La creación no ha terminado...

Astronomía y Paranormalia, Historia y Cultura, Humor y Sexo, Paganismo y Tradiciones

PLATÓN, EL FILÓSOFO DEL BIEN

VIDA Y OBRAS

Nacido en Atenas el año 428 a.M. en el seno de una familia aristocrática, durante su infancia recibió una muy completa educación que abarcó todos los campos del saber. A los 20 años conoció a Sócrates, quien marcó decisivamente su vocación filosófica, sobretodo, tras el fallecimiento de éste por sentencia de un jurado popular ateniense. También durante su juventud conoció a un Sófocles ya venerable y anciano, lo cual debió de quedar en sus recuerdos de juventud en una Atenas gloriosa. Durante su madurez y vejez realizó diversos viajes a Sicilia, en los que trabó lazos de amistad con círculos pitagóricos; y de los filósofos presocráticos es Parménides de quien más se nutre.

El divino Platón
Sócrates, maestro de Platón

Con el tiempo, concibió un modelo de estado ideal, que trató de poner en práctica en la ciudad de Siracusa (Sicilia), en tiempos en que gobernaba el tirano Dionisio el Viejo. Éste, receloso a las ideas de Platón, lo vendió como esclavo, pero Platón logró escapar gracias a sus amistades. En el 387 a.M. fundó la afamada Academia[1], la primera institución en impartir conocimientos de manera sistemática. Transcurrieron unos mil años antes que los furibundos mesiánicos galileos expropiaran sus bienes y la demolieran. Platón murió a los 81 años rodeado de amigos y venerado cual dios vivo. De todas partes llegaban para verlo, no obstante, Platón dedicó su propia vida a su amado compañero Sócrates ―personaje protagonista de sus diálogos―, y si manifestaba un conocimiento que no le era propio siempre daba fe del origen del mismo. El amor de Platón por sus ancestros y maestros es patente en toda su obra.

La inmensa mayoría de las obras de Platón están compuestas en forma de diálogo, y también casi en su totalidad el personaje principal de los mismos es su querido amigo Sócrates. Ahora bien, tres períodos pueden destacarse en su dilatada obra[2], a saber el Período Socrático ―durante el cual compuso diálogos muy influenciados por su amistad con Sócrates y por la trágica muerte de éste, y cuyos títulos son Apología de Sócrates, Critón, Eutifrón, Cármides, etc.―, el Período de Madurez ―donde a pesar de que la figura de Sócrates sigue siendo el eje de los diálogos, Platón expone ya sus propias teorías, que de hecho son derivadas de las primeras influencias socráticas, y las circunscribe en diálogos de asombrosa maestría como Fedón, Banquete, Fedro, República, Menón, Político, etc.―, y el Período de Vejez ―cuando Platón postula su modelo de estado ideal con una mayor concreción: sus diálogos de esta etapa, rezuman cierta resignación por no haber conseguido alcanzar sus objetivos más prácticos, y, también, por ser testigo de la decadencia de la antes pujante Atenas. Obras cumbres de este período son Filebo, Critias, Timeo, Leyes―.

Por último, sólo decir que Platón utilizó para llegar a los recónditos parajes del conocimiento mitos y alegorías, bellas, complejas y reveladoras, como acaso pocas argumentaciones podrían serlo.

LA DOCTRINA DE LAS IDEAS O LA ONTOLOGÍA[3] PLATÓNICA

Ya Sócrates pretendía que las definiciones de los conceptos fueran universales y necesarias y, además, abogaba por un empleo del conocimiento prudente y virtuoso, frente a los sofistas, que preconizan el conocimiento sólo como un arma para defenderse en pleitos y discusiones. En efecto, Platón también estaba convencido de la existencia de un estado de realidad universal y necesario el cual, por ende, también debía ser eterno e inmutable. Éste es causa y objeto del estado de realidad particular y subordinado, el cual es perecedero y en constante variación.

Esta realidad universal, necesaria, eterna e inmutable, es conocida vulgarmente como el ‘Mundo de las Ideas’ o también ‘Realidad Suprasensible’ o sencillamente ‘Realidad’ (τὰ Ὄντα=’lo que es’). Por el contrario, la realidad particular, subordinada, perecedera y alterable es conocida como el ‘Mundo Sensible’ o Devenir (τὰ Γιγνόμενα=’lo que se genera’, ‘la vida’). Como es obvio, en el mundo sensible, las cosas ―que se corrompen por padecer el paso del tiempo y la acción de la presión atmosférica (gravedad)― serán imitaciones imperfectas de sus paradigmas, que existen en el Mundo Inteligible; y mientras que lo sensible precisa de lo inteligible para vivir, las ideas, ajenas a toda corrupción, existen por sí mismas y por ello son eternas.

EL MUNDO INTELIGIBLE (ΝΟΗΤΌΣ ΚΌΣΜΟΣ)

Cabe señalar que, para Platón, el concepto de Idea no es solamente mental, sino que trasciende al individuo y a su mente, formando parte de la realidad objetiva. Es decir, para Platón la Idea es extramental y posee una existencia objetiva; por lo tanto, aquello que es bello lo es en tanto que participa de la belleza original, y será más bello en la medida que mejor imite a la belleza, que es el paradigma de lo que parece bello. Así pues, la belleza que los seres vivos aprecian en la vida común ―como ocurre con la justicia, la ley, el orden, etc.―, son reflejos o imitaciones de la Idea (ιδέα>εἴδω=’veo’) o Arquetipo (ἀρχή=principio), y a esa participación de lo sensible con lo inteligible Platón lo llama ‘correlación’ (μετοχή).

