La creación no ha terminado...

Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: PROVERBIOS

PROVERBIOS

De la ciencia y la virtud como sendas hacia el dios

1,7 Utilización errónea del temor, por cuanto resulta evidente que se quiere expresar el concepto de ‘respeto’ o de ‘amor’.

El ‘temor de Dios’ es impío, y el auténtico creyente conoce que nada hay que temer del dios, sino que éste siempre es dador de sempiternos bienes. Asimismo, cabe decir que el segundo hemistiquio es completamente acertado[1].

1,17 Hermosa metáfora, digna de encomio y recuerdo.

1,18-19 Perfecta comprensión de la naturaleza del malvado[2].

1,20-21 A partir de este momento habla la Sabiduría, cual ojizarca diosa politeísta[3].

1,22 En el último hemistiquio se muestra un noble aprecio a la ciencia.

1,26-30 Resulta impío representar a la Sabiduría, personificada cual virgen diosa pagana, burlándose de las calamidades ajenas. Asimismo, es feo argüir que la Sabiduría desprecia las llamadas de los sedientos profanos, como también lo es aseverar que, quien anhela poseer sabiduría tras haberla rechazado una vez, en efecto, no la hallará ya nunca más por ser ésa la voluntad de la diosa (8,17). A decir verdad y al contrario de lo aquí expresado, la sabiduría es un incondicional pasto para los mortales de azaroso devenir.

1,33 Acertado empleo del temor, por cuanto éste siempre debe relacionarse con algún mal.

2,1-2 Adviértase que apartir de aquí habla el dios.

2,4 Así es, precisamente, como no se deben buscar ni la inteligencia ni la prudencia, pues no se perseguirían con corazón puro, sino manchado de codicia.

2,7-9 Hermoso pasaje que revela tanto el gusto del autor por la teodicea como, por cierto, la notable influencia del helenismo, que desde las colonizaciones arcaicas ―suavemente― hasta los tiempos de los diadocos ―violentamente― penetraban la entrepierna del Asia Menor.

2,10-11 Correcta apreciación de la ciencia, fontana de gozos sempiternos[4].

2,12 De modo impecable, se identifica a las malas personas como aquellas que utilizan perversos discursos.

2,18-19 El hagiógrafo infiere que cuantos entran en la región de las sombras “no vuelven más”, hecho que se opone a la piedad eterna del dios según dice Sal.136(Vg135),1-26 y a la concesión de ésta para con “todas sus obras” (Sal.145[Vg144],9).

2,21 El inquisidor no acierta a averiguar a qué se refiere el hagiógrafo cuando habla de “la tierra”, en el sentido que los buenos se quedarán en ella, por cuanto la tierra y todo cuanto en ella habita es inexorablemente caduco[5].

En efecto, conferir inmortalidad a la Tierra es tal como conferirla a los astros, y tanto lo uno como lo otro contradice el segundo mandamiento.

3,1 Aquí no habla el dios, aunque pueda parecerlo, sino un padre piadoso a su hijo[6].

3,7 El versículo debería rezar ‘no te tengas por sabio; respeta al dios y evita el mal’, a fuer de que esto y aquello es lo mismo, pues quien ama al dios evita al mal y quien evita el mal lo hace por mor del dios.

3,12 Excelente substitución del temor por el amor. En efecto, es un ejemplo de la corrección que tanto reclama el caduciforme inquisidor.

3,13-18 Admirables palabras.

3,24-25 Correcto empleo del temor.

3,27-28 Maravillosos preceptos.

3,29 Precepto perfectible, por cuanto no se debe tramar el mal contra nadie, se confíe o no.

3,32 “Que sólo tiene (Dios) sus intimidades para con los justos” son palabras doradas que elevan el espíritu, por más que debería entenderse al revés, del tenor ‘que sólo participan los justos de las intimidades de dios’.

3,33 No es correcto inferir que el dios pueda maldecir. Prevéngase el distinguido y discreto lector.

3,34 “Escarnece (Dios) a los escarnecedores”. A juicio del inquisidor, los escarnecedores se escarnecen a sí mismos, por no existir diferencia entre uno mismo y el prójimo. Que el dios haya establecido esta ley, en efecto, no significa que deba ejecutarla él mismo y en cada caso.

4,3-4 Em estos versículos se evidencia que en efecto es el padre piadoso y no el dios, por lo menos no de un modo directo, quien adoctrina a sus hijos[7].

