La creación no ha terminado...

Astronomía y Paranormalia, Historia y Cultura, Humor y Sexo, Paganismo y Tradiciones

LOS 5 MEJORES FILÓSOFOS DE LA HISTORIA

Y para dar término a esta Historia Crítica de Filosofía, se menciona con honores a los más antiguos y mejores amigos del saber, en orden ascendente, hasta llegar al mejor de todos los tiempos. La lectura y comprensión de sus obras y fragmentos, y la aplicación práctica de sus conocimientos, debería ocupar toda la vida de un hombre que se considere ‘de bien’, pues pertenecen a un tiempo en el que aún se vivía sin Modernidad y, como una fotografía, quedó impresa mediante el estallido de la literatura la grandeza de los hombres antiguos.

Fue la misma literatura que degeneraría los tiempos, y la forma de hacer las guerras, y los anhelos y ambiciones humanas se volverían infinitos, sin medida alguna, y la inocencia iría desapareciendo de las entrañas de los individuos, siglo a siglo: ya se abalanzaba la muy terrorífica Modernidad, donde toda locura tiene asiento. Sin embargo, antes de la guerra del Peloponeso aún Grecia vivía en la Antigüedad, y aún próceres, genios y filósofos eternos nacían por doquier a cada pocos años, prueba inequívoca de la maravillosa ‘vida gentil’ o ‘vida antigua’: porque así fue durante milenios, sin necesidad de un relato escrito que lo atestiguara… De hecho, con el avance de la literatura, y en consecuencia de los imperios y el monoteísmo atroz, los grandes hombres irían menguando siglo a siglo, siendo la mayoría ahogados por el fascismo político y religioso que, lastimosamente para los pueblos e individuos libres, se tornaba cada vez más brutal en pos del Nuevo Orden Mundial (Dominium Mundi).

En ese breve tránsito entre la aparición de la literatura y la degeneración del mundo, es donde encontramos a los 5 mejores filósofos de la historia, que aquí se presentan de menor a mayor valía:

5. HERÁCLITO DE ÉFESO (536 – 470 a.M.)

Heráclito fue uno de los primeros disidentes políticos de los que tenemos noticia histórica, además de ser el primero en dar una explicación completa del cosmos, identificando una razón universal, cuya expresión física es un ‘fuego cósmico’ que se regenera por siempre con medida. Heráclito ‘el Oscuro’ fue un individuo de asombrosa valía, hecho a sí mismo, hasta el punto que sus vecinos acudían a él para que redactara las leyes de la ciudad; sin embargo, él siempre desdeñó la política de su polis, Éfeso, por tener una constitución demasiado deficiente de origen, y, sobrepasado por la inmensa tarea de redactar una nueva1, optó por apartarse de todo y sobrevivir en los bosques, alimentándose de frutos y raíces, totalmente hastiado ya de las personas comunes. Ahora bien, les dejó una última recomendación, a modo de enigma, a la pregunta de qué debían hacer para mantener la paz y concordia en la ciudad: respondió Heráclito tomando un vaso con agua fría, al que añadió un poco de harina de cebada y menta, lo bebió sin más y abandonó en silencio la asamblea, dando así a entender que la paz surje de contentarse con los recursos propios y más sencillos.

Sin embargo Heráclito tuvo un carácter soberbio, orgulloso y altivo, y decía haberlo aprendido todo durante la vida, sin recurrir a maestro alguno, únicamente por sí mismo, y amonestaba y rectificaba de forma abierta a sus conciudadanos, a los que separaba entre ‘dormidos’ y ‘despiertos’, mientras se relacionaba con los niños en donde no veía maldad; de hecho, aunque parezca extremista la resolución de Heráclito, cabe decir que la calidad y profundidad de su filosofía, unida a su excepcional experiencia vital, lo consagran como uno de los filósofos más importantes de la historia, con toda justicia, y así fue considerado también por todos sus coetáneos desde un buen inicio.

