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Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: TOBÍAS, JUDIT, ESTER

TOBÍAS o TOBIT

De la benevolencia del arcángel Rafael para con el paciente y justo Tobit

3,3 Según el caduciforme y patiestevado inquisidor, la ignorancia es el principal origen de los pecados, del cual se rerivan los demás males. Acaso estos pecados se subtituyan por bienes mediante los castigos, que de hecho son una consecuencia natural y representan una medicina para el alma. Es por esto que Tobit, al clamar al dios “no me castigues por mis pecados, ni por mis ignorancias” es como si dijera ‘no me sanes de mis dolencias, ni de mis enfermedades’.

Qué distinta es la nobleza apreciable en Odiseo, cuando clama “no espero en mis males cesar sin que antes los colmen los dioses” (Odisea VI 173-174), o cuando esforzose diciendo “esforzado es mi ánimo y ya soporté muchos males en la guerra y el mar: denle colmo estos otros ahora” (Odisea XVII 284-285).

3,5 La frase “para que vayas a tomar venganza” dirigida al dios no es de buen creyente. Subtitúyase por ‘para que vayas a tomar justicia’ y gócese con el significado.

3,6 Existe contradicción entre el rezo aquí aparecido “ea, pues, haz conmigo según tu beneplacito”, el cual es hermoso y digno de verdadero creyente, y la petición anterior y ya enmendada más arriba “no me castigues por mis pecados, ni por mis ignorancias” (3,3).

3,11 Oración más correcta que la muy imprudente declamada en Neh.9,5, a excepción de la sentencia “bendito tu nombre, santo y excelso por los siglos”, que no deja de ser un tipo de iconolatría llamada teonimolatría, toda vez que más sofisticada que la habitual, pero, al mismo tiempo, más vulgar que la iconología[1].

4,5-9 Excelentes versículos que dan fe de una elevada moral. Otrosí, esta apreciación se hace extensible a 4,13-16, donde por cierto se halla una bella variante de la regla de oro ‘amarás al prójimo como a ti mismo’ (Lev.19,18/ Mt.7,12 ó Lc.6,31), por cuanto aquí Tobit dice “lo que no quieras para ti, no lo hagas a nadie”, utilizando una fórmula más apropiada.

La ambigüedad de estas dos bienintencionadas sentencias radica en que, en efecto, hay quienes no se aman en absoluto o, lo que es peor, quienes por inconsciencia buscando lo mejor encuentran sólo desdichas.

4,19 El inquisidor no aprueba la locución “bendice al Señor Dios”, ya que en todo caso sería el propio dios quien bendeciría a un tercero. ¡Insólito es que una parte bendiga al todo! Por el contrario, el consejo que da Tobit a su vástago Tobías “pídele (al dios) que tus caminos sean rectos y todas tus sendas y consejos vayan bien encaminados” es un precioso rezo.

Por último, la sentencia “el Señor es quien da todos los bienes”, aunque cierta en su expresión más trascendente, puede resultar gregaria y servil si es tomada como excluyente y se desconsidera la participación de lo particular en la transmisión del bien. En efecto, los humanos inspirados por los dioses también son capaces de hacer el bien a sus semejantes. Adviertan este matiz beatucos y papatostes de flébil fuste.

4,21 El inquisidor se ve obligado a discrepar  sobre la fórmula repetida con contumacia “rico serás si temes a Dios”, por cuanto ¿cómo temer a quien sólo reporta bienes? A este respecto la Comunidad Bíblica debería cantar ya su palinodia, pues son muchos los enfermos a causa de tal blasfemia. ¡Sálvese quien pueda!

5,4 Aquí Tobías se encuentra con el arcángel Rafael[2], enviado por el dios en 3,16-17. Como parece obvio, el sopor monoteísta requería de algún aderezo, y en este caso se optó por introducir un nuevo ministro del dios.

Acaso el hagiógrafo vio oportuno añadir un elemento adoratorio más definido que el antiguo ángel del Yahvé, el cual debido a su insulsez a menudo se identifica con el propio Yahvé. Ahora bien, aquí no parece haber semejante duda: el autor integra la figura de una divinidad menor, y con ello, inicia el paso del monoteísmo más becerril y lanar al culto que más ángeles, arcángeles, serafines, querubines, santos, vírgenes, patrones, profetas y, en definitiva, divinidades menores, ha exhornado elenco celeste o rupestre.

6,7 Tal práctica adivinatoria es evidencia de superstición en el seno de los israelitas, como también lo es el aparecido en 6,16-17.

8,5 Es preciso advertir más incorrecciones como ésta, todas ellas en relación con el torpe uso de la bendición y con el pecado de teonimolatría, y que se añaden a las ya mencionadas más arriba (enmiendas a Neh.9,5 y 4,19). El distinguido y paciente lector sabrá comprobarlas[3].

