La creación no ha terminado...

Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: SALMOS

SALMOS

Loas al dios o los cánticos del folclore religioso de Israel

2,2 “Contra Yahvé y contra su Ungido”. Resulta demasiado procaz la interpretación que de pasajes como éste hacen algunos, por cuanto la palabra ‘ungido’ apelaría al galileo a modo de profecía. A decir verdad, con este término ―esto es ‘ungido’ en castellano, ‘kjri-stós’ (cristo) tal y como recoge la versión griega[1], o bien ‘ma-schi-aj’ (mesías) en las copias en hebreo― las Escrituras aluden comúnmente a los eventuales dirigentes de Israel, ya sean sacerdotes, como es el caso de Aarón[2] (Lev.4,3/ Lev.4,5 y Lev.4,16), ya sean reyes, como sucede con Saúl (1Sam.12,3y5/ 1Sam.24,7y10/ 1Sam.26,9y11/ 1Sam.26,16 y 2Sam.1,14) o con David (1Sam.16,6/ 2Sam.22,51/ 18[Vg17],51ó50 y 132[Vg131],10); asimismo, también el rey Sedequías es aludido por los Textos con el apelativo de ‘Ungido’, como se puede leer en Lam.4,20, e incluso el rey Ciro lo era según Is.45,1.

Por lo tanto, es evidente que el término ‘Ungido’ podría referirse, sencillamente, al caudillo de turno que gobernara Israel, y además, no exitía posibilidad de error en la presunta profecía, puesto que de buen seguro aparecerían nuevos caudillos y sacerdotes. A la par, también era de esperar que los israelitas recibirían amenazas de naciones extranjeras, como al fin y al cabo ocurría desde los orígenes de Israel y como le ocurre a toda nación[3].

2,4 Las blasfemias se suceden. Ahora se dice que el dios es susceptible a la risa y se le escenifica burlándose de los impíos.

La muy sufrida evasiva, según la cual el estílo lírico aceptaría licencias como ésta, de hecho, no convence al enjuto inquisidor de la presente. Para éste, en la verdadera poesía siempre se emplean las palabras con corrección, y con ello no tiene por qué mermar el significado poético, si bien lo acentúa y lo exorna mucho más.

2,5 Se atribuye ira y furor al dios.

2,8 Al parecer esta profecía no se ha cumplido aún. Acaso es un tanto pretenciosa.

2,9 La alusión al ‘cetro de hierro’ sitúa la composición del salmo hacia el primer milenio a.C.

2,11 Léase como sigue con tal de no enloquecer: “servid a Yahvé con piedad, rendidle homenaje con fervor”.

2,12 En caso que el dios actuara, en efecto, jamás se airaría ni caería en la ira, pues ¿no será que al dios le quedan pequeñas las pasiones que encadenan a los humanos en lozas multiformes? ¡Tediosa es la expiación para los de jáquima cerril![4]

5,3 “Rey mío y Dios mío”. Como ya se ha dicho, es irreverente relacionar posesivos con el dios, ¿si él no pertenece a nadie, no será que todo pertenece al dios?[5]

5,8 La frase “me posterno ante tu santo templo, en tu temor” es profundamente blasfema, por cuanto debería leerse ‘respeto’ o ‘piedad’ donde se lee ‘temor’.

5,9 “Y allana tus caminos ante mí”. Acaso ésta sea una petición lujosa, amén de ser contraria a la bellamente expresada por Hesíodo, de modo que “de la maldad puedes coger fácilmente cuanto quieras; llano es su camino y vive muy cerca. De la virtud, en cambio, el sudor pusieron delante los dioses inmortales; largo y empinado es el sendero hacia ella y áspero al comienzo, mas cuando se llega a la cima, entonces resulta fácil por duro que sea” (Trabajos y Días 285-295). Así lo recoge Jenofonte en Memorias de Sócrates II 1,20-21 antes de citar al poeta Epicarmo en los pasajes “por fatigas nos otorgan los dioses todo bien” y “desgraciado, no busques lo blando, no sea que consigas lo duro” y a cuento de relatar el célebre mito del joven ‘Heracles en la encrucijada’, original de Pródico en su obra Las Horas y las Estaciones.

5,12 “Los que aman tu nombre”. Con este tipo de loas, a decir verdad, se tiende a venerar más la imagen de Yahvé que su propia esencia. De hecho, es en estos casos donde se verifica el defecto teológico de teonimolatría o ‘adoración de un presunto nombre del dios’. Éste es una especie de iconolatría sofisticada, habida cuenta se toma el nombre como icono[6].

Sin embargo, qué se le va a hacer, si “un hombre estúpido suele excitarse con cualquier palabra” (Heráclito frag.788 Los Filósofos Presocráticos I BCG).

6,2 Se vinculan al dios los defectos de la ira y de la indignación[7]. ¡Oh calamidad! ¡La blasfemia como recurso literario!

7,14 Infame representación de Yavhé a semejanza de Ares fragoroso, dios menor también conocido bajo el epítome de ‘el dios de la guerra’[8]. No obstante, a diferencia de Yavhé, Ares jamás se travistió de dios bondadoso, y hubo de escuchar del propio Zeus: “eres para mí el más odioso de los dioses dueños del Olimpo” (Ilíada V 890).

7,15-17 A juicio del inquisidor, ninguna relación tienen estos versículos con la reprochable pena del talión[9], sino con la preciosa ley ‘causa-efecto’, según la cual las culpas contraídas deberán ser inexorablemente expiadas y, por ende, sin que los individuos tengan por qué conocer sus faltas anteriores[10].

9,6-7 Adviértase que muchos impíos fueron célebres y sus crímenes son recordados[11]. La Fama, como sabían los antiguos, es caprichosa doncella que, desde el interior de la tierra, hace resonar a su antojo los actos de quien le parece, sin reparar en la bondad de los mismos.

9,7 Profecía que no se ha verificado. Lamentablemente, Israel todavía padece la enemistad de muchas naciones, y multitud de individuos aún siguen aborreciendo sus tradiciones teocráticas.

9,13 Se habla del dios bajo el apelativo de “vengador de la sangre”, cual si fuera el violento Ares portador de la negra parca.

En resumidas cuentas, la blasfemia constituye el recurso estilístico principal de los salmos.

9,21 Adviértase que no existe un temor saludable, si bien a éste cabría llamarle ‘cautela’ o ‘precaución’, pero nunca ‘temor’[12], pues como le dice Hera a Zeus “no cabe el temor en ti” (Ilíada I 515).

16(Vg15),11 La traducción presentada por Nácar-Colunga “la hartura de alegría” es defectuosa, bien al contrario que “la plenitud de gozo” presentada por Bover S.I.–Cantera o “el regocijo hasta la satisfacción” que ofrecen otras.

17(Vg16),8-13 ¿Acaso el dios no preferiría que los mortales dependiesen más de sí mismos que de él? ¿No es por esta razón que dota al hombre de cierto libre albedrío? En definitiva, decir que el versículo es gregario, cobarde y servil, aun cuando pretende ser piadoso, resuelto y humilde[13].

17(Vg16),15 El versículo no contraviene la sentencia que el dios proclamó en Éx.33,20, puesto que se refiere a verle una vez muerto y no siendo ya humano.

18(Vg17),9 La descripción parece más adecuada a un leviatán, símbolo del mal en las Escrituras, que al dios, precisamente a quien va referida[14].

18(Vg17),26-27 ¿Acaso el dios no sólo es piadoso, sino que es la misma piedad? ¿Acaso no sólo es íntegro, sino que es integridad? ¿No es siempre sincero porque es la propia sinceridad? En definitiva, ¿no será que el dios, más allá de poseer todos los atributos virtuosos, es la propia virtud?

18(Vg17),28 “Pues tú salvas al humilde y humillas los ojos altaneros”. A saber si el dios se dedica a humillar o ensalzar, siendo éstas actividades titánicas, concernientes a los mortales de azaroso devenir. Porque, ¿acaso el dios no se encuentra más allá de todo verbo?

A decir verdad, quizá los ministros del dios participen en cierta medida de la condición mortal, pero los monoteístas de mente angosta lo atribuyen todo a un solo dios, y por ello no se deleitan en semejantes goces. ¡Viva lo uno y lo múltiple, pues de su concordia fruyen los virtuosos!

18(Vg17),29 El iluminismo es un recurso tradicional en la mayoría de las religiones.

18(Vg17),33-35 En caso de que el humano estuviera dotado de cierto albedrío, en efecto, sería responsable tanto de sus faltas como de sus aciertos. Así pues, creer que el humano sólo puede ser culpable evidencia un carácter gregario y servil, propio de beatucos y tragasantos. En fin, prevéngase de ellos el distinguido lector.

18(Vg17),48 “El dios que me otorga la venganza y me somete los pueblos” es una abominable sentencia, primordio de males sin cuento como el teonacionalismo expansionista.

18(Vg17),51 Véase enmienda a 2,2.

19(Vg18),2-7 Aquí la alabanza al sol y a la creación es indefectible. Sin embargo, no son pocos los exegetas que procuran manipular al leyente, de modo tal que presentan la alusión al sol como un anuncio de la llegada del galileo. Otrosí, se dice del creador que “su pregón sale por toda la tierra, y sus palabras llegan hasta los confines del orbe”, de lo cual se infiere que el culto al dios puede realizarse también a través de la creación.

Esto último es abominación para la monoteísta Comunidad Bíblica, grupo de tragasantos de toga y soga, lechuginos de flébil fuste y fingidas maneras, gazmoños y pazguatos que derraman su enfermedad por doquier, embaucadores de mirada misticona y becerril. ¡Innúmero jaez! ¡Sálvese quien pueda!

19(Vg18),7 Aquí se establece el símil del dios con el sol, en una manifestación más de iluminismo[15].

22(Vg21),11 “Desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios”. A fuer del blasfemo posesivo, el inquisidor ve oportuno advertir cómo, muy a menudo, la ontología bíblica se circunscribe tan solo al espacio vital, siendo ello evidencia de antropocentrismo. En efecto, la cosmovisión bíblica parece desatender la existencia del alma anterior al nacimiento, triste condición que les priva de los mejores sentimientos de piedad.

Con todo, a fin de entender la frase del modo más piadoso, léase ‘antes de estar en el vientre de mi madre eres Dios para mi’; pues ¿no es el alma inmortal por complemento al cuerpo mortal? ¿Acaso no es el alma unigénita por aditamento al cuerpo nacido? ¿No será todo ello cierto habida cuenta el alma gobierna al cuerpo?

22(Vg21),17 “Han taladrado mis manos y mis pies” resulta una curiosa sentencia que podría recordar al martirio del galileo. Sin embargo, a pesar de que fuera una perfecta profecía, ¿qué? ¿Qué clase de religión es aquélla que se fundamenta en profecías sobre el devenir, y no sobre razonamientos sobre el ser? ¿Revelar lo que siempre existe no es profecía siempre? Entonces, ¿Por qué prestar atención a predicciones sobre el devenir? ¿No es ello propio de la muchedumbre?

22(Vg21),29 Parecería impropio del dios que no dominara la creación desde sus orígenes.

El versículo, como otros muchos enmendados en la presente, denota un triste primitivismo. A la par, quien de ello hace dogma evidencia un preocupante retraso teológico. ¡Sálvese quien pueda!

23(Vg22),4 Aquí el concepto de ‘temor’ está bien utilizado[16].

24(Vg23),5 “Ese alcanzará de Yahvé (…) justicia”. Pero bueno, ¿acaso puede haber mortal que no reciba justicia del dios? Si en realidad el dios no sólo imparte justicia, sino que es la propia justicia, entonces nadie podría sustraerse, ya sea pobre u opulento, desposado o célibe, púbero o grandevo, ya que no existen apariencias para el dios, ni lo futil ni lo perecedero, ni tampoco las ilusiones que encadenan las almas a la carne.

24(Vg23),10 En caso de interpolarse “es Yahvé, el dios de los ejércitos” por ‘es Ares, el dios de los ejércitos’, el sentido de la locución no sólo quedaría invariable, sino que también sería más correcto, pues conviene atribuir conceptos menores a dioses menores. Sin embargo, esta piadosa práctica es inhibida por el monoteísmo atroz, dado que otorga toda regia cualidad al dios supremo, provocando así no sólo todo tipo de paradojas y sinsentidos, sino también toda índole de blasfemias e impudicias[17].

25(Vg24),20 “Guarda mi vida y sálvame”. ¡Qué problema para el suplicante si para salvarse debiera antes morir![18] Por ende, palabras dirigidas al dios del tenor “no tenga que confundirme de haberme acogido a ti” (Nácar-Colunga) o “nunca me avergüenze de haber a ti acudido” (Bover S.I.–Cantera) e incluso en la traducción más prudente “no sea yo avergonzado pues en ti me he refugiado” (Atalaya del Nuevo Mundo) representan una impiedad formal y en toda regla, pues el interesado salmista desconfía que, una vez sacrificado al dios, éste no le corresponda como él esperaba.

27(Vg26),1y3 Correcta utilización del concepto ‘temor’[19].

27(Vg26),9 Versículo más propio de un resabido poema romántico que de un salmo religioso. De hecho, a criterio del inquisidor, el nivel teológico de los salmos no es nada notable, sino más bien reflejo de rusticidad y patrioterismo de baja estofa.

29(Vg28),1 Esta infame súplica “dad a Yahvé la gloria y el poder” (Nácar-Colunga) o “tributad a Yahvé gloria, alabanza” (Bover S.I.–Cantera), ponen de manifiesto cuan blasfemas pueden llegar a ser las Escrituras. ¿Acaso el dios no es de por sí gloria y poder? ¿Por qué motivo precisaría de alabanzas? ¿No es el hombre quien necesita alabar al dios mediante su conducta? ¿Es posible adorar al dios como es debido, cuando se emplean vanas palabras de floripondio y tornasol?

29(Vg28),2 “Postraos ante Yahvé con sacros ornamentos”. Según el inquisidor, los ornatos materiales son más un obstáculo que una necesidad para servir al dios y para rendirle culto. Los sacros ornamentos son las virtudes que engalanan el inmortal vestido, y a ésos debe referirse el hemistiquio[20].