Heráclito postuló en su libro2 que la naturaleza es un flujo de materia en transformación constante, en un equilibro de atracción y oposión entre contrarios gobernados por la Razón (Λόγος), y su Fuego eterno que constituye y vivifica la realidad sensible (la materia), y que la destruye hasta las cenizas de las que resurge un nuevo cosmos, tal vez mejor, con una armonía aún más ajustada si cabe (teoría del Eterno Retorno). Heráclito advertía como esencial la comprensión de la naturaleza humana dentro del orden cósmico, la génesis, la recreación y la conflagración universal, ya que así se entendía la propia naturaleza humana, ténue y fugaz como el curso de un río, y su auténtico lugar en el cosmos regido por el Fuego y la Razón (o Éter) cósmicas3.

Heráclito tal vez no tuvo maestros como tal, pero sí aprendió de Pitágoras la armonía de los contrarios, aunque es una doctrina filosófica ancestral milenaria, y que el efesio reformuló, en el sentido de que la naturaleza está conformada por tensiones constantes e irresolubles: existe la noche porque hay día, la muerte porque hay vida, el dolor hace valioso el placer, y la bondad implica que hay maldad necesariamente. La resolución de dichos conflictos conllevaría a la destrucción total del cosmos, ya que la matería no está hecha de soluciones sino de tensiones en constante lucha, por ello, sentenció que es “la Guerra es padre de todos, rey de todos: a unos ha acreditado como dioses, a otros como humanos; a unos ha hecho siervos, a otros libres” (fr.625 BCG) aludiendo así a la tensión de contrarios, interacción por la cual la naturaleza se equilibra y se regenera por siempre.

Y es que aunque parezca en primera instancia que Heráclito sólo entendía la multiplicidad, cabe pensar, según su propio razonamiento, que también consideraba su contrario, es decir, la unidad más allá de lo sensible4: sentenció que la Razón es una y que lo impregna todo, como si fuera un quinto elemento o Éter, y que tiene su primera expresión en el fuego eterno: el elemento motriz, causa de la explosión y la conflagración cósmica. De hecho, la propia doctrina de los contrarios hace que deba existir algo estable, sin flujo, que permanezca inalterable, y que sirva de contrapunto a la naturaleza sensible y sus corrientes de transformación; es por ello que Heráclito comprendía dos tipos de universos: un universo generado, que el fuego destruye y regenera cada cierto tiempo, y otro universo eterno en donde la Razón y los dioses habitan y todo permanece incólume, sin generarse ni perecer5.

La repercusión de Heráclito en la filosofía posterior es muy difícil de exagerar, ya que impactó decisivamente en la filosofía de Platón y de la escuela estoica. Su valía se agiganta cuando tenemos en cuenta que son poquísimos los fragmentos conservados (una docena tal vez), de estilo oscuro, casi oracular, y sin embargo poseen el poder suficiente como para revelar al lector toda una filosofía metafísica, cosmogónica, física, ética y política de profundísimo alcance: Heráclito ‘el Oscuro’, sin lugar a dudas, es uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos, y cuya doctrina aún brilla hoy cual olímpico éter. De hecho, Heráclito podría bien situarse en un tercer o segundo lugar, no obstante, si se halla en el quinto lugar es por su duro y áspero carácter, misántropo y apolítico, y por su rechazo a los dioses olímpicos tradicionales, cuya manifestación antropomórfica se hace inevitable en pro de una amable comunicación con ellos. Dado que en esos dos aspectos Heráclito es un ejemplo de la conducta a evitar, no puede hallarse en un lugar anterior a quienes sí se preocuparon de su polis y de sus dioses, o ‘virtudes culturales’, imposibles de omitir en todo hombre y todo pueblo que se precie bueno y bello.

4. PITÁGORAS DE SAMOS Y LOS PITAGÓRICOS (572 – 497 a.M.)

Sucede de forma similar con Pitágoras y los pitagóricos que le siguieron: su doctrina teórica es de una profundidad y belleza inigualables, únicas y eternas; sin embargo adolecen de lo mismo: su carácter disidente para con la política asamblearia de su pueblo, y para con los dioses patrios o exponentes morales del mismo. A decir verdad, y antes de exponer las inmensas virtudes de su filosofía, es debido advertir que Pitágoras y los pitagóricos formaron una secta, al márgen de las costumbres y políticas asamblearias y comunales de la polis, pero con aspiraciones de gobierno…, por lo tanto desde aquí no se puede mostrar ninguna simpatía política por estas conductas, sectarias y oligárquicas, y quien suscribe hubiera formado parte de sus adversarios políticos más convencidos. El Bien sí, pero sin imposición ni coacciones de sectas oligárquicas y salvacionistas, sino mediante la bondad y la belleza de las artes y las ciencias, y la participación del pueblo en las leyes, mediante la participación directa en múltiples asambleas soberanas.

