La creación no ha terminado...

Historia y Cultura

INQUISICIÓN A LA BIBLIA: MARCOS

MARCOS

Profecías sobre el nuevo tiempo del bautizo en sangre

1,3 Aplíquese enmienda relativa a Mt.3,3.

1,4 Aplíquese enmienda relativa a Mt.1,21. A decir verdad, ‘la remisión de los pecados’ se obtiene una vez consumado el castigo dispuesto conforme a ley, no una vez ofrecida la lisonja conforme al gusto de un judeo-mesiánico.

Debe tenerse en cuenta que el término  ἀφίημι  ―de donde proviene la palabra  ἄφεσις―,  está compuesto por el adverbio  ἀπὸ (lejos, aparte) y del verbo  ἵημι (expedir), con lo cual no significaría exactamente ‘perdonar’, sino más bien ‘despachar’, ‘libertar’ o ‘soltar’, y en este mismo sentido debe entenderse el verbo ‘remitir’ ―de donde proviene el substantivo ‘remisión’―, ya que proviene del latino remitto, el cual a su vez está compuesto por el preverbio re (de nuevo; de vuelta) y el verbo mitto (enviar), y significaría ‘devolver a’, ‘reenviar’, pero no exactamente ‘perdonar’. Por otro lado, el término ‘perdonar’ proviene del vocablo latino perdonare, compuesto de la preposición per (por) y el verbo donare (dar), con lo cual significaría ‘dar por’ o ‘dar a cambio’, ‘dar por medio de’: el perdón, pues, se otorgaría mediante el pago de la deuda o bien una vez cumplido el castigo, pero nunca antes. En cambio, lo que en realidad pretenden los judeo-mesiánicos es la ‘amnistía’ de las culpas, es decir, el ‘olvido’ de las mismas  (ἀμνηστία), lo cual sólo sería coherente si las penas decretadas fueran bajo un régimen injusto. Ello, transpolado al régimen divino, constataría que el ‘perdón de las culpas’ al modo judeo-mesiánico es o bien una prevaricación o bien una blasfemia, porque ni los castigos divinos pueden ser injustos ni la divinidad mantiene secuestradas las almas.

1,8 ¿Qué significa “él os bautizará en el Espíritu Santo”? ¿Acaso que el Baptista bautizaba ‘fuera del Espíritu Santo’? ¿Significa esto que los bautizos realizados antes de la llegada del galileo no fueron completos? ¿Por qué el dios, que “es uno y el mismo desde la eternidad” (Eclo.42,21), y “siempre el mismo” (Sal.102[Vg.101],28) iba a modificar sus prerrogativas tras la llegada del galileo, en tanto que no ordenó al Espíritu Santo tutelar los bautizos hasta la llegada del susodicho? En fin, lo cierto y verdad es que, si bien antes del galileo el bautizo era voluntario y mediante submersión  (βαπτισμός),  tras el galileo el bautizo sería forzoso y sin submersión: ¿a ello se refiere cuando el Baptista prenuncia el cambio en la dignidad del bautizo?[1]

1,9 Aplíquese enmienda relativa a Mt.3,14-15.

1,10 Aplíquese enmienda relativa a Mt.3,16.

1,11 Aplíquese enmienda relativa a Mt.3,17.

1,15 El galileo promete que “el reino de Dios está cercano”, aun cuando otrora diría que éste no llegaría hasta que “sea predicado este Evangelio del reino en todo el mundo, (…) y entonces vendrá el fin” (Mt.24,14)[2].

1,15bis Aplíquese enmienda relativa a Mt.3,1.

1,17 Aplíquese enmienda relativa a Mt.4,19. Resulta manifiesto que el anhelo de lucro, por cierto, fue la principal motivación que empujó a los primeros seguidores del galileo, hasta el punto que Pedro, ya impaciente al ver que pese a seguir al galileo todavía no medraba ―sí lo harían sus continuadores y en modo abundantísimo― preguntó al galileo “lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué tendremos?” (Mt.19,27). Véase Jn.13,8-9.

1,22 Es cierto: el galileo “enseñaba como quien tiene poder”, el malicioso poder del engaño, porque está ya consumada la profecía en relación a que “el de lengua doble ha sido la perdición para muchos que vivían en paz” (Eclo.19,20), pues la “sangre del contrato [es] la que se desparrama sobre muchos” (Mt.26,28). Véase enmienda a Mt.7,28-29.

1,31 Aplíquese enmienda relativa a Mt.8,14.

1,34 Pero ¿cómo no iba ‘a mandar a los espíritus impuros’, cómo no iban ‘a obedecerle’ (1,27), y cómo no iban ‘a conocerle’, si el propio galileo era quien prescribía “no resistáis al mal” (5,39), “amad a vuestros enemigos” (5,44)? ¿cómo no iba a ser así, cuando fue él mismo quien advirtiera “no vine a poner paz, sino espada (…), a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre” (10,34-35), y quien en un rapto de lucidez espetó a Pedro “retírate de mí, Satanás” (16,23), justo antes de volver a ser poseído por éste?

2,5 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,2.

2,7 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,2-3. En efecto, fue sensato que los escribas pensaran para sus adentros “¿cómo habla así éste? Blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”, por cuanto Yahvé les advirtió desde muy antiguo “no confiéis en los príncipes, en los Hijos del hombre, que no salvan” (Sal.146[Vg.145],3), porque “yo, yo soy Yahvé, y fuera de mí no hay Salvador” (Is.43,11/ Os.13,4).

2,12 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,30-31.

2,16-17 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,12.

2,22 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,17.

2,24 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,2.

2,25 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,3 y a Mt.12,5.

2,27 En cierto sentido ‘el día Sábado no fue hecho a causa del hombre’, “pues en seis días hizo Yahvé los cielos y la tierra, el mar y cuanto en ellos se contiene, y el séptimo descansó; por eso bendijo Yahvé el día Sábado y lo santificó” (Éx.20,11), es decir, el dios no instituyó el día Sábado a causa del hombre, sino a causa de la creación, el ciclo y el número, y por ello jamás será cierto que “dueño del Sábado es el Hijo del hombre”: el ciclo, el número y la ley, pues, no tienen dueño, habida cuenta aquél, ése y ésta son dueños de todo, porque “contra la Necesidad no luchan ni los dioses”[3].

3,4 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,12. De hecho, Jeremías expone sin ambages las actividades prohibidas durante el día Sábado, esto es, ‘llevar cargas e introducirlas por las puertas de Jerusalem, sacar cargas de las casas y realizar empresas con ánimo de lucro’ (Jer.27,21yss.). Por su parte, Isaías expone que ‘no se debe ocupar nadie de los negocios, ni hablar de ellos, ni emprender viajes’ (Is.68,13yss.). Aun y con todo, tanto los fariseos como el propio galileo, por cierto, actuaban con aparente desconocimiento al respecto de dichas prerrogativas.

3,11 Los espíritus impuros, al nominar como ‘Hijo de Dios’ al galileo, no decían nada nuevo ni asombroso, puesto que es “Zeus padre de dioses y hombres”[4] y de muy antaño era conocido que “los dioses y los hombres mortales tuvieron un mismo origen”[5]. Ahora bien, no es ningún disparate que los espíritus lo dijeran para confundir a los incautos, pues al diablo le son propios la insidia y el engaño.

3,17 Acaso el término griego  Βοανηργές  no signifique tanto ‘hijos del trueno’ ―lo cual sería tanto como llamarlos ‘hijos de Zeus’― sino más bien ‘alborotadores’ o ‘pregoneros’, en tanto que tal vez reúne los vocablos  βοή  (alboroto; pregón) y  ἐργάτης  (artífice)[6].