30(Vg29),6 “Porque un instante dura su cólera”. Ni es correcto atribuir la cólera al dios, pasión que amarra el alma a la carne, ni es acertado hablar de él en términos de temporalidad, pues Zeus egidífero mora altitonante con áureo trono sobre el devenir y la generación, crisol de los ignorantes comedores de pan.

31(Vg30),6 Versículo cuyo empleo sólo es proporcionado para quien se encuentra en las postrimerías de la vida, como por cierto hizo el galileo, de quien se dice que lo recitó colgado del madero estableciendo así la martiriocrácia.

31(vg30),7 La iconolatría bíblica es ingente. Insuperable. La iconología helena, en cambio, completamente incomprensible para pudibundos de freno y heno.

31(Vg30),18 La malvada frase “confundidos sean los malvados, y mudos (bajen) al seol” debería leerse tal que ‘iluminados sean los malvados, y bienhablantes (suban) al Olimpo’[21].

32(Vg31),1-5 Preciosos versículos que enseñan la bondad de confesar los pecados, por cuanto es cierto que ello antecede a la expiación de los mismos. Sin embargo, el andariego inquisidor advierte que si la confesión se realiza con espíritu contrito, en efecto, ésta resulta efectiva no sólo en caso de ser dirigida al dios, sino también si es dirigida a cualquier allegado, pues la teofanía alcanza cualquier confín, y el dios se derrama glorioso por toda su creación. ¡Divino comprenderlo! ¡Gozo de pocos!

33(Vg32),6 Es politeísta el pasaje “todo su ejército (fue hecho) por el aliento de su boca”, refiriéndose a sus ministros quines, según reza el propio hemistiquio, son de naturaleza inmortal, puesto que surgen de la íntima naturaleza del dios que es su aliento, alma o esencia.

Así pues, en poco o nada se diferencia este relato, a fuer de la simpleza y adustez formal, de los mitos que narran la constitución de los dioses menores a partir de un único ser original.

33(vg32),8 Versículo temiblemente abominable.

33(Vg32),12 El segundo hemistiquio es repugnante. Si la heredad del dios es toda la creación, en efecto, que una parte de ésta se denomine ‘pueblo de Dios’ en sentido exclusivo y preferente respecto de otras naciones, por cierto, es repelente y petulante en gran medida. ¡Poza de odios sin fin! ¡Resquicio de males sin cuento!

33(Vg32),19 “Para salvar sus almas de la muerte”. No deja de ser curioso que un ser racional crea en el alma al tiempo que la considera mortal. Sea como fuere, evidencia un bajo concepto de la naturaleza del alma.

A juicio del caduciforme inquisidor, que el alma gobierne y el cuerpo le sirva significa que aquella parte es noble y ésta servil, y que una y otra se complementan a fin de de que los seres vivos puedan existir. Por tanto, conociendo que el cuerpo es mortal y engendrado, en efecto, parece natural que el alma sea inmortal e ingénita. Por último, acaso el salmista quisiera decir que muere no tanto el alma como la identidad personal; ahora bien, en tal caso la desaparición sería proporcional a los caracteres pasajeros que la conformasen antes de morir.

34(Vg33),1 Memorable comportamiento de David, por cierto, que bajo el contexto salmódico fue inspirado por el dios. ¡Oh calamidad![22]

34(Vg33),5 Muy correcta utilización del concepto de ‘terror’.

34(Vg33),8-10y12 El significado del temor es tergiversado para retorcer las conciencias de la masa, como en tantas otras ocasiones. Por ende, se menciona de nuevo al muy insulso ángel de Yahvé.

34(Vg33),23 Versículo incompatible con la enmienda relativa a 33(Vg32),19.

35(Vg34),1-2 Blasfemia es decir que el dios contiende o combate, pues acaso sólo luchen quienes en sí mismos albergan algún conflicto. ¿No está el dios libre de todo verbo? En todo caso, ¿no es cierto que el dios ayudaría a quienes sí requieren lucha y purificación?

35(Vg34),3-8 Es muestra de vileza espiritual desear el mal para el enemigo. A decir verdad, el hombre de pro, si es piadoso e iniciado en la senda del bien, anhelaría en todo caso el mejoramiento de todo mortal, sin diferenciar entre amigo o enemigo[23].

35(Vg34),10 Se pregunta el salmista “¿quién semejante a ti, ¡oh Yahvé!” mientras que la respuesta se proclama desde muy antiguo: “hagámos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gén.1,26)[24].

37(Vg36),8 Correcta utilización del enojo, la cólera y la excitación, por cuanto aquí todo ello está desaconsejado por el salmista.

37(Vg36),9 El inquisidor, que rehuye las ideas de exterminio y mundanidad, ofrece una lectura del versículo tal vez más conveniente, de modo que “los malvados serán ajusticiados, mas los que confían en Yahvé poseerán los cielos”[25].

37(Vg36),13 “El Señor se ríe de él (el impío)”. Tal escena es inconcebible sin caer en impiedad al mismo tiempo. ¿Por qué olvidar que el dios habita longincuo a la risa o a sus causas? ¿Por qué obviar que aún con menos motivo reiría de alguien en particular, cual tracia de pícaras mientes?[26]

Sea como fuere, lo más acertado sería relacionar al dios con la sonrisa, pues “el necio, cuando ríe, ríe estrepitosamente; el discreto apenas sonríe por bajo” (Eclo.21,23).

37(Vg36),16 Es “mejor le es al justo lo poco que la gran opulencia de los impíos” una hermosa y verídica sentencia, como la expresada en 37(Vg36),18.

En el mismo tenor habla la musa mediante Hesíodo, cuando advierte “nunca te atrevas a echar en cara la funesta pobreza que roe el corazón de los hombres, regalo de los eternos Bienaventurados” (Trabajos y Días 716 y ss.).

37(Vg36),27 “Apártate del mal y haz el bien, y habitarás por siempre” es un precioso y admirable precepto, digno de ser recordado.

38(Vg37),2 Es impío decir que el dios reprende y que padece furor o ira; sin embargo, piadoso es sentenciar no sólo que corrige, sino que es la misma corrección[27].

40(Vg39),6 “Yo quisiera anunciar (las maravillas de Dios), hablar de ellas, pero sobrepasan todo número”; frase ciertamente pusilánime, que contrasta con la expresada por el arcángel Rafael “es glorioso revelar las obras de Dios” (Tob.12,11). Cabe decir, además, que no tiene porque causar estupor intentar revelar sus maravillas, por lo menos, en cuanto a las que cada uno crea conocer[28].

Al respecto cabría recordar a Píndaro, quien advirtió que “hay un dicho entre los hombres: ‘la noble acción cumplida no la ocultes so la tierra en silencio’. Un canto divino de palabras de júbilo merece” (Nemea IX 6-7).

40(Vg39),7 “No te complaces tú en el sacrificio y la ofrenda; (…) no pides ni holocausto ni sacrificio expiatorio”. Versículo que se contradice con las numerosísimas peticiones de todo tipo de holocausto y oblaciones, que tanto gustan a Yahvé, dios de rebaños.

A tal efecto véase Gén.8,18-22/ Gén.8,20/ Gén.9,8-16/ Gén.22,1-4/ Gén.31,54/ Éx.12,2-14/ Éx.24,5/ Éx.29,26y28/ Éx.29,38-42/ Lev.1,4/ Lev.1,3y5/ Lev.1,5y11/ Lev.1,6-9/ Lev.1,10y14/ Lev.1,12-13/ Lev.1,14-17/ Lev.3,1-2/ Lev.3,3-5y9/ Lev.3,6y12/ Lev.3,8y13/ Lev.4,2y13/ Lev.4,14-21/ Lev.4,22y27/ Lev.4,29/ Lev.5,6-7/ Lev.5,10/ Lev.6,8-13/ Lev.6,30/ Lev.7,8/ Lev.7,11-15/ Lev.7,16-21/ Lev.7,28-36/ Lev.8,18-21/ Lev.12,6-8/ Lev.14,2/ Lev.14,30-31/ Lev.15,13-15/ Lev.15,30/ Lev.16,3y5/ Lev.16,29-30/ Lev.19,5-8/ Lev.23,6-8/ Lev.23,15-19/ Lev.23,16-18/ Núm.6,13-14y17/ Núm.8,6/ Núm.8,11-12/ Núm.10,10/ Núm.15,3y8/ Núm.15,26y29/ Núm.15,30-31/ Núm.28,3-8/ Núm.28,9y10/ Núm.28,16-19/ Núm.28,24/ Núm.28,26-31/ Núm.29,7-11/ Núm.29,12-39/ Jue.11,30-31/ Jue.11,39-40/ Jue.20,26/ Jue.21,4/ 1Sam.13,9/ 2Sam.24,25/ Job 1,5 y un largo etcétera que resultaría ocioso de trasliterar. Otrosí, léanse los versículos siguientes, en los que se explicita el obligado cumplimiento de la ley revelada en el Pentateuco[29], de guisa tal que “en el rollo del libro me está prescrito” (40[Vg39],8). En definitiva, es difícil que una contradicción sea más obvia, y empecinarse en justificarla es síntoma de profunda demencia[30]. Por último, véase 50(Vg49),9-14/ 51(Vg50),188 ó 66(Vg65),13y15, pero a fin de encontrar una palmaria contradicción diríjase a 51(Vg50),21 donde se le dice al dios “te agradarás de los sacrificios legales, de los holocaustos y oblaciones”.

41(Vg40),14 La fórmula “Amén. Amén” debía realizarse como pregunta del corego, a la cual correspondería el primer ‘amén’; el segundo correspondería a la respuesta de la grey. De hecho, aún hoy se lleva a cabo de tal forma en multitud de lugares donde se adoran las Escrituras[31].

42(Vg41),9-10 Parece que estos dos versículos se contradicen.

44(Vg43),4 Ver enmiendas al respecto del grado de responsabilidad en las buenas obras, tanto de los ministros del dios como del propio dios[32].

44(Vg43),6 “En tu nombre pisotearemos a nuestros adversarios”. Sentencia que ejemplifica la incorrecta comprensión de la piedad, de la cual adolece el culto bíblico desde su mismo origen. En efecto, pensamientos como éste han dado lugar a innúmeras malquerencias. ¡Madriguera de odios sin cuento![33]

44(Vg43),24 Este pasaje demuestra lo absurdo del culto salmódico.

45(Vg44),7 Es evidente que, durante todo el pasaje, el salmista alude al rey de Israel, por lo que interpretar aquí una profecía mesiánica es sólo propio de beatucos y tragasantos de aúpa y agrupa, quienes por doquier ven profecías de mesianismo y oropel.

Adviértase que el linaje o ‘trono’ de David dejó de gobernar mucho tiempo ha. ¿Tal vez mudó el dios la alianza como quien muda de zapatos? ¿Acaso no son perpetuas las leyes y las alianzas del dios?[34]

46(Vg45),3 Correcta utilización del concepto ‘temor’, que evidencia la manipulación a la que el término ha sido sujeto en multitud de ocasiones[35].

47(Vg46),3 Se califica a Yahvé como “el terrible”, es decir, mediante un apelativo que constituye una soez desvergüenza.

49(Vg48),13 Respecto a la naturaleza dual del humano, esto es, mortal y divina, véase 49(Vg48),21, donde se insiste en la impermanencia de aquélla.

51(vg50),21 Existe contradicción entre éste y los versículos 51(vg50),18-19.

Lamentablemente, la ambigüedad es empleada como recurso estilístico en los Textos, y ello parece propio de quien tiene mucho que esconder y poco que razonar. ¡Resquicio de mal! ¡Brecha de infecciones sin cuento![36]

56(vg55),8 Se atribuye la vil pasión de la cólera a Yahvé, cometiendo así una blasfemia más de tantas que ya han sido enmendadas por el diligente inquisidor, amador de Zeus padre de hombres y de todos los dioses[37].

56(Vg55),12 Excelente empleo del concepto de ‘temor’ que deja en evidencia todos sus usos incorrectos, en los que se mezcla el bien con el mal[38].

57(Vg56),4 Los que acosan a los justos, precisamente por ello, están confundidos. Por lo tanto, rogar a dios que les confunda es como pedir que sean aún más ignorantes y, por ende, que sean más malvados y más acosadores de los justos. ¡Necio! que buscando patrocinio recibes sólo latrocinios.

58(Vg57),11 Versículo repugnante.

59(Vg58),6 Se le exige al dios “no tengas piedad de los que obran pérfidamente”, toda vez que ningún otro es susceptible de la piedad del dios, más que los culpables, si bien ésta es una virtud no exenta de castigos curatrices.

59(Vg58),9 Versículo impúdico como pocos, pues reza que el dios hace “burla de todas las gentes”.

59(Vg58),12 Versículo objeto de muy variadas traducciones.

59(Vg58),14 “Acábalos en tu furor, acábalos y dejen de ser, y sepan que hay un Dios”, clama el salmista con odio irracional[39]. Ahora bien, el inconveniente de esta bravata, amén de la blasfemia del furor, es que si el dios los hiciera desaparecer, en efecto, no tendrían la posibilidad ya de conocer si hay uno o varios dioses.

60(Vg59),3 Concepto del dios nefasto y primitivo.

60(Vg59),6 Defectuosa utilización del temor, pues debería leerse ‘respeto’ o ‘amor’[40].

61(Vg60),6 En el segundo hemistiquio se peca tanto de tergiversación del concepto de ‘temor’ como de teonimolatría.

62(Vg61),13 El hecho de dar “a cada uno según sus obras” no representa piedad, como por cierto proclama el salmista, sino sencillamente justicia o equidad[41].

Sin embargo, cabría leer Prov.24,29: “no digas: «(…)le devolveré a cada uno según sus obras»”.

66(Vg65),2y4 Se comete teonimolatría una vez más[42].