Igualmente reprensible es el exagerado mesianismo en favor de Pitágoras: que si es hijo de Zeus, o de Apolo, o incluso de Hermes, según le apetecía a quien relataba su hipérbole. Que si recordaba todas sus encarnaciones anteriores, que él mismo aseguraba era su última vida encarnada, que si era omnisciente como un dios, que si los animales se le acercaban, y hasta un río le habló cuando Pitágoras lo cruzaba, que si hubieron muchos testigos de ello, y muchos también de que él podía hallarse en varios lugares a un mismo tiempo, que si tenía un muslo de oro que muchos presenciaron en público en diversas ocasiones; que si el mismo Pitágoras decía de sí mismo, que era Apolo Hiperbóreo encarnado…! Este demencial ensalzamiento de la sabiduría y divinidad de Pitágoras, como podemos ver, fue alimentado por los propios pitagóricos, ya que cuanto mejor fuera su maestro mejor serían ellos6; y lo mismo sucedería años después con la figura de Jesucristo, a la que se le fueron añadiendo todo tipo de virtudes y milagros, a fin que la secta fuera lo más atractiva posible, y aplacara las inseguridades de los más débiles de espíritu.

Así pues, como cualquier mesianismo o secta esotérica, el pitagorismo debe ser denunciado todos los días por la grave peligrosidad que entraña, en detrimento del individuo y del pueblo en su conjunto; de hecho, es muy lógico y natural que los pueblos antiguos, ajenos aún al monoteísmo y los imperios, presintieran la terrible amenaza y procurasen defenderse de estas dos lacras, permaneciendo victoriosos durante siglos. Por desgracia la aterradora secta judeocristiana encontró asiento en un imperio, también movido por una ambición pavorosa, el romano, e infiltrando sus instituciones medró en siniestra simbiosis: Roma acaparó los recursos materiales y Cristo los espirituales, finalmente el individuo y los pueblos cayeron de rodillas, y así permanecen desde entonces.

Sin embargo y dicho esto, Pitágoras y los pitagóricos se hallan en el tercer lugar de los cinco mejores filósofos de la historia… y es que la comparación con el cristianismo es odiosa ya que éste no sólo es muy pernicioso, como cualquier secta mesiánica expansionista, sino que por otro lado no aporta casi nada bueno ni nuevo a la cultura universal7. Jesús no quería fundar pueblos con buenas leyes, como sí logró hacer Pitágoras: la propuesta del superhippie palestino era sencillamente esperar el apocalipsis, la destrucción y la inanición, la esperanza en la llegada de un Salvador (es decir él mismo jaja), que dicte las únicas leyes y sin nada más que hacer que esperarle todos obedientes, como ganado marcado y estabulado… En cambio, Pitágoras ofrecía sus discursos religiosos, morales, políticos y culturales al pueblo donde llegaba, aportando soluciones prácticas y efectivas, y era escuchado con atención por cientos y miles de personas; por ejemplo, cuando llegó a Crotona se reunieron a escucharle dos mil vecinos de la ciudad, y quedaron tan asombrados por la sabiduría y majestad de sus consejos, que lo llevaron a que los ofreciera ante las mujeres y los niños del pueblo. También de forma opuesta al superman de medio-oriente, Pitágoras en sus discursos resaltó siempre la superioridad de lo antiguo sobre lo nuevo, siendo lo que precede en el tiempo causa y origen de lo posterior, y así es que animaba a honrar a los padres, y más a los abuelos, y más a los antepasados, y más a los héroes patrios, y así más y más hasta llegar a los dioses, y más a Zeus, padre de todos los dioses y de todos los hombres.