3,22 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,24.

3,26 Ahora bien, si el diablo, mediante insidias y en colaboración son sus espíritus, representa una farsa llena de mentira, en tanto que mientras unos poseen cuerpos otro se ocupa de ‘liberarlos’ conforme a dicha farsa, ¿cómo no iban a engañarse las muchedumbres, si “las personas incultas pueden ser fácilmente y por cualquier medio seducidas en la orientación de sus vidas”[7]? Y ¿cómo no iban a ser pocos quienes entendieran que “por virtud del príncipe de los demonios echa a los demonios” (3,22), si ciertamente “muchos son palmeros, pero los inspirados son bien escasos”[8]?

3,29 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,30-32. Pues si en efecto existe un “eterno pecado”, ¿cómo iba a existir una ‘eterna misericordia’ (Jer.33,11) ‘sobre todas sus obras’ (Sal.145[Vg.144],9)? Y ¿cómo al hablar del ‘eterno pecado’, pues, los decentes y de bien no iban a colegir que el galileo “tiene un espíritu impuro”?

3,31-35 Aplíquese enmienda relativa a Mt.12,46-50. Por ende, ¿cómo no iba a diluir la familia genética en la ‘familia’ metafórica quien afirmare que a causa de su llegada “los enemigos del hombre serán los de su casa” (Mt.10,36)?

4,1 Resulta revelador que el galileo predicare desde el mar, donde correina Posidón y la justa égida de Zeus se muestra ambigua.

4,3-8 Aplíquese enmienda relativa a Mt.13,1-23.

4,11-12 El galileo ofrece el misterio del ‘reino de Dios’ “en parábolas, para que mirando, miren y no vean; oyendo, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”[9], y así llegaba la consumación de la triste profecía, a partir de la cual Yahvé le ordenó “endurece el corazón de ese pueblo, tapa sus oídos, cierra sus ojos. Que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni entienda su corazón, y no sea curado de nuevo” (Is.6,10). En efecto, a partir de entonces las prédicas del infausto galileo servirían para ‘endurecer corazones, tapar oídos y cerrar ojos’. Quien quiera entender que entienda.

4,22 El galileo asegura que “nada hay de oculto sino para ser descubierto y no hay nada escondido sino para que venga a la luz”, sin embargo, otrora dijo que “nadie conoce al Hijo sino el Padre” (Mt.11,27); y pese a que si bien “nadie conoce al Padre sino el Hijo”, concede aquí que también lo puede conocer “aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo”, lo cierto es que fue él mismo quien aseguró que “son muchos los llamados y pocos los elegidos” (Mt.20,16), así que, según el susodicho, si bien sólo unos pocos podrán conocer al Padre, nadie podrá jamás conocer al Hijo.

Sea como fuere, si ‘nada hay de oculto sino para ser descubierto’, ¿cómo es que del dios “su grandeza es inescrutable” (Sal.145[Vg.144],3)?, y cómo que “las obras de Señor son inescrutables” (Eclo.11,4)?

4,24 Tal vez porque jamás oyó “no digas: «devolveré a cada uno según sus obras»” (Prov.24,29), el galileo no dudaba en amenazar en tanto que “con la medida con que midiereis se os medirá y se os añadirá”, lo cual es tanto como aplicar un castigo superior a la pena del talión. Sea como fuere, lo dijo el mismo que exigía perdonar “hasta setenta veces siete” (Mt.18,22). ¡Qué cara más dura!, ‘más dura que una piedra’ (Jer.5,3).

4,25 El galileo amenaza en tanto que “al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”, y no obstante es él quien exigía ‘dar al necesitado’ (25,35-40), si bien ello, según parece debía de circunscribirse al ámbito mundano, y no al ámbito espiritual. ¡Menudo rostro, por la Moira![10]

4,26-29 Es cierto: y la venida del galileo es como un crudo y largo invierno que mata la raíz, mientras que sus prédicas, en efecto, son como una longeva sequía que aridece la tierra y la deja exhausta.

4,31-32 Es cierto: el ‘reino de Dios es semejante al grano de mostaza, que sembrado crece y echa ramas tan grandes, que a su sombra pueden abrigarse las aves del cielo’, el mismo que en nombre del galileo ‘se abatió, se cortaron sus ramas, se sacudió su follaje y se diseminaron sus frutos, mientras huían de debajo de él las bestias y las aves del cielo de sus ramas, al cual se le quitó su corazón de hombre y se le dio un corazón de bestia, y sobre el cual deben pasar siete tiempos, para que sepan los vivientes que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y puede poner sobre él al más bajo de los hombres’ (Dan.4,11-14), esto es, al galileo infausto apuntalado en la cruz del horror: ‘el más bajo de los hombres’.

4,35-41 Aplíquese enmienda relativa a Mt.8,24 y a Mt.8,27.

5,6-13 Aplíquese enmienda relativa a Mt.8,34.

Oportuno es ahora atender a lo dicho por el amabilísimo Porfirio, porque hay que ver “¡qué relato! (…): una muchedumbre de dos mil gorrinos corrió hacia la mar e incluso murieron ahogados de por junto. ¿Cómo alguien, que además escucha que los demonios imploran a fin que no sean enviados al abismo, y que luego Cristo siendo implorado no los envió sino que los despachó a unos gorrinos, no diría ‘¡ay de la incultura!, ¡ay del cómico extravío que es tomar en consideración a unos espíritus asesinos, que hacen mucho daño en el universo, y confiarles hacer precisamente lo que desean!’? (…) Si resulta que esto es verdad y no ficción, (…), el argumento descubre mucha maldad de Cristo: bien está expulsar los demonios de un solo individuo, pero endilgarlos a gorrinos irracionales y haber aterrado con espanto a los piaregos por haberlos hecho huir sin alma, en turbamulta, y haber sacudido con estrépito una ciudad a causa de lo acaecido… No es justo, pues, haber curado el mal de uno, o de dos, o de tres, o de trece, sino el de todos los hombres, y, sobretodo, en tanto que él debe otorgarles gracia dando fe de ello al mundo; en cambio, librar de invisibles cadenas simplemente a uno solo, y de tapadillo enviar las cadenas a otros, y salvar de los miedos a unos, como es debido, e irracionalmente envolver de miedos a otros…, de justicia esto no debería llamarse ‘bienfecho’, sino ‘fechoría’”[11].

5,19-20 Se dice que el otrora endemoniado por Legión “se fue y comenzó a predicar en la Decápolis cuanto le había hecho Jesús”, esto es, la prédica de un prodigio: ¡tal es el único fundamento de la fe para los taumatólatras de veo y creo!

5,34 El galileo, después de originar un nuevo prodigio, consigue la conversión a la taumatocracia de una nueva adepta, justo después de lo cual, con aterradora hipocresía, le asegura que “tu fe te ha salvado”[12]; ahora bien, en otra ocasión aseguraría a sus borregos, tras éstos preguntarle “¿quién puede salvarse?” (10,26), que “a los hombres sí es imposible, mas no a Dios” (10,27). Entonces, ¿uno mismo puede salvarse en virtud de su fe, o sólo el dios puede en virtud de su juicio?

5,39 Aplíquese enmienda relativa a Mt.9,24.

6,3 Aplíquese enmienda relativa a Mt.13,55-56.

6,4 Aplíquese enmienda relativa a Mt.13,57.