66(Vg65),7 Se salmodia “a los rebeldes, para que no se levanten contra Él”, por más que los rebeldes, precisamente por ser rebeldes, ya están levantados contra el dios. Ahora bien, que al dios de hombres y dioses ello le preocupe más de lo necesario es improbable, pues la ley siempre existente tiene por fin que los impíos entiendan la preminencia de lo inmortal.

67(Vg66),2,4y6-8 Uso correcto de concepto de ‘alabanza’ y ‘bendición’, por cuanto se muestra que uno es propio de mortales y otro de inmortales.

68(Vg67),5 “Yahvé es su nombre”. Tremenda sentencia que pretende imponer el nombre del dios. Al fin y al cabo éste es un claro ejemplo de teonimolatría[43].

Al respecto deben ser recordadas las palabras de Heráclito, en tanto que “Uno, lo único sabio, quiere y no quiere ser llamado con el nombre de Zeus” (Clemente de Alejandría Stromateis V 116), de modo que así desaconsejaba la adoración al presunto nombre del dios.

68(Vg67),9 “Ante Dios, Dios de Israel”. La arrogación indebida del dios es tal vez el pecado más grave que un creyente puede cometer. ¡Infecta poza de odios! ¡Urdidumbre de impudicia![44]

68(Vg67),16-17 En su delirio teonacionalista, el autor no sólo coloca al dios en medio de un pueblo predilecto, ora en medio de una tribu, ora en el seno de un individuo, sino que además lo sitúa en un monte determinado, del cual se presume que los demás parajes sienten envidia.

Con todo, parece inconcebible un perjurio más petulante y execrable, y parece imposible caer más bajo en la manipulación del concepto del dios. En efecto, del teonacionalismo se degenera esta rara y vomitiva actitud, llamada ‘teolocalismo’, esto es, la morbosa identificación del dios en un lugar particular[45].

68(Vg67),18 Versículo que aparece teñido del politeísmo más multíplice, habida cuenta “los carros de Dios son millares de millares”.

Además, este símil evoca el precioso mito de ‘la divina recua’, aparecido en la obra de Platón Fedro 246e-247e.

68(vg67),20 “Bendito sea (…) el Señor”. Acaso es impiedad que un mortal pretenda hacer bendito a la propia beatitud[46].

68(Vg67),23-24 Versículos sólo excusables en caso de vincularse al dios Ares, portador de violentas acciones y vahos de mortandad, pero abominables si están asociados al dios de dioses y de hombres.

En efecto, ésta es una de las muchas limitaciones que padece el monoteísmo atroz, pues debido a sus ramplonas reducciones no distingue ya entre virtudes de uno u otro jaez, sino que relaciona toda virtud con un solo dios.

68(Vg67),35 “Dad a Dios el poder” es una tremenda sentencia que constituye una grave impiedad. ¿Cómo precisaría el dios que ignorantes mortales le otorgaran el poder? ¿Acaso el dios no es origen de todo poder? Por otro lado, en el tercer hemistiquio se lee “su poder (está) sobre las nubes”, lo que en cierta manera refrenda la presente enmienda. Otrosí, no sólo se dice que su poder está sobre las nubes, sino que “su majestad está sobre Israel”, a lo que cabría añadir ‘por cierto, como sobre todo lo creado’.

En definitiva, el enfermizo empeño en arrogarse un especial favor del dios, ya sea el teonacionalismo, el teolocalismo o la teonimolatría, rezuma cual pestilencia por doquier las Escrituras, y manifiesta la debilidad y los complejos del culto tradicional bíblico.

68(Vg67),36 A modo de corónide para la salmodia se presenta este inestimable versículo, de manera que en un breve espacio se compendian, cual quiste ponzoñoso, varias de las blasfemias que son habituales en los Textos. En primer lugar, se califica al dios de ‘terrible’, toda vez que terrible es aquello que causa terror, mas el dios acaso genere lo contrario. En segundo lugar, se dice que es “el Dios de Israel”, como si el dios hiciere acepción de nacionalidades. Y ya por último, se pretende bendecir al dios desde la mortalidad humana, toda vez que los únicos dignos de bendecir son los dioses, si bien el dios es la misma beatitud. En fin, lo cierto es que el lector queda expuesto a una calamidad tras otra, que tal vez queden enmendadas en la presente inquisición.

69(Vg68),24-29 Tremendas imprecaciones hacia los malvados. A decir verdad, nada de piadoso contiene este pasaje.

69(Vg68),25 El versículo vincula tanto la ira como el furor de la cólera al dios de dioses. Es en definitiva una formal blasfemia. En fin, qué decir al salmista, sino lo mismo que Ulises al Pelida: “cálmate y deja la ira, que corroe el ánimo” (Ilíada IX 260).

69(Vg68),29 Se ruega al dios el exterminio de los malvados, contraviniendo así que es “su misericordia sobre todas sus obras” (145[144],9) y que “los bienes y los males (…) vienen del Señor” (Eclo.11,14).

69(Vg68),31-32 ¿También más gratos que un judío ensartado en una cruz? ¿Más gratos que la miríada de iconos que sin cesar elabora la imagenería bíblica? ¿Más? ¿Más satisfactorios al dios que el culto a piedras, templos, altares, vasijas y demás objetos inertes?

70(Vg69),6 Versículo que ya no es pío, sino gregario y servil[47].

71(Vg70),20 “Tú me has hecho probar muchas angustias y calamidades, pero de nuevo me darás vida y de nuevo me harás subir de los abismos de la tierra”. Acaso ésta sea una alusión tácita a la preexistencia del alma y al proceso de transmigración.

72(Vg71),1-17 El paciente inquisidor no ha reconocido en ningún lugar una evidencia de profecía mesiánica. A su juicio, el salmo es una formulación de buenos deseos para el entonces actual rey de Israel y sus eventuales sucesores.

72(Vg71),18 Se perpetra la impiedad de pretender bendecir no ya al dios, sino al supuesto nombre, hecho que constituye el pecado de teonimolatría. Asimismo, se comete la grave impudicia de arrogarse para sí la predilección del dios de la creación, con el manido “Dios de Israel”, constituyendo así el pecado de teonacionalismo.

72(Vg71),19 Una vez más el texto comete el pecado de teonimolatría[48].

74(Vg73),2 Otra vez se parcela y sectariza la figura del dios. Otrosí, en el culmen de la desfachatez, se exige al dios que se acuerde de su pueblo, como si los cuidados del dios estuvieran sujetos a olvido. ¡Oh, calamidad! ¡Oh, religión de barranco y espanto, madriguera, floripondio y tornasol![49]

74(Vg73),7-8 El monstruoso culto se retuerce hasta creer que el dios puede estar en un emplazamiento determinado, como si hubiera lugar en el que no llegue su mirífica teofanía, como si la gloria del dios de dioses no latiera en cada ser y en cada parte del todo[50]. En fin, tal vez por ello el culto al dios se le rinda por doquier, y también tal vez por ello el teolocalismo es un necio pecado.

74(Vg73),9 “Ya no hay ningún profeta”. Por esta sentencia cabría situar la composición del salmo hacia la época de los Macabeos (s.II a.C.)[51], cuando en efecto no había ningún profeta en Israel.

74(Vg73),21 Más ejercicio de teonimolatría, esto es, más confusión en la identificación de Yahvé no a través de su propia naturaleza, sino mediante un presunto nombre que también se presume el único.

75(Vg74),8 “(Dios) a unos humilla y ensalza a otros”. Acaso el dios no participe directamente de ninguna acción, sino sus ministros; y tal vez sea el humano, quien a través de sus hábitos se humilla o se ensalza.

75(Vg74),10 Más teonacionalismo posesivo donde se lee “al Dios de Jacob”. La repelencia que suscitan semejantes sentencias es la causa de los males que fustigan a los judíos. ¡Canten ya su palinodia! ¡Deságanse de tan pesado y oneroso lastre![52]

76(Vg75),7 El salmista, tiranizado por su ciega impudicia, se atreve a decir que el dios amenaza. ¡Incorregible desfachatez! ¡Aglomerado de impiedades![53]

76(Vg75),8 El paciente y muy andariego inquisidor, aunque cerca de padecer el hastío que supone testificar tantísimas desvergüenzas, debe pormenorizar este calamitoso versículo: le auspicia el compromiso que entabló con su mejor parte. En primer lugar se le dice al dios “eres terrible”, pero terrible es aquello que infunde terror y el dios, sin embargo, en todo caso inspira ternura y amabilidad. Además se le dice “la violencia de tu cólera”, aun cuando la violencia y la cólera son pasiones mortales muy perniciosas, que nada tienen que ver con el dios[54]. ¡Cadena de errores! ¡Triste consuelo de beatucos y tragasantos! ¡Gregarios de mirada cerril! ¡Creyentes de blasfemias sin par! ¡Profanadores de sagrados conceptos! ¡Criminales del lenguaje! ¡Vergüenza de los bien hablantes!

76(Vg75),12 En el segundo hemistiquio del versículo se añade un eslabón a la cadena de la blasfemia, y se apoda al dios con el apelativo de “el Terrible”. ¡Enloquecer para creer! ¡Dios guarde a los indemnes y haga olvidar a los enfermos! ¡Creyentes de falsías sin cuento![55]

77(Vg76),4 “Medito y languidece mi espíritu” (Nácar-Colunga) o “Medito y fáltanme fuerzas” (Bover S.I.–Cantera). Cabe señalar que la auténtica meditación sólo conlleva alegría y fuerza de espíritu, y jamás lo contrario. Asimismo se dice “me acuerdo de Dios y gimo” (Nácar-Colunga) o bien “de Dios me acuerdo con suspiros” (Bover S.I.–Cantera), por cuanto se evidencia la errónea actitud del culto al dios, habida cuenta se formula en términos propios de fábula romántica. ¡Qué decir de quien profesa el culto con melancolías enquistadas en el corazón!

Al salmista habría que decirle: “no seas esclavo de tristezas” (Píndaro Ístmica VIII 66).

77(Vg76),4-5 Estas sentencias son manifiestamente contradictorias. De hecho, si uno se acuerda del dios no tiene por qué gemir, a no ser que por impiedad relacione recuerdos tristes y angustiosos con el dios. Asimismo, si el dios mantiene despierto al buen creyente, no hay razón para sentirse “turbado y sin palabras”, sino calmado y en posesión de las mejores palabras.

77(Vg76),8-11 Dudas impías, reveladoras del lamentable primitivismo que adolece el culto bíblico. ¡Cavernas de la piedad!

77(Vg76),11 Esta sentencia es también impía y supersticiosa, al igual que las dudas censuradas en la enmienda precedente.

77(Vg76),15-21 Adviértase que el salmista ya no apoya o refrenda su fe en el dios mismo y en su divina naturaleza, sinoo en relación a unos prodigios que le persuaden de que el creador es su dios, el dios de Israel, quien tantos portentos dícese prestó a su pueblo a fin de probar su existencia y patrocinio. ¡Oh, calamidad! ¿No es suficiente evidencia la teofanía que se derrama por doquier? ¡Cuán insaciable es la arrogancia de infinida garganta![56]

78(Vg77),11-20 Probablemente el pueblo de Jacob fuera inconstante en las leyes prerrogadas porque, tal y como este pasaje atestigua, era preceptos basados en una fe peligrosamente irracional y mitómana, cual culto de bobalicones de tirria y birria.

78(Vg77),21 Dice el salmo que “Yahvé (…) se indignó”, cosa que el auténtico dios jamás haría.

78(Vg77),21-25 La pintoresca escena da a entender que el dios precisa realizar algún milagro de vez en cuando, a fin de que no decaiga la fe que su pueblo tiene depositada en él.

78(Vg77),31 Aquí se representa al dios montando en cólera. ¡Vil credo! ¡Culto blasfemo!

78(Vg77),35 “Era (…) el Altísimo su redentor”. Sin embargo, fue preciso enviar al galileo para que redimiera a todo hombre pues, según los mesiánicos más contumaces, antes de la tortura en el madero nadie expió sus pecados. ¡Enloquecer para creer!

78(Vg77),38 Se dice que el dios refrena su ira para que no se desfogue su cólera. Con todo, parece imposible dar muestra de un concepto del dios más bajo y ramplón. ¡Insólito discurrir para mortales dotados de intelecto!

78(Vg77),39 “Se acordó (Dios) de que eran carne (los humanos), un soplo que pasa y no vuelve”. Impía sentencia en la que se manifiesta el descrédito a la existencia de un alma inspiradora de la carne[57].

78(Vg77),40 ¿Por qué pensar que el dios es susceptible de provocación? Acaso sea blasfemia tan solo el proclamarlo, al igual que es blasfemia inferir que el dios pueda contristarse o que, ¡oh, calamidad!, pueda existir en soledad. ¡Nadie mejor acompañado que él, monoteístas de freno y heno!

78(Vg77),41 El auténtico Dios, habida cuenta su perfección, es inasociable a la tentación o al enojo, y quien pretenda esa vinculación se daña más a sí mismo que a ningún otro.

En efecto, todas estas calamidades dan muestra de que el culto bíblico al dios era soez y retrasado respecto a la mayoría de cultos paganos de la época, pero lo más triste es que haya quien todavía dé por buenos semejantes desbarros.

78(Vg77),49 Versículo abominante y nauseabundo. El salmista desahoga su impotencia con una irracional y pudibunda pasión, hasta perderse en el infecto entramado de sus muy réprobas palabrejas. De hecho “es odioso, al igual que las puertas del Hades, el hombre que pretende aliviar su miseria contando patrañas” (Odisea XIV 156-157).

78(Vg77),50 “(Dios) dio vía libre a su enojo”. Vincular el enojo, pasión azotadora de míseros mortales, con la eximia naturaleza del padre de dioses y de hombres, en efecto, es injustificable por todo quien conserve un solo ápice de sensatez. ¡Oh bíblicos de todo jaez! ¡Secuestradores de significados! ¡Cesad ya en vuestra proterva porfía! ¡Entonad sin temor la palinodia que tanto tiempo se os demora!

78(Vg77),53 Correcto empleo del temor. Agradable es el bienhablar y muestra de piedad para el mortal, que infeliz por su glotis se carga de culpas.

