La creación no ha terminado...

Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: MATEO

MATEO[1]

Prenuncio e inauguración del tiempo de dolor y de cruz

1,1-17 El presunto evangelista, cuya buena nueva consite en proclamar que llegará el día ―¡oh qué día!―, en el que los fieles a su mesías serán eternizados con su amado cuerpo y los infieles aniquilados para siempre, empieza su novela presentando un pueril juego numérico-genealógico, en el que desde Abraham hasta el el rey David serían 14 las generaciones, esto es Abraham ~ Isaac ~ Jacob o Israel ~ Judá ~ Fares ~ Esrom ~ Aram ~ Aminadab ~ Naasón ~ Salmón ~ Booz ~ Obed ~ Jesé o Isaí ~ David; otras 14 desde éste último hasta el cautiverio en Babilonia, esto es, David ~ Salomón ~ Roboam ~ Abías ~ Asa ~ Josafat ~ Joram ~ Ozías ~ Jotam ~ Acaz ~ Ezequías ~ Manasés ~ Amón ~ Josías; y otras 14 más desde el cautiverio hasta el galileo, esto es, Jeconías o Joaquín ~ Saaltiel o Salatiel ~ Zorobabel ~ Abiud ~ Eliacim ~ Azor ~ Sadoc ~ Aquim ~ Eliud ~ Eleazar ~ Matán ~ Jacob ~ José ~ el galileo; de modo que las tres series de 14 generaciones sumarían un total de 42 generaciones y…, bueno, cuatro más dos suman seis, que…, en fin, es un número que coincide con el número de puntas de la estrella del rey David…; ¿qué ocurre?, ¿no le parece asombroso? ¿Acaso no es ésta una verdadera profecía del cristo redentor? ¿Acaso esta exactitud en las predicciones no confirma la absoluta fiabilidad de los textos bíblicos, palabra del dios-cristo?

De hecho, el caso es que en 2Rey.8,24yss. se dice que hijo y sucesor de Joram fue Ococías ―no aún Ozías―, e hijo y sucesor de Ococías fue Joás (2Rey.12,21), y de éste Azarías (2Rey.14,21), e hijo y sucesor de Azarías fue Jotam (2Rey.15,7); con lo cual, la sucesión en dicho punto sería Joram ~ Ococías ~ Joás ~ Amasías ~ Azarías y Jotam, de manera que Mateo omite tres generaciones, pues entre Joram y Jotam en realidad hay cuatro generaciones y Mateo solamente menciona una. Asimismo, omite también la generación de Asir, hijo de Joaquín-Jeconías (1Par.3,17) y padre de Salatiel, y para colmadura de todo lo dicho, de Zorobabel a José ―esto es, 9 generaciones― la genealogía carece de cualquier fundamento, y parece ser una invención de Mateo, dado que sólo él y ningún otro autor ni ningún otro texto relaciona parentalmente los nombres de Abiud, Eliacim, Azor, Sadoc, Aquim, Eliud, Eleazar, Matán y Jacob, hasta el punto de que muchos de estos nombres solamente los menciona el propio Mateo. No obstante, pese a que semejante genealogía fuera cierta y en realidad Jesús y David estuviesen emparentados por línea paterna, lo cierto y verdad es que el trono de David no fue eterno, como se vaticinó en 1Rey.2,45, puesto que padeció el cautiverio de Babilonia, el sometimiento de los diadocos macedonios bajo la dinastía Seleúcida y el de los romanos bajo la dinastía Herodiana, por no mencionar que ninguna de las presuntas generaciones desde Zorobabel a José ocupó magistratura alguna semejante a un trono. Sea como fuere, he aquí una sucesión genealógica mínimamente verosímil: Abraham (Gén.17,5) ~ Isaac (Gén.21,3) ~ Jacob (Gén.25,26) ~ Judá (Gén.29,35) ~ Fares (Gén.38,29) ~ Esrom (1Par.2,5) ~ Aram o Ram (1Par.2,9) ~ Aminadab (1Par.2,10) ~ Naasón (Núm.1,7/ 1Par.2,10) ~ Salmón o Salma (1Par.2,11) ~ Booz (Rut 2,1/ 1Par.2,11) ~ Obed (Rut 4,17) ~ Isaí o Jesé (Rut 4,22/ 1Sam.16,11) ~ David (Rut 4,22) ~ Salomón (2Sam.5,14); en este punto Israel se divide en los reinos de Israel y de Juda, y la genealogía continúa con los hijos de éste último reino, esto es, Roboam (1Rey.11,43) ~ Abiam o Abías (1Rey.14,31) ~ Asá (1Rey.15,8) ~ Josafat (1Rey.15,24) ~ Joram II (2Rey.8,16) ~ Ococías II (2Rey.8,24) ~ Joás I (2Rey.11,2/ 11,21/ 12,1y19) ~ Amasías (2Rey.12,21) ~ Azarías u Ozías (2Rey.14,21) ~ Jotam (2Rey.15,7y32) ~ Acaz o Ajaz (2Rey.16,1) ~ Ezequías (2Rey.16,20) ~ Manasés (2Rey.20,21) ~ Amón (2Rey.21,18) ~ Josías (2Rey.22,1) ~ Eliaquim o Joaquim (2Rey.23,34y36) ~ Joaquín o Jeconías (2Rey.24,17); y en este punto se verifica la deportación a Babilonia bajo el yugo de Nabucodonosor (año 587 ó 586 a.C.), y la sucesión seguiría de tal modo: hijo de Joaquín o Jeconías fue Asir (1Par.3,17) ~ Saaltiel o Salatiel (1Par.3,17/ Neh.12,1/ Edr.3,2y8) ~ Zorobabel (Neh.12,1). A partir de este punto Mateo emplea su imaginación y menciona una sarta de nueve insólitos nombres hasta llegar a José, padre del galileo.

1,18 Este versículo evidencia que el necrócrata fue hijo bastardo, producto de un adulterio entre María y el Espíritu Santo. En fin…, si de verdad el mesías quería venir al mundo como Hijo del Hombre, ¿por qué no fue concebido como uno más? Por ende, ¿cómo después de ser concebido de tal modo tenía la desfachatez de llamarse ‘Hijo del Hombre’? ¿Hijo de qué Hombre? ¿Acaso no es ese epítome una más de tantas triquiñuelas populistas de las que tanto se servía?

Sea como fuere, lo cierto y verdad es que se evidencia una vez más el melindre con relación al sexo de que padecen todos los fanáticos monoteístas[2].

1,19 Mateo dice que José fue justo al no denunciar a María por adúltera, por más que Yahvé, cuya palabra “permanece para siempre” (Is.40,8), ordenara que “si adultera un hombre con la mujer de su prójimo, hombre y mujer adúlteros serán castigados con la muerte” (Lev.20,10). Así pues, como se dice que el galileo era ‘Hijo del Hombre’, y se da el caso de que fue hijo del Espíritu Santo, resulta que según la ley de Yahvé no sólo debía matarse a María, sino también al Espíritu Santo. Por ende, se dice que José “resolvió repudiarla [a María] en secreto”, por más que la ley de sus ancestros y la de su dios preceptúa que “si un hombre toma una mujer y llega a ser su marido, y ésta luego no le agrada porque ha notado en ella algo torpe, le escribirá el libelo de repudio” (Dt.24,1).

1,21 Se dice que el galileo “salvará a su pueblo de los pecados”, por más que Yahvé explicitase “yo, yo soy Yahvé, y fuera de mí no hay salvador” (Is.43,11-12), insistiendo en su nombre, dado que “Yavé es su nombre” (Sal.68[Vg67],5)[3]. Sea como fuere, el pecado no es objeto de salvación, sino de expiación, y dicho proceso de expiación es precisamente lo que salva a las almas de su ignorancia. Por tanto, omitir la expiación y pretender acceder directamente a la salvación no es un comportamiento bondadoso, sino todo lo contrario: malicioso.

Al inquisidor de la presente, ¡por todos los dioses!, que nadie venga a querer salvarlo, sino que page cumplidamente por todas sus culpas y líbrese así de la ignorancia: ¡nadie le arrebate el trayecto de la purificación, por el cual tanto merece la pena vivir! De hecho, si alguien deseara salvarle de pronto y dejarlo sin mácula por arte de birlibirloque, sería tanto como desear exterminarlo para siempre. ¡Oh Zeus!, líbrale de los que le quieren bien, que de los que le quieren mal ya se ocupa él mismo. Además, ¿no se dijo que la misericordia de Yahvé se extiende “sobre todas sus obras” (Sal.145[Vg144],9)?, entonces, ¿a qué diantre debía venir un presunto mesías?, ¿a poner en duda la justicia del dios? Es más, antes de la llegada del galileo, ¿el dios no tenía poder para perdonar los pecados a las almas, en caso de ser ello posible? ¿Tuvo entonces que llegar el infame galileo para pretender tamaña injusticia? Pero bueno, ¿acaso no es justo pagar la condena cumplidamente?; por el contrario, ¿acaso no sería una injusticia dejar sin punir las faltas, igual que dejar sin premiar los aciertos? En definitiva, ¿acaso no merecía ser castigado el galileo por ir vomitando semejantes atrocidades? Sí, lo merecía y con mucho, aunque su castigo ejemplar luego fuera manipulado por hombres miserables a fin de encarmarse al poder teocrático.

1,23 En el texto griego en la versión de los Setenta (Is.7,14) se emplea el término παρθένος que también puede significar ‘doncella’, ‘chica’ o ‘joven’. Ahora bien, aunque se refiriese a una ‘virgen’, cabe decir que no es extraña la alusión a casos de partenogénesis, de la cual se dice que nacieron hombres como Pitágoras, Platón o el propio Sansón (Jue.13,3yss.), siglos antes de que naciera el galileo, por no hablar de la progenie de héroes nacidos de vírgenes.

Sea como fuere, el caso es que la admonición del profeta (Is.7,14) no se cumple, dado que el infante debía llamarse ‘Emmanuel’ y no ‘Jesús’ (Is.8,8).

1,24 Se da a entender que el mensaje del Espíritu Santo a José ocurre durante el sueño de éste. Sin embargo, cabría recordar que según los propios textos bíblicos “cosa vana son la adivinación, los agüeros y los sueños” (Eclo.34,5)[4].

2,6 Esta admonición mesiánica no tiene por qué referirse específicamente al galileo, dado que Belén está en Judá, y desde la antigüedad que los judíos estaban a la espera de un caudillo teócrata que saciara su sed imperialista[5].

2,12 Los magos son “advertidos en sueños de no volver a Herodes”, por más que en otro lugar se asegure que “cosa vana son la adivinación, los agüeros y los sueños” (Eclo.34,5)[6] .

Por ende, véase enmienda anterior y aplíquese esta misma enmienda al versículo siguiente, puesto que ahora es un ángel quien se comunica con José mediante sueños, como ocurrirá también en 2,19 y 2,22.

2,15 Lo cierto es que el argumento parece forzarse a fin de encajar ciertas sentencias ―proféticas o no― pertenecientes al Antiguo Contrato. En este caso Mateo lo hace sin ningún disimulo, y toma un pasaje de Oseas (11,1) donde Yahvé habla de Israel en tanto que “de Egipto llamé a mi hijo”, cuando para que resultase curiosamente profético debería leerse ‘a Egipto envié a mi hijo’. Sólo entonces podrían fruir con cierta sensatez los taumatólatras, que se gozan de los prodigios y las farándulas.

2,18 La obsesión del fabulista por ver profecías cumplidas llega a extremos de vergüenza ajena. En efecto, presenta un pasaje que podría utilizarse, sencillamente, como un símil entre el desconsuelo de Raquel (Jer.31,15) y el de las madres de los infantes asesinados por orden de Herodes, lo cual sería aceptable; sin embargo, Mateo se enardece de furor fanático y sentencia que “se cumplió la palabra del profeta Jeremías”.

2,23 Aquí Mateo emplea directamente la mentira: sin tapujos ni artificios, pues dice que se cumplió una presunta profecía según la cual el galileo sería llamado ‘Nazareno’. ¿Dónde de entre los libros del Antiguo Contrato se puede leer semejante vaticinio? Sea como fuere, algún pazguato habrá que se afane en inventarlo retorciendo algún pasaje, por cierto, queriendo demostrar no se sabe bien qué; porque, aun si todas las profecías se hubiesen cumplido con exactitud, ¿qué?, ¿es por ello que se habría de seguir la envilecida prédica del galileo, o tal vez habría que considerar la prédica en sí misma y por sí misma? Y una vez considerada, ¿habría alguien sensato que la siguiera, por más profecías que se vieran cumplidas y por más prodigios que se obraran delante suyo? No, nadie sensato, sino sólo quien gustara en anteponer lo sensible a lo inteligible.

3,1 El procacísimo Juan el Baptista se representa amenazando a sus incautos oyentes, de modo que profiere “arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca”, aunque ello no guarde ninguna coherencia con lo augurado por el Espíritu Santo, por cuanto el galileo “salvará a su pueblo de los pecados”. En efecto, si ‘su pueblo’ era todo el mundo debía salvar a todos, incluso a los que tenían mucho de lo que arrepentirse, por lo cual los salvaría con o sin arrepentimiento; por ende, si son ellos mismos los que se arrepienten no les salva el galileo, sino que se salvan ellos mismos.

Sea como fuere, tal vez el Baptista se precipitó un poco en sus pronósticos, a no ser que desde la llegada del neócrata el mundo esté en el reino de los cielos sin nadie haberse dado cuenta.

3,3 Aquí Mateo no miente, pero o bien se equivoca o bien pervierte la realidad, pues presenta otra profecía presuntamente verificada en palabras de Isaías, a partir de las cuales el evangelista interpreta que se anticipa la venida de Juan Baptista, simplemente porque éste estuvo algún que otro día[7] amenazando en el desierto de Judea. Sin embargo, el pasaje de Isaías (40,3) no reza “voz del que clama en el desierto, preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas”, sino que en realidad reza “una voz grita: abrid camino a Yahvé en el desierto, enderezad en la estepa una calzada a vuestro Dios”. Por ende, cabe decir que dicha sentencia no es original del profeta, sino que ya aparece manifestada en Sal.68[Vg67],5, la cual reza “cantad a Dios” ―no al Baptista― “ensalzad su nombre, allanad el camino al que viene cabalgando por el desierto” ―‘viene por él’, no ‘se halla en él’― “Yahvé es su nombre”. En fin, que eso no lo haya pedido ningún profeta antes del Baptista, en efecto, es difícil de creer para quien aún no tenga el juicio absorvido.

Sea como fuere, ¿qué dios es ése que para actuar precisa que le allanen el camino? Por supuesto que muy esforzado no debe de ser. Además, ¿a qué viene esa súplica perezosa en un supuesto creyente? ¿Acaso desconoce que “de la maldad llano es el camino y vive muy cerca, pero de la virtud, en cambio, el sudor pusieron delante los dioses inmortales; pues largo y empinado es el sendero hacia ella”[8]?, porque, en realidad, “por fatigas nos venden los dioses todo bien”[9]?; ¿entonces?, ¿qué es eso de pedir para el dios lo que la providencia rechaza para el humano?

3,6 Cabe recordar que el bautismo (βαπτισμός) es una práctica cuyo origen es muy anterior al judeo-mesianismo galileo, pues se remonta a la noche de los tiempos e incluso la originaron pueblos de los llamados ‘gentiles’ e ‘ignorantes’ por la Comunidad Bíblica. Por ende, esta ancestral práctica religiosa[10] consiste en sumergir (βαπτίζειν) el cuerpo en el agua cuando el creyente se encuentra en edad adulta, y no en verter agua sobre la cabeza cuando ésta pertenece a un infante, como por cierto suelen hacer los actuales judeo-mesiánicos.

3,7 Juan el Baptista amenaza a creyentes judíos identificando la buena nueva con “la ira que está a punto de llegar”[11], y más abajo sentencia que todo aquél que no sea fiel a su dios será aniquilado. De ahí se colige que el pueblo del galileo que se dijo podía salvar (1,21) no era todo ser humano, como creyó incautamente el inquisidor (enmienda a 3,1), sino sólo aquellos que obedeciesen la ley. No obstante, son los propios textos se encargan de contradecir al Baptista cuando se dice a Yahvé que “a todos perdonas” (Sab.11,27), por cuanto es “su misericordia sobre todas sus obras” (Sal145[Vg.144],9), en el asenso de que “es eterna su misericordia” (Eclo.51,17).

3,9 Juan el Baptista reprende a los auténticos judíos escupiendo “nos os gloriéis diciéndoos: tenemos a Abraham por padre”, aun cuando en otro lado se dice de Abraham que “no hay semejante a él en la gloria” (Eclo.44,20). Además, amenaza vilmente a quienes representan el esfuerzo de un pueblo por sobrevivir regurgitando “yo os digo que Dios puede hacer surgir de estas piedras hijos de Abraham”, de modo que desprecia a los ancestros y mancilla el honor del venerable pasado. Lamentablemente, llegaba la impenitente era de la neocracia, y los neócratas estaban ansiosos por actuar: las Moiras habían decretado su turno, y nada más se podía hacer ya, a fuer de contemplar estupefactos su tremenda maldad, cuando no padecer el cruel peso de la cruz, el ferrugiento sabor de la sangre y el punzante dolor de las llamas. Ésa era, en fin, la buenaventura que anunciaban los martiriócratas, y bien prestos iban a imponerla.

3,12 El Baptista amenazador alude al exterminio de los infieles advirtiendo que el exterminador “recogerá su trigo en el granero” ―esto es, los adictos a su fe― “pero quemará la paja en fuego inextinguible” ―esto es, los infieles a la misma―. Sin embargo, a fuer de que probablemente no haya un fuego inextinguible ―igual que no debe de haber mal que cien años dure―, ¿qué clase de campesino es ése que decide quemar la rica paja? Un mal campesino, sin duda, ya que con la paja se elaboran útiles y se alimenta al ganado: ahora bien, llegaba el terror a occidente y los amenazantes fobócratas, aunque míseros de corazón, se habían puesto ya manos a la obra.

3,14-15 El pasaje pone de manifiesto que Juan el Baptista bautizaba a troche y moche sin estar él bautizado: ¡menudo rostro!, a él tal vez debería decírsele aquello de ‘ámate a ti mismo como amares a los demás’. Por ende, aquí se pone de relieve que el galileo tampoco estaba bautizado, y que además precisaba serlo, lo cual significa que tenía pecados de los cuales arrepentirse a tenor de lo cual debía purificarse; por tanto, ya no se podrá decir que el galileo no pecó jamás, ni tampoco que nunca se arrepintió de nada. Ahora bien, si no fue así, y Jesús ni pecó, ni se arrepintió, ni se purificó merced al Baptista, ¿qué clase de bautizo es ése? ¿Tal vez fue una burda pantomima?, ¿fue acaso una simple impostura?, ¿fue al fin y al cabo una hipocresía más? De hecho, no sorprendería que se tratara de alguna de estas cosas, o incluso todas a un tiempo, puesto que de semejantes tretas se valen los ‘pescadores de hombres’.

3,16 La representación del Espíritu Santo en forma de paloma es una burda adaptación de la iconografía del amado dios Hermes, mensajero de los dioses. No obstante, adorar tanto a la paloma como al galileo contraviene el primer mandamiento, el cual reza “no tendrás otro dios que a mí” (Éx.20,3-6 y Dt.5,7-10). En efecto, si el Padre es el dios y, por ende, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una misma naturaleza, se deduce de ello que, según el credo judeo-mesiánico, existen por lo menos tres dioses supremos, lo cual, según su propia ley, los convertiría en merecedores de extermino, tal y como estipula Éx.22,19/ Dt.4,25-26 y Dt.8,19. ¡Ah!, ¿qué ocurre?, ¿que en realidad creéis que los tres son un mismo dios y no tres dioses? Entonces, ¿por qué reverenciáis tres nombres, y no exclusivamente el nombre de ‘Yahvé’, como ordena tantísimas veces vuestra ley[12]?, pues dice vuestro propio dios que “mi nombre es Yahvé” (Jer.16,21), “yo, yo soy Yahvé, y fuera de mí no hay Salvador” (Is.43,11), de manera que “no has de reconocer a dios alguno sino a mí; fuera de mí no hay Salvador” (Os.13,4), todo por lo cual debe considerarse que, como sentencia Moisés para los hijos de Abraham, “Yahvé es nuestro dios, Yahvé es único” (Dt.6,4).

3,17 Por lo común se interpreta que la voz del cielo que profiere “éste es mi hijo amado” es del dios, aunque ello se contradiga con 1,18, donde se dice que María concibió “del Espíritu Santo” y no del Padre, extremo éste el cual se ve reafirmado por el propio ángel del Señor, quien dice que “lo concebido en ella es del Espíritu Santo” (1,21), pero en ningún lugar se dice que fuera ‘hijo del Padre’. Por lo tanto, debe concluirse que la voz aquí aludida debe ser la del Espíritu Santo, pero no la del Padre, como de hecho se desprende de Lc.3,22.

Sea como fuere, ¿qué tipo de novedad es ésa? ¿Acaso no es Zeus “padre de dioses y de hombres”[13] ya que “ama todo cuanto existe y nada aborrece de cuanto ha hecho, pues si hubiera odiado alguna cosa no la habría formado” (Sab.11,25)? Entonces, ¿qué privilegio comporta para el galileo que se sepa de él que es hijo amado del dios? ¿Quién no es hijo amado del dios? ¿A qué viene esta horrible acepción?

4,4 El galileo, después de un ayuno de cuarenta días, responde a la proposición del diablo de convertir las piedras en panes que “no sólo de pan vive el hombre[14], sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Entonces, cabría preguntar por qué diantre le fue necesario multiplicar los panes hasta en dos ocasiones distintas (14,19-21 y 15,34-38); ¿acaso su palabra no pudo alimentar igual o mejor que los propios panes? ¿No pudo porque el galileo no era ni el dios ni nada semejante, o bien porque su milagro debía ser más ostentoso y más visible que el discreto alimento mediante la palabra del dios? Pues aquí no se podrá esgrimir aquello de que el galileo no deseaba hacer ostentación pública de su poder, por lo cual debería reprendérsele lo que dirá más adelante, con impudicia sin igual, “estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean” (6,1); pero bueno, el que debía de estar atento es el galileo, el “hipócrita: quita primero la viga de tu ojo, y entonces verás quitar la paja del ojo de tu hermano” (7,5).

Sea como fuere, lo cierto y verdad es que tanto él como los taumatólatras que le acompañaban precisaron tomar para mantenerse vivos no su palabrería amenazante y pueril, que en vez de saciar el hambre sacia y colma la vergüenza ajena, sino el pan fruto del trabajo y del sudor, no de los paseos y de las vanas palabras. Por ende, que el galileo multiplicara o no los panes, en fin, dejemos semejante cuestión para que la examinen los chiquillos y los borrachos, sólo en caso de no parecerles demasiado ocioso incluso a ellos.

4,7 El galileo da a entender que el dios puede ser tentado por los mortales, como ya ocurría en Sal.106(Vg105),14[15], aun cuando ni el propio diablo es capaz de tentar al taumatólatra: figúrese cuánto menos un mortal podría tentar al dios. Sea como fuera, el presente hecho demuestra tanto la inconmensurable arrogancia como la tremenda impiedad del galileo, puesto que es el propio galileo quien decide tentar no al dios, sino al ‘diablo’, ya que es él quien se deja llevar al desierto sabiendo bien para qué fines.

4,17 Véase enmienda a 3,1 y aplíquese por completo, en este caso, al galileo mendaz y falaz, el cual no debe de ser el dios, dado que “no es Dios como un hombre que se mueve con amenazas” (Jt.8,16).

4,19 Acertadísima es la metáfora que emplea el galileo, cuando dice a sus secuaces “venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. En efecto, como los pescadores, a partir de entonces los sucesores del martiriócrata utilizarían las cobardes redes y los traidores anzuelos, y no pocos caerían en aquéllas y picarían en éstos. De hecho, el propio Jeremías define a los malvados como aquellos “que acechan como cazadores en emboscada y tienden sus redes para cazar hombres” (Jer.5,26), coincidiendo en la descripción con el amable Platón de Atenas (Sofista 223), que refiere lo mismo respecto de los sofistas. También los propios textos advierten de que el malvado “se pone al acecho para apoderarse del miserable; arrebata al indigente, arrastrándolo a su red” (Sal.10[Vg.9],9), y es cierto: los primeros en caer en sus redes serán los más débiles y los más necesitados[16]. Por ende, se le advierte a Yahvé que “los soberbios que me ponen ocultos lazos, tienden las redes a la vera del camino, y ponen cepos para mí” (Sal.140[Vg.139],6), en clara alusión a los galileos rapaces. Asimismo, ya prenuncia Ecl.9,12 que “como pez que es capturado en una siniestra red (…), así se enredarán los hijos de los hombres en el tiempo aciago”[17], de modo semejante a como hace el profeta Amós, quien avisó que “vendrán días sobre vosotros en que os levantarán con bicheros, y a vuestros descendientes con arpones” (Am.4,2), porque tal actitud es propia de quien es ‘pescador de hombres’; en efecto, quien “lo pesca todo con sus anzuelos, lo apresa en sus mallas, lo recoge en sus redes (…), por ellas acrecienta su provisión y es pingüe su comida; y vacía sin tregua su red, asesinando sin piedad a los pueblos” (Hab.1,15-17).