6,8-9 Aquí se dice que el galileo “los encargó que no tomasen para el camino nada más que un bastón (…) y se calzasen con sandalias”, mientras que otrora se aseguraba que el susodicho les exigió “no os procuréis ni sandalias ni bastón” (Mt.10,10).

6,10-13 Aplíquese enmienda relativa a Mt.10,13-15.

6,12-13 Se dice que los elegidos del galileo, “partidos, predicaron a fin de que se convirtiesen” las muchedumbres, y como cebo ‘echaban muchos demonios y curaban a muchos’. En fin, ése es el pilar sobre el cual descansa la fe de los taumatólatras: no el intelecto y la piedad para con los dioses, sino el prodigio y la atención para con los demonios. De ahí que los mesiánicos galileos ahelen la enfermedad, el pecado y el dolor: su alimento y su única razón de ser.

6,26 El rey Herodes acepta la petición de rebanar la cabeza a Juan Baptista, proferida por parte de la hija de su esposa Herodías, porque, claro, “no quiso desairarla”. Es decir, sintió escrúpulo por desairar a la muchacha en razón de una promesa profana, pero no le molestó cortar el testuz a Juan, de quien Herodes “sentía respeto (…), pues sabía que era hombre justo y santo” (6,20). ¡Qué decir, cuando sólo cabe enmudecer y sonrojarse!

6,34 Se dice de la muchedumbre que esperaba al galileo y a los suyos que “eran como ovejas sin pastor”, ahora bien, a tenor del oficio de ‘pescadores de hombres’ (1,17), lo justo sería comparar a la muchedumbre con un banco de peces, por cierto, justo antes de caer presos en la red traicionera de los galileos.

6,41-44 Aplíquese enmienda relativa a Mt.14,13-21. En efecto, el galileo precisa multiplicar los cinco panes y los dos peces como para dar alimento a cinco mil hombres, aun cuando otrora, estando él hambriento, dijo que también se nutre el hombre “de toda palabra que sale de la boca del Dios”. Entonces, ¿es que acaso no lo pidió a su dios (Mt.7,7-11)? ¿O sí que lo pidió, pero su dios le aconsejó obrar artificios para ganarse los afectos de la masa pubescente?: en efecto, esto último parece lo más probable, pues llegaba la era de la apariencia y el espectáculo.

6,47-52 Aplíquese enmienda relativa a Mt.14,25-33.

7,10-13 Aplíquese enmienda relativa a Mt.15,3-6 y a Mt.15,3-6bis.

7,15 Aplíquese enmienda relativa a Mt.15,11. Acaso pueda parecer que el galileo culpa a cada cual de sus males (contaminaciones), con lo cual sería imposible que nadie hiciese el mal a ningún otro.

7,18-23 A decir verdad, también de fuera proceden un sinfín de contaminaciones, entre las cuales descolla el judeo-mesianismo antropólatra.

7,24 El galileo puede obrar toda suerte de prodigios, pero de una simple aldeana, en cambio, “no le fue posible ocultarse”, y es cierto: sus tropelías y añagazas no pueden ocultarse a los auténticos paganos.

7,25-30 Aplíquese enmienda relativa a Mt.15,24 y a Mt.15,26-27. Asimismo, es de esperar que no hubiese ni un solo gentil entre las multitudes sanadas en 1,34/ 1,39/ 3,10/ 6,13 y 6,56.

7,33 El galileo taumatócrata, quien “cuantos le tocaban quedaban sanos” (6,56), a fin de salvar a un sordo-tartamudo, no obstante, precisó una operación tal que “metiole los dedos en los oídos, y escupiendo, le tocó la lengua”. Fenomenal. Prodigioso. Espectacular[13].

7,37 Aplíquese enmienda relativa a Mt.15,31.

8,3 Aplíquese enmienda relativa a Mt.15,32 y véase enmienda a Mt.14,13-21. En efecto, el galileo es el primero que demuestra poca fe diciendo “si los despido ayunos para sus casas, desfallecerán en el camino”.

8,11-12 A la petición de sus mayores, en tanto que enviase ‘señales del cielo’, el impúdico galileo, lejos de ‘dar a quien le pide y no volver la espalda a quien desea de él algo prestado’ (Mt.5,42), asegura que en cuanto a señales “no se le dará ninguna” a ‘ésta’ generación. Ahora bien, otrora prometió que “aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo” (Mt.24,30) y “que no pasará esta generación antes que todo esto suceda” (Mt.24,34)[14].

8,18-21 El galileo evoca a sus seguidores sus prodigios realizados, de buen seguro, a fin de alentar la taumatolatría borreguil. De hecho, tal vez recordaren muy bien los citados prodigios (6,41-44 y 8,6-9), y precisamente por ello “se olvidaron de tomar consigo panes” (8,14)[15].

8,31 Véase Mt. Enmienda final.

8,33-35 Aplíquese enmienda relativa a Mt.16,23-24.

8,38 El galileo amenaza en tanto que “si alguien se avergonzare de mí (…) también el Hijo del hombre se avergonzará de él”, aun cuando la ley de sus mayores, de la cual dice se ha de cumplir ‘toda jota y toda tilde’ le aconseja “no digas: «como me ha tratado a mí le trataré yo a él»” (Prov.24,29). Otrosí, el mendaz galileo se queja de “esta generación adúltera y pecadora”, aun cuando él mismo es hijo bastardo de José, y aun cuando las generaciones venideras, por cierto, a causa de su llegada, predica y martirio, serían las más adúlteras y las más pecadoras de todos los tiempos.

9,1 Aplíquese enmienda relativa a Mt.16,28.

9,5 Aplíquese enmienda relativa a Mt.17,4. Por ende, es revelador como en esta ocasión se representa a Pedro-Satán llamando ‘Rabbí’ al galileo[16], precisamente del mismo modo en que se le dirigía Judas Iscariote (Mt.26,25 y Mt.26,49), quien le traicionó en vida: Pedro-Satán se ocuparía de la traición una vez el galileo falleciera, y con ello se cumplía la Moira, según la cual “estará el Hijo del hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra” (Mt.12,40), como Jonás en el vientre del cetáceo y como el galileo en su martirio.

9,7 Aplíquese enmienda relativa a Mt.17,5.

9,12-13 Aplíquese enmienda relativa a Mt.17,11-13 y a Mt.17,12.

9,19 Aplíquese enmienda relativa a Mt.17,17-20.

9,23 El galileo asegura que “todo es posible al que cree…”, le falto añadir ‘… en prodigios’, puesto que precisamente por ello le rogaba un padre, cuyo hijo, por cierto, padecía la posesión de un espíritu enmudecedor. Sin embargo, es cierto: todo es posible para el que cree en la terrible prédica del galileo, incluso las mayores monstruosidades antes jamás sospechadas; en cambio, para el auténtico creyente ‘no todo es posible’, sino tan solo aquello que es justo y necesario.

9,29 Refiriéndose a las contaminaciones espirituales, el galileo responde a los suyos que “ese linaje con nada puede salir, sino es con oración y ayuno”, en tanto que ellos fueron incapaces de expulsar a un espíritu impuro. No obstante, ¿cómo iban a poder, si otrora su maestro les aconsejó prescindir del ayuno, pese a lo aconsejado por las antiguas costumbres de sus mayores (2,18-20)?