78(Vg77),65 Aberrantes símiles que rebajan el concepto del dios hasta el folclore bíblico. ¡Consuelo de gazmoños y tragasantos!

78(Vg77),66 Se continúa la réproba escenificación representando al dios hiriendo a “sus opresores por la espalda”. Ahora bien, ¿quién capaz de oprimir al padre de dioses y de hombres? ¿no viven oprimidos precisamente quienes le aborrecen? ¿Acaso no son desdichados también quienes le rinden culto de un modo tan erróneo?

Por ende, ¿por qué debería el dios acometer por la espalda, es decir, a traición o con cobardía[58]? ¿por qué no de frente, con las mejores intenciones que todo castigo conlleva? Sea como fuere, lo cierto es que debe entenderse en tanto que Zeus, “el de corvos designios” (Odisea XXI 415), ejercerá su poder a través de medios no evidentes, como ocurrió en el caso de Job.

78(Vg77),67 “Y (Dios) tomó aversión”. ¿Por qué el dios mudaría su parecer tomando aversión a cosa alguna? ¿Acaso no es su inperturbable amor la semilla que produce el florecimiento y lozanía de los vivientes? ¿Acaso hará acepción de personas y mudará su parecer o, por el contrario, se mantendrá siempre íntegro e igual a sí mismo?

78(Vg77),71 “Para que apacentase a Jacob, su pueblo; a Israel, su heredad”. El salmista se refiere a David y no al dios; por consiguiente, el pasaje queda eximido de toda blasfemia, porque es cierto que los hombres tienen patria y heredad; ahora bien, lo ínclitos dioses tienen por patria y heredad la creación toda.

79(Vg78),5 Versículo blasfemo porque infiere que el dios es susceptible de airarse cual estulto mortal. Otrosí, el segundo hemistiquio es del mismo jaez.

79(Vg78),6 “Derrama tu ira”, se le exige al dios. Qué grave debe ser la impiedad, cuando ni a un mortal se le deben dirigir estas palabras.

79(Vg78),8 “No recuerdes” o “apresúrate” son más imperativos dirigidos al dios, como si en caso de actuar lo hiciera improvisadamente[59].

79(Vg78),9 Aparecen más expresiones de teonimolatría, como si el dios poseyera un nombre propio[60].

Al fin y a la postre, esta actitud es otra maniobra con la que el culto bíblico pretende arrogarse al dios, pues aseguran que el dios del universo es a un tiempo dios de Israel, donde por cierto habita. Por ende, afirman que reside en un monte en concreto, del cual los demás parajes sienten envidia, y más particularmente aseveran que se halla en un templo de santidad inigualable. Por añadidura, porfían en que el dios tiene un único nombre, el cual es precisamente aquel que los israelitas han decidido que sea. ¡Hedor insoportable! ¡Consuelo de almas perdidas!

79(Vg78),10 En el tercer hemistiquio se aduce que el dios puede actuar impelido por deseos de venganza, aun cuando lo correcto sería decir por deseos de ‘ajusticiamiento’.

80(Vg79),5 Se relaciona el enojo con la inmarsecible naturaleza del dios. Qué decir, sino que es un pecado sin paliativos ni cataplasmas que lo justifiquen.

80(Vg79),18 Este pasaje no tiene por qué referirse específicamente al galileo, por cuanto se entiende que el salmista ruega al dios que patrocine al rey o al profeta que eventualmente gobierne a Israel, trono que naturalmente variaba cada cierto tiempo.

81(Vg80),5 Pues si es “la Ley de Israel” y el precepto es del “Dios de Jacob”, ¿por qué diantre tanto los hagiógrafos y los profetas, así como toda la caterva de bíblicos procaces, insisten en presentarlos como la ley para todos y el dios único?

82(Vg81),1 Versículo de carácter politeísta. En efecto, a fin de enriquecer el muy insulso monoteísmo yahvista, y atendiendo a la incapacidad lírica de los salmistas, se hace referencia al “consejo divino” que el dios regenta; un tímido recurso estilístico que, a pesar de las ferrugientas cadenas del culto monolítico, pretende ofrecer una escena más ordenada de la divinidad, esto es, no sólo uniforme, sino también múltiple y armoniosa. Otrosí, es retorcida la exégesis según la cual “los dioses” a los que alude el texto son en realidad jueces terrenales, habida cuenta a ellos aluden precisamente las palabras posteriores al versículo.

82(Vg81),3-4 El dios auténtico jamás pediría justicia, ¡oh, calamidad!, para sólo una parte de la humanidad; bien al contrario y dada la extraña circunstancia, el dios pediría justicia para todos, incluso para el más malvado o para el creyente más procaz y desvergonzado.

82(Vg81),6-7 Es decir, ‘sois dioses en tanto que ejercéis de jueces, y participáis de la justicia y de las leyes que el dios prerroga; ahora bien, vuestra labor se desarrolla en el mundo, y por lo tanto como el mundo sois de naturaleza mortal. Así pues, sed humildes ante Zeus’.

83(Vg82),3 Acaso el dios verdadero carezca tanto de enemigos como de amigos, por cuanto ama por igual a todas las cosas, tanto a las buenas como a las que parecen ser malas. ¿No es aquel amor la semilla que hace crecer el bien dentro del mal? ¡Maravilla entenderlo!

83(Vg82),17-19 Parece absurdo pedir que los impíos “sean para siempre confundidos” y al mismo tiempo que reconozcan al dios, habida cuenta reconocer al dios implica librarse de toda confusión.

84(Vg83),8 Versículo de influencia politeísta.

84(Vg83),10 Una vez más, el ‘Ungido’ representa el rey, por cuanto el rogar bienes para el futuro no implica que sea una profecía mesiánica que aluda al galileo.

A decir verdad, el pueblo israelita ya por entonces estaba contaminado por su antiguo régimen teocrático, y ello unido a su condición de pueblo especialmente gregario, les hacía proclives a los gobiernos totalitarios. En efecto, Israel siempre ha precisado de un caudillo que alimente sus melancolías.

85(Vg84),3 El ocultamiento y el olvido no son procesos que tengan relación con la naturaleza del dios.

85(Vg84),4 Se atribuye al dios furor y cólera, pasiones mundanas que evidencian el bajo cocepto teológico del salmista[61].

85(Vg84),5-6 Más pasiones vinculadas a lo que en cualquier caso se mueve por la razón. De hecho, el empecinamiento en las blasfemia es esperpéntico.

85(Vg84),10-12 Adviértase cómo el salmista simplemente se regocija de la paz y de las óptimas expectativas que acontecían, sin duda, a la mayor parte de los israelitas, una vez hubo transcurrido el cautiverio en Babilonia (85,2). Por lo tanto, interpretar aquí una profecía mesiánica relacionada con el galileo es burda manipulación.

85(Vg84),13 “Yahvé mismo otorgará el bien”, expresado en tiempo futuro, como si en algún momento el dios no hubiese otorgado el bien. ¡Sálvese quien pueda!

86(Vg85),1 Exigir al dios que se incline para que le escuche un mortal es completamente impúdico y procaz; a decir verdad, ¿no es el iniciado quien debe elevar su espíritu para escuchar al dios? ¿Cómo iba a inclinarse el dios para que un mortal le susurre al oído?[62] Porque ya está escrito desde antiguo: “al que les obedece, los dioses le oyen de buen grado” (Ilíada I 218).

86(Vg85),9 La ambición del salmista, producto del teonacionalismo expansionista, parece no tener límite. Sin embargo, toda vez los feroces intentos de las instituciones bíblicas y sus múltiples latrocinios, semejante intención jamás llegó a suceder, y jamás sucederá mientras el culto bíblico no supere ciertos dogmas incompatibles con la teodicea.

86(Vg85),11 “Y mi corazón únicamente tema tu nombre”. Se mezclan, en horrísona locución, el nefasto empleo del temor y el pecado de teonimolatría. ¡Enloquecer para creer!

86(Vg85),13 El salmista dice “pues tu piedad ha sido grande para mi”, cuando en el mismo salmo clama al dios “ten piedad de mí, ¡oh, Yahvé!”, como ya hiciera en 86(Vg85),3 o como hará en 86(Vg85),16.

87(Vg86),3 Se llama a Sión “ciudad de Dios”, hecho abyecto y repugnante que, a semejanza de otras arrogaciones indebidas del dios como son teonacionalismo o el teolocalismo, más malestar ha causado a los comedores de pan.

87(Vg86),6-7 El salmista pretende nacionalizar a todo hombre bajo la égida de Sión. En fin, estos son abominables textos que dejan entrever el carácter imperialista del culto bíblico. ¡En guardia los aún sanos de tan horrible mal!

89(Vg88),6y8 Versículos de estilo politeísta, ¿o no es divino quien acompaña al dios? No obstante, el empecinamiento de la Comunidad Bíblica es cada vez más profundo y cerril[63].

89(Vg88),19-30 Estos versículos son otra evidencia con respecto a que no todas las alusiones al rey de Israel, por el simple hecho de ser mencionado, son de carácter profético-mesiánico. En efecto, es propio de una nación religiosa ―y además de pasado teocrático― rogar el favor del dios para con su caudillo.

89(Vg88),36 Ridículas palabras puestas en boca del dios, pues se le representa jurando a un mortal que no le engañará.

89(Vg88),37-38 El salmista confiere eternidad al sol y a la luna, pero de ser cierto éstos serían dioses o divinidades, puesto que lo eterno es siempre divino. Sea como fuere, recuérdese que el primer mandamiento del decálogo prohíbe la adoración a otra cosa que no sea el dios, esto es, la única y celosísima divinidad (Dt.5,7).

89(Vg88),39 En el salmo se alude al rey de Israel como ‘el ungido’, que es tanto como decir ‘el cristo’ (kjri-stós) en helenio, o ‘el mesías’ (ma-schi-aj) en hebreo. A decir verdad, ello indica que todas las alusiones de semejante índole no tienen por qué referirse, de modo sistemático, a la llegada del mesiánico galileo[64]; es más, el caduciforme inquisidor, por el momento, no atestigua ninguna profecía galilea, los bíblicos, en cambio, creen advertir montoneras repartidas por doquier.

89(Vg88),40 El salmista, poseído por un frenesí blasfemo, osa decir que el dios profana.

89(Vg88),47 Se dice que Yahvé está escondido, aunque en realidad eso les parezca solamente a quienes no lo quieren hallar. Otrosí, se le atribuye ira, pasión que fustiga a los mortales de luenga estirpe.

90(Vg89),7 Se vincula ira al dios y se le presenta susceptible de padecer indignación[65].

90(Vg89),10 Resulta extraño que, siendo Moisés el salmista, proclame que la duración de una vida humana es a lo sumo de ochenta años, cuando él mismo vivió por espacio de ciento veinte años (Dt.31,2) y a pesar de que su hermano perduró en vida ciento veintitrés (Núm.33,39).

91(Vg90),5 Correcta utilización del temor, que revela los múltiples pasajes de doblez.

91(Vg90),11-12 “Pues te encomendará a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos”. Alusión a los ángeles en clave de adoración politeísta. Parece absurdo negar semejante evidencia, ahora bien, el empecinamiento de los bíblicos es soberbio, y se repite hasta la náusea entre sofismas y falacias repugnantes.

92(Vg91),10 Del auténtico dios no se puede afirmar que tenga enemigo alguno, por lo menos, sin caer en la blasfemia y la impiedad a un mismo tiempo. A decir verdad, el impío es sobretodo enemigo de sí mismo, pero también de quien se deja arrastrar por su desdicha.

93(Vg92),1 El dios real jamás se movería por venganza, sino por el noble ajusticiamiento.

93(Vg92),3 Palabras impiadosas del salmista, porque los impíos, habida cuenta su condición, no pueden triunfar sino en apariencia; por consiguiente, el autor de la salmodia sucumbe al barrizal de las ilusiones y, en fin, lejos sitúa su discurso del verdadero mensaje profético.

Con todo, aunque ciertamente se trate de un recurso lírico, el hecho es que las palabras son expresadas por el salmista, y a éste se le presume incorruptible e infalible transmisor de la palabra del dios, según la Comunidad Bíblica, según lo cual cabría esperar que también las metáforas fueran de lo más perfectas e irreprochables.

94(Vg93),9-10 Hermosas palabras del salmista[66].

95(Vg94),3 La relación de Yahvé con los demás dioses, aunque sea para señalar que es “Rey grande sobre todos” ellos, es suponer la existencia de los mismos. En efecto, en caso de que no existieran, ¿cómo podría estar Yahvé por encima o por debajo de ellos?[67]

95(Vg94),7 En el caso de referirse únicamente al pueblo de Jacob, ¿no serían palabras sectarias, marginales y, por otro lado, reveladoras del acerbo fanatismo tan propio y connatural del monoteísmo cerril y cencerril?

95(Vg94),9 Acaso el auténtico dios no sea susceptible de tentación, por cierto, a la que sí son susceptibles los mortales de azaroso devenir.

95(Vg94),10 Con estas palabras puestas en boca del dios, en efecto, se demuestra el bajo concepto teológico tanto del salmista como de sus adláteres de antaño y hogaño. Se escenifica al dios desabrido y en busca de un pueblo con el que llevar a cabo sus prerrogativas. ¡Torpe discurrir! ¡Retraso milenario!

95(Vg94),11 El tremendo salmo finaliza con el dios enunciando que juró mientras estaba poseído por la ira y por el enojo, cual inepto mortal que se deja arrastrar por las pasiones. Solamente los tragasantos más recalcitrantes son capaces de pretender justificar tamaña blasfemia, y con un vergonzante descaro, insisten en presentarla como un texto auspiciado por la divinidad. ¡Enloquecer para creer! ¡Gigantea es la trapaza!

96(Vg95),2 El pecado de teonimolatría forma parte de los recursos estilísticos líricos del salmista. En fin, todo un despropósito.

96(Vg95),5 La arrogancia del salmista provoca en un lector mínimamente sensible y avisado la mayor de las repelencias, ahora bien, lo peor de todo es que hay a quienes les provoca odio, animadversión o intolerancia, hecho que jamás debiera suceder pero, a decir verdad, los Textos Bíblicos lo fomentan impunemente. ¡Entonen la palinodia que tanto se les demora!

