber que “nada digno de fe habla en la boca la lengua de quienes tienen en su corazón un pensamiento de palabra doble”[47].

10,5-8 Aplíquese enmienda relativa a Mt.10,13-15. Por ende, el mismo que aseguró ‘no haber venido por disolver la Ley sino para completarla’ (Mt.5,17) repite por dos veces “comed y bebed lo que os sirvieren”, por más que la ley de sus mayores estipula varios alimentos impuros en Lev.11,1-47, precisamente “para que distingáis entre lo puro y lo impuro, entre lo que puede y no puede comerse”, y aunque sea cierto que “la ley debe obedecerse por encima de todo”[48], “ya que toda ley es o invención y regalo de los dioses[49], o acuerdo entre hombres prudentes[50], o reparación de culpas voluntarias e involuntarias[51], o bien acuerdo general de la ciudad[52][53], aun habrá quien presa de una ignorancia atroz se pregunte “¿y qué mal ha hecho” el galileo? (Mt.27,23). Véase enmienda a Mt.15,11.

10,9-10 Aplíquese enmienda relativa a Mt.10,7 y a Mt.10,13-15.

10,12 El galileo fobócrata anuncia devastación para toda ciudad que no acoja a sus borregos[54], aun cuando otrora llenaba su enorme bocaza proclamando vanidoso “bienaventurados los misericordiosos” (Mt.5,7), “amad a vuestros enemigos” (Mt.5,44), “dale también la otra” (Mt.5,39), ‘perdonad las ofensas’ (Mt.6,14), “hasta setenta veces siete” (Mt.18,22), todo ello para demostrar que el galileo falaz y mendaz se hallaba “para una señal que se contradice” (2,34), porque aunque muchedumbres hayan sido engañadas, actualmente ya es claro y evidente que “el de lengua doble ha sido la perdición para muchos que vivían en paz” (Eclo.19,20).

10,12-15 Aplíquese enmienda relativa a Mt.11,20-24.

10,21 Aplíquese enmienda relativa a Mt.11,25.

10,22 Aplíquese enmienda relativa a Mt.11,27 y a Mt.11,29.

10,27-28 Aplíquese enmienda relativa a Mt.22,37 y a Mc.12,29-31.

10,30-37 Dice el galileo que el prójimo del tullido de la parábola es quien lleva encima aceite, vino, una cabalgadura, y tantos denarios como para hospedarse en un mesón y dejar hospedado al tullido hasta que se recupere. Entonces, ¿cuál de los becerros que siguen y homenajean al galileo, por cierto, podría dispensar un trato semejante a un moribundo o a cualquier otro? ¿Cómo iban a poder sin ‘oro, plata o cobre; sin alforja ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón’ (Mt.10,9-10)? ¿Cómo, si ‘debían vender cuanto tenían y darlo a los pobres’ (Mt.19,21)? ¿Cómo, si debían ‘negarse a sí mismos’ (9,23) y al tiempo ‘amar al prójimo como a sí mismos’ (Mt.5,43)? ¿No deberían, pues, amar al prójimo negándolo? Entonces, ¿cómo podrían ir en ayuda del apaleado?

Sea como fuere, ¿acaso no dijo el galileo que “quien quiera salvar su vida, la perderá” (Mt.16,25), refiriéndose a la vida eterna tras la consumación? Entonces, cómo saber si los denostados fariseo y escriba, pese a pasar de largo ante el tullido, no se dirigían prestos a oficiar cultos, de modo que corrían a sanar heridas del alma y no del cuerpo? En caso de ser así, ¿no sería justo reprender por impúdico, tanto al galileo como a su grey de cuadrúpedos? ¿Acaso no convendría amonestar al susodicho, con una palabra de guisa tal: «ea, di, ¿cómo vas por ahí “enseñando doctrinas que son preceptos humanos?» (Mt.15,9)? Es más, ¿qué diantre sabía el galileo si el apaleado merecía tal o cual castigo, o tal o cual recompensa? ¿Y quién es él para estipular la medida del rigor en el castigo, si por un lado amenaza ‘al que dijere ‘loco’ a su hermano con ser reo de la gehenna del fuego’ (Mt.5,22), por otro exhorta a ‘perdonar hasta setenta veces siete’ (Mt.18,22), y, por otro aún, condena a sus infieles a ir “al fuego eterno (…), al suplicio eterno” (Mt.25,41y46)?

10,38-42 De entre las hermanas que hospedan al galileo, la llamada Marta ‘andaba afanada en los muchos cuidados del servicio’, mientras que la llamada María ‘quedó sentada a los pies del galileo, escuchando su palabra’. Aun y con todo, el mismo que valiéndose de hipocresía infinita dijo ‘no haber venido a ser servido, sino a servir’ (Mt.20,28), declara a Marta que “María a escojido la mejor parte”, refiriéndose a la vida contemplativa frente a la vida activa; sin embargo, “¿qué le aprovecha a uno decir: «yo tengo fe», si no tiene obras? ¿Podrá salvarle la fe? Si el hermano o la hermana están desnudos y carecen de alimento cotidiano, y alguno de vosotros les dijere: «id en paz, que podáis calentaros y hartaros», pero no les diereis con que satisfacer la necesidad de su cuerpo, ¿qué provecho les vendría? Así también la fe, si no tiene obras, es de suyo muerta. Incluso alguien podría decir: «tú tienes fe y yo tengo obras.” ―y ése alguien concluiría como sigue éste precioso argumento:― “Muéstrame la fe tuya apartada de las obras, que yo a partir de las obras te mostraré mi fe». (…) Entended que mediante obras se justifica un hombre, y no mediante sólo fe” (Sant.2,14-18y24).