12,11 Según palabras del arcángel Rafael “bueno es guardar los secretos del rey, pero es glorioso revelar las obras de Dios”, en virtud de lo cual poco fundamento tendrían las obscuras exégesis de las que tanto se sirven algunos tragasantos y misticones de alpargata, aquellos que a menudo sueltan “¡cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Rom.11,33)[4]. Pero bueno, ¿acaso los verdaderos creyentes no son quienes excrutan los senderos del dios? ¿Acaso no son quienes desarrollan una fe activa y personal, y no pasiva y gregaria?

12,15 Rafael argumenta que él es “uno de los siete sabios ángeles que (…) tienen entrada ante la majestad del santo”, por lo que, según parece, la religión yahvista evoluciona del monoteísmo militar de los orígenes hacia el politeísmo de anchurosa mente y probos designios[5].

12,16 Tras la revelación del arcángel Rafael, tanto Tobías como su padre Tobit “se quedaron turbados, (…) llenos de temor”, en una acertada relación entre la turbación y el temor. Ahora bien, toda vez que semejante reacción se entiende en el caso de Tobías ―quien desconocía que su acompañante era un enviado del dios―, resulta incomprensible en su padre Tobit, ya que tranquilizó a su mujer Ana diciéndole “un ángel bueno lo acompaña” (5,20-21).

13,4 La apropiación indebida del dios es pertinaz y proterva: “Él es nuestro Señor y nuestro Dios, Él nuestro padre”, embutiendo aún más la gruesa tripa de la blasfemia.

13,17-18 Tobit parece desconocer que una de las causas de la impiedad de Salomón y de la escisión del reino fue la penosa manutención del fausto.

14,2 Es “(Tobit) proseguía en temer al señor Dios” una impiedad más de tantas del mismo jaez.

14,6 La sentencia “todas las naciones se convertirán de veras al temor del Señor Dios” se reprueba a sí misma al exhalar el petulante hedor del teonacionalismo expansionista, culmen del despropósito, peligro de sombrías intenciones.


JUDIT

De la erótica amoralidad de la viuda Judit y de la atribución del engaño a la gracia del dios

1,1 Se aprecia un error consistente en nombrar a Nabucodonosor como rey de Asiria, por cuanto en realidad fue rey de Babilonia[6]. En efecto, el rey al que alude el relato podría ser el asirio Asurbanipal el misterioso Sardanápalo de los helenos (s.VI a.C.). Así lo confirmaría, por ejemplo, la mención de un tal ‘Asur’ en el cántico de Judit (16,5), de manera que pudiera ser un hipocorístico de Asurbanipal. Sin embargo, tal palabra podría también referirse al dios principal asirio Asur, y la expresión “vino Asur de las montañas del norte” parece ser definitiva al respecto, ya que Asiria quedaba al septentrión de Israel.

Con todo, parece evidente que el texto ha sido muy manipulado, y es preciso recordar que el original ha sido devorado por Cronos insaciable. Finalmente, sólo cabría esperar que el ‘cántico de Judit’ se hubiese salvado de los toqueteos de los copistas.

2,5 La sentencia “esto ordena el rey grande, el señor de toda la tierra” se refiere al propio Nabucodonosor, y no a Yahvé, como creen algunos papanatas bíblicos. A pesar de que los términos empleados puedan dar que pensar, el contexto difiere mucho del cual éstos se sirven para creer que se alude a Yahvé (Sal.47,3). De hecho, el versículo 2,13 es muy clarificador al respecto, como también lo son el 3,8; el 11,1 y, sobretodo, el 6,2. Sin embargo, parece que nada escapa a la arbitriariedad de los bíblicos, incansables aplicadores de cosméticos.

2,14 La aparición del nombre de origen persa ‘Holofernes’, es decir, ‘Horofernes’, no deja de aumentar la ambigüedad del texto. En efecto, es conocida la existencia de un rey de Capadocia con el mismo nombre que reinó hacia el siglo II a.C., pero si fuera este rey al cual se refiere el texto existiría un grave anacronismo, puesto que tanto Nabucodonosor como Asurbanipal reinaron hacia el s.VI a.C.

Probablemente tamañas ambigüedades e inconexiones sean el mayor motivo para no considerar el texto como eminentemente histórico; además, la abyecta decapitación de un importante general asirio, tal y como relata el librito (14,14-19), daría lugar a que otras fuentes se hubiesen echo eco del magnicidio, pero no ha sido así[7].