9,31-32 Véase Mt. Enmienda final. Se afirma que los seguidores del galileo ‘no entendían’ que “el Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres y le darán muerte, y muerto, resucitará al cabo de tres días”, y tal vez fuese conforme a razón que así ocurriera, puesto que sólo ahora puede entenderse, en tanto que ‘las Tradiciones gentiles serán entregadas en manos de los ateos y les darán fin, y fenecidas, resurgirán al cabo de tres días’: “como Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches” (Mt.12,40), y es por ello que ‘ese linaje de ateos con nada puede salir, sino es con inquisición y apostasía’ (9,29). Quien entienda que sane, pues su mal es de espíritu, no de carne.

9,35-37 Aplíquese enmienda relativa a Mt.18,3-4[17].

9,37 Haciendo uso del populismo más impúdico, el galileo asegura que “quien recibe a uno de estos niños en mi nombre, a mí me recibe”; sin embargo, ya le reprendió su propio dios amonestándole tal que “no digas: «soy un niño», pues irás a donde te envíe yo y dirás lo que yo te mande” (Jer.1,7), como le ocurre a cualquier hombre adulto que no haya perdido la piedad para con su dios.

9,38-39 Aplíquese el subtexto de la enmienda relativa a Mt.12,24. Por ende, no hay testimonio que certifique que judíos exorcizasen en nombre del galileo, a fuer por supuesto de quienes veneran al susodicho.

9,40 En efecto, llegaba la era en la que no habría punto medio, sino extremos: “quien no está contra nosotros, está con nosotros”, y a partir de entonces no habría ya más opción[18].

9,41 Se evidencia una vez más el carácter mercantil del judeo-mesianismo, en el que se prestan unos servicios a fin de obtener una retribución  (μισθόν).

9,42 Aplíquese enmienda relativa a Mt.18,7.

9,43-48 Aplíquese enmienda relativa a Mt.18,8-9.

9,48 Aplíquese enmienda relativa a Is.66,24.

9,49 El galileo fobócrata asegura que “todos han de ser salados al fuego”, aun cuando otrora dijera que sólo “el árbol que no da buenos frutos es cortado y arrojado al fuego” (Mt.7,19), que ‘la cizaña se ata en haces para quemarla, y el trigo se encierra en el granero’ (13,30), y aun cuando justo antes aseguró que unos van al fuego y otros entran en vida, ya sea mancos, cojos o tuertos (9,43-47), y aun cuando, para colmo, el propio Yahvé asegura que “será preservado un tercio. Yo pondré al fuego este tercio” (Zac.13,8-9), y no a todos.

9,50 El galileo exhorta a vivir “en paz unos con otros”, aun cuando él mismo dijo haber venido “no a poner paz, sino espada” (Mt.10,34), y aun cuando no supo estar en paz ni con sus mayores (Mt.23,13-33) ―que a pesar de ser sus enemigos tenía la obligación de amar (Mt.5,44 ~ Mt.13,33)―, ne incluso consigo mismo (Mt.27,46). Pero bueno, ¿acaso el galileo no escuchó jamás la regañina de su dios, a los que “pretenden curar la desgracia de mi pueblo como cosa leve, dicendo: «¡paz!, ¡paz!», cuando no hay paz” (Jer.6,14), en tanto que el galileo se comportaba como aquellos que “«¡paz!», dicen a su prójimo, pero tienden la insidia en su corazón” (Jer.9,7u8).

10,5 Aplíquese enmienda relativa a Mt.19,8.

10,6-9 Aplíquese enmienda relativa a Mt.19,3-6.

10,11 Asimismo, quien repudia la ley de sus mayores y adopta otra para los suyos, no sólo adultera con grande adulterio, sino que blasfema con grande impudicia y delinque con delito aterrador[19].

10,13-16 Véase enmienda relativa a Mt.18,3-4. Una vez más: ¿quién necesita servicios y servidores, sino especialmente los niños? Entonces, ¿cómo se atrevió a sentenciar que “quien de vosotros quiera ser el primero, sea siervo de todos” (10,44)? ¿Qué sugiere el falacísimo galileo, que la vida humana se ha dispuesto de modo tal que, en su discurrir, ésta se degenera justo al tiempo de abandonar la infancia? ¿Acaso infiere que la niñez es mejor que la madurez? ¿No será que los embaucadores como él prefieren mentes aniñadas y fáciles de domeñar, en vez de espíritus maduros y expeditos en el razonamiento? ¿Qué ocurre? ¿Qué dolencia le impidió considerar en justicia la madurez del hombre? ¿A qué temía el pueril martiriócrata?

10,18 Véase enmienda a Lc.18,19.

10,19 Aplíquese enmienda relativa a Mt.19,18-19.

10,21 Aplíquese enmienda relativa a Mt.19,21. Una vez más: el galileo aterrador exige vender toda posesión y dar el dinero a los pobres, pero tal vez no se le ocurriera que, si éstos que antes eran pobres a su vez acudieran al galileo, como sería consecuente, éste les volvería a exigir la donación a los pobres, a fin de quedar no dignamente pobres, sino miserables; y semejante proceso se repetiría de modo irracional y sin solución. Por tanto, ¿qué hacer con los bienes materiales? ¿Quitárselos de en medio cual si fueran maldiciones? En cambio, ¿no sería más sensato poseer ciertos bienes en una justa medida, de manera que nadie fuera ni opulento ni miserable, sino sencillamente pobre[20]? En fin…, qué decir a quienes no atienden a razones, sino que confían su fe a prodigios, juegos de manos y palabrejas de relumbro y tornasol.

10,26-27 A la pregunta de “¿quién podrá salvarse?” formulada por los suyos, el galileo asegura que “a los hombres sí es imposible, mas no a Dios”; sin embargo, empleando su espeluznante populismo, el galileo aseguró a una conversa a la taumatolatría “tu fe te ha salvado” (5,34), como haría poco después a un ciego al que hizo ver (10,52). Por ende, no debe olvidarse lo narrado en 1Cor.1,18/ 2Cor.2,15/ 1Tim.4,16 ó 1Ped.4,18, donde se habla de ‘los que se salvan’ (voz Media-Reflexiva), y no de ‘los que son salvos’ (voz Pasiva).

Además, en caso de que la salvación la otorgase solamente el dios, decid, galileos infaustos, ¿por qué se la otorgaría a uno y a otro no? ¿Acaso por capricho o acepción? ¿O tal vez, galileos de corazón impío, salvará precisamente a quien se gane la salvación, habida cuenta su justicia para con los hombres y su piedad para con los dioses? ¿Entonces? ¿Por qué no desistís de vuestra abominable profanación? Además, sea como fuere, ¿cuántas veces se asegura que éste o aquél otro se salva ‘a sí mismo’ (2,5/ 5,34/ 9,23/ 10,52/ 16,16 ó en 1Cor.1,18/ 2Cor.2,15/ 1Tim.4,16 y 1Ped.4,18, casos en los que se habla de ‘los que se salvan’ en voz Media-Reflexiva, y no de ‘los que son salvos’ en voz Pasiva.

10,27 Aplíquese enmienda relativa a Mt.19,29.

Una vez más: decid terroríficos galileos que trajináis el mal: ¿“a Dios todo le es posible”? Para empezar, no cabe duda de que vosotros sí sois capaces de todo, pues la maldad no conoce límites; sin embargo, al dios que existe y provee no le es posible todo, sino solo aquello que es justo y necesario. Y tal vez algún galileo salga lamentándose en tanto que “con nuestro propio Dios es con quien más deshonestos somos: ¡a él no le es lícito pecar!”[21]. Porque es cierto: ¿qué pretenden sea el galileo, sino un ‘superhombre’? ¿Y a quién se asemejan sus seguidores, sino a la figura de los ‘nihilistas activos’, por su anhelo de empezarlo todo de nuevo, con el hombre y el hijo del Hombre como referente? ¿Y acaso no guardan semejanza el superhombre del ‘nacional-socialismo’ y el superhombre del ‘judeo-mesianismo’?: ambos anhelaban un cuerpo glorioso y una estirpre de elegidos, ambos prometían una tierra a su medida y un mundo bajo mando único, ambos hacían al dios hombre y al hombre dios. Ahora bien, una cosa les distingue: ¿acaso duda en nombre de cuál de estos dos siniestros personajes, por cierto, se han cometido más y mayores atrocidades? Dúdelo el tiempo necesario.

