La creación no ha terminado...

Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: SABIDURÍA

SABIDURÍA

Panegírico a la filosofía y memoria de los primeros favores de Yahvé para con Israel

1,7 “Porque el Espíritu del Señor llena el universo”. Es decir, que el dios está en todas partes, sin habitar en un lugar concreto o predilecto, por lo cual quedan aquí desacreditadas las expresiones de teolocalismo tan socorridas para las Escrituras.

1,8 “La justicia vengadora” son vanas palabras, pues la justicia no precisa la vil añadidura de la venganza; en todo caso sería ‘la justicia ajusticiadora’ o bien ‘la justicia punidora’.

1,11 Pensamiento innoble y que revela un bajo concepto del alma es afirmar que algo “da muerte al alma”. ¿Cómo iba a morir aquello que forma parte íntima del dios? ¿Qué significa ‘morir’ para el hagiógrafo? ¿Quiere decir que el alma se aleja de la inmortalidad? En tal caso, el inquisidor no podría hacer ningún reproche a la sentencia.

1,13 “Que Dios no hizo la muerte”, ahora bien, ¿podría existir algo que el dios no haya creado? ¿De dónde habría salido? ¿Qué necesidad le habría forzado a nacer? ¿Qué leyes son esas que el dios no establece? En fin, de ser cierto que el dios no hizo la muerte, ¿no será que la muerte entonces no existe? ¿Acaso la muerte no es tanto algo en sí como un proceso? ¿Acaso no sería mejor decir que la muerte deviene pero que jamás existe? Además de que el dios no hizo la muerte, se afirma que tampoco “se goza de la perdida de los vivientes”, ahora bien, tampoco sería sensato pensar que se lamenta, habida cuenta los vivientes no sólo viven, sino que también existen.

1,14 Acaso nada pueda haber completamente saludable y puro de lo sujeto a generación.

1,15 Parece correcto, esto es, que la justicia no forme parte de la generación, puesto que el devenir está siempre en desemejanza consigo mismo. Por el contrario, la justicia parece pertenecer a lo imperecedero, que siempre es igual a sí mismo y guarda parentesco con el dios.

1,16 Es cierto: los impíos no ven más allá de la muerte, y ello hace que su vida sea completamente distinta a la vida de los piadosos[1].

2,1-7 Clara alusión a los relativistas, epicúreos y hedonistas, al tiempo que evoca, entre otros muchos pasajes, las palabras que el autor parece expresar convencido en Ecl.1,3/ Ecl.1,14-15/ Ecl.2,11/ Ecl.2,15-16/ Ecl.2,24-26/ Ecl.3,1-8/ Ecl.3,12-13/ Ecl.3,18-20y22/ Ecl.5,17-19/ Ecl.6,7 ó Ecl.8,15[2]. Ahora bien, a diferencia del Cohelet, el presente autor no duda en condenar semejantes conductas.

2,11 Era éste lugar común entre los antiguos filósofos helenos. En especial fue Platón quien demostró con magnífica pericia que la justicia no pertenece al más fuerte; según dice, la auténtica justicia se halla en la sentencia que el alma deberá afrontar una vez muera su cuerpo[3].

2,14 “Es censor de nuestra conducta; hasta el verle nos es insoportable”. Debe recordarse el bello pasaje donde se dice que “molesta la corrección al que va por mal camino, pero el que aborrecé la corrección morirá” (Prov.15,10), o ese tan hermoso que reza “el petulante no quiere que le corrijan, por eso no va con los sabios” (Prov.15,12). Porque definitivamente es cierto: “el que tiene en poco la corrección menosprecia su alma, mas el que la escucha adquiere cordura” (Prov.15,32)[4].

2,16 “Y se gloría de tener a Dios por padre”. En efecto, era algo común atribuir a los mortales filiación con los dioses y con el dios, pero en especial a los hombres piadosos, habida cuenta éstos reconocen la paternidad divina. De hecho, ¿cómo no podría ser hijo del dios cualquier cosa creada por él? En definitiva, nada excepcional es que el galileo se proclamara hijo del dios (Mt.14,61-62), sin embargo, excepcional y repulsiva sí fue la manipulación que de ello hicieron los mesiánicos de hampa y estampa.