4,4 Se pone de manifiesto el primitivo horror que sentían, y aún hoy sienten, hacia la muerte eterna los muy temerosos de Yahvé y de su palabra. Sin embargo, tal precepto no armoniza en absoluto con la eterna piedad del dios, según Sal.136(Vg135),1-26, y la aplicación de dicha piedad sobre “todas sus obras” (Sal.145[Vg144],9), amén de ser también los malvados original creación del dios. En efecto, del mismo modo que nada vive sin la voluntad del dios, nada de lo que vive muere por siempre.

Ahora bien, según el inquisidor, la existencia del dios es infinitamente mejor que la vida mortal, por lo que, de algún modo, los humanos permanecen muertos hasta que expian sus defectos, onerosa carga. En definitiva y bajo estos argumentos, es sencillo suponer que ‘vivir’ significaría para los bíblicos ‘ser en dios’, y por otro lado ‘morir’ significaría para ellos la habitación del alma en diferentes cuerpos. En fin, entiéndase así para un auténtico provecho del presente versículo, y, por ende, para el provecho de la doctrina en general, por cuanto su ambigüedad la hace susceptible a interpretaciones desacertadas[8].

4,9 Otra mención a la diadema como corona de gracia divina que, por cierto, deja en entredicho el presunto mesianismo aparecido en Sal.132(Vg131),17-18[9].

4,16 Según el inquisidor, incansable andariego, la expresión es defectuosa habida cuenta no puede haber malvado que duerma tranquilo. En honor de la verdad, tal vez duerma tranquila su parte titánica, pero no así la parte olímpica que por cierto rige la consiencia de cada cual.

4,17 El versículo parecería ser antimesiánico, de modo tal que “comen el pan de la maldad y beben el vino de la violencia”, en posible alusión al rito carroñero de la eucaristía[10].

4,18-19 Hermosa metáfora, digna de encomio.

4,21 Acaso deba leerse a la inversa, tal que “tus ojos no se aparten nunca de ellas”, ya que los divinos preceptos son, además de eternos, siempre iguales a sí mismos, amén de estar probablemente siempre en el mismo lugar.

4,24 Buen consejo, por cuanto la boca es pecadora.

4,25-27 Admirables consejos, ya sean entendidos en su sentido metáforico como en el literal. Dignos de memoria eterna.

También Jenofonte consideraba virtuosa tal conducta, como pone de manifiesto el pasaje de Constitución Lacedemonia III 3-5.

5,2 Acertada estimación de la ciencia y del bien hablar, verbo de los bienpensantes.

5,22 Impoluta comprensión de la naturaleza del mal que sobreviene al malvado[11].

5,1-22 En definitiva, éste es un ejemplar capítulo salvo el penúltimo hemistiquio. Por lo demás, sugiere preceptos de eterna vigencia.

6,6-8 El hagiógrafo alaba a la hormiga y a la abeja por su sabiduría, por cierto, cual pagano de culto agreste[12].

6,12-13 Es “el hombre perverso (…) hace guiños con los ojos, refriega los pies, habla con los dedos” una perspicaz observación[13].

7,4 Una vez más el hagiógrafo deifica ciertas virtudes[14].

7,6-23 Excelente narración.

8,5 Según el inquisidor, la locución debería rezar sus partes al revés, es decir, ‘entended, ¡oh, necios!, la cordura, y vosotros, simples, entrad en la discreción’.

8,11 El segundo hemistiquio es perfecto y nobilísimo.

8,12-21 Se deifica el concepto de ‘sabiduría’ tal y como se hace con el dios, esto es, se la venera con mayor propiedad que a una abstracta entelequia. De hecho, tal es como llevan haciendo los próceres politeístas, por cierto, centurias antes de que el hagiógrafo concibiera estas bellas palabras.

8,13 El uso del temor aquí es incorrecto, por más que el autor pretenda justicarlo. En efecto, éste parece ser consciente de lo inapropiado que resulta el término, habida cuenta el contexto lo contradice.

8,22-35 La identificación de la sabiduría como una divinidad es una conducta politeísta. Por otro lado, habida cuenta la sofisticación del texto, es probable que éste fuera compuesto más allá del s.IV a.C., cuando los clásicos helenos empezaban a influir más allá de sus límites originales.

8,36 El capítulo se ve coronado por un precioso versículo.

9,1-6 Este pasaje mantiene vagos paralelismos con el mito órfico del dios Dionisio. En efecto, el orfismo tardío se difundió notablemente entre los judios helenizados, de hecho, tal influencia parece dio lugar a la composicion del libro Hieros Logos, también conocido como ‘el testamento de Orfeo’. No obstante este último título, el autor podría muy bien ser un judío helenizado de la época alejandrina[15].

