La creación no ha terminado...

Historia y Cultura, Humor y Sexo

EL ESCEPTICISMO TOTAL DEL IMPRESIONISTA HUME

¡Ah, osado leyente que aún atiende sin haber enfermado! ¡Cuán cruel es el ánimo corrupto de los sofistas!; el pienso corre por el embudo, y los nudos de pies y manos son imposibles de deshacer.

Tras el mayor genocidio de todos los tiempos, la imposición del mesianismo oriental iba a provocar la aparición de las mayores monstruosidades. La subversión de los cultos tradicionales europeos iba a quebrar todo valor y toda decencia, y las Moiras, infatigables en su labor, hilaban diligentes de la trama más áspera.

Fue en Gran Bretaña donde la perversión alcanzó su mayor estadio. Las gentes que allí se hacinaban, hacía tiempo que padecían de las peores enfermedades, y de allí también surgieron los más deformes engendros que un útero humano ha podido expulsar. Uno de esos deformes engendros fue un pedazo de carne al cual llamaban David Hume, pero en realidad ―y empleando sus propias palabras― no era un humano, sino una ‘impresión’ hedionda que enfermaba cuanto se le acercase. ¡Cuán cruel es el ánimo de los corruptos sofistas! El pienso deslízase a través del embudo, y las recias ataduras en pies y manos imposibles son de aflojar.

EL ESCEPTICISMO GNOSEOLÓGICO DE HUME: IMPRESIONISMO

Complaciente con las tesis empiristas defendidas por Locke y Berkeley, Hume postuló que todo conocimiento proviene de la percepción, e incluyó en las percepciones tanto lo relativo a lo sensible como lo concerniente a lo inteligible. En efecto, azotado por la demencia profunda del ‘escepticismo total’, Hume situó como base de todo conocimiento a las percepciones, y las dividió en dos tipos, según fuera su intensidad; a saber: las Impresiones ―que son el tipo de percepción más vivaz e intensa, amén de ser inmediata y directa, como son los deseos o las pasiones― y las Ideas ―que son las mismas impresiones pero debilitadas a través de la reproducción de las mismas―, tales como recuerdos, conceptos generales o imágenes mentales. En efecto, Hume aseguró que las ‘ideas’ no son más que copias debilitadas de las impresiones; por tanto, también según Hume, la ‘existencia’ de las ‘ideas’ depende por completo de la existencia previa de las ‘impresiones’.

Pues bien, afirmar que las impresiones sensibles son conocimiento conlleva multitud de absurdos; por ejemplo, ¿cuál es el conocimiento que se deriva de sentir frío? ‘La impresión misma de frío sería el conocimiento’, diría Hume, pero no determinar si ese frío conviene o no conviene al individuo. O ¿qué conocimiento se extrae de la impresión de dolor? ‘La impresión misma del dolor sería el conocimiento’, diría Hume, pero no concluir si éste reportará provecho o perjuicio al individuo. Y de preguntarle ¿para qué serviría tal conocimiento? ‘para nada futuro, el presente es lo importante’ ―diría Hume―, ‘y el instante es la impresión, y la impresión es conocimiento. No pienses, reacciona al momento; eso es la verdad: el instante, la emoción, las pasiones, lo inmediato rápido no pienses desnúdate agáchate abre tus nalgas… Uhh…, ahora…: eso es conocer’.

Sea como fuere, lo cierto es que Hume además creyó haber encontrado otro modelo de división de las percepciones; en este caso según su estructura; a saber: Percepciones Simples ―las que no pueden descomponerse en otros elementos― y las Percepciones Complejas ―las que pueden descomponerse en otros elementos más simples―.