Esas Ideas o Arquetipos o Paradigmas son cognoscibles, según Platón, a través de la filosofía; tarea no muy fácil, puesto que según dice el filósofo ateniense, estas ideas son las auténticas realidades, en contraposición a lo perceptible, que son sólo apariencias pero que están por doquier. Así las ideas deben ser inmutables, eternas y únicas, a diferencia de lo sensible, que es mutable, perecedero y variopinto. Por ejemplo, una circunferencia dibujada en un papel siempre será distinta de otras circunferencias y, tarde o temprano, acabará corrompiéndose o borrándose; sin embargo, la idea con la cual se ha podido dibujar dicha circunferencia siempre será igual a sí misma y no se corromperá jamás, pues subyace más allá de lo sensible.

Con todo, las Ideas que conforman el mundo inteligible existen por sí mismas, a diferencia de las apariencias que forman el mundo sensible, las cuales necesitan de las Ideas para existir. De hecho, no parece disparatado, una vez aceptado que lo sensible imita a lo inteligible. Otro tanto ocurre cuando se conoce que, para Platón, el Mundo Inteligible es un conjunto de Ideas ordenadas jerárquicamente (dioses), con la idea del Bien (Zeus) en la cúspide y con las ideas de Ley (Temis), Verdad (Atenea), Amor (Afrodita Urania), Justicia (Atenea), Integridad (Ártemis), Sabiduría (Apolo), etc… en altos escalafones de la jerarquía.

El dualismo ontológico sólo sirve para explicar qué existe y qué no. Platón sintetiza muy bien las propuestas de Parménides y Heráclito.

LA RELACIÓN ENTRE AMBOS MUNDOS

En efecto, Platón no dice que estos mundos permanezcan separados uno de otro, en absoluto; y no lo dice por más que arrecien quienes de la mentira hacen propugnáculo. El filósofo ateniense explica que hay cierta participación (μετοχή) de lo sensible con lo Inteligible, habida cuenta que algo es bello en tanto en cuanto participa de la Belleza, o habida cuenta que alguien es prudente en tanto que participa, en mayor o en menor medida, de la Prudencia. En fin, ¿por qué iba a ser de otro modo? Además, argumenta Platón que una y otra realidad se relacionan a través del proceso de imitación (μίμησις), en tanto que lo sensible imita constantemente a lo inteligible[5]. Por ende, el Padre de los filósofos también explica que hay cierta finalidad de las cosas sensibles, con respecto a las inteligibles, habida cuenta que aquellas aspiran a igualar a éstas.

LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA[6]

Sócrates.― “Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna[7], que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz[8]. En ella están, desde niños, con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas[9] les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego[10] que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique[11]. Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y de otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan”.

“¿Crees que los prisioneros han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí? ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique? Si los prisioneros dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven? Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos? ¿No sucedería que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?”

“Qué pasaría si naturalmente[12] les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y, al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podría percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran ahora?”.

El quinto elemento, mencionado por Platón en su vejez, será el Ser en sí (la Idea del Bien y las restantes ideas capitales, o Zeus y el resto de dioses y divinidades), del cual derivan los cuatro restantes y al cual regresan en un ciclo cósmico recreativo

“En efecto, tendría que acostumbrarse para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor  facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol. Finalmente, pienso, podría percibir el Sol[13], no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sí y por sí, en su propio ámbito. Después de lo cual concluiría que es el Sol lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que, de algún modo, es causa de las cosas que ellos habían visto antes”.

“Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del Sol? Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?”[14] (República o Constitución 514a – 517a).

LA TEORÍA DEL CONOCIMIENTO O GNOSEOLOGÍA[15] PLATÓNICA

Según el bien nacido Platón, habida cuenta lo sensible siempre varia de aspecto y jamás se mantiene igual, no debe ser éste el objeto de conocimiento, pues tal conocimiento sería tan fugaz como un reflejo, tan engañoso como una apariencia y, en fin, tan irreal como una ilusión o tan negro como una sombra. Por tanto, Platón considera que un conocimiento auténtico debe ser estable y real y, por ende, deduce que éste sólo puede provenir de objetos estables y reales, luego el conocimiento de la realidad sólo puede provenir de las Ideas que habitan el Mundo Inteligible. Tan sencillo como eso. Tan puro como irritante a los pervertidos.

En este contexto Platón sitúa la labor del verdadero filósofo, quien debe rehuir el conocimiento de las cosas particulares y sensibles y debe apreciar, por encima de todo lo demás, el conocimiento de lo universal e inteligible, es decir, el conocimiento de las Ideas que habitan el Mundo Inteligible, el cual es principio y fin de todo lo demás.

EL SÍMIL DE LA LÍNEA

Sócrates.― “Toma ahora una línea dividida en dos partes desiguales; divide nuevamente la sección según las misma proporción, la del género de lo que se ve y otra la del que se intelige; así tenemos primeramente, en el género de lo que se ve, una sección de imágenes. Llamo ‘imágenes’ en primer lugar a las sombras, luego a los reflejos en el agua y en todas las cosas que, por su constitución, son densas, lisas y brillantes, y a todo lo de esa índole”[16].

