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Historia y Cultura, Paganismo y Tradiciones

LA MÉLICA, REINA DE LA TRÍADA CLÁSICA

O que no lo haga, si no lo desea su ánimo voluble, o que gracias a él se responda a sí mismo, por cierto, sólo en caso que entienda el uso de las palabras como algo importante en tanto éstas se vinculan a los hechos.

Y es que a la pregunta del prelado italiano Antonio Minturno “aquel que trata temas divinos y humanos para la alabanza de los dioses o los hombres, aquel que reprende las faltas, aquel que implora, que trata temas alegres o festivos, ¿no se implica acaso en una acción?”[1], en efecto, se debe responder que sí se implica en una acción, y sobre todo en estos casos propios a los himnos y ditirambos (alabanza de los dioses), a los encomios y epinicios (alabanza de los hombres), a los yambos y diatribas (reprensión de las faltas), o a las elegías y monodias (imploración, alegría y fiesta). E incluso no sólo se debe responder eso, antes bien, ha de añadirse que, por cierto, quien trate esas cuestiones en sus poemas es, en efecto, de entre los poetas, el que más se implica en una acción, puesto que opta por expresarse mediante el modo lírico-narrativo, lo cual implica no adoptar otra personalidad a fuer de la propia. En contraposición al poeta lírico, por cierto, se halla aquel poeta que se aliena de la acción mediante títeres, y, por ende, enajena al auditorio merced las más varias pasiones representadas por los títeres. En medio de uno y otro, pues, debe situarse a aquel bardo que condimenta la Musa con sazón agridulce, en tanto que su modo de enunciación no es del todo mimético ni narrativo ni su yo es del todo ajeno ni propio.

Así pues, el género lírico es el menos mimético, en el cual el espectador se muestra más activo y en donde el poeta ―a través de la ‘persona locuens’ en muchos casos― revela un mayor grado de implicación y canta “sus sentimientos reales antes que sentimientos imitados”[2]; y aunque “los sentimientos pueden ser fingidos lo mismo que las acciones”[3] el poeta, al cantar en primera persona la melodía ―sea un aedo o un rapsoda― asume de pleno dicha ficción y de pleno muta su naturaleza, como los oficiantes en una liturgia religiosa, y si finge un sentimiento es él mismo quien lo finge respecto de sí mismo, pero no imita a otro individuo ni deja de ser él mismo en momento alguno, por más que asuma un ‘yo genérico o colectivo’: de hecho, para el aedo lírico tradicional la comunidad forma parte intrínseca de su propio yo, de manera que en él no hay imitación, sino una plena y consciente ‘asunción’ (εἰσποίησις) de yoes.

Por el contrario y en sentido inverso, para el aedo dramático no hay asunción, sino ‘imitación’ (μίμησις) de yoes o de la personalidad de cada uno de estos yoes, y, siendo así, en efecto, ocurre que siempre anda imitando a otro individuo y nunca es él mismo: retuerce por completo su propia naturaleza y modela una ficción desde fuera ―sea un tragediógrafo o un comediógrafo― al delegar dicho drama en terceras personas, quienes, a su vez, ‘fingen sus sentimientos y sus acciones’ por igual y por igual ‘cantan sentimientos fingidos antes que sentimientos imitados’, de manera que es el género dramático en donde el poeta revela un mínimo grado de implicación, el espectador se muestra menos activo y el modo es de lo más mimético.

Por último, entre el género lírico y el dramático se hallaría el género épico, si es cierto que “en la vida se da lo alto, lo bajo y lo intermedio”[4]; sin embargo, como también es cierto que “en los humanos se dan todo tipo de vicios, además de todo tipo de virtudes y opciones de vida”[5], de estos tres géneros poéticos elevados surgirán otros tres subgéneros vulgares. En efecto, ya antaño convivían con la tragedia tanto la sátira como la comedia, y, con la epopeya, la fábula o el cuento, pero fue tras el sometimiento de la honorable Antigüedad a manos del imperialismo atroz que, por cierto, de la epopeya degeneró la pueril novela, y, de la lírica mélica, ¡por Hécate y el can Cerbero!, la vanidosa romántica y las monstruosas vanguardias, y ello sucedió, sin duda, de la misma manera que la monarquía (mélica) halla su opuesto en la tiranía (romántica-vanguardias), la aristocracia (epopeya) en la oligarquía (novela-cuento) y la democracia con leyes (tragedia) en la democracia sin leyes (sátira-comedia)[6], siendo la monarquía el más excelso régimen de los tres elevados y siendo la democracia con leyes el régimen menos dañino de los tres vulgares[7].