2,19-21 El ludibrio es común a todas las épocas, como también las intenciones de ejecutar escarnios de toda índole. Dicho esto, no es necesario que el texto aluda al galileo martiriócrata, puesto que antes de su mortificación hubieron un sinfín de torturas a inocentes[5].

3,4-7 Bellos versículos.

3,18 De estas palabras no puede deducirse que el ‘dia del juicio final’ sea un juicio colectivo y celebrado de una sola vez, como con pasmosa simpleza sostienen ciertos bíblicos de pétrea cerviz[6].

4,8-9 Hermosas palabras que trascienden la temporalidad y descubren la auténtica canicie.

Porque es cierto: “a veces nacen también canas en los hombres jóvenes fuera del tiempo que a su edad corresponde” (Píndaro Olímpica IV 24-25), de manos del mismo poeta que dijo de Damófilo que era “él, entre jóvenes un joven, pero en consejos un anciano que alcanzara cien años de vida” (Pítica IV 281-282)[7].

4,18 Según el inquisidor, no está bien decir “el Señor se reirá de ellos (los impíos)”, puesto que la risa es una perturbación de mortales y porque “aun en la risa hay aflicción de corazón” (Prov.14,13) y ciertamente “es locura” (Ecl.2,2)[8].

4,19 “En el oprobio sempiterno” es enunciar lo imposible, porque lo malo es inestable, desordenado y caduco, del mismo modo que el dios y el bien es estable, ordenado e imperecedero. Otrosí, cabe recordar que en Sal.145(Vg144),9 se asevera que el dios es misericordioso con “todas sus obras”, y en Sal.135(Vg134),1-26 se reitera a modo de letanía que “eterna es su piedad”[9].

5,14-16 A decir verdad, los impíos ponen sus esperanzas en cosas fútiles y perecederas, y tal vez por ello jamás sientan cerca al dios que les mueve[10].

5,20 Es blasfemo vincular la vil pasión de la cólera con el dios, pero también lo es asegurar que lucha contra alguien. ¿Por qué iba a luchar quien es perfecto? ¿Quién iba a oponerse al dios omnipotente?[11]

6,2 Aquí el autor censura a “los que os engreís sobre la multitud de las naciones”; ahora bien, ¿qué otra nación se engríe sobre las demás sino Israel? ¿Acaso no es la Comunidad Bíblica e Israel quienes deberían cantar ya su palinodia?

Así lo demuestran pasajes como Tob.14,6/ Sal.2,8/ Sal.9,7/ Sal.18(Vg17),48/ Sal.86(Vg85),9/ Sal.87(Vg86),6-7/ Sal.96(Vg95),9/ Sal.138(Vg137),4/ Cant.5,9/ 18,4/ 8,14/ Is.37,20/ Is.43,3 ó Is.54,2-3.

6,11 Versículo que evidencia la relatividad de lo expresado en Prov.19,7[12].

6,12-21 Este pasaje es todo un panegírico a la filosofía, fiel senda hacia el dios[13].

7,6 “Una es la entrada de todos en la vida, e igual la salida”. Hermoso proverbio que iguala a todo viviente con la mortalidad, su condición más humilde.

En el mismo sentido debe leerse a Píndaro, cuando dice que “común a todos llega la ola de Hades y asalta al no afamado y al famoso” (Nemea VII 30), “pues por igual morimos todos” (Ístmica VII 42). También el poeta Simónides dice algo semejante, cuando afirma que “la muerte, de la que no se puede huir, está suspendida sobre todos con igualdad: pues de ella igual parte les toca a los altos y a los bajos”. En efecto: “la muerte alcanza hasta al que huye del combate” (Lírica Griega Arcaica BCG Simónides frags.12 y 16).

7,7-21 Todo el pasaje es un precioso laudatorio a la teodicea.

7,22-30 El autor abunda en la necesidad de practicar la filosofía con tal de allegarse al dios.

7,24 Se aprecian ciertas semejanzas con las teorías expuestas en el Crátilo, diálogo del piadoso Platón, en relación con el movimiento de los seres divinos como por ejemplo la sabiduría[14]. No obstante, a juicio del inquisidor, nada es más ágil y difunde en mayor grado su pureza que el propio dios.