9,7-9 Tras estas palabras, en apariencia contradictorias, subyace un sublime concepto. A decir verdad, se viene a decir que al sabio se le corrige sin que ello le cause malhumor, y precisamente por ello ha llegado a ser sabio; por el contrario, pretender corregir al ignorante y soberbio no sólo es inútil, dada su incapacidad de corregir, sino que además acarrea interminables disputas[16].

9,10 El primer hemisitiquio debe leerse tal que ‘el principio de la sabiduría es el respeto al dios’, y de esta forma es bello e impecable. Por el contrario, empleando el manido ‘temor de Dios’ es torcido y blasfemo.

9,13-18 Se aprecia un tímido intento de personificar la ‘necedad’ como si fuera una especie de demón; no obstante, a juicio del inquisidor, tal práctica conduciría a la impiedad, por cuanto los vicios en todo caso carecen de orden. Esto último hace imposible que los vicios posean identidad propia, bien al contrario que las virtudes, que debido a su orden y pulcritud son los seres más propios e identificables[17].

9,13-18bis Este pasaje evoca el final de los versos áureos del culto órfico tardío, en el cual se relata cómo las almas, una vez libres de la carne, se dirigen hacia una pradera. Dos son las suertes para las almas, según sean iniciadas o profanas. Las almas iniciadas beben agua del lago correcto, merced a las instrucciones aprendidas en vida; sin embargo, las almas profanas, debido a su ignorancia, beben agua de la fuente del olvido, agua de Lete, que brota de una laguna exornarda con un albo ciprés. Estas últimas, debido a su ignorancia, quedan atrapadas en el ciclo de nacimiento y muerte, aquellas, en cambio, se ven libres tanto de la carne como del nacimiento y la muerte.

10,14 Se dice que “el sabio esconde su ciencia”.

10,17 Este versículo también evoca el mito órfico referente a la metempsícosis. En efecto, los iniciados memorizan unas instrucciones y ciertas señas, de modo que se aseguran el tránsito por la graciosa vereda de los inmortales. Por ende, téngase en cuenta que el culto órfico se difundió abastamente entre los judíos helenizados de la época alejandrina.

10,24 Correcta utilización del temor.

10,27 “El temor de Yahvé alarga la vida” sería cierto si, en este caso, el término ‘vida’ aludiera a la vida entre carnes, por cierto, la misma que trae la muerte consigo.

10,29 Si hubiera querido ser ortodoxo en la expresión, en vez de escribir “pero (el camino de Yahvé) es el terror de los malhechores” el hagiógrafo hubiese escrito ‘pero (el camino de Yahvé) les parece terrible a los malhechores’. En efecto, ¿no será que el camino del dios jamás y en ningún caso es terrible? ¿Acaso no es la confusión lo que hace parecer terrible aquello que sólo es adorable?

10,30 La Tierra, como toda obra del dios, nace y perece, por lo tanto, justo es decir que afortunadamente ni los justos vivirán en ella[18].

11,3 Ver al respecto 1,18-19/ 5,22/ 11,5/ 11,17 y 11,27.

11,4 No parece que el hagiógrafo se refiera aquí al ‘día del juicio final’, sino al día de la muerte individual y al juicio subsiguiente. Con todo, tanto si alude al ‘día del juicio final’ como si alude a éste otro, lo cierto es que llamarlo “el día de la ira” representa una blasfemia en todo punto, a fuer de que semejante pasíon impide sentenciar con justicia.

Asimismo, elucubrar que el dios no ejerce justicia en cada momento de la vida es impío[19]. Porque, ¿acaso no es él la propia justicia? Entonces, ¿cómo iba a reservar sus juicios para un día en concreto y para una única oportunidad? ¡Enloquecer para creer![20]

11,15 Palabras prudentes y dignas de ecomio.

11,17-18 Bellísimas sentencias. Ciertamente impecables.

11,31 Se alude al juicio del dios anterior a la muerte, por lo que se refrenda la enmienda a 11,4. Compruébelo el distinguido lector, en la traducción efectuada por Bover S.I.–Cantera: “si el justo recibe en la tierra su paga, ¡cuánto más el malvado y el pecador!”.

12,2 Sí, pero esto sucede en el transcurso de la vida de cada cual, como el propio autor proclamó en 11,31 (ver supra) contraviniendo así la doctrina borrega del ‘juicio final’.