96(Vg95),7-8 “Dad a Yahvé, ¡oh, familias de los pueblos!, dad a Yahvé la gloria y el poderío. Dad a Yahvé la gloria de su nombre”; declamación que evidencia la inexistencia de Yahvé, porque el dios verdadero no precisa que nadie le dé nada, y acaso tampoco necesite alabanza alguna, provecho de míseros mortales.

En honor de la verdad, los salmistas, como los diferentes hagiógrafos, parecen predicar el culto a Yahvé a través de la irracionalidad. En efecto, los textos no persuaden a la razón ni invitan a usar el intelecto, sino que promulgan el culto de la pasión, auriga de santulones, pretexto de muchedumbres, salvaguarda de los cobardes.

96(Vg95),9 Según el caducimorfo inquisidor, los ornatos son dispensables cuando la piedad es verdadera, y por ende, lo cierto es que no hay mejores galas que los buenos hábitos y toda virtud que de ellos crece[68]. Otrosí, en el segundo hemistiquio se manipula el concepto de ‘temor’ con perversidad e ínfulas imperialistas, viles lacras que azotan al de marcha erguida.

96(Vg95),13 Luctuoso, lamentoso y de lamentable retraso teológico es sostener, ¡oh, ilustre filfa!, que el dios ha de juzgar la haz de la tierra y a los parlantes de pulgar opuesto. A decir verdad, ello se contradice con lo que afirma la piedad, es decir, que Zeus egidífero juzga sin parar desde que estableció sus prerrogativas.

97(Vg96),3 No parece que dios auténtico deba soportar enemistad alguna. ¿Qué adversarios ha de tener el dios, si en realidad “no es posible engañar ni transgredir la voluntad de Zeus”[69]? ¿Acaso alguien piadoso puede olvidar que “el ojo de Zeus que todo lo ve y todo lo entiende”[70] llega a todo el orbe? Porque no hay duda: “no es posible en ninguna parte escapar a la voluntad de Zeus”[71]. Acaso todo ello sea imposible de entender para quien padece la enfermiza cerrazón bíblica. ¡Petulante folclore! ¡Hedor proverbial!

97(Vg96),7 “Se postran ante Él todos los dioses”. Sentencia que podría tal cual hallarse en cualquier texto politeísta[72].

97(Vg96),10 “Aborreced el mal los que amáis a Yahvé”. A decir verdad, ¿no será que los amantes del dios lo son, precisamente, porque aborrecen el mal? En tal caso, ¿no sería inútil tal conminación? ¿No es también inútil aplicada en su otro posible sentido, puesto que quienes no aborrecen el mal, en efecto, tampoco aman a Yahvé? Entonces, ¿para qué tanta palabrería de alfeñique y tornasol?

97(Vg96),11-12 En honor de la verdad, el inquisidor no ha advertido connotación mesiánica en ningún lugar, pues de haber advertido siquiera un atisbo lo hubiera comunicado con toda diligencia. No obstante, los eminentes doctores Nácar-Colunga (1968), entre otros, afirman que el canto es “indudablemente mesiánico”[73].

98(Vg97),2 De este versículo se deduce que la pretendida llegada del mesías redentor era, como lo es ahora su anunciado segundo advenimiento, una fabulación folclórica fruto de la nostalgia hacia un pasado teocrático, por cierto, exacerbado hasta el delirio por las escrituras primitivas[74].

98(Vg97),9 Pero bueno, todo uso del tiempo futuro no implica profecía mesiánica, toda vez que así lo interpreten misticones y tragasantos de antojo y cerrojo. ¿Acaso el dios dejaría en algún instante de aplicar justicia? En tal caso, ¿no sería esta predicción sólo parcialmente cierta?

Oportuno es señalar, sin embargo, que tal vez no sea dios mismo quien se encarga de juzgar, por cuanto el dios es la propia justicia. En todo caso deben ser los propios seres que, inspirados por el dios, se censuran y se castigan con todo rigor, de modo tal que la parte mejor de cada individuo vence siempre sobre la peor.

99(Vg98),1 La aparición de los querubines ofrece una nueva muestra de politeísmo entreverado en los Textos. Al fin y a la postre, el monoteísmo ortodoxo y asfixiante es demasiado insulso incluso para los bíblicos más recalcitrantes.

99(Vg98),3 Una vez más los Textos pecan de teonimolatría, mácula tenaz, contento de bobalicones de baja estofa y mirada becerril.

102(Vg101),3 Aquí, como en 86(Vg85),1, se exige al dios con tremenda impiedad “inclina tus oídos a mí; cuando te invoco, apresúrate a oírme”, como si se le hablara a un esclavo e infiriendo, con supina ignorancia, que el dios escucha al mortal y no que el mortal escucha al dios[75].

102(Vg101),11 Blasfemia soez, por cuanto son atribuidos al dios defectos tales como la indignación, la ira y el enojo.

102(Vg101),14-19 El inquisidor, criado cara el anchuroso lomo de la mar, y con la intención de no escéptico ni mojigato, debe advertir que no encuentra significado profético en estas palabras.

A decir verdad, el salmista, sabedor de los cambios que, como sudece en cualquier nación, Israel y su política han padecido, en efecto, augura y clama por un nuevo devenir más próspero del que en suerte le tocó vivir. Sin más. Ahora bien, es cierto que toda lírica teológica es susceptible a múltiples interpretaciones pero, sobretodo, también es proclive a las más burdas manipulaciones.

102(Vg101),26-28 Hermosas palabras del salmista, propias de un impecable discurso, de las cuales cabría destacar la sentencia “tú siempre eres el mismo” dirigida al dios con toda piedad.

103(Vg102),1 Más impúdica teonimolatría, en aras del contumaz y aborrecible empeño por arrogarse el pretendido nombre del innominable.

103(Vg102),6 El auténtico dios ajusticiaría tanto a los oprimidos como a los oprimidores, en efecto, unos para recibir recompensa y otros para padecer el merecido castigo. Por ende, que el objeto de ambas acciones sea obtener el mejoramiento, en fin, es cosa entendible sólo por quienes han sido iniciados en los mejores cultos.

103(Vg102),8-9 “Yahvé misericordioso, (…) tardo a la ira (…). No (…) guarda rencor eternamente” parece dejar en evidencia otro pasaje, referido en Gén.3,15-19, donde se puede leer la condena del dios “pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer” aplicada tanto a ésta como a la serpiente.

103(Vg102),10 “No nos trata a la medida de nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras iniquidades”. Sentencia opuestar a la verdadera, por cuanto de ser cierta la justicia no existiría[76].

103(Vg102),12 Aquí, el salmista, arguye que el dios prevarica, empero, acaso el dios no aleje a los hombres de sus culpas, sino que, bien al contrario, tal vez las presente, para que, contemplándolas, en efecto, se puedan eximir y obtener así grande sabiduría. ¡Áureo crisol! ¡Maravilla el comprenderlo!

103(Vg102),12-13 La compasión y la benignidad no riñen con la correcta aplicación del castigo, medicina de los Bienaventurados. En efecto, no es el padre más benévolo aquel que rehuye solucionar los defectos de su hijo, sino éste que le ayuda a vencerlos mediante el glorioso ejercicio de la virtud. ¡Ambrosía de auténticos creyentes!

103(Vg102),14 “Se acuerda que no somos más que polvo”. El salmista parece desdeñar no solamente la inmortalidad del alma, sino también la existencia del alma misma. Según estas palabras, el humano es sólo un sepulcro[77].

103(Vg102),15-16 El concepto del salmista respecto a la naturaleza humana es tristemente materialista. En efecto, nada que sea divino se halla en estos versículos, pese a sí haberlo en quien los compuso.

103(Vg102),17 Nefasta utilización del temor en un lugar donde debería leerse ‘respeto’ o ‘amor’. Aun desvelado el desaguisado, los bíblicos más recalcitrantes siguen enquistados en su tremebunda porfía, y tergiversan y pervierten el significado de las palbras, en definitiva, mezclando el mal con el bien y viceversa. ¡Manipuladores de insulso jaez y mirada becerril! ¡Sembradores de blasfemias!, ¡¿qué no veis lo que recogéis?!

103(Vg102),20-21 Versículo incontestablemente politeísta. De hecho, las divinidades paganas también obedecen las órdenes prescritas por el dios, “pues orden de Zeus que embraza la égida nunca la podrá quebrantar ningún dios ni dejarla incumplida” (Odisea V 137-138).

104(Vg103),2 La representación del dios “envuelto de luz como de un manto” que aquí describe el salmista, en efecto, contrasta con las expresadas en diversas ocasiones, de modo tal que “hay en torno a Él nube y calígine” (97[Vg96],2), así como en Éx.13,21/ Éx.40,34/ Núm.14,14/ 1Rey.8,12 ó Job 22,14.

Aun y con todo, la Comunidad Bíblica, prolija en discursos brumosos cual nube de Yahvé, continúan ofreciendo sus pretendidas exégesis con pérfidas prestidigitaciones, jamás patrocinadas por el raciocinio, excelso sendero de los iniciados.

104(Vg103),4 “Tienes por mensajeros los vientos, y por ministros llamas de fuego”, a partir de lo cual se deja en evidencia las necias prohibiciones con respecto a las artes adivinatorias (Éx.22,18/ Lev.19,26y31/ Lev.20,27/ ó Dt.13,1-5), o con relación a los dos primeros mandamientos, pues ¿no son en absoluto adorables los ministros del dios?

104(Vg103),7 Se sugiere que el dios es susceptible de amenazar o increpar. De hecho, la blasfemia aquí es de lo más formal[78].

104(vg103),35 La lectura piadosa rezaría ‘¡desaparezca de la tierra el pecado y deje de ser la impiedad!’, por cuanto mucho peor que el pecador es el propio pecado.

105(Vg104),15 “No toquéis a mis ungidos”, pone el salmista en boca del dios, lo cual demuestra que no por mencionar la palabra ‘ungido’ debe bendecirse el texto como profético; sin embargo, ésta es una morbosa compulsión de los bíblicos folclóricos[79].

105(Vg104),18 La alusión a objetos propios de la herrería obliga a fechar la composición del salmo no antes del primer milenio a.C. No obstante, el hecho narrado es inverosímil, dado que en la época de José no era nada común la artesanía del hierro.

106(Vg105),8 La teonimolatría es un feo recurso estilístico. Otrosí, se dice del dios que “para hacer muestra de su poder” hizo tal o cual cosa, sin embargo, acaso el dios no precise demostrar su poder, y aún menos con acciones físicas. A decir verdad, el poder del dios es completamente evidente para el piadoso, a la par que también éste desconfía de los prodigios eventuales. Sea como fuere, la propia existencia y la propia vida son el constante prodigio y la perpetua muestra del poder del dios.

Adviértase que en los salmos se pretende, a través de periódicas alusiones a prodigios otrora acaecidos, persuadir a la muchedumbre de profesar el credo bíblico[80]. Es por ésta y por otras razones por las que el culto judío, pero sobretodo el culto galileo, son considerados mitómanos e incluso ateos.

106(Vg105),12-13 Es preciso advertir cuan volátil e insustancial es una fe que no se edifica sobre los cimientos de la razón, sino sobre augurios, profecías, prodigios, temores y supersticiones.

106(Vg105),14 Es una impúdica blasfemia tan solo sugerir que el dios pueda ser tentado por un mortal, ¡oh, calamidad! ¡Oh, sombrío despeñadero!

106(Vg105),19 “Y adoraron a un simulacro fundido”. ¡Ingente es el laborío encomendado a los imagineros bíblicos! ¡Mundanal folclore hinchado como religión!

106(Vg105),20 “Un buey que come hierba”. El salmista, al parecer, desprecia la alimentación vegetariana, por lo que tal vez no fuera consciente cómo el humano, a fin de alimentarse, requiere verter sangre y cometer agravios a los demás seres vivos, a diferencia del buey, que no asesina a sus semejantes. En este aspecto los vacunos serían más inocentes que el hombre[81].

Según el inquisidor, enjuto y patiestevado, más abominable es adorar un cadáver evocador de la crueldad y utilizar el martirio como propaganda. En efecto, miserable es adorar el padecimiento de uno cuando un tropel de dolientes sufren hoy, penaron ayer y padecerán mañana. Que el galileo resucitara, por cierto, ya es materia de mitomanía y fenomenismo, pero no de piedad.

106(Vg105),23 Se atribuye indignación al dios, gala retórica de los malhablantes.

106(Vg105),29 En pleno éxtasis blasfemo, el salmista sugiere que al dios se le provocó la turbación de la ira. Sin embargo, “pago de mal género alcanza con frecuencia a los blasfemos” (Píndaro Olímpica I 27-35).

106(Vg105),32 Aquí se enuncia que el dios es suceptible de irritarse. Asimismo, se culpa al pueblo, y no a Moisés y a Aarón, de la duda acaecida en las aguas Meribá (Núm.20,1yss.).

106(Vg104),33 “Porque exacerbaron su espíritu”, aludiendo al dios cayendo en la blasfemia.

106(vg105),40 El dios auténtico no se enciende en ira ni abomina. A decir verdad, es su integridad y su infinito amor lo que permite que hasta en lo más depravado crezca el bien.

106(Vg105),43-46 El comportamiento pendular del dios revela el bajo concepto teológico del salmista, y por ende, de toda la caterva de bíblicos de le suscriben.

El dios, como bien se lee en 102(Vg101),26-28 “(es) siempre el mismo”, y a diferencia de lo está expuesto a la generación, siempre es igual a sí mismo y por ello es eterno.

106(Vg105),48 La expresión “bendito sea Yahvé” es defectuosa, pues necio es desear lo que ya es.

107(Vg106),8 “Los hijos de los hombres”. El versículo es una indiscutible profecía a cerca del galileo, el hijo del hombre, así como a cerca de las decenas de ungidos que, sin lugar a dudas, están por llegar con objeto de redimir la cuenta de pecados acumulados[82]. Eso es piedad.