“Pon ahora la otra sección de la que ésta ofrece imágenes, a la que corresponden los animales que viven en nuestro derredor, así como todo lo que crece, y también género íntegro de cosas fabricadas por el hombre[17]. ¿Estás dispuesto a declarar que la línea ha quedado dividida, en cuanto a su verdad y no verdad, de modo tal que lo opinable es a lo cognoscible como la copia es a aquello de lo que es copiado?”

“Ahora examina si no hay que dividir también la sección de lo inteligible. Por un lado, en la primera parte de ella, el alma, sirviéndose de las cosas antes imitadas como si fueran imágenes, se ve forzada a indagar a partir de supuestos, marchando no hasta un principio sino hacia una conclusión[18]. Por otro lado, en la segunda parte, avanza hasta un principio no supuesto, partiendo de un principio y sin recurrir a imágenes, efectuando el camino con Ideas mismas y por medio de Ideas”.

“Los que se ocupan de geometría y de cálculo suponen lo impar y lo par, las figuras y tres clases de ángulos y cosas afines, como si las conocieran, las adoptan como supuestos, y de ahí en adelante no estiman que deban dar cuenta de ellas ni a sí mismos ni a otros, como si fueran evidentes a cualquiera. En efecto, se sirven de figuras visibles y hacen discursos acerca de ellas, aunque no pensando en las propias figuras visibles, sino en aquellas cosas a las cuales éstas se parecen, discurriendo en vista al Cuadrado en sí y a la Diagonal en sí, y no en vista de la que dibujan. Pero en esta primera sección de lo inteligible, el alma se ve forzada a servirse de supuestos, sin avanzar hacia un principio, por no poder remontarse más allá de los supuestos[19]. Y para eso recurre a las imágenes de los objetos que abajo eran imitados”.

“Sin embargo, en la otra sección de lo Inteligible, la razón misma aprehende, por medio de la facultad dialéctica, y hace de los supuestos, no principios, sino que los trata como supuestos y los usa como peldaños hasta el principio de todo, que no es un supuesto, y, tras aferrarse a él desciende hasta una conclusión, sin servirse para nada de lo sensible, sino de Ideas, a través de Ideas y en dirección a Ideas, hasta concluir en Ideas”.

“Ahora aplica a las cuatro secciones estas cuatro afecciones que se generan en el alma, a saber, la Inteligencia a la suprema; el Pensamiento Discursivo a la segunda; a la tercera asigna la Creencia y a la cuarta la Conjetura; y ordénalas proporcionalmente, considerando que cuanto más participen de la verdad tanto más participan de la claridad” (República o Constitución 509d – 511e).

En quinto lugar estaría el Ser en Sí, o el objeto y origen de la Inteligencia, el razonamiento y todo lo demás, y según Platón serían la idea del Bien (Zeus) y el resto de ideas anejas (dioses)

MODOS DE APREHENSIÓN DE LAS IDEAS

La Dialéctica[28] es considerada por Platón un proceso válido para conocer las Ideas. De hecho, ¿qué son las palabras sino el sutil vestido de las Ideas? Además, ¿para qué sirven las palabras sino para ser habladas y escuchadas? Por tanto, ¿no incitan las palabras ―y con ellas, las Ideas― a otra cosa más que al diálogo? En efecto, si algo jamás desatendió Platón, desde sus obras juveniles hasta las seniles, fue la fundamental lección que legó a la humanidad su amado compañero: Sócrates fue quien vivió dando ejemplo de cómo emplear el diálogo noble, y demostró que es la mayor expresión de amor, no sólo al prójimo, sino también a los dioses y al mismo Bien[29].

El Recuerdo o Reminiscencia[30] (ἀνάμνησις) también es considerado por Platón como un método válido de aprehensión de las Ideas. En efecto, según el gran filósofo, aprehender no es más que recordar lo experimentado, y el humano, al estar compuesto de cuerpo y de alma, no sólo tiene la posibilidad de recordar lo vivido en tanto que cuerpo, sino que la experiencia del alma ―al ser anterior al nacimiento y pertenecer al Mundo Inteligible― otorga al humano la capacidad de recordar las Ideas que aquélla, por sí misma, contempló antes de caer en el cuerpo que le aherroja. De toda esta argumentación se coliga inexorablemente que, para Platón, el alma es inmortal y de origen divino; convicción, dicho sea de paso, muy común en aquellos tiempos, cuando en Europa aún no había irrumpido el monoteísmo aniquilador de pueblos.

El Impulso Amoroso[31] que, a decir verdad, no es una forma de conocimiento puramente intelectual, sino que lleva implícito cierta pasión religiosa, también es un proceso válido para conocer las Ideas, según Platón. En efecto, para el filósofo heleno, criado cara el anchuroso lomo de la mar, el amor es el anhelo por alcanzar la inmortalidad a través del ayuntamiento con lo bello. Así pues, cuanto más inteligente es un humano, más elevado es su concepto de Belleza, y, por ende, en un principio sentirá atracción por los cuerpos bellos ―incluso ansiará penetrarlos hasta el orgasmo feliz―, pero después amará la belleza de los cuerpos y su harmonía y su salud. Más adelante, poseso por esta ‘locura divina’, amará las bellas conductas y las bellas almas; de ahí pasará al amor a las leyes que rigen las bellas conductas y las almas bellas y, por último, amará y deseará ‘penetrar’ a la Belleza en sí, el modelo de todo lo bello por lo que antes tanto languidecía y se afanaba.