8,3 “Y el Señor de todas las cosas la ama (la sabiduría)”. De hecho, con estas palabras el hagiógrafo presenta al dios como el filósofo por excelencia[15].

8,13 Parece que el autor, tal y como haría un ateo, identifica la inmortalidad con la memoria que los descendientes guardan del fallecido.

8,14 Recuérdese lo expresado en 6,2 y en la enmienda correlativa.

8,20 “Porque era bueno, vine a un cuerpo sin mancilla”. Es un versículo que alude a la preexistencia del alma y a la ley ‘causa-efecto’ connatural a la encarnación. De hecho, al extrapolar el enunciado se deduce que los malvados encarnan en un cuerpo con mancilla.

El escolio de los doctores Bover S.I.–Cantera (1947) es ineficaz. A decier verdad, el hagiógrafo explicita que antes de llegar al cuerpo el alma puede ser más o menos buena, esto es, que no proviene directamente nacida del dios, pues en tal caso no cabría la posibilidad de que tuviera mancilla alguna. Por el contrario, el autor infiere que el alma proviene de un largo bajage, en el cual se acumulan vicios y virtudes.

8,21 El autor de la salmodia admite que, como toda noble virtud, la sabiduría proviene directamente del dios.

9,6 ¿Cómo iba a ser perfecto quien carece de sabiduría?

9,10 Pasaje servil y acomodaticio, pues la sabiduría no se dirige a alguien porque éste se lo ruege al dios, sino que adquiere sabiduría quien consagra su conducta a la virtud, esto es, quien sigue una conducta piadosa. En resumidas cuentas: la sabiduría no desciende hasta el hombre, sino que el hombre asciende hasta ella.

10,1 Según se relata en Gén.2,6y17 y según se corrobora en Gén.3,22, Adán no era sabio antes de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. En efecto, fue ese ‘pecado’ lo que permitió que tanto Adán cono Eva obtuvieran la sabiduría, así que ésta no “guardó al hombre” hasta que no hubo desobedecido al dios[16].

10,8 “Pues los que despreciaron la sabiduría, no sólo sufrieron el daño de no conocer el bien, sino que dejaron a los vivientes un monumento de su insensatez, para que no cayesen en olvido sus pecados”. Ahora bien, cabe recordar lo dicho al dios en Sal.9,6-7: “hiciste perecer al impío, borrando para siempre jamás su nombre. (…) pereció la memoria de ellos”[17].

10,9 Esto es, los filósofos.

11,9-10 Se dice que el dios juzgó con ira y por ello se comete otra blasfemia, porque es obvio que la ira obceca el juicio del más sensato. Otrosí, se asegura que el dios juzgó antes del ‘día del juicio final’, hecho que invalidaría semejante bobada, puesto que en todo caso el dios rige y ajusticia sin desfallecer un solo instante.

11,16-17 El autor explica con cierto tono despectivo el por qué de las plagas que azotaron la tierra de Egipto.

11,18 “Tu mano omnipotente, que creó el mundo de la materia informe”. Es decir, según el hagiógrafo el universo no se creó de la nada, tal y como sostienen bíblicos de sopa y tropa, sino que fue creado a partir de una cierta materia preexistente, como han creído siempre los hombres de bien[18].

En efecto, véase 2Mac.7,28 y enmienda. También véase Job 4,19/ Job 10,9/ Job 30,19/ Job 33,6/ Is.29,16/ ó Is.45,9, donde se nombra al creador con el sobrenombre de ‘Alfarero’, y, andamáis, donde se utiliza la alegoría del barro en el sentido de que, por cierto, algún tipo de materia se empleo para dar lugar a la creación[19].

11,21 Maravillosa sentencia es la que reza “todo lo dispusiste con medida, número y peso”, en alusión al dios cual pitagórico de ordenados pensamientos.

En el mismo sentido hablaron sobre los antiguos pitagóricos Aristóteles Metafísica I 5, 985-986a y también Porfirio Vida de Pitágoras 49-52.