10,29-31 Véase enmienda relativa a Mt.20,1-16.

10,31 Resuelva usted mismo, leyente que tanto padece, si el falaz galileo se podría considerar el primero o el último. O aún más, considere si creía ir más allá, y no sólo ser a un tiempo el primero de los primeros y el último de los últimos, sino aquél que determina el orden y la condición de cada cual. ¡Qué rostro, pardiez!

10,43-45 El galileo exige que quienes anhelen la primacía deben convertirse en ‘siervos de todos’. Ahora bien, si todos quisieren ser siervos, ¿a quién diantre servirían, si obedientes a lo prerrogado por el susodicho nadie aceptaría ya ser servido? Por tanto, ¿qué hacer con los poderes de mando? ¿Desestimarlos cual si fueren maldiciones? ¿No sería sensato, pues, servir y ser servido en la justa medida, de manera que nadie llegare a ser ni tirano ni esclavo, sino bien rey o bien ciudadano? En fin, qué decir a quienes rechazan argumentos y en cambio veneran juegos de manos, prodigios y palabras de relumbrón.

Sea como fuere, había llegado el tiempo de los extremos: ‘todo o nada, ‘lujo o miseria’, ‘tiranía o esclavitud’, “el que no está conmigo está contra mí” (Mt.12,30): o una cosa u otra, no habría ya más opción a partir de entonces. El relato demagógico e impío sobre el galileo predicó la negación de uno mismo, la nada, la miseria y la esclavitud; sin embargo, una vez aupados a la teocracia imperialista, sus continuadores optaron por lo contrario: la exaltación de uno mismo, el todo, el lujo y la tiranía. Como consecuencia de todo ello, aparecería el feudalismo atroz, lo cual a su vez conduciría al feudalismo industrial: última calamidad antes de la debacle, por cierto, aquélla tan ansiada y espoleada por los infaustos judeo-mesiánicos.

10,45 El arrogante galileo se jacta de “dar el alma propia cual tallón a cambio de muchos”, ahora bien, ¿qué significa ‘darse como tallón’  (λύτρον)  a cambio de muchos? ¿Significa acaso que, tras su horrendo martirio, quienes merecían penitencia fueron absueltos por arte de birlibirloque? Entonces, ¿qué tipo de justicia es ésa? ¿Acaso no debería llamarse ‘prevaricación’ en vez de ‘perdón’[22]? Así pues, ¿por qué impidió que cada cual asumiera su correspondiente castigo? ¿Para qué diantre esa ayuda intempestiva, cuando hasta entonces cada uno limpiaba a conciencia sus propias contaminaciones? De hecho, ¿no vino el galileo a inaugurar un tiempo de injusticia y prevaricación? ¿Qué ocurre? ¿Qué creía el galileo, que antes de su llegada el dios disponía las cosas con alguna imperfección? ¿Qué es lo que el galileo creía que el dios no podía realizar desde el cielo, y en la propia tierra mediante los otros dioses, démones, héroes y hombres de pro? ¿Qué acto de piedad es ése que el galileo y los suyos creyeron llevar a cabo? Pero bueno, ¿acaso el susodicho y sus pequeñuelos no vinieron a diseminar impiedad y blasfemia, en vez de piedad y rito? Quien quiera sanar respóndase a sí mismo y sane, pues su  enfermedad atañe al ánima, no a la carne.

10,52 El galileo sana a un ciego, cuyo mal atañía a su cuerpo, no a su alma, de modo que una vez más impuso el artificio sobre la naturaleza; ¿o no es la naturaleza quien proveyó su ceguera? Y si lo estipuló la naturaleza y por ende los designios divinos, en efecto, es seguro que dicha ceguera cumplía una labor para con el ciego[23], y no era un simple capricho de la Moira. Entonces, ¿a qué venía el galileo, sino a oponerse a la naturaleza y a imponer el artificio?

Sea como fuere, lo cierto es que el galileo asegura al otrora ciego que “tu fe te ha salvado”, aun cuando poco antes dijera a sus borregos que ‘a los hombres les es imposible salvarse’ (10,26-27). Entonces, ¿los galileos retorcerán su credo aún más obligándose a creer que el hombre que sana no es responsable de haber tomado fe?

11,7 Véase enmienda relativa a Mt.21,4-5.

11,12-14 Aplíquese enmienda relativa a Mt.21,19-22. En efecto, el atrabiliario galileo se molesta con una higuera porque todavía no ha producido frutos, y pese a que “no era tiempo de higos”, el susodicho la maldice para siempre ―lejos está de perdonarla “hasta setenta veces siete” (Mt.18,22)― de modo que la deja incapaz no ya de servirle a él, cuando llegare la estación dispuesta por los dioses, sino a nadie que a la sazón quisiere tomar de sus frutos.

Con todo, el galileo castiga a la higuera por no estar a su disposición cuando él acude, en una evidente metáfora respecto al fin de los tiempos; ahora bien, no fue el susodicho quien dijera de sí mismo que no “ha venido a ser servido, sino a servir” (10,45). Y usted, paciente lector, ¿también se traga tamaño embuste?

11,15-17 Aplíquese enmienda relativa a Mt.21,12. Además, ciertamente está escrito, galileo falaz: “mi casa será llamada ‘casa de oración’ para todas las gentes”, en alusión al reino de los cielos, no a los templos erigidos por manos humanas. Entonces, galileo mendaz, ¿por qué vas “enseñando doctrinas que son preceptos humanos” (Mt.15,9) y no divinos? Sin embargo, espera, que aún hay más que hablar, y no te atrevas a dar la espalda a quien justamente censura tu conducta, porque incluso admitiendo en tu favor que ‘la casa de Dios’ es el propio templo material, y no el templo metafórico, lo cierto y verdad es que asegura que es ‘para todas las gentes’, ¿no es así?; entonces, ¿acaso no forman parte de ‘todas las gentes’ la gente ladrona, los cambistas, los mercachifles, los tenderos, e incluso tú, farandulero mendaz? Por tanto, ¿de qué te quejas? ¿Qué lloras y a quien plañes? ¿Qué exiges con desvergüenza atroz?

11,20-24 Aplíquese enmienda relativa a Mt.21,19-22. Otrosí, obrando un acto de insondable demagogia, el galileo promete que “todo cuando orando pidiéreis, creed que lo recibiréis y se os dará”; ahora bien, si piden injusticias ¿se las darán?, si orando pidieren inutilidades ¿las recibirían? Y si orando piden monstruosidades ¿se las darán, tal y como se les dio el monoteísmo atroz? En fin…, ¿qué diantre es esto, el genio de la lámpara mágica o el populismo teocrático de la más vil calaña? De hecho, sea lo que fuere, lo cierto es que resulta espeluznante.

11,25-26 Aplíquese enmiendas relativas a 2,7 y a Mt.9,2-3. Porque es conforme a derecho preguntarse ‘¿cómo habla así éste?’; y concluir: ‘blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?’ (2,7).