La Catarsis o Purificación[32] más que una forma de conocimiento platónico, es el resultado de una verdadera actividad filosófica. En efecto, según Platón, para desatender las múltiples demandas del mundo sensible, el filósofo debe desatender las constantes demandas del cuerpo que, de hecho, apuntalan y fijan el alma al cuerpo; por tanto, si la muerte es la separación del alma y el cuerpo ―así es para Platón y para todo bien nacido―, el auténtico filósofo debe prepararse, más que para la vida y la manutención de la carne, para la muerte y el cuidado del alma, aquel Ser que es pariente de las inmortales Ideas.

EL DUALISMO ANTROPOLÓGICO DE PLATÓN: LA INMORTALIDAD DEL ALMA

Es por tanto congruente que Platón considere al alma superior al cuerpo; pero no dice que el cuerpo deba despreciarse, sino que debe permanecer subordinado al alma, pues, mientras que aquél está emparentado con el mundo sensible y aparente, ésta guarda parentesco con las Ideas del Mundo Inteligible y Real. En consecuencia, resulta igual de evidente que el cuerpo es mortal como que el alma es inmortal ¿O no debe aceptarse en tal modo, habida cuenta el argumento de la sucesión de contrarios[33]? Efectivamente, según Platón, debía aceptarse la inmortalidad del alma por éste y por otros argumentos.

El alma es inmortal, según Platón, debido a la Necesidad de los Contrarios, pues existe lo débil porque existe lo fuerte, hay frío porque hay calor y, en definitiva, lo rápido es por lo lento. De la misma manera, si existe lo mortal debe existir lo inmortal, y, por ende, si lo mortal respecto al ser humano es el cuerpo, debe existir otra cosa de condición inmortal, a saber, el alma.

El alma es inmortal, según Platón, debido a la Reminiscencia, por cuanto si fuera cierto que recuerda lo acontecido antes del nacimiento, a la par, sería igual de cierto que existía ya antes de la vida, y, por ende, sería también fidedigno que siempre existió y que siempre existirá. Después de lo dicho, si el alma existía ya antes del nacimiento, ¿por qué debería dejar de existir tras la muerte? ¿Qué extraña fuerza le obligaría a ello?

El alma es inmortal, según Platón, debido a su Automovimiento. Habida cuenta el alma es principio de vida, puesto que es ella quien mueve al cuerpo, debe ser cierto que ella se mueve a sí misma. Dicho esto, ¿por qué tendría que dejar de moverse? ¿Qué extraña fuerza podría obligarle a ello?

El alma es inmortal, según Platón, debido a la necesaria existencia de una Justicia Última. En efecto, si tras la muerte el alma dejara de existir, nada ni nadie respondería ante las acciones malvadas o bondadosas, sino que todo, absolutamente todo, caería en saco roto. Por lo tanto, es completamente necesario que haya un responsable de las acciones ejercidas durante la vida. Ese responsable, según Platón, es el alma, y, por tanto, a fin de que pueda hacerse cargo de los efectos de sus propias acciones, es muy conveniente que sea de naturaleza inmortal.

El alma es inmortal, según Platón, debido a su Unicidad. En efecto, que el alma es única lo demostraría el hecho de que el cuerpo es múltiple[34]. Una vez dicho esto, el alma, al ser indivisible, no podría estar sujeta a corrupción ni merma ni descomposición, por lo que, en todo caso, debe ser de condición inmortal.

LA DOBLE AFECCIÓN DEL ALMA

En fin, con todos estos argumentos proclamaba el filósofo heleno la inmortalidad del alma. Sin embargo, con respecto a este último ―el de la unicidad del alma―, acaso podría objetarse que Platón renunciara a él o bien que lo modificó ―no sin errar[35]―, y, acaso, también podría creerse que mantuvo con posterioridad que el alma es de naturaleza tripartita, como por cierto dicen algunos procaces de tomo y lomo. No obstante, un buen estudioso debe fijarse en el hecho de que sólo una parte de las tres ―que según dice Platón están vinculadas― pervive tras la muerte y, por ende, si se quiere ser justo, solamente ésta merece recibir el nombre de ‘alma’. Dicho esto, las otras dos partes deben ser denominadas como ‘pasiones nobles que afectan al alma’ y ‘pasiones innobles que afectan al alma’. En definitiva, lo importante es que ‘afectan al alma’ ―y por ello guardan cierta relación con ella―, pero eso no significa que la constituyan.

EL SÍMIL DEL AURIGA Y SUS CORCELES

“Dividimos cada alma en tres partes[36]: dos de ellas tenían forma de caballo y una tercera, forma de auriga. De los caballos uno es bueno y otro no: el que ocupa el lugar preferente es de erguida planta y de finos remos, de altiva cerviz, aguileño hocico, blanco de color, de negros ojos, amante de la gloria con moderación y pundonor, seguidor de la opinión verdadera y, sin fusta, dócil a la voz y a la palabra. En cambio, el otro es contrahecho, grande, de toscas articulaciones, de grueso y corto cuello, de achatada testuz, color negro, ojos grises, sangre ardiente, compañero de excesos y petulancias, de peludas orejas, sordo, apenas obediente al látigo y los acicates. Así que cuando el auriga, viendo el semblante amado, siente un calor que recorre toda el alma, llenándose del cosquilleo y de los aguijones del deseo, aquel de los caballos que le es dócil, dominado entonces, como siempre, por el pundonor, se contiene a sí mismo para no saltar sobre el amado. El otro, sin embargo, que no hace ya ni caso de los aguijones, ni del látigo del auriga, se lanza, en impetuoso salto, poniendo en toda clase de aprietos al que con él va uncido y al auriga, y les fuerza a ir hacia el amado y traerle a la memoria los goces de Afrodita. Ellos, al principio se resisten irritados, como si tuvieran que hacer algo indigno y ultrajante. Pero al final, cuando ya no se puede poner freno al mal, se dejan llevar a donde les lleven[37], cediendo y conviniendo en hacer aquello a lo que se les empuja. Y llegan así junto a él, y contemplan el rostro resplandeciente del amado”.