Sea como fuere, esta tripartición genérica (lírica-épica-drama) ―y no sólo de ‘modos de enunciación’, como aduce el tal Genette― proviene del mismo Platón, y, por ende, ya desde mucho antes de los románticos y vanguardistas se “examina de hecho lo lírico, lo épico y lo dramático, no ya como meros modos de enunciación, sino como auténticos géneros”[8]. En efecto, la tríada clásica es establecida por Platón desde el aspecto formal en tanto separa διήγησις  ἁπλόος (narración pura), διήγησις  διὰ  μιμήσεως (narración mediante imitación) y διήγησις  διὰ  αμφοτέρων (narración entre ambas), o en tanto afirma que τῆς  ποιήσεώς  καὶ  μυθολογίας  ἡ  (διήγησις)  μὲν  διὰ  μιμήσεως  ὅλη  εστίν  (…) ·  τραγῳδία  τε  καὶ  κωμῳδία;  ἡ  δὲ  δι’ ἁπαγγελίας  αὐτοῦ  τοῦ  ποιητοῦ,  εὕροις  δ’ ἂν  αὐτὴν  μάλιστα  που  ἐν  διθυράμβοις,  ἡ  δ’ αὖ  δι’ αμφοτέρων  ἔν  τε  τῇ  τῶν  ἐπῶν  ποιέσει  πολλαχοῦ  δὲ  καὶ  ἄλλοθι (hay una [narración] de poesía y de mitología por completo mimética: la tragedia y la comedia; otra representada por el poeta mismo, que encontrarás sobretodo en los ditirambos, y a su vez otra mixta en la poesía épica así como en otros muchos lugares)[9].

De hecho, a tenor del texto aquí arriba citado ―y en concreto de la expresión ‘sobretodo en los ditirambos’― se ha propuesto que Platón jamás llegara a incluir la lírica en la célebre tríada, sino otro tipo de poemas innominados, por lo cual ciertos eruditos de espejo y reflejo rechazan que la tríada ‘lírica-épica-drama’ estuviera ya presente en la concepción platónica de poesía; sin embargo, Platón no parece esconderse en misterios ni aludir a otra cosa que a la lírica cuando asevera que οἷος  τυγχάνει  ὁ  θεός  ὤν  ἀεὶ  δήπου  ἀποδοτέον,  ἐάντέ  τις  αὐτὸν  (ποιητής)  ἐν  ἔπεσιν  ποιῇ  ἐάντε  ἐν  μέλεσιν  ἐάντε  ἐν  τραγῳδίᾳ  (tal como el dios resulta ser debe representársele, tanto si este mismo [poeta] compone en versos épicos, como en mélicos, como en tragedia)[10], ni cuando de seguido a su magnífica apuesta por la poesía lírica advierte que, εἰ  δὲ  τὴν  ἡδυσμένην  Μοῦσαν  παραδέξῃ  ἐν  μέλεσιν  ἢ  ἔπεσιν,  ἡδονή  σοι  καὶ  λύπη  ἐν  τῇ  πόλει  βασιλεύσετον  ἀντὶ  νόμου  τε  καὶ  τοῦ  κοινῇ  ἀεὶ  δόξαντος  εἶναι  βελτίστου  λόγου (si en cambio admites a la Musa edulcorada en los versos mélicos o épicos, el placer y el dolor reinarán en tu ciudad, en vez de la ley y el relato que siempre se considere es el mejor para la comunidad)[11], y la experiencia entonces no sería precisamente lírica o épica, sino trágica.