11,2 Aplíquese enmienda relativa a Mt.6,9 y a Mt.6,10.

11,3 Aplíquese enmienda relativa a Mt.6,11.

11,4 Aplíquese enmienda relativa a Mt.6,12 y a Mt.6,13.

10,41 La oración “te cuidas e inquietas por muchas cosas, cuando hay sólo un encargo” recuerda al antiguo proverbio “muchas cosas sabe la zorra, mas el erizo una sola, pero importante”[55], que por cierto contrapone el conocimiento de lo humano y la sabiduría de lo divino respectivamente.

11,9-13 Aplíquese enmienda relativa a Mt.7,7-11.

11,15 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,24.

11,16-17 Véase enmienda a Mc.8,11-12.

11,18-19 Aplíquese enmienda relativa a Mc.3,26.

11,20 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,28.

11,22 Aplíquese enmineda relativa a Mc.3,6. Porque muy ciertamente “en la guerra (Mt.10,34) no hay otra actitud que beneficie más a los amigos que parecer su enemigo, ni otra actitud que dañe más a los adversarios que parecer su amigo”[56], ¿y qué tipo de amigos debía de tener quien aconsejaba ‘no resistir al mal’ (Mt.5,39), ‘no juzgar y no ser juzgado’ (Mt.7,1) o ‘negarse a sí mismo’ (Mt.16,24), sino amigos tales como Satán y los suyos (Mt.16,23)?

11,23 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,30-32.

11,26 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,38-45.

11,29-32 Aplíquese enmienda relativa a Mc.8,11-12.

11,35 Advierte el galileo en tanto que “cuida, pues, que tu luz no tenga parte de tinieblas”, aun cuando otrora sentenció “la luz que hay en ti son tinieblas” (Mt.6,23), ¿cómo no iba a haber, pues, parte de tinieblas entre la luz propia al ser humano? Además, parecería del todo imposible si fuera verdad que, desde un principio, “aunque la luz fulge en las tinieblas, las tinieblas mismas no la contenían” (Jn.1,5), pues, ¿cómo en tal caso iba a ‘tener la luz parte de tinieblas’?

11,38 Aplíquese enmienda relativa a Mt.15,11.

11,41 Aplíquese enmienda relativa a Mc.12,43-44.

11,43 Aplíquese enmienda relativa a Mc.12,38-39.

11,49-51 El galileo se jacta de saber ante uno de sus mayores el pensamiento de su dios, el cual asegura es la voluntad de rendir cuentas “desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías”, como si jamás se hubiere prerrogado en la Ley que dice ‘completar’ (Mt.5,17) “no morirán los padres por la culpa de los hijos, ni los hijos por la culpa de los padres, cada uno sea condenado a muerte por pecado suyo” (Dt.24,16), porque si noble y honesto es quien “retribuye en cara al que le aborrece, destruyéndole”, ruín y retorcido es en cambio quien “tarda en darle en cara su merecido” (Dt.7,10)[57].

Además, ¿por qué en este caso no es preceptivo el borreguil “dale también la otra mejilla” (Mt.5,39), el demagógico e hipócrita “hasta setenta veces siete” (Mt.18,22) y el cobarde “no juzguéis” (Mt.7,1)? ¿Tal vez porque son leyes de alfeñique, de escaparate, de quita y pon?

12,2 Aplíquese enmienda relativa a Mc.4,22.

12,3 Es cierto: lamentablemente ‘todo lo que los galileos decían en las tinieblas sería oído en la luz ―como consecuencia, lo antaño luminoso quedaría entenebrecido―, y lo que hablaban al oído, ensartados uno al lado de otro en sus maderos, sería pregonado desde los terrados’, convirtiendo éstos en infaustas cruces también, porque llegaría el tiempo maldito del “Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado” (Gál.6,14), por cierto, hasta que se baje al cadáver de la cruz, se le de sepultura, renazca en un nuevo cuerpo.

12,5 En este pasaje se demuestra cómo el judeo-mesianismo imperialista contiene entre otras muchas degeneraciones, la abominación de la fobocracia, en virtud de la cual someten los corazones incautos mediante la eterna amenaza del fuego y el suplicio eterno.

12,8-9 Aplíquese enmienda relativa a 10,33.

12,10 Aplíquese enmienda relativa a 12,30-32.

12,16-21 En términos acaso más precisos se expresa Eclo.11,18-30, sin necesidad de que llegara el galileo martiriócrata.

12,22 El galileo enseña a sus borregos a desprenderse de toda preocupación material: ni comida, ni aseo, ni veste, aun cuando desde antaño se advierte “no digas: «¿qué necesito y qué necesidad tengo yo de nada? (…) Tengo bastante, y ¿qué calamidad podrá venir sobre mí?»[58]” (Eclo.11,25-26).

12,24 Aplíquese enmienda relativa a Mt.6,26.

12,33 Aplíquese enmienda relativa a Mt.19,21.

12,34 Aplíquese enmienda relativa a Mt.6,19-22.

12,40 Aplíquese enmienda relativa a Mc.13,33.

12,42-48 Véase enmienda a Mt.18,23-35.