En efecto, no es lo mismo contemplar un excremento ―‘percepción compleja’―, que percibir su hedor, su textura o su color ―‘percepciones simples’―. No obstante, ¿no es lo mismo que lo dicho hace un momento? ¿No corresponden las ‘percepciones simples’ a las ‘impresiones’ y las ‘percepciones complejas’ a las ‘ideas’? Sí, con lo cual, el conocimiento real del excremento no sería su contemplación como conjunto ni de lo que de ello se derivara, sino la sola percepción de su hedor, su textura o su color y demás cualidades sensibles; eso, según Hume, sería el verdadero conocimiento, y no lo sería, por ejemplo, la diagnosis que un médico elaboraría, habida cuenta el olor y textura del excremento, a fin de mejorar la salud del eventual paciente. Eso no sería conocimiento según Hume. Tampoco sería conocimiento, según Hume, que con tal excremento un campesino supiera abonar la tierra para que ésta produjera alimento, por cierto, del que tanto debía disfrutar el orondo especímen. Pero no; según Hume, ver en el excremento todo eso no sería conocimiento, serían tan solo imaginaciones débiles e inservibles. Por cierto, ¿quién era débil, demente, inservible y tan sólo un excremento de la modernidad?

Sea como fuere, lo cierto es que la impresión llamada ‘Hume’ percibía ―se supone a través de impresiones sensibles, no de ideas― que las propias percepciones aún podían ser divididas en dos tipos más según el criterio de procedencia; a saber: Percepciones de Sensación ―que proceden de los sentidos― y Percepciones de Reflexión ―que son derivadas de aquéllas y que pertenecen al ámbito mental―. Pero bueno, ¿otra vez lo mismo? ¿No equivalen las ‘percepciones de sensación’ a las ‘impresiones’ y las ‘percepciones de reflexión’ a las ‘ideas’? ¿Qué es este juego macabro? ¿No hubiera sido más correcto y menos angustioso señalar, como de seguido, todas las cualidades de las ‘impresiones’ ―a saber: ‘intensas, inmediatas, directas, simples, sensibles, y extramentales’― y de las ‘ideas’ ―a saber: ‘débiles, mediatas, indirectas, complejas, inteligibles y mentales’[1]―? Sí, hubiera sido más adecuado y mucho más sensato, pero en la actualidad, semejante petición es tanto como pretender escribir sobre el agua.

Sea como fuere, el hecho es que Hume consideraba las ‘impresiones simples’ como el fundamento de todo conocimiento, con lo cual, según Hume, el conocimiento real de un humano consistiría en la percepción de su olor, sabor, textura y color. De menor importancia le parecería el conocimiento de su conducta, fuera beneficiosa o perniciosa; de menor entidad, según Hume, sería conocer si aquello que dice es cierto o es falso; de hecho, según Hume, nada importaría más de un humano que aquello que de él pudiera percibirse de inmediato: su color, su textura, su figura, su olor y demás atributos sensibles. Eso es verdadero conocimiento, según Hume, y en adelante, debilidad tras debilidad. No pienses, reacciona al momento; eso es la verdad; el instante, la emoción, las pasiones, ¡qué impresión!, lo inmediato… Rápido no pienses, desnúdate; date la vuelta agáchate; de rodillas…; abre tus nalgas… Ahora: eso es conocer, todo lo demás no importa, es falsedad.

Sea como fuere, por lo que respecta a las ‘ideas mentales’, Hume creyó distinguir que se asociaban a causa de tres ‘leyes’; a saber: la Ley de Asociación por Semejanza ―por cuanto la imaginación[2] relaciona las ideas que son similares―, la Ley de Asociación por Contigüidad Espacio-Temporal ―según la cual la mente[3] suele relacionar aquellas ideas próximas en el espacio o en el tiempo― y la Ley de Asociación por Causalidad ―por lo cual dos fenómenos seguidos uno del otro serán asociados por la mente[4] como ‘causa y efecto’[5]; por ejemplo, tal y como una herida sugiere la idea de dolor―. Esta última ‘asociación’, según Hume, es la que se impone con mayor fuerza en la mente humana[6]; no obstante, más tarde optará por negar su existencia.

Pues bien, toda esta perogrullada de tomo y lomo formaría parte de las ‘ideas’ que, según Hume, no existen más que en la mente del individuo. Es más, el perogrullo se convierte ya en imbecilidad cuando, más adelante, se advierte que Hume no sólo niega la utilidad de las ‘ideas’, sino que rechaza la existencia de la propia mente. En efecto, la suya estaba tan podrida que nada podía entender más allá de la insania y de la corrupción.

