La creación no ha terminado...

Historia y Cultura, Humor y Sexo

EL RETORCIDO MATERIALISMO DE ARISTÓTELES

DATOS BIOGRÁFICOS

Aristóteles nació en Estagira, que por entonces, en el año 384 a.M., era una colonia griega en territorio macedonio. Su padre era médico personal de Filipo II, rey de Macedonia, y por ende, Aristóteles logró ser el maestro de Alejandro de Macedonia[1], hijo y gran sucesor de Filipo II. Antes de ello, Aristóteles acudió para formarse a la Academia de Platón, en Atenas, y no abandonó dicha disciplina hasta la muerte de su preclaro fundador; es entonces cuando Aristóteles, despechado al no colmar sus expectativas con respecto a la sucesión en la directiva de la Academia, levanta su propio centro de estudios sistemáticos: el Liceo, una institución que, a diferencia de la Academia, dedicó sus esfuerzos al campo de los fenómenos naturales y no tanto a sus causas.

De hecho, el propio Aristóteles ―y quizá para distinguirse de la muy luenga sombra de Platón, o bien para intentar refutar a la nueva dirección de la Academia―, evolucionó hasta un cierto materialismo, omitiendo así el Mundo de las Ideas y abriendo los pórticos de lo que podría denominarse como ‘ateísmo ilustrado’. Con todo, no fue casualidad, pues, que tuviera que huir de Atenas, ya que una onerosa condena por impiedad cargaba sus estrechos hombros; finalmente murió exiliado, solo y temeroso, en la isla de Eubea, en el año 322 a.M., tan solo un año después[2] de exiliarse de Atenas.

PERÍODOS Y OBRAS

En realidad son dos los períodos y una la transición: el cambio brusco que se verificó en el devenir del macedonio se debe, en gran medida, al desengaño que padeció tras la muerte de Platón, puesto que esperaba relevarle en la dirección de la Academia y no pudo. Entonces Aristóteles descubrió que todos los halagos y zalamerías hacia Platón no le habían servido para nada, y con el rencor embutido en el pecho, decidió oponerse a las teorías que hasta la fecha le habían nutrido el alma. Cambió el cocido por forraje y mostró su cara más siniestra, aquella que sólo no apareció mientras albergó esperanzas de suceder al filósofo de Atenas.

Cabe distinguir también en Aristóteles tres períodos de actividad, a saber, el Período de la Academia ―cuando Aristóteles era un joven tímido, disciplinado, discreto, y que se limitaba a repetir mecánicamente las múltiples doctrinas platónicas, y cuando compuso obras como el Eudemo y el Protréptico, de inspiración platónica tanto en el fondo como en la forma, dado que eligió la argumentación dialógica. No obstante, durante el Período de Transición, ya crecido, al filósofo estagirita le invade el prurito paterno ―no en balde su padre fue médico― y empieza a tomar cierta distancia respecto a las teorías platónicas ―a veces incluso pretendiendo negarlas― y adopta el estilo de argumentación monológica. De esta época son los tratados Lógica, Física y la Ética a Eudemo. Por último, cabe citar el Período del Liceo, pues tras el fallecimiento de Platón ―en el año 349 a.M.―, y disconforme con el relevo que asumió la dirección de la Academia, Aristóteles decidió fundar su propia institución. A partir de entonces, los fenómenos y la materia ocuparán su tiempo, hasta el punto de suponerlo todo ―hasta la metafísica o las causas― subordinado a la materia y a lo fenoménico; es durante este período cuando Aristóteles escribe obras técnicas de ‘estilo’ tedioso, como la Metafísica, Sobre el alma, Ética a Nicómaco, la Política, la Poética o la Retórica. Allá quien pueda leerlas.

LA PRESUNTA METAFÍSICA ARISTOTÉLICA

Aristóteles, como Platón, afirmaba que las esencias no están separadas de los objetos particulares, sin embargo el tozudo estagirita creyó no sólo decir algo distinto de Platón, sino algo aún mejor; porque como Platón, Aristóteles creía perseguir la causa de las cosas, pero el tozudo estagirita no quiso llamar a este anhelo ‘filosofía’, sino ‘metafísica’, que según él representa la ‘Filosofía Primera’: él quería su propio juguete y optó por decir lo mismo pero con otras palabras.

En el motivo central de esta obra pictórica de Rafael Sanzio, se representa a Aristóteles sobre una nube, levantándose a sí mismo sobre el resto, a los que pone límite con su mano. A su lado, un humilde y sabio Platón señala al cielo, recordándole que hay potencias que sobrepasan la naturaleza mortal sensible, y que son su origen y final.

LAS CATEGORÍAS DE ARISTÓTELES

Pues bien, al engreído estagirita no le pareció correcta la doctrina que define al Ser como algo único y estable ―a diferencia del devenir, que se dice múltiple e inestable― formulada por Parménides, y en cierto sentido, aceptada por Platón. Aristóteles despedazó el Ser en múltiples categorías[3], y, a partir de entonces, y siempre según su mente enferma, la idea del Ser ya no será la causa del devenir, sino que se verá afectado por éste. El terco estagirita emprendió una descomunal y amarga labor con tal de dar la vuelta a todas las bellas doctrinas que le precedieron.