12,49-51 Y en efecto el galileo y sus sucesores echaron abundante fuego en la tierra, un fuego que, tras haber quemado toda carne gentil y haber amedrentado a toda generación, persiste en rescoldos que ahora deben ser retirados del mundo y echados al infausto madero: que arda la carne, la sangre y la cruz, y que el cadáver putrefacto sea purificado en el bautismo del fuego. Jonás debe salir del vientre del cetáceo: los tres días se han cumplido.

12,51-53 Aplíquese enmienda relativa a Mt.10,34-36.

12,57 El galileo pregunta a sus borregos “¿por qué no juzgáis  (τὶ  δὲ  οὐ  κρίνετε)  por vosotros mismos lo que es justo?”; ¿y que habían de hacer quienes anularon su voluntad en tu favor, oh infausto susodicho, si otrora amenazaste en tenor tal que “no juzguéis  (μὴ  κρίνετε)  y no seréis juzgados” (Mt.7,1)?

12,58-59 Véase enmienda a Mt.5,25. En efecto, el galileo aconseja eludir el juicio apartando de en medio al adversario, “no sea que te entregue al juez, y el juez te ponga en manos del alguacil” y, en fin, pague su culpa según la pena estipulada, pena la cual horroriza a los galileos y embravece, en cambio, a los decentes y de bien.

13,14-16 No obstante, di, galileo mendaz, si esa ‘hija de Abraham’ pudo soportar dieciocho años ligada a Satanás, ¿no pudiera haber soportado ni un solo día? ¿A qué tantísima premura, de sopetón? Si molestaba a sus mayores que se curase en Sábado, ¿por qué no se contentaba con los otros seis días de la semana? ¿A qué tanta avaricia en sanar? ¿Acaso no es cierto que “todos igualmente perecerán” (13,3)? Entonces, ¿a qué tanta prisa en realizar curaciones? ¿Acaso éstas no formaban parte de su propaganda taumatólatra? Por tanto, ¿quién era en realidad el hipócrita, si quien curaba en día Sábado no lo hacía por piedad, sino por vanagloria de sí mismo (Mt.12,8 y Mc.2,27)?

13,18-19 Aplíquese enmienda a Mc.4,31-32. De hecho, afirmar que el ‘reino de Dios’ crece o decrece es impío, ya que el dios “es uno y el mismo desde la eternidad” (Eclo.42,21), como uno y el mismo es su reino: ni crece, ni mengua; ni viene, ni va; ni cambian sus leyes, y, sobre todo, ni  varían según sea lo acordado en el mundo (Mt.16,19).

13,22-24 Aplíquese enmienda relativa a Mt.7,13-14.

13,27 Aplíquese enmienda a Mt.7,23.

13,30 En efecto, al fin, ‘los últimos serían los primeros’, en tanto que, merced a las perniciosas prédicas del galileo, los últimos y peores serían alzados en magistraturas e instituciones, mientras que los mejores serían echados del poder, crucificados y quemados: todo orden debía subvertirse, y seguirá subvertido mientras sea preciso, igual que se quema un coto de bosque para que renazcan nuevos brotes.

13,34 Aplíquese enmienda relativa a Mt.23,37.

14,3-6 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,12.

14,7-11 Véase enmienda a Mc.12,38-39. Por ende, semejante doctrina halla precedente en Prov.25,6-7.

14,12-14 Las cenas dispensadas a los pobres, extranjeros, huérfanos y viudas ya quedaron prescritas en Dt.14,29.

14,16-24 La parábola representa a los judíos (invitados), quienes hubiendo rechazado al reino de dios (el gran banquete) encarnado en y ofrecido por el mesías (el servidor), serán a su vez rechazados por el dios (el organizador del banquete) y en su lugar serán aceptos los gentiles (o sea, los pobres, tullidos, ciegos y cojos). En fin…, aún habrá de entre los galileos quien espere gratitud de parte de los gentiles; y de hecho, los galileos no cesan de exigir gratitud a todos los pueblos por la llegada de su mesías, ahora bien, ¿quién acudiría a un banquete eterno en donde cada cual ocuparía un lugar eternamente fijo, junto con los mismos comensales y el mismo anfitrión por toda la eternidad? ¿Quién ante semejante previsión de estrechez y de inmovilidad no sentiría una gran desazón y procuraría excusarse del covite? Por ende, ¿quién ante semejante destino aceptaría la invitación, a fuer de los más insensibles y de los más incautos? ¿No se juntará en dicho banquete lo peor del género humano? ¿Acaso no coincidirán allí todos los tragones y todos los amantes de la carne, la vida y el festin? ¿Y quienes hay reunidos hoy en el mundo? ¿Qué tipo de hombres le rodean, querido lector que tanto padece?

14,26-27 Véase enmienda a Mt.10,34-36 a Mt.10,37 y a Mt.10,38. En efecto, multitud de judeo-mesiánicos arguyen con tremenda doblez que, de hecho, seguir al galileo no implica aborrecer a los padres, y es cierto: un buen mesiánico no sólo debe conformarse con aborrecer a los padres, pues “si no aborrece a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo”, sentencia el susodicho con voz gutural, dando a entender que sólo con aborrecer a los padres no basta. Y no dice ‘preferirle’ a él antes que a los familiares, como pretenden hacer ver multitud de galileos[59], sino que especifica ‘aborrecer’ u ‘odiar’  (μισεῖν)  a la parentela.