12,7 La mejor interpretación de este versículo, a juicio del enjuto inquisidor, es entendiendo que el impío abandona ‘el ser’ ―esto es su parte divina― al dios y a lo inmutable que lo acompaña. En efecto, esto le lleva a caer una vez más en la generación, de modo que vuelve a ser desemejante a sí mismo.

Por el contrario, no debería interpretarse del modo fanático, según el cual todo impío desaparece para siempre. A decir verdad, en este caso el discurrir del hagiógrafo parece estar por encima de esas simplezas.

12,11 El segundo hemistiquio es precioso debido a su veracidad, porque es cierto que “el que se va tras las cosas vanas está falto de cordura”.

12,12-14 Maravillosa metáfora.

12,15 Es decir, el necio no atiende a consejos porque es necio y ésa es su triste condición[21].

12,16 Correcta utilización de la cólera, pasión de necios.

12,18 Hermoso símil, habida cuenta el sabio sana mediante sus propias palabras.

12,19 Es “el labio veraz se mantiene siempre, mas la lengua mentirosa, sólo por un momento” un correctísimo versículo lleno de piedad. En honor de la verdad, este duodécimo capítulo es en general muy inspirado.

13,11 Magnífica sentencia moral. Digna de recuerdo perpetuo. De hecho, el capítulo es de muy bella factura. Gócelo es distinguido y discreto lector.

14,2 Uso incorrecto del temor, el cual es consecuencia de la antigua carga que sin duda arrastra el por otro lado encomiable hagiógrafo. De ser piadosa la sentencia rezaría ‘el que anda en virtud aprecia a Yahvé’.

14,5-6 Verdades sin paliativos.

14,12 El hagiógrafo advierte de las falsas apariencias. Tomen nota los bíblicos de recalcitrante discurso y fingidas maneras[22].

14,13 El autor desaconseja hábilmente la conmoción de la risa y de la alegría; en efecto, “aun en la risa hay aflicción de corazón, y la alegría sucede la congoja”.

14,16 Según el inquisidor, la expresión correcta sería tal que ‘el sabio toma cautela y se aparta del mal’, habida cuenta el sabio no se aleja del mal por temor, sino por convicción y por amor al dios.

14,17 Correcta utilización del enojo.

14,20 Lamentable pero cierto[23].

14,26-27 Uso inapropiado del temor, por cierto, donde debería leerse “la fe en Yahvé es la confianza del fuerte (…). El respeto a Yahvé es fuente de vida”.

14,29 Buen uso del concepto de ira.

15,1 Empleo adecuado de la cólera.

15,3 Esto es lo mismo que decir que el dios es omnipresente, por lo cual este pasaje desacredita los infames casos de teolocalismo.

15,7 Otra buena acepción de la ciencia[24].

15,10 Palabras que deberían tener muy en cuenta los contumaces bíblicos, por cuanto rechazan toda corrección a las Escrituras. En efecto, según los más cervigudos de toga y soga, los Textos son la infalible palabra del dios; no obstante, las enmiendas compuestas en la presente acaso exciten a la rectificación[25].

15,15 Pasaje de connotaciones órficas. De hecho, la ontología del orfismo representaba a los coronados por los dioses en un eterno banquete.

Asimismo, entiéndase el término ‘pobre’ no ad líteram, sino como ‘falto de virtudes’ o bien ‘falto de piedad’.

15,16 Torpe empleo del temor. La tergiversación del término carece de parangón, amén de perpetrarse en relación a los más elevados contextos. En definitiva, constituye una grave impiedad, pero no solamente al dios, sino también al sagrado uso de la palabra[26].

15,17 Sentencias dignas de eterna memoria[27].

15,18 Uso adecuado del concepto de ira o enojo.

16,2 El ajusticiamiento divino mediante el peso de las almas es un rasgo propio del culto egipcio, entre otros, pero también del orfismo alejandrino[28].

16,4 Aquí se afirma que “todo lo ha hecho Yahvé para sus fines, aun al impío para el día malo”, por lo cual, no deberían ser exterminados para la eternidad, en tanto que la misericordia de Yahvé se extiende sobre “todas sus obras” (Sal.145[Vg144],9), porque “eterna es su piedad” (Sal.136[Vg135],1-26)[29].

16,22 El segundo hemistiquio es encomiable, como sucede en 16,24.

16,25 El autor advierte del peligro que suponen las apariencias frente a la infalibilidad de la ciencia, tal y como se entendía en la Antigüedad, esto es, como conocimiento de lo eterno. En fin, éste es un pasaje que deberían considerar los más recalcitrantes miembros de la Comunidad Bíblica.