11,24 El hagiógrafo le dice al dios “tienes piedad de todos”, lo cual, de ser cierto, invalidaría el dogma de la eterna condenación para los precitos. Otrosí, también asegura de él que “disimula(s) los pecados de los hombres”, que es tanto como decir que el dios prevarica. Sin embargo, acaso la verdad sea que no existe disimulo en el dios, por bien que desvela todos los defectos para que éstos puedan ser expiados[20].

11,25 Se loa al dios de tal guisa: “pues amas todo cuanto existe y nada aborreces de lo que has hecho; pues si tú hubieras odiado alguna cosa, no la habrías formado”. Éste no sólo es un bello elogio, sino que además se opone a varias sentencias aparecidas en los propios Textos[21].

Por ejemplo, en Eclo.12,6 se dice que “el Altísimo aborrece a los pecadores”, y un poco más abajo (12,3) se asegura que el dios “aborrecía(s) a los antiguos habitantes de (su) tierra santa”.

11,27 A semejanza de la cita atendida en la enmienda precedente, aquí se le agradece al dios de manera tal que se le dice: “pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amador de las almas”. En efecto, éste es un versículo digno de admiración, y funciona como corónide del enésimo capítulo[22]. De hecho, es tan bello como horribles son todos los pasajes que lo pretenden contradecir[23].

12,1 “Porque en todas las cosas está tu espíritu incorruptible” es una sentencia que, en cierta medida, justifica los diferentes cultos paganos a divinidades ctónicas pues, si el dios está presente en todas las cosas, ¿por qué no venerarle a través de las mismas? Sea como fuere, lo cierto es que el primer y segundo mandamientos (Dt.5,7-8) parecen censurar semejantes prácticas[24].

12,3 La sentencia “aborrecías a los antiguos habitantes de tu tierra santa (esto es, los cananeos)” se contradice de modo flagrante con la cita aparecida un poco más arriba “nada aborreces de lo que has hecho (…) pues amas todo cuanto existe” (11,25). Sin embargo los bíblicos, encarnación de la mismísima contumacia, todavía maquinarán alguna filatería, pues sus trapazas y su descaro son ya proverbiales.

12,7 “Esta tierra, ante ti la más estimada de todas” representa una nueva evidencia del execrable hedor que despide el teonacionalismo. Si es cierto que el dios no hace acepción, ¿cómo iba a preferir de antemano a una nación sobre todas las demás? ¿Qué extraña necesidad le obligaría a ello?

12,16 “Y tu poder soberano te autoriza para perdonar a todos” es una sentencia que se opone al borreguil dogma de la condenación eterna. ¡Chisme para timoratos!

12,21-22 Aquí se infiere que el dios comete acepción según sea la nacionalidad de la persona.

12,24 Se desprecia el culto a los animales, aun cuando en las mismas Escrituras se veneran en pasajes como el cercano 15,18-19 y otros como Job 5,23/ Job 41,1ó2yss./ Job 41,10u11-12ó13/ Job 42,17/ Prov.6,6-8/ Prov.30,24-31/ Is.30,6/ Is.30,27/ Ez.1,5-10 ó bien Os.2,18ó20; en fin, todo ello aun cuando en 12,1 se le dice al dios que “en todas las cosas está tu espíritu incorruptible”.