14,23 Es de notar cómo, según la parábola, el anfitrión (el dios) espeta a su siervo (el mesías) “sal a los caminos y a las cárcavas, y que se les imponga el venir a fin que sea llenada mi casa”, lo cual dice mucho de la naturaleza del convite, de los comensales, del siervo y del propio anfitrión, “pues ¿cómo vamos a decir que los que se levantan a la fuerza de sus asientos se levantan por honrar a quienes les ofenden? (…) También dan regalos a quienes odian, y ello, cuanto más temor tienen de que les suceda algo por su causa, pero, naturalmente, esas obras las puedo considerar, creo, propias de la esclavitud”, porque el dios de verdad hace que sus comensales “se levanten de sus asientos por amor y no por temor”[60].

14,35 Véase enmienda a Mt.5,13-14 y a Mc.9,49.

15,2 Véase enmienda a Mt.9,12 y a Mt.9,13.

15,7y10 El galileo dice que ‘habrá en el cielo alegría’  (χαρά)  por sólo un converso, sin embargo, hubo de haber recordado antes que “a la alegría sucede la congoja”  (πένθος)  (Prov.14,13).

15,11-32 A decir verdad, la parábola es acertada en los siguientes términos: el ‘padre’ representa al dios, y, de entre los dos ‘hijos’, el mayor representa las tradiciones ancestrales y los ritos gentilicios, mientras que el menor (15,12) representa al creyente en el artificio del nuevo culto judeo-mesiánico[61]. Por ende, la ‘hacienda’ significa los dones de dios al ser humano, la ‘tierra lejana’ en la cual el hijo menor la disipa representa Oriente y, en efecto, la terrible ‘hambruna’ que el hijo padece es la era mesiánica, que se prolonga cual largo ayuno para la humanidad. Por tanto, el hijo menor hallará la salud sólo cuando regrese al hogar, junto con su hermano mayor, al abrigo de su padre y de su hacienda; como de forma semejante, por cierto, el creyente en cultos artificiales hallará la auténtica fe sólo cuando regrese a su patria, a sus tradiciones y ritos ancestrales, al abrigo de su dios y de sus dones, pues “un hogar es el lugar más santo, agradable y entrañable que hay en el mundo”[62].

16,16-17 Aquí el galileo declara terminada la era de la Ley y los Profetas, que vale “hasta Juan; desde entonces el reino de Dios se predica y todos hacia él son forzados”  (πᾶς  εἰς  αὐτὴν  βιάζεται),  de modo que todo culto tradicional, en efecto, se vería forzado hacia otro artificial, y, en consecuencia, toda nación abandonaría su identidad y su naturaleza para acoger solamente lo nuevo y lo artificial[63].

Sea como fuere, hete aquí cómo con insondable falsedad el susodicho sentencia que “más fácil es que pasen el cielo y la tierra que el faltar un solo ápice de la Ley”: esto es, ‘la Ley vale hasta Juan’  (ὁ  νόμος  μέχρι  Ἰωάννου),  pero al tiempo debe cumplirse punto por punto: “¡ay de los que buscan en lo profundo para encubrir sus designios! ¡Ay de los que se esconden de Yahvé, queriendo encubrir sus pensamientos y para sus obras buscan las tinieblas! (…) ¡Qué perversidad la vuestra!” (Is.29,15-16). En fin, querido lector que tanto aguarda y que a tanto osa, conserve en sus mientes que “nada digno de fe habla en la boca la lengua de quienes tienen en su corazón un pensamiento de palabra doble”[64], porque ciertamente los mesiánicos galileos hablan con doble palabra y postulan doble ley, y por ello no son dignos de fe, sino de reprensión. Que ésta les sirva y que tras bajar del madero al galileo y a la humanidad (Gál.6,14), den honrosa sepultura a su cadáver y den a cremación su infausta cruz con abundante fuego: el fuego de la catarsis.

16,18 Véase enmienda a Mt.19,9 y a Mt.5,31-32.

17,1 Aplíquese enmienda relativa a Mt.18,7.

17,4 Aplíquese enmienda relativa a Mt.18,21-22.

17,20-21 Aplíquese enmienda relativa a Mc.13,33.

17,25 Si bien ‘el hijo del Hombre hubo de padecer mucho y de ser reprobado por aquella generación’, sus tétricos seguidores, tomando a la humanidad como al ‘Hijo del hombre’, desde entonces la hacen padecer mucho mientras veneran al cádaver, a la sangre, a la carne y a la cruz, de modo y manera que el martirio del galileo no anunciaba una buena nueva, y aun menos el ‘reino de Dios’, sino que fue admonición de pesares y tinieblas: como fue crucificado el galileo así está crucificada ahora la humanidad: bajen al cadáver de la cruz, désele digna sepultura, échese el madero al fuego, el fuego de la catársis, y renazca en un cuerpo sano, como le es propio a toda creatura y a toda obra.

17,27-28 ¿Y qué habían de hacer ante la llegada de la consumación, sino actuar con templanza, sin alaracas, y guardándose de mostrar apego a la vida, a la carne y al mundo? ¿Acaso fueron mejores Noé y Lot, que se afanaron lo indecible a fin de conservar su vida, su carne y su mundo? ¿Pero no es cierto que “quien busque guardar su vida, la perderá, y el que la perdiere, la conservará” (17,33)? Entonces, Noé como Lot, ¿salvando su carne perdieron su espíritu? Y en cambio, si los habitantes de sendas ciudades perdieron su carne por no aferrarse a ella, ¿acaso no consiguieron su espíritu?