16,31 Maravillosa estimación de la canicie, por cuanto se le llama “gloriosa corona en el camino de la justicia”[30].

No obstante, saber que “a veces nacen también canas en los hombres jóvenes fuera del tiempo que a su edad corresponde” (Píndaro Olímpica IV 24-25), de manos del mismo poeta que dijo de Damófilo que era “él, entre jóvenes un joven, pero en consejos un anciano que alcanzara cien años de vida” (Pítica IV 281-282)[31].

17,1 Véase 15,17 y enmienda.

17,5 A diferencia de lo encontrado en 15,15, el autor aquí se refiere a quien es pobre en términos materiales pero rico en espíritu[32].

17,10 Muy acertadas palabras[33].

17,14 Sentencias que necesitan ser recordadas también en la actualidad. En efecto, su vigencia continúa inmarcesible a la voracidad de Cronos.

17,16 Este comentario es lugar común en el acervo de la filosofía helénica[34].

17,21 Buen consejo para los padres, de quienes en mayor medida depende la futura conducta de sus vástagos[35].

17,27-28 Pasaje digno de la más honda reflexión.

18,10 Toda vez que el hagiógrafo se muestra por lo común muy digno, aquí tropieza en el pecado de teonimolatría, aunque no tenía necesidad de presentar semejante metáfora.

A decir verdad, las metáforas no son todas aceptables y correctas, por el mero hecho de ser un recurso estilístico; de hecho, ésta en particular, así como otras también señaladas en diversas enmiendas, es no sólo incorrecta, sino también inaceptable.

18,24 Incierto. No hay amigo que traiga la ruina a su prójimo, por lo menos mientras actúe como tal (Nácar-Colunga). Por tanto, la traducción piadosa acaso presentara el término ‘compañero’ (Bover S.I.–Cantera) y no ‘amigo’.

19,3 Blasfemia es inferir que el dios pueda irritarse.

19,4 Realidad lastimosa pero cierta, aunque no hay mejores amigos que las virtudes y no hay mayor amigo que el dios[36]. De hecho, en estos términos parece expresarse el autor en 20,6.

19,7 “El que persigue palabras no las alcanzará”. Cierto, puesto que las palabras no existen en realidad. Ahora bien, tal vez existan los conceptos denominados por las más elevadas palabras, en cuyo caso deberían perseguirse no las palabras, sino aquello que evocan[37]. Que de veras son alcanzables mediante lo que en el humano les es más afín, esto es, mediante el intelecto, cabría dudarlo no más tiempo del necesario.

Por el contrario, la sentencia que aquí se enmienda es digna de aplicarse a los teonimólatras, por cuanto adoran el presunto nombre del dios.

19,8 “El que adquiere cordura se ama a sí mismo”, como también ‘quien se ama a sí mismo adquiere cordura’. El verdadero significado de esta sentencia acaso lo exprese con mayor nobleza el axioma délfico ‘conócete a ti mismo’.

19,11 Buen empleo del término ‘cólera’.

19,12 Alegoría fácilmente malinterpretable. En efecto, la ira es una pasión injustificable en un individuo con cierta piedad, cuanto más en la naturaleza del dios.

19,13 Palabras de incólume vigencia.

19,23 Perversa manipulación del temor.

La Comunidad Bíblica precisa superar tamaño lastre, por ejemplo, empleando en su lugar alguna de las muchas palabras que enmendarían la blasfemia, tales como ‘amor’, ‘respeto’, ‘pudicia’, ‘vergüenza’, ‘consideración’, ‘piedad’, ‘contrición’, ‘humildad’ o ‘admiración’.

20,2 Metáfora fácilmente malinterpretable. En efecto, la cólera jamás es majestuosa, por mucho que a los necios se lo parezca[38].

20,11 Aguda y muy aprovechable observación. Tómela en consideración todo quien ahele bien criar a su prole[39].

20,21 Bello proverbio es el que dice que “lo pronto y aprisa adquirido no será después bendecido”[40].

20,22 “No digas: «Devolveré mal por mal»” son palabras que desprueban la pena del talión, por cierto, promulgada a los hombres por el propio Yahvé (Éx.21,24-25)[41].

20,27 “Candela de Yahvé es el espíritu del hombre que escudriña los escondrijos de las entrañas” es una correcta metáfora que parece oponerse al popular dicho: “¡cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos” (Rom.11,33)[42].