4,6-7 Ahora la aparición en el relato de Joaquim y de Joaquín, reyes de Judá, hace suponer que el rey invasor al cual se refiere la historieta es Nabucodonosor, rey de Babilonia la nueva[8]. Ahora bien, al mismo tiempo se habla constantemente de asirios, de Nínive y de Asiria.

8,8 Muy réprobo es ser “muy temeroso de Dios” y no probo como infiere el versículo. Una vez superado el anacronismo, los traductores actuales deberían realizar un esfuerzo común por evitar tamañas blasfemias.

El falible pero denodado inquisidor substituiría la perífrasis ‘temer a Dios’ por ‘amar al dios’ o ‘respetar al dios’.

8,14 “De ningún modo (…) irritéis al Señor, Dios nuestro”. Pero ¿acaso es posible irritar al dios? ¿Acaso creerlo hacedero no es una completa impiedad? ¿No lo es también referirse al dios en términos posesivos?

8,16 Menos mal que Judit dice “no es dios como un hombre que se mueve con amenazas”, puesto que en numerosas ocasiones lo parece[9], ¿o no es cierto que han puesto furibundas amenazas en boca del dios? ¡Nefario pecado! ¡Crimen aborrecible!

9,8 “Pulveriza su fuerza con tu ira”. Adviértase que la ira es un grave defecto, y por lo tanto, que es imposible de atribuir al dios sin cometer impiedad.

9,9 “Descarga tu cólera”. La insistencia en el maldecir revela el carácter protervo de la mayoría de los hagiógrafos, que sólo excepcionalmente están a la altura de unos textos realmente sagrados.

10,12-13 La inefable impiedad del suceso, en el cual la viuda Judit muda su aspecto ataviándose y aplicando maquillaje a su piel, no radica precisamente en estas malas artes de Judit, quien para salvar del asedio a la ciudad de Betulia se sirve del artificio y la seducción, sino que la atroz impiedad reside en que se presente y se celebre como una acción patrocinada por Yahvé, el dios del rebaño hebreo[10].

Por el contrario, la conducta del general Holofernes es ejemplar, por cuanto a pesar de habérsele presentado una bella mujer que accede a dormir con él en su lecho (14,14), la trata con respeto hasta el último instante, toda vez que hubiese podido hacer con ella cuanto gustase y apeteciese.

16,19 “Eso es poco para ti (para Yahvé) el sacrificio de suave olor y es nada toda la grasa para tus holocaustos”, lo cual de ser cierto dejaría en evidencia las múltiples atenciones que antiguamente se le dieron a los holocaustos, de modo que allí se detallan cómo ejecutarlos y se revisten de una trascendencia divinal hasta el extremo de proclamar “holocausto de suave olor a Yahvé” (Núm.29,2y8)[11]. El distinguido lector sabrá comprobarlo[12].

16,30 ¿El dios tampoco?


ESTER o EDISA

De las súplicas de Ester a su benefactor Jerjes I y de la magnanimidad del rey persa

1,19-22 Magnífico consejo de Memucán, pues consigue hallar un justo procedimiento para castigar el desprecio de la reina Vasti. Ahora bien, no se puede decir lo miso en lo que se refiere a la elección de la sucesora Ester, por cuanto se conduce con la misma irreverencia que la destronada (14,16-18).

13,15 Una vez más se usa el posesivo con respecto al dios[13].

13,16 Inferir que el dios se preocupa más de una nación que de otras es una impiedad.

La crasa necedad de considerarse una nación a la que el dios dispensa un trato preferente sólo puede motivar conflictos y malestar. Es así como se persiste en concitar odios, como en 14,3, donde se dice “y oró al Señor, dios de Israel”[14]. Además, éste es un concepto que se opone a otro más pacífico, y por ende, más verdadero, según el cual “(el dios) no hace acepción de personas” (Dt.10,17), por lo que tampoco hace acepción de naciones.

14,12 Se utiliza la expresión “Rey de los dioses, dominador de todo poder” en clara sintonía politeísta[15].

Al parecer, los diferentes hagiógrafos creían que Yavhé compite de algún modo con los otros dioses, a fin de lograr ser el único adorado por los mortales. Además, según éstos Yahvé favorecería a quien le presta veneración y perjudicaría a quien se la ofreciea a otros dioses.

15,13 La afirmación que el rey Asuero[16] le dirige a Ester “no, no morirás, mi mandato es para el común de las gentes”, deja sin fundamento la advertencia que Mardoqueo envió a Ester “no vayas a creer que tú serás la única en escapar entre los judíos todos por estar en la casa del rey” (4,13).