13,1-5 “Vanos son por naturaleza todos los hombres, en quienes hay desconocimiento de Dios, y que a partir de los bienes visibles son incapaces de ver al que es, ni por consideración de las obras conocieron al artífice. Sino que al fuego, al viento, al aire ligero, o al círculo de los astros, o al agua impetuosa, o a las lumbreras del cielo tomaron por dioses rectores del universo. Pues si seducidos por su hermosura los tuvieron por dioses, debieron conocer cuánto mejor es el Señor de ellos, pues es el autor de la belleza quien hizo todas estas cosas. Y si se admiraron del poder y de la fuerza, debieron deducir de aquí cuánto más poderoso es su plasmador; pues en la grandeza y hermosura de las criaturas, proporcionalmente se puede contemplar a su Hacedor original”. Todo ello es cierto; de hecho, mucho tiempo antes de que el hagiógrafo pudiera cabilar semejantes cosas, los paganos helenos decían que “todo es más débil que los dioses y la piedra hasta las artes de los hombres la quiebra”[25], y en absoluto creían que los dioses eran visibles, sino que “acerca de las cosas invisibles, acerca de las cosas mortales, los dioses tienen conocimiento claro; pero para los hombres sólo existe la posibilidad de juzgar a partir de signos”[26]. En fin, ¿por qué iba Zeus a ordenar al Sol “sigue, ¡oh, Sol! tú tranquilo alumbrando a los dioses eternos y a los hombres mortales también por la tierra fecunda”[27] sino porque habita más allá de todo astro, y porque “reina Zeus sobre el cielo”[28]? Porque lo cierto y verdad es que antes de que el impúdico hagiógrafo naciera, ya los paganos decían que Zeus “ordena y abarca todo el universo, en él reside toda bondad y toda belleza y las mantiene para nuestro uso intactas, sanas y sin vejez, sirviéndonos sin fallo más rápido que el pensamiento; realizador de las más grandiosas obras, regente invisible”[29]. Y por supuesto, entendían mucho mejor que el hagiógrafo procaz que “nadie debe despreciar lo invisible, sino que, reconociendo su poder por sus manifestaciones, hay que honrar a la divinidad”[30]. Bien al contrario, las Escrituras no son precisamente un ejemplo de piedad, a decir verdad, incapaces de cualquier abstracción y haciendo uso de un pueril folclore materialista, en muchos pasajes los hagiógrafos muestran fascinación por minúsculos animales o fabulosas bestias, sin ir más allá de sus cualidades o de su terrible apariencia, por ejemplo, en pasajes como 15,18-19/ Job 5,23/ Job 41,1ó2yss./ Job 41,10u11-12ó13/ Job 42,17/ Sal.111(Vg110),2-3/ Sal.118(Vg117),23/ Sal.139(Vg138),14/ Prov.6,6-8/ Prov.30,24-31/ Eclo.43,1yss./ Is.30,6/ Is.30,27/ Ez.1,5-10 ó bien Os.2,18ó20. En fin, quizá sea cierto eso de que “la pasión lleva a culpar a un inocente”[31], pero como es de justicia, “pago de mal género alcanza con frecuencia a los blasfemos”[32].

13,9 El hagiógrafo parece llevar razón en este caso[33].

13,10 Es probable que el versículo sea una profecía dirigida a la ingente obra producida por la imaginería bíblica. No obstante, el creyente de bien no adora a la materia, pues “todo es más débil que los dioses y la piedra hasta las artes de los hombres la quiebra”[34]. Además, todos los paganos sabían, igual antes como ahora, que los dioses helenos son “no de madera, no de piedra, sino de verdad”[35].

Es el emperador Juliano quien advierte que “al observar las imágenes de los dioses, no creamos que son piedra ni madera ni, por supuesto, que ellas son los dioses mismos, porque tampoco decimos que las estatuas de los emperadores son madera, piedra o bronce, ni que son los propios emperadores, sino estatuas de los emperadores. Todo el que ama al emperador contempla con gusto la estatua del emperador, y todo el que ama a su hijo contempla con gusto la de su hijo, y todo el que ama a su padre la de su padre; por tanto, todo el que ama a dios mira con gusto las imágenes y las estatuas de los dioses, reverenciando y temblando a un tiempo ante los dioses invisibles que lo contemplan” (Juliano Carta 89b 294bc-d)[36].

14,9 Sentencia que se opone y contrapone a la aparecida en 11,25, que reza “nada aborreces de cuanto has hecho”. Con todo, las pretendidas excusas que la falaz Comunidad Bíblica propala son tan numerosas como ridículas.

14,15-17 Sobre la apoteosis humana, véase una aparente contradicción del presente pasaje en Eclo.7,37.

14,18-21 A ciertos hombres se les considera divinos por su manifiesta y excepcional participación con el dios, es decir, se le aprecia tanto más cuanto mayor sea su parte divina, que es lo mismo que adorar lo que en él hay del dios. Ahora bien, ¿se podrían cifrar todos los personajes a los cuales rinde mendaz devoción la Comunidad Bíblica?