Según Aristóteles, el Ser está dividido en Sustancia y en Accidente ―parece de chiste que entendiera los accidentes como parte integrante de quien los recibe y no como agente externo―, y además, suponía que la Sustancia del Ser también es doble. La Primera Sustancia: ‘el Individuo’[4], y la Segunda Sustancia: ‘la Especie’ a la que pertenece el individuo. Por otra parte, los Accidentes podían ser o bien ‘Intrínsecos’ ―cantidad y calidad inherentes al ser― o bien ‘Extrínsecos’ ―relación, lugar, tiempo, situación, estado, acción y pasión que son externos al ser―, toda vez que los consideraba tanto a unos como a otros parte integrante del Ser, y no del devenir. Allá quien lo trague. ¡Enloquecer para creer!

‘ONTOLOGÍA’ ARISTOTÉLICA: EL HILEMORFISMO[7]

El asombroso Aristóteles, por cierto, no quedó satisfecho al fragmentar el Ser en ‘Sustancias del Ser’ y ‘Accidentes del Ser’, como tampoco se contentó al descuartizar la Sustancia en ‘Sustancia Primera’ y ‘Sustancia Segunda’ ―que a la vez es sustancia de la primera sustancia―, sino que, poseído por el delirio propio del despiece, gustó en señalar dos elementos más dentro de la ‘Sustancia Primera’, a saber: la Materia (hýle) y la Forma (morphé), sin advertir, tal vez, que, en todo caso, tanto la materia como la forma, de hecho, son precisamente aquello que distingue a las especies, y no tanto a los individuos. Sea como fuere, Aristóteles consideraba la materia y la forma como elementos inseparables y pertenecientes a la Sustancia Primera[8].

¡Oh, temerario leyente!, no crea que la cosa acaba ahí, ni mucho menos. Durante otro brote de locura, Aristóteles quiso que la materia pudiera ser de dos clases distintas, a saber Materia Primera ―que no es sensible y solamente es imaginable como entelequia[9]― o Materia Próxima ―aquella materia sensible por la cual distinguimos los objetos, por ejemplo, el oro del hierro o la carne del barro―. En la triste actualidad, no obstante, ésta última se conoce vulgarmente bajo el nombre de ‘materia prima’, pues, con el paso del tiempo, muchos fueron los que confundieron ambos tipos de materia, hasta el punto de nominar a una con el nombre de la otra.

LA FÍSICA SEGÚN ARISTÓTELES

Y es que Aristóteles presumió que fue por ignorancia, o bien por incapacidad, que próceres como Parménides o Platón desatendieron el devenir; a decir verdad, en cambio, sus predecesores dejaron de lado lo que siempre cambia no por incompetencia, sino por excelencia, pues sentían hastío de todo conocimiento relacionado con las apariencias, y por el contrario, amaban los conocimientos estables[10], a los que, por cierto, dedicaban sus nobles esfuerzos. Pero Aristóteles era distinto, y gozaba sintiéndose distinto, y lo procuraba siempre que podía, por desgracia, multitudes prestaron atención a sus extravagancias.

La orgullosa e ingrata doctrina aristotélica, que sirvió de medida al primer fascista imperial de Europa: Alejandro III de Macedonia.

PRINCIPIOS DEL CAMBIO SEGÚN ARISTÓTELES

Porque la muchedumbre se admira, todavía hoy, de que Aristóteles diferenciara el ‘Ser en Acto’ y el ‘Ser en Potencia’[11], aun cuando ya sentenció el divino Platón que las Ideas son el modelo (Potencia) de los objetos, y que éstos actúan sólo en base a aquéllas e imitándolas en lo posible (Acto). Pero Aristóteles quería su propio juguete; odiaba pasar desapercibido y su juguete debía ser vistoso y bien llamativo.

Sea como fuere, para el físico estagirita tanto la Potencia[12] como el Acto[13] forman parte del Ser, correspondiendo la Potencia a la ‘forma’ y el Acto a la ‘materia’ ―a pesar de que el Acto en realidad pertenece al devenir y no al Ser, o, a lo sumo, está entre ambos[14].

Aristóteles supuso que en el cambio hay tres estadios principales, a saber: el Sujeto[15] ―por ejemplo la materia del barro―, la Forma[16] ―que es el cumplimiento de la función del barro, por ejemplo, una tinaja de barro― y la Privación de la Forma, que es el tercer elemento a señalar; éste último es una especie de ‘vacío’, idea que casa muy bien con el concepto de ‘caos’.

TIPOS DE CAMBIO SEGÚN ARISTÓTELES

Para Aristóteles nada se sustrae al cambio: hasta el propio Ser y las sustancias que lo integran pueden cambiar, tanto es así que el tozudo estagirita supuso dos tipos de cambios relativos al Ser, ya fuera un Cambio Sustancial[17] ―que puede presentarse como Generación o Corrupción[18]― o un Cambio Accidental ―que puede ser Cualitativo (cambio en la apariencia), Cuantitativo (cambio en la cantidad) o de Lugar―.

TIPOS DE CAUSAS SEGÚN ARISTÓTELES

Según el físico estagirita, existen cuatro tipos de causas a saber: una Causa Material ―representada por la materia misma con la cual se emprende una acción―, una Causa Formal ―que es aquello por lo cual la materia toma una u otra forma―, una Causa Eficiente ―que Aristóteles señaló como el ‘agente’ externo que se encarga de dar la forma adecuada― y una Causa Final ―que es el objetivo último de todo el proceso, el ‘por qué’ de todo en su conjunto―.