No obstante, Hume llegó considerar que el conocimiento se divide en dos tipos; a saber, las Relaciones de Ideas ―que advirtió son universales y necesarias, amén de ser percibidas mediante el razonamiento[7], siendo imposible contradecirlas sin llegar al absurdo[8], pero que sin embargo no amplían el conocimiento de la realidad[9], y, por tanto, deben ser desechadas―, y las Cuestiones de Hecho, que son aquellos conocimientos adquiridos a través de la experiencia, y a diferencia de las ‘relaciones de ideas’ son particulares, probables y ofrecen información de la realidad[10].

De hecho, Hume no deja de dar vueltas a lo mismo. ¿No corresponden las ‘cuestiones de hecho’ a las ‘impresiones’ y las ‘relaciones de ideas’ a las ‘ideas’? ¿No hubiera sido más correcto y menos pesado señalar, como de recua, todas las características de las ‘impresiones’ por un lado ―a saber: que son ‘intensas, inmediatas, directas, simples, sensibles, extramentales, que ofrecen un conocimiento con relación a las Cuestiones de Hecho, que son empíricas, particulares, probables y ofrecen información de la realidad’― y por otro lado señalar, también como de recua, todas las características de las ‘ideas’ ―a saber: que son ‘débiles, mediatas, indirectas, complejas, inteligibles, mentales, que ofrecen un conocimiento metafísico, universal, necesario y que no ofrecen conocimiento alguno de la realidad―? Sí, hubiera sido más adecuado y más sensato, pero en la actualidad, semejante petición es tanto como pretender contar los vasos que llenaría el agua del océano.

Pues bien, ¿acaso es necesario conocer de qué color es cada cosa, cuál es su figura, cuánta su capacidad, cuál es su textura, cuánto mide, cuánto pesa, a qué velocidad se mueve, y, en fin, todo lo relacionado con las impresiones sensibles? Es más, ¿acaso es posible conocer el color de una sola cosa ―cuando éste varia según el tipo de luz―, la figura de una sola cosa ―cuando ésta se transforma sin cesar―, la capacidad de una sola cosa ―cuando ésta depende de la figura del recipiente―, la textura de una sola cosa ―aun cuando ésta es inestable―, la distancia de una sola cosa ―aun cuando es relativa―, el peso de una sola cosa ―cuando no siempre es el mismo―, la velocidad de una sola cosa ―cuando asimismo es del todo subjetiva―, etc? ¿Vale de algo todo ese presunto conocimiento, aun cuando al cabo de un instante el presunto objeto del cual se conoce deja de ser lo que era? No. Vale tanto como los barruntos desordenados de ‘Hume’; de hecho, tiene ese tipo de valor que es propio de los excrementos. Por otro lado, ¿acaso no es de la máxima importancia conocer qué es la parte y qué es el todo; para qué merece la pena vivir y para qué morir; qué es la justicia y cómo se ejercita; qué es un ser humano y cuáles son sus limitaciones en tanto que humano; qué es el alma y cuáles son sus limitaciones en tanto que alma; o qué es el dios, cómo debe vivirse o cómo debe uno morir? ¿No es todo ello conocimiento verdadero, estable, y del máximo provecho, si es cierto que hay algo más allá de la carne, la sangre y la cruz?

ESCEPTICISMO METAFÍSICO DE HUME: FENOMENISMO

Y en su descenso abisal a tumba abierta, el engendro ‘Hume’ acabó por negar la existencia de cualquier idea. En efecto, como el análisis de las ‘ideas’ no indica que éstas provengan de una ‘impresión simple’, y como la ‘impresión simple’ según Hume es la base de todo conocimiento, creyó entonces que ninguna idea puede existir[11]. Es decir, si bien en un principio aceptaba la ‘existencia’ mental de las ideas en tanto que derivaciones complejas de las ‘impresiones simples’, después Hume acabó por rechazar incluso esta vulgarización enfermiza de las ideas, y, a mansalva, postuló que éstas no existen en absoluto, ni fuera ni dentro de la mente.