Sea como fuere, este pasaje viene a ratificar la profecía antimesiánica de Bildad, quien aludiendo al galileo dice “la luz se apagará en su tienda, y su lámpara se extinguirá encima de él (…), pues ha sido arrojado por sus pies a la red, y caminará sobre una trampa (…). Será arrancado de su tienda, en la que se sentía seguro (…); se esparcirá azufre sobre su morada (…); se le empujará de la luz a las tinieblas, y se le expulsará del mundo; no tendrá familia ni parentela en su pueblo, ni sobreviviente en sus moradas. De su destino se asombrarán los occidentales y se horrorizarán los orientales. ¡Ésta es la suerte del malvado, y éste es el lugar del que no reconoce a Dios” (Job 18,6-21).

5,3-10 Empieza aquí la propaganda teocrática imperialista en estilo directo y demagógico. En efecto, los primeros en caer en las redes del paleófobo galileo son los más débiles y los más necesitados: las presas más fáciles y las que primeramente caza todo depredador. Así se cumplía pues, la antigua profecía, según la cual el malvado “se pone al acecho para apoderarse del miserable; arrebata al indigente, arrastrándolo a su red” (Sal.10[Vg.9],9), lo cual se llevó a cabo por un hombre de miserable corazón e indigente de toda decencia. De hecho, el galileo se excluye a sí mismo del reino celeste, por cuanto promete serán “bienaventurados los pobres de espíritu”, mientras que él poseía un espíritu de arrogancia tal que le conducía a proclamarse hijo predilecto del dios (16,16-17) a erigirse en intérprete de su presunta voluntad (11,27) y a exigir la perfección total a sus allegados (5,48). Otrosí, el galileo se excluye a sí mismo del reino celeste, por cuanto promete serán “bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra”, aun cuando él era un hombre atrabiliario y procacísimo (23,13-33), o por cuanto promete serán “bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”, aun cuando él mismo decreta el exterminio eterno para quienes no cumplan su ley (3,12/ 25,41). Otrosí, el galileo se excluye a sí mismo del reino celeste, por cuanto promete serán “bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”, aun cuando su propio corazón latía inmundicia y predicaba doble ley con espada de doble filo (5,17/ 16,19/ 19,6/ 21,27/ 26,11), doble palabra con doble lengua (22,43-45/ 26,64) y doble comportamiento con aterradora doblez (22,16-21/ 26,11/ 28,20). Otrosí, el galileo se excluye a sí mismo del reino celeste, por cuanto promete serán “bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios”, aun cuando hijos de dios han sido desde el origen de los tiempos todos los humanos ―no sólo el galileo vanidoso―, puesto que es “Zeus, padre de dioses y hombres”[18], y porque “los dioses y los hombres mortales tuvieron un mismo origen”[19], y aun cuando el propio galileo fobócrata sentenciaba que “no penséis que he venido a poner paz en la tierra; no vine a poner paz, sino espada” (10,34), a fuer de que su llegada y posterior necrocracia ha dado origen a las más crueles torturas y a las más sangrientas guerras: “quien no está conmigo está contra mí” (12,30). Otrosí, el galileo se excluye a sí mismo del reino celeste, por cuanto promete en su propaganda de programa teocrático serán “bienaventurados los que padecen persecución por la justicia”, aun cuando él fue perseguido con toda justicia y se le aplicó la ley como a todo delincuente, de lo cual no debería quejarse, ya que, según él mismo, es preciso “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (22,21) y, en esos momentos, del César eran las leyes públicas ―como los impuestos―, y los castigos a cualquiera de las desobediencias ―como la subversión religiosa―: por cierto, castigos como el de la crucifixión, sin la cual jamás hubiérase diseminado la terrible horda de taumatólatras que aún hoy ahoga a la humanidad. Así pues, galileos, cumplid vuestra propia prerrogativa y no mezcléis los asuntos: dad al César lo que es del César y agradecedle que crucificara a vuestro sátrapa, pues de semejante tortura, por cierto, el dios está exento de culpa.

5,11-12 Para finalizar su primer panfleto de propaganda teocrática, el galileo incita a la mayor de las repelencias aconsejando a sus borregos que, mientras sean perseguidos por sus tropelías y censurados por desobedecer toda ley ―sea humana o divina―, se rían y se regocijen a la espera de una jugosa recompensa tras la muerte: recompensa la cual es conseguir la eternidad en la carne. En fin…, toda una bondad para este ejército de antropólatras.

5,13-14 Dice el galileo que sus discípulos son como la sal de la tierra, aunque a tenor de la prédica que profesan ―la de la sangre, la carne y la cruz― se asemejan mucho más al azufre, por ser éste quebradizo, inestable, sofocante y ponzoñoso[20]. Por ende, el susodicho dice que son la luz del mundo, aunque a tenor de las directrices que siguen ―las del imperialismo teocrático y las del exterminio al infiel― se asemejan mucho más a las tinieblas, por ser éstas en el mundo amparo de toda maldad y en el alma obstáculo a toda buena acción.

5,17 Entonces, si el galileo asegura estar dispuesto a consumar la Ley y lo dicho por los profetas, y no a abrogarlo, ¿por qué no llevó a todo politeísta fuera de la ciudad a fin de lapidarlo hasta la muerte, como prerroga la ley que dice consumar (Dt.17,2-5)? ¿Tal vez porque de ello ya se ocuparon quienes le sucedieron? Por ende, si vino a consumar la ley, ¿a qué espera para exterminar a los adivinos, a los hijos rebeldes, a los adúlteros, a los homosexuales, a los incestuosos y demás carnaza de anatema según Lev.20,1-18? ¿Acaso porque otros lo intentaron en su nombre empleando el fuego inmisericorde? Por lo mismo, si de veras venía a consumar la Ley y lo dicho por los profetas de Yahvé, ¿por qué no pasa por el anatema a todos los pueblos limítrofes con Judá (Dt.7,1-2)? ¿Tal vez porque sus secuaces ya lo intentarían en su lugar? Pero entonces no sería él mismo quien llevara a término lo prescrito, sino sus adláteres. Y no vale decir que lo hacía desde el reino de los cielos ―lo cual permitiría al galileo consumar la ley en cualquier momento―, ya que él mismo dice que para ello “he venido”, indicando así que el cumplimiento se había de hacer efectivo durante su llegada al mundo, no tras su llegada, y, a la par, afirma que la consumará él mismo, no él mediante otros[21].

En fin, sea como fuere, ¿acaso no provocó con sus prédicas la comisión de semejantes atrocidades, demostrando así grande inconsciencia? ¿Entonces? ¿A qué tanta palabra vana? ¿A qué ley se refiere sino a la Torá, y a qué profetas sino a los de Judá? Porque si estuviera refiriéndose a otra ley y a otros profetas, en efecto, ya no estaría diciendo lo que cualquier hombre honesto entendería de sus palabras, sino algo muy diferente y preñado de doblez.

5,18 Advierte el susodicho que “así como no ha caducado el cielo y la tierra, tampoco ha caducado ni una jota ni una tilde de la Ley”, por más que luego reprochará a los fariseos su escrupulosa lectura de la ley y por más que su propia ley reza “el que persigue palabras no las alcanzará” (Prov.19,7).

5,19 El mendacísimo galileo confiesa que en el reino de los cielos no todos poseerán la misma condición, sino que habrán algunos a quienes se les tendrá por ‘grandes’ ―los que enseñen y practiquen toda jota y toda tilde expuesta por la Torá y los profetas― mientras que a otros se les tendrá por ‘los menores’, precisamente por no cuidarse de cumplir rigurosamente toda la ley a pies juntillas. No obstante, y aunque parezca profesar un rigor legal semejante al de los escribas y fariseos, lo cierto es que el martiriócrata va más allá que éstos en cuanto a rigor y al literalismo, pues advierte que “si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (5,20). ¿Qué ocurre? ¿Que el galileo rapaz no se refiere a la ley escrita, sino a una supuesta Auténtica Ley de la cual va a hacerse valedor? Entonces, dicha auténtica ley en qué coincide con la Torá y los profetas y en qué difiere? ¿O acaso no vale la pena esforzarse en hallar respuesta, sino que al fin y al cabo se trata de una treta más de doble palabra?

Sea como fuere, parece evidente que aquí el galileo se refiere a la Torá y a los profetas, y no a una supuesta ley no escrita. De hecho, a continuación se dedica a mencionar preceptos legales extraídos literalmente de la Torá, de modo que da a conocer su particularísima interpretación de cada uno de ellos. En definitiva, parece ser que el galileo desea que se cumpla no lo que dice la ley, sino lo que se interprete bajo su particular sesgo, por más que éste se aparte de lo escrito por sus ancestros: llegaba la neocracia y la novela; a partir de entonces todo estaría cubierto por un grueso manto de ficción, la bondad sería considerada maldad y la maldad, bondad; lo de arriba pasaría a situarse abajo y lo de abajo arriba; por ende, tras semejante vuelco la verdad quedaría sólo al alcance de unos pocos, los cuales aun saberla deberían silenciarla, pues amenazados estaban y están con el fuego de la gehenna, y no precisamente el literario, sino el que derrite las grasas y consume la carne.

5,21 El galileo recita el quinto mandamiento en los siguientes términos: “no matarás; el que matare será reo de juicio”, y sin embargo la ley explicita que “el que hiera mortalmente a otro será castigado con la muerte” (Éx.21,12), puesto que a los monoteístas orientales les entusiasma eso de “vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal” (Éx.21,23-25). Ahora bien, el galileo creyó que la pena del talión no era lo suficiente rigurosa para un hijo del hombre, y decidió que incluso el que dijere ‘loco’ a su hermano “será reo de la gehenna del fuego” por siempre jamás. ¿Qué le parece? ¿Acaso no es misericordia dar fin a una vida tan corrompida que llega hasta el extremo de llamar ‘loco’ a su hermano?

5,23-24 El susodicho aconseja hacer las paces con el hermano antes de ofrecer un sacrificio, de modo que presume decir algo nuevo. Sin embargo, esa ley que tan orgulloso y vano cree reformar, mucho antes de que existiera él y sus abuelos ya rezaba “no odies en tu corazón a tu hermano” ―es decir, ni antes ni durante ni después del sacrificio― “, no te vengues y no guardes rencor contra los hijos de tu pueblo” ―ni antes ni durante ni después de― “y amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev.19,17-18), “lo que no quieras para ti, no lo hagas a nadie” (Tob.4,15), y también concluye “haz justicia y juicio, que eso es más grato a Yahvé que el sacrificio” (Prov.21,3).

5,25 Aquí el galileo aconseja dejar a un lado los principios y soportar al adversario por mucha repugnancia que a uno le cause, pero no por un exceso de caridad o un exagerado acto de auxilio, sino para evitar el arresto en una prisión. En fin, no parece un ejemplo de conducta íntegra, y menos aún para quien del martirio hace profesión. No obstante, la que dice ser su ley advierte que “el que reprende hallará después mayor gracia que aquél que lisonjea con la lengua” (Prov.28,23), pues en verdad que “leales son las heridas hechas por quien ama” (Prov.27,6).

5,27 Ahora el mendacísimo fobócrata sentencia que el desear una mujer ya es cometer adulterio (μοιχεία). Sin embargo, una y otra cosa no son lo mismo, y por supuesto es imposible ‘adulterar de corazón’. Pero bueno, ¿eso de ‘adulterar de corazón’ qué diantre es?: o se adultera o no se adultera, pero ‘adulterar de corazón’ es sencillamente ‘desear’, lo cual puede o no conducir al adulterio. Por ende, el adulterio se verifica sólo con una mujer desposada, no con cualquier mujer, y, por último, el adulterio llamado ‘de corazón’ ya está censurado en la Torá, magüer le pese al galileo neócrata, cuando ésta sentencia “no desearás la mujer de tu prójimo” (Éx.20,17).

5,29 Una vez más, el susodicho amenaza con el fuego eterno, si bien se dice del dios que “es eterna su piedad” (Sal.118[Vg.117],1) “para con toda carne” (Eclo.18,12): pero como se profetizara en clara alusión al mendaz galileo “el de lengua doble ha sido la perdición para muchos que vivían en paz” (Eclo.19,20).

5,31-32 Sirviéndose de la red, el anzuelo y otras asechanzas, el galileo desaprueba la ley de sus antepasados queriendo hacer ver que no lo hace en absoluto. Sin embargo, aquí es ya evidente como censura el divorcio y cualquier separación entre hombre y mujer, a lo cual, por cierto, se debería contestar que igual que “lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mc.10,9), respétese que ‘lo que separó el Dios, no lo junte el hombre’ (Gén.1,27 y Gén.2,21-25)[22].

5,33-37 Una vez más el galileo se descubre promulgando en contra de la ley de sus ancestros, sobre los cuales no duda en orinarse, pues si bien él ordena “no juréis de ninguna manera”, la Torá prescribe “no tomarás en falso el nombre de Yahvé” (Éx.20,7), entendido popularmente como ‘no perjurarás’. Por ende, es el profeta quien exhorta a jurar por Yahvé en Jer.4,2 y Jer.12,16, y la Torá prescribe con toda claridad a sus fieles “jurad por su nombre” (Dt.6,13). Pero todo ello lo abroga el neócrata galileo y no respeta ni jota ni tilde con relación a lo que debería ser su ley, por cierto, bien al contrario de cómo se jactaba con aterradora hipocresía en 5,17-18.

Sea como fuere, ante semejante cobardía con respecto al juramento, contrasta el valor de Agamenón, quien lejos de arredrarse sentencia “no invocaré el nombre de la divinidad con perjurio” (Ilíada XIX 188).

5,39 El procaz galileo ordena a sus reses “no resistáis al mal”, que es tanto como pedir no luchar contra el enemigo, sino dejarse ultrajar por él. No obstante, él actuó de muy distinto modo resistiéndose al diablo y rehusando cualquiera de sus peticiones (4,1-11), como también actuó de forma diferente a como exige cuando irrumpió furioso en el templo, agrediendo a los cambistas y derribando los ajuares (21,12); ahora bien, todo ello no es nada comparado con el suplicio que el susodicho tiene preparado para los infieles a su desvergonzada prédica, esto es, ir “al fuego eterno (…), “al suplicio eterno” (25,41y46). ¡Qué rostro, pardiez! Y luego va por ahí ordenando que nadie se oponga al mal, en fin: ¡qué asombrosa desfachatez!, él si que tiene “la cara más dura que una piedra” (Jer.5,3).

Sea como fuere, es el propio Antiguo Contrato el que reprende al mendaz galileo, cuando sobrio e inalterable advierte que “fuente turbia y manantial infecto es el justo que cede ante el impío” (Prov.25,26); y no sólo éste, sino que también los antiguos griegos decían “huí del mal, encontré el bien”[23].

5,39bis Y continúa prescribiendo que “si alguno te abofetea en la mejilla derecha, dale también la otra”, sin determinar qué sucedería en caso de verificarse un tercer bofetón, habida cuenta el humano dispone de tan solo dos mejillas. Y aunque henchido de arrogancia extremosa creía sentenciar algo novedoso[24], lo cierto es que cientos de años antes de que el galileo atravesara un útero, por cierto, el poeta Hesíodo no sólo aconsejó tal precepto, sino que además señaló en la medida en que cabe transigir, pues reza que “si te empieza él con alguna palabra ofensiva o de obra, recuerda que debes tolerarle otras dos veces” ―es decir, tres veces en total― “; y si vuelve a la amistad y quiere presentarte excusas, acéptalas”[25]. Y es preciso señalar la medida y el límite, porque precisamente “es hermoso luchar para no llegar a convertirse nunca en esclavo”[26].

5,40 En definitiva, no son precisamente el valor ni la virtud rasgos propios de la prédica martiriócrata, pero tampoco el sentido común. Ahora bien, con dicha actitud, horrenda pero profundamente victimista a la par, consiguieron los pescadores de hombres granjearse los afectos de la masa pubescente: tretas semejantes y de peor calaña aún precisaron, ciertamente, quienes anhelaban encaramarse al poder mediante un culto exógeno y artificial; logrado esto, la humanidad vive sin identidad y enajenada de la naturaleza; pero no se detendrán hasta que llegue el cataclismo, pues la destrucción y ‘el día de la ira’ son su objetivo y su razón de ser.

5,41 ¿Ah sí?; y si pide andar una milla por caminos perversos, verbigracia como el del mesianismo expansionista, ¿qué?, ¿también los decentes que se alejan prudentemente de él deberían concurrir por espacio de una milla y aún dos? No; eso jamás. Por el contrario, sería mejor que aquéllos ―los decentes y hombres de bien― disuadieran a éstos de andar en semejante letrina y, de resultar ello imposible, en efecto, lo más sensato sería denunciarlos a fin que fueran arrestados y condenados si es que procede. Porque, ¿alguien de verdad cree que hacerse daño a uno mismo y dañar a los demás es cosa distinta? Entonces, si dañarse a uno mismo es dañar a los demás, no sólo debería evitarse la concurrencia con los malvados, sino que debería evitarse por todos los medios que éstos concurrieran libremente, porque, de lo contrario, he aquí la prueba: los mesiánicos expansionistas consiguieron campar a sus anchas y, ahora, debido a su desmesurada codicia, la sagrada tierra agoniza por culpa de sus artilugios. ¡Cantad vuestra palinodia mientras se repueblan los pagos, que éstos se extinguen ya merced a vuestra terrible voracidad!

5,43 No sólo fue dicha la muy populista[27] sentencia “amarás al prójimo como a ti mismo” (Lev.19,17-18) centurias antes de que el martiriócrata atravesara una vagina, sino que también se postuló que “si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber” (Prov.24,17), que es tanto como prescribir que el enemigo en todo caso debe morir con honor. Ahora bien, ¿quién es el guapo que amenaza a su prójimo con el fuego eterno?; ¿quién el chulo que determina para los infieles a su prédica no ya el exterminio, sino la tortura eterna?; entonces, ¿qué?, ¿eso es amar al prójimo? No, ¿verdad?; así las cosas, ¿quién diantre es el galileo, pues, para decir a nadie que ame al prójimo, cuando va por ahí predicando que aquél que desobedeciere arderá para siempre “al fuego eterno”, “al suplicio eterno” (25,41y46), “al fuego inextinguible, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga” (Mc.9,43-44)?. ¡Qué retorcida maldad, por Zeus, cuantísima hipocresía soez!

5,44-45 En el mismo sentido, ya antes se dijo que “todo lo ha hecho Yahvé para sus fines, aun al impío para el día malo” (Prov.16,4), por lo cual es ocioso y arrogante presentar, como si fuera algo nuevo, que el dios “hace salir el sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos”. Y en cuanto a amar a los enemigos y a orar por ellos…, en fin, cabría preguntar qué significa eso de ‘amar a los enemigos’ a él, que propala por doquier el exabrupto infame de la condena eterna; y, por lo mismo, cabría preguntarle qué tipo de oración debería dispensarse al prójimo, puesto que, ciertas oraciones, mientras que a unos les parecen bondadosas, a otros, en cambio, les parecen crueles condenas. En efecto, vivir eternamente, pegado a la carne humana, en un mundo sin fatigas, no es en absoluto digno a ojos de un hombre de bien, pues a éste “más bellas le parecen las fieras salvajes muertas que aquéllas del paraíso vivas”[28]. “¡Desgraciado, no busques lo blando, no sea que consigas lo duro!”, pues “por fatigas nos venden los dioses todo bien”[29] y “de un padre y una madre que arrostran una dura existencia, nacen hijos mejores”[30]; ¿es que acaso no lo habíais oído nunca, galileos?; entonces, ¿de qué teméis, holgazanes?; ¿qué tipo de vida es la que anheláis, pazguatos?; ¿cuáles son los deseos por los que oráis, entrometidos?

5,46-47 A saber qué retruécanos entiende el galileo por ‘amar al enemigo’, pues tal vez jamás contempló ―ni él ni sus mansos rebaños― que se ama de distinto modo según el prójimo te quiera bien o mal; porque al que quiere mal se le ama reprendiéndole, ya que “leales son las heridas hechas por quien ama” (Prov.27,6), y, por lo mismo, al quiere muerte se le ama impidiendo que cometa su crimen ―no se le ama ayudándole a ello―, y para impedírselo a menudo es preciso batallar, y así es como con la guerra también se demuestra el amor: amor a los dioses, a la patria, a la familia y al prójimo. En efecto, ser enemigo del mal es un bien agradabilísimo, pero concurrir con el mal y no resistirlo es propio de malvados[31]; y no sólo es el poeta Hesíodo quien advierte que “al que te brinde su amistad invítale a comer, y al enemigo, recházalo”[32], sino que el propio Salomón parece reprender al galileo diciéndole “apártate del mal y haz el bien, y habitarás por siempre” (Sal.37[Vg.36],27).

5,48 Para colmo de la desvergüenza, el galileo impone a sus borregos la perfección, la cual según el susodicho consiste en granjearse los afectos del populacho (5,3), dejar hacer al mal (5,39), no arrostrar los obstáculos (5,40), concurrir con los malvados tanto cuanto éstos lo requieran (5,41), prestarles servicios en la medida en la que deseen (5,42) y emular a su dios, el mismo dios que ‘el día de la ira’ (3,7) aniquilará para siempre a sus infieles… en fin, menudo concepto de la perfección y menudo rostro, ¡por el can!

6,1 Por ende, según prescribe el taumatócrata, lo que él cree ser justicia debe practicarse de tapadillo, sin dar muestra de las presuntas buenas acciones. Sin embargo, si en verdad fuesen actos justos, sus discípulos deberían alegrarse de dar ejemplo, y de ningún modo deberían tener escrúpulo en practicarlos delante y entre la multitud. Es más, si sus actos fuesen justos, no sólo no sería indigno practicarlos ante la gente, sino que sería óptimo que dichas acciones fuese contempladas por cuanta más gente mejor, pues ciertamente “glorioso es revelar las obras de Dios” (Tob.12,11).

6,2-4 Parece ser que el galileo no contempló la bondad del ejemplo virtuoso, ni que en realidad éste debe ser mostrado y celebrado como es debido: mostrado, a fin de dar ejemplo a los demás, y celebrado, a fin de excitar la emulación de las buenas obras[33]. No obstante y con todo, siempre habrá quien diga que “es mejor morir que mendigar” (Eclo.40,29)[34].

6,5-8 Al parecer, el galileo falaz también se malfió de las benévolas oraciones públicas, y no contempló que éstas deben ser compartidas y loadas como es debido[35]: compartidas, a fin de aumentar la unión entre los dioses y los compatriotas con uno mismo, y loadas a fin de incitar a la emulación de tan honrosa práctica, puesto que del dios “su pregón sale por toda la tierra, y sus palabras llegan hasta los confines del orbe” (Sal.19[Vg.18],5). En tal caso, ¿cómo iba a ser eso de que el dios “está en lo secreto”, cuando en realidad “sale de un extremo de los cielos, y su curso llega hasta sus confines” (Sal.19[Vg.18],7)? ¿Cómo iba a ‘estar en lo secreto’ cuando él “se alza sobre los cielos y resplandece en toda la tierra su gloria” (Sal.108[Vg.107],6)? No; en absoluto; lo que está en lo secreto es el mal y el ánimo de quienes se sirven de él; en cambio, el propio dios dijo “no he hablado yo en secreto” (Is.45,19 e Is.48,16), porque no hay secretos en el dios para con sus obras, del mismo modo que no deben haber secretos en el padre para con sus hijos.

6,9 La oración dirigida al dios “santificado sea tu nombre” es un vestigio de la otrora furibunda teonimolatría (Sal.68[Vg.67],5). A decir verdad, con el tiempo iría quedando en desuso el nombre ‘Yahvé’ y se adoptaría el término griego Θεός (Dios)[36]. Que eso es así parece obvio, ahora bien, que los mendaces galileos sean conscientes o, aún siéndolo, que les importe lo más mínimo, en fin, eso ya es más difícil de creer.

6,10 Pedirle al dios ‘que haga venir su reino’ es impío, puesto que no hay lugar donde no reine, y tal petición lo pone en duda[37]. Por ende, solicitar ‘que se haga su voluntad’ revela cierta dejadez en el uso de la palabra, dado que el dios no hace su voluntad, sino lo que es debido, hasta el punto de que él mismo es la propia ley. Además, ansía que se haga “como en el cielo, así en la tierra”, como si el dios tuviera que variar su comportamiento para con la tierra, y no la tierra para con el dios[38].

6,11 Se ruega con suma puerilidad “el pan nuestro de cada día dánosle hoy”, aun cuando desde el principio quedó establecido que “con el sudor de tu rostro comerás el pan” (Gén.3,19). Porque, al contrario de cómo les gustaría a los holgazanes galileos, el pan que se echa a la boca uno se lo gana con esfuerzo, ya que “por fatigas nos venden los dioses todo bien”[39].