11,30 Aplíquese enmienda relativa a Mt.21,23-27. En efecto, el galileo falaz pregunta a sus mayores “el bautismo de Juan ¿era del cielo o era de los hombres?”, aun cuando el propio Juan dijere “yo os bautizo en agua, pero Él os bautizará en el Espíritu Santo” (1,8), de lo cual se infiere que el bautismo de Juan no era del cielo, pues carecía del hálito del Espíritu Santo.

11,28-33 Aplíquese enmienda relativa a Mt.21,23-27.

12,1-11 Aplíquese enmienda relativa a Is.5,1-7.

12,16-17 Aplíquese enmienda a Mt.22,21-22. Con todo, incluso interpretando el texto como se tiene por costumbre, ¿qué ocurre?, ¿es que acaso el césar no está sujeto a las leyes del dios que  todo lo provee? ¿acaso la política se halla al amparo de otra ley fuera de la Ley divina? Tal vez fuera cierto para el galileo, pues ¿quién más hipócrita que ése?: quien precisamente acusaba de hipócritas a sus mayores, y quien paseose harapiento, con aspecto miserable pero terrible en su interior, con apariencia humilde pero de altanero corazón, contaminado de una insondable fatuidad.

12,25 Aplíquese enmienda relativa a Mt.22,30.

12,29-31 Aplíquese enmienda relativa a Mt.22,37. Esto es, según el galileo y sus pescados, los dos mayores mandatos serían la obsesión por el monoteísmo excluyente, por cierto, y el uno mismo como medida de todas las cosas[24]. En efecto, el susodicho prescribe “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, ahora bien, ¿qué debería hacer quien decididamente se odia? Y aquél que amándose reclama bofetones y puñadas, qué debería hacer, por Zeus, ¿corresponder al prójimo con los mismos golpes que desearía para sí? Y ya por último, quien se ama demasiado a sí mismo, qué debería hacer, ¿amar en exceso al prójimo? En fin, ante semejante brocha gorda y ante tanto trazo grueso, tal vez merezca la pena responder que “quien va a ser un gran varón no debe amarse a sí mismo ni a lo suyo, sino lo justo, sea que esto se haya realizado más en él o en otro”[25], y por ello tal vez sea más piadoso aconsejar “lo que no quieras para ti, no lo hagas a nadie” (Tob.4,15), y no ir exigiendo amores de naturaleza incierta.

12,35-37 Aplíquese enmiendas relativas a Mt.22,43-45 y a Mt.22,43-45bis.

12,38-39 El galileo fobócrata denuncia que los escribas no son de fiar, por cuanto “ocupan los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes”; sin embargo, él mismo se jacta asaz no ya de situarse a la derecha del dios (14,62), sino de ser el propio dios (Mt.28,18/ Jn.14,10). Asimismo, ¿qué lugar ocupaba él cuando subió a los montes (Mt.5,1/ Mt.15,29/ Mt.17,1), o cuando tomó la barca para sí (Mt.13,2)? ¿Qué lugar ocupaba cuando exigió amarle a él, antes que cada cual a su madre, a su padre, a su hijo o a su hija (Mt.10,37), o cuando celebró su banquete antropoteófago (Lc.22,14)? ¿Qué lugar ocupaba, pues, cuando se jactó de ser “el camino, la verdad y la vida” (Jn.14,6), y ‘el Maestro y el Señor’ (Jn.13,13-14), o cuando alude al ‘trono de su gloria’ (Mt.19,28) con aterradora vanidad? Resuelva usted mismo, leyente que tanto aguarda, si el galileo falaz se consideraba a sí mismo el primero, el último o ambas cosas, o incluso si a fuer de considerarse el principio y el fin, el alfa y omega, el primero de los primeros y el último de los últimos, no se consideraba además aquél que determina el orden y la condición de cada cuál. Y el susodicho aun tiene la soez desvergüenza de alertar a sus borregos porque los escribas, en efecto, ocupan los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes’, ¡qué rostro, por el Peán!

12,43-44 La afirmación es tan obvia que, en efecto, causa rubor de escuchar en semejantes términos[26], y repugnancia causa, por ende, que seguramente va dirigida a promover donaciones de los adictos al judeo-mesianismo imperialista. Ahora bien, por muchos cuadrantes que se echaren en el tesoro del templo, por cierto, son inútiles si el corazón está contaminado y las mientes embotadas, pues ‘con el dinero no se compra la sensatez’[27], y ‘nadie empobrece honrosamente en razón de unas prédicas que erróneamente eligió obedecer’[28].

13,2 Aplíquese enmienda relativa a Mt.24,2.

13,10 Aplíquese enmienda relativa a Mt.24,9-14. Porque el galileo asegura que a fin que llegue el fin de los tiempos “antes habrá de ser predicado el evangelio a todos los pueblos”, esto es, para que el cuerpo muera, ‘antes habrá de ser diseminada la enfermedad por todos los órganos’. Y es cierto: si el evangelio fuese realmente ‘la buena nueva’ no incitaría, con su prédica, a la destrucción de lo que el dios dispuso con orden y medida, sino que mediante dicha prédica lo conservaría y lo medraría en la medida de lo posible. Por tanto, no es cierto que el evangelio sea ‘la buena nueva’, sino todo lo contrario, porque su mensaje es malvado y augura destrucción y condena eterna para los dos tercios (Zac.13,8-9 ~ Mt.24,14).

13,12 Aplíquese enmienda relativa a Mt.10,21.

13,13 Aplíquese enmienda relativa a Mt.10,22. En efecto, que los judeo-mesiánicos sean “aborrecidos de todos por (su) nombre” es algo enteramente justo y consecuente, al igual que justo es aborrecer lo aborrecible y despreciar lo corrompido. Por ende, es cierto lo que asegura el galileo, en tanto que “quien perseverare hasta el fin ―‘en el judeo-mesianismo antropólatra’―, ése será salvo” …‘de toda cordura’, evitó añadir.

13,14 Aplíquese enmienda relativa a Mt.24,15-20.

13,19 Véase enmienda a Mt.24,21. La oración “pues los días aquellos serán de angustia…” indica que en los versículos anteriores (13,14-18) el galileo pretende profetizar respecto de su venida y consecuente consumación universal (13,4-13), no respecto de otra venida y consumación, como pudiera haber sido la obrada por el diadoco Antíoco IV Epífanes (1Mac.1,57yss.)[29], dado que ocurrió antes de nacer el galileo (168 a.C.), y la cual por cierto no puede definirse como “de angustia tal como no la hubo desde el principio de la creación que Dios creo hasta ahora, ni la habrá”.

13,22 Aplíquese enmienda relativa a Mt.24,24.

13,25 Aplíquese enmienda relativa a Mt.24,29.

13,26 Habla el galileo de sí mismo, prometiendo que “verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes con gran poder y majestad” ―que no ‘en el primer puesto de una sinagoga o de un banquete’―, ya que para entonces, por cierto, la sed de artificio precisaría algo más que un farandulero montado en un pollino.

13,33 Dice el galileo a sus borregos: “no sabéis cuándo será el tiempo” del fin, aunque poco antes dijo “cuando sus ramas están tiernas y echa hojas, conocéis que el estío está próximo. Así también vosotros, cuando veáis suceder estas cosas, entended que está próximo” el fin.

Con todo, el galileo fue incapaz de entender que no era el tiempo de coger higos (11,12-14), y pretende conocer cuando es el tiempo del fin: “no pasará esta generación antes que todas estas cosas sucedan”, ‘vaticinó’ a sus congéneres[30].