Asimismo, y por el mismo motivo, Hume llegaría a negar la existencia de la relación ‘causa-efecto’, pues según su mente mórbida y sórdida no hay ‘impresión’ alguna que lo demuestre de un modo empírico. Decía Hume: ‘¿Relación causa-efecto, qué pámpanos es eso? ¿Acaso se ve? ¿Se huele, entonces? ¿Ni siquiera se toca? ¿Y pues? ¿Que tampoco se come? ¿No? Pues no existe, oign, oign, oign’. En fin, sea como fuere, tal vez creyera que su caso era el mismo que el de todos los demás, porque si bien es cierto que él vino al mundo sin causa ni porqué, y aun cuando su vida no tuvo efecto alguno más que el de ser un despojo intelectual, eso no significa que a todos los demás les ocurra lo mismo.

Pues bien, como consecuencia de su aguda perturbación, Hume vio prudente rechazar toda ‘ciencia’ empírica que utilizase elementos causales, añadiendo que tales conocimientos jamás serían ‘universales y necesarios’, sino tan solo ‘particulares y probables’[12]. Por lo mismo, pero con mayor motivo si cabe según su protervo parecer, quedarían anuladas todas las teorías teleológicas y metafísicas, desde Aristóteles en adelante[13].

ESCEPTICISMO ÉTICO DE HUME: COSTUMBRISMO

¿Qué más da? Sea como fuere, para explicar el error humano ―aquel que por supuesto a él no le afectaba― según el cual se esperan los efectos derivados de las causas sin ser ello verdad, Hume echa mano de la ‘costumbre’. ‘En efecto’ ―diría Hume―, ‘es por costumbre que el humano espera los mismos acontecimientos de las mismas causas, no según razonamiento[14]. Por lo tanto’ ―continuaría diciendo― ‘ello no es conocimiento, sino solamente creencia[15]’ ―afirmaría orgulloso de sí mismo y de su ‘conocimiento impresionista’―. Ya basta. Es demasiado.

ESCEPTICISMO FÍSICO DE HUME: QUIETISMO

No es preciso darle más vueltas: habida cuenta lo único que para Hume tiene razón de ser son las ‘impresiones simples’, lo demás no existe en absoluto. Por ende, como la ‘sustancia material’[16] es sólo supuesta con relación a las ‘impresiones simples’ pero no hay evidencia de su existencia, como por lo contrario sí ocurre con las ‘impresiones’, en fin, dice Hume que no existen las ‘sustancias materiales[17].

ESCEPTICISMO ONTOLÓGICO DE HUME: ATEÍSMO

Siguiendo la memez anterior, ocurriría lo mismo con la conciencia del ‘yo’. Dado que el ‘yo’ no es ninguna ‘impresión simple’, sino aquello que se supone las recibe, no existe impresión directa del ‘yo’, por lo que, según Hume, es necesario[18] admitir que tampoco existe el ‘yo’. Por lo tanto, Hume postuló que el error consiste en interpretar la sucesión de ‘impresiones simples’ como una entidad; porque de hecho, según Hume, la identidad no existe, dado que las ‘impresiones’ nunca podrían ser constantes, permanentes y existir dos a un mismo tiempo; bien al contrario, según Hume, las ‘impresiones simples’ ―es decir, lo único real― han de ser variables, alternativas y nunca existen dos al mismo tiempo[19].

Por lo mismo que se ha dicho hasta el momento, Hume negaba la existencia de un dios. En efecto, ¿qué ‘impresión simple’ da fe de un ser finito, perfecto, omnisciente, justo y veraz ―salvo el propio Hume, por supuesto―? Ninguna. Por lo tanto, según dios-Hume, el dios tradicional no existe y es preciso concluir que es sólo creencia, nunca conocimiento. Baste, por favor.