No obstante parece que el fundador del Liceo[19] desconocía que sólo daba vueltas a un mismo lugar, pues no parece complicado advertir que las causas ‘formal’ y ‘eficiente’ son una misma causa ―llámesele ‘formal’ o ‘eficiente’, tanto da―, como tampoco es difícil observar que esto ya lo dijo Platón con otras palabras, si acaso más bellas y más bondadosas.

¿A qué detenerse alrededor de la encina o la piedra? ¿Se parece en algo la ‘causa material’ de Aristóteles a la ‘materia primigenia’ de Platón? ¿Guarda semejanza alguna la ‘causa formal o eficiente’ con el ‘Demiurgo’? ¿Acaso no son lo mismo la ‘causa final’ y las ‘Ideas’ de Platón? Porque no está de más recordar que el Demiurgo (agente que da la forma) moldeaba el mundo sensible (la causa material) fijándose en las Ideas (causa final), que para Platón son la causa primera y última de todo, el principio y el fin de la circunferencia. Pues bien, aun así, el peripatético estagirita anhelaba su juguete novedoso y bien llamativo.

LA TELEOLOGÍA[20] EN ARISTÓTELES

Y novedoso y llamativo podría ser si tuviera un nombre como ‘Teleología’ o ‘Finalística’… Suena exótico ¿eh?, pues no significa nada más que lo ya expuesto por los predecesores de Aristóteles el Pétreo, es decir, la prístina doctrina que enseña la necesaria inexistencia de algo que no tenga un fin, pues ‘nada existe que no tenga causa de existir; y es que si no tuviera por qué existir ¿qué lo impulsaría a ser?’, como ya declamaban los presocráticos y el propio Platón.

Sea como fuere, y en palabras de Aristóteles, la teoría teleológica viene a decir que no existe ningún ser o individuo que no actúe conforme a una potencia, esto es, que no hay ser sin potencia[21]; pero si cada individuo actúa respecto a un fin, el todo también debería tener su propia potencia: eso creyó que descubría por vez primera el arrogante estagirita.

De hecho, Aristóteles ya debió barruntar que esa función de potencia de la naturaleza en conjunto ―y en palabras de Platón―, equivaldría a la ‘potencia global’ que el Demiurgo extrae de las Ideas, pero como no gustaba de mantenerse en la sombra de ningún árbol ―por ubérrimo y lozano que fuera― el tozudo físico estagirita decidió nombrar a ese principio inteligente con un nombre bien vistoso, y lo llamó ‘Primer Motor[22] Inmóvil[23]’: tan ancho se quedó.

ARISTÓTELES Y SU TÍMIDA TEOLOGÍA

Es cierto: en su frenética búsqueda por la causa primera, Aristóteles entendió ―¡oh, qué excelso saber!― que debía existir un primer ‘agente’ que iniciase la cadena de causas o movimientos; pero como no gustaba de repetir lo dicho por otro ―aunque lo considerase cierto― ni tampoco podía admitir que era sabedor de algo gracias a otro ―sus inveterados complejos se lo impedían― omitió la figura platónica del Demiurgo y prefirió construir su propio juguete. A éste lo llamó ‘Primer Motor Inmóvil’, y dijo de él que no tiene ‘potencia’[24] ―precisamente por ser él quien la transmite a todo ser―, y que, en efecto, es inmóvil precisamente porque es él quien origina todo movimiento. Así es que previo a él no hay movimiento, y tampoco él es movido por nada, por cuanto si alguien le moviera ya no sería el ‘Primer Motor’.

EPISTEMOLOGÍA ARISTOTÉLICA

Dado que gustaba de hacer divisiones de todo, dado que gustaba de intentar romper lo bellamente unido, Aristóteles también dividió el conocimiento (ἐπιστήμη) en tres clases de saber, de modo tal que mencionó un Saber Teorético o Contemplativo ―que según el tozudo peripatético no sirve para nada que se pueda tocar o despedazar―, a otro saber lo llamó Saber Práctico[25] ―que según dijo sirve para conducirse y comportarse como es debido― y un tercer tipo que denominó Saber Productivo[26] ―útil para fabricar todo tipo de objetos mediante una técnica, ya sean zapatos, catedrales, martillos o medicinas[27]―.

Sin embargo Aristóteles pareció ignorar que todos los saberes son uno: aquel que llama ‘Teorético o Contemplativo’, y que debería llamarse propiamente ‘Sabiduría’; porque ¿cómo uno va a saber hacer zapatos si no tiene la paciencia necesaria para fabricarlos o, por ejemplo, si carece de la templanza y de la disciplina adecuadas para trabajar y no dejarse llevar por los placeres? Y con relación a ese mismo hombre, ¿cómo iba a ejercer la virtud de la ‘paciencia’ o de la ‘templanza’ si jamás dirigió su mirada hacia ellas?, por lo tanto, cualquier saber estará subordinado al que el desollador estagirita llama ‘Teorético o Contemplativo’, es decir, el saber que más aprecia el auténtico filósofo, esto es, la sabiduría: el Saber de saberes.

Pero que esto mismo lo dijera Platón, poco le importaba al físico macedonio, él ansiaba recubrir más y más su abultado juguete, deseaba que fuera distinto a todo lo anterior y lo recargaba con multitud de piezas y retales.