Sea como fuere, el caso es que podría aludir a la adivinación mediante la observación de las entrañas.

20,30 Acaso deban censurarse las agresiones físicas como reacción a una mala conducta. En caso que el pasaje fuera un símil éste sería malinterpretable, y por tanto, sería también inadecuado presentarlo en unos textos cultuales[43]. En definitiva, la correcta sentencia rezaría ‘las consecuencias del castigo son medicina contra el mal, y las correcciones llegan a lo más hondo del corazón’.

21,3 Se dice “haz justicia y juicio, que eso es más grato a Yahvé que el sacrificio”[44], como si el impartir justicia no fuera un sacrificio al dios.

21,14 Correcta utilización del furor y de la ira. Otrosí, se alude a la discreción que aplaca las pasiones.

21,16 El autor meciona a los ‘refaím’ (divinidades dispersas) en contraposición a los ‘el-hoím’ (diversidad de dioses en una esencia), evocando así las raíces politeístas del culto bíblico.

22,4 Incorrecto empleo del temor.

22,13 Aguda metáfora del hagiógrafo, por cuanto expone cómo el desidioso encuentra todo tipo de óbices y peligros, por cierto, a fin de evitar el deber que le es propio. También deja entrever de qué modo la pereza y el temor se coadyuvan[45].

22,17 Según el inquisidor, en lugar de exigir el sabio al lego “inclina tu oído”, la locución debería comenzar diciendo ‘eleva tu oído’[46].

22,24 Correcto uso de la ira y de la cólera[47].

23,9 Hermoso precepto cuya comprensión ofrece numerosos beneficios.

23,13-14 Horribles palabras que acaso contrarian los buenos métodos de enseñanza.

23,17 Persiste la contumacia de vincular el temor con la naturaleza del dios, por más que desde muy antiguo la diosa Hera le dijera a Zeus “no cabe el temor en ti” (Ilíada I 515).

23,20 “No te vayas con los bebedores de vino” podría ser una profecía antimesiánica que hiciera alusión al sacramento de la eucaristía, de modo que se advirtiera a los hijos de Israel de la llegada del mártir galileo[48]. No obstante, también puede referirse a los órficos, por cuanto éstos seguían un antiguo culto al dios Dionisio[49].

24,17 Noble es enunciar “no te goces de la caída de tu enemigo; no se alegre tu corazón por verle resbalar”[50], aunque en los mismos Textos se encuentren múltiples pasajes que incitan a lo contrario[51].

24,18 Blasfemia procaz, por cuanto el autor vincula ira o cólera con el dios. Pero bueno, ¿por qué nadie le dijo al hagiógrafo lo mismo que Odiseo refirió al Pelida, esto es: “cálmate y deja la ira, que corroe el ánimo” (Ilíada IX 260).

24,21 Perverso empleo del temor.

24,23 “No está bien tener acepción de personas en el juicio”. Sentencia correcta que deja en evidencia todos los casos de teonacionalismo.

24,29 Se desprueba explícitamente la pena del talión[52].

25,2 “Gloria de Dios es encubrir las cosas y honra del rey escudriñarlas”[53].

25,17 “Pon rara vez tu pie en la casa del vecino, no se harte de ti y te aborrezca” es una sentencia prudente y de completa vigencia.

25,21 “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer, si tiene sed, dale de beber” son hermosas directrices, pero también son opuestas a otras muchas, por cierto, manifestadas en las propias Escrituras incluso en boca del dios.

Como ejemplos tomados a vuelapluma véase Sal.35(Vg34),3-8/ Sal.109(Vg108),6-14/ Sal.129(Vg128),5/ 139(Vg138),19/ 139(Vg138),21-22/ Sal.140(Vg139),10y11/ Sal.143(Vg142),12/ Is.14,22-23/ Jer.10,25/ 19,3-5 y Os.9,14. En el mismo orden de cosas, en Sal.2,4/ Sal.37(Vg36),13 y Sab.4,18 se escenifica al dios burlándose de los impíos; en Sal.59(Vg58),9 se asegura que el dios se burla de todas las gentes, y en 1,26-30 se presenta a la sabiduría deificada burlándose de las desgracias ajenas. ¿Entonces? ¿Por qué tantísima hipocresía?

25,26 Magníficas palabras de eterna vigencia.

26,8 El hagiógrafo parece olvidar que, precisamente, ligando un chinarro a su honda, David derrotó al gigante Goliat (1Sam.17,40y49). Por lo tanto, perece éste un símil desafortunado.