6,12 Acorde con su ánimo haragán y prevaricador, el galileo pide que se rece “perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, que es tanto como pedir que no se haga justicia, de modo que las faltas desaparezcan por arte y gracia del arrepentimiento. Poco podía saber, dado su flébil carácter, que “los transgresores de las leyes establecidas por los dioses sufren un castigo que los hombres de ninguna manera pueden evitar”[40], es decir, ni pidiendo perdón, puesto que a los imprudentes “sus desgracias los hacen prudentes”[41]. Por lo mismo, ni el galileo ni tampoco ninguno de sus innúmeros becerros entenderían que, por cierto, los castigos no los aplica el dios de forma directa y de su propia mano, dado que la ley es sempiterna desde siempre y permanece fija e inmutable; ahora bien, “es de ver cómo inculpan los hombres sin tregua a los dioses achacándolos todos sus males. Y son ellos mismos los que traen por sus propias locuras su exceso de penas”[42].

6,13 El galileo, para dar cumplimiento a la prescripción del rezo más impío y descuidado de cuantos se hayan formulado, no duda en dejar abierta la posibilidad de que su dios pueda tentar a los mortales, cual si fuera el propio diablo.

6,14-15 Lo que más anhela un hombre de bien es pagar por sus faltas, mientras que lo preferido por un hombre malvado es evitar el castigo, ya sea llorando al juez, suplicándole con variadas lisonjas o arrepintiéndose de sus culpas a fin de evitar la condena: ésa es precisamente la conducta de los viles y de los miserables, en cambio, a los nobles y honorables, el arrepentimiento sincero les sirve de acicate para arrostrar su condena y lograr así su expiación, porque incluso padeciendo el castigo, por cierto, mantienen su ánimo contento al saber que están pagando lo que es justo[43].

6,16-18 El galileo postula no mostrarse afligido durante el ayuno, no obstante, lo que ocurre es que todo ayuno seguía a la aflicción, y no al revés, puesto que el ayuno era una reacción frente a lo que se consideraba una desgracia, como de hecho puede comprobarse en Jue.20,26/ 1Sam.7,6/ 1Sam.31,13/ 2Sam.1,12/ 2Sam.12,22/ etc, y como el propio galileo gusta recordar en 9,15.

6,19-22 El galileo pronuncia tales palabras como si fueran nuevas, tal vez porque su tremenda arrogancia le impidió escuchar que “hijo de Zeus es el oro: no lo devora ni polilla ni gusano, mas él, suprema posesión, devora el corazón de los mortales”[44], de manera que “no el oro brillante (…) brilla tanto ante los ojos (…) como la mente concorde de los hombres de bien”[45]. Porque desde mucho antes de que llegara el mendaz necrócrata, ya se repetía que “las personas no tienen la riqueza y la pobreza en su casa, sino en sus almas”[46].

6,23 El galileo desprecia la condición humana exclamándose “pues si la luz que hay en ti es tinieblas, ¡qué tales serán las tinieblas!”, por más que la ley de sus ancestros, la misma que en realidad abroga con aterradora doblez, proclama bondadosa que “tampoco las tinieblas son oscuras para Dios, pues las tinieblas son como la luz para ti” (Sal.139[Vg.138],12), y por más que sea razonable que “si bien la luz fulge en las tinieblas, las tinieblas mismas no la contenían” (Jn.1,5) desde un principio.

6,26 El galileo, valiéndose de una asombrosa puerilidad espeta: “mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta”. Bien; pues que el hombre no siembre, ni siegue, ni encierre el grano fortificador, a ver cómo los impíos antropófagos comen el pan de la muerte y el vino de la tortura: pues bien a gusto que el galileo comía el pan que otros habían sudado por él. Véase enmienda relativa a Lc.12,22.

Sea como fuere, es cierto: las aves no realizan labores agrícolas, don de los ínclitos dioses, sino que picotean y tragan gusanos, insectos y alimañas, pelean también entre ellas, algunas no dudan en comerse tras darse muerte y otras se alimentan de podredumbre e incluso muchas engullen las crías más débiles de su propio nido; todo ello, por cierto, sin honrar a los dioses que les proveyeron de vida. Entonces, ¿qué clase de broma es ésta de tomar a las aves como ejemplo de conducta? ¿Cómo es posible albergar tanta mezquindad como para despreciar las labores agrícolas? ¿Qué tipo de impiedad es ésta? ¿Acaso el procacísimo galileo no gustó de ingerir pan y de beber vino? ¿Entonces? ¿Acaso no instituyó con ellos la liturgia de su culto procaz y mendaz?

6,27-28 Semejante muestra de estulticia apenas merece comentario.

7,1 Dice quien ha de venir a juzgar toda carne: “no juzguéis y no seréis juzgados”, como si el empleo del juicio fuere cosa abominable, y como si el ser juzgado fuese algo que temer. De hecho, los malvados aborrecen el uso del propio juicio y abominan la justicia, pues anhelan lo blando y fácil; en cambio, los buenos se dicen unos a otros “juzga a tu prójimo según justicia” (Lev.19,15)[47].

7,2 El susodicho alerta como si fuese algo terrible de que “con el juicio con que juzgareis seréis juzgados, y con la medida con que midiereis se os medirá”, por más que el hombre de bien anhela ser juzgado con la mayor de las justicias y, por ende, con la más rigurosa y exacta medida. Y si se refiere al juicio de las almas, ¿cómo no iba el dios a emplear el mejor de los juicios y la más exacta de las medidas? ¿Acaso duda el galileo de que el dios pueda juzgar con defecto o con exceso, y no en la justa medida? Si por el contrario se refiere al juicio de los hombres, ¿acaso no se comprendería entonces su martirio como algo justo, habida cuenta fue juzgado con la misma crueldad con la que él despreció antiguas doctrinas? Ahora bien, toda vez que aquí pretende infundir inquietud, haciendo gala de su descomunal hipocresía, el envilecido galileo dice un poco más arriba: “no os inquietéis por el mañana”, de manera que lo dice precisamente quien amenaza con el fuego del suplicio eterno (25,41y46), el mendaz galileo, a quien habría que decirle “a más de los dolores, no crees duros cuidados ni me anuncies para el futuro presentimientos que sean pesadumbre; pues los dioses inmortales no han establecido igual para siempre en la tierra sagrada una querella eterna para los mortales, ni tampoco un amor”[48].

7,3-5 Sentencias del ojo, la paja y la viga que resultan oportunísimas aplicadas al ingente orgullo del galileo; sin embargo, ¿qué ganaría quitándose la viga quien de tanto llevarla metida le pudrió el ojo? Ése ya no tiene curación, aunque tal vez sí la tengan aquéllos a los que todavía sólo les están fundiendo el hierro abotagador.

7,6 Semejantes consejos por poco hacen que el inquisidor abandone su ardua labor. No obstante, aunque el susodicho no tenga ya curación, tal vez sí la tengan sus incautos seguidores.

7,7-11 Valiéndose de una muy grosera cantinela electoralista, el galileo asegura que bajo su teocracia ‘todo lo pedido será dado, todo lo buscado se hallará, y toda puerta que se llame se abrirá’. No obstante, ante semejante trazo grueso cabría advertir que ‘es piadoso pedir bienes a los dioses, pero es impío pedir bienes materiales’[49]; y por lo mismo, ante semejante brocha gorda cabría señalar que el hombre piadoso es “aquel que no adula a los dioses cuando está en dificultades, sino que se acuerda de ellos, sobretodo, cuando las cosas le salen a pedir de boca”[50], la misma boca, por cierto, de la cual se sirve el galileo para ejemplificar las bondades del rezo, pues, según él, todo el que “pide pan” a su padre lo recibirá, y todo el que “pide pez” también lo recibirá de su padre, y no duda en absoluto en prometer a sus becerros que recibirán cuanto pidan de su dios; sin embargo, y por último, ante semejantísima tabla rasa cabría indicar que “quienes piden algo contrario a la ley divina es natural que no lo obtengan de los dioses”[51], de modo que el acercamiento a la ley divina asegura un rezo piadoso, mientras que su alejamiento, en efecto, causa al orador tantos males como bienes esperaba recibir.

7,12 El susodicho se vale de más populismo vergonzante y de mayor trazo grueso aún, hasta el extremo de propalar “cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos”[52], como si todos los hombres tuvieran las mismas apetencias o como si todos participaran del mismo sentido del deber. Ahora bien, la imperialización total había comenzado, y cualquier cosa, incluida la religión y la ley, estaba sujeta a la propaganda y al mercado; por tanto, a fin de erigir un culto masivo debían proclamarse prédicas masivas, vulgares y rebañiles, por cierto, agradables a la masa, al vulgo y a los rebaños. De ahí que el mendacísimo galileo se atreviera a expeler que “ésta es la Ley y los Profetas”. Y se acabó. Toda la Ley y todos los Profetas, en fin, se pueden resumir en ‘hacerse mutuamente lo que a uno le agradaría que le hiciesen’. ¿Qué le parece? ¿No es cierto que Moisés y los Profetas desperdiciaron mucho tiempo y esfuerzo? ¿Cómo no se les había ocurrido? ¿Acaso Moisés y los Profetas eran necios? No, y tampoco el galileo era necio, sino algo aún peor, pues reunía desvergüenza y maldad sin límites, pues, ¿por qué iba a querer alguien sensato lo mismo que quiere un monoteísta oriental?, esto es, vivir con el anzuelo hincado al paladar y morir con la esperanza de retornar a la carne, al mundo, a la sangre y a la cruz? No; eso nadie sensato lo querría, por más que los galileos intenten imponérselo so pretexto de que a ellos les agrada semejante destino.

De hecho, la insistencia de los mesiánicos galileos por hacer al prójimo lo que les apetecería para sí, ¿acaso no ha causado y causa gran tribulación a la humanidad? ¿Acaso sus deseos para los demás y para sí mismos no repugnan a cualquier hombre decente y de bien?; entonces, ¿por qué insistís con semejante descaro, protervos?, ¿qué tipo de vida es la que anheláis para vosotros, y, por ende, para los ajenos a vosotros, entrometidos? Además, hipócritas, si vuestro mesías quiere exterminar a los infieles, ¿acaso quiere lo mismo para él?; ¿verdad que no?, ¿verdad que no quiere el fuego de la gehenna para sí mismo?; entonces, ¿qué macabra patochada es ésta?

7,13-14 El pasaje es una variante de lo proclamado siglos antes no por la Vida, sino por la Virtud, que existe más allá de todo viviente y que es inspiración de toda vida, por cuanto “de la Maldad llano es el camino y vive muy cerca, pero de la Virtud, en cambio, el sudor pusieron delante los dioses inmortales, pues largo y empinado es el sendero hacia ella”[53]. En efecto, expresar dicha alegoría en términos de ‘estrechez’ o ‘amplitud’ de puertas, de modo que la puerta espaciosa conduce a la perdición y la puerta angosta a la ‘vida’, en fin…, resulta angustioso imaginar que por dicha puerta no cabe toda vida, y descorazonador resulta escuchar que el destino es la vida una vez más, y no la existencia parigual a los perínclitos dioses.

Véase además, y en el mismo sentido, lo referido por Jenofonte en Ciropedia II 2,24: “a menudo los malvados encuentran más partidarios que los virtuosos, pues el vicio, como marcha a través de los placeres momentáneos, tiene a éstos como pruebas convincentes para que mucha gente sea partidaria suya. En cambio, la virtud, como conduce a un camino escarpado, no es muy hábil para atraer a nadie a primera vista, sobre todo si hay otros que los llaman a acudir por un camino cuesta abajo y fácil”, por cierto, otros como el galileo falaz, quien no duda en vender su teocracia diciendo “tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, (…) pues mi yugo es blando y mi carga ligera” (Mt.11,29-30).

7,15 A tenor de lo expuesto en la Presente, que cada quien juzgue si el galileo era o no era un falso profeta, y no sólo por la Presente, sino también a tenor de lo acontecido en el mundo, desde su martirio atroz hasta la fecha.

7,17 Asevera el galileo que “todo árbol bueno da buenos frutos y todo árbol malo da frutos malos”, a partir de lo cual convendría haberle preguntado qué clase de árbol era el del paraíso, del que precisamente dijo Yahvé a los hombres “no comáis de él” (Gén.3,3), toda vez que se decía era ‘el árbol de la sabiduría’, lo que hace suponer que debía de ser un árbol bueno; no obstante, su fruto fue la causa de que el hombre pecara con grande pecado, por lo cual dicho fruto fue malo, siquiera con respecto al hombre. Así pues, ¿es del todo seguro que “no puede árbol bueno dar malos frutos, ni árbol malo frutos buenos”?.

Por ende, es preciso advertir de que hay árboles cuyo fruto es incomestible que, en cambio, resultan ser beneficiosos para el hombre, de manera que resultan ser árboles buenos cuyos frutos son malos, siquiera para el hombre. De hecho, hay algunos árboles que incluso no dan fruto pero que en cambio son provechosos para el hombre, como ocurre con el sauce, del cual se obtiene madera, y a partir del cual se fabrican cestos y papel. Y que no se esgrima el sofisma de que entonces el fruto del sauce debería entenderse que es su madera, porque aceptado esto debería tambien aceptarse que no hay árbol malo sobre la haz de la tierra, lo cual ciertamente confirmaría que el dios “ama todo cuanto existe y nada aborrece de cuanto ha hecho, pues si hubiera odiado alguna cosa no la habría formado” (Sab.11,25).

7,19-20 El galileo vuelve a amenazar a los infieles con el exterminio “el árbol que no da buenos frutos es cortado” y con el fuego impenitente “y arrojado al fuego”[54], de cuyo fruto se da a conocer que no es un dios, “porque no es Dios como un hombre que se mueve con amenazas” (Jt.8,16). De hecho, es cierto: “por los frutos los conoceréis”, por cuanto se conoce que el galileo era un hombre amenazador y no un dios (5,19/ 5,21/ 5,29), un hipócrita consumado (17,11-13/ enmienda a 18,8-9), un neócrata empedernido (5,33-37/ 9,17), reo de teonimolatría (6,9), de populismo vergonzante (5,3/ 5,44/ 7,12), de taumatocracia (14,25-33/ 28,17), y de una abrumadora doblez (enmiendas a 9,12 a 9,13 a 9,24 y a 17,12), en fin…, no cabe duda de que el galileo tiene “la cara más dura que una piedra” (Jer.5,3), y que “ve la paja en el ojo de su hermano pero no ve la viga en el suyo” (7,3).

7,21 El procaz galileo vuelve a mencionar la voluntad del dios[55], aun cuando el dios no posee voluntad[56], sino ley. Por ende, vuelve a mencionar al dios como si fuera su hijo predilecto, aun cuando desde antiguo se conoce que “es Zeus padre de dioses y hombres”[57].

7,23 El galileo advierte que a quienes no sigan sus absurdas consejas les espetará “nunca os conocí; apartáos de mí, obradores de iniquidad”, aun cuando poco antes, con tremenda hipocresía, exigía ‘no resistirse al mal’ (5,39), irse con el primero que a uno se lo pidiera (5,41), no volver la espalda a quien le requiriese (5,42), ‘amar a los enemigos’ (5,44), ‘perdonar a otros sus faltas’ (6,14), y ‘no juzgar a los demás’ (7,1). En fin, ¿cómo creer al galileo falaz cuando orgulloso se jacta en tanto que “el que hace la voluntad de mi Padre entrará en el reino de los cielos”, si no es capaz de cumplir él mismo ni sus propias prédicas? ¡Qué doblez estremecedora!

7,24-27 Con todo, el galileo exhorta a pensar en el futuro, por cuanto sólo sera salvo aquel que siga sus consejas a pies juntillas. Sin embargo, poco antes dijo ufano “no os inquietéis por el mañana”, ¡y lo dice el mismo que amenaza con el exterminio a todo infiel! ¡Qué faz impertérrita, por la Medusa!

7,28-29 En efecto, no es de extrañar que “se maravillaran las muchedumbres”, puesto que su prédica falaz y mendaz iba dirigida a la muchedumbre; no al sencillo, ni al honrado, ni al esforzado, sino al que se convence y complace con facilidad: la masa. Y también es cierto: “enseñaba como quien tiene poder”, el malicioso poder del engaño, porque está ya consumada la profecía de que “el de lengua doble ha sido la perdición para muchos que vivían en paz” (Eclo.19,20).

8,4 El galileo, después de curar milagrosamente a un leproso, le advierte “mira, no lo digas a nadie”, sin embargo, pocas líneas más arriba se dice que “al bajar del monte, le siguió una gran muchedumbre”, y fue precisamente entonces, en loor de multitud, cuando “un leproso se postró ante él” (8,1-2). ¿Cómo no iba a parecer cosa de chiste la advertencia del galileo tras curarle, si no fuera por las miríadas de crímenes realizadas en su nombre?

8,14 El galileo empieza su captación masiva de taumatólatras, es decir, de aquellos que adoran prodigios, sin prestar mayor atención a la prédica de quien los obra. Verbigracia, en este caso es la suegra de Pedro que, tras ser curada de la fiebre que la tenía postrada en el lecho, se pone a servir al galileo diligentemente. ¡Bravo es este culto, cuya fe se asienta sobre prodigios!

8,17 En caso de ser cierto eso de que el galileo “tomó nuestras enfermedades y cargó con nuestras dolencias”, sería tanto como decir que prevaricó impidiendo que se cumpliera lo justo. Ahora bien, ello no debe ser cierto, ya que “los transgresores de las leyes establecidas por los dioses sufren un castigo que los hombres de ninguna manera pueden evitar”[58], y tal vez por ello el atrabiliario galileo fue castigado en grado sumo: porque ‘transgredió las leyes establecidas por los dioses’ tanto como pudo. Lo terrible: que aún hoy dichas transgresiones sean reverenciadas, y no repudiadas como del todo se merecen según justicia.

8,20 Dice el galileo, hablando de sí mismo, que “el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”, de lo cual se infiere que o bien no es verdad que su Dios “dará cosas buenas a quien las pida”, o bien no lo ha pedido ―ni el galileo ni ninguno de sus adláteres―, o bien el hecho de que reclinen su cabeza ―él y sus borregos― no debe ser ‘cosa buena’, tal vez porque cosa buena es que él y sus títeres no tengan lugar en el mundo. Ahora bien, que al fin y al cabo han encontrado lugar para reclinar su cabeza es cosa segura, pues la tierra sagrada agoniza.

No obstante, si todavía saliera algún pacato arguyendo que el pasaje debe interpretarse en sentido figurado, en tanto que el ‘no tener donde reposar la cabeza’ significaría que ‘carece de ayuda y sostén’, ¿acaso no constituiría entonces una grave desconsideración a quienes, seducidos incautamente, le siguen prestándole ayuda y sostén?

8,21-22 En otro acto de impiedad, el galileo aconsejó a uno de sus discípulos que le rogó “ir primero a sepultar a mi padre”, de modo tal que le espeta “deja a los muertos” ―es decir, los que no van con él― “sepultar a sus muertos”, aun cuando la ley de sus ancestros ―como la de cualquier hombre decente y de bien― explicita claramente “al muerto no le niegues tus piedades” (Eclo.7,37). Sea como fuere, ¿acaso cuando el galileo murió en la cruz le dejaron de lado y se olvidaron de él, como por cierto hubiere correspondido dada su vileza? No, en absoluto, sino que lo llevaron al sepelio y lo veneraron creando así el culto necrólata a la cruz, la sangre, la carne y la muerte. Entonces, ¿quién es el galileo para aconsejar a nadie el desprecio a los muertos, cuando su propia muerte sirvió de pilar a su culto nefando? ¡Qué rostro marmóreo, por Tanatos![59]

8,24 Se narra la prodigiosa escena según la cual el galileo detiene una tempestad en el lago Tiberíades. A fuer de que difícil es imaginar cómo en un lago de semejante tamaño[60] se produjera una agitación “tal que las olas cubrían la nave”, lo relevante es que se asegura cómo “él entre tanto dormía” ―y profundamente que debía de dormir, como para no haber despertado todavía― aun cuando poco antes el propio galileo se jactó con tremenda doblez de que “el Hijo del Hombre” ―es decir, él mismo― “no tiene dónde reclinar la cabeza” (8,20). A decir verdad, el galileo tenía tanto dónde reclinar la cabeza que dormía en mitad de furiosa tempestad como un muerto. ¡Qué desfachatez atronadora, Écastor!

8,27 Por ende, el prodigio una vez más excita la taumatolatría de los presentes: la era de la ilusión y de la novela se hacía presente; los prestidigitadores y cuentistas frotaban sus trapaceras manos.

8,34 Después de lo sucedido con la numerosa piara de puercos, los gadarenos, horrorizados, “le rogaron que se retirase de sus términos” al galileo, el cual poco antes había accedido a los ruegos de los demonios, tal vez cumpliendo su propia prédica “no resistáis al mal” (5,39). Ahora bien, ¿por qué, pudiendo obrar otros muchos prodigios, el galileo acepta que los demonios posean la piara de cerdos[61]? ¿Acaso no permitió que el mal se diseminara, por cuanto los demonios, que primeramente poseían a dos hombres, al fin lograron matar a toda una inocente piara de dos mil cerdos (Mc.5,13)? De hecho, semejante calamidad sin lugar a dudas debió de perjudicar grandemente al pueblo gadareno. Así pues, ¿quién es ese que retira el mal de unos pocos y lo endilga a otros muchos, por cierto, al tiempo que cede a las pretensiones del demonio?

9,2 ‘Y viendo el galileo la fe taumatólatra de aquellos hombres’, cabría decir, que nada tiene que ver con la excelsa fe intelectual de los decentes y de bien.

9,2-3 El galileo dice con orgullo estremecedor “tus pecados te son perdonados”, que es tanto como rehuir la justicia y aceptar la prevaricación. Por ello, no debe sorprender que “algunos escribas dijeran dentro de sí: este blasfema”, porque no sólo blasfemaba, sino que además predicaba la injusticia y la prevaricación valiéndose de artificios, añagazas y prodigios: la anécdota sobre la categoría, la carne sobre el espíritu y el hombre sobre el dios, porque, ¿cuántos al ver semejantes artificios no pensaron ‘vaya, pues este hombre obra lo que no puede obrar el dios: adoremos pues al Hombre’? Y así la humanidad con la cruz a cuestas y la vista gacha hacia la carne iría cubriendo la sagrada tierra, pervertiría los venerables ríos y tapiaría el esplendente cielo, porque los dioses ancestrales y sus leyes cederían ante el horror de la neocracia mesiánica: las imperturbables Moiras tramaban la urdimbre más odiosa, y como la más amable hilatura, aquélla también sería irreversible.

9,12 El susodicho arguye que “no tienen los sanos necesidad de médico, sino los enfermos”, de lo cual se infiere que él es el ‘médico’, los ‘enfermos’ son sus discípulos y la muchedumbre que les sigue y, en consecuencia, los ‘sanos’ son los fariseos y los escribas. En tal caso, si es cierto que el médico sana la enfermedad, cabría esperar que el galileo hiciera a la muchedumbre y a sus discípulos (‘enfermos’) convertirse en fariseos y escribas (‘sanos’). Y si no es así, ¿por qué el fementido galileo no concurre con los fariseos y los escribas, si según él son éstos los verdaderos ‘enfermos’? ¿Por qué gusta de acompañarse con quienes ya le siguen y le veneran por sus prodigios y artimañas, “pues si ama a los que aman, ¿qué recompensa tendrá?” (5,46)?.

9,13 En el mismo sentido que inspira la enmienda anterior, el falacísimo galileo regurgita que “no he venido yo a llamar a los justos, sino a los pecadores”, de lo cual se infiere que los ‘pecadores’ son tanto sus borregos como la masa amorfa que les sigue y, en cambio, los ‘justos’ son los fariseos y los escribas. ¿Entonces?, si ello es así y el galileo deseaba hacer justos a los injustos, ¿no debía incitar a la emulación de los escribas y los fariseos, de la misma manera que es conveniente tener a los justos por modelo? Y si ello no fuera así, entonces, ¿de qué y de quién diantre habla?; ¿o no cabe prestar atención ni a sus palabras ni tampoco a sus prodigios y anécdotas? ¿Qué decís, taumatólatras?, ¿os importa poco el valor de las palabras de vuestro milagrero, y en cambio gozáis y os complacéis en el recuerdo de sus prodigios y farándulas?

9,13bis El galileo, con tremenda hipocresía, espeta que “misericordia quiero y no sacrificio”: él, quien ‘el día de la ira’ condenará a quienes le rechacen a “ir al fuego eterno”, “al suplicio eterno” (25,41y46), el mismo que asegura haber venido para ‘consumar la Ley’ (5,17) ‘jota por jota y tilde por tilde’ (5,18), aunque desprecia “dar al Altísimo según lo que Él te da y dar con ánimo generoso lo que puedas” (Eclo.35,12), y aunque abomina cumplir con la ley de sus ancestros, la cual prerroga con detalle la bondad del sacrificio verbigracia en Gén.8,20/ Gén.22,13/ Éx.10,25/ Éx.18,12/ Éx.20,24/ Éx.24,5/ Éx.29,18y25/ Éx.32,6/ Éx.40,29/ Lev.1,9y13/ Lev.1,17/ Lev.6,9/ Lev.7,37/ Lev.8,21/ Lev.9,16/ Lev.10,19/ Lev.16,3y5/ Lev.23,12/ Lev.23,18/ Núm.6,11y14/ Núm.6,16/ Núm.28,13/ Núm.29,2/ Dt.12,14/ Dt.13,16/ Dt.27,6/ Jos.8,31/ Jue.13,16/ Jue.20,26/ Jue.21,4/ 1Sam.6,14/ 2Sam.6,17/ 1Rey.10,5/ Esd.3,2-6/ Esd.8,35/ 1Mac.4,55/ Job 1,4-5/ Sal.66,15/ Is.56,7 ó Ez.45,23.