ANALÍTICA O LÓGICA ARISTOTÉLICA

Y así como Aristóteles creyó descubrir ‘la lógica’[28]: como su saber[29] no llegaba más allá de lo que dijeran sus antecesores, el físico peripatético se dedicó a la tarea de poner nombres a lo obvio, a lo consabido, a lo manido, a los retales de alfeñique[30]. A este frío proceso de ‘etiquetado maquinal’ Aristóteles lo llamó ‘Analítica’[31].

Dicho esto, queda claro que la Analítica es un instrumento para llegar a un conocimiento, es decir, es una especie de ‘técnica para conocer’, y merced a esta técnica Aristóteles identifica una herramienta deductiva a la que llama ‘Silogismo’, y divide el proceso en tres partes, a saber: la Premisa Mayor (ej: ‘quienes omiten las fuentes de su saber son desagradecidos’), la Premisa Menor (ej: ‘Aristóteles omitió las fuentes de su saber’) y la Conclusión Deductiva (‘ergo Aristóteles es un desagradecido’)[32]. Este ‘silogismo’ se emplea para el ‘Método Deductivo’, que es aquel que va de lo Universal a lo Particular, pero Aristóteles también supuso otro método y lo llamó ‘Método Intuitivo o Inductivo’, que es opuesto al silogismo por cuanto va de lo Particular a lo Universal.

No crea vuesa merced que el desmedido afán por clasificar de Aristóteles acaba ahí: además de lo ya expuesto, el estagirita identificó tres modos de acercarse al silogismo, pero tal vez embriagado de tanta división, entendió que no son tres modos de ver el mismo silogismo, sino que son tres silogismos distintos. A éstos les llamó Generales o Primeros ―cuando lo que se analiza es la forma del silogismo y no su sentido―, los Científicos o Segundos ―cuando el examen versa ya sobre el sentido mismo del silogismo y se resuelve su veracidad o falsedad―, y los Dialécticos o Tópicos ―aquellos que, tras analizar su forma y contenido, no dan muestras de ser verdaderos o falsos, sino solamente probables, y, por tanto, deben ser investigados mediante otros métodos―.

LOS SENTIDOS Y EL ENTENDIMIENTO SEGÚN ARISTÓTELES

Como se ha indicado más arriba, Aristóteles, a diferencia de los verdaderos filósofos, se ocupó de investigar lo concerniente al devenir y con la vista fija en el devenir; el hecho es que se obcecó en tal extremo que hasta el propio Ser creó verlo inmerso en los procesos de cambio. Todo era inestable para Aristóteles, aunque por cierto no admitiera que lo fueran sus doctrinas de alfeñique: ésas no, en absoluto, las suyas debían ser potencias y formas del todo estables… Allá quien trague ese pienso.

El caso es que el peripatético estagirita seguía disgregando sin desfallecer: separó los sentidos en dos tipos, a saber los Sentidos Externos ―que son los tradicionales vista, oído, olfato, gusto y tacto― y los Sentidos Internos ―según Aristóteles comprendidos a su vez por el ‘Sentido Común’, la ‘Imaginación’ y la ‘Memoria’―; éstos, decía el físico de Estagira, se ocupan del conocimiento sensible.

Osado lector, no vaya usted a pensar que el tenaz macedonio iba a dejar algo sin desunir, en absoluto: respecto al Entendimiento, Aristóteles creyó identificar dos tipos, a saber, el ‘Entendimiento Activo’ ―que se ocupa de cognoscer las formas― y el ‘Entendimiento Paciente’ ―que considera las potencias y las actualiza[33]―.

Aristóteles no acertó a dividir los órganos de conocimiento propiamente.

Pero ¿quién, a fuer de los más desprevenidos, no sentiría desazón y pesadumbre, al recorrer los intrincados vericuetos de una mente tan enajenada en lo teorético? Porque, si bien es cierto y de siempre consabido que los ‘sentidos externos’ son la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto ―y aunque de hecho todos son una especie de tacto o ‘contacto’―, no deja de parecer burdo y soez clasificar los ‘sentidos internos’ en Sentido Común, Imaginación y Memoria, puesto que se vinculan de un modo inapropiado.

A decir verdad, el Entendimiento ―que Aristóteles separa de los sentidos― es el único ‘sentido[34] interno’ ―toda vez que interacciona con la ‘memoria’ o la ‘imaginación’―, y puede llamarse ‘Entendimiento’, ‘Sentido Común’ o ‘Intelecto’, y cuando Aristóteles habló de dos tipos de ‘entendimiento’ ―dícense el Activo y el Paciente―, sin darse cuenta denominó los dos tipos de ‘memoria’, la consciente y la inconsciente o genética, que, por cierto, están vinculados al ‘entendimiento’ y le están subordinados.

En resumen, lo que el estagirita quería señalar, pero no pudo ―su obcecación por las divisiones a menudo le impedía contemplar la Unión―, era que están los sentidos ‘externos’ ―caso de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto― y el sentido ‘interno’ ―llámese Intelecto, Entendimiento o Sentido Común―, ocupándose aquéllos de los objetos sensibles y éste de los inteligibles.

En cuanto a la Imaginación y la Memoria, el peripatético no entendió que son ‘dotes’ o ‘capacidades’ subordinadas al Intelecto, y que, por tanto, no son sentidos propiamente dichos; por último, creyó fragmentar el Entendimiento en dos, aun cuando esa fragmentación correspondiera a la Memoria. En efecto, la Memoria puede ser ‘activa’ ―aquella que funciona con la Imaginación y las impresiones sensibles, siempre en movimiento― o bien ‘pasiva’ ―aquella que almacena el conocimiento inteligible, que al ser estable se mantiene en reposo y gobierna[35]―.