26,12 Bellas palabras, aunque el necio es necio precisamente por creerse sabio.

26,19 Aguda observación y de vigencia completa.

27,1-2 “No te jactes del día de mañana, pues no sabes lo que dará de sí. Que te alabe el extraño, no tu boca; el ajeno, no tus labios” son muy sensatas palabras y dignas de ser recordadas.

27,4 Buen uso de la cólera y la ira.

27,6 “Leales son las heridas hechas por quien ama” es un admirable proverbio.

27,8 Versículo que lejos de ser patriota resulta patriotero, pusilánime y servil.

27,10 “Mejor es vecino cercano que hermano lejano” es un curioso y sagaz proverbio.

28,1 Palabras asombrosamente ciertas, pues acaso nadie pueda eludir su propia conciencia[54].

28,5 “El que busca a Yahvé lo sabe todo” es una sentencia ingrata al inquisidor, pues quien lo sabe todo es el dios y también quien le encuentra, no quien le busca y por tanto aún no lo ha encontrado. ¿O podría saberlo todo quien no ha encontrado al dios?

El hagiógrafo parece caer en la falta que él mismo advertía muy convenientemente, en 26,12.

28,13 Hermosas palabras que elogian la verdadera contricción.

28,14 Incorrecta utilización del temor.

28,19 “El que persigue quimeras hallará pobreza”, ahora bien, “mejor es el pobre que anda en integridad que el rico de perversos caminos” (28,6).

Asimismo, Hesíodo dice “nunca te atrevas a echar en cara la funesta pobreza que roe el corazón de los hombres, regalo de los eternos Bienaventurados” (Trabajos y Días 716yss.). Asimismo, es Critias quien se pregunta “¿Es preferible tener, compartiendo la casa, una torpe riqueza a una sabia pobreza?” (Estobeo Florilegio IV 33,10).

28,23 “El que reprende hallará después mayor gracia que aquel que lisonjea con la lengua”. Eximia sentencia con la cual el inquisidor se identifica[55].

28,26 “El que en sí mismo confía es un necio” es inadecuada afirmación, pues la confianza en uno mismo es previa e indispensable para una sólida confianza en el dios. Asimismo, una y otra confianza son complementarias y se ayudan.

29,1 Sentencia que parece contradecirse con la expresada en 28,23[56].

29,8 Uso correcto de la ira, vil pasión de mortales.

29,9 Importante precepto es “si un sabio disputa con un necio, que se enoje, que se ría, no tendrá reposo”.

29,15 Según el inquisidor, el uso de la vara sólo consigue hacer más malvado al golpeado. Las agresiones físicas sólo son necesarias en los casos de defensa y contraataque.

En efecto, otro tipo de castigos son más aconsejables, como los presentados en 20,30 ó 23,13-14[57].

29,22 Buen empleo de la ira y la furia.

29,25 Mal uso del temor[58].

30,4 El último hemistiquio adolece de teonimolatría, como le ocurre a 30,9.

30,6 “No añadas nada a sus palabras (de Yahvé) porque no te reprenda y seas hallado mentiroso”. Resulta asombroso y lamentable el acerbo conservadurismo, rancio y cervigudo, que rezuma el presente versículo. En efecto, es paradigma del peor fanatismo religiosos, lacra que enerva a los pobladores de la giratoria tierra.

30,18-19 Curioso es que al autor le sea estupendo “el rastro de la serpiente sobre la roca” siendo la sierpe símbolo del profundo mal (Gén.3,1yss.).

Acaso el hagiógrafo se esté refiriendo al tiempo pasado.

30,24-31 Ver emienda a 6,6-8, puesto que aquí también se profieren expresiones de devoción a diferentes animales.

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]     Véase 1,29 y 2,5.

[2]     Ver Eclo.27,30.

[3]     Ver 7,4 y enmienda.

[4]     Ver 22,12 y 24,4-5.

[5]     Véase 4,4/ 4,10 y 10,30.

[6]     Para mayor corroboración véanse los versículos subsiguientes. Con todo, ello no exonera que se trate de una metáfora en la cual el dios es el padre y los mortales sus hijos.

[7]     Ver enmienda a 3,1.

[8]     Véase 4,10.

[9]     Para mayor información véase enmienda relativa.

[10]    Véase Ecl.9,7 y Ecl.10,19 donde se aprecia la naturaleza del pan y del vino, además de considerarse el dinero “bueno para todo”.

[11]    Véase 1,18-19 y enmienda correspondiente.