15,3 “Pues el conocerte es la justicia perfecta, y conocer tu poder es raíz de inmortalidad”. Es un versículo impoluto que evoca el antiguo ‘conócete a ti mismo’ inscrito en el templo de Apolo Delfio.

En efecto, es Jenofonte quien, merced a Sócrates, dejó escrito que el conocimiento de uno mismo “es el conocimiento más importante” (Memorias de Sócrates IV 2,24).

15,4-6 Se desprecia el arte de la pintura y de la escultura como ordena el segundo mandamiento. Sin embargo, no se dice nada al respecto de la arquitectura, de modo tal que se omite la adoración a templos, muros y demás construcciones. Sea como fuere, ¿se podrían enumerar las esculturas y frescos que la inagotable imaginería bíblica ha producido?

15,18-19 “Adoran a los animales más odiosos, que, comparados con los otros, son los más repugnantes; nada hay en ellos que los haga estimables como los otros animales en los que hay bellas cualidades, y hasta fueron excluidos de la aprobación y de la bendición de Dios”. Tal vez el hagiógrafo se refiera a los bellos animales descritos en Job 5,23/ Job 41,1ó2yss./ Job 41,10u11-12ó13 e Is.30,27 donde se representa al dios como un horrible leviatán/ Is.30,6/ la extravagante representacíón fáunica del dios aparecida en Ez.1,5-10/ Prov.6,6-8 donde el autor prorrumpe en alabanzas a la hormiga y a la abeja u Os.2,18ó20. No obstante, en Sal.106(Vg105),20 se desprecia a un animal tan noble y necesario como el buey; en Is.31,3 se dice que los animales carecen de alma; pero, en fin, en Is.31,3 e Is.65,25 se asegura que en el paraíso todos los carnívoros se convertirán en vegetarianos, como por arte de birlibirloque y fantasía[37].

16,6 El hagiógrafo alude al icono de la broncínea sierpe que adoraron los israelitas (Núm.21,4-9) hasta que Ezequiel suprimió semejante idolatría (2Rey.18,4).

16,7 Se dice que el dios es “Salvador de todos”, con lo cual dejaría sin validez alguna el dogma de los prescitos.

17,11-12 Uso ejemplar del temor.

18,4 El último hemistiquio encierra un peligroso teonacionalismo expansionista.

18,21 Si ese “varón irreprensible” quisiera ser Aarón, cabría recordar que él fue quien dirigió la idolatría al becerro de oro (Éx.32,1-24) y quien, junto con Moisés, fue hallado culpable por el dios a cuenta de lo sucedido en las Aguas Meribá (Núm.20,1-13). Por esto último, en efecto, ambos hermanos quedaron excluidos de entrar en la Tierra Prometida (Núm.20,22-30ó29).

18,22 Aarón no venció a la muchedumbre en el caso del becerro de oro, como aquí se asevera, sino que, bien al contrario, la muchedumbre acabó por convencerle a él (Éx.32,1-5).

18,24 Una vez más se alude a la diadema como objeto tradicional y no excepcional, como por cierto lo pareció en Sal.132(Vg131),18[38].

18,25 Torpe empleo del temor y atroz vinculación de la cólera con la divinidad. Dos blasfemias maculan un mismo versículo.

19,1 Vincular cólera e inmisericordia al dios es grave impiedad.

19,20 Las postreras palabras del libro rezuman el hediondo tufo del teonacionalismo, esa morbosa inclinación de apropiarse un patrocinio especial del dios por el hecho de pertenecer a cierto pueblo. De hecho, resulta difícil imaginar un comportamiento más repulsivo.

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]     Véase Ecl.2,15-16/ Ecl.9,24 y enmiendas correlativas.

[2]     No está de más dar una ojeada a sus correspondientes enmiendas.

[3]     Al respecto léase Platón República 352d-354c y 612b-613e. El hecho es que todas las culturas antiguas tenían conciencia de un juicio más allá de la muerte; sin embargo, sólo el atroz mesianismo pudo engendrar el retorcido concepto del ‘juicio final’.