“Al presenciarlo el auriga, se trasporta su recuerdo a la naturaleza de lo bello[38], y de nuevo la ve alzada en su sacro trono y en compañía de la sensatez. Viéndola, de miedo y veneración cae boca arriba. Al mismo tiempo, no puede por menos de tirar hacia atrás las riendas, tan violentamente que hace sentar a ambos caballos sobre sus ancas, al uno de buen grado, al no ofrecer resistencia, al indómito, muy a su pesar[39]. Un poco alejado ya el uno, de vergüenza y pasmo rompe a sudar empapando toda el alma[40]; pero el otro, al calmarse el dolor del freno y la caída y aún sin aliento, se pone a injuriar con furia dirigiendo toda clase de insultos contra el auriga y contra su pareja de tiro, como si por cobardía y debilidad hubiese incumplido su deber y su promesa. Y, de nuevo, obligando a acercarse a los que no quieren, consiente a duras penas, cuando se lo piden, en dejarlo para otra vez”.

La naturaleza humana está condenada a lidiar con su parte más irracional y volitiva, que debiera siempre estar subordinada a la parte más noble y mejor

“De esta manera, si vence la parte mejor de la mente, que conduce a una vida ordenada y a la filosofía, trascurre la existencia en felicidad y concordia, dueños de sí mismos, llenos de mesura, subyugando lo que engendra la maldad en el alma[41], y dejando en libertad a aquello en lo que lo excelente habita. Pero si acaso escogieron un modo de vida menos noble y, en consecuencia, menos filosófico y más dado a los honores, bien podría ocurrir que, en estado de embriaguez o en algún momento de descuido, los caballos desenfrenados de ambos, cogiendo de improviso a las almas[42], las lleven juntamente allí donde se elige y se cumple lo que el vulgo considera la más feliz conquista[43]” (Fedro 253d – 256c).

Por ende, cabe decir que el alma y sus partes son vulgarmente conocidas como la ‘Parte Racional’ (Νοῦς) ―en el mito representada por el auriga y que simboliza el alma en sí―, luego la ‘Parte Irascible[44]’ (Θυμός) ―dibujada por Platón como un caballo bien nacido y que alude a las pasiones nobles― y, por último, la ‘Parte Concupiscible’ (Ἐπιθιμία) ―representada mediante el rocino contrahecho y que refiere a las pasiones innobles que aquejan al alma―.

EL DESTINO DEL ALMA

Así es como Platón distingue entre el alma propiamente dicha y sus dos grandes afecciones que debe dominar. En efecto, el buen dominio de estas dos pasiones permite al alma circunnavegar la espalda del universo: montado en su carro alado, y contemplar así las Ideas mismas una vuelta tras otra. No obstante, si el auriga aún no es perito en el manejo del carro alado, puede ocurrir que, al no vislumbrar las Ideas en una de las vueltas, grávido caiga hacia abajo hasta encarnar en un cuerpo acorde con su naturaleza.

Tal es el caso, según dice el filósofo parido en Atenas, que aquella alma que más vislumbró de las Ideas mientras circunnavegaba la espalda del orbe, en consecuencia, “se implantará en los genes de un varón que habrá de ser amigo del saber, de la belleza o de las Musas tal vez, y del amor; la segunda alma que mayor visión obtuvo de las Ideas, nacerá con los genes de un rey nacido de leyes o un guerrero y hombre de gobierno; la tercera, para un político[45] o un administrador o un hombre de negocios; la cuarta, para alguien aficionado al esfuerzo corporal, para un gimnasta, o para quien se dedique a curar cuerpos; la quinta habrá de ser para una vida dedicada al arte adivinatorio o los ritos de iniciación; la sexta alma en ver lo más que pudo de las Ideas se acoplará a un poeta, uno de ésos a quienes les da por imitar; sea la séptima para un artesano o un campesino[46]; la octava, para un sofista o un demagogo[47], y para un tirano la novena” (Fedro 248c-e).

EL DEMIURGO PLATÓNICO

Según el filósofo parido en Atenas, del mismo modo que existen artesanos que moldean objetos sensibles con la mente dirigida hacia el modelo, también existe un artesano (δημιουργός) ocupado en modelar el mundo sensible con la mente fija en el Mundo Inteligible.

Así pues, y aunque la teoría con relación a este principio ordenador asoma la testa a lo largo de sus diálogos de madurez y de vejez, es quizá en el Timeo donde Platón describe con mayor prolijidad y concisión la actividad del Demiurgo. En efecto, no puede afirmarse que se trate de un Creador al modo judeo-cristiano ―el cual da la vida a partir de la nada[48]―, bien al contrario, el concepto heleno de ‘creación’, allá por los ss.V-IV a.M., ligaba no poco con la divina labor del Demiurgo. De hecho, es Meliso de Samos, un auténtico filósofo heleno, quien por entonces proclamaba que “Si nada es, ¿qué podría decirse de ella como si fuera algo?”[49] o “de lo que no es, nada se genera”, y continúa: “Siempre era lo que era y siempre será. Si, en efecto, se hubiese generado (lo que es), habría sido necesario que antes de generarse fuese nada; pero si era nada, de ningún modo podría haberse generado algo a partir de nada”[50]. También otro filósofo heleno, como Anaxágoras de Clazómenas, sentenció que “ninguna cosa nace ni perece sino que, a partir de las cosas que existen, hay combinación y separación[51]. De modo que, para hablar correctamente, deberían llamar al nacer combinarse y al perecer separarse”[52].