9,17 El sorprendente galileo dice que “nadie echa el vino nuevo en cueros viejos; de otro modo se romperían los cueros”, defendiendo así la abrogación del Antiguo Contrato, su Ley y la subsiguiente imposición de la neocracia imperialista. Sin embargo, y a fuer de que la ley el dios “la estableció para la eternidad” (Sal.119[Vg.118],152), dado que “la palabra de nuestro Dios permanece para siempre” (Is.40,8), lo cierto y verdad es que el vino nuevo no debe echarse en cueros nuevos, dado que tornaría ponzoñoso el vino ―tan ponzoñoso como el mesianismo neócrata― y echaría a perder los cueros ―como quien echa a perder las leyes de sus padres―. En cambio, cualquiera conoce que el cuero nuevo hace al vino imbebible, y que éste debe llenar el cuero y vaciarse sin ser bebido por lo menos una vez[62]. De igual modo, todos tienen el conocimiento de que el vino se conserva mejor en cueros viejos, y que las nuevas acciones prosperan sólo cuando se hallan bajo el amparo de las leyes antiguas.

9,24 El susodicho advierte “que la niña no está muerta; duerme”, a pesar de lo cual la muchedumbre no le cree y refiere lo acontecido como si la niña estuviese muerta y el galileo la hubiese resucitado. De hecho, si realmente la niña estuviese muerta el galileo habría mentido a los presentes, pero cabe pensar que dijo la verdad, como tenía por costumbre, de modo que ni la niña estaba muerta ni por tanto la resucitó, porque “la vida humana ni está sujeta a pillaje para que vuelva ni se puede recuperar cuando traspasa el cerco de los dientes”[63].

9,30-31 El galileo taumatócrata tiene poder para obrar milagros pero no para evitar que su fama se extienda, tal y cómo hizo ver que quería al decir “mirad que nadie lo sepa”, puesto que “una vez fuera” los curados “extendieron su fama”. En fin, ¡buena fama es aquélla que compite con el dios!, pues muchos dirían “jamás se vio tal en Israel” (9,35), esto es, ni con la ley, ni con los profetas de Yahvé, sino con el galileo neócrata, por lo cual con sensatez los fariseos replicaban que “por medio del príncipe de los demonios expulsa a los demonios” (9,34), ¿o cómo iban a obedecerle los demonios si el galileo no tuviera trato con ellos? ¿Y cómo iba a ser disparatado aseverar que el galileo trataba de cerca con el mal, cuando él mismo predicaba “no resistáis al mal” (5,38)?.

9,37-38 Vaya, ahora resulta que, según el mendaz galileo, el dueño de la mies ―es decir, el dios― descuidó poner a laborar suficientes obreros como para recoger la cosecha, y ha de venir el susodicho a reclamar que se ore a fin de que el dios haga lo que se presume es debido hacer: “rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”, ‘que resulta que el dios anda despistado’, le faltó añadir al ya de por sí procacísimo galileo. Sea como fuere, y ciertamente resultó ser nefasto, ¿acaso no fue el propio galileo quien predicó que “las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta” (6,26)? Entonces, ¿a qué viene semejante prurito por lo que el dios dispone o deja de disponer?: “¿por qué preocuparos (6,28)”? “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán” (6,34).

10,5 Tras conferir poderes a sus doce apóstoles (‘Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón, el celador, y Judas Iscariote’), el galileo les recomienda tal que “no vayáis a los gentiles ni penetréis en ciudad de samaritanos”; sin embargo, es Pablo quien asegura que para el dios “no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro o escita, siervo o libre, porque Cristo lo es todo en todos” (Col.3,11). Entonces, si lo dicho por Pablo fuera cierto, ¿por qué habría de distinguir el galileo entre gentiles y neólatras, o entre samaritanos e israelitas? ¿Tal vez porque el susodicho ni era el dios ni nada parecido? Pues aun y con todo debe concedérsele que sea el hijo del dios, porque en verdad que es “Zeus padre de dioses y hombres”[64].

10,7 Y por ende les ordena ir propalando que “el reino de Dios se acerca”, aun cuando en todo caso sería el mundo que se acercaría al dios, a fuer de que el reino del dios está por todo, mal que le pese al blasfemante galileo, ya que aun “si bajare al ‘seol’, allí está presente” (Sal.139[Vg.138],8), “porque el Espíritu del Señor llena el Universo” (Sab.1,7), y es él mismo quien advierte “el cielo es mi trono, y la tierra el escabel de mis pies. ¿Qué casa podrías edificarme? ¿En qué lugar moraría yo?” (Is.66,1)[65]. Así pues no deja de ser una estratagema más para captar adeptos de la forma más mendaz.

10,13-15 El taumaturgo galileo confiere el poder de obrar milagros a sus becerros, entre los cuales se cuentan ‘curar enfermos, resucitar muertos[66], limpiar leprosos o arrojar demonios’, sin embargo, no les confiere el humilde poder de apaciguar los ánimos de los habitantes de una casa o hacer que estos escuchen sus palabras, de manera que “si la casa fuere digna, venga sobre ella vuestra paz; si no lo fuere, vuestra paz vuelva a vosotros. Si no escuchan vuestras palabras, saliendo (…) sacudid el polvo de vuestros pies”[67]; en efecto, ni el polvo de quienes les rechazaban debían aceptar, por más que su caudillo poco ha les ordenara “amad a vuestros enemigos” (5,44). Asimismo, el procacísimo galileo dice que estos enemigos sufrirán peor suerte que los de Sodoma y Gomorra, aun cuando él mismo dijera “no juzguéis y no seréis juzgados, porque con el juicio con que juzgareis seréis juzgados” (7,1-2). Y bien, ¿qué ocurre?, ¿que el galileo está exento de cumplir su propia ley? Entonces, ¿acaso hay tres leyes distintas, a saber, la ley del Antiguo Contrato, la ley del Nuevo Contrato y una tercera ley exclusiva para el galileo, que la cumple y la deja de cumplir según su arbitrio? Por tanto, decid, galileos, ¿cuántas leyes son del dios: una, dos, o tres? ¿Tal vez haya algunas otras, o su inexistencia la suplís merced a la caterva de interpretaciones delirantes que del texto inferís? Pero, ¿acaso olvidáis que “no debéis tener más que una palabra” (Eclo.5,12)?; ¿entonces? ¿Qué vais a replicar ahora, insensatos? ¿Haréis como el pecador, que “rehuye la corrección y busca la Ley en su capricho” (Eclo.32,21)? En fin, ¿es que habéis hecho algo distinto alguna vez?

10,16 El abuso en el empleo de la metáfora es extraordinario, pues resulta que los apóstoles deben ser a un tiempo como corderos, como serpientes y como palomas. ¡Ahí es nada el batiburrillo!

10,17 Con espantosa doblez el galileo aconseja a sus secuaces ‘guardarse de los hombres’, aunque su destino último sea el martirio. Entonces, si merced al martirio su culto iba a propagarse por entre la masa, ¿por qué iban a guardarse de los hombres y por qué, en cambio, no se mostraban ante ellos? Es más, el propio galileo, falacísimo, ordena a sus becerros, poco más abajo, que “lo que yo os digo en la obscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, predicadlo sobre los terrados” (10,27), y a eso le llama ‘guardarse de los hombres’, él, quien dijere de “no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean” (6,1). ¡Qué rostro ferrugiento, por Heracles!

10,21 Es cierto: el hermano menor mesiánico entregó al hermano mayor gentil a la muerte, los padres convertidos al culto oriental harían lo mismo a sus hijos, y los neólatras galileos se levantarían contra los gentiles y sus ancestros, pues, como se levantan los hijos contra los padres para darles muerte. Lo terrible: que aún haya quien legitime semejante abyección, reverenciando al martiriócrata con corazón impío.

10,22 Que los galileos sean aborrecidos es tan natural como lo es aborrecer la enfermedad, una catástrofe o la ignorancia, y, al tiempo, congregar con el mesianismo antropólatra es tan repudiable como desear la tortura (16,24), el final de los tiempos (3,7/ 24,3) o la subordinación perpetua a un mesías (25,34). A continuación, el galileo dice con relación a la macabra labor de sus secuaces que “quien persevere hasta el fin, ése será salvo”, incitando así al martirio suicida a los que, lamentablemente, tal vez ignoren que “ningún hombre muere honrosamente en defensa de unos fines que erróneamente eligió”[68].

10,26 Aplíquese enmienda relativa a Mc.4,22.

10,27 El infausto galileo ordena pregonar sus insidiosas prédicas “a la luz” y “sobre los terrados”, aun cuando él mismo les conminó “a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean” (6,1).

10,28 Una vez más, el truculento galileo incita a sus borregos a morir padeciendo el martirio, aunque deberían haber sabido que “ningun hombre muere honrosamente en defensa de unos fines que erróneamente eligió”[69], sino que, contrariamente a como imaginan, éste muere del modo más deshonroso posible, ya que completamente equivocado muere él, estropea lo que es bello y, en fin, disemina lo feo esparciéndolo[70], igual que ‘se derrama la sangre del contrato’ (26,28).

10,33 El procaz galileo amenaza tal que a “quien me confesare delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre (…), pero a todo al que me negare delante de los hombres, yo le negaré también delante de mi Padre, que está en los cielos”, como también “en todas las cosas” (Sab.12,1), puesto que “llena el universo” (Sab.1,7). Sin embargo, desde el Antiguo Contrato se te da un tirón de orejas, atrabiliario galileo, y se te reprende con justicia tal que “no digas: «devolveré mal por mal»” (Prov.20,22); ¿o no es cierto, galileo mendaz?, ¿o no es cierto que es tu propio padre quien azotando tus posaderas te dice “no digas: «como me ha tratado a mí le trataré yo a él, y le devolveré a cada uno según sus obras»” (Prov.24,29)? ¿Qué?, ¿te ha quedado claro, mocoso? ¿O tal vez ansíes más golpes, debido a tu insaciable sed de martirio?

10,34-36 El propio galileo se retracta, y confiesa que llegó al mundo no para establecer ‘paz’, sino ‘espada’[71]; y lo que es aún mucho peor, revela que llegó “a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre, y a la nuera de su suegra”, es decir, que la espada no la impuso para luchar contra el enemigo ―“no resistáis al mal” (5,39), “amad a vuestros enemigos” (5,44)―, lo cual hubiere sido una noble empresa, sino que vino a traer la ‘espada’ para que se blandiera en el seno de la familia. Y es cierto: el mesianismo atroz ha conducido al humano hasta la antropolatría y el individualismo más repugnante, por lo que resulta urgente que los galileos se retracten y canten ya su palinodia: ésa que, temerosos, tanto tiempo llevan demorando.

10,37 Espeta el susodicho que “el que ama al hijo o a la hija más que a mí ―esto es, ‘más que al dios’― no es digno de mí”, cuando más sencillo y humilde hubiera sido aconsejar “después de los dioses, respetad a todo el género humano que se sucede de generación en generación”[72].

10,38 En efecto, “quien no toma su cruz y sigue en pos de mí (el galileo) no es digno de mí”, que es tanto como decir que no es digno de la martiriocracia, de la reprobación, la doblez y la paleofobia, y, en cambio, sí se revela digno de la modestia, el elogio, la honestidad y el amor a los ancestros.

10,39 De nuevo, el galileo aprueba el suicidio en su nombre[73].

10,41-42 He aquí una prueba más de cómo el culto judeo-mesiánico se asienta sobre un contrato en donde una parte obecede a cambio de cierta recompensa[74]. En este caso, el hecho de servir a los representantes de la teocracia monoteísta tendría por recompensa la vida eterna en un cuerpo siempre joven y una tierra eternas, bajo eterna subordinación a un mesías eterno. ¿Qué ocurre? ¿No le gusta, paciente lector que tantísimo aguarda? Pues sepa que a los galileos les entusiasma, y por ello pretenderán hacer con usted lo mismo que a ellos les agradaría que le hiciesen. ¿Qué? ¿Ha quedado más tranquilo? ¿No? Pues arrostre al malvado y resista a su proterva maldad, cuyo origen es la más abisal ignorancia.

11,3-6 La pregunta del Baptista al galileo “¿eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?” resulta hilarante y luctuosa a un tiempo: hilarante por la ingenuidad del Baptista mostrada en la primera proposición, y luctuosa por el gregarismo becerril que se desprende de la segunda. No obstante, dicha interpelación al galileo parece ajustada a razón, dado que desde tiempos remotos se decía que el mesías salvaría a Israel (1Sam.2,10/ Sal.2,2), y, en cambio, el galileo vino para esclavizarlo más aún si cabe[75]. Por ende, la respuesta del galileo es de una inconsciencia espeluznante: “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan…”[76], es decir, todo se transtorna, todo se vuelca, arriba y abajo se confunden, categoría y anécdora no se distinguen, el dios pasa a ser hombre y el hombre dios. En fin…, resulta que, según los impíos galileos, hasta la llegada de su caudillo el dios estaba como de vacaciones, y nadie recibía ni la vida que merecía ni la muerte que se le tenía asignada. ¿Y todavía pretenden que alguien se alegre porque “los pobres son evangelizados”? ¡Qué rostro, por las Moiras!

11,20-24 El procaz galileo sentencia a las ciudades de Corazeín, Betsaida y Cafarnaúm a sufrir el fuego de la gehenna el día de la ira final, de modo y manera que “el país de Sodoma será tratado con menos rigor”. Todo ello, en fin, por no postrarse ante sus milagros y resistir así a la taumatolatría borreguil; y es que “cuando la ira se desparrama por el pecho hay que contener la lengua que ladra vanamente”, porque, ¿acaso no prescribió él mismo “no resistirse al mal” (5,39), “amar a vuestros enemigos” (5,44), “no juzgar a los demás” (7,1) y “perdonar a otros sus faltas” (6,14)? Por ende, ¿no aseguró el susodicho que “quien pide recibe, quien busca halla y a quien llama se le abre” (7,8)? Entonces, tal vez el galileo ni pidió lo correcto, ni buscó lo debido ni llamó como es menester, pues, ¿‘cómo el dios no iba a dar cosas buenas a quien se las pide’? (7,11). En fin, de ello se infiere que, o bien el susodicho no lo pidió, o bien, si lo pidió, su ruego no fue considerado bueno por el dios.

11,25 El galileo habla con su dios el términos completamente pasmosos: “te alabo (…) porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelastes a los necios”[77], de lo cual se deduce que el susodicho no era sabio ni discreto, pero sí necio  (νήπιος). ¡Cómo dar crédito a tales palabras! ¡Enloquecer para creer! Sea como fuere, el caso es que ya saltarán los galileos esgrimiendo otro tipo de ‘sabiduría’[78], otra ‘discreción’ e incluso otro tipo de ‘necedad’; ahora bien, conviene saber que “nada digno de fe habla en la boca la lengua de los que tienen en su corazón un pensamiento de palabra doble”[79].

11,27 En efecto, muy ‘necio’ no debía de ser el galileo, quien tras haberse proclamado ‘Hijo del dios’ (11,25-26) afirma que “nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo”, lo cual es tanto como jactarse de conocerlo todo y de ser el único que puede dar a conocer todo, pues “¿qué es Dios? ¡El Todo!”[80]. Ahora bien, ¿alguien realmente sabio tendría la desfachatez de afirmar tal cosa? Por lo menos, según el Antiguo Contrato el galileo no sería un verdadero sabio, sino todo lo contrario, pues “¿has visto a uno que se cree sabio? Más puedes esperar del necio que de él” (Prov.26,12), con lo cual el galileo no sería ni tan siquiera un necio.

11,29 No obstante lo dicho en el versículo 27, el falacísimo galileo se jacta de ser “humilde de corazón”, ¡ahí es nada!, el mismo que se dice ‘hijo predilecto del dios’ y ‘conocedor del mismo’ que ‘vendrá a juzgar a toda carne el día de la ira’. ¡Arrea que faz marmórea, por el cánido!

11,30 Dice el galileo “pues mi yugo es blando y mi carga ligera”, embaucando así a la masa pubescente, por cuanto es cierto que “a menudo los malvados encuentran más partidarios que los virtuosos, pues el vicio, como marcha a través de los placeres momentáneos, tiene a éstos como pruebas convincentes para que mucha gente sea partidaria suya; en cambio, la virtud, como conduce a un camino escarpado, no es muy hábil para atraer a nadie a primera vista, sobre todo si hay otros que los llaman a acudir por un camino cuesta abajo y fácil”[81], por cierto, otros entre los que debe contarse al mendacísimo galileo, como aquí se demuestra[82].

12,2 Se dice que los fariseos acusaron a los seguidores del galileo por hacer “lo que no es lícito hacer en sábado”, aun cuando ello lo debieron de haber dicho unos pocos fariseos inexpertos que casualmente pasaban por allí, por cuanto en los profetas (Is.58,13/ Jer.17,21-22) se explicita lo que debe y no debe hacerse en el día Sábado[83].

12,3 El suceso evocado por el galileo a modo de justificación (1Sam.21,1-6), por cierto, tiene poco que ver con la ley del respeto sabático, dado que de dicho pasaje no se desprende que la contravención a uno de los estatutos (Lev.24,5-9) suceda en día Sábado. Ahora bien, si hubiera ocurrido en Sábado, ¿ello exoneraría cualquier contravención a la ley en dicho punto? ¿Podría entonces contravenir la ley quien quisiere, sólo porque así lo hicieron David y los suyos en una determinada ocasión? ¿Ésa es la ley eterna de Yahvé que “permanece para siempre” (Is.40,8)?

12,5 De ningún lugar se desprende que “los sacerdotes en el templo violan el sábado sin hacerse culpables”, en caso de que cumplan lo prescrito en Núm.28,9, puesto que en los profetas se explicita qué debe y qué no debe hacerse en día sábado, es decir, debes pasar el día “no haciendo tus viajes, ni arreglando tu negocio ni hablando de él” (Is.58,13). Y justo en este sentido debe entenderse lo dicho por Jeremías, en tanto que debe uno guardarse “de llevar cargas en día de sábado y de introducirlas por las puertas de Jerusalén. No saquéis tampoco cargas de vuestras casas en día de sábado ni hagáis labor alguna” (Jer.17,21-22), debiéndose entender por ‘labor’ no cualquier acto, sino aquella actividad económica cuya ejecución reporte algún beneficio material[84].

12,7 Según parece, el galileo no debió de entender lo dicho por el profeta Oseas, por cuanto él dijo “prefiero la misericordia al sacrificio” (Os.6,6) y no lo que el susodicho querría, es decir, “misericordia quiero y no sacrificio”. En efecto, esta última lectura presenta la misericordia y el sacrificio como una dicotomía de términos que se excluyen, mientras que la lectura del profeta presenta ambos términos como una dualidad complementaria. Además, resulta evidente que, según la propia Ley y aunque prefiera ‘misericordia’, el dios quiere ‘sacrificios’, como de hecho puede comprobarse en Gén.15,10/ Éx.13,11-16/ Éx.23,15/ Éx.29,38-42/ Éx.32,27-30/ Lev.1,1-7y38/ Lev.23,10-14/ Núm.28,2yss./ Núm.28,3-8/ 2Sam.6,12-13/ Eclo.35,8-13/ Is.43,22-24/ Is.56,7 y demás, tales como Jer.33,18 y Mal.1,11[85].

12,8 ¿Qué significa que “el Hijo del hombre es señor del sábado”? ¿Acaso que el galileo puede abrogarlo, modificarlo o cumplirlo según se le antoje? Pero bueno, ¿no había venido él a ‘consumar la Ley en toda jota y toda tilde’ (5,17-18)?

12,12 Dice el galileo, como quien proclama algo nuevo, que “lícito es, por tanto, hacer el bien en sábado”, aun cuando era ello cosa evidente a tenor de lo expuesto por los profetas Isaías (Is.58,13) y Jeremías (Jer.17,21-22), y como ha quedado exegetado en la cercana enmienda a 12,5. Por lo tanto, es claro que el descanso sabático debe interpretarse en el sentido del descanso laboral y económico, no público y civil; y de hecho así queda refrendado en Éx.16,26-30/ Éx.31,13-16/ Éx.35,2-3/ Lev.16,29-31/ Lev.23,3/ Lev.23,25 donde se preceptúa no realizar “ningún trabajo servil”/ Lev.23,32/ Lev.25,4-7/ Lev.26,34-35/ Núm.15,32-36/ y muy explícitamente en Dt.5,12-15, de manera que hacer misericordia y guardar el sábado no son actividades incompatibles, como cree el galileo cuando masculla “misericordia quiero y no sacrificio” (12,7).

12,15 El galileo, noticioso de que los fariseos “se reunieron en consejo contra él para ver cómo perderle” (12,14), “se alejó de allí”, aun cuando antes incitara a sus borregos al martirio suicida, espetando aquello de “no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, que el alma no pueden matarla” (10,28).

12,18-20 El pasaje de Isaías al cual Mateo alude (Is.42,1-9) pertenece no al profeta, sino al llamado ‘Deutero-Isaías’ (‘Isaías posterior’)[86], autor de los capítulos 40-55, el cual probablemente militare en una secta nacionalista que identificaba el mesías no con el galileo, sino con la propia nación de Israel[87], a tenor de lo cual Israel sería ‘el siervo, el amado de Dios, en quien su alma se complace; quien enunciará el derecho a las gentes, y a quien en su nombre (Israel) pondrán las naciones su esperanza’. Porque parece evidente que el texto profético no alude al galileo, puesto que él ‘sí disputó y gritó’ (23,13-33), y ‘mucha gente oyó su voz en las plazas’ (9,35/ 26,55) y, sobretodo, ‘no hizo triunfar el derecho’, sino la más cruel de las injusticias, precisamente porque, a fuerza de fuego, sangre y cruz, se les impuso a las naciones la esperanza en el hombre, la carne y el prodigio[88].

12,24 Pero ¿acaso puede pensarse otra cosa a fuer de que el galileo “no echa a los demonios sino por el poder de Beelzebul, príncipe de los demonios”, cuando fue él mismo quien dijera “no resistáis al mal” (5,39)[89] y “amad a vuestros enemigos” (5,44)? En efecto, parece coherente que así fuera, si bien sólo en caso de que existiera un ‘príncipe de los demonios’.

En efecto, porque si bien los judíos realizaban ciertos ritos de exorcización (Mt.12,27), nunca creyeron ser ellos los responsables del éxito de los mismos, sino los propios ritos y su dios.

12,28 El galileo insiste de nuevo en decir que tal vez “ha llegado a vosotros el reino de Dios”, aun cuando en todo caso sería el mundo que se acercaría al dios, a fuer de que el reino del dios está por todo, mal que le pese al blasfemante galileo, ya que aun “si bajare al ‘seol’, allí está presente” (Sal.139[Vg.138],8), “porque el Espíritu del Señor llena el Universo” (Sab.1,7), y es él mismo quien advierte “el cielo es mi trono, y la tierra el escabel de mis pies. ¿Qué casa podrías edificarme? ¿En qué lugar moraría yo?” (Is.66,1)[90].

12,30-32 El mismo que ‘misericordia quiere’ (12,7) y que dice ser “manso y de corazón humilde” (11,29) afirma que “quien no está conmigo está contra mí”, de modo que pone de manifiesto que es soberbio de corazón, atrabiliario, y que no quiere misericordia, sino que sus contrarios acaben por “ir al fuego eterno (…), al suplicio eterno” (25,41y46). En el mismo sentido, el galileo advierte de que “quien hablare contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este siglo ni en el venidero”, por lo que a él y a los fobócratas que continúan su siniestra labor cabría recordarles que mienten, tanto aquél como éstos, “porque eterna es su piedad” (Sal.136[Vg.135],1-26) y “eterna es su misericordia” (Eclo.51,17/ Jer.33,11/ Dan.3,89-90), en el asenso de que es “su misericordia sobre todas sus obras” (Sal.145[Vg.144],9), porque tal vez ni él ni sus secuaces hayan comprendido todavía que “todo lo ha hecho Yahvé para sus fines, aun al impío para el día malo” (Prov.16,4), ya que es cierto que “Yahvé aun a los enemigos se concilia” (Prov.16,7).

Sea como fuere, es el galileo quien ahora dice “quien hablare contra el Espíritu Santo no será perdonado”, mientras que otrora él mismo dijo “no os inquietéis por el mañana” (6,34), y al mismo susodicho habría que darle un buen tirón de orejas mientras se le reprende tal que, galileo:  “a más de los dolores, no crees duros cuidados ni me anuncies para el futuro presentimientos que sean pesadumbre; pues los dioses inmortales no han establecido igual para siempre en la tierra sagrada una querella eterna para los mortales, ni tampoco un amor”[91]. Ahora bien, no sólo no debe ser perdonado ése que blasfemare contra el Espíritu Santo, sino ningún otro que cargare con alguna culpa, por cierto, hasta no pagar con toda justicia el castigo que merece.