Intento de recomponer los órganos de conocimiento, a partir de Aristóteles.

Por lo tanto, no es nada extraño que Aristóteles sea tildado de ‘empirista’[37] por los estudiosos modernos, puesto que, según el peripatético estagirita, el ser humano precisa el conocimiento sensible para llegar a un conocimiento inteligible: Aristóteles prefería el ‘método inductivo’ ―paso de lo particular a lo universal― antes que el ‘método deductivo’ ―paso de lo universal a lo particular[38]―.

Por consiguiente, tampoco fue peregrino que al físico de Estagira le condenaran por ateísmo ―aunque él lo fuese de un modo inconsciente[39]―, pues ateo es todo ‘empirista’, habida cuenta niega toda experiencia fuera de la experiencia corporal y sensible. Porque los empiristas nunca consideran la experiencia del alma: no creen que ésta existiera antes de habitar un cuerpo; por el contrario creen que el alma se formó a la par que el cuerpo, y por ende, viven y se afanan alrededor del cuerpo, se refocilan en la materia y los accidentes, y aquello que piensan lo subordinan siempre a la carne y a sus sentidos: a lo que ven, a lo que oyen o a lo que tocan con sus gruesas manos. Y todo ello, porque no creen que el alma sea causa del movimiento del cuerpo ―y por tanto, no creen que esté exenta de generación ni corrupción―, ni aceptan que el intelecto humano pueda recordar cosas que no pudo aprehender en vida ―no admiten que las recuerde su alma por haber existido con anterioridad―, y nunca entenderán que si tienen un cuerpo mortal, variable y múltiple, es precisamente porque lo anima un alma inmortal, invariable y única.

Sin embargo, ¿es cierto que el ser humano aprende mediante su experiencia con los objetos sensibles? Por supuesto. Ahora bien, ¿es cierto, a la par, que el ser humano aprende a través de su experiencia con los objetos inteligibles? Totalmente. Entonces, ¿quién niega la mayor? Los ateos. ¿Quién lleva atado el negro parche? Éstos mismos. En cambio quien siente piedad por los dioses es porque sabe que existen seres inmutables, igual que los objetos sensibles son imitaciones de los conceptos inteligibles; por tanto cuando el ser humano experimenta con los objetos sensibles, de hecho, está conociendo a los inteligibles, lo que ocurre que de un modo indirecto. Y es que ¿no será mejor experimentar de un modo directo, con el alma misma, los conceptos inteligibles? Y para ello, ¿habrá que usar preferentemente los ‘sentidos externos’ ―dícese vista, oído, olfato, gusto y tacto― o el ‘sentido interno’ ―o sea el intelecto―? ¿Son estas palabras un desprecio al ‘mundo sensible’ o mejor dicho un aprecio al ‘inteligible’? Ya que no se desprecian los ‘sentidos externos’, sólo se indica que son una vía de experiencia indirecta de los seres; en cambio, sí se aprecia el ‘sentido interno’ por ser la mejor vía: aquella que aporta la experiencia directa con los seres eternos.

ANTROPOLOGÍA ARISTOTÉLICA

Tal fue el caso que, Aristóteles, tras pasar un tiempo reproduciendo mecánicamente las doctrinas de Platón, hastiado de permanecer en la sombra y dolido por no alcanzar la dirección de la Academia, retorció su mediocre inteligencia hasta el punto de negar la independencia del alma para con el cuerpo. Pero es que semejante desvarío guardaba ‘coherencia’ con su pseudoteoría hilemórfica, según la cual todo ser está constituido por materia y forma ―un materialismo tradicional, sólo que revestido con ampulosas prendas―, y condujo al peripatético estagirita, inexorablemente, a negar la independencia del alma respecto del cuerpo[40].

Sea como fuere, una vez más el muy arrogante físico macedonio creyó haber descubierto algo nuevo y excelso y sin ayuda de nadie: en su constante labor de desunión y despiece, entendió que también el alma tenía sus divisiones. Según Aristóteles, éstas son tres, a saber, una Vegetativa o Nutritiva[41] ―que se ocupa de los instintos de supervivencia y procreación―, otra Sensitiva[42] ―que tiene a su cargo lo concerniente a las imágenes, deseos y pasiones― y otra Intelectiva[43] ―que es la que se ocupa de razonar y deliberar lo mejor y lo peor en cada caso―.

Sin embargo, y pese a que es justo reconocerle ingenio para revestir su juguete, Aristóteles no hizo más que repetir lo ya expuesto con maestría por Platón ―seguramente, el modelo que no supo imitar― ¿O no se parece en nada la ‘función vegetativa’ aristotélica a la ‘parte concupiscible’ platónica del alma? ¿Acaso distan de asemejarse la ‘función sensitiva’ y la ‘parte irascible’[44]? ¿Guarda alguna relación la ‘función intelectiva’ con la ‘parte racional’ que Platón representa con la figura del auriga? ¿A cuántos más va a sobornar este macedonio insolente y desagradecido? ¿Son contables aquellos que ya han mordido su anzuelo?

Algunos pensamos que al cuerpo de obras de Aristóteles fueron añadidos retales de filosofía medieval, con la intención de presentar una alternativa fisicista al idealismo platónico.