17,37 Aplíquese enmienda relativa a Mt.24,28.

18,8 La promesa del galileo con respecto a que su dios “realizará el ajusticiamiento de ellos en breve”  (ποιήσει  τὴν  ἐκδίκησιν  αὐτῶν  ἐν  τάχει)  implica afirmar que el dios, aun ser la propia Ley y existir por todo y en todo momento, no hace justicia hasta determinado momento, como si el sol, pese a existir y bañar de luz al mundo ―de día por sí mismo y de noche mediante la luna y los demás astros―, pudiera acaso retener su propia luz para soltarla de golpe en un solo día. Y mientras qué, oh galileos mendacísimos, ¿es que acaso pretendéis tener cautiva a la ley, la justicia, la salud, el sol, la luz y toda virtud, provocando así que todo se degenere y se pudra? Y aun así, durante la degeneración y tras la putrefacción acusariais a todos de semejante desastre, salvo a vosotros mismos: ‘¡hipócritas!; quitad primero la viga del ojo vuestro, y entonces veréis quitar la paja del ojo de vuestro hermano’ (Mt.7,5).

Sea como fuere, lo cierto es que debe uno tener mucha imaginación para interpretar el ‘en breve’  (ἐν  τάχει)  sin advertir cierta precipitación en el cálculo del galileo, a no ser, por cierto, que el citado ajusticiamiento empezase tras la crucifixión y perdurare aún en el tiempo actual, en tanto que el galileo ‘vino a traer no paz, sino espada’ (Mt.10,34), ‘no paz, sino fuego’ (12,49), ‘no paz, sino disensión’ (12,51) y, por fin, no justicia, sino venganza por pecados antañones (11,51): espada, fuego, disensión y venganza que hallarán su fin cuando el infausto galileo sea bajado del madero, sepultado y resucitado, como conviene que suceda con toda creatura del dios.

18,14 Aplíquese enmienda relativa a Mt.23,7-1.

18,15-17 Aplíquese enmienda relativa a Mt.18,3-4 y a Mc.10,13-16.

18,19 El galileo asegura que “nadie es bueno sino Dios”, lo cual es cierto, bello y piadoso, al tiempo que responde cumplidamente a quienes afirman que el galileo “no puede pecar, porque ha nacido de Dios” (1Jn.3,9)[65]; y bueno, ¿qué hombre no ha nacido del dios, cuando es “Zeus, padre de hombres y de dioses”[66]?

18,20 Aplíquese enmienda relativa a Mt.19,18-19.

18,22 Aplíquese enmienda relativa a Mt.19,21 y a Mc.10,21.

18,26-27 Aplíquese enmienda relativa a Mc.10,26-27.

18,27 Resulta mejor sentenciar “lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios” que soltar por la boca grande “para Dios todo es posible” (Mt.19,29).

18,32-33 En efecto, y tras el martirio del galileo serían los mesiánicos quienes ‘entregarían la humanidad al engaño y al artificio, y sería escarnecida, insultada y escupida, y después de haberla azotado, le quitarían la dignidad, pero al tercer día resucitará’, como Jonás al salir del cetáceo y como el galileo al librarse del martirio de la cruz: tremenda admonición de lo que el mundo habría de soportar de las rapaces, pues ‘donde esté el cadáver, allí se juntan las rapaces’ (17,37).

18,34 Aplíquese enmienda relativa a Mc.9,31-32 y a 9,45.

18,43 Aplíquese enmienda relativa a Mc.10,52.

19,12-28 Aplíquese enmienda relativa a Mt.25,14-30.

19,27 No serían pocos los que en nombre del galileo degollarían tropeles de gentiles indefensos, pues sus verdugos monoteístas sentíanse cerca de su mesías cuando gritaban con trémula voz “mis enemigos (…) traedlos acá y delante de mí degolladlos”[67], y mientras las víctimas se desangraban tendidas en el suelo, los seguidores del galileo salmodiaban “se duplicará la espada (Mt.10,34), se triplicará; es la espada de la matanza, la espada de la gran matanza que les amenaza. Para que se encojan los corazones y se multiplique el estrago, sobre todas sus puertas he puesto el espanto de la espada. ¡Ah! ¡Bruñida para fulgurar, afilada para degollar! ¡Taja a derecha, raja a izquierda, adondequiera que te vuelvas!” (Ez.21,19-21), y así, ‘multiplicado el estrago’ hacia Europa, el monoteísmo atroz infectaría el mundo, y las Moiras tejerían de la hilatura más ingrata.

19,35-36 Aplíquese enmienda relativa a Mt.21,4-5.

19,45-46 Aplíquese enmienda relativa a Mt.21,12 y a Mc.11,15-17.

20,2-8 Aplíquese enmienda relativa a Mt.21,23-27 y a Mc.11,30.

20,9-18 Aplíquese enmienda relativa a Is.5,1-7.

20,19-26 Aplíquese enmienda relativa a Mt.22,21-22 y a Mc.12,16-17.

20,34-36 Aplíquese enmienda relativa a Mt.22,30.

20,41-44 Aplíquese enmienda relativa a Mt.22,43-45 y a Mt.22,43-45bis.

20,46 Aplíquese enmienda relativa a Mc.12,38-39.

21,3-4 Aplíquese enmienda relativa a Mc.12,43-44.

21,6-7 Aplíquese enmienda relativa a Mt.24,2.

21,8-11 Véase enmienda a Mt.24,9-14 y a Mc.13,10.