12,36 Si ciertamente “de toda palabra ociosa que hablaren los hombres habrán de dar cuenta el día del juicio”, el galileo necesitaría un turno especial: tanta y tamaña es la impiedad y ociosidad de sus palabras, que largo debería ser su juicio y ejemplar su condena.

12,38-45 El galileo da a entender, como si fuera él quien primero lo anunciara, que los tiempos venideros serían peores que los tiempos pasados. En efecto, eso ya lo anunciaron Pitágoras en forma de doctrina universal (“en el universo, en la vida, en las ciudades y en la naturaleza es más estimado lo que precede en el tiempo que lo que sigue”[92]) y Hesíodo en forma de profecía (“el padre no se parecerá al hijo ni los hijos al padre; el anfitrión no apreciará a su huésped ni el amigo a su amigo y no se querrá al hermano como antes, etc.”[93]). Sin embargo, llegaba la triste era de la neocracia, y con el devenir del tiempo todo lo pasado sería abominado, mientras que el Hombre Nuevo, con el Nuevo Contrato bajo el brazo, proclamaría las virtudes de un nuevo régimen, un nuevo dios y una nueva ley, que daría lugar a un nuevo paraíso en el cual el pasado dejaría de respetarse y sólo importaría el presente. ¿Qué ocurre? ¿Qué? ¿Acaso semejante profecía ―antigua como el hombre― no se vuelve contra el propio galileo, quien con grande impudicia osó pronunciarla, aun siendo el principal responsable de su luctuosa consumación? ¡Qué desfachatez, por Cronos!

12,46-50 En este pasaje se pone en evidencia que el galileo tuvo hermanos (ἀδελφοί), puesto que si el texto se refiriera a los ‘hermanos’ queriendo decir ‘amigos’ o ‘compañeros’ no hubiese extendido su mano sobre sus discípulos diciendo “he aquí mi madre y mis hermanos”. En efecto, así como contrapone la madre sanguínea (María) a la ‘madre’ espiritual (sus discípulos), es de necesidad que el galileo se refiriera a los hermanos sanguíneos para que fuera efectiva su contraposición con los ‘hermanos’ espirituales[94].

Sea como fuere, resulta impúdico cómo el galileo hizo tabla rasa con su familia, y si ya “es feo que consideres al amigo igual que a tu hermano”[95], ¿cuánto más lo será equiparar al amigo con tu madre? Pero tal vez sea que el susodicho jamás creyó que “de todas las criaturas, los hombres son los que más desean devolver sus cuidados a sus padres: vivos o después de muertos”[96], porque todo hombre decente y de bien conoce en su corazón que “honrar a los padres es ley universal”[97]. Sin embargo, el galileo no era decente ni de bien, sino que, como él mismo dijera con tenebrosa voz, “he venido a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre, y a la nuera de su suegra, y los enemigos del hombre serán los de su casa” (10,35-36). En fin, son éstas infaustas palabras de quien, al odiar el pasado, no supo entender que “de nuestros padres viene la sabiduría”[98].

13,1-23 Es cierto, y otra parte de la simiente del sembrador estaba contaminada: cayó sobre tierra buena, y de ella crecieron malas hierbas que echaron a perder la cosecha. En efecto, el campesino pretendió labrar más tierras de las que podía y acabó descuidándolas. ‘El que tenga oídos que oiga’; el que tenga entendederas, que entienda.

13,24-30 Si el trigo estaba plantado en la tierra antes de que la cizaña fuera sembrada, en fin, es sencillo interpretar qué representa el trigo (las tradiciones ancestrales) y qué representa la cizaña que sobreviene después (el mesianismo neólatra), y, por ende, qué de uno y otro será quemado y qué será conservado.

13,31-32 Aplíquese enmienda relativa a Mc.4,31-32.

13,35 De hecho, el pasaje no reza “abriré en parábolas mi boca, declararé las cosas ocultas desde la fundación del mundo”, sino que reza “abriré en sentencias mi boca, evocaré los arcanos del pasado” (Sal.78[Vg.77],2), refiriéndose a la historia de Israel, y no a la del mundo, “para que la conociese la generación venidera, y los hijos que habían de nacer se las contasen a sus propios hijos” (Sal.78[Vg.77],6yss.); de modo que, en realidad, el pasaje carece del significado mesiánico que Mateo muy trapaceramente imposta.

13,37-40 Si “la buena semilla son los hijos del reino” y “la cizaña son los hijos del maligno”, en fin, los malvados no podrán jamás acceder al reino, por mucho que se esfuercen, igual que la cizaña no se convertirá en trigo por más que uno quiera. Entonces, ¿a quién perdonar? ¿De quién tener misericordia? ¿A quién castigar que no esté condenado de antemano[99]? Y que no salga un mesiánico esgrimiendo que su dios puede convertir el trigo en cizaña y la cizaña en trigo, porque entonces, a fuer de erigir su esperanza en prodigios, adulteraría los términos de la parábola, en tanto que no respetaría la naturaleza de los mismos. En fin, ‘el que tenga oídos, que oiga’, empero, sobretodo, quien tenga entendederas que entienda.

13,44 Pero bueno, ¿cómo iba a ser semejante el reino de los cielos “a un tesoro escondido en un campo” cuando en realidad “el Espíritu del Señor llena el Universo” (Sab.1,7), y cuando él mismo se ocupa de advertir que “el cielo es mi trono, y la tierra el escabel de mis pies. ¿Qué casa podrías edificarme? ¿En qué lugar moraría yo?” (Is.66,1)? Porque más correcto es pensar que los hombres se acercan al reino de los cielos, y no que éste acude a la tierra; e igualmente correcto es confiar en que lo de arriba está arriba y no que lo de abajo se viene arriba y lo de arriba se va hacia abajo.

13,45-46 Esta parábola revela el carácter mercantil del judeo-mesianismo, por cuanto asemeja el logro del reino de los cielos a la acción de un mercader (ἔμπορος), que hubiendo vendido (πέπρακεν)[100] todo cuanto poseía compró (ἠγόρασεν) una bella perla. En efecto, si los adictos al judeo-mesianismo son comparables a mercaderes (ἔμποροι), el paraíso que anhelan poseer para sí, por consiguiente, debe ser lo más parecido a un imperio (ἐμπόριον), por lo cual es del todo justo sentenciar que el judeo-mesianismo es un culto imperialista, y que, por ende, promueve la imperialización religiosa; no obstante, “difícilmente se libra de culpa el mercader, y el tendero no será sin pecado” (Eclo.26,38).

13,47-50 Que “como pez capturado en una siniestra red, así se enredarán los hijos de los hombres en tiempo aciago”, en efecto, ya fue prenunciado por el Cohelet (Ecl.9,12), de cuyo texto se infiere de quien son ministros en realidad los ángeles que refiere el galileo. Ahora bien, habida cuenta los pescadores recogen el pescado bueno para venderlo al mejor postor, y, prosiguendo la acción narrada en la parábola, ¿cabría esperar de los ángeles algún tipo de transacción mercantil? Si no es así, ¿qué harían con él? En caso de quedarse ellos con el pescado, sería de esperar que tras haberlo cocinado se lo comiesen; entonces, ¿es también de esperar que los ángeles, tras llevarse a los adictos a su causa los cocinaran para luego comérselos? ¿Entonces? Decid, taumatólatras, ¿por qué el fementido galileo no finalizó la parábola? ¿Acaso tenía que esconder algo de la misma? ¿Acaso lo que aquí reposa escrito? Pues aquí lo tenéis: quien tenga oídos que oiga y, sobretodo, quien tenga entendederas que entienda.

Sea como fuere, en primer lugar cabría preguntarse si los peces llegan a la playa vivos o muertos[101], y, en caso de llegar vivos, lo siguiente que cabría preguntarse es en qué lugar son lanzados los peces incomestibles (malos), puesto que de ser lanzados nuevamente al mar, en efecto, éstos volverían a ser libres, en tanto que vivirían a salvo de redes, anzuelos y traiciones de santo y espanto.

13,52 Es cierto: el instruido en la divinidad “de su tesoro saca lo nuevo y lo añejo”, pero no con vistas a engañar al prójimo, sino a fin de revelar lo que es veraz.

13,55 Del galileo dicen sus paisanos “¿no es ése el hijo del carpintero?”, a pesar de ser él hijo del Espíritu Santo (1,18); de modo semejante, mucho tiempo atrás “Helen era hijo de Zeus por nacimiento, de palabra lo era de Deucalión”[102].

13,55-56 Este pasaje pone de manifiesto que el galileo tuvo por lo menos cuatro hermanos, llamados Santiago, José, Simón y Judas, y unas cuantas hermanas. Que ello es así y que el término griego ἀδελφοί debe entenderse en sentido estricto, por cierto, lo corrobora el hecho de que al presentarse ellos ante el galileo (12,46-50) éste los contrapusiera a sus ‘hermanos’ espirituales.

13,57 Se dice que “sólo en su patria y en su casa es menospreciado el profeta”[103].

14,13-21 La multiplicación de los panes tiene su precedente en 2Rey.4,42-44, en donde Eliseo realiza dicho prodigio, y de donde bien pudieran haberse inspirado los evangeliógrafos.

14,25-33 Se narra cómo el galileo taumatócrata anduvo sobre el mar, aunque tal don era ya conocido por los antiguos, lo cual seguramente inspiró al susodicho. Los antiguos, empero, a diferencia de los galileos, al conocer dicho prodigio no adularon al taumaturgo diciendo “verdaderamente, tú eres Hijo de Dios”, pues daban por sentado que lo era, al ser “Zeus padre de dioses y de hombres”[104]: tan lejos estaban de dicha conducta como de padecer la ominosa taumatolatría.

En efecto, ya desde antiguo se decía que “a Orión le fue concedido un don especial, de modo que caminaba sobre las olas como sobre la tierra”[105], y en el mismo sentido se cuenta desde antiguo que también “Eufemo tenía como don recibido de Posidón el de pasar, sin sufrir daño, a través del mar como por la tierra”[106].

15,3-6 El procacísimo galileo acusa a sus mayores recriminándoles el incumplimiento de su propia ley, la cual reza “honra a tu padre y a tu madre” (Éx.20,12), esgrimiendo como prueba que los fariseos y escribas eximían de cumplirla a todo aquel que les dijese: “cuanto de mi pudiere aprovecharte, sea ofrenda”. Ahora bien, poner a disposición de sus progenitores todo cuanto uno posee, ya sea en la hacienda o en el corazón, ¿acaso no es honrarles debidamente? Además, acaso el galileo honró a su padre, a su madre y a sus hermanos cuando éstos vinieron a visitarle (12,46-50)? Entonces, galileo mendaz, ¿quién eres tú para hablar en estos términos?, “¿cómo ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo?” (7,3).

En efecto, dicha interpretación de la ley ―no precisamente literalista― de los fariseos y escribas, por cierto, pretendía descargar a los hijos de los múltiples pagos que realizaban a sus padres, a veces incluso sin éstos necesitarlos, sencillamente por cumplir dicha ley, la cual durante un tiempo se interpretó bajo un sesgo excesivamente literalista[107].

15,3-6bis Sea como fuere, el caso es que el susodicho exige el cumplimiento de la ley, en tanto que “quien maldijere a su padre o a su madre sea muerto” (Éx.21,17/ Lev.20,9), y lamenta que ésta no se haga efectiva llamando ‘hipócritas’ a sus mayores. Pues bien, ¿en verdad anhelaba que todo quien maldijere a sus padres fuera reo de muerte? ¿Cómo no iba a desearlo, quien aseguró que “el que dijere ‘loco’ a su hermano será reo de la gehenna del fuego” (5,22)? ¿Cómo no iba a complacerse en ello quien dijere “he venido a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre” (10,35)? Ahora bien, si como parece abogaba por la muerte de los maldicientes contra sus padres, ¿cómo cumpliría el precepto “no matarás” (Éx.20,13)? Y por último, si tanto anhelaba la muerte de los maldicientes contra sus padres, y, por ende, los escribas y fariseos en tanto que sus mayores eran una especie de padres para él, ¿por qué no se hizo matar a fin de dar cumplimiento a la ley?

15,11 El galileo profiere que “no es lo que entra por la boca lo que hace impuro al hombre; mas lo que sale de la boca, eso es lo que al hombre le hace impuro”, aunque en realidad cualquiera sabe que hay alimentos que hacen impuro al hombre, ¿o acaso el susodicho aprobaría la antropofagia? ¿Y la coprofagia tampoco hace impuro al hombre en todos los sentidos? Qué decir entonces de la teofagia, monstruosidad de la que tanto se complacen los galileos, ¿ésa tampoco hace impuro al hombre? Por otro lado, ¿acaso no se enumera en Lev.11,3-47 aquella comida que hace impuro al hombre[108], de modo que se ofrece “para que distingáis entre lo puro y lo impuro, entre lo que puede y no puede comerse”? Entonces, ¿el galileo vino a cumplir la Ley considerando ‘toda jota y toda tilde’ o vino a abrogarla (5,17-18)?, porque nadie tendrá la desfachatez de esgrimir cuán novedosísimo era que “la palabra es la prueba del hombre” (Eclo.27,8)[109]. Véase enmienda a Lc.10,5-8.

Sea como fuere, cualquier hombre decente y de bien reconoce la conveniencia de lavarse las manos antes de comer, y nadie considera esa costumbre incompatible con mantenerse limpio de corazón y de habla, sin embargo, llegaba la tremenda era donde abundaría el dicho “quien no está conmigo está contra mí” (12,30).

15,24 Dice el galileo que ha sido enviado sólo “a las ovejas perdidas de la casa de Israel”[110], aun cuando es Pablo quien asegura que para el dios “no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro o escita, siervo o libre, porque Cristo lo es todo en todos” (Col.3,11). Entonces, si lo dicho por Pablo fuera cierto, ¿por qué habría de distinguir el galileo entre gentiles y neólatras, o entre samaritanos e israelitas? ¿Tal vez porque el susodicho ni era el dios ni nada parecido? Pues aun y con todo debe concedérsele que sea el hijo del dios, porque en verdad que es “Zeus padre de dioses y hombres”[111]. Véase enmienda ba Lc.6,19.

15,26-27 En esta siniestra metáfora ‘el pan’ es la curación, ‘los hijos’ son las ovejas perdidas de la casa de Israel, ‘los perrillos’ son los gentiles no adictos al judeo-mesianismo, ‘las migajas’ son las curaciones realizadas fuera de protocolo, ‘la mesa’ es allí donde se reparten el pan los de la casa de Israel y ‘los señores’ son precisamente los israelitas. ¿Entonces? ¿Acaso Pablo no asegura que para el dios “no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro o escita, siervo o libre, porque Cristo lo es todo en todos” (Col.3,11). Entonces, si lo dicho por Pablo fuera cierto, ¿por qué habría de distinguir el galileo entre gentiles y neólatras, o entre samaritanos e israelitas? ¿Tal vez porque el susodicho ni era el dios ni nada parecido? Pues aun y con todo debe concedérsele que sea el hijo del dios, porque en verdad que es “Zeus padre de dioses y hombres”[112].

Por ende, es de suponer que no había ni un solo gentil en las curaciones multitudinarias sucedidas en 14,14, y lo mismo cabe esperar de las múltiples curaciones narradas en 14,34-36, que se realizan en la fronteriza ciudad de Genesaret.

15,31 Acaso haya quien se contente de que “hablaban los mudos, los mancos sanaban, los cojos andaban y veían los ciegos”, por lo mismo que se felicitan de que el dios sea hombre y el hombre dios, el pan carne y vino la sangre, de que lo de arriba baje y lo de abajo suba; todo iba a dar un vuelco: lo malo iba a ser considerado bueno y lo bueno sería rechazado como malo. Tamaña ignorancia, venida al mundo por la infinita horda de galileos, parece tener su fin sólo en el cataclismo, aquél tan esperado y ansiado por la susodicha infinitud de galileos.

15,32 Dice el galileo de su muchedumbre “no quiero despedirlos ayunos, no sea que desfallezcan en el camino”, aun cuando fue él mismo quien osara decir “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (4,4) ―coman sus muchedumbres de la palabra de Dios, ¿a qué multiplicar panes?―, y aun cuando también él mismo dijera con aterradora impudicia “no os inquietéis, pues, por el mañana” (6,34), “no os inquietéis por vuestra vida, por lo que habéis de comer o beber” (6,25). ¡Qué rostro espeluznante, por Deméter![113]

16,5 Habituados ya a servirse de los prodigios del galileo, “yendo los discípulos a la otra ribera, se olvidaron de tomar pan”.

16,17 En este pasaje, el galileo confiesa engolado y henchido de orgullo, que el dios es “mi Padre, que está en los cielos”, aunque ello no le diferenciaba del resto de los mortales, puesto que desde antiguo se sabe que es “Zeus padre de dioses y de hombres”[114]. Por ende, el susodicho le dice a Pedro que “no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre”, por cuanto de ello se infiere que el galileo es ‘la carne y la sangre’, es decir, según su rito teófago ‘el pan y el vino’.

16,18-20 El galileo enaltece a Pedro, de modo tal que “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia” y “entonces ordenó a los discípulos que a nadie dijeran que Él era el Mesías”; ahora bien, tal vez cabría advertir que “bajo toda piedra, compañero, se mete un escorpión. Cuidado no te muerda: a lo oculto le acompaña todo engaño”[115]. Quien oídos tenga que oiga, quien entendederas que entienda.

16,19 El galileo asegura a Pedro, su predilecto[116], que “cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos”, de modo tal que la ley de los cielos ser verá modificada según lo determinado por Pedro en la tierra[117]. ¡Bravo por Pedro!, pues a él le es posible que la ley de los cielos no determine ya el devenir de la tierra, sino que lo considerado lícito e ilícito por él, en la tierra y a partir de acontecimientos terrenales, determine la conformación de los cielos. ¡Menudo culto es aquel en el que los mudos hablan y los mancos sanan, los cojos andan y los ciegos ven, el dios se hace hombre y el hombre dios, el cuerpo revive por siempre y el alma por siempre perece, la carne es pan y sangre el vino, lo de arriba se viene abajo y lo bajuno sube, la tierra manda y los cielos obedecen! Pero la hilatura seguía su curso y se hacía irreversible; todo iba a dar un vuelco: lo malo sería considerado bueno y lo mejor se tendría como lo peor.

De hecho, los antiguos ya tenían noticia alrededor de tan pervertido comportamiento. En efecto, se dice que “Salmoneo era insolente y quería igualarse a Zeus, siendo castigado por su impiedad”[118]; de hecho, su propia hija, “Tiro, continua riña y disputa tuvo con Salmoneo y no admitía que con los dioses un mortal se equiparase”[119], porque, ciertamente, cualquier hombre decente y de bien encuentra abominable e impío que en la tierra haya quien pretenda igualarse al dios.

16,23-24 Se pone en evidencia cómo ciertamente el judeo-mesianismo es un culto instituido para el mal, por cuanto el propio galileo “dijo a Pedro: «retírate de mí, Satanás; tú me sirves de escándalo, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres»”, y así es como debía suceder, puesto que llegaba el turno del mal, que sucesivamente se alterna con el Bien para conformar así la irreversible hilatura de las Moiras divinales. Precisamente por ello es por lo que se subvirtieron las palabras, y donde se decía ‘el que quiera ir en pos del dios, conózcase a sí mismo, tome su caduceo y sígase; pues ley divina es que todo mortal pierda su vida, pero quien la pierda por su patria y por los dioses, ése alcanzará la eternidad’ acabó por decirse “el que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame; pues el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la hallará”, de manera que una vez más el galileo incita al martirio suicida y al culto personalista[120].

16,27 El galileo dice de sí mismo que “dará a cada uno según sus obras”, aun cuando en la ley, de la cual dice no abrogar sino consumar toda jota y toda tilde que en ella se halle, se le advierte “no digas: «devolveré a cada uno según sus obras»” (Prov.24,29).

16,28 El que se dice ‘hijo del Hombre’ asegura que vendrá junto con su reino de los cielos, por cierto, antes de que algunos de sus coetáneos mueran. Ello sin duda sucedió, y prueba evidente es que “el de lengua doble ha sido la perdición para muchos que vivían en paz” (Eclo.19,20), con la salvedad de que su reino es el de la cruz, no el de los cielos, y de que multitudes murieron torturadas a causa de su llegada, y no sólo algunos y después de la misma.

17,4 A tenor de lo expuesto en la enmienda a 16,23-24, Pedro-Satanás desearía hacer perder la misión del galileo, esto es, la institución del reino martiriócrata, para lo cual le tienta diciendo “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, una para Moisés y otra para Elías”, lo cual de haberse cumplido hubiere echado a perder la obra del galileo.

17,5 A tenor de lo sentenciado en 1,20, quien aquí dice “este es mi hijo amado, en quien tengo mi complacencia” es el Espíritu Santo, y no el Padre, como por cierto suele entenderse.

17,11-13 Por un lado el galileo afirma que “Elías, en verdad, está para llegar”, y por otro sentencia que “Elías ha venido ya”, en clara alusión a Juan el Baptista. En fin, ¿acaso hay varios Elías, al igual que hay varios Dioses y varias Leyes?, no sabéis, galileos fementidos, que “nada digno de fe habla en la boca la lengua de los que tienen en su corazón un pensamiento de palabra doble”[121]? Y no os escondáis en profundidades insondables ni en misterios inescrutables, pues “¡ay de los que buscan lo profundo para encubrir sus designios! ¡Ay de los que se esconden de Yahvé, queriendo encubrir sus pensamientos, y para sus obras buscan las tinieblas! (…) ¡Qué perversidad la vuestra!” (Is.29,15-16).

17,12 El galileo alude a Juan Baptista asegurando que “Elías ha venido ya, y no le reconocieron”, aun cuando otrora auguró respecto del propio Baptista estando él aun vivo que “él es Elías, que ha de venir” (11,14). Entonces, ¿Elías ‘ha venido ya’ o bien ‘ha de venir’? En fin, lo seguro es que resolver dicho enigma es imprescindible para servir al dios como es debido: ¡devánense la sesada, miríadas de taumatólatras!, pues “candela de Yahvé es el espíritu del hombre que escudriña los escondrijos de las entrañas” (Prov.20,27).

17,17-20 Quien reclama fe muestra su propia carencia para con sus enviados y para con toda su generación, de modo tal que la maldice[122] y se pregunta “¿hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros?”, toda vez que él mismo les dijere con atrocísima hipocresía “no os inquietéis por el mañana” (6,34), y aun cuando cierto es que el dios “no se fatiga ni se cansa” (Is.40,28). Y que no salga un galileo pretendiendo excusar al susodicho en tanto que él es el Hijo, y no el Padre, puesto que él mismo exigió con asombrosa procacidad “ser perfectos, como perfecto es vuestro Padre Celestial” (5,48).

Sea como fuere, el caso es que más adelante reprende a sus borregos reprochándoles que “si tuviereis fe como un grano de mostaza (…) nada os sería imposible”, aun cuando el primero que debía de carecer de dicho grano de fe debió de ser él mismo, según su propio argumento, puesto que ni fue capaz de ofrecer la fe suficiente a sus secuaces (10,1) ni tan siquiera supo convencer a una humilde higuera para que diera frutos (21,18-22), de manera tal que por lo menos ‘algo le fue imposible’.

17,22-23 Véase Mt. Enmienda final. Tras el prenuncio de la muerte y resurrección del galileo, en efecto, sus seguidores “se pusieron muy tristes”, quien sabe, tal vez porque advertían el mal que ello conllevaría, y tal vez porque consideraban monstruoso que resucitase, ya que también tal vecísima aprobaban que “la vida humana ni esté sujeta a pillaje para que vuelva ni se pueda recuperar cuando traspasa el cerco de los dientes”[123], en tanto que “no es posible volver a colocar la vida como a una ficha”[124].

Sea como fuere, los antiguos ya refirieron un caso de resurrección que atañó al llamado Aristeas de Proconeso[125], relato del cual pudiose inspirar el galileo.

18,3-4 El galileo asegura que ‘el más grande en el reino de los cielos’ será “el que se humillare hasta hacerse como un niño”, de lo cual se infiere que el susodicho consideraba la juventud, la madurez y la ancianidad etapas inferiores a “la infancia, llena de cuitas”[126]; como si uno quedándose niño fuere completo, y como si el crecimiento pervirtiera la naturaleza humana, en vez de ennoblecerla. Pero bueno, ¿acaso el dios dispuso de modo tal el decurso de la vida humana que éste hiciera al hombre cada vez más indigno? ¿Es que acaso no es mejor una buena juventud que una buena infancia?; y una buena madurez, ¿no es acaso mejor que una buena juventud? Por ende, ¿no es la buena ancianidad la mejor de las edades del hombre, ‘en la cual éste es más sensato y se halla más cercano a los inmortales dioses’?[127] Por el contrario, ¿no es la infancia la menos buena de las edades del hombre ―por cuanto en ella no es capaz de emprender nada por sí mismo y en todo precisa tutela―, durante la cual éste es menos sensato y se halla más inconsciente respecto de los perínclitos dioses?[128] Entonces, ¿qué ocurre?, ¿acaso no es cierto que “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (20,28)? Y pues, ¿quién se asemejaría más al hijo del Hombre: un adulto que goza de la salud y el vigor, o un niño que en todo precisa ser servido? En fin, ¿no será ésta otra vil estratagema para enredar hombres? ¿A quién no se le enternece el corazón cuando se le planta enfrente un niño de cino añitos? ‘Ay… pobre’, ―dirá algún incauto― ‘que él, siendo pequeñuelo, sea el mayor, que el pan sea cuerpo, la sangre vino, el hombre dios, el dios Hombre, el caduceo cruz, que la anécdota ascienda a categoría, que anden los cojos, vean los ciegos, que lo alto se venga abajo y lo bajuno suba, que la tierra mande y el cielo obedezca’. Todo iba a dar un vuelco: el mal se confundiría con el bien y lo noble con lo torpe[129].