CONCLUSIÓN: FENOMENISMO Y NIHILISMO DE HUME

Pese a incluirse dentro de la órbita ‘empirista’, Hume fue más allá en su abyección, y por ello su teoría suele ser etiquetada como ‘fenomenismo sensacionalista’. En efecto, Hume difiere de Locke en cuanto a que éste aludía a un ‘mundo externo’ como causa o procedencia de las percepciones. Sin embargo, Hume afirmaba que las impresiones son sólo mentales, y que nada infiere procedencia del exterior de la mente[20]. Asimismo, Hume difiere de Berkeley en cuanto a que éste aludía a un dios como causa de toda percepción humana. Sin embargo, Hume rechazaba la existencia de cualquier dios por no ser una ‘impresión simple’.

En definitiva, Hume vivió para negarlo todo a excepción de su querida ‘impresión simple’, tal era su modestia; ahora bien, de dónde provienen las tan veneradas ‘impresiones simples’, por cierto, Hume no lo supo responder jamás; se limitó a repetir que ir más allá o más acá de las ‘impresiones simples’ estaba falto de razón.

Por tanto, cabe señalar que el escepticismo de Hume abarca todos los ámbitos posibles; a saber, el Escepticismo Científico ―por cuanto las conclusiones extraídas mediante la relación ‘causa-efecto’ son falsas, ya que ninguna ‘impresión simple’ da fe de tal relación―, el Escepticismo Metafísico ―por cuanto la metafísica se ocupa de lo presumido más allá de la percepción sensible, y, según Hume, la percepción sensible es el principio y fin de todo conocimiento― y el Escepticismo Teológico ―por cuanto como la idea de ‘dios’ no se ve sustentada con ninguna ‘impresión simple’, según Hume, no hay prueba de su existencia, y, por tanto, es tan solo vana creencia―.

En fin, tal vez Hume tuviera razón y sólo existen las ‘impresiones’; pero en todo caso no habría solamente una, sino que cinco serían tipos de impresiones dispuestas según su nobleza; a saber: las sensaciones, las pasiones y las emociones ―todas ellas pertenecientes al ámbito de lo sensible―, y los sentimientos y las razones, que pertenecerían al ámbito de lo inteligible. Sin embargo, parece justo albergar dudas al respecto de que Hume contemplara estas clases de ‘impresiones simples’, como también lo parece que, amén de entender el ‘impresionismo’, contemplara también el ‘infusionismo’: aquel tipo de percepción, complementaria al ‘impresionismo’ ―si bien éste indica sólo el flujo de lo particular a lo universal―, que recorre el divino y doble trayecto de lo universal a lo particular y de lo particular a lo universal.

De hecho, al igual que ocurre con el círculo ―en el que arriba es abajo como abajo es arriba―, los que no llegan a comprender la dualidad mueren estando en vida, y también ocurre, con relación al saber, que unos son bípedos y se alimentan del amor a los eternos dioses y otros, en cambio, aun ser bípedos se comportan como cuadrúpedos y engullen el pienso que los ata a la carne, a la sangre y a la cruz.

Resumen de la ‘filosofía’ de Hume
Rectificación del modelo ‘gnoseológico’ de Hume
Fuente: 

Historia Crítica de Filosofía, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2005)

[1]     Supondría una terrible tortura escuchar cómo Hume explicaría la existencia de una mente individual ―donde se procesan las ideas―, y al tiempo cómo él mismo rechazaría la existencia de una mente, puesto que alegaría que nada existe fuera de las impresiones.

[2]     No es posible saber qué clase de ente es la ‘imaginación’ para Hume, habida cuenta sólo admite la existencia de las ‘impresiones simples’.

[3]     Véanse las notas precedentes.

[4]     Véanse notas precedentes.

[5]     Más tarde Hume rechazará la existencia de esta ley ‘causa-efecto’.

[6]     Véanse notas 261 y 262 (numeración Historia Crítica de Filosofía).

[7]     ¿Qué es el ‘razonamiento’, según Hume, si no es una ‘impresión simple’?

[8]     Proposiciones del tenor ‘el todo es mayor que las partes que lo integran’.