107(Vg106),10 Referencia tácita a la herrería[83].

107(Vg106),17-20 Acaso la sanación no suceda por capricho del dios, sino al convertir esa “conducta pecaminosa” en ‘conducta virtuosa’.

107(Vg106),23-30 A diferencia del censurado en la enmienda anterior, este pasaje está libre de toda mácula teológica o moral, pues ante la violencia de los elementos oportuno es implorar al cielo.

En efecto, “a todos los hombres precisa la ayuda del cielo” (Odisea III 48), pero también el hombre debe poner de su parte y no sólo rezar parado, así lo entiende Ulises cuando a su tripulación exclamó “remad con vigor, por si Zeus nos concede salir de este paso y rehuir la desgracia” (Odisea XII 215-216).

108(vg107),6 El salmista utiliza un símil entre el sol y el dios; sin embargo, la petición que se formula es innecesaria, por cuanto el flamígero Faetonte impera desde la noche de los tiempos sin cometer dejación alguna en su labor.

108(Vg107),8-10 Insólita blasfemia es poner en boca del dios palabras de semejante mundanidad y que, por cierto, sólo sirven para mostrar la vanagloria más repelente y el teonacionalismo más pestilente.

108(Vg107),12 La pregunta es impía, como lo es toda duda con relación al mandato del dios.

109(Vg108),6-14 El autor del salmo, inspirado por el dios según la muy vasta Comunidad Bíblica, impreca a quien él considera sus enemigos, deseando para ellos un verdadero tropel de males. Ahora bien, ¿no es de necios desear bienes a quienes son buenos? ¿no es mejor desear bienes a los malvados, habida cuenta carecen de ellos?[84]

110(Vg109),1 La introducción “oráculo de Yahvé a mi Señor”, es preciso leerla tal que ‘oráculo de Yahvé a mi rey’, por cuanto se refiere al rey de Israel, ya fuera el entonces vigente u otro por llegar.

110(Vg109),2-3 El oráculo profetiza dominación de naciones extranjeras y una buena acogida del pueblo para con el rey de Israel; por cierto, lo que corrobora la significación de la enmienda precedente.

110(Vg109),4 Respecto al primer hemistiquio, cabe decir que en todo caso el dios no jura, y tanto sugerir esto como que pueda arrepentirse resulta una horrísona impiedad. Asimismo, con relación al segundo hemistiquio, sólo decir que semejante altilocuencia en el procedimiento, interpretado como anuncio de la llegada del galileo martiriócrata, acontecía de igual modo con respecto a todos los caudillos y los sumos sacerdotes de Israel, por lo que no representa ninguna excepcionalidad digna de ponderación.

110(Vg109),5 El salmista blasfemaría si dijera que el dios puede tener un día de ira, como también sería blasfemo aseverar que la ira del dios dura siquiera un pestañeo[85].

110(Vg109),6 El autor del salmo se refocila al imaginar la derrota de los enemigos de Israel durante y tras las batallas. No parece éste un modelo cultual, porque, tal y como dijo Héctor del dios de la guerra, “Enialio es imparcial y también mata al matador” (Ilíada XVIII 309).

110(Vg109),7 El postrer versículo, en apariencia de lo más misterioso, no es más que un tropo para indicar con qué desahogo y majestad, el dios o el rey ungido de turno, vencerá sobre sus adversarios, esto es, “en el camino beberá del torrente” (desahogo), “y por eso erguirá la cabeza” (majestad resultante).

No obstante, inmersa en el delirio prestidigitador, la Comunidad Bíblica se afana presta y contumaz para reunir a gregarios y papatostes, de modo tal que les proclama cosas como que este versículo es fiel présago del galileo mártir. ¡Ciclópeo embuste! ¡Filfa de filfas!

111(Vg110),2-3 La adoración a la obra de Yahvé y no a Yahvé mismo, por cierto, constituye una violación del primer mandamiento (Dt.5,7). Si bien la veneración del dios a través de su obra es rasgo de cultos más libres, los bíblicos aseguran que tal piedad es propia de paganos prescitos.

111(Vg110),5 Nefasto empleo del temor, ¡pretexto de misticones!

111(Vg110),6 “Dándoles la heredad de las gentes”, es decir, según el salmista ―y por ende, según la Comunidad Bíblica―, Israel es la nación que tiene por destino gobernar sobre todos las pueblos del orbe. En efecto, tal es la codicia del teonacionalismo expansionista.

111(Vg110),9 Si se atiende a los dos primeros hemistiquios el salmo parece antimesiánico, pues advierte que el pueblo del dios fue redimido en el pasado. Ello haría dispensable la venida de un redentor martiriócrata, por cuanto el propio dios no salva porque es la propia salvación.

Asimismo, el tercer hemistiquio es teonimólatra y blasfemo.

111(Vg110),10 Se comete impiedad respecto a la sabiduría por el morboso vicio de manipular el concepto de ‘temor’.

112(Vg111),1 Torpe utilización del temor.

112(Vg111),7-8 Correcto uso del temor.

113(Vg112),1-3 Más manifestaciones de teonimolatría, aparecida ya como abyecta letanía.

114,115(Vg113),2 Más muestras de apropiación indebida del dios, quien por cierto, y en todo caso, gobierna sin acepciones la creación toda.

En efecto, la apropiación indebida del dios es un delito de lo más grave, tanto para el blasfemo como para el bien común. De hecho, sentencias de semejante índole acaso sean el germen de los males que se derraman sobre pastos y pastizales[86].

114,115(Vg113),5-6 Ni mares ni montes jamás se apartarían ante el dios, si acaso alguna vez pudieran dejar de estar acompañados. Bien al contrario, toda creación es instrumento del dios y reflejo de su excelencia.

114,115(Vg113)b,1 Se le ordena al dios que glorifique su propio nombre, en lo que resulta una imagen inconcebible para cualquier mente salubre. Otrosí, como ocurre en tantos otros, el versículo adolece de una necia e injustificable teonimolatría. En efecto, pretender nominar al dios apenas es pecado ―porque bueno es referirse al dios de algún modo―, ahora bien, sí es impío pregonar un nombre cómo si en realidad fuera el único auténtico, puesto que se acaba por adorar a la forma ―perecedera y jamás igual a sí misma―, en vez de adorar el fondo, eterno y siempre igual a sí mismo.

114,115(Vg113)b,4-8 Desprecio a los ídolos del cual deberían responder los millares de imagineros bíblicos y los millones de vehementes iconólatras. ¡Monstruosa contradicción! ¡Religión de pastizales y muchedumbres!

114,115(Vg113)b,11 Parece imposible temer a una cosa y al tiempo confiar en ella. En fin, el ‘temor del dios’ es quizá la mayor tergiversación de todos los tiempos[87].

117(Vg116),1-2 El salmo en absoluto es profético-mesiánico; en todo caso, el dios siempre ha mantenido el gobierno sobre la creación y siempre con igual dignidad. Por tanto, especular acerca de que el dios reserva sus juicios para el fin de los tiempos es profundamente impío, porque el juicio y la aplicación de penas o favores, según sea el caso, constituye una parte fundamental del divino mandato y de su ordenación consuetudinaria.

118(Vg117),4 Si del dios se profiere “que es eterna su piedad”, no es sostenible, dentro del mismo culto, el presunto dogma que postula una condenación eterna o, por ende, el exterminio total de los prescitos.

Asimismo, no se debe olvidar que la misericordia se ejerce con los pecadores, es decir, con aquellos que son susceptibles de recibir el perdón. Por ende, al pretexto según el cual todo hombre es culpable debido al pecado original, por cierto, cabría replicar aquello que dicen los propios textos, esto es, “no morirán los padres por la culpa de los hijos, ni los hijos por la culpa de los padres, cada uno sea condenado a muerte por pecado suyo” (Dt.24,16)[88].

118(Vg117),5 Las vías de interacción con el dios, expresadas aquí y allende, son por lo común irracionales e inmbuidas de superstición folclórica. Según palabras las del salmista aquí enmendadas, parece que lograr el medro es cuestión de rogárselo al dios con cierta piedad, de manera que se obvia el esfuerzo necesario para lograr las virtudes a través de los buenos hábitos. En fin, incomprensible discurrir para quienes de las filacterías hacen recios vendajes que ciñen sus ojos[89].

118(Vg117),8 Aun siendo cierta esta declamación, resulta preciso matizar que acaso la confianza entre prójimos sea indispensable para adquirir bondad, del mismo modo la infinita confianza del dios para con la creación hace que ésta sea posible. Asimismo, la desconfianza entre semejantes sólo puede generar odio[90], y acaso quien confía en Yahvé confía también en los hombres que del dios reciben su alma[91].

118(Vg117),10-11 Desafortunada metáfora, ya que parece justificar el asesinato en nombre del dios, por cierto, dicho sea de paso, proceder muy propio de los monoteísmos de cal y canto.

118(Vg117),18 El salmista parece entender la muerte como el peor de los castigos, aun siendo en realidad ―y como ocurre con todo castigo―, una oportunidad para la expiación y el crisol. Andamáis, y según el inquisidor, la muerte es el regreso a la divinidad otrora extraviada.

Qué distinto lo ve Homero, cuando le dice a Hesíodo que “primero no nacer es lo mejor para los que habitan sobre la tierra[92]; pero si no obstante se nació, traspasar cuanto antes las puertas del Hades[93]” (Certamen 75yss.).

118(Vg117),19 Muy cómodo es solicitar “abridme las puertas de la justicia”, cuando, por cierto, es el propio hombre quien por sus méritos las abre de par en par.

Como habrá advertido el distinguido lector, en las presentes latitudes el texto es muy maculoso, y adolece de multitud de errores, tanto teológicos como ontológicos, tanto de forma como de fondo. ¡Enorme es el dolo que las gentes padecen!

118(Vg117),23 El hecho de admirar la obra del demiurgo y no sólo al dios mismo, en efecto, justifica tácitamente el noble credo pagano, por cuanto admira en devota genuflexión la creación toda; ahora bien, sin que ello impida adorar a “Zeus, el principal y el más grande de los dioses, (…), el que a todo da cumplimiento” (Himno XXIII a Zeus).

119(Vg118),1 Versículo impecable, porque, es cierto: la conducta íntegra, propiciada por el íntegro pensar ―y éste a su vez propiciado por el gobierno de la parte mejor―, son las únicas leyes que el dios prerroga a los mortales de azaroso devenir.

119(Vg118),10 La frase del segundo hemistiquio, habida cuenta el dios otorgó al hombre el libre albedrío, debería leerse tal que ‘no permita (yo) que me aparte de tus preceptos’, o mejor todavía, ‘no me aparte de una conducta íntegra’[94].

119(Vg118),21 Según el paciente inquisidor, en el presente versículo el verbo “reprender”, “remir” (Bover S.I.―Cantera) o incluso “imprecar” (Nácar-Colunga) debería entenderse como ‘castigar’.

En honor de la verdad, tales empleos de la metáfora, torpes y nefastos, hacen al texto ambiguo y susceptible a interpretaciones equivocadas. En efecto, debido a su grave y constante ambigüedad, las Escrituras son acaso uno de los textos más peligrosos y que, por ende, pueden atentar a la concordia y el bienestar. Prevéngase de tales peligros el poco avisado lector.

119(Vg118),38 En el segundo hemistiquio se comete un nefasto empleo del temor.

119(Vg118),39 Correcta utilización del concepto ‘temor’.

119(Vg118),60 Según el inquisidor, tan malo es apresurarse como retrasarse.

119(Vg118),64 Tal vez sin querer, el salmista revela cual es el modo de entender los estatutos del dios. En efecto, habida cuenta la creación está repleta de su gloria, es también adorando la belleza de sus obras como se conoce al dios mismo[95].

119(Vg118),89 “Tu palabra, ¡oh Yahvé!, es eterna, es estable como los cielos”. Correcta y hermosa afirmación que invalida las perversas manipulaciones que, a fin de excusar el sinfín de contradicciones y blasfemias, sostienen los bibliólatras del más vil jaez. En efecto, dicen éstos que hay una palabra del dios antigua y una palabra nueva, y que muchas leyes de antaño no sirven hogaño. Pese a todo, y sin rubor ni pudor, advierten que ambas leyes fueron prescritas por el dios[96].

119(Vg118),91 Correcta aseveración, grata al inquisidor.

119(Vg118),96 “A todo lo perfecto veo un límite, pero tus mandamientos son amplios sobremanera”. A decir verdad, como todo lo perfecto, las órdenes del dios poseen los más bellos límites.

Otrosí, cabe decir que el versículo abunda en la eternidad de la palabra del dios y sus mandatos[97].

119(Vg118),100 Hipérbole que no parece respetar la ancianidad, incumpliendo así lo prescrito en Lev.19,32. En todo caso parece afectar vanidad, pues también habría ancianos que guardarían todos los mandamientos. De hecho, como dice Menelao, “los sentimientos de los jóvenes siempre flotan en el aire; mas si el anciano está con ellos, adelante y atrás mira, a fin de que resulte lo netamente mejor para ambas partes” (Ilíada III 108-110)[98].

119(Vg118),116 El segundo hemistiquio es impío, por cuanto duda de la justicia del dios.

119(Vg118),118-119 Otra blasfemia. De participar del verbo, ¿acaso el dios despreciaría? ¿No es por su aprecio, incluso a lo que padece mayor abyección, por lo que todo mortal recobra tarde o temprano su estado divinal?

119(Vg118),120 Nefaria utilización del temor. En fin, el ‘temor del dios’ es una de las mayores manipulaciones que confunde a los mortales de incierto devenir.

119(Vg118),126 Según el inquisidor siempre es momento de obrar por el dios, a fuer de si alguien viola o no viola su ley.

119(Vg118),131 Expresión de melancolía, pozo de muchos[99].

Acaso no escucho a Píndaro cuando le dijo “no seas esclavo de tristezas” (Ístmica VIII 104-105).

119(Vg118),132 Se incurre en el mal hábito de la teonimolatría.