18,7 Por supuesto que “no puede menos que haber escándalos” cuando los pescadores de hombres se afanan en poner acechanzas, en tanto que ‘escándalo’ (σκάνδαλος) significa ‘trampa’ o ‘piedra de tropiezo’[130], de ahí que los decentes y de bien se ocupen en alertar a los incautos, pues conviene esforzarse a fin de evitar que éstos caigan en la trampa (ἐν  τῷ  σκάνδαλῳ). Sin embargo y por el contrario, el mendacísimo galileo amenaza a todo aquel que alerte de sus trampas y anzuelos de santo y espanto.

18,8-9 Según lo dicho en estos versículos, quienes echaron al galileo de la vida hicieron lo correcto, puesto que era él quien les escandalizaba con su aterradora impudicia. Por ende, él mismo debería haberse cortado la lengua y los labios, cuando poseído por la ira cegadora se escandalizó ante los escribas y fariseos (23,13-33), pero no lo hizo, fuera por pusilanimidad o por hipocresía, y en consecuencia su lengua y sus labios pudieron seguir soltando miseria.

18,10-11 Aplíquese por entero la cercana enmienda a 18,3-4.

18,14 Pues si la voluntad del dios es “que no se pierda ni uno solo” ¿por qué iba a suceder algo contrario a su voluntad e ir algunos “al fuego eterno”, “al suplicio eterno” (25,41y46)? ¿Qué fuerza es aquélla que neutraliza la voluntad del dios? ¿Qué tipo de chisme es ‘el fuego eterno’, que gusta tanto a los fobócratas? Asimismo, por mucha que fuere su voluntad, ¿qué sería de los blasfemantes al Espíritu Santo, puesto que el propio galileo aseguró que “la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” (12,31)? ¿Acaso una blasfemia puede con el poder del dios? ¿Acaso es más poderosa la voluntad del hombre que la ley del dios?

18,18 Aplíquese por completo la enmienda relativa a 16,19.

18,19-20 El galileo promete que si dos o más se hallaren congregados en su nombre, en efecto, se les daría “cualquier cosa” que pidieren, esto es, ya fuera buena o mala. Ahora bien, ¿aquello que es imposible ofrecer también les sería ofrecido? ¿Les sería ofrecido encadenar al dios si lo pidieren? ¿Les sería posible matarlo incluso, en caso de que lo pidieren congregados en su nombre? Entonces, ¿qué diantre se les podría ofrecer? Solamente lo bueno de entre lo que pidieren, ¿verdad? Entonces, ¿a qué tanta gratuidad y brocha gorda? ¿Acaso no es una treta más de las tantas que aderezan el populismo mesiánico?

18,21-22 Tal vez haya un punto medio entre “ser vengado setenta veces siete” (Gén.4,24) como aprobare Lamec, y perdonar “hasta setenta veces siete” como prerrogare el galileo, y tal vez fuere anunciado por el heliconíada, en tanto que “debes tolerarle otras dos veces; y si vuelve a la amistad y quiere presentarte excusas, acéptalas”[131].

18,23-35 Una vez más se pone de manifiesto la naturaleza mercantil del culto judeo-mesiánico, por cuanto el símil que aquí se enmienda se compone de términos tales como  ὀφειλετής (deudor),  ἀποδοῦναι (pagar),  πραθῆναι (haber de vender),  ἀποδοθῆναι (haber de pagar)[132],  δάνειον (préstamo) y  ὀφειλή (deuda), de modo que el deudor representa el hombre, el soberano al cual le debe representa al dios o al reino de los cielos; el préstamo de éste a su siervo (diez mil talentos) se colige que representa la vida que el dios le ‘prestó’ al hombre y, por tanto, saldar la deuda consistiría en pagar al dios la vida que éste le ‘prestó’, es decir, según el galileo, anularse a uno mismo a fin de seguir a pies juntillas las prédicas del judeo-mesianismo, porque ciertamente él creyó que es “un pueblo rebelde, que iba por caminos malos, en pos de sus pensamientos” (Is.65,2) todo aquel que no atendiese a sus consejas.

Sea como fuere, el hecho es que existe cierta desproporción en cuanto al castigo que aplican uno u otro a su deudor, pues mientras que el ‘mal siervo’ “echolo a una celda”  (ἔβαλεν  αὐτὸν  εἰς  φυλακὴν), por su parte, el ‘mal dios’ “entregolo a los torturadores”  (παρέδωκεν  αὐτὸν  τοῖς  βασανισταῖς), en ambos casos, hasta que el deudor pagare su deuda; ahora bien, en el caso del ‘mal siervo’ conforme a justicia, mientras que en el caso del ‘mal dios’ conforme a venganza. Asimismo, ¿por qué motivo el humano iba a ser capaz de perdonar a su prójimo “hasta setenta veces siete” (18,22) y, en cambio, el dios sólo es capaz de perdonar[133] una sola vez? Pero bueno, ¿acaso no “es eterna su piedad” (Sal.118[Vg.117],4) “y misericordia sobre todas sus obras” (Sal.145[Vg.144],9)? Por ende, ¿no dice el símil que el soberano-dios “entregolo a los torturadores hasta que pagase toda la deuda”? Entonces, en caso de que el símil fuera adecuado, ¿por qué debería “ir al fuego eterno”, “al suplicio eterno” (25,41y46) para siempre, y no hasta haber saldado la deuda?

18,23-25bis A decir verdad, el dios se asemeja a un soberano que posee gran cantidad de tierras, las cuales reparte en heredad entre sus siervos a fin de que éstos las administren. Así pues, cuando un siervo desatiende su obligación y deambula prometiendo lotes y heredades a los demás siervos, en efecto, el soberano envía a sus ayudantes a corregirle, de modo que hacen entrar en razón al siervo ensorbecido: en efecto, así es como le enseñan a cultivar su heredad y a confiar en el orden establecido por el soberano. Ahora bien, ni el soberano deja prestado nada, ni el siervo debe, vende o paga, ni los ayudantes encarcelan o torturan: quien oídos tenga que oiga, quien entendederas que entienda.

19,2 Es de esperar, según lo dicho por el galileo en 15,24, que entre la ‘numerosa muchedumbre’ no hubiere ningún gentil al cual diere curación.

19,3-6 El galileo tergiversa un pasaje en el que se dice que “el hombre se ayuntará con su mujer y los dos vivirán para una sola carne” (Gén.2,24)[134], de forma y manera que pretende hacer ver ahí la institución del matrimonio; no obstante, lo que dicha oración dice es que  ‘de la unión de hombre y mujer nacerá un hijo que cuidarán’, en tanto que un hijo es ‘una sola carne’ que proviene de dos carnes. Asimismo, con grande insolencia espeta ante sus mayores “lo que Dios unió no lo separe el hombre”, aun cuando “creó Dios al hombre macho y hembra” (Gén.1,27) “y de la costilla que del hombre tomara formó Yahvé Dios a la mujer” (Gén.2,22); esto es, Dios no los unió, antes bien los separó, por lo cual cabría sentenciar ‘lo que el dios separó no lo pretenda unir el hombre’: quien quiera entender que entienda.

19,8 Esto es, según el mendacísimo galileo, la Ley que hipócritamente dice ‘no abrogar sino consumar en toda jota y toda tilde’ (5,17-18) no “permanece para siempre” (Is.40,8), sino que está sujeta al devenir y a la disposición de quienes deben cumplirla, puesto que, según el susodicho, dios mediante Moisés instituyó la ley del repudio “por la dureza de vuestro corazón”, refiriéndose a los hijos de Abraham, y no por ser ésta beneficiosa en todo tiempo y ante cualquier disposición.

Por el contrario, el galileo sí aprobaba contravenir la antigua disposición natural, por la cual varón y mujer “vivirán para una sola carne” (Gén.2,24), por cuanto él mismo afirmó con tenebrosa voz que “he venido a separar al hombre de su padre y a la hija de su madre” (10,35).

19,9 De la sentencia se colige que el galileo aprobaba el divorcio en caso de que la mujer se prostituyere aun estando casada, y así parece interpretar el motivo de repudio “porque ha notado en ella algo de torpe” (Dt.24,1), en el que ‘algo de torpe’ vendría a ser ‘el ejercicio de la prostitución’. De hecho, semejante interpretación del repudio parece ajustada a la Ley, y nada hay que objetar al respecto de la misma, a fuer de la impericia de los fariseos y escribas por no haberla postulado antes. No obstante y con todo, el galileo debió de intentar convencer a sus mayores, y en caso de no poder convencerlos ―tal vez porque carecía de “fe como un grano de mostaza” (17,20)― debía de cumplir y hacer cumplir la interpretación de sus ancestros, que era la ley que regía a todo hijo de hombre nacido en Israel.

Sea como fuere, no debe entenderse la sentencia tal que “quien repudia a su mujer, incluso en caso de prostitución, y se casa con otra, adultera”, por cuanto la locución preposicional  μὴ  ἐπὶ no se armoniza dentro de una oración parentética (“incluso en caso de prostitución”), de modo que dicha interpretación resulta forzada. En cambio, es justo leer “quien repudiare a la esposa propia no por causa de prostitución y desposare otra, adultera”, de manera tal que  ὅς (quien)  ἄν  ἀπολύσῃ (repudiare)  τὴν  γυναῖκα (la esposa)  αὐτοῦ (propia)  μὴ (no)  ἐπὶ (por [causa de])  πορνείᾳ (prostitución)  καὶ (y)  γαμήσῃ (desposare)  ἄλλην (otra),  μοιχᾶται (adultera).

19,11-12 El pasaje es precioso y rebosa piedad. En efecto, “hay que alabar aun al enemigo con todo coraje y con justicia cuando hace algo bueno”[135].

19,14 Véase enmienda a 18,3-4.

19,17 Véase enmienda a Lc.18,19.

19,18-19 Véanse enmiendas a Éx.20,13/ Éx.20,15/ Éx.20,16 y Éx.20,12, pues matar es el castigo a matar, matar es el castigo al adulterio, matar es castigo al falso testigo y matar es castigo a la deshonra de los padres. Por ende, el galileo exige “ama al prójimo como a ti mismo”[136], con lo cual, si uno se amare en exceso a sí mismo debería amar en exceso al prójimo. Ahora bien, ¿no dijo el falacísimo galileo “niéguese a sí mismo” (16,24) para el que deseare seguir sus prédicas? Entonces, poco debe ‘amarse a sí mismo’ quien ‘se niega a sí mismo’, y poco debe poder ‘amar al prójimo’ en tal caso. Ahora bien, si por amor a sí mismo se niega, y en ello radica su amor, ¿no debería entonces negar al prójimo, en tanto lo amare como a sí mismo? ¿Acaso no cabría espetar en tal caso ‘niega a tu prójimo como a ti mismo’?[137]

19,21 El galileo pone como condición para alcanzar la perfección ‘vender cuanto se posea y dar el dinero a los pobres’; lo que ocurre es que en tal caso el pobre compraría bienes y llegaría a ser tanto o más rico que quien siguió su conseja, y por consiguiente el cumplimiento de la misma no serviría de nada: uno conseguiría salvarse, mientras que el otro, que vivía a salvo, se condenaría al punto de aceptar la donación. Además, ¿acaso no son mejores los bienes obtenidos por justicia que los regalados?, pues tan cierto es que “las riquezas que dan los dioses son mucho mejores”[138] como honesto es procurar “que no te llamen ni muy amigo de los pobres ni buscapleitos de los ricos”[139], esto por ser propio de codiciosos que sacan provecho de los pudientes, y aquello por serlo de miserables que se aprovechan de los indigentes.

19,25-26 Aplíquese enmienda relativa a Mc.10,26-27.

19,29 El galileo, una vez más sirviéndose de la brocha gorda, proclama con su enorme boca que “para el Dios todo es posible”. Ahora bien, ¿le es posible al dios no ser causa del Bien? ¿Le es posible ser injusto? ¿Le es posible ser impuro al dios? ¿Posible le es condenar al justo y salvar al malvado? ¿Le es posible desconocer algo? ¿Posible le es olvidar el bien y recordar solamente el mal? ¿Le es posible maldecir, rabiar y escandalizarse? ¿Nacer de un útero, ser lavadado del líquido amniótico y de otros restos del parto, vivir como humano, morir y resucitar, también le es posible al dios?

20,1-16 De nuevo se revela el profundo sesgo mercantil propio al judeo-mesianismo, lo cual justifica de nuevo también que se le denomine como ‘culto imperialista’. En efecto, la parábola vuelve a estar jalonada con términos del ámbito mercantil, tales como  μισθόω (asalariar),  δηνάριον (denario[140]),  ἀποδίδωμι (pagar) o  μισθός (sueldo), de modo que el dueño de la finca es el dios, su viña es la obra del dios, su mayordomo que da el pago es el mesías, los asalariados son los escogidos, y, el denario, ciertamente, es el reino de los cielos. Todo ello, a fin de cuentas, para advertir de que “los postreros serán los primeros, y los primeros, postreros”, tal y como el dios se haría hombre y el hombre dios, los ciegos verían, los sordos oirían, los cojos andarían, los arribas se vendrían abajo y los abajos arriba, en la tierra se legislaría y el cielo obedecería, los malvados serían considerados buenos y éstos, malvados. Todo iba a dar un vuelco y el mal iba a enseñorearse sobre el bien, pues la diligente hilatura de las Moiras precisaba semejante maniobra: Zeus todo lo cumple mediante ciclos.

Ahora bien, ¿no aseguró el propio galileo que “el Hijo del hombre (…) dará a cada uno según sus obras” (16,27)? Entonces, ¿por qué no recompensa en mayor medida a quien obró más y durante lo más duro del día? ¿A qué tantísima tabla rasa? ¿Por qué iba a recibir lo mismo quien trabajó ocho horas que quien trabajó sólo una? ¿Eso es justicia? ¿Acaso eso en realidad no es hacer acepción de personas?

20,16 El galileo asegura que “son  muchos los llamados y pocos los elegidos”, sin embargo, con la misma vehemencia afirmó que “no es voluntad de vuestro Padre (…) que se pierda ni uno solo” (18,14). Entonces, ¿qué fuerza sería ésa que doblega la voluntad del dios?[141]

20,33-34 Véase enmienda a Mc.10,52.

21,4-5 En efecto, el galileo pudo haber entrado en Jerusalem “montado en un asno, en un pollino hijo de asna” (Zac.9,9-10), pero ni estableció su señorío, ni promulgó la paz (10,34), ni extirpó un solo caballo ni de Jerusalem ni de Efraím, y, quien sabe, tal vez porque esto último era una hazaña algo más complicada que la de entrar ‘montado en un asno’. Ahora bien, no desesperen, taumatólatras de todo jaez, confíenlo todo al galileo y, aunque el mundo se derrumbe ante vuestras faces, esperad hasta el último día inculpando no a vosotros mismos, sino a todos los demás: “¿cómo veis la paja en el ojo de vuestros hermanos y no veis la viga en el vuestro?” (7,3)[142].

21,12 Se relata que el galileo “en el templo de Dios (…) derribó las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas”, aunque él mismo dijera con hipocresía sin par que serán “bienaventurados los pacíficos” (5,9), “no resistáis al mal” (5,39), “amad a vuestros enemigos” (5,44), ‘perdonad “setenta veces siete” (18,22), y lamentose de quien no obrara de tal modo exclamándose “¡ay de aquél por quien viniere el escándalo!” (18,7). ¡Qué doblez, por Eirene!

21,16 Habida cuenta los mozos  (τοὺς  παῖδας) que había en el templo le gritaban ‘hijo de David’, y, en consecuencia, los sacerdotes y escribas se indignaron, el galileo espetóles “¿no habéis leído jamás: «de la boca de los niños y de los que maman has hecho brotar la alabanza»?”, según se entiende por lo común. Sin embargo, el texto griego correspondiente a Sal.8,3 no reza eso, por más que así lo interpretare Mateo[143] y los seguidores de su perversa obra, sino que debe leerse “a partir de un discurso de necios y de lactantes compuse un proverbio…”, y continúa tal que “…contra tus adversarios, para reducir al silencio al enemigo y al rebelde” (Sal.8,3): parece claro, pues, que del otro modo la oración completa carecería de sentido.

En efecto, punto por punto es así como debe leerse el pasaje en cuestión:  ἐκ (a partir)  στόματος (de un discurso)[144]  νηπίων (de necios)  καὶ (y)  θηλαζόντων (de lactantes)  κατηρτίσω (compuse)  αἶνον (un proverbio). En fin, sea como fuere, el caso es que el sesgo de Mateo y sus continuadores es, en realidad, una manipulación más de la figura del niño, sin duda, con el fin de enternecer los corazones de los más incautos y capturarlos así con el afilado e inmisericorde anzuelo.

21,19-22 El galileo aun y queriendo no puede tomar higos de una higuera, ya que no encuentra en ella más que follaje; sin embargo, ante la supuesta culpa de la higuera[145], el susodicho no duda en secarla de raíz, tras lo cual tiene la terrible desfachatez de afirmar que con fe ‘todo es posible’. ¡Menudo aquél que usa la fe no para hacer brotar frutos, sino para secar raíces![146]

Asimismo, ¿no fue el mendacísimo galileo quien dijere que “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (20,28)? Entonces, ¿por qué pese a no ser servido por la higuera no la perdonó “hasta setenta veces siete” (18,22)? De hecho, es justo que no haya una providencia tal que otorgue cualquier cosa que se pida ‘con fe en la oración’, sin distinguir lo bueno de lo malo entre lo que se pide, e incluso si la petición fuera buena es justo que la providencia considere si conviene o no conviene, o si es oportuno o inoportuno[147].

21,23-27 El galileo elude responder una primera pregunta de sus mayores ―por cuanto quiere esconder su presunción de que sus poderes provienen de un espíritu impuro―, de forma y manera que a su vez formula una nueva pregunta a éstos, que asimismo eluden responder ―por cuanto dudan entre responder lo que de verdad piensan y lo que satisface a la plebe―. Hecho esto, el galileo se cree eximido de no responder a la primera pregunta; ahora bien, ¿por qué no respondió él en un principio?: “hipócrita: quita primero la viga de tu ojo, y entonces verás de quitar la paja del ojo de tu hermano” (7,5). Además, ¿estuvo justificado el silencio del galileo como reacción al silencio de sus mayores? ¿Qué nunca oyó aquello de “no digas: «como me ha tratado a mí le trataré yo a él»” (Prov.24,29).

21,28-32 En dicha parábola el padre es el dios, la viña es el mundo u obra del dios, el hijo mayor son los recaudadores y las rameras ―esto es, según el procaz galileo, los gentiles―, y, el hijo menor son sus seguidores. A continuación el susodicho afirma que “los recaudadores y las rameras se os adelantan en el reino de los cielos”, por más que eso debía de entusiasmar a sus borregos, ya que, según el susodicho dijere “los postreros serán los primeros, y los primeros, los postreros” (20,16).

21,33-46 Aplíquese enmienda relativa a Is.5,1-7.

22,12-13 En la parábola se explica cómo un invitado a la boda de un rey, de entre cuantos sus siervos encontraron por la calle, fue arrojado “a las tinieblas exteriores donde habrá llanto y crujir de dientes” por el hecho de no llevar puesto el vestido de boda[148]. No obstante, es cierto que “no ve Dios como el hombre; el hombre ve la figura, pero Yahvé mira al corazón” (1Sam.16,7); así pues, ¿cómo excusar que se condene a un invitado por no llevar vestido de boda? ¿Qué doblez encontrar, galileos de impudicia sin igual?

22,14 Se dice que “muchos son los llamados y pocos los escogidos”, parafraseando así una antigua sentencia órfica, por cuanto “muchos son palmeros, pero los inspirados son bien escasos”[149].

22,21-22 Por supuesto que “se quedaron maravillados”, puesto que si la muchedumbre le hubiese obedecido todas las monedas hubieran sido devueltas al césar, y desde entonces nadie aceptaría una moneda con el rostro del césar grabado. De hecho, con grande ingenuidad Pilato creyó que el galileo sólo “prohíbe pagar tributo al César” (Lc.23,2), aun cuando en realidad pretendía o bien la supresión del sistema monetario o bien la retirada de la efigie del césar de toda moneda. Ahora bien, en caso de haberse grabado la efigie de una lechuza, ¿qué habría que hacer?, ¿entregar las monedas a la primera lechuza que uno encontrare?

22,30 El galileo asegura que “en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento”, de lo cual se infiere que tampoco el dios se casa ni se da en casamiento; entonces, si el susodicho exigió “ser perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial” (5,48), ¿por qué iban a mantenerse en matrimonio siendo “una sola carne” (19,6) y no ser “como ángeles del cielo”? ¿Por qué iban a comportarse de modo distinto, si el galileo pidió a su Padre “hágase tu voluntad, como en el cielo, así en la tierra”? (6,10)? ¿Acaso no oró con siquiera como un grano de mostaza de fe (7,7/ 17,20/ 21,22)?

22,37 De hecho, ambos preceptos aparecen ya estipulados en la Ley, aquél en Dt.6,5 y éste en Lev.19,18. Ahora bien, mientras que de aquél seguramente “penden toda la Ley y los profetas”, de éste en cambio no se puede decir lo mismo, ya que “el que va a ser un gran varón no debe amarse a sí mismo ni a lo suyo, sino lo justo, sea que esto se haya realizado más en él o en otro”[150].

22,43-45 El galileo pregunta “si, pues, David le llama Señor [al Mesías], ¿cómo es hijo suyo?” Aunque la respuesta la ofreció él mismo, “pues el que si humillare hasta hacerse como un niño, ése será el más grande en el reino de los cielos” (18,4), y es por eso precisamente por lo que David se humilla cual niño y llama Señor a su hijo Mesías, “porque ¿quién es mayor, el que está sentado en la mesa o el que sirve?” (Lc.22,27), con lo cual es mayor David, puesto que sirve a su hijo, el Mesías, llamándole ‘Señor’  (Κύριος)[151].

Sea como fuere, decid, galileos, ¿cómo es que el presunto Mesías se llama a sí mismo ‘Hijo del hombre’ si en realidad es ‘hijo del Espíritu Santo’ (1,20)? Además, ¿quién dice que el rey David pensaba en el Cristo  (Χριστός) cuando dijo claramente “el Señor a mi Señor”  (ὁ  Κύριος  τῷ  κυριῷ  μοῦ) (Sal.110[Vg.109],1)? De hecho, David pronuncia alguna cosa más en dicho salmo, como que “tu pueblo [se ofrecerá] espontáneamente” (Sal.110[Vg.109],3), lo cual no sucedió con respecto al galileo, pues la mayoría de los que se ofrecieron lo hicieron tras ser hostigados y torturados por los mesiánicos, mientras que quienes se resistían los ofrecían a las llamas en el mejor de los casos[152].

22,43-45bis Lo cierto y verdad es que el texto de la Septuaginta reza lo siguiente: “salmo a David: dijo el Señor a mi señor: «siéntate a mi diestra a fin que coloque tus enemigos cual escabel para tus pies»” (Sal.110[Vg.109],1)[153]. Así pues, no es ‘salmo de David’, sino ‘salmo a David’, y por tanto no es David quien habla, sino su hijo Salomón o un escriba al servicio de la teocracia. Con todo, ‘el Señor’ es Yahvé y ‘mi señor’ es David, paradigma del Mesías que se esperaba.

23,7-12 Al galileo parece molestarle que a sus mayores les llamen ‘rabinos’  (Ραββί),  aun cuando el fruye de gusto no ya oyendo como le llaman sino llamándose a sí mismo Doctor  (Διδάσκαλος)  y Guía  (Καθηγητής). Por ende, repite lo dicho centurias antes, esto es, que “quien se ensalzare será humillado, y quien se humillare será ensalzado”[154], lo cual fue muy cierto en el caso del procacísimo galileo: se ensalzó proclamándose Mesías e hijo predilecto del dios, y fue humillado tragándo polvo mezclado con su propia sangre. Tanto ensalzose, tanto fue humillado.

23,9 Exige a sus borregos no llamar “padre a nadie sobre la tierra, porque uno solo es vuestro Padre”, lo cual confirma hasta qué punto los subsiguientes mesiánicos no le han obedecido.

Con todo, si bien es cierto que es “Zeus padre de dioses y hombres”[155], en tanto que creador de almas, eso no excluye que puedan haber padres en tanto que creadores de cuerpos; sin embargo llegaba la era del monoteísmo atroz: un extremo u otro, lujo o misería, tiranía o esclavitud, todo o nada, “quien no está conmigo está contra mí” (12,30).