14,7 Aplíquese enmienda relativa a Mt.26,11.

14,9 A decir verdad, es más sensato hablar de esa mujer no tanto por lo que hizo, sino por aquello que dejó de hacer, pues ¿por qué aún conservaba bienes ―“un vaso de alabastro lleno de un ungüento de nardo auténtico de gran valor” (14,3)―, no habiéndolos vendido y no habiéndo regalado el beneficio a los pobres, tal y como exigía el galileo a todo su rebaño (10,21)? Por otro lado, parece ser que el susodicho tenía verdadera obsesión por los pobres, de manera que los veía más aptos para recibir atenciones y ayudas que cualquier rico. Ahora bien, si tan pecadores eran los ricos a ojos del galileo rapaz, ¿por qué dedicarse a los ‘buenos-pobres’ y no tanto o más a los ‘malos-ricos’? ¿No dijo él mismo que “no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; ni he venido yo a llamar a los justos, sino a los pecadores” (2,17)? Entonces, ¿no será que los pobres le eran útiles como reclamo a su prédica demagógica?

14,11 Véase enmienda relativa a Mt.26,15, a Lc.22,3 y a Jn.18,2-3.

14,22-25 Aplíquese enmienda relativa a Mt.26,26-29.

14,24 Véase enmienda a Mt.26,26-29. El galileo dijo “esta es mi sangre del contrato: la que se derrama sobre muchos”, para que se cumpliera al fin la tétrica profecía vaticinada por el profeta Jeremías, “porque así me dijo Yahvé (…): «toma de mi mano esta copa de espumoso vino y házselo beber a todos los pueblos a los que yo te he enviado. Que beban, que se tambaleen, que enloquezcan ante la espada que yo arrojaré en medio de ellos (…). Tendréis que beber, porque si yo, al desatar el mal, he comenzado por la ciudad en que se invoca mi nombre, ¿ibais a quedar vosotros impunes?»” (Jer.25,15-16y28-29). Por tanto, esa copa de vino espumoso, que se derrama, debe ser ya vaciada hasta las heces, y debe culminar así la expiación de la cruz ―pago por la abominable profanación del altar―, a fin de que un nuevo ciclo sea completado y renazcan los antiguos ritos.

14,35-36 Aplíquese enmienda relativa a Mt.26,39. En efecto, al galileo martiriócrata le atemorizaba una tortura que muchos sufrieron antes ―por cierto, por delitos mucho menores que el de impiedad, e incluso siendo inocentes―, y que miríadas de inocentes gentiles sufrirían después por detestar su execrable prédica, la de ‘la sangre del contrato: la que se derrama sobre muchos’ (14,24), y seguirá desparramándose hasta que el agua sea agua, el vino vino, el fuego fuego, la cruz cruz, hasta que el hijo sea hijo, el padre padre, el hombre hombre y el dios dios: bájese el cadáver del infausto madero, désele sepultura, renazca.

14,34 Aplíquese enmienda relativa a Mt.26,38-39.

14,48 Aplíquese enmienda relativa a Mt.26,55.

14,54 Que Pedro-Satán ‘se calentase a la lumbre’ mientras el galileo era juzgado, en fin, es una señal más de la protervidad de los seguidores de Pedro: ‘Satanás, quien sirve de escándalo, porque no siente las cosas de Dios, sino las de los hombres’ (Mt.16,23)[31].

14,58 Es cierto: el templo levantado por los seguidores del galileo no fue “hecho por mano del hombre”, sino que fue erigido merced a la ignorancia y a la codicia imperialista, a la devastación de los templos antiguos y a la profanación de las tradiciones ancestrales, merced a la supresión de los amables ritos gentilicios, al genocidio y a la imposición de un culto artificial: …con todo, menudos cimientos los del templo judeo-mesiánico.

14,62 Aplíquese enmiendas a Mt.26,64 y Mt.26,65. Otrosí, a la blasfemia de referirse al Mesías como “el Hijo del hombre”, en efecto, aquí se añade la de proclamarse Mesías: “yo soy”, dijo el impúdico galileo.

14,62-64 En efecto, el galileo ‘era reo de muerte’ desde que se instituyó la antigua ley, según la cual “si se alzare en medio de ti un profeta o un soñador que te anuncia una señal o un prodigio, aunque se cumpliere la señal o el prodigio (…) no escuches las palabras de ése (…), porque te prueba Yahvé (…). Y ese profeta o soñador será condenado a muerte por haber aconsejado la rebelión contra Yahvé (…), así harás desaparecer la maldad de en medio de ti” (Dt.13,1-5). Poco podían saber por entonces que, de hecho, la muerte del mendaz galileo no haría desaparecer el mal, sino que le daría aterradores bríos. Véase Dt.18,20-22.

14,65 Sin duda que es justo compadecerse de quien, aun haber delinquido, recibe ultrajes sin ser ello su voluntad o su misión; ahora bien, ¿a qué lamentarse de quien persigue su propio sufrimiento, y de él hace estandarte, sayo y bonete? ¿A qué de quien por misión tiene precisamente el martirio de la carne, la sangre y la cruz? No, ése no merece compasión, antes bien merece ser abominado.

14,68-72 Aplíquese enmienda relativa a Mt.26,70-75.

15,5 Aplíquese enmienda relativa a Mt.27,12-14.

15,10 Aplíquese enmienda relativa a Mt.27,18.

15,14 Aplíquese enmienda relativa a Mt.27,13.

15,17-20 Véase enmienda a 14,65.

15,34 A razón del reproche a su dios “¿por qué me has abandonado?”, justo cuando finalizaba su martirio, el galileo no debía ser salvo, puesto que si bien “quien perseverare hasta el fin, ése será salvo” (13,13), a su vez lo propio es que ‘quien no perseverare hasta el fin, ése no será salvo’. Si se cumplió el derecho que prerrogaba, el galileo jamás se salvó, y por tanto el relato sobre su resurrección es falso, y si no se cumplió y en efecto resucitó, su dios habría cometido acepción y el martirio quedaría adulterado.

15,38 Aplíquese enmienda relativa a Mt.27,51.

15,42 Marcos al parecer se equivoca, puesto que si bien presenta el día de la Parasceve (1º día de Ácimos) como si fuera “la víspera del sábado”, esto es, día Viernes, en cambio sitúa en Viernes también la crucifixión del galileo y no en Sábado, a diferencia de Mateo[32]. No obstante, coincide con él en cuanto a que resucitó “la mañana del primer día de la semana” (16,9), esto es, el día Domingo. Todos los pormenores pueden examinarse en la relación sinóptica presentada en la enmienda a Mt.27,57-60.

15,44 En efecto, “Pilato se maravilló de que ya hubiera muerto” el galileo, habida cuenta la agonía de los crucificados solía prolongarse durante días.

15,46 Aplíquese enmienda relativa a Mt.27,57-60. José de Arimatea “depositó en un monumento” a quien otrora, con tremenda impiedad, dijera a uno que iba a sepultar a su padre “deja a los muertos sepultar a sus muertos” (Mt.8,22). Por ende, se dice que “compró una sábana” para amortajar el cadáver del galileo, contraviniendo así la ley según la cual “el día primero tendréis asamblea santa, y lo mismo el día séptimo. No haréis en ellos obra alguna, fuera de lo tocante a aderezar lo que cada cual haya de comer” (Éx.12,16), lo cual implica que el sacrificio no fue grato a su dios[33], a no ser que amortajar el cadáver fuese para el de Arimatea ‘aderezar’ lo que se había de comer.