Las presuntas justificaciones al respecto, en fin, son las mismas que las presentables en los casos de iconolatría. Ahora bien, de muchos y de muy bellos motivos se engalana la iconología, concepto que el segundo mandamiento por cierto abomina (Dt.5,8).

119(Vg118),142 Se incide una vez más, y a juicio del inquisidor con total corrección, en la inmortalidad de los auténticos preceptos del dios[100].

119(Vg118),151-152 Otra vez el salmista advierte la eternidad de los mandamientos del dios, por cierto, como todo buen creyente debería advertir.

119(Vg118),161 Incorrecta utilización del temor, ya sea literal, metafórica o eufemística, por cuanto debería leerse ‘piedad’ o ‘respeto’. Éstas palabras reportan dichas, mientras que el temor es socio de las desgracias.

119(Vg118),165-167 “Mucha paz tienen los que aman tu ley; no hay para ellos tropiezo. (…) tus testimonios (…) los amo sobremanera”. Debe ser cierta la afirmación del salmista[101], no obstante, no se corresponde en absoluto con el tropel de preocupaciones que, precisamente, él mismo expresa como hilo conductor del salterio[102].

120(Vg119),7 “Yo soy todo paz, pero, así que les hablo, se disponen a la guerra”. A juicio del inquisidor, quien ‘es todo paz’ no sólo lo es hacia adentro, sino que también ‘es todo paz’ hacia fuera. Sea como fuere, lo cierto es que no resulta modesto afirmar que uno sea “todo paz” al tiempo que se culpa a los demás de las querellas.

122(Vg121),8-9 La declaración de buenas intenciones es correcta y muy aconsejable es ponerlas en práctica.

122(Vg121),9 Cabría señalar que la casa del dios es la creación toda.

123(Vg122),3-4 Es de suponer que los antiguos bíblicos, debido a su connatural cerrazón y contumacia, en efecto, deberían tomarse cualquier criterio ajeno a las Escrituras como un desprecio a su culto o tradición, tal y como sucede con los bíblicos del triste hogaño. ¡Tan profunda es su sordera!

124(Vg123),1-2 Resulta asombroso que el dios dejara sin tutelar alguna parte de su obra, por más que sólo fuera un instante.

124(Vg123),3 Es impiedad atribuir al dios la bajuna pasión de la ira.

124(Vg123),6-7 Torpe y desafortunado símil.

124(Vg123),8 Véase 119(Vg118),132 y enmienda correlativa.

126(vg125),5 A juicio del inquisidor la alegoría es incorrecta. Con todo, considerando la buena intención del salmista debería leerse ‘los que con esfuerzo siembran, en júbilo cosechan’, de modo que se atenúe el dramatismo del llanto. Aplíquese la enmienda al versículo siguiente.

128(Vg127),1y4 Falaz y pernicioso empleo del temor.

De hecho, éste es un crimen lingüístico que envilece palabras tales como ‘amor’, ‘respeto’, ‘pudicia’ o ‘piedad’[103].

129(Vg128),5 No es propio de piadosos desear la confusión a un semejante, por malvado que éste sea. En efecto, el añadir confusión sobre confusión sólo hace al malvado más malvado. Dicho esto, lo cierto es que el versículo es maligno habida cuenta desea el mal.

129(vg128),6-7 Estos deseos, a juicio del inquisidor, son impecables y no desvelan viso alguno de maldad.

131(Vg130),1 “No corro tras de grandezas ni tras de cosas demasiado altas para mí”. Y esto pretende el salmista hablarlo nada menos que a escuchas del dios. ¿Poca grandeza es hablar en nombre del dios? ¿Es fruslería pretender que el dios atienda con dilección las palabras de uno sobre las palabras de los demás (138[Vg137],1)? ¿Se puede acaso pretender grandeza mayor?

Poco más abajo se le exige al dios “acuérdate (…) de David y de todos sus afanes”. En fin, uno de los afanes de David fue, ni más ni menos, que edificar para el dios una morada terrenal, empresa no tanto difícil como imposible, por cuanto el dios tiene por morada la creación toda.

132(Vg131),1-5 Véase enmienda precedente.

132(Vg131),7-8 Ciertamente, la adoración dirigida hacia un lugar en concreto, con la convicción de que allí mora el dios de manera especial, en fin, es una forma evidente de iconolatría, puesto que el emplazamiento en cuestión funcional cual icono.

Semejante tendencia morbosa, reprochable según el inquisidor, recibe el nombre de ‘teolocalismo’, y a los prácticantes de dicho vicio cabría llamarles ‘teolocalistas’[104]. Léase la enmienda subsiguiente.

132(Vg131),13-14 Una vez más el réprobo teolocalismo exala su hedor[105].

Acuciados por el prurito de diferenciarse respecto de cultos vecinos, en efecto, los dogmas bíblicos a menudo alcanzan el rídiculo; de hecho, una retahíla de enmiendas dan prueba de ello.

132(Vg131),17-18 Si bien pueda parecer un versículo mesiánico, lo cierto es que debe recordarse que la mención a la ‘diadema’ es lugar común en los Textos, y que en los mismos se alude a ella como simple ornato y figura retórica[106].

135(Vg134),1y3 Una vez más, el inquisidor advierte del mal hábito de la teonimolatría, que al fin y al cabo es una forma sofisticada de iconolatría[107].

135(Vg134),4 Proclamar que el dios prefiere una nación sobre las demás es no sólo impío, sino también despreciable y repelente en todo punto.

Sea como fuere, ¿no es la ley del dios igual para toda la creación? ¿No es abominable la apropiación indebida de la voluntad del dios? ¿No es una letrina de odios? ¿Acaso la historia de Israel no da prueba de ello?

135(Vg134),5 “(Yahvé) está por encima de todos los dioses”. De hecho, el politeísmo de los bienpensantes afirma lo mismo, o sea, que en realidad es “Zeus, el más alto de los felices”[108], que “ocupa el trono más alto entre todos”[109], porque, en efecto, “Zeus, el más alto y mejor de los dioses”[110], “sobresale con mucho entre los dioses y es el de más poder”[111].

135(Vg134),8-12 Se pretende fomentar el culto yahvista mediante la sistemática rememoración de presuntas hazañas del pasado, por más que se haga presente la hazaña de cada día, desde el albo amanecer hasta la aurora rosada, porque, es cierto: “la dicha de cada día siempre se presenta como bien sumo a todo mortal” (Píndaro Olímpica I 99-100)[112].

135(Vg134),15-18 ¡Cuánto conocimiento de iconolatría atesoran las muchedumbres de imagineros bíblicos! ¡Cuantísimos en nombre de Yahvé adoran figuras inánimes que no son alegoría, sino representación de mortales que un día comieron pan! ¡Cuánto se postran ante la madera, los clavos, el cadáver y el crimen! ¡Vergüenza habría de darles tanto vicio perverso!

135(Vg134),21 El dios habita en Jersusalén, es cierto, pero no en mayor medida que en cualquier otro lugar, porque ¿quién, sino los ateos, negarían que la teofanía del dios alcanza por igual todo confín del orbe? En fin, decir que el versículo es otra manifestación de teolocalismo.

136(Vg135),1-26 Se repite veintiséis veces, a modo de letanía, que en lo que al dios respecta “es eterna su piedad”; por lo que se hace difícil convenir tal dogma con el otro que, hallable en los mismos Textos, sugiere la eterna condena de los pecadores[113].

137(Vg136),1-4 No parece que el salmo fuese compuesto en Babilonia, como por cierto señalan los doctores Nácar-Colunga (1968), puesto que el autor de la salmodia se refiere al cautiverio como un suceso ya pretérito.

137(Vg136),9 El epílogo es maligno y digno de ser olvidado.

138(Vg137),1 El salmista proclama al propio dios “te cantaré salmos ante los dioses”. Las traducciones originales hablan de dioses ‘elo-hím’ (hebreo masorético) o ‘angeles’ (Vulgata de los setenta), con lo cual, en efecto, se advierten algunos tímidos visos de un insulso politeísmo, reprimido empero por antiguas leyezuelas que a los bíblicos, falacias mediante, no les queda más solución que contradecir.

En efecto, las pretendidas justificaciones al respecto son todas sinuosas y evasivas: ciertamente son innúmeras y variopintas. ¡Qué pasmosa habilidad! ¡Que peritos de la manipulación! ¡Cuánto ejercicio acumulado en la práctica de la doblez!

138(Vg137),2 Se incurre una vez más en el vicio de la teonimolatría, por más que en esta ocasión aparezca aderezado con ribetes de teolocalismo.

138(Vg137),4 Las ambiciones del teonacionalismo israelita parecen no tener límite, de modo que tal vicio fácil degenera en lo que es justo denominar ‘teonacionalismo expansionista’, violentísima lacra que azota el orbe.

139(Vg138),6 Acertadamente el salmista se refiere a la acción del dios como a una ciencia noble, esto es, sensible al razonamiento. La expresión es muy grata al inquisidor, al tiempo que comprueba como la teodicea parece asomar de entre la caligne[114].

139(Vg138),7-12 De este pasaje se deduce que el dios se manifiesta en todas partes por igual, lo cual sería razonable y desacreditaría los muchos arrebatos de teolocalismo, hedor propio de teonacionalistas de cal y canto.

139(Vg138),14 Correcta alabanza al dios. Muy pura incluso cuando clama “¡admirables son tus obras!”, toda vez que a ésta se oponen quienes de los dos primeros mandamientos hacen recia atadura, en efecto, los mismos que desprecian y se oponen a todo culto pagano.

139(Vg138),19 El primer hemistiquio es malvado, puesto que desea el mal. El segundo no lo es, de modo semejante a 140(Vg139),2.

139(Vg138),20 ¿Acaso es acertado advertir que el dios tiene adversarios? ¿No serán los malvados quienes se ven rodeados de adversarios, y no son estos sus vicios, las pasiones y la cerril ignorancia acerca de lo divino? En efecto, gravoso es el lastre de mortales navíos.

139(Vg138),21-22 Se evidencia el mal pensar del salmista.

139(Vg138),23-24 Buen final de capítulo. Intachable.

140(Vg139),10 El segundo hemistiquio expresa un deseo maligno.

140(Vg139),11 El deseo de mal prosigue en este versículo con un error añadido, en efecto, ¿cómo creer que algunos podrían caer “en el abismo para no levantarse jamás” al tiempo que se cree del dios que “eterna es su piedad” (136[Vg135],1-26)?

141(Vg140),3-4 Súplica acomodaticia por cuanto se le exige al dios toda responsabilidad.

Por el contrario, los paganos helenos entienden desde antiguo que ‘el hombre propone y dios dispone’, así lo deja entrever Atenea, cuando anima al hijo de Odiseo en estos términos: “por ti mismo, Telémaco, en parte hallarás las palabras y algún dios, además, te vendrá a dar ayuda; no creo que nacieras ni que hayas medrado malquisto del cielo” (Odisea III 26-28). También se pone de manifiesto cuando Odiseo, con toda piedad, suplica a su tripulación: “remad con vigor, por si Zeus nos concede salir de este paso y rehuir la desgracia” (Odisea XII 215-216).

143(Vg142),5 Ver enmienda a 135(Vg134),8-12 y 145(Vg144),6-7.

143(Vg142),6 La pasión desatada por el salmista parece más propia de un amante obcecado por el enamoramiento, en efecto, que de un creyente iluminado por el intelecto don de dios, órgano del alma por el cual se le conoce.

143(Vg142),12 Final malvado, puesto que se desea el mal.

144(Vg143),3 Se utiliza la expresión “el hijo del hombre” en referencia al hombre común y corriente. Sin embargo, este mismo apelativo se empleará para referir al galileo mártir, el mismo que se autoproclamó hijo predilecto del dios (Lc.22,70). En definitiva, éste es otro caso de doblez lingüística, moral y teológica de los Textos.

144(Vg143),12 En el tercer y cuarto hemistiquios parece haber una alusión a las cariátides de los templos paganos helenos[115].

145(Vg144),3 Se dice que la grandeza del dios es inescrutable; sin embargo, acaso esta afirmación sea parcialmente cierta, por cuanto los auténticos creyentes tienen el deber de escrutar al dios y a sus manifestaciones, por muy grande que éstas sean.

145(Vg144),9 En el segundo hemistiquio se proclama que Yahvé es misericordioso para con “todas sus obras”. De ser así, como por cierto creería todo hombre piadoso, invalidaría el absurdo dogma de condena o anatema eternos para los pecadores[116].

145(Vg144),19 Uso incorrecto del verbo ‘temer’, por cuanto se pretende expresar la idea de ‘respetar’ o ‘reverenciar’. De hecho, estos últimos son términos acertados con relación al dios, amén de ser medios del exceso ‘temer’.

145(Vg144),20 “Y extermina a los impíos” es una locución que parece oponerse a la presentada poco más arriba, en 145(Vg144),9, la cual reza con acierto “es benigno Yahvé para con todos; y su misericordia sobre todas sus obras”. En efecto, también los impíos son obra original del dios[117].

146(Vg145),3 Bajo el mismo sesgo del que tanto gustan los bíblicos, la sentencia “no confíes en los príncipes, en los hijos del hombre, que no salvan” es indudablemente antimesiánica, puesto que se leería que el mártir galileo, también llamado ‘el hijo del hombre’ (Mt.17,22) y ‘Príncipe y Salvador’ (Act.5,31), en realidad no salva y que, por ende, no es de fiar ni él ni su palabra.

146(Vg145),8 “Yahvé ama a los justos”. Cierto, como a todas sus obras, incluido los injustos.

147(Vg146,147),4 El versículo viene a decir que el dios conoce a todas las estrellas del universo, si bien al inferir que éstas pueda poseer nombre el salmista les confiere cierta divinidad. ¿Qué entidad les confiere entonces cuando son nominadas, no por mortales, sino por el propio dios?[118]

147(Vg146),10-11 Con estas palabras se procura advertir a los feligreses que deben ser mansos y dóciles: bien mansos y bien dóciles cual corderos de un rebaño. Sin embargo, por otro lado el inquisidor advierte que a veces, siguiendo el camino de una res, en efecto, los corderos dóciles y mansos se despeñan partiéndose los huesos al caer unos encima de otros.