El Bien es la Idea suprema, la verdadera causa y destino de todo lo sensible

Sea como fuere, según el benévolo Platón, los elementos que concurren en el origen del mundo sensible son tres, a saber, un Principio Inteligible ―que son las Ideas y funcionan como paradigma o modelo, siendo ellas principio de todo y fin al mismo tiempo―, después un Agente ―que para Platón es el Demiurgo: el gran artesano que se ocupa de zurcir el correlato entre las Ideas inteligibles y los objetos sensibles―, y, finalmente, un Elemento Sensible ―que según el filósofo ateniense viene a ser una materia primordial caótica, la cual, tras ser ordenada por el Demiurgo, llega a conformar los objetos del mundo sensible―.

Porque, aunque parezca obsceno presentarlo como aquí se presenta, la actividad creadora del Demiurgo acaso guarde similitud con el acto sexual entre los seres vivos. En efecto, si en algún momento de su vida los mortales se asemejan a la divinidad es, por cierto, durante el ardiente coito que porta la vida a las almas. Así pues, como indica el diagrama, la deslumbrante belleza femenina equivale a las Ideas ―en este caso a la idea de Βelleza que excita la procreación entre humanos[58]―, así como los senos femeninos a los seres inteligibles que guardan parentesco con aquéllas. Por ende, el Demiurgo estaría representado por el falo masculino, y la materia primordial tendría su equivalencia en el semen y la cavidad[59] intrauterina ―que es el punto de contacto entre el demiurgo y la materia primordial―; asimismo, los objetos sensibles aquí estarían representados por la matriz que resguarda al feto antes de nacer. Finalmente, las múltiples deducciones que se derivan de semejante símil son todas de gran interés y de un mayor provecho[60].

Es cierto: en aquello que se genera y se corrompe siempre se halla la actividad demiúrgica; así en la reproducción de los vegetales, el Sol es el principio de todo y a lo cual aspira el árbol; las hojas son los seres inteligibles; el fruto y su actividad equivalen al Demiurgo, que es principio de vida y el primer movimiento que dará lugar a todos los demás movimientos. Asimismo el suelo fértil y las raíces configuran la materia primordial, de la cual se levanta el tronco que representa a los objetos sensibles. Es más, la relación de los cinco elementos lo demuestra el siguiente argumento: la luz del Éter tiene por destino el Aire ―siendo el Fuego un vínculo entre ambos―; el Aire tiene por destino el Agua, y, en fin, el Agua acabará por caer fertilizando la Tierra.

Al final Platón descubrió el quinto elemento de la existencia, el ἀρχή que es molde y origen de todo lo demás, por ello es considerado el mejor filósofo de todos los tiempos.

ÉTICA Y POLÍTICA SEGÚN PLATÓN[53]

Conviene tener en cuenta que, para Platón, no existe individuo sin comunidad y, a la par, el verdadero filósofo debe anteponer el Bien Común al privado. Por tanto, no es nada extraño que empleara las mismas teorías tanto en lo filosófico como en lo político. En efecto, así como las Ideas universales son más importantes que los objetos particulares, y así como éstos deben amoldarse a aquéllas y nunca al revés, de la misma forma, según Platón, los bienes comunes de la ciudad deben anteponerse a los bienes particulares de los individuos. Asimismo, tal y como todas las Ideas tienen la idea del Bien por soberana, en el caso del estado, todas las ordenanzas y leyes deben tener la vista fijada en el Bien, y no en otra cosa.

EL SÍMIL DEL HOMBRE-ESTADO

Así pues, Platón advirtió que el Estado conforma un todo muy parecido al todo que forma un cuerpo, hecho por el cual vio posible identificar las partes del Estado con relación a las partes del cuerpo, y a la par, atribuir las funciones que a cada una le son propias. En efecto, para Platón la cabeza del Estado es aquella parte que debe gobernar, el pecho equivale a quienes deben batallar y palpitar para que la ciudad se mantenga viva y alerta; y por último, el abdomen de un Estado, como ocurre con la ventrera del hombre, debe trabajar a fin de absorber el alimento y los nutrientes que permiten la supervivencia, tanto al cuerpo como a la polis[54].

En lo que sería una de las rectificaciones en su obra, Platón al final de su vida desecha el sistema de castas y aboga por crear una Constitución formada de Leyes buenas. Algo vislumbramos de este ambicioso proyecto en su obra póstuma inconclusa Leyes.
La primera aproximación de Platón a un modelo ideal de Estado peca de simplista e inocente. Al final de su vida, y después de dos intentos fallidos de realizar su Estado ideal, comprende que se requiere de una Constitución formada de buenas leyes, y se pone a redactarlas mediante el formato de diálogo en su magistral obra póstuma Leyes.