Asimismo, a estos ciertos literatos de grupa y aúpa no se les debe permitir de ningún modo que sigan propalando el bulo de que “en el IIIer libro de la «República», Platón justifica su conocida decisión de expulsar a los poetas de la Ciudad”[12], ya que decide expulsar sola y exclusivamente a un tipo de poetas puramente imitativos, ἄνδρα  δὴ  ὡς  ἔοικε  δυνάμενον  ὑπὸ  σοφίας  παντοδαπὸν  γίγνεσθαι  καὶ  μιμεῖσθαι  πάντα  χρήματα,  εἰ  ἡμῖν  αφίκοιτο  εἰς  τὴν  πόλιν  αὐτός  τε  καὶ  τὰ  ποιήματα  βουλόμενος  ἐπιδείξασθαι,  προσκυνοῖμεν  ἂν  αὐτὸν  ὡς  ἱερὸν  καὶ  θαυμαστὸν  καὶ  ἡδύν,  εἴποιμεν  δ’ ἂν  ὅτι  οὐκ  ἔστιν  τοιοῦτος ἀνὴρ  ἐν  τῇ  πόλει  παρ’ ἡμῖν  οὔτε  θέμις  ἐγγενέσθαι,  ἀποπέμποιμέν  τε  εἰς  ἄλλην  πόλιν  μύρον  κατὰ  τῆς  κεφαλῆς  καταχέαντες  καὶ  ἐρίῳ  στέψαντες,  αὐτοὶ  δ’ ἂν  τῷ  αὐστηροτέρῳ  καὶ  ἀηδεστέρῳ  ποιητῇ  χρῴμεθα  καὶ  μυθολόγῳ  ὠφελίας  ἕνεκα ·  ὃς  ἡμῖν  τὴν  τοῦ  ἐπιεικοῦς  λέξιν  μιμοῖτο  καὶ  τὰ  λεγόμενα  λέγοι  ἐν  ἐκείνοις  τοῖς  τύποις  οἷς  κατ’ ἀρχὰς  ἐνομοθετησάμεθα,  ὅτε  τοὺς  στρατιώτας  ἐπεχειροῦμεν  παιδεύειν (así, a un varón que se le supone capaz, gracias a su destreza, de realizar todo artificio y de imitar toda cosa, éste, si nos llegara a la ciudad en tanto que dispuesto a mostrar sus poemas, nos prosternaríamos ante él por cuanto es santo, admirable y placentero, pero le diríamos que no hay en nuestra ciudad un varón semejante ni permiso para que en ella se engendre, y lo enviaríamos a otra ciudad vertiéndole mirra sobre su cabeza y coronado con lana, pues nosotros recurrimos a un tipo de poeta más austero y desagradable como recurso para la narración de mitos: aquel que imite para nosotros el relato de lo conveniente y exprese las palabras mediante aquellos modales que desde un principio reglamentamos, cuando tratábamos sobre cómo educar a los militares)[13]; esto es, ὅσον  μόνον  ὕμνους  θεοῖς  καὶ  ἐγκώμια  τοῖς  ἀγαθοῖς  ποιήσεως  παραδεκτέον  εἰς  πόλιν (de poesía sólo es aceptable en (nuestra) ciudad lo que sea himnos a los dioses o encomios a los buenos)[14], lo cual no significa ―no para nadie honrado y cabal, sí para los protervos― que Platón decida expulsar a los poetas de ningún lugar; en todo caso, significa que acoge a los poetas mélicos e incluso a los épicos, puesto que a fuer de valerse de la narración lírica (μέτριος  ἀνήρ)  διηγήσει  χρήσεται  οἵᾳ  ἡμεῖς  ολίγον  πρότερον  διήλθομεν  περὶ  τὰ  τοῦ  Ὁμήρου  ἔπη,  καὶ  ἔσται  αὐτοῦ  ἡ  λέξις  μετέχουσα  μὲν  ἀμφοτέρων  μιμήσεώς  τε  καὶ  τῆς  ἄλλης  διηγήσεως,  σμικρὸν  δέ  τι  μέρος  ἐν  πολλῷ  λόγῳ  τῆς  μιμήσεως   ([un varón mesurado] se valdrá de una narración tal como la que nosotros poco antes tratábamos acerca de los versos de Homero [esto es, como la narración de Homero pero más piadosa], y su expresión estará mezclada alternativamente de imitación y narración pura, pero en un relato extenso la parte de imitación será breve (…); de tal modo ha de ser, por fuerza, un rétor semejante [es decir, mesurado])[15], y, en último extremo, puede afirmarse que Platón ―a través de sus ‘personae locuentes’― acepta la poesía mimética inclusive, en tanto ἐάν  ἡ  ἑμή  (…)  νικᾷ,  (παραδεξόμεθα)  τὸν  τοῦ  ἐπιεικοῦς  μιμητὴν  ἄκρατον (si la victoria ha de ser mía, [acogeremos] al [discurso] no mezclado, imitativo de lo conveniente)[16], precisamente el género usado por el propio Platón: el mimético puro de lo conveniente, esto es, el diálogo filosófico: πασῶν  γὰρ  ἐκείνην  γε  ἐκκριτέον,  οἷον  θεὸν  ἐξ  ἀνθρώπων,  ἐκ  τῶν  ἄλλων  πολιτειῶν (y es que a éste de hecho se le debe separar como a un dios respecto de los humanos de todos los demás [géneros literarios])[17].

Por lo tanto, ni Genett ni cualquier otro debería insistir ni en los pormayores ni “en los pormenores ni en la desvalorización tan conocida de los modos mimético y mixto”[18] de Platón, porque sencillamente todo ello es falso, aunque lo berreen cien mil borregos como él, y por lo tanto no debería ―ni él ni cualquier otro como él― en absoluto decir que Platón “sólo considera aquí las formas de la poesía «narrativa»”[19], ni que “facilita la marginación de los poetas”[20] ni líricos ni épicos ni dramáticos, en caso que éstos narren o representen buenas y bellas acciones.