LA ÉTICA EN ARISTÓTELES

Y es bien cierto que el estagirita estaba colmado de ingratitud hacia quienes le precedieron[45]: y ello aunque Platón, parafraseando a Sócrates, se preguntara en sus diálogos qué provecho se deriva de la posesión de bienes, si no se les da un buen uso, y pese a que buena parte del ‘Corpus Platonicum’ tratara sobre cómo enseñar la virtud, y por mucho que a través de sus obras el filósofo ateniense, mostrando la conducta habitual de Sócrates, diera pruebas de cuál es el buen comportamiento y cuál es el pernicioso[46]… Da igual, la procacidad no conoce medida, y Aristóteles se presentó a sí mismo como el descubridor de la Ética, o sea, el ‘saber de la conducta’, o según su propia terminología, el ‘saber práctico’ que, según el sofista macedonio, no depende de la filosofía.

Sea como fuere, obsesionado por lo particular y ya incapaz de percibir la Unión que lo gobierna todo, Aristóteles creyó entender que no existe un Bien Común al cual deba mirar todo individuo ―tal y como afirmó Platón―, sino que cada individuo debe perseguir su propio bien individual, y en consecuencia, según el tozudo macedonio, el fin de todo particular no es el Bien Común, sino la felicidad (εὐδαιμονία) individual[47].

Ahora bien, si hay algo a destacar positivamente en la presunta actividad filosófica de Aristóteles es lo que sigue:

Una vez hubo aceptado que la potencia que conduce al humano hacia la felicidad ―en todo caso sería hacia la felicidad común, que sería no la causa última, sino la consecuencia última tras alcanzar el Bien Común―, y empleando como es debido, ahora sí, su prurito separador, Aristóteles dividió la Virtud en dos tipos, a saber: las Virtudes Éticas ―que están relacionadas con lo sensible― y las Virtudes Dianoéticas ―que guardan vínculo con el intelecto―; luego para cada virtud Aristóteles identificaba un defecto y un exceso, situando la virtud en el medio y los vicios en los extremos.

El refuerzo en la idea ancestral de término medio, defecto y exceso, en el ámbito de la virtud y el vicio (ética), es el fruto más notable del pensamiento aristotélico.

No obstante, acaso en esto Platón también se adelantó al sofista macedonio: en concreto cuando, en el diálogo Timeo, distingue dos tipos de proporción relativas a “dos medios, uno que supera y es superado por los extremos en la misma fracción[48], otro que supera y es superado por una cantidad numéricamente igual[49]”, (Platón Timeo 36a) que equivaldrían a las virtudes ‘dianoéticas’ y a las ‘éticas’ respectivamente; y a fuer de que la doctrina del punto medio es tan antigua como la misma civilización, parece que en Parménides 145a Platón ya lo advierte, como de paso, cuando señala que, “puesto que es limitado, ¿no posee, entonces, extremos? ¿Y qué? Si es un todo, ¿no tendrá principio, medio y fin? ¿O acaso le es posible a algo ser un todo sin estas tres cosas? Si le faltara alguna de ellas, ¿consentiría aún en ser un todo? Al parecer, pues, lo uno[50] tendrá principio, fin y medio”[51].

Pero, ¿cómo iba a confesar un arrogante como el peripatético estagirita que un retal de su recargado juguete pertenecía a otro? Eso jamás. Sus pucheros cesaron el día en que, expectante, la muchedumbre empezó a prestar atención a su juguete hecho de vistosos retales. Ya dado el caso, no iba a renunciar a ello, por muy bajo que debiera caer: su felicidad era lo primordial y el objetivo último de su vida.

LA POLÍTICA SEGÚN ARISTÓTELES

Para finalizar de engalanar tamaño engendro, Aristóteles contrapuso ‘la ética’ ―en la cual dijo que debe perseguirse el bien individual― a ‘la política’ ―cuyo objetivo, por el contrario, dijo ser el Bien Común―; no obstante, dado que el Estado se integra de individuos, resulta difícil imaginar cómo casarían los intereses individuales ―separados entre sí― con el Interés Común, que naturalmente precisa de unión. ¿No sería mejor que ambos intereses coincidieran en la mayor medida posible? De un ‘protoliberal’ como Aristóteles sería imposible obtener una respuesta medianamente decente, porque ¿no es más conveniente perseguir el Bien Común ―con el que automáticamente se consigue el bien particular― que perseguir el bien individual, el cual de por sí no garantiza el bien del pueblo? ¿No es ir detrás de retales, o tomar la parte por el todo, el mantener una doble moral como hizo Aristóteles, al decir que éticamente es mejor una cosa y que políticamente lo mejor es la contraria? ¿A cuántos más va a sobornar este macedonio hipócrita y retorcido?

Sea como fuere, Aristóteles creía entender que el Pueblo, a diferencia del individuo, debía mirar por el Bien Común[52], y a pesar de coincidir con Platón en que había distintas formas de gobierno ―unas nobles y otras degeneradas a partir de aquéllas― sostenía que no hay un modelo de Estado perfecto para todos los pueblos. Por el contrario, sostuvo que a cada Estado le conviene un modelo distinto, adecuado a sus particularidades, y entre los diferentes modelos establecía tres, de los cuales se degeneran otros tantos, a saber la monarquía vs tiranía; la aristocracia vs oligarquía, y por último, la democracia vs demagogia.