21,17 Aplíquese enmienda relativa a Mt.10,22 y a Mc.13,13.

21,20 Véase enmienda a Mt.24,21 y a Mc.13,19.

21,26 Aplíquese enmienda relativa a Mt.24,29.

21,27 Aplíquese enmienda relativa a Mc.13,26.

21,28-33 Véase enmienda a Mc.13,33.

21,34-36 Al galileo no le pareció suficiente señal de Juicio el que sean “los hombres criados para la muerte”[68], que aun y con todo vio necesario turbar a los incautos de corazón y ánimo cobarde tal que advierte ‘de repente vendrá sobre vosotros aquel día’, en alusión al día del Juicio. Sin embargo, cualquiera ciertamente “desde que nació está condenado a muerte por la naturaleza”[69], y por tanto tiene ya asignado su día, su juicio y su pago; y si ello es así, por cierto, no es por artificio, oportunidad y venganza (Mt.25,41-46 y 11,51), sino por naturaleza, razón y corrección, porque las leyes del dios son conforme a número, ciclo y medida: “que las propias leyes asuman el castigo para quienes las infringen, es propio de un legislador superior al hombre”[70], en cambio, que las leyes no sirvan de corrección a los infractores, sino que éstos precisen de un determinado juicio, parece propio de hombres que comen pan y beben vino, pero no de un legislador superior al hombre.

22,3 Se demuestra cómo Satán podía entrar y salir del cuerpo de los doce ―semejante a como quien entra y sale de su casa―, aun cuando a éstos, incluido a Judas Iscariote, el galileo “les dio poder sobre los espíritus impuros para arrojarlos” (Mt.10,1), con lo cual no debe resultar disparatado que poseyera a Pedro (Mt.16,23 y Mt.17,4) y que tutelara los destinos del propio susodicho, porque, decid, galileos que concurrís con el mal, ¿acaso vuestro mesías y su martirio, vuestro culto y su propagación, por ende, hubieran podido realizarse sin el concurso de Satanás? ¿No veis que vuestro mesías y vuestro culto empieza por Satán, y que su martirio y su propagación acaba en Satanás? ¿Qué culto es ése y qué fe la que se origina merced al influjo de Satán? ¿Cómo negar que el judeo-mesianismo es un culto satánico, cuando su razón de ser se debe a la acción de Satanás?[71] Véase enmienda a Mt.26,15 y a Jn.18,2-3.

22,19-20 Aplíquese enmienda relativa a Mt.26,26-29 y véase enmienda a Mc.14,24.

22,36 El galileo prerroga a sus discípulos ‘vender el manto y comprar una espada’, a tenor de lo cual ninguno de ellos podría ser llamado ‘hijo de Dios’, porque solamente ‘los pacíficos serán llamados hijos de Dios’ (Mt.5,9), y a raíz de lo cual todos morirían a espada, “pues quien toma la espada, a espada morirá” (Mt.26,52).

Ahora bien, ¿dónde han quedado las ampulosas prédicas, proferidas con insondable doblez, en cuanto a ‘no resistir al mal’ (Mt.5,39), ‘dar una y otra mejilla’ (Mt.5,39) ‘hasta setenta veces siete’ (Mt.18,22) y ‘ser perfectos como el dios’ (Mt.5,48)? ¿Es que alguien duda aún de que el galileo ‘se hallaba para traer una señal que se contradice’ (2,34), y que advertía sobre la llegada de un tiempo de apariencia, engaño y contrahechura, en donde el primero sería considerado último y último el primero, el noble tomado por ruín y el ruín por noble, lo bello feo, lo bueno malo, la anécdora categoría, la circunstancia ley, el mundo cielo, el hijo de hombre hijo del dios, el dios hombre y el hombre dios?. Todo iba a dar un vuelco, y ya no se distinguiría el bien del mal. Todo mezclado, todo confundido, la parte por el todo, el todo por la parte: el orden debía ser subvertido, y seguirá subvertido mientras sea preciso, igual que se quema un coto de bosque a fin que renazcan nuevos brotes.

22,42 Aplíquese enmienda relativa a Mt.26,39 y a Mc.14,35-36.

22,52 Aplíquese enmienda relativa a Mt.26,55.

22,53 Ciertamente, les llegó la hora a quienes apreciaban la familia, los antepasados, la patria y los dioses, y llegaba ‘el poder de las tinieblas’ encarnado en los infaustos galileos, quienes desprecian la familia tradicional (14,26) y los venerables antepasados (Mt.8,21-22/ Mt.9,17/ Mt.19,8/ Mt.22,43-45), no conocen patria ni leyes nacionales (Mt.12,8/ Mt.5,46-47) y abominan de los dioses (Mt.7,1/ Mt.16,19/ Mt.26,26-29/ Mt.27,46) de modo tal que pretendiendo imponer un solo dios a todos (Mt.24,14) acabarán todos por no tener ninguno, como quien creyendo obrar el mayor bien comete la mayor de las iniquidades. Y es por ello que no son dignos de fe, sino de severa corrección: que ésta les sirva y que, habiendo bajado del madero al galileo y a la humanidad entera, ofrezcan honrosa sepultura a su cadáver y den a cremación su infame cruz con abundante fuego: el fuego de la catársis que acontece con el devenir de los ciclos.

22,56 Aplíquese enmienda relativa a Mc.14,54.

22,57-62 Aplíquese enmienda relativa a Mt.26,70-75.