147(Vg146,147),13 “Por haber reforzado las cerraduras de tus puertas”. El salmista habla así de las murallas de Sión en Jerusalén, que por entonces, como ahora, precisaban estar bien defendidas de los ataques extranjeros.

148,2-6 Versículos politeístas, por cuanto se citan los “ángeles todos”, “todos sus ejércitos”, el sol, la luna, “las lucientes estrellas”, “los cielos de los cielos”, en fin…, y no sólo como creación especial del dios, sino que además se refiere su condición inmortal al decir que “hizo (Dios) que perduraran por los siglos”.

En efecto, en los cultos politeístas los dioses menores también son engendrados por el dios supremo, y a la vez, gozan también de la inmortalidad. Asimismo, tales dioses también deben obedecer “estatutos que no traspasarán” prerrogados por su dios.

148,13 Los dos primeros hemistiquios adolecen de teonimolatría.

148,14 El versículo todo peca de teonacionalismo.

149,1-9 Salmo que evidencia el folclore presente en la religión bíblica, aquella que mezcla y confunde culto y tradición.

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]     Versión de los ‘Setenta de Alejandría’.

[2]     Aarón es ungido en Éx.30,22-30 y Lev.8,12; Saúl recibe la unción del dios en 1Sam.10,1 y en 1Sam.16,13 se relata la unción de David.

[3]     En fin, aplíquese el sentido de la enmienda a 1Sam.2,10/ 1Sam.2,35 y 20(Vg19),7.

[4]     Véase 18(Vg17),8.

[5]     Ver 24(Vg23),1.

[6]     Véase 7,18/ 8,2/ 8,10/ 9,11/ 20(Vg19),8/ 23(Vg22),3/ 29(Vg28),2/ 31(Vg30),4/ 33(Vg32),21 ó 34(Vg33),4.

[7]     Asimismo véase 18(Vg17),26/ 20(Vg19),10 ó 25(Vg24),11.

[8]     Ver 18(Vg17),9 ó 20(Vg19),10.

[9]     No es que la pena del talión sea reprochable en sí misma, a decir verdad, lo réprobo es que sea aplicada por mortales y no por los dioses.

[10]    Al respecto véase 9,16-17.

[11]    Asimismo, véase contradicción al respecto en Sab.10,8, donde se manifiesta que “los que despreciaron la sabiduría, no sólo sufrieron el daño de no conocer el bien, sino que dejaron a los vivientes un monumento de su insensatez, para que no cayesen en olvido sus pecados”.

[12]    Al respecto véase 15(Vg14),4/ 19(Vg18),10/ 22(Vg21),24y26/ 25(Vg24),12y14/ 31(Vg30),20/ 33(Vg32),18 ó 34(Vg33),8.

[13]    Véase al respecto 22(Vg21),12y20-22/ 31(Vg30),6y16/ 70(Vg69),6/ 78(Vg77),7 u 86(Vg85),11.

[14]    En el mismo sentido ver 20(Vg19),10.

[15]    Ver 18(Vg17),29.

[16]    Al respecto véase 27(Vg26),1y3.

[17]    Véase Jue.1,17-33/ 7,14/ 9,13 y 33(Vg32),6 con sus enmiendas correspondientes.

[18]    Ver enmienda a 22(Vg21),11.

[19]    En el mismo sentido véase 23(Vg22),4.

[20]    Ocurre lo mismo, una vez más, en 96(Vg95),9. Véase enmienda correspondiente.

[21]    Véase 35(Vg34),4.

[22]    Ver 1Sam.21,10-15 y enmienda relativa a 1Sam.21,13-14.

[23]    Ver 35(Vg34),26-27 y 40(Vg39),15-16 así como un magnífico ejemplo al respecto en 51(Vg50),15.

[24]    Además véase Gén.3,22 y 40(Vg39),6.

[25]    Véase 37(Vg36),10y11/ 37(Vg36),22/ 37(Vg36),28-29 ó 37(Vg36),24.

[26]    De hecho, en Prov.14,13 se advierte que “aun en la risa hay aflicción de corazón”.

[27]    Ver 38(Vg37),4.

[28]    En efecto, padecer estupor en cuanto a lo desconocido es cosa de necios. Ahora bien, parece de lo más justo reconocer que “difícil es para mí exponer todo eso como si fuera un dios” (Ilíada XII 176).

[29]    La palabra ‘pentateuco’ significa ‘cinco estuches’ en helenio, y hace referencia a los estuches de forma tubular donde se guardaban los escritos de ‘la ley’ judía.

[30]    Los doctores Nácar-Colunga, en su edición del año 1968, sugieren que habida cuenta este versículo el salmo es indudablemente mesiánico. ¡Hasta semejante extremo llega la tergiversación! ¡La contradicción travestida en profecía! ¡Barrancos y despeños!

[31]    Véase 72(Vg71),19 ó 89(Vg88),53.

[32]    Asimismo, ver 44(Vg43),7y8.

[33]    Ver 47(Vg46),4.

[34]    Al respecto de todo ello, véase 2Sam.7,16 donde el dios promete trono perpetuo para la estirpe de David.

[35]    Véanse, como ejemplos cercanos, 56(Vg55),4-5 ó 56(Vg55),12.

[36]    Ver 54(Vg53),8.

[37]    Véase 59(Vg58),14 y enmienda correlativa.

[38]    Ver 46(Vg45),3.

[39]    En tal caso “su furor ya no ultrajaría más que arcilla inerte” (Ilíada XXIV 54).

[40]    En el mismo sentido véase 64(Vg63),10 y 66(Vg65),16.

[41]    Adviértase que en otro lugar se dice “no digas: (…) le devolveré a cada uno según sus obras” (Prov.24,29).

[42]    Ver también 68(Vg67),5.

[43]    Véase 69(Vg68),31y37.

[44]    Ver enmienda siguiente y 68(Vg67),36.

[45]    Véase 87(Vg86),2. Asimismo, no se puede cupar del mismo delito a los paganos, por cuanto no identificaban el Olimpo como un lugar terrenal que servía de habitación a los dioses, sino que se referían a él como alegoría, esto es, “el Olimpo, donde dicen se halla la eterna mansión de los dioses, que no agitan los vientos ni mojan las lluvias ni alcanzan las nevadas jamás, porque todo en un éter sereno que sin nieblas se expande bañado de cándida lumbre” (Odisea VI 41-46).

[46]    Ver 68(Vg67),36.

[47]    Véase enmienda a 17(Vg16),8-13. Véase además 71(Vg70),12 y 73(Vg72),25.

[48]    Para último hemistiquio “Amén. Amén”, véase enmienda a 41(Vg40),14.

[49]    Véase 74(Vg73),19 segundo hemistiquio y 74(Vg73),22 ídem y 23.

[50]    En efecto, es el magnífico Píndaro quien proclama “¿Qué es Dios? ¡El Todo!” (Odas Y Fragmentos BCG frag.140d).

[51]    Recuérdese el caso del profeta Ajías (1Rey.11,29).

[52]    Véase 76(Vg75),7.

[53]    Ver contradicción en Jt.8,16, donde se dice que “no es Dios como un hombre que se mueve con amenazas”. Por el contrario, ver Job 26,11 donde se insiste en representar al dios amenazante. Por último, advertir que en Is.54,9 el dios jura no proferir amenazas contra su pueblo.

[54]    Sobretodo porque “la pasión (…) lleva a culpar a un inocente” (Ilíada XIII 775).

[55]    Ver 76(Vg75),13 segundo hemistiquio.

[56]    Véase 78(Vg77),3-4y7/ 78(Vg77),11-17, enmienda siguiente y 78(Vg77),42-48.

[57]    Al respecto de tamaña impiedad véase Gén.6,3/ Gén.9,6 y enmiendas correspondientes.

[58]    En efecto, “el golpe a traición hiere al traidor” (Eclo.27,28).

[59]    Al respecto véase 82(Vg81),8.

[60]    Véase enmienda a 68(Vg67),5.

[61]    Véase 88(Vg87),8.

[62]    Ver 88(Vg87),3y16-17.

[63]    Véase 91(Vg90),11.

[64]    Véase 2,2 y 89(Vg88),52.

[65]    Véase 90(Vg89),9y11.

[66]    Asimismo, para otra versión del asunto, tal vez más pormenorizada, véase Jenofonte Recuerdos de Sócrates I 4,5-6 y I 4,17-18.

[67]    Asimismo, véase 96(Vg95),4-5 y 97(Vg96),7.

[68]    Al respecto véase 29(Vg28),2.

[69]    Hesíodo Teogonía 610.

[70]    Hesíodo Trabajos y Días 265 y ss.

[71]    Hesíodo Trabajos y Días 105.

[72]    Como ejemplo véase Ilíada I 533-534: “A una los dioses se incorporaron de sus asientos a la vista del padre”.

[73]    A qué se refieren con ello es difícil de averiguar, puesto que un canto alusivo a la figura del eventual caudillo de Israel sería mesiánico. Ahora bien, de ahí a sentenciar que el canto aluda a la figura del galileo va un trecho demasiado grande.

[74]    Ver asimismo 99(Vg98),4.

[75]    Véase 101(Vg100),2 segundo hemistiquio.

[76]    Véase 62(Vg61),13.

[77]    Véase Gén.6,3/ Gén.6,17/ Gén.9,6 ó aquí cerca 78(Vg77),39.

[78]    Ver 106(Vg105),9 así como la contradicción presente en Jt.8,16.

[79]    Véase enmienda a 2,2.

[80]    Véase 105(Vg104),6-45 ó 106(Vg105),2-12.

[81]    Véase Ecl.3,21 y enmienda correlativa. Tal vez también en este sentido el propio Zeus dijera que “nada hay sin duda más mísero que el hombre de todo cuanto camina y respira sobre la tierra” (Ilíada XVII 446-447).

[82]    Véase 107(Vg106),15y21 y 107(Vg106),31.

[83]    Al respecto véase 107(Vg106),14y16.

[84]    Véase 109(Vg108),18-20 y 109(Vg108),28-30.

[85]    Ver 30(Vg29),6.

[86]    Véase 114,115(Vg113),7 segundo hemistiquio.

[87]    Véase 114,115(Vg113)b,13.

[88]    Pasaje recordado en Ez.18,19yss.

[89]    Véase 118(Vg117),21.

[90]    Al respecto véanse las enmiendas a Gén.12,9-10/ Gén.12,20 ó Gén.20,2.

[91]    Ver al respecto Jer.17,5, donde Yahvé maldice al “hombre que en el hombre pone su confianza”, en lo que parece ser una profecía antimesiánica.

[92]    Por cuanto quien no ha nacido es todavía un dios.

[93]    En el bien entendido que los dioses reclaman su compañía.

[94]    Véase 119(Vg118),17-18.

[95]    Véase 118(Vg117),23.

[96]    Al respecto véase 119(Vg118),96/ 119(Vg118),142 y 119(Vg118),151-152.

[97]    Véase 119(Vg118),89/ 119(Vg118),142 y 119(Vg118),151-152.

[98]    También cabría recordar lo que Ulises le dijo al Pelida: “quizá yo en juicio te aventajo mucho, porque tengo más edad que tú y sé más cosas” (Ilíada XIX 218-219).

[99]    Ver 119(Vg118),136 y Pro.30,19 y enmienda.

[100] Véase 119(Vg118),89/ 119(Vg118),96/ 119(Vg118),144/ 119(Vg118),151-152y160.

[101] Para antecedente ver 119(Vg118),6-7 y para reincidencia ver 125(Vg124),1.

[102] A tal efecto véase 119(Vg118),31y82/ 119(Vg118),84y86/ 119(Vg118),107y109/ 119(Vg118),116/ 119(Vg118),120-122/ 119(Vg118),131/ 119(Vg118),136y139 ó 119(Vg118),143y153.

[103] Véase 130(Vg129),4 ó 135(Vg134),20.

[104] No sería justo culpar a los paganos de ‘teolocalistas’, habida cuenta consideran el Olimpo no como lugar físico, sino como alegoría, porque los dioses habitan “el Olimpo, donde dicen se halla la eterna mansión de los dioses, que no agitan los vientos ni mojan las lluvias ni alcanzan las nevadas jamás, porque todo en un éter sereno que sin nieblas se expande bañado de cándida lumbre” (Odisea VI 41-46).

[105] Ver 135(vg134),2.

[106] Véase al respecto Éx.29,6/ Éx.39,30/ Lev.8,9/ Prov.4,9/ Cant.3,11/ Eclo.45,14/ Is.28,5/ Is.61,10/ Is.62,3/ Ez.16,12/ Zac.9,16/ Ap.19,12 y Ap.12,3, donde se representan siete diademas en siete cabezas de dragón y Ap.13,1, esta vez situadas en diez cuernos. Asimismo, véase enmienda referida a Sal.2,2.

[107] Véase 135(Vg134),13.

[108] Lírica Griega Arcaica Himnos frag.30 BCG.

[109] Píndaro Olímpica II 76-77.

[110] Odisea XIX 303.

[111] Hesíodo Teogonía 45yss.

[112] Al respecto véase 143(Vg142),5 y 145(Vg144),6-7.

[113] Véase Eclo.51,17 y enmienda.

[114] Léase 119(Vg118),104y130 ó 119(Vg118),169 donde se ensalza la inteligencia como lumínico don del dios. Ver asimismo 147(Vg146,147),5 y 119(Vg118),34 además de 119(Vg118),66 donde se le ruega al dios el favor de la ciencia, entendida ésta en el sentido antiguo y sublime de ‘conocimiento inmortal’, y no en el perverso sentido con el que se entiende en la era industrial.

[115] En efecto, las cariátides son esculturas de mujeres ejemplares de la ciudad, que servían de columnas al cuerpo de las edificaciones cultuales.

[116] Por ejemplo, véase enmienda a 136(Vg135),1-26.

[117] En efecto, según Prov.16,4 “todo lo ha hecho Yahvé para sus fines, aun al impío para el día malo”.

[118] Con relación a esto véase Is.40,26.