Tal vez porque jamás creyó ni en la realidad ni en la filosofía, Aristóteles no contempló el gobierno del Rey-Filósofo, aquel del cual dijo Platón que ‘es tan distinto a los otros seis como lo es dios de los mortales’. A decir verdad, es tan distinto que quienes sólo dirigen su mirada hacia los seis acaban por olvidarlo: de la misma forma, quien sólo se ocupa de lo mortal acaba por desconocer lo divino, y aquel que se afana en separar y despedazar olvida el benévolo arte de unir.

Fuente: 

Historia Crítica de Filosofía, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2005)

[1]    El que después de numerosos genocidios, que abrieron las puertas a la Modernidad, sería llamado Alejandro ‘Magno’.

[2]    Véanse las razones que motivaron a Sócrates a aceptar el fallo que lo condenó a morir. Por ejemplo, en el diálogo platónico Critón 48b y ss.

[3]    ‘Categoría’, término que proviene del griego kat-agoreío, que tiene un significado tan vacuo como ‘declarar’, ‘decir’ o ‘predicar’ y otro tan específico como ‘hablar en contra’, ‘acusar’, más apropiado a la actividad de Aristóteles. No obstante, término hiperónimo kata-gorteío, que significa ‘embaucar’, ‘engañar’, ‘embrujar’ o ‘falsificar’, acaso identifique con mayor acierto el propósito del estagirita.

[4]    Es fascinante que algo tan compuesto y circunstancial como ‘el individuo’ lo estimara como la ‘sustancia primera’ del Ser. En tal caso, los seres serían infinitos o tremendamente múltiples, a saber, tan numerosos como individuos que crecen, se alimentan y perecen.

[5]    Según esta pseudo-teoría, Aristóteles se llamará siempre Aristóteles y será siempre un humano, constituyendo ello lo fundamental de su Ser. ¡Y a este saber lo denomina ‘metafísica’! ¿No es mejor llamarlo ‘ateísmo ilustrado’?

[6]    Adviértase que tanto el ‘estado’ como la ‘pasión’ son exactamente lo mismo.

[7]    Se llama ‘hilemorfismo’ a lo que de hecho es un ‘materialismo’ de toma y daca.

[8]    Es decir, que tanto la ‘materia’ como la ‘forma’ serían subdivisiones de la Sustancia Primera, aquella que define a los individuos, según Aristóteles.

[9]    Acaso este tipo de materia nada tenga que ver con las Ideas platónicas. Nada que ver, en absoluto. Ya, pues bien, lo que uno quiera.

[10] ¿Es otra cosa la filosofía que el aprecio a los saberes estables? ¿Es que hay razón alguna para considerar a Aristóteles un auténtico filósofo?

[11] Y venga con despedazar el Ser…

[12] Es decir, las ‘ideas’ de Platón pero bajo el modelo materialista de Aristóteles.

[13] Dícese del ‘Demiurgo’ platónico pero visto con ojos ateos.

[14] Como ocurre con el Demiugo platónico.

[15] Parecería evidente, para cualquier humano educado en libertad, que el ‘sujeto’ de Aristóteles no es otra cosa que los ‘objetos sensibles’ de Platón, pues ambos están sujetos al devenir. Asimismo parece obvio que las ‘formas’ de Aristóteles son una burda réplica de las ‘ideas’ de Platón, aun cuando las formas pertenecen al ámbito cerrado de la materia y las ideas van más allá de ésta. Y por último, también es palmaria la correspondencia entre la ‘privación de la forma’ de Aristóteles con la ‘materia primigenia y caótica’ de Platón. Pues bien, el ateo de Macedonia no tuvo la elegancia de referir la fuente de sus bajunos conocimientos de alpargata.

[16] ¿Las formas devienen? No. ¿La tinaja de barro deviene? En absoluto. Entonces, la escultura de barro Es y lo demás deviene o no es. Sin embargo, ateniéndonos al concepto aristotélico, las formas también devienen, habida cuenta que hasta el propio Ser está subordinado al cambio. He ahí la impiedad. He ahí la arrogancia, pues Aristóteles no admitiría que su pseudo-teoría estuviera sujeta a cambio. A ésta la querría bien estable y sin modificaciones.

[17] Según Aristóteles, la Materia y la Forma son inseparables, por tanto, son inseparables a un mismo tiempo de la Sustancia Primera, por tanto ―y habida cuenta que ésta es indisoluble del Ser―, Aristóteles era un materialista de cal y canto, puesto que afirmaba que el Ser podía corromperse o generarse; pero además era un impío de aúpa y asoma, puesto que si los dioses fueran Seres, Aristóteles tendría que aseverar que éstos se generan y se corrompen.

[18] Si la Materia Próxima puede corromperse, Aristóteles se vería obligado a responder que el Ser también se corrompe. De ahí que Aristóteles fuese justamente condenado por ateísmo.

[19] No en vano el término ‘liceo’ proviene de la raíz griega líceos o lícinos, que significa ‘de piedra’, ‘pétreo’, ‘de mármol’, ‘marmóreo’, ‘duro’. En efecto, el nombre no podía ser más apropiado para una institución, la cual propagaba el materialismo y daba muestras de tener la cara más dura que la roca.

[20] Τέλος = fin; λόγος = argumento; es decir, ‘teleología’. Por ende, también puede llamarse ‘finalística’, aunque no sin perder por el camino cierta propiedad.

[21] Del mismo modo que en Platón no hay objeto sin idea.

[22] El Demiurgo.

[23] Las Ideas.