7,5-7 Resulta inexplicable el pasmo del rey Asuero, habida cuenta él era cómplice de la determinación de Amán de exterminar a los judíos, y fue además el primero en saberlo. Así se puede leer en 3,8-11 y en 3,15. Otrosí, también fue el propio rey quien autorizó la publicación del edicto de exterminio, noblemente escrito, por todas las satrapías persas[17].

El contraste del edicto con lo dicho en 16,15-18 es inverosímil, como lo es la intepretación sesgada de los bibliólatras de cal y canto, pues contumaces cual onagros de recia jáquima, confieren historicidad a tan manoseada fabulación.

9,13 Ester pide que se cuelgue a los diez hijos de Amán, pese a yacer éste sin hálito de vida (9,6-10 y 9,12). Refocilarse del ludibrio a cadáveres no es propio de una mujer piadosa.

Cuán difiere esta sucia conducta a la exigida por Odiseo a la antañona ama Euriclea, cuando hubo de escuchar “goza dentro del pecho, (…), mas tente y no grites, que no es bueno ufanarse por muerte de hombres” (Odisea XXII 411-412).

10,10 “Por esto (Dios) estableció dos suertes: una para el pueblo de Dios y otra para todas las otras naciones”. La creencia en este nauseabundo versículo sólo puede provocar odio, enemistad y marginación. Prevénganse de creer tan grave infamia los no infectos de bibliosis.

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]     Véase 8,5.

[2]     Nombre que viene a decir ‘medicina del dios’ o ‘dios sana’. Salvando las enormes diferencias, este dios equivaldría al Asclepio heleno.

[3]     Véase al mismo efecto 8,15/ 11,1/ 11,14/ 12,7/ 12,17/ 13,17 y 14,7.

[4]     Véase al respecto Job 5,9/ Sal.145(Vg.144),3 y Ef.3,8-9.

[5]     Ver enmienda a 5,4.

[6]     Ver 1,7/ 1,11/ 2,1/ 2,4 y 4,1.

[7]     Según el caduciforme inquisidor, el opúsculo es una fábula realizada con una intención sobradamente evidente, que es la vanagloria nacionalista, y relatada dentro de un marco más o menos histórico, toda vez que salpicado de imprecisiones y ambigüedades. La pretensión del librito, cabe repetir, no era precisamente de carácter testimonial.

[8]     Véase 2Rey.24,1.

[9]     Ocasiones tales como Gén.2,17/ Gén.9,5-6/ Gén.12,3/ Gén.17,14/ Éx.7,16-18/ Éx.7,26-29/ Éx.8,16-17/ Éx.9,1-3/ Éx.9,19/ Éx.10,4/ Éx.19,12-13/ Éx.31,14-16/ Lev.17,3-4/ Lev.18,29/ Lev.20,9yss./ Lev.26,14-43/ Núm.14,28-35/ Núm.15,30-31/ Núm.18,32/ Dt.11,27-28/ Dt.27,15-26/ Dt.28,15-69 ó Dt.29,19-28.

[10]    Véase 11,19/ 12,4/ 12,8/ 13,4-8/ 13,11/ 13,14-18/ 14,10 y 16,7.

[11]    Cuán difiere esta sucia sentencia a la que tan noblemente proclama “todo el día estuvieron propiciando al dios con cantos y danzas los muchachos de los aqueos, entonando un peán en el que celebraban al Protector (Apolo); y éste se recreaba la mente al oírlo” (Ilíada I 472-474).

[12]    A la sazón véase Gén.8,20/ Gén.22,13/ Éx.10,25/ Éx.18,12/ Éx.20,24/ Éx.24,5/ Éx.29,18y25/ Éx.32,6/ Éx.40,29/ Lev.1,9y13/ Lev.1,17/ Lev.6,9/ Lev.7,37/ Lev.8,21/ Lev.9,16/ Lev.10,19/ Lev.16,3y5/ Lev.23,12/ Lev.23,18/ Núm.6,11y14/ Núm.6,16/ Núm.28,13/ Núm.29,2/ Dt.12,14/ Dt.13,16/ Dt.27,6/ Jos.8,31/ Jue.13,16/ Jue.20,26/ Jue.21,4/ 1Sam.6,14/ 2Sam.6,17/ 1Rey.10,5/ Esd.3,2-6/ Esd.8,35/ 1Mac.4,55/ Job 1,4-5/ Sal.66,15/ Is.56,7 ó Ez.45,23.

[13]    En el mismo sentido ver 14,3.

[14]    Véase 14,5.

[15]    Léase “(Zeus) rey de los dioses” (Píndaro Nemea VII v.82) ó “Zeus, rey de los Inmortales” (Hesíodo Trabajos y Días 665 y ss.).

[16]    Esto es Jerjes I, el sucesor de Darío en el 485 a.C.

[17]    Véase 13,1-7.