LAS FORMAS DE GOBIERNO SEGÚN PLATÓN[56]

No obstante, el filósofo de Atenas entiende que tal Estado perfecto (Καλλίπολις) es imposible de transportar al mundo terreno ―pues sería no como imitar una idea, sino como arrastrarla íntegra hasta el mundo sensible―, por lo tanto, Platón es sabedor de que entre los humanos se darán distintas formas de Estado, aunque todas ellas serán imitaciones del modelo ideal. Con todo, identifica seis modelos imitativos, tres modelos nobles y otros tres innobles que se degeneran de los primeros, a saber: Monarquía-Tiranía, Aristocracia-Oligarquía y Democracia con leyes-Democracia sin leyes. Por ende, los ordenó todos de mejor a peor del modo que sigue, a saber: el Gobierno filosófico ―que es tan distinto de los otros seis como lo es dios de los humanos―, la Monarquía ―es decir, la mejor imitación del modelo perfecto―, la Aristocracia ―que es una especie de monarquía múltiple―, la Democracia con leyes ―a decir verdad, el gobierno con el cual menos se arriesga y donde predomina la mediocridad―, la Democracia sin leyes ―que es el modelo menos malo―, la Oligarquía[57] ―o la degeneración de la Aristocracia― y la Tiranía ―o la corrupción del modelo monárquico y el peor de los seis posibles, los cuales son todos imitativos e imperfectos―.

Para Platón el gobierno filosófico significa el gobierno de las buenas leyes, como quedará demostrado en su obra póstuma Leyes.

En definitiva, Platón consiguió sintetizar toda la sabiduría antigua, dotándola de un objeto y sentido común, como un fruto que en su semilla almacena la magnificencia de un árbol. Consciente de que su mundo se desplomaba en la Modernidad, y que todo el saber antiguo podía caer en el olvido, Platón dejó un testimonio maravilloso primero de su maestro Sócrates, y por último de toda la filosofía de la Antigüedad: una filosofía popular, naturalista y con la Bondad como referente y objetivo de toda sabiduría.

Fuente: 

Historia Crítica de Filosofía, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2005)

[1] Llamada así porque se construyó cerca de los jardines de Academo, un héroe heleno.

[2] Propiamente llamada ‘Corpus Platonicum’.

[3] Onto (ser) + logos (argumento)= La ‘Teoría del Ser’.

[4] Aún mejor sería llamarlo ‘Cosmos’.

[5] Esta es la función del Demiurgo, como paradigma, pero también es la función de los humanos, en tanto que imitaciones del majestuoso Demiurgo.

[6] Se trata de una síntesis de la alegoría, extraída de la edición del diálogo República presentada por la muy eximia Biblioteca Clásica Gredos.

[7] La caverna representa el ‘mundo sensible’.

[8] La luz sería el ‘correlato’.

[9]    Las cadenas representan la ignorancia.

[10] El fuego sería ‘el Sol’ del mundo sensible.

[11] El tabique representa las dificultades de la iniciación.

[12] Lo natural es que el hombre progrese hacia nuevos estados de conciencia, pero no todos lo hacen al mismo tiempo.

[13] El Sol representa la idea del Bien.

[14] Aquí Platón pensaría en el juicio que a Sócrates sentenció a beber la cicuta.

[15] Gnosis (conocimiento) + logos (argumento)= La ‘Teoría del Conocimiento’, después llamada ‘Epistemología’.

[16] Esta parte corresponde a las sombras que los prisioneros ven proyectadas en el muro de la caverna.

[17] Esta otra sección equivale a los objetos que son causa de aquellas sombras.

[18] Acaso esta parte corresponda a los entes que hay fuera de la caverna, dícese de los árboles, el río, las estrellas o la luna que, no obstante, no existirían sin el favor del Sol. Así pues, los que toman a estos como principios, olvidándose del Sol, son la clase de personas que se conocen bajo el nombre ‘físicos’; y emplean el pensamiento discursivo, pero no aún la inteligencia.

[19] En efecto, éstos son los físicos y toda la cohorte de sofistas y naturalistas, los que piensan mucho pero apenas inteligen.

[20] El sujeto ya no conoce, sino que se identifica con el ser. También puede identificarse como ‘Sabiduría’.

[21] Y en su máxima expresión, el Sol, representación de la idea suprema del Bien.

[22] O también ‘Inteligencia’.

[23] Son los árboles, la luna, las estrellas que el prisionero liberado contempla en el exterior de la caverna. También pueden llamarse ‘entes geométricos’.

[24] En efecto, este subgrado es superior al de la imaginación en cuanto a que trasciende a los sentidos.

[25] Son los hombres que desfilan detrás del tabique, y las siluetas que trasiegan.

[26] Imaginación, en el sentido más literal posible.

[27] En efecto, estos son la clase de ‘objetos’ más alejados de la realidad y, por tanto, su conocimiento es el de menos valor.

[28] También puede llamarse ‘la Filosofía’ ya que, para Platón, la Dialéctica es la expresión suprema de la auténtica Filosofía. Asimismo, que el proceso de la dialéctica es útil para conocer las Ideas, en Platón, ha quedado patente a lo largo y ancho de su extensa y magistral obra, pues no en balde está compuesta de diálogos en su totalidad. Sin embargo, acaso los primeros diálogos del filósofo ateniense puedan explicitar el proceso dialéctico.

[29] Es decir las Ideas y la Idea Suprema que las rige.

[30] Proceso explicitado, sobretodo, en el diálogo platónico Menón.

[31] Proceso expuesto, sobretodo, en los bellísimos y bondadosos diálogos Fedro y Banquete.