[24] Es decir, que no tiene idea relativa (potencia relativa), sino que él mismo es en cierto modo Idea (potencia); en fin, tal y como sucede con el Demiurgo platónico. No obstante, ¿qué es este ‘Primer Motor Inmóvil’, habida cuenta que todo se mueve? Véase nota 94. Y afirmar que no se mueve, ¿no contradice lo expuesto por el mismo Aristóteles, en cuanto a los tipos de cambio? Véase nota 78.

[25] También puede llamarse ‘Saber Ético’, si acaso con mayor propiedad.

[26] O ‘Saber Técnico’, si acaso con mayor propiedad. Con lo cual, en definitiva, los tres tipos de Saber serían ‘Teorético’, ‘Ético’ y ‘Técnico’.

[27] Acaso esta clase de saber también sirviera para componer categorías y descuartizar cadáveres.

[28] De la raíz griega λόγος = argumento, con lo cual ‘lógica’ vendría a decir ‘la técnica de la argumentación’.

[29] Su saber era de tipo ‘productivo’, o, en todo caso, de tipo ‘práctico’.

[30] Con lo cual nace un nuevo tipo de saber, el ‘de perogrullo’.

[31] Que es una especie de cirugía del lenguaje.

[32] No obstante, compruébense los problemas que comporta que un cretense diga ‘todos los cretenses son mentirosos’. ¿Cómo concluir si dice la verdad o miente? Si dijera la verdad ya no sería un cretense, y si mintiera estaría diciendo que los cretenses no son unos mentirosos.

[33] Con lo cual, ni las potencias permanecerían estables.

[34] Argüir que un ‘sentido’ debe ceñirse al conocimiento de lo ‘sensible’, de hecho, sería una trapaza que valdría igual para objetar que los ‘sentidos internos’ no pueden inmiscuirse en el conocimiento inteligible.

[35]  Un ejemplo actual lo mostraría con meridiana claridad. En las computadoras comunes, ¿no hay dos tipos de memoria, una activa ―llamada RAM―, y otra pasiva ―aquella que habita en el llamado ‘disco duro’―?

[36] De hecho, todos son una especie de tacto o de ‘contacto’.

[37] No obstante sería ‘empirista’ antes de que fuera nombrado como tal, y aún antes de que surgiera esta corriente de un modo masivo, dado que ‘empirista’ es aquel que fía su conocimiento a la experiencia, y no sólo lo es, sino que lo era todo quien así pensaba y lo será mientras hayan pensadores de tal jaez. Es decir, que en la Antigüedad no se empleara el término no quita que ya entonces hubieran ‘proto-empiristas’.

[38] No en balde a Aristóteles se le conoce como ‘el descuartizador de Estagira’.

[39]    Acaso no pueda existir un ateísmo verdaderamente consciente.

[40]    Platón aseguraba que el alma era independiente del cuerpo, no que estuviera separada por completo. Precisamente, para Platón, el ser humano es la unión del alma con el cuerpo, pero esto no quita que en esta relación hubiese un soberano y un siervo que dependiera de él.

[41]    Según Aristóteles, función específica de los vegetales pero primaria y común a todos los seres.

[42]    Según Aristóteles, específica de los animales e inexistente en los vegetales.

[43]    Según Aristóteles, específica del ser humano e inexistente tanto en los vegetales como en los animales presuntamente irracionales.

[44]    Que debería llamarse ‘parte honorable’ con mayor propiedad.

[45]    De hecho, es una actitud muy propia de los ateos.

[46]    “El que posee la llamada ‘erudición’ y la ‘politecnia’, pero le falta ese conocimiento del bien y se deja arrastrar por cada uno de los otros, ¿no se expone realmente, con mucha razón, a sufrir una gran tempestad, puesto que se arriesga en alta mar sin piloto, donde no vivirá mucho tiempo?”. En vista de ello, las palabras del poeta ‘sabía muchas cosas, pero todas las sabía mal’ aquí vienen bien (Platón Alcibíades II 147a-b).

[47]    Que es tanto como decir que el individuo no aspira al Bien Común, sino al bien particular.

[48]    Proporción correspondiente a las ‘virtudes dianoéticas’, de modo tal que el ‘Bien’ es el medio respecto al vicio del ‘mal’, que se encuentra en los extremos a la misma distancia del centro, puesto que el Bien carece de exceso. Platón denomina a este medio-virtud ‘aritmético’, es decir, ‘virtud aritmética’, y pertenece a los inteligibles. Véase Alcibíades II 139b.

[49]    Proporción correspondiente a las ‘virtudes éticas’, de modo tal que la ‘valentía’ tendrá como defecto a la ‘cobardía’ y como exceso a la ‘temeridad’, pero ambos vicios no estarán a la misma distancia del centro, sino como indica dicha proporción. Platón denomina a este medio-virtud ‘armónico’, es decir, ‘virtud armónica’, y pertenece a lo sensible.

[50]    Lo uno en sentido total y, también, en sentido particular. No en balde para Platón no hay distinción alguna entre la Unidad total y la unidad particular, si bien éstas dependen todas de aquélla.

[51]    Además, véanse pasajes a la sazón tales como Político 284e y Crátilo 432a-d.

[52]    ¡Hay que ver! ¡Como si lo común y lo particular no estuvieran vinculados! En el enfermizo afán por disgregar lo unido, Aristóteles arribó a las letrinas más infectas del odio: aquel sentimiento que induce a quien lo padece a separar lo bellamente unido.