[12]    Véase Sal.106(Vg105),20, donde el salmista desprecia el amor a la naturaleza bovina. Ver enmienda.

[13]    Véase 10,10 y 16,30.

[14]    Ver 1,20-21/ 1,26-30/ 8,1-4 y 8,12.

[15]    Véase 9,18.

[16]    Al resecto ver 10,8/ 17,10/ 19,20/ 21,11/ 25,12 y Eclo.27,28-30.

[17]    Al fin y a la postre, cada uno de los vicios no son otra cosa que las ausencias de sus virtudes relativas.

[18]    Al respecto véase enmienda a 2,21 y 21,16.

[19]    Sería como decir que cuando las nubes tapan la luz del sol éste deja de brillar.

[20]    Véase 11,31 donde se contradice tan insensata doctrina.

[21]    Véase enmienda a 9,7-9.

[22]    Asimismo ver 14,15.

[23]    Por ende, véase 14,21 segundo hemistiquio/ 14,31/ 19,4 y sus respectivas enmiendas.

[24]    Al respecto véase 2,10-11/ 19,2/ 19,27/ 22,12/ 24,4-5 y 30,3.

[25]    Ver 15,12 y 15,32.

[26]    Ver 15,33 y 16,6.

[27]    Asimismo véase 16,8/ 17,1 y 21,9.

[28]    Ver 24,12.

[29]    Asimismo, ver 4,4/ 10,30/ 11,4/ 11,31/ 12,2 y, en particular, las enmiendas correlativas.

[30]    Ver Lev.19,32 y 20,29. No obstante, aparece una muy oportuna matización al respecto en Sab.4,8-9.

[31]    Veáse también Pítica V 110-111.

[32]    Véase 18,23 y 19,1.

[33]    Al respecto ver 9,7-9.

[34]    Véase también 2,7-9.

[35]    También ver 17,25.

[36]    Véase 14,20 y enmienda.

[37]    Por ende, según el inquisidor, los males devienen a causa de la confusión entre el concepto eterno y la palabra caduca que lo representa. Véase Sab.6,11.

[38]    Véase 19,12 y enmienda.

[39]    Ver 22,15.

[40]    De otro modo lo expresa Jámblico: “la gloria conseguida en poco tiempo suele acompalarla un daño grave” (Protréptico XX 8).

[41]    De hecho, lo reprobable de la pena no es el procedimiento, sino que la ejecute un mortal y no la divinidad.

[42]    Véase también enmienda a Tob.12,11/ Sal.40(Vg39),6 y 25,2.

[43]    Véase 23,13-14 y enmienda correspondiente.

[44]    Sin embargo, el mártir galileo dirá “no juzguéis, y no seréis juzgados” (Lc.6,37).

[45]    En efecto, como dice el sofista Antifonte, “«la enfermedad es una fiesta para los cobardes»; gracias a ella no se enfrentan a la acción” (Estobeo Florilegio III 8,18). Además, véase 26,13.

[46]    Al respecto consúltese Sal.86(Vg85),1 y Sal.102(Vg101),3.

[47]    Véase también 24,19.

[48]    Al respecto ver 20,1/ 23,29-35 y 31,4-6.

[49]    En el mismo estado de comicidad, véase enmienda a 4,17.

[50]    En el mismo estado de generosidad, véase el propincuo pasaje 25,21.

[51]    Como ejemplos tomados a vuelapluma véase Sal.35(Vg34),3-8/ Sal.109(Vg108),6-14/ Sal.129(Vg128),5/ 139(Vg138),19/ 139(Vg138),21-22/ Sal.140(Vg139),10y11/ Sal.143(Vg142),12/ Is.14,22-23/ Jer.10,25/ 19,3-5 y Os.9,14. En el mismo orden de cosas, en Sal.2,4/ Sal.37(Vg36),13 y Sab.4,18 se escenifica al dios burlándose de los impíos; en Sal.59(Vg58),9 se asegura que el dios se burla de todas las gentes, y en 1,26-30 se presenta a la sabiduría deificada burlándose de las desgracias ajenas. ¿Entonces? ¿Por qué tantísima hipocresía?

[52]    Véase 20,22.

[53]    Véase 20,27 y enmienda respectiva. Véase también enmienda a Tob.12,11/ Sal.40(Vg39),6 y 25,2.

[54]    Ver 29,6.

[55]    Véase al respecto 29,5.

[56]    Ver enmienda correlativa.

[57]    Ver enmiendas relativas.

[58]    Véase 31,30.