23,10 El susodicho advierte a sus seguidores “no os hagáis llamar doctores”, lo cual confirma hasta qué punto sus subsiguientes seguidores de sus prédicas no le han obedecido.

23,16-19 En efecto, los sacerdotes rabinos consideraban que el juramento por el templo o por el altar quedaba ligado a la tutela divina, la cual respondería en caso de incumplirse el voto castigando al infractor, en cambio, el juramento por el oro o por la ofrenda quedaba ligado a la tutela humana, ya que si bien el templo y el altar son divinos, en cambio, el oro y la ofrenda son mundanos: de ahí que el humano deba ocuparse de los juramentos sobre objetos humanos, en la confianza de que la divinidad sabrá ocuparse de los juramentos sobre objetos divinos. Así pues, precisamente porque el templo es más que el oro y el altar más que la ofrenda, pues, se encargan de tutelar los juramentos sobre el oro y la ofrenda, mas confían a la divinidad la tutela de los juramentos sobre el templo y el altar. ¡Ah, galileo!, si te hubieras aplicado el “no juzguéis y no seréis juzgados” (7,1), en vez de emplearlo con terrible hipocresía, tal vez no hubieres sido juzgado con tan terrible castigo, “porque con el juicio que juzgareis seréis juzgados, y con la medida que midiereis se os medirá” (7,2).

23,37 El galileo fue incapaz de unir a los hijos de Jerusalem, aun haberlo querido, de modo que se exclama “¡cuántas veces quise reunir a tus hijos a la manera que la gallina reúne a sus pollos bajo las alas[156] y no quisiste!”, aunque para haberlo conseguido sólo hubiera tenido que seguir sus consejas, por cuanto “si tuviere fe como un grano de mostaza, diría a este monte: vete de aquí allá, y se iría, y nada le sería imposible” (17,20).

Sea como fuere, ¿cómo diantre iba el galileo a reunir a los hijos de Jerusalem, a la manera que la gallina reúne a sus pollos, si los hijos son los pollos y su madre es Jerusalem?

24,2 El galileo asegura a sus seguidores, respecto del templo de Jerusalem, que “no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea demolida”, sin embargo, es público y notorio que, tras la destrucción del templo a manos de Tito (70 d.C.), quedó en pie, piedra sobre piedra, el célebre ‘muro de las lamentaciones’, que ya se erguía en tiempos del galileo y que sigue erguiéndose aún en la actualidad. Ahora bien, ¿acaso Mateo no redactó su libro tras la destrucción del templo? Entonces, ¿cómo saber si el galileo realmente profetizó dicha destrucción y no fue Mateo quien aprovechó la coyuntura? Sea como fuere, si el galileo hubiera acertado en el pronóstico ¿acaso como consecuencia de ello habría que amar su doctrina? ¿Es la taumatolatría un buen asiento para la fe? ¿Es la resolución de adivinanzas una garantía de pureza doctrinal?

En efecto, hacia el año 969 a.C. Salomón, hijo de David, construye el templo de Jerusalem, que perdura hasta el año 587 a.C., cuando el rey Nabucodonosor II lo destruye llevándose a Babilonia la mayor parte de los judíos. En el año 517 a.C. Ciro el persa permite a los judíos volver a Jerusalem y restaurar su templo a partir de las ruinas, y lo consiguen hasta que en 168 a.C. Antíoco IV Epífanes comete la profanación del altar. En el año 150 a.C. se efectúa la restauración del culto yahvista en el templo por parte de los Macabeos, y en el 21 d.C. el rey Herodes el Grande lo amplia[157]. A la revolución de los zelotes contra el imperio romano subsigue la destrucción del templo por el emperador Tito (año 70 d.C.), y tras una rebelión que se extendió desde 132 d.C. hasta 135 d.C. se prohibió a los judíos vivir en Jerusalem. No obstante y con todo, lo que sí quedó de todos estos avatares fue el llamado ‘muro de las lamentaciones’, que se asienta ‘piedra sobre piedra’ desde mucho antes que el galileo naciera.

24,9-14 El galileo vincula su segunda venida y ‘el fin de los tiempos’ a que “sea predicado este Evangelio del reino en todo el mundo”, lo cual confirma que el judeo-mesianismo no sólo es un culto imperialista, sino también de naturaleza expansiva; por tanto, es de justicia advertir a los incautos de que el judeo-mesianismo promueve el imperialismo expansionista: la peor enfermedad que padece el mundo, ya fuere éste político, religioso o ambos a la vez; pero también sería de justicia advertir a todos de que el judeo-mesianismo promueve la debacle universal, puesto que de seguido a ésta esperan encontrar a su mesías y a su reino de los cielos. ¿¡Cómo entonces no iban a desear con vehemencia la deblacle y la consumación del mundo!?

Sea como fuere, y como apuntan los doctores Nácar-Colunga (1968), lo cierto es que el versículo “es una prueba de que el fin de las cosas no está cercano”, por más que Juan el Baptista prometiese que “el reino de los cielos está cerca” (3,1).

24,15-20 A decir verdad, la “abominable desolación predicha[158] por el profeta Daniel en el lugar santo” fue la profanación del templo acaecida en el 168 a.C., cuando Antíoco IV Epífanes introdució en él una estatua a Zeus, y la prohibición explícita del culto yahvista, con lo cual era sencillo que el galileo ‘acertase’. Ahora bien, si a lo que se refiere no es a la abominable desolación, sino a lo que deberá ocurrir “después del tiempo de la cesación del sacrificio perpetuo y del alzar de la abominación desoladora” (Dan.12,11), el fin de los tiempos debería haber sucedido allá por el año 165 a.C. (ello en el caso de los 1290 días que dice Daniel deberán pasar hasta llegar el fin) o en el año 165 a.C. también (en el caso de los 1335 días), o en el año 161 a.C. (en el caso de sumar las dos cifras de días). Por otro lado, interpretando los días como número de años, el tan ansiado fin de los tiempos hubiera sobrevenido aproximadamente en el 1122 d.C., en el 1167 d.C. o bien habría de llegar en el futuro 2457 d.C. Sea como fuere, lo cierto y verdad es que resulta urgente conocer la fecha excacta del día del juicio[159].

24,21 El uso del sintagma predicado “pues habrá entonces…”  (ἔσται  γαρ  τότε…) indica que en los versículos anteriores (24,15-20) el galileo pretende profetizar respecto de su venida y consecuente consumación del mundo (24,3), no respecto de otra venida y consumación, como pudiera ser la obrada por Antíoco IV Epífanes (1Mac.1,57yss.)[160], dado que sucedió antes del nacimiento del galileo (168 a.C.) y la cual por cierto no puede definirse como “una tan gran tribulación cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (24,22).

24,24 Advierte el galileo que “se levantarán falsos mesías y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios para inducir a error”, esto es, se levantarán como él y obrarán parigual a él, si bien resultaría difícil que igualasen su milagrosa procacidad y desfachatez.

24,28 El galileo asegura que “donde está el cadáver, allí se reúnen las rapaces”, sin duda profetizando sobre quienes adoran su cadáver de falso mesías.

24,29 Según el perturbador galileo “los poderes del cielo se conmoverán”, aun cuando Yahvé “con la inteligencia consolidó los cielos” (Prov.3,19) “y su poder está sobre las nubes” (Sal.68[Vg.67],35). Ahora bien, eso podría resultar provechoso para quien se jacta de que su dios “en efusión de ira haya de reinar sobre vosotros” (Ez.20,33).

24,30 Aplíquese enmienda relativa a Mc.13,26.

24,34 Después de augurar gran conmoción y lamento para “todas las tribus de la tierra”, el galileo remata su bravuconada asegurando “que no pasará esta generación antes de que todo esto suceda”, y sin duda todo eso sucedió punto por punto[161]; es por ello que pudo decir con humildad “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras seguro que no pasan”.

25,8-9 Así pues, según la parábola, de entre las diez vírgenes sólo cinco, llamadas ‘las prudentes’, entrarán a las bodas, aun cuando negaren repartir su aceite para las lámparas con las otras cinco vírgenes, llamadas ‘las insensatas’. Ahora bien, ¿cómo iba a entrar en el reino de los cielos quien así actuara cuando es el propio galileo quien exige “dar a quien te pida y no volver la espalda a quien desea de ti algo prestado” (5,42)? En el mismo sentido, ¿cómo iba el señor de las vírgenes a entrar en el cielo, habida cuenta no perdonó ya “hasta setenta veces siete” (18,22) sino que ni tan siquiera perdonó una sola vez?

Además, ¿no fue el susodicho quien, dirigiéndose a su dios, se congratuló “porque ocultaste estas cosas a los sabios y las revelaste a los necios” (11,25)? Entonces, ¿a qué viene ahora premiar a los prudentes y despreciar a los insensatos? Y ya por último, ¿no dijo el falacísimo galileo que “los postreros serán los primeros, y los primeros, postreros” (20,16)?; entonces, ¿acaso en la parábola no llegaron postreras las vírgenes necias y primeras las prudentes? Ea, decid, galileos, ¿a qué tanto juego malabar? ¿A qué tanta doblez?

25,14-30 Tal vez esta parábola no resulte muy apropiada en boca de quien otrora exclamose “¡qué difícilmente entra un rico en el reino de los cielos!” (19,23), por cuanto en esta parábola se premia a quienes anhelan enriquecerse. Por ende, tal vez no resulte muy apropiada en fauces de quien otrora “derribó las mesas de los cambistas” (21,12-13) reprochándoles que habían convertido el templo en ‘cueva de ladrones’, por cuanto se le dice al siervo que no negoció “debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros”. Asimismo, quizá no resulte la parábola más adecuada en lengua de quien, otrora, dijere al respecto de una moneda “dad al César lo que es del César” (22,21), por cuanto en la parábola se asegura que “al que tiene se le dará y abundará, pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará”, en referencia al dinero que se le dio a cada cual[162]. Con todo, de la parábola se colige que no sólo debe devolverse al dios aquello que uno recibió de él, sino que a esto deben añadirse los intereses, los cuales se consiguien prestando lo recibido a fin que otros saquen provecho sin uno saber cómo ni con qué. ¿O no trabajan así los cambistas y los banqueros? ¿Pues? ¿A qué tanta parábola de alfeñique y tornasol? ¿A qué tantísima doblez que la sangre hiela a los decentes y de bien?

Sea como fuere, el caso es que se confirma una vez más como el judeo-mesianismo es un culto de naturaleza imperialista que incita a la imperialización del mundo (24,9-14). Y si algún galileo de pétrea cerviz no lo estimare así, ¿qué diantre esperaba de un culto que en sus parábolas usa términos tales como  τάλαντον (moneda equivalente a 60 minas, lo que significa una considerable cantidad de dinero[163]),  ἐργάζομαι (usado en la acepción de ‘traficar’ o ‘negociar’),  κερδαίνω (lucrar),  ἀργύριον (dinero),  τόκος (interés ganancial),  τραπεζίτης (banquero)? ¿Qué esperaba? Diga usted, ¿qué? ¿Acaso esperaba que de tal inclinación en el culto surgieran comunidades desprendidas del dinero? ¿Entonces? ¿Qué ocurre? ¿A qué tanto silencio? ¿A qué tanta cabeza gacha? ¡Cantad la palinodia, mesiánicos de todo jaez!

25,34-46 El galileo determina que será salvo del “fuego eterno” y del “suplicio eterno” todo quien alimente al hambriento y apague la sed del sediento, a quien acoja al peregrino y vista al desnudo, y a quien visite al enfermo o al preso. Ahora bien, decid, galileos, ¿quién de entre vosotros será salvo, si hubiendo vendido cuanto teníais y hubiéndolo regalado a los pobres (19,21), en efecto, no tenéis ni para comprar un mendrugo de pan? ¿Y qué agua podriais dar de beber a la cual no pudiese acercarse cualquiera, si hubiéndoos desprendido de todo no tenéis ni siquiera un techumbre donde guardar tinajas? ¿Cómo seréis salvos, sino podéis acoger al peregrino por ‘no tener donde reclinar la cabeza’ (8,20)?: “sed perfectos como perfecto es vuestro Padre” (5,48). Por ende, ¿cómo seriais salvos, si para nada habéis de inquietaros ‘por lo que habéis de vestir’ (6,25) y no llevaís ‘ni una alforja para el camino ni dos túnicas’ (10,9-10)? ¿A quién que esté desnudo creéis que vais a poder vestir, entonces? Decid, galileos que habláis con aterradora doblez, ¿cómo vais a ser salvos del ‘fuego eterno’ y del ‘suplicio eterno’? ¡Arrepentíos y asistid cada día ante el cadáver de vuestro juez y ante los continuadores de Pedro, pues el día ya se acerca y “la ira está a punto de llegar” (3,7)!

Sea como fuere, ¿acaso no es voluntad del dios “que no se pierda ni uno solo” (18,14)?; entonces, ¿qué fuerza es aquella que neutraliza la voluntad del dios?, ¿qué tipo de chisme es el ‘fuego eterno’ que tanto gusta mentar a los fobócratas de sufre y azufre?

26,11 El galileo martiriócrata avisa a sus borregos en tanto que “a mí no siempre me tendréis”, aun cuando luego prometerá “yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo” (28,20).

26,15 En efecto, “treinta piezas de plata” era el valor en el que estaba estimado un siervo (Éx.21,32), y como tal debe estimarse a Judas, puesto que fue el único seguidor del galileo pronto a servir a su señor, incluso si para ello debía humillarse hasta adquirir la condición de siervo. Al fin y al cabo, fue Judas un seguidor excelente, puesto que cumplió las prédicas del galileo en cuanto a ‘no resistir al mal’ (5,39), favorecer a quien litiga contra uno’ (5,40), ‘irse allá donde le requisaren’ (5,41), ‘dar aquello que se le pide’ (5,42) y ‘amar a los enemigos’ (5,44).

26,26-29 Véase enmienda a Mc.14,24. Al igual que Salmoneo, el galileo “era insolente y quería igualarse a Zeus, siendo castigado por su impiedad. Decía que él era Zeus y, privando de sacrificios a éste, los hizo ofrendar en su propio honor”[164]. Además, con grande impiedad el galileo pretendió que el vino fuera su propia sangre, aun cuando desde siempre “al vino se le llama ‘sangre de Baco’”[165] y no ‘sangre del galileo’. Ahora bien, con este acto se cumplía la antigua profecía, según la cual son “las uvas dones que hace Dioniso a los hombres para su alegría y dolor”[166], y precisamente era entonces que nacía la era del dolor y la cruz: la humanidad, al igual que el galileo, iba a ser crucificada, muerta y resucitada al tercer día, “porque, como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches” (12,40), así estará la humanidad tres días y tres noches entre tinieblas, hasta que cese el sufrimiento de la cruz: quien oídos tenga oiga, quien entendederas entienda, porque la sangre del contrato ni “será derramada” (Nácar-Colunga) ni “es derramada” (J.M. Bover), sino que en realidad dicha sangre del dolor es “la que se derrama”  (τὸ  ἐκχυννόμενον)[167],  y no dejará de hacerlo hasta que el hombre sea hombre y el dios sea dios: bájese al cadáver de la cruz, désele sepultura, renazca.

26,38-39 El galileo asegura “triste está mi alma hasta la muerte”, a pesar de que es “mejor el día de la muerte que el del nacimiento” (Ecl.7,1); asimismo, aun conocer cuál es su destino y aun saber que éste es querido por su dios, el susodicho se muestra ‘triste hasta la muerte’, no obstante, lo cierto es que “la muerte más grata a los dioses es la más feliz”[168].

26,39 Temeroso ante su destino, el galileo le pide a su dios “pase de mi este vaso”, aunque debería saber que “la muerte alcanza hasta al que huye del combate”[169].

26,52 El susodicho asegura que “quien toma la espada, a espada morirá”, aun cuando él mismo se jactó en tanto que “no vine a poner paz, sino espada” (10,34), y aun cuando debería haberse aplicado el “no digas: como me ha tratado a mí le trataré yo a él” (Prov.24,29).

26,55 No venían a prenderle como ladrón, sino como instigador de perversas prédicas, como populista procaz y como promulgador de impiedades contra la Antigüedad, contra su dios Yahvé y contra los demás dioses. En efecto, a su lado un ladrón era digno de elogio.

26,64 El galileo augura que “veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder”, lo cual confirma la naturaleza maligna del judeo-mesianismo, dado que en la visión de Zacarías Yahvé “tenía a su diestra a Satán” (Zac.3,1).

26,65 La blasfemia consiste en hablar del Mesías como “el Hijo del hombre” y no como ‘el hijo de Dios’, ‘el Ungido de Yahvé’ o sencillamente ‘el Mesías’. En efecto, emplear dicha denominación es una impiedad cometida contra el culto judío y, por estar en Judea y ante sus mayores, el galileo debía ser castigado, como le hubiese correspondido a cualquier otro que hubiese blasfemado con semejante impudicia, según lo prerrogado en Lev.24,16/ Dt.17,2-7/ Dt.18,19-22 y en Dt.21,22-23: así se cumplía no tanto la profecía de Yahvé, sino su Ley, porque ciertamente “pago de mal género alcanza con frecuencia a los blasfemos”[170].

26,70-75 La triple negación de Pedro simboliza los tres ‘días’ anteriores al renacimiento que habrá de padecer la humanidad, una vez se haya desprendido del cuerpo de Cristo, y evidencia que la Iglesia de Pedro es “Satanás; tú me sirves de ecándalo, porque no sientes las cosas de Dios, sino la de los hombres” (16,23), la cual derramará la sangre del dolor y empuñará la cruz de la tortura hasta que el hombre sea hombre y el dios sea dios[171].

27,6 Los sacerdotes demuestran su pudor religioso no aceptando las treinta monedas de plata para el tesoro del templo, y evidencian que ‘no tragan ningún camello y cuelan incluso un mosquito’ (23,24).

27,12-14 En efecto, el procurador Pilato “se maravilló sobremanera” ante el silencio del galileo, porque alguien que otrora se jactaba de ser el mesías ahora de repente callaba pusilánime, “pues oscuros silencios… propios son de los que a nada se atrevieron”[172], y ciertamente “el que nada puede oculta su cabeza bajo el negro silencio”[173].

27,18 Mateo afirma que Pilato “sabía que por envidia se lo habían entregado”, aunque ni Pilato ni nadie podría saber lo que no es verdad, puesto que se lo habían entregado por delito de impiedad (26,65) entre otros (5,17/ 9,2-3/ 12,8/ 16,28/ 24,30).

Sea como fuere, es relevante señalar que el sintagma  διὰ  φθόνον  no debería traducirse ‘por envidia’, sino ‘por celo [de la Ley]’, pues como anota el doctor O’Callaghan “la palabra hebreo-aramea ‘qin’ ah’ significa a la vez ‘envidia’, ‘celos’ y ‘celo’ en un sentido bueno”, y concluye tal que “las autoridades judías entregaron a Jesús a Pilato por ‘celo de la ley’”[174].

27,19 Dice el procurador Pilato que “he padecido mucho hoy en sueños por causa de él”, aunque se dice también que “cosa vana son los sueños” (Eclo.34,5).

27,23 La pregunta del procurador “¿y qué mal ha hecho?” en referencia al galileo, por cierto, evidencia su completa ignorancia sobre los acontecimientos anteriores y sobre las perversas consejas del susodicho. Además, la crucifixión formaba parte del aparato penal mosaico (Dt.21,22-23), y en consecuencia, no debería causar extrañeza que los judíos la quisieren aplicar.

27,25 Cuando el pueblo grita “sea su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos” se refiere sin duda a la “sangre del contrato: la que se derrama sobre muchos” (26,28), puesto que llegaba la era del dolor, la sangre y la cruz, y sería el galileo quien, a través de su martirio nefando, le daría comienzo con tenebroso poder: el martirio del galileo, símbolo del martirio que iba a padecer la humanidad; tal era la hilatura de las incansables Moiras.

27,46 A razón del reproche a su dios “¿por qué me has abandonado?”, justo cuando finalizaba su martirio, el galileo no debía ser salvo, puesto que si bien “quien perseverare hasta el fin, ése será salvo” (13,13), a su vez lo propio es que ‘quien no perseverare hasta el fin, ése no será salvo’. Si se cumplió el derecho que prerrogaba, el galileo jamás se salvó, y por tanto el relato sobre su resurrección es falso, y si no se cumplió y en efecto resucitó, su dios habría cometido acepción y el martirio quedaría adulterado.

27,51 En efecto, “que el velo del santuario se rasgó en dos de arriba abajo” significa que el Antiguo y el Nuevo Contrato quedaban separados, y se profanaba así la Ley antigua ―por más que el galileo dijera “no creáis que vine por haberse disuelto la Ley y los Profetas; no vine por haberse disuelto sino por haberse completado” (5,17), de manera que la neocracia iba a encaramarse al poder haciendo uso de todos sus viles artificios.

27,52 Se dice que, tras la muerte del galileo, “muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron”, aun cuando un ángel de Yahvé dijo a José que su hijo “salvará a su pueblo de los pecados” (1,21) y que, según el propio galileo “no pasará esta generación [la de sus seguidores] antes que todo esto suceda” (24,34), en referencia a la consumación del mundo. Ahora bien, más tarde dirá “yo estaré con vosotros hasta la consumación del mundo”. ¡A esperar, galileos de tupida lana, que de todo lo salido de la tinaja quedó solamente una cosa, pero importante! ¡Ea, galileos, aunque el mundo se derrumbe ante vuestros ojos, manteneos hasta el último día inculpando a todos los demás, nunca y en nada a vosotros mismos!: impíos de corazón altanero, “¿cómo veis la paja en el ojo de vuestros hermanos y no veis la viga en el vuestro?” (7,3).

27,54 ¡Buena es la fe de los taumatólatras, que halla su fundamento en visiones, cábalas, acertijos y prodigios!

27,57-60 Véase enmienda a Mc.15,42 y a Mc.15,46. En efecto, Marcos dice que José de Arimatea “compró una sábana” (Mc.15,46) para amortajar el cadáver del galileo, la cual debe ser ésta ‘sábana inmaculada’ a la cual alude aquí Mateo. Ello, en efecto, contravendría la ley según la cual ‘no debe uno ocuparse en sus negocios’ (Is.58,13) no sólo porque era el primer día de Pascua (Éx.12,16), después del día de Parasceve (del día 14 al 15 del mes Nisán), sino además porque era día de Sábado (16,1), “día de descanso completo” (Éx.31,15), lo cual implica que el sacrificio no fue grato a su dios[175]. Por ende, el mismo José de Arimatea, contraviniendo la Ley según la cual “el sacrificio de la fiesta de Pascua no lo guardarás durante la noche hasta el siguiente día” (Éx.34,25), cogió el cadáver del galileo y “lo depositó en su propio sepulcro” durante la noche y hasta el día siguiente, lo cual implica que el sacrificio no fue grato a Yahvé, su Señor Dios. Sin embargo y sea como fuere, lo cierto es que aun hoy “el sumo honor se ofrece a la mentira abigarrada”[176].

Enmienda final ~ Así es: el galileo resucito en día Sábado, que coincidía con el día de Pascua, pues cuando se dice que fue “ascendido en primera mañana de Sábado” (Mc.16,9) debe entenderse que los apostoles identificaban la ‘resurrección’ no con la aparición, sino con la ascensión al Padre en el mismo momento de la muerte (Jn.13,1). Por ende, cuando se dice “desde entonces comenzó Jesús a señalar a sus discípulos que debía marchar a Jerusalem y sufrir mucho de parte de los ancianos y de los sacerdotes y de los escribas, por cuanto debía ser ejecutado y al tercer tiempo debía ser alzado” (Mt.16,21)[182], de hecho, debe entenderse el término  ἡμέρα  no como la porción de tiempo asignada al día solar, sino a una porción de tiempo indeterminada. No obstante y con todo, esta porción queda bien determinada en Mc.15,33, cuando se dice que “llegada la hora sexta, hubo obscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona”, esto es, la obscuridad, que representa la muerte del galileo, se prolongó por tres  ἡμέραι  u ‘horas’, tras lo cual, así como la luz vuelve a emerger sobre la tierra, el galileo es ascendido o ‘alzado’ hacia ‘el reino de Dios’. A decir verdad, las apariciones correspondientes al primer día de la semana, es decir, al día subsiguiente a la pasión, no corresponden con la resurrección, sino que pretenden ser ‘la constatación’ de que la resurrección ha ocurrido verdaderamente, no tanto en el mundo como en el ‘reino de Dios’.

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]     Escrito originalmente en arameo, es el único libro del Nuevo Contrato que no se escribió en griego.

[2]     Véase Ez.1,11 y enmienda correlativa.

[3]     Véase Os.13,4.

[4]     Véase enmienda correlativa y 2,13.

[5]     Véase enmienda a Sal.2,2.

[6]     Véase enmienda correlativa y 2,13.

[7]     Se matiza ‘algún que otro día’ porque en relidad Juan el Baptista ejercía su labor cotidiana a orillas del río Jordán, lugar en el cual bautizaba a diestro y siniestro.

[8]     Hesíodo Trabajos y Días 287 – 291.

[9]     Jenofonte Memorias II 1,20.