16,16 El galileo continúa profiriendo amenazas, pese a que “no es Dios como un hombre que se mueve con amenazas” (Jdt.8,16), en tanto que según él “quien creyere y fuere bautizado se salvará, mas el que no creyere se condenará”, aun cuando otrora dijo que “a los hombres sí es imposible” (10,27) salvarse, y aun cuando se prometió que el Mesías venía “para salvar a su pueblo de sus pecados” (Mt.1,21), no para contaminar a sus mayores y a los gentiles, pues a partir de entonces los pueblos se cargarían de culpas como nunca antes, y como nunca antes saldría el “quien no está conmigo está contra mí” (Mt.12,30) de la boca del impío. Es cierto: llegaba el tiempo de la ‘sangre del contrato: la que se derrama sobre muchos’ (14,24), de la cual según Yahvé “habréis de beber, porque si yo, al desatar el mal, he comenzado por la ciudad en que se invoca mi nombre, ¿ibais a quedar vosotros impunes?” (Jer.25,28-29), y la cual seguirá chorreando hasta que el agua sea agua, el vino vino, el fuego fuego, la cruz cruz, el hijo sea hijo, el padre padre, el hombre hombre y el dios dios: bájese el cadáver del fatídico madero, désele sepultura al cuerpo macilento y renazca en cuerpo saludable.

16,17-18 En efecto, los seguidores del galileo son quienes creen en el mal, pues creen en la existencia de espíritus impuros y les confieren príncipe y poder[34]. Por ende, la alusión a los prodigios, que habrán de señalar a sus ungidos, confirma una vez más que el judeo-mesianismo es un culto taumatócrata: ¡buena es la fe de los taumatólatras, que halla su asiento y sostén por medio de cábalas, acertijos, apariciones y prodigios!

16,20 Sea como fuere, las directrices del galileo se están llevando a cabo por sus seguidores; en tanto que insisten en su abyecta prédica el día del fin se aproxima, y no cesarán hasta que llegue la debacle y la consumación, pues ansían ver a su añorado mesías cabalgando sobre nubarrones. No parece haber remedio a su mal, y el mundo entero padece su ignorancia: ¡por Zeus y por la Moira, séales dada la voz a quienes berrean, a fin que ya con voz y no con berrido puedan al fin disculparse!

Fuente: Inquisición a la Biblia, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2006).

[1]      Véase enmienda a Mt.3,6.

[2]      Ello, según los doctores Nácar-Colunga (1968) “es una prueba de que el fin de las cosas no está cercano”. Por supuesto para los mesiánicos, todo cuanto peor mejor.

[3]      Simónides fragmento 25 BCG.

[4]      Jenofonte Teogonía 45.

[5]      Hesíodo Trabajos y Días 106.

[6]      Aunque tal vez responda a una fórmula más compleja, en tanto que  Βοανηργές se compone del infinitivo  βοᾶν (gritar; resonar) y del participio de perfecto en acusativo  ηργές del verbo  εἴργω (apartar; aprisionar), a partir de lo cual querría decir ‘los que mantienen apartado el gritar’ o bien ‘los que mantienen aprisionado el resonar’.

[7]      Critias A1 BCG.

[8]      Platón Fedón 69c-d.

[9]      Es cierto: a las muchedumbres “no les hablaba sin parábolas; pero a sus discípulos se las explicaba todas aparte” (4,34).

[10]     Véase enmienda a 25,14-30.

[11]     Porfirio de Tiro Contra los Cristianos; fragmento 69 (Servicio de Publicaciones de la UCA).

[12]     En realidad el galileo no terminó la oración, en tanto que debía haber dicho ‘hija, tu fe (en los prodigios) te ha salvado’.

[13]     Asimismo, es de esperar que no hubiese ni un solo gentil entre las multitudes sanadas en 1,34/ 1,39/ 3,10/ 6,13 y 6,56.

[14]     Véase Mt.12,39/ Mt.16,4 y enmienda relativa a Mt.26,26-29.

[15]     Véase enmienda dedicada a Mt.16,5.

[16]     Véase Mt.23,8.

[17]     Véase enmienda a 10,13-16.

[18]     Véase 9,42.

[19]     Véase enmienda a Mt.19,9.

[20]     Y “nunca te atrevas a echar en cara la funesta pobreza que roe el corazón de los hombres, regalo de los eternos Bienaventurados” (Hesíodo Trabajos y Días 716).

[21]     Nietsche Más allá del bien y del mal párrafo 97.

[22]     En efecto, el término ‘perdonar’ proviene del vocablo latino perdonare, compuesto de la preposición per (por) y el verbo donare (dar), con lo cual significaría ‘dar por’ o ‘dar a cambio’: el perdón, pues, se otorgaría una vez pagada la deuda o bien una vez cumplido el castigo, pero nunca antes. En cambio, lo que en realidad pretenden los judeo-mesiánicos es la ‘amnistía’ de las culpas, es decir, el ‘olvido’ de las mismas  (ἀμνηστία), lo cual sólo sería coherente si las penas decretadas fueran bajo un régimen injusto. Ello, transpolado al régimen divino, constataría que el ‘perdón de las culpas’ al modo judeo-mesiánico es o bien una prevaricación o bien una blasfemia, porque ni los castigos divinos pueden ser injustos ni la divinidad mantiene secuestradas las almas.

[23]     Hay que recordar al aedo Demódoco, “piadoso cantor, al que amando sobremodo la Musa otorgó con un mal una gracia: lo privó de la vista, le dio dulce voz” (Odisea VIII 62-64).

[24]     Incluso el relativismo parece sensato al lado de semejante prédica, en tanto que postula que ‘el hombre es medida de todas las cosas’ (Sexto Empírico Contra los matemáticos VII 60), y no que ‘uno mismo es medida de todas las cosas’.

[25]     Platón Leyes 731a – 732b. Por ende, véase enmiendas a Lev.19,18/ Tob.4,5-9/ Mt.5,43 y Mt.19,18-19.

[26]     Después de todo, cualquiera entiende que ‘la ofrenda debe hacerse en la medida que a uno le es posible’ (Jenofonte Memorias I 3,3).

[27]     Jenofonte Memorias IV 1,5. Véase Mt.27,6 y enmienda correlativa.

[28]     Critias A1 BCG.

[29]     Véase además Dan.9,27 y Dan.12,11.

[30]     En efecto, es la Ley ―la cual el galileo promete ‘ha de cumplirse en toda jota y toda tilde’ (Mt.5,18)― que dice “y si te dices en tu corazón: «¿cómo voy a conocer yo la palabra que no ha dicho Yahvé?». Cuando un profeta te hable en nombre de Yahvé, si lo que dijo no se cumple, no se realiza, es cosa que no ha dicho Yahvé; en su presunción habló el profeta; no lo temas” (Dt.18,21-22).

[31]     Véase Lc.5,8.

[32]     Ello parece tener solución si se interpreta que dicha semana gozo de dos Parasceves, según se desprende del texto de Marcos, esto es, un Parasceve Pascual (noche del 14 al 15 de Nisán; 1º día de Ácimos) y un Parasceve Sabático (noche de 15 al 16 de Nisán; 2º día de Ácimos), en tanto que, según Mateo, la Pascua caía en día Viernes y por tanto antecedía al Sábado.

[33]     Véase enmienda a Mt.27,57-60.

[34]     Ahora bien, si el bien es orden y jerarquía y el mal a su vez es desorden y anarquía, ¿cómo iba a existir una esencia compuesta y ordenada que sirva al mal, y cómo iba a haber un príncipe donde no hay orden ni concierto?