A decir verdad, Platón describe las propiedades genéricas de los modos lírico, épico y dramático, de manera que αὐτοῖν  τὸ  μὲν  σμικρὰς  τὰς  μεταβολὰς  ἔχει,  καὶ  ἐὰν  τις  ἀποδιδῷ  πρέπουσαν  ἁρμονίαν  καὶ  ῥυθμὸν  τῇ  λέξει,  ολίγου  πρὸς  τὴν  αὐτὴν  γίγνεται  λέγειν,  τῷ  ὀρθῶς  λέγοντι  καὶ  ἐν  μιᾷ  ἁρμονίᾳ  ―σμικραὶ  γὰρ  αἱ  μεταβολαί―,  καὶ  δὴ  καὶ  ἐν  ῥυθμῷ  ὡσαύτως  παραπλησίῳ  τινί (uno de los dos [discursos esto es, el lírico respecto del dramático] contiene pequeñas variaciones, y si alguien reprodujera la armonía y el ritmo adecuados a lo que se dice, acabaría por explicar respecto de él bien poco, [salvo] lo que [éste] relata correctamente y en un único acorde ya que las variaciones son pocas, además de con un ritmo en tal modo semejante)[21]; y en este sentido τὸ  μὲν  πολλὴν  μίμησιν  καὶ  ποικίλην  ἔχει  τὸ  ἀγανακτητικόν,  τὸ  δὲ  φρόνιμόν  τε  καὶ  ἡσύχιον  ἦθος,  παραπλήσιον  ὂν  ἀεὶ  αὐτὸ  αὑτῷ,  οὔτε  ῥᾴδιον  μιμήσασθαι  οὔτε  μιμουμένου  εὐπετὲς  καταμαθεῖν (lo que conlleva mucha y variada mímesis es lo apasionado, mientras que lo sensato y de carácter tranquilo, lo cual es siempre igual a sí mismo, ni es fácil de imitarse ni de percibir su donaire en caso de ser imitado)[22], habida cuenta la sutileza de su expresión poética, que es propia no de la muchedumbre moderna y complaciente, sino de hombres de entrañas prietas que aspiran al conocimiento de lo divino; y, por cierto, no para vanagloriarse de ello sito en la comodidad, antes bien, para salir del lodazal y emprender el arduo ascenso hacia la virtud.

Es por ello, en efecto, por lo que el poeta lírico no osa esconderse tras sus personajes, cual titiritero tras sus monigotes, y, bien al contrario, asume su obra de la raíz a la punta y se implica a fondo ―tanto como le permite el uso de la palabra―, en la transmisión a sus semejantes de lo que él honestamente cree es la justicia y la piedad: aquélla porque es útil para con los humanos nacidos para la muerte, ésta porque lo es para con los dioses que por siempre existen.


[1] Minturno De poeta (1559).

[2] Gérard Genette Géneros, ‘tipos’, modos; pág.208. Traducción de Maria del Rosario Rojo.

[3] Íbid.; pág.208.

[4] Platón República IX 584d3-4. Traducción del editor.

[5] Teognis I 623-624. Traducción del editor.

[6] Cf. Platón Político 302e – 303b.

[7] De modo tal que la sucesión de régimen peor a régimen mejor sería ‘tiranía, oligarquía, democracia sin leyes; democracia con leyes, aristocracia, monarquía’, y, a su vez, la sucesión de género peor a género mejor rezaría ‘romántica-vanguardias’, ‘novela-cuento’, ‘sátira-comedia’; ‘tragedia’, ‘epopeya’, ‘mélica’.

[8] Gérard Genette Géneros, ‘tipos’, modos; pág.226. Traducción de Maria del Rosario Rojo. No deja de ser curioso que Genette considere ‘meros’ a los modos de enunciación en contraposición a los géneros, como si los modos de enunciación fueran de una menor importancia para la poética.

[9] Platón República III 394b9-c5. Traducción del editor.

[10] Platón República II 379a7-9. Traducción del editor.

[11] Íbid. X 607a5-8. Traducción del editor.

[12] Gérard Genette Géneros, ‘tipos’, modos; pág.188. Traducción de Maria del Rosario Rojo.

[13] Platón República III 398a1-b4. Traducción del editor.

[14] Íbid. X 607a3-5. Traducción del editor.

[15] Platón República III 396c5 y 396e4-10. Traducción del editor.

[16] Íbid. III 397d4-5. Traducción del editor.

[17] Platón Político 303b4-5. Traducción del editor.

[18] Gérard Genette Géneros, ‘tipos’, modos; pág.188. Traducción de Maria del Rosario Rojo.

[19] Íbid.; pág.188. Traducción de Maria del Rosario Rojo.

[20] Íbid.; pág.189. Traducción de Maria del Rosario Rojo.

[21] Platón República III 397b6-c1. Traducción del editor.

[22] Íbid. X 604e1-4. Traducción del editor.