22,63-65 Aplíquese enmienda relativa a Mc.14,65.

22,70-71 Aplíquese enmienda relativa a Mt.26-65, a Mc.14,62 y a Mc.14,62-64.

23,21-22 Aplíquese enmienda relativa a Mt.27,23.

23,45 Aplíquese enmienda relativa a Mt.27,51.

23,46 Vése enmienda a Mt.27,46 y a Mc.15,34.

23,50-56 Aplíquese enmienda relativa a Mt.27,57-60 y a Mc.15,46.

23,52-53 Véase enmienda a Mt.27,57-60 y a Mc.15,46.

23,54 Aplíquese enmienda relativa a Mc.15,42.

24,4 Lucas cuenta que a las mujeres “se les presentaron dos hombres vestidos de vestiduras deslumbrantes”, mientras que Mateo narra que “un ángel del Señor bajó del cielo” (Mt.28,2) de modo semejante a Marcos, que explica cómo las mujeres “vieron un joven sentado a la derecha” (Mc.16,5) del sepulcro. Ahora bien, que ello ocurriera o no, o que en caso de acaecer lo hiciera de tal o cual modo, en fin, es con respecto a la verdad lo que la anécdota a la categoría, la opinión a la ley y la apariencia a la realidad, porque, siempre y sin excepción, lo que deviene es perecedero, mientras que lo que existe, ciertamente, ni deviene ni perece jamás sin dejar de ser lo que es.

24,7 Aplíquese enmienda relativa a Mc.15,42 y a Mt. Enmienda final.

24,46 Aplíquese enmienda relativa a Mc.15,42.

24,47 El galileo se despide de los suyos ordenándoles ‘que se predique a todas las naciones la remisión de los pecados’, que es tanto como ir prometiendo la prevaricación en masa a las muchedumbres y, por ende, como ir promulgando la inexistencia de cualquier ley de correspondencia entre el delito y la corrección. En fin, ¿es que acaso la corrección no engendra un corazón contrito? ¿Acaso el amor a las leyes no engendra contrición en el alma de los pecadores, y profundo gozo en el alma de los decentes y de bien? Entonces, ¿para qué ha de venir nadie a redimir, si las propias leyes, por ser divinas, corrigen por sí mismas a quien las incumple[72]? ‘¿Qué le aprovecha, hermanos míos, a uno decir: «yo tengo libertad», si no tiene corrección? ¿Podrá corregirle la propia libertad? ¿Pues la libertad, si no tiene corrección, es de suyo muerta. Mas dirá alguno: «tú tienes corrección y yo tengo libertad». Bien, hombre libre y redimido, muéstrame tu libertad apartada de la corrección, que yo mediante la corrección te mostraré mi libertad. Entended, pues, ¡oh galileos!, que mediante la corrección se justifica el hombre, y no mediante sólo libertad’ (Sant.2,14-24). Sin embargo, llegaba la hora de la complacencia a las muchedumbres, a los glúteos y a las pantorrillas, y a partir de entonces los galileos se llenarían la boca de ‘paz’, ‘amor’, ‘perdón’ y ‘caridad’, pero sus mientes maquinarían espada (Mt.10,34), aborrecimiento (14,26), condena eterna (Mt.25,41) y negación (Mt.16,24), a raíz de lo cual han llegado los días en que se dice: ‘dichosas las estériles, y los vientres que no engendran, y los pechos que no amamantan’ (23,29), porque la humanidad entera, ensartada en el madero y empapada de la sangre del Contrato, grita con pavorosa voz ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’, y tan sólo unos pocos, los menos, alzan sus manos al cielo y confiados rezan al dios: bájese al galileo de la cruz, dispénsele digna sepultura a su cadáver, renazca en un cuerpo sano, como corresponde a toda creatura tuya, y dese al fuego el madero; el fuego de la catarsis.

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]      Véase enmienda a Jue.6,17-22 y 6,36-40.

[2]      Estesícoro fragmento 34 BCG.

[3]      La clave para traducir el pasaje con rigor es la interpretación del  πρώτη  en grado cualitativo (primordial), más que en grado ordinal (primero); por otro lado, la pequeña dificultad del pasaje radica en la traducción del genitivo absoluto   ἡγεμονεύοντος  τῆς  Συρίας  Κυρηνίου.

[4]      No debe considerarse hiperbólica la edad atribuida a los primeros humanos; de hecho, “Hesíodo, Hecateo, Helánico, Acusilao, además de Éforo y Nicolao, relatan que los antiguos vivieron mil años” (Hesíodo fragmento 356 BCG).

[5]      O Maleleel.

[6]      En realidad, Enoc no muere, sino que se lo lleva dios a las alturas, como después sucedería con próceres tales como Empédocles o Elías.

[7]      O Matusalá.

[8]      Entre los cuales 130 años fueron de peregrinación (Gén.47,9) desde el año en que abandonó su casa (Gén.28,1-2).

[9]      Habida cuenta no existen datos relacionados con la duración de las subsiguientes generaciones, se ha optado por establecer una sucesión de 25 y 30 años alternativamente. Así pues, hay un margen de error de 150 años.

[10]     Fares fue producto de la prostitución de Tamar con Judá, de quien además era nuera.

[11]     O Jesrom, o Hezrón.

[12]     O Eliacim.

[13]     Así como 2Rey.11,21 y 2Rey.21,1y19.

[14]     Así como Neh.12,1 ó Esdr.3,2y8.