[32] También puede llevar el nombre de ‘Ascetismo’ o ‘Moderación’, y en tal caso sí se estaría hablando de un proceso de aprehensión de las Ideas. Este método de aprehensión de las Ideas lo expone Platón, sobretodo, en el precioso diálogo Fedón, el cual relata los últimos momentos de Sócrates, el que dio ejemplo asaz del ejercicio de la virtud.

[33] En realidad debería llamarse la ‘sucesión de complementarios’, pues no existe cosa contraria a otra cosa. Porque lo contrario de cualquier cosa que exista no existe, precisamente porque le es contrario. Así pues, no existen los contrarios, sino solamente los complementarios.

[34] Véase argumento de la Sucesión de ‘Contrarios’.

[35]  Véase Platón Timeo 36d.

[36] Cuando Platón dice ‘dividimos el alma’ debe entenderse en sentido metafórico que le es propio al mito. Para que éste resultara efectivo no hubiera convenido que el filósofo se detuviera a diferenciar los matices de asociación entre las partes, con lo cual, para evitar disgresiones que debilitasen el efecto poético, simplificó al máximo la expresión del mito señalando que el alma está dividida. Además, es oportuno recordar que Platón habla del alma en tanto que unida al cuerpo, con lo que en todo caso no estaría refiriéndose al alma en sí.

[37] Se dejan llevar el auriga y el noble roncel hacia donde les lleven el contrahecho rocino y la figura del amado.

[38] Puesto que el auriga es el alma en sí, y por tanto pudo contemplar la belleza en sí, de la cual es pariente.

[39] Éste arde en deseos por penetrar el cuerpo del amado.

[40] En efecto, aquí Platón usa el término ‘alma’ con toda propiedad, pues identifica al noble rocino como algo extrínseco del alma.

[41] Aquí, una vez más, Platón distingue entre el alma-auriga y ‘lo que engendra la maldad en el alma’, que es el rocino contrahecho, con lo cual se pone de manifiesto que éste no forma parte del alma en sí.

[42] Otra vez Platón menciona por separado el alma-auriga y los caballos como algo extrínseco al alma. Parece obvio, por tanto, que hablar del alma tripartita es cuanto menos una falta de aplicación.

[43] Es decir, el ayuntamiento carnal y el profundo goce del orgasmo, locura que ya a muchos despeñó.

[44] Acaso sería mucho más correcto llamarla ‘Parte Honorable’ u ‘Honrosa’.

[45] Es decir, un ‘político profesional’, puesto que el político vocacional es el filósofo. Que apenas hay distinción entre un ‘político profesional’ y un negociante cabe meditarlo sólo el tiempo suficiente.

[46] Es decir, lo que actualmente se conoce con el nombre de ‘proletario’.

[47] En efecto, es curioso verificar cómo los profesores combinan la sofística ―cuando consiguen dominar al vulgo estudiantil―, con la vil demagogia ―en el caso de que la primera falle o se haga demasiado evidente y, por tanto, precisen adular a sus alumnos conduciéndolos al redil―. Por último, qué decir de algo tan evidente como que, en la sucesión degenerativa del ser humano, el paso connatural al ejercicio de profesor es la tiranía.

[48] Así figura en 2Mac.7,28. No obstante, y aunque esta fuera la interpretación que más influenció en el ideario católico, los textos bíblicos mentan no en pocas ocasiones la ‘materia informe’ con la cual el dios creó el orbe. Así puede leerse en Sab.11,18/ Is.29,16/ Eclo.17,1/ 17,3 ó 33,10.

[49] Simplicio Física 103,13.

[50] Simplicio Física 162,23-26.

[51] Es decir, procreación y corrupción.

[52] Simplicio Física 163,18-24.

[53] Es en el magistral diálogo República o Constitución donde el filósofo ateniense concreta su ideal político. También lo hará en su diálogo póstumo Leyes, si acaso, de una forma aún más explícita y más práctica.

[54] Continuando el símil de Platón, el compilador de esta pequeña historia ha realizado un desarrollo del mismo en los diagramas pertenecientes al margen izquierdo.

[55] También puede entenderse como ‘felicidad’ en su acepción más profunda posible; aquella que dice que la ‘felicidad’ es ‘el bienestar entre las partes de un todo y del todo con sus partes’. Ahora bien, sea como fuere, ésta será siempre la conclusión o efecto, nunca el objetivo o principio.

[56] En efecto, Platón es el primero en identificar las seis formas de gobierno relativas a la condición humana. De hecho, la historia ha dado buena prueba de que dichos modelos se alternan invariablemente en cualquier Estado.

[57] Este modelo de gobierno es el que se acabó extendiendo por Europa desde la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. Sus valedores conócense bajo los nombres de ‘oligarcas’, ‘burgueses’, ‘burócratas’, ‘tecnócratas’, ‘estadistas’, ‘políticos profesionales’, ‘partitócratas’, ‘capitalistas’, ‘liberales’, ‘banqueros’, ‘políticos industriales’, etc.

[58] Recuérdese el popular proverbio que dice ‘la cara es el espejo del alma’, pues al fijarse en ella surge el más noble enamoramiento y mejores deseos sexuales.

[59] Hágase notar que la palabra griega ‘caos’, en origen, significa ‘cavidad’ o ‘vacío’.

[60] Véase Los Orígenes de la Filosofía de Olof Gigon pág.87 párrafo 2 de la ‘Biblioteca Hispánica de Filosofía (BHF)’ de la ‘Editorial Gredos’, donde la Tierra y el Agua forman el Caos, siendo la Tierra la Noche y el Fuego el día.