[4]     Andamáis léase Prov.9,7-9/ Prov.10,8/ Prov.12,15/ Prov.17,10/ Prov.19,20/ Prov.21,11/ Prov.28,23/ Prov.29,5 y Ecl.5,17-19 con su enmienda, a fin de confirmar lo inapropiado del desprecio que aquí se corrige.

[5]     Recuérdese lo relatado en 2Mac.7,1-42.

[6]     Se hace oportuno consultar la cercana enmienda a 2,11 así como sus aledaños y pedanías. A tal efecto, lo mismo puede aplicarse a 4,20 y 5,1-3.

[7]     Veáse también Pítica V 110-111.

[8]     Asimismo, véase Ecl.7,3.

[9]     Véase Prov.12,2 y enmienda. Asimismo, léase Prov.11,31. Más adelante, en 11,27 del presente libro se le dice al dios “a todos perdonas”. En fin, ¿cómo sostener esto y al tiempo afirmar que existe un ‘oprobio sempiterno’?

[10]    Ver 16,29.

[11]    Cabe añadir que en 5,22 se presenta a la ira como parte activa de la acción divina.

[12]    Véase enmienda correlativa.

[13]    Ver también 7,22-30.

[14]    Platón Crátilo 411c-421c.

[15]    Compruébense las similitudes con lo expresado en Jámblico Protréptico 5,23-24.

[16]    Véase Gén.3,22.

[17]    Ver 5,14-16.

[18]    En efecto, parece natural que “nada podría salir de nada” (Lírica Griega Arcaica BCG Alceo frag.82).

[19]    Al respecto léase el escolio de Bover S.I.-Cantera (1947), donde los doctores convergen en la idea del caos primario como materia preexistente. En efecto, también es Hesíodo quien dice que “en primer lugar existió el caos” (Teogonía 116).

[20]    Véase 12,2, donde se corrobora la exégesis del inquisidor, pues se dice que el dios actúa “despertando la memoria de su pecado”.

[21]    En efecto, véase Lev.20,1-18/ Dt.28,15-68/ Dt.32,1-47/ Sal.44(Vg43),6/ Sal.78(Vg77),66/ Sal,96(Vg95),5/ Sal.145(Vg144),20/ Ecl.9,1/ Prov.12,7/ Eclo.12,6/ Is.1,28/ Is.11,13/ Is.13,9/ Is.26,19/ Is.33,14/ Is.41,11-12/ Is.45,14/ Is.66,24/ Ez.18,4/ Mal.1,3/ Am.6,8/ Am.8,14 y sus enmiendas correspondientes.

[22]    Véase 11,24 donde se dice del dios: “tienes piedad de todos”.

[23]    Pasajes como Sal.140(Vg139),11/ Sal.145(Vg144),20/ Prov.2,18-19/ Prov.12,7/ Sab.4,19/ Is.1,28/ Is.11,13/ Is.13,9/ Is.26,14/ Is.26,19/ Is.33,14/ Is.41,11-12/ Is.60,12/ Is.66,24/ Ez.18,4/ Am.8,14 ó Miq.5,9u8. Por ende, no está demás echar un vistazo a las enmiendas correlativas.

[24]    Véase 1,7.

[25]    Lírica Griega Arcaica BCG Simónides frag.48.

[26]    Los Filósofos Presocráticos BCG Alcmeón frag.392.

[27]    Odisea XII 385-386.

[28]    Hesíodo Teogonía 70yss.

[29]    Jenofonte Memorias de Sócrates IV 3,13.

[30]    Jenofonte Memorias de Sócrates IV 3,14.

[31]    Ilíada XIII 775.

[32]    Píndaro Olímpica I 27-35.

[33]    Véanse precedentes en Platón Crátilo 439a-b y en especial Fedón 83a-e ó 98c-99a.

[34]    Lírica Griega Arcaica BCG Simónides frag.48.

[35]    Lírica Griega Arcaica BCG frag.38 ‘Peán de Hermócles’).

[36]    Véase 14,8y12-14/ 15,17 y, en particular, 13,17-19, donde millares de bíblicos podrían verse reflejados, ahora bien, sólo en caso que tuvieran suficiente seso para ello, lo cual es improbable.

[37]    Véase enmienda relativa a 12,24.

[38]    Véase enmienda correspondiente.