[15]     Sin embargo, según 1Par.3,19, Zorobabel es hijo de Pedaya, hijo de Salatiel.

[16]     En efecto, entre lo atribuido a Isaías en un inicio, se distinguen la parte compuesta por el propio profeta o su amanuense (1 – 39), y dos libros que se añadieron con posterioridad, estos son, el Deutero-Isaías (40 – 55) y el Trito-Isaías (56 – 66).

[17]     Jenofonte Ciropedia V 3,9.

[18]     Véase Jn.13,8-9.

[19]     Porfirio Vida de Pitágoras 25.

[20]     Hesíodo Trabajos y Días 716.

[21]     Jenofonte Económico 11,18.

[22]     Jenofonte Ciropedia V 2,17.

[23]     Es que “el necio, cuando ríe, ríe estrepitosamente; el discreto apenas sonríe por lo bajo” (Eclo.21,23).

[24]     Hesíodo Trabajos y Días 265.

[25]     Lírica Griega Popular Escolios; fragmento 99 BCG.

[26]     Jenofonte Económico XIII 12.

[27]     Jenofonte Memorias II 6,19-20.

[28]     Jenofonte Ciropedia II 2,18.

[29]     Hesíodo Trabajos y Días 320.

[30]     Hesíodo Trabajos y Días 355.

[31]     “Pues esa ley impuso a los hombres el Cronión: a los peces, fieras y aves voladoras, comerse los unos a los otros, ya que no existe justicia entre ellos; a los hombres, en cambio, les dio la justicia, que es mucho mejor” (Hesíodo Trabajos y Días 275).

[32]     En efecto, el galileo “se compadeció” por la madre del niño ―no por el niño, atienda bien, querido lector― y decidió entonces regalarle la resurrección del cadáver, en vez de haber sentenciado “mejor el día de la muerte que el del nacimiento” (Ecl.7,1), como dice serena la ley de sus mayores.

[33]     Véase enmiendas a Mc.3,26 y a 4,35-36.

[34]     Ilíada XXIV 463 – 464.

[35]     Hesíodo Certamen 75.

[36]     Jenofonte Ciropedia VIII 7,20.

[37]     Regresos; fragmento 8 BCG.

[38]     Véase Mc.10,44 y 22,27.

[39]     Jenofonte Ciropedia V 3,9.

[40]     Véase enmiendas a Mt.15,24/ Mt.15,26-27/ Mc.7,25-30/ Mc.7,33 y 6,19.

[41]     Para consultar pormenores véase la enmienda correspondiente a Sal.2,2.

[42]     Véase Gén.19,17 y Gén.19,26.

[43]     Recuerde, amado lector, “antes de la muerte no alabes a nadie, que sólo al fin se conoce quien es cada uno” (Eclo.11,30).

[44]     Juzgue cada quien si el judeo-mesianismo imperialista puede ser una senda correcta.

[45]     Juzgue cada quien si despedirse de los padres puede ser un pecado.

[46]     Ilíada XV 203.

[47]     Lírica Griega Popular fragmento 109 BCG.

[48]     Jenofonte Memorias IV 4,15.

[49]     En cuanto a las leyes universales, que son las únicas leyes verdaderas.

[50]     En cuanto a las leyes humanas y dispuestas para la condición humana, que no son siempre perfectas pero que deben respetarse por amor a la Concordia y a los Antepasados.

[51]     En cuanto a las leyes jurídicas, que si bien dependen de la acción humana deben acatarse por respeto a la Constitución.

[52]     Y en cuanto a las leyes nacionales, que deben respetarse por amor a la Patria.

[53]     Anónimo Sobre la Ley 10.

[54]     Por ello el galileo poco tiene que ver con su dios, pues “no es Dios como un hombre que se mueve con amenazas” (Jdt.8,16), y sí mucho que ver con lo mundano, el engaño y la doblez.

[55]     Margites fragmento 5 BCG.

[56]     Jenofonte Ciropedia V 3,9.

[57]     Véase 2Sam.21yss./ 2Rey.14,6/ Jer.31,29yss y Ez.18,19yss.

[58]     Véase enmienda relativa a Mt.6,26.

[59]     Y como en cierta medida sería comprensible, desde la óptica antropólatra del judeo-mesianismo.

[60]     Jenofonte Hierón 7,7-8y9.

[61]     El culto judeo-mesiánico es un artificio, en tanto que nace no de la naturaleza y de las tradiciones anónimas, sino de unos manuscritos y de la voluntad de hombres concretos.

[62]     Jenofonte Ciropedia VII 5,56.

[63]     Véase enmienda a Mc.10,11.

[64]     Lírica Griega Popular fragmento 109 BCG.

[65]     Véase Jn.8,46.

[66]     Hesíodo Teogonía 45.

[67]     Véase Núm.19,2-6.

[68]     Hesíodo Trabajos y Días 419.

[69]     Jenofonte Apología 27.

[70]     Jenofonte Memorias IV 4,24.

[71]     Por cierto, existencia del cual es negada por todo hombre decente y de bien, porque si solamente lo ordenado e íntegro puede existir por sí mismo, lo desordenado e impuro no existe por sí mismo, pues deviene a través del mundo, la vida, la carne y la cruz, pero nunca a través de lo divino, la existencia, el ánima y el caduceo.

[72]     De hecho, “que las propias leyes asuman el castigo para quienes las infringen, es propio de un legislador superior al hombre” (Jenofonte Memorias IV 4,24).