[10]    En este sentido cercano al ritual hay que interpretar también a Hesíodo cuando advierte de que “quien pasa un río sin purificar sus faltas ni lavar sus manos, a éste le aborrecen los dioses y luego le envían sufrimientos” (Trabajos y Días 740).

[11]    Véase Job 5,2/ Sal.37[Vg36],8/ Prov.12,16/ Prov.15,18/ Prov.14,29/ Prov.15,1/ Prov.19,11/ Prov.22,24/ Prov.27,4/ Prov.29,8/ Prov.29,22/ Ecl.7,9/ Eclo.27,33/ Eclo.28,11-12/ Eclo.30,26/ Eclo.40,4, todos ellos pasajes en los que se reprueba la pasión de la ira en los humanos. Si la ira es indigna para la naturaleza humana, ¿cuánto no lo será en la naturaleza divina?

[12]    En efecto, así queda patente, por ejemplo, en Sal.72(Vg.71),18/ Tob.3,11/ Tob.8,5/ Neh.9,5 y Is.12,4 entre otros muchos otros pasajes que sería ocioso enumerar.

[13]    Hesíodo Teogonía 45.

[14]    Véase Dt.8,3, de donde es original dicha sentencia.

[15]    Véase enmienda correlativa.

[16]    De hecho, “las personas incultas pueden ser fácilmente y por cualquier medio seducidas en la orientación de sus vidas” (Critias referido por Filóstrato Vida de los Sofistas I 16).

[17]    Ahora bien, ante toda esta maldad que se avecinaba, el profeta advirtió “gemirán los pescadores (…) y cuantos extienden la red en las aguas languidecerán” (Is.19,8).

[18]    Hesíodo Teogonía 45.

[19]    Hesíodo Trabajos y Días 106.

[20]    En efecto, así ha devenido el mundo tras la imposición del monoteísmo atroz: quebradizo, inestable, sofocante y ponzoñoso como el azufre, mediante el cual además los ateos mesiánicos han logrado azotar al mundo con petróleo, plásticos y explosivos. Así pues, los borregos galileos no son la sal, sino el azufre de la tierra.

[21]    Con todo, el pasaje debería leerse tal que: “no creáis que vine por haberse disuelto la Ley y los Profetas; no vine por haberse disuelto sino por haberse completado”. En tanto que, según el galileo, todas las Escrituras del Antiguo Contrato culminan en su persona, hecho por el cual no es que dichas escrituras queden abrogadas, sino que son superadas por el galileo, el cual encarnaría la escritura y le pondría fin mediante su propio cuerpo. Por ende, la muerte de su cuerpo (encarnación de la escritura) supondría el fin del Antiguo Contrato, y el renacimiento, por tanto, el surgir de un Contrato Nuevo, cuya sangre ‘se desparrama sobre muchos’ (26,28).

[22]    En efecto, téngase en cuenta que lo dicho en Gén.2,24 “vendrán a ser los dos una sola carne” alude a la procreación, puesto que un hijo es ‘una sola carne’ producto de las dos que le dan vida. En cambio, nada hace siquera sospechar que alude a la institución del matrimonio, como por cierto desearían algunos pazguatos de padre y muy señor mío. Véase enmienda a 19,3-6 y a 19,9.

[23]    Fórmulas Religiosas fragmento 54 Lírica Griega Arcaica BCG. En el mismo sentido, el Antiguo Contrato reza en una de sus cláusulas tal que “se complace al Señor apartándose del mal y se obtiene el perdón apartándose de la injusticia” (Eclo.35,5).

[24]    Tal precepto ya fue instituido por Jeremías, en tanto que preceptúa “dar la mejilla al que le hiere” (Lam.3,29).

[25]    Hesíodo Trabajos y Días 170.

[26]    Jenofonte Ciropedia III 1,11.

[27]    Se le califica de ‘populista’ debido a que resulta una sentencia muy ambigua y, por ello, muy peligrosa. Sin embargo, bien diferente es la cabal explicación al respecto del amar al prójimo como a uno mismo, por cierto, hallable en Jenofonte Memorias II 3,11-14, la cual no deja dudas a lo que ello significa ni a cómo debe practicarse.

[28]    Jenofonte Ciropedia I 3,14 y 4,11; en el bien entendido de que el término ‘paraiso’ (παράδεισος) tiene por significado original la idea de ‘reserva de caza’, ‘recinto’, ‘cerca’ o ’vallado’, por cierto, muy acorde a los anhelos propios de los ‘pescadores de hombres’.

[29]    Jenofonte Memorias II 1,20.

[30]    Critias fragmento B 32 BCG.

[31]    Véase al respecto Sal.139(Vg.138),21-22 así como Sal.140(Vg.139),2 y Prov.25,26.

[32]    Hesíodo Trabajos y Días 340.

[33]    Por lo menos así lo piensan quienes recuerdan que “hay un dicho entre los hombres: «la noble acción cumplida no la ocultes so la tierra en silencio». Un canto divino de palabras de júbilo merece” (Píndaro Nemea IX 6-7).

[34]    En cambio, es Alcínoo quien amablemente avisa de que “suplicantes y huéspedes son a manera de hermanos para todo varón no insensato del todo” (Odisea VIII 546 – 547).

[35]    De hecho, antes de que el monoteísmo oriental enfermara la ebúrnea Europa, “tenían todos los hombres altares de la Justicia (Δίκη), de la Legalidad (Εὐνομία), y del Pudor (Αἰδώς), los más bellos y santos levantados en el interior del alma y de la naturaleza de cada uno, otros erigidos en público para que todos les rindan honores” (Anónimo Sobre las Leyes 34-35).

[36]    El cual además parece estar emparentado con la antiquísima raíz del dios pagano Zeus (Ζεύς), padre de dioses y de hombres. Por ende, su uso en el idioma hispano-castellano dio origen al término ‘Dios’ (Διός), que es genitivo del nombre ‘Zeus’; en cambio, no ocurre así en el idioma hispano-catalán, cuyo término para referirse al dios (Déu) proviene del latino Deus, el cual, de todos modos, proviene también del término griego en nominativo Ζεύς, el soberano portador de la égida.

[37]    Oportuno es aquí consultar la enmienda a 10,7.

[38]    Luego se pediría con espeluznante impiedad ‘que se haga como en la tierra, así en el cielo’ (16,19).

[39]    Jenofonte Memorias II 1,20.

[40]    Jenofonte Memorias IV 4,21.

[41]    Anónimo Sobre las Leyes 93.

[42]    Odisea I 32-34.

[43]    Véase enmienda a 6,12.

[44]    Píndaro fragmento 222.

[45]    Lírica Griega Arcaica [Fragmentos Anónimos], fragmento 139 BCG.

[46]    Jenofonte Banquete 4,34. Además, véase Prov.11,28 a vuelamano.

[47]    Véase además Prov.21,3, donde se dice “haz justicia y juicio, que eso es más grato a Yahvé que el sacrificio”.

[48]    Estesícoro fragmento 34.

[49]    Jenofonte Memorias I 3,2.

[50]    Jenofonte Ciropedia I 6,3.

[51]    Jenofonte Ciropedia I 6,6.

[52]    Aunque parezca proclamar algo novedosísimo, el Antiguo Contrato ya sentencia con sobriedad que “lo que no quieras para ti, no lo hagas a nadie” (Tob.4,5-9).

[53]    Hesíodo Trabajos y Días 287 – 291.

[54]    No es cierto; el ábol que no da buenos frutos es ampliamente aprovechado y es últil en gran medida.

[55]    Véase enmienda a 6,10.

[56]    No la posee porque ésta no existe, sino que deviene merced a un poderoso demon.

[57]    Hesíodo Teogonía 610.

[58]    Jenofonte Memorias IV 4,21.

[59]    Véase 1Rey.19,20-21, donde Elías actuó de muy distinto modo para con Eliseo.

[60]    El lago Tiberíades (actual Kinneret) posee una superficie de 252 km².

[61]    Probablemente para incidir en la impureza vinculada al cerdo según la tradición judía (Lev.11,7-8).

[62]    En efecto, el cuero nuevo debe ser vuelto del revés y llenado con aguardiente añejado ―con lo cual se desinfecta el cosido y la cola del interior― y con tacos de jamón o cezina que lo aderecen; semejante contenido debe sacudirse periódicamente y debe permanecer en el interior de los cueros durante una semana, tras lo cual deben ser vaciados y rellenados de agua. Se repite la operación por espacio de dos días y dos noches, se vuelve a vaciar y entonces se rellena del vino que servirá como bebida. A decir verdad, cuanto más antiguos son los cueros mejor conservación prestan al vino, y unos cueros bien tratados pueden durar por tiempo ilimitado.

[63]    Ilíada IX 408 – 409. Es cierto, “en la vida no es posible, como si de un dado se tratara, intentar una nueva jugada”, porque “no es posible volver a colocar la vida como a una ficha” (Antifonte B52 BCG).

[64]    Hesíodo Teogonía 457.

[65]    Véase 5,35.

[66]    Véase enmienda a 9,24.

[67]    Tal vez quienes les echaban de sus benditos y apacibles hogares, en efecto, piadosamente se excusaban a los apóstoles diciendo: “no es mi ley acoger ni ayudar en su ruta a hombre alguno que aborrezcan los dioses de vida dichosa” (Odisea X 73 – 74).

[68]    Critias fragmento A1 BCG. Asimismo, véase 10,28 y 10,39.

[69]    Critias fragmento A1 BCG.

[70]    Véase 10,22 y 10,39.

[71]    No obstante, es el propio galileo quien advierte “ bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (5,9), de lo cual se infiere que el susodicho ni era hijo del dios ni podría ser llamado de tal modo; sin embargo, eso hay que concedérselo, puesto que es “Zeus, padre de dioses y hombres” (Hesíodo Teogonía 45).

[72]    Jenofonte Ciropedia VIII 7,23.

[73]    Véase enmiendas a 10,22 y 10,28.

[74]    En efecto, así lo atestigua la terminología empleada, según la cual el cliente ‘se llevaría’  (λήψεται)  ‘una retribución’  (μισθόν)  que le satisfacería y recompensaría el esfuerzo prestado.

[75]    Cabe tener en cuenta que el propio Baptista se hallaba en prisión cuando envió dicha pregunta al galileo, lo cual sin duda hace más verosímiles las dudas de aquél respecto de éste.

[76]    El galileo creyó que todos caerían ante el poder de la taumaturgia, pero lo cierto es que aún había quienes resistían con vigor el maléfico empuje de la taumatocracia.

[77]    De modo inusual, el inquisidor opta por discrepar del eminente doctor J. M. Bover, quien traduce  νηπίοις  como ‘a los pequeñuelos’, de manera que presenta la solución ‘a los necios’. Dicha acepción queda claramente expuesta en Ilíada XVI 46 y XXII 445, Odisea XIII 237 y IX 44, en Hesíodo Labores y Días 40, 218, 286, 456, en Semónides fr.1,10, o en Teognis 483, entre otros muchos casos; en cambio, para ‘pequeñuelos’ el propio texto de Mateo presenta otro término  (ἐλάχιστος, que es el superlativo del adjetivo ἐλαχύς),  tanto en 5,19   (μίαν  τῶν  ἐντολῶν  τούτων  τῶν  ἐλαχίστων  ~ uno de estos mandamientos menores;  ἐλάχιστος  κληθήσεται  ~ será designado ‘menor’), como en 25,40  (τῶν  ἀδελφῶν  μοῦ  τῶν  ἐλαχίστων ~ de mis hermanos menores)  o como en 25,45  (ἑνὶ  τουτων  τῶν  ἐλαχίστων ~ con uno de entre estos menores), si bien tal vez la traducción correcta del término ἐλάχιστος sea ‘menores’ y no ‘pequeñuelos’; de hecho esta última solución (‘pequeñuelos’) parece una treta de los traductores mesiánicos para enternecer a los de corazón fácil.

[78]    Al respecto véase enmienda a Eclo.19,20.

[79]    Lírica Griega Popular fragmento 109 BCG.

[80]    Píndaro fragmento 140d.

[81]    Jenofonte Ciropedia II 2,24.

[82]    Véase, como de paso, la enmienda relativa a 7,13-14.

[83]    Por ende, coger espigas con la mano en mies del prójimo era lícito según Dt.23,25.

[84]    En este mismo sentido véase Éx.23,12 y Éx.31,14-15.

[85]    En fin, al respecto véase como de paso la enmienda dedicada a 9,13.

[86]    La alusión al cautiverio de Babilonia como un suceso del pasado (Is.43,14) parece ser determinante al respecto, puesto que Isaías vivió antes de la deportación.

[87]    Así se desprende de Is.42,19-20/ Is.43,21/ Is.44,1/ Is.44,21 é Is.46,5. Por ende, véanse enmiendas a Is.42,1-6/ Is.43,11-12/ Is.43,14 así como los aledaños y pedanías de las mismas.

[88]    En efecto, así fue como perdieron la esperanza en el dios, el alma y la naturaleza.

[89]    De hecho, a partir del texto griego ἐγὼ  δὲ  λέγω  ὑμῖν  μὴ  ἀντιστῆναι  τῷ  πονηρῷ el pasaje podría traducirse tal que ‘yo os digo de no resistir al diablo’, en tanto que  ὁ  πονηρός  podría significar ‘el diablo’ o el mal deificado; por cierto, cosa abominable sólo de pensar.

[90]    Véase 5,35.

[91]    Estesícoro fragmento 34 BCG.

[92]    Jámblico Vida Pitagórica 7,37-38.

[93]    Hesíodo Trabajos y Días 180yss.

[94]    Véase 13,55-56, donde además Mateo ofrece el nombre de los cuatro hermanos del galileo.

[95]    Hesíodo Trabajos y Días 705.

[96]    Jenofonte Ciropedia VIII 3,49.

[97]    Jenofonte Memorias IV 4,20.

[98]    Alceo fragmento 128 BCG.

[99]    Véase 15,13 y aplíquense dichas preguntas.

[100] El término πέπρακεν también puede significar en griego ‘hubiendo traicionado’.

[101] La pregunta es interesante también a efectos escatológicos.

[102] Hesíodo Eeas fragmento 4 BCG.

[103] El sentido de semejante proverbio asoma por vez primera en Ez.3,5-6.

[104] Hesíodo Teogonía 45.

[105] Hesíodo Eeas fragmento 148a.

[106] Hesíodo Grandes Eeas fragmento 253 BCG.

[107] Todo ello debe entenderse por cuanto el verbo τιμῶ contiene la acepción de ‘honrar’ u ‘honorar’, pero también la de ‘gratificar’ o ‘recompensar’, y ésta última significación es la que había comportado ciertos problemas.

[108] Véase también Lev.17,10-16, donde se prohíbe comer sangre, así como carne de animal mortecino o ahogado.

[109] En el Antiguo Contrato también se elogia el buen hablar, entre otros lugares, en Prov.5,2/ Prov.12,19 y Eclo.28,22. Por ende, las alusiones a la ‘sabiduría del corazón’ y a la pureza del mismo son tan numerosas que sería del todo ocioso referirlas una tras otra.

[110] Acaso uno deba preguntarse ‘Y bien, ¿por qué primero a éstos? ¿Acaso no quedan aún actualmente miles de ‘ovejas perdidas de la casa de Israel’?

[111] Hesíodo Teogonía 457.

[112] Hesíodo Teogonía 45.

[113] Véase enmienda a 14,13-21.

[114] Hesíodo Teogonía 45.

[115] Lírica Griega Popular Escolios fragmento 97 BCG.

[116] No obstante, según el Antiguo Contrato el dios “no hace acepción de personas” (Dt.10,17).

[117] Lo cual a efectos prácticos convertiría a Pedro y a sus sucesores en el dios vivo.

[118] Hesíodo Eeas fragmento 30 BCG.

[119] Hesíodo Eeas fragmento 30 BCG.

[120] Véase Lc.5,8.

[121] Lírica Griega Popular fragmento 109.

[122] Véase enmienda relativa a Mc.8,38.

[123] Ilíada IX 408 – 409.

[124] Antifonte B52 BCG.

[125] Según refiere Heródoto en IV 14-15.

[126] Ilíada IX 491.

[127] Jenofonte Memorias I 4,16 y III 5,15.

[128] Y que no salga un galileo trapaceando con que dice  παῖς  cuando en realidad dice  παιδίον.

[129] Véase enmiendas a Mc.10,15 y Mc.9,36-37.

[130] De hecho, es Pedro la ‘piedra de tropiezo’ (τὸν  σκάνδαλον) por antonomasia (16,18-20).

[131] Hesíodo Trabajos y Días 710.

[132] Son infinitivos de futuro de los verbos  πέρνημι (vender; exportar) y  ἀποδίδωμι (pagar) respectivamente.

[133] Debe tenerse en cuenta que en el texto griego se emplea el término  ἀφίημι,  compuesto por el adverbio  ἀπὸ (lejos, aparte) y del verbo  ἵημι (expedir), con lo cual no significaría exactamente ‘perdonar’, sino más bien ‘despachar’, ‘libertar’ o ‘soltar’. Por otro lado, el término ‘perdonar’ proviene del vocablo latino perdonare, compuesto de la preposición per (por) y el verbo donare (dar), con lo cual significaría ‘dar por’ o ‘dar a cambio’: el perdón, pues, se otorgaría una vez pagada la deuda o bien una vez cumplido el castigo, pero nunca antes.

[134] En efecto, no dice “serán los dos una sola carne”, lo cual rezaría en griego  “οἱ  δύο  ἔσονται  σάρκα  μίαν” sino que en realidad reza “vivirán para una sola carne” en tanto que es preceptivo traducir la preposición  εἰς que aparece claramente en el texto griego, tal que  ἔσονται  οἱ  δύο  εἰς  σάρκα  μίαν. Ello además se armoniza al contexto, en tanto que de una primigenia naturaleza hermafrodita (Gén.1,27) se separa uno de los dos sexos (Gén.2,22), que al volver a unirse eventualmente con aquél, en efecto, engrendra una sola carne. Pero los dos sexos ya no viven unidos, sino que se unen eventualmente mediante el coito e, indirectamente, ‘se unen’ de por vida mediante la procreación.

[135] Píndaro Pítica IX 94-95.

[136] Repitiendo lo dicho en Lev.19,18.

[137] Tal vez la solución la diere el Antiguo Contrato, por cuanto lo verdaderamente preciso es “lo que no quieras para ti, no lo hagas a nadie” (Tob.4,15), y con ello se mantiene uno lejos de pecar, tanto por querer mal como por creer hacer el bien.

[138] Hesíodo Trabajos y Días 320.

[139] Hesíodo Trabajos y Días 715.

[140] Moneda romana equivalente a 16 ases.

[141] Véase enmienda a 22,14.

[142] Véase enmienda a Zac.9,9-10.

[143] Recuérdese que Mateo escribió su libro en arameo, y que pudo entender defectuosamente el texto griego de la Septuaginta Alejandrina perteneciente a Sal.8,3.

[144] Es en este preciso término donde Mateo pudo interpretar defectuosamente el sentido de la oración, puesto que habitualemnte significa ‘boca’, pero también puede significar ‘discurso’, ‘palabra’, ‘dicho’, etc.

[145] Considérese que, según Marcos, cuando el galileo quiso higos “no era tiempo de higos” (Mc.11,13).

[146] Véase enmienda relativa a Mc.11,12-14.

[147] Véase enmienda a 18,19-20.

[148] Para escuchar lo que aquí conviene escuchar, diríjase a Sal.29(Vg28),2 y Sal.96(Vg,95),9.

[149] Platón Fedón 69c-d. Véase 20,16.

[150] Platón Leyes 731a – 732b. Por ende y al respecto, véanse enmiendas a Lev.19,18/ Tob.4,5-9/ Mt.5,43 y Mt.19,18-19.

[151] Véase Eclo.3,20.

[152] Véase enmienda a Sal.110(Vg.109),1.

[153] En efecto, así debe leerse  τῷ  Δαυίδ  ψαλμός · (Salmo para David:)  εἶπεν (dijo)  ὁ  Κύριος (el Señor)   τῷ  κυριῷ  μοῦ (a mi señor:)  κάθου (siéntate)  ἐκ  δεξιῶν  μου (a mi diestra)  ἕως (a fin que)  ἄν  θῶ (coloque)  τοὺς  ἐχθρούς  σου (tus enemigos)  ὑποπόδιον ([cual] escabel)  τῶν  ποδῶν  σου (para tus pies).

[154] Véase por ejemplo 2Sam.22,28/ Job40,12/ Sal.18(Vg17),28/ Sal.75(Vg74),8/ Prov.29,23/ Eclo.27,28 e Is.2,17.

[155]    Hesíodo Teogonía 45.

[156]    Ahora resulta que el galileo no sólo era hijo predilecto del dios, sino también madre adoptiva de los hijos de Jerusalem.

[157]    Es ante estas mismas obras de ampliación que el galileo efectúa dicha profecía (24,1-2).

[158]    Véase enmienda a Dan.2,47, puesto que es dudoso que el llamado Daniel profetizara, si bien la parte deuterocanónica comprende los capítulos 13 – 14 y parte del capítulo 3. Según los propios doctores Nácar-Colunga (1968) “esto nos hace suponer que la redacción del libro de Daniel hay que colocarla en la primera mitad del siglo II antes de Cristo. Esto no quita la posibilidad de que el redactor no haya utilizado fuentes anteriores” (pag.1066).

[159]    Véase enmienda a Dan.12,11-13.

[160]    Véase además Dan.9,27 y Dan.12,11.

[161]    Dejando a un lado pequeñas ironías que tal vez amenicen la lectura, es la Ley ―la cual el galileo promete ‘ha de cumplirse en toda jota y toda tilde’ (Mt.5,18)― que dice “y si te dices en tu corazón: «¿cómo voy a conocer yo la palabra que no ha dicho Yahvé?». Cuando un profeta te hable en nombre de Yahvé, si lo que dijo no se cumple, no se realiza, es cosa que no ha dicho Yahvé; en su presunción habló el profeta; no lo temas” (Dt.18,21-22).

[162]    Sin embargo, es preciso saber que “si añades poco sobre poco y haces esto con frecuencia, lo poco al punto se convertirá en mucho” (Hesíodo Trabajos y Días 355), por cierto, práctica ésta bien contraria a la que se postula en la parábola, tanto en lo literal como en lo metafórico.

[163]    Tal vez equivalente a unos 6.000€ actuales.

[164]    Apolodoro Biblioteca I 1,7.

[165]    Poetas Menores Timoteo de Mileto fragmento 59 BCG.

[166]    Hesíodo Escudo 400.

[167]    Véase sin demora Éx.24,8.

[168]    Jenofonte Memorias IV 8,3.

[169]    Simónides fragmento 16 BCG. Véase además 26,42-44.

[170]    Píndaro Olímpica I 27-35.

[171]    Véase Lc.5,8.

[172]    Píndaro Ístmica IV 48.

[173]    Píndaro Partenio I 9-10.

[174]    Nota a Mc.15,10 perteneciente al Nuevo Testamento Trilingüe J.M. Bover ~ José O’Callaghan.

[175]    Véase enmienda a Mt.27,57-60.

[176]    Píndaro Nemea VIII 25-26.

[177]    “El mes primero, el día catorce del mes, entre dos luces, es la Pascua de Yahvé. El quince del mes es la fiesta de los Ácimos de Yahvé. Durante siete días comeréis pan sin levadura” (Lev.23,5-6).

[178]    La clave para obtener esta solución es interpretar la preposición de acusativo  μετὰ  no por ‘después de…’, sino por ‘entre medias de…’, o sencillamente ‘en…’, como al fin se ha optado traducir. De hecho, es muy conveniente recordar que la Parasvece se contaba desde el atardecer del día 14 de Nisán hasta el mediodía del día 15, con lo cual, Mateo se refiere a la mañana del Sábado, que formaba parte de la Parasceve, y no a la del Domingo aún. Por último, no está de más añadir un fragmento suplementario que dice “sabéis que de aquí a dos días acontece la Pascua, por ende, el Hijo del hombre se entrega, porque ha de ser crucificado” (Mt.26,2).

[179]    La clave aquí estriba en interpretar la conjunción  ἐπεὶ  con un valor temporal-consecutivo, y no con valor temporal-durativo ni con valor causal.

[180]    En efecto, la crucifixión, resurrección y sepultura de Jose de Arimatea sucedió en Sábado, que aquel año coincidía con el día de la Pascua ―por eso Juan lo denomina Sábado Grande (Jn.19,31)―, pues el Parasceve se prolongava hasta el mediodía del Sábado, que es cuando se contaba tanto el Sábado como la Pascua propiamente dichos.

[181]    En efecto, éste es el sentido profundo de la Pascua: la Pasión no tanto como símbolo de padecimiento, sino como ‘el Traspaso’ de una realidad a otra (el Pasadizo). De hecho, tal y como los judíos celebran ‘el Paso’ de Egipto a la Tierra Prometida por su dios, los judeo-mesiánicos, sean o no sean conscientes de ello, celebran ‘el Paso’ del mundo al ‘reino de Dios’, verificado por el galileo, según dicen, a través de sus posteriores apariciones.

[182]    Como también ocurre en Mt.17,22-23, Mc.8,31 y Mc.9,31-32.