[9]     ¿De qué realidad? ¿Está el humano capacitado para percibir toda la realidad? ¿No es mejor aceptar que el humano tiene límites de percepción sensible, y que por ello desarrolla su percepción inteligible? ¿No será entonces que, cómo decía Platón, deben considerarse dos tipos de realidades?

[10]    Véase nota anterior.

[11]  ¿Cómo Hume prendía tal cosa, habida cuenta se expresó mediante los procedimientos el habla y la escritura, los cuales precisan algo más que ‘impresiones simples’ para ser comprendidos? Si con tales procedimientos creía que se podía llegar a conocer la realidad, ¿no caería en una tremenda e insalvable contradicción?

[12]    Es de suponer que Hume incluía en este grupo su propia enfermedad intelectual, puesto que él empleaba un ‘método’ empírico y se servía ―aunque con torpeza inaudita― de la relación ‘causa-efecto’, ¿o no la postula desde un principio, cuando advierte que todo conocimiento tiene por causa una impresión, y que, a la par, toda impresión tiene por efecto un conocimiento de la realidad? ¿A qué realidad se refiere Hume entonces, si ésta no fuera universal y necesaria? ¿A la realidad de su ombligo?

[13]    Lo curioso de todo ello es que Hume, tal vez sin poder ser consciente debido a su gravísima enfermedad, pretende establecer sentencias ‘universales y necesarias’, empleando la relación ‘causa efecto’, pero, al mismo tiempo, negando la existencia de todos los procedimientos que se lo permiten y de los objetivos que persigue.

[14]    Ya… Hume exigía el mismo tipo de razonamiento que rechazaba.

[15]    Si es cierto que Hume rechazaba el razonamiento porque se realiza con derivaciones de las ‘impresiones simples’, de hecho, y empleando sus mismas palabras, se vería obligado a sentenciar que su propia método no otorga conocimiento, sino sólo creencia.

[16]    Al fin y a la postre, lo que Descartes llamaba ‘res extensa’.

[17]    A decir verdad, esta conclusión es obligada, por cuanto Hume rechazaba la relación ‘causa-efecto’.

[18]    ¿Por qué Hume apela a cierta necesidad? ¿No dijo de las Cuestiones de Hecho que otorgaban un conocimiento ‘particular y probable’, pero nunca ‘universal y necesario’? ¿No dice Hume que las Cuestiones de Hecho son las pertenecientes al conocimiento mediante las ‘impresiones simples’? Entonces, si fuera ‘necesario’ lo que Hume postula, ¿no estaría empleando ‘ideas’ y no ‘impresiones’? Otrosí, ¿no está empleando Hume la relación ‘causa-efecto’ de tenor tal que formula ‘no hay ‘impresión’ ergo no hay existencia?

[19]    Nunca existirán dos impresiones a un mismo tiempo con relación a cada individuo, porque, si esta aseveración fuera ‘universal’ y no ‘parcial’, en efecto, una sola impresión sería perceptible por todos los individuos, pero no podrían percibir distintas impresiones jamás, todos los individuos percibirían siempre la misma impresión y al mismo tiempo. Lo que quería decir Hume, de hecho, es que un mismo individuo no puede percibir más de una ‘impresión’ al mismo tiempo. Sin embargo, ¿qué son entonces las ‘impresiones complejas’? ¿No son un conjunto de ‘impresiones simples’? ¿Hay otra forma acaso de percibir más de una impresión a un mismo tiempo? ¿No será que la realidad era algo más compleja de lo que a Hume se le antojaba? ¿No será que Hume estaba incapacitado para la actividad intelectual, y no será que se le prestó demasiada atención? ¿Merece la pena seguir dándosela?

[20]    ¿Por qué cuando le interesa Hume acepta la existencia de la mente? En efecto, como en el caso del ‘yo’, según su teoría demencial, no es lo mismo las ‘impresiones’ que aquello que presuntamente las recibe, por tanto, si el receptor no es una ‘impresión simple’ tampoco la mente existe.