Porque por más que los discípulos y seguidores de Pitágoras dijeran de él que se creía un dios encarnado, lo cierto es que su carácter fue piadoso y humilde hasta el final, como era acostumbrado en la moral antigua. En realidad él fue el primero en usar la palabra ‘filósofo’, precisamente por debido respeto a los dioses, ya que, según decía Pitágoras, “sólo un dios puede ser sabio”. Tal vez por este escrúpulo religoso nunca escribió nada, en el convencimiento de que la cultura oral es mejor que la escrita8.

Hay mucho bueno a destacar del pitagorismo: la creencia en la transmigración de las almas, la concepción de los entes inteligibles como piezas del mundo físico, el respeto a lo anterior sobre lo posterior en el tiempo, el afinamiento de las pasiones e instintos, el valor de la política en pro del medro individual y colectivo, la piedad debida a los dioses, y también dos teorías revolucionarias para toda la filosofía posterior: por un lado, la dualidad moral y cósmica de contrarios, el equilibrio entre lo limitado y lo infinito, lo impar y lo par, la unidad y la multiplicidad, la derecha y la izquierda, macho y hembra, reposo-movimiento, recto-curvo, luz-tiniebla, bueno-malo, cuadrado-oblongo, y sobretodo el concepto de la naturaleza como imitación de los números divinos, en lo que sería el primer esbozo de la magnánima ontología de Parménides y de Platón9. En segundo lugar su teoría astronómica: Pitágoras y sus adeptos concebían el mundo como un conjunto de esferas concéntricas, que se mueven dentro de la Tierra y vibran resonando por la concavidad de la misma, en una harmonía cósmica imposible de escuchar debido a la magnitud de las mismas; también acertaron al entender que ‘el vacío’ es una especie de aire que entra desde el exterior, como si la Tierra y el cosmos transpirasen: “los pitagóricos dijeron que el vacío ingresa en el cosmos como si éste lo inspirara, como aire que proviene de lo que lo circunda por afuera” (Filósofos Presocráticos fr.371 BCG).

En definitiva, si Heráclito fue relegado al quinto lugar por su carácer individualista, impaciente y egotista, que dificulta la paz y la concordia en las casas de los pueblos y en sus asambleas, en el caso de Pitágoras y los pitagóricos debemos mencionarlos en el cuarto lugar, ya que a diferencia de Heráclito éstos intentaron mejorar los pueblos en donde eran vecinos, con intervención política bienintencionada; sin embargo el sistema oligárquico nunca debiera imponerse al asambleario, democrático o policrático, que por cierto era el más común en los pueblos antiguos… Por ello, son reservados los tres lugares de mayor honor a los filósofos benefactores de sus respectivas polis, aquellos que supieron ejercer de sabios líderes allí donde estaban presentes, tratando con paciencia a sus vecinos hasta hacerlos más conscientes de sí mismos, y de sus circunstancias para con sus vecinos y para con los dioses:

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***INACABADO***

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***CONTINÚA TEXTO PROVISIONAL***

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3. EMPÉDOCLES DE AGRIGENTO (495 – 425 a.M.)

Quizá es el único de la lista que podría merecer el primer puesto, si hubieramos conservado toda su obra, sin embargo, aún y con los pocos fragmentos que nos quedan, igualmente ocupa un merecido tercer lugar en la lista de los mejores filósofos de la historia.

Empédocles fue el primer filósofo en sintetizar las doctrinas filosóficas de sus precedentes, y así hizo con los tres grandes filósofos Tales, Anaximandro y Anaxímenes, ofreciendo a la humanidad su gran teoría de los ‘5 elementos’ o rizómata – ῥιζώματα (raíces ‘cósmicas’) que, según el gran filósofo de Agrigento, son el sustento de toda materia: ésta adopta una u otra forma o composición, según sea la proporción de los 5 elementos que se halle en un cuerpo u objeto. También supo encauzar la espiritualidad de los pitagóricos, y explicó la doctrina de la metempícosis o transmigración de las almas, siendo que el alma o ‘daimon’ humano está obligado a padecer múltiples vidas, pasando por todos los reinos de la existencia, hasta retornar a la fuente u origen cósmico.

2. PARMÉNIDES DE ELEA (540 – 450 a.M.)

Fundador de la escuela de Elea y padre intelectual del mismísmo Platón. Entiende el todo como algo único e inamovible e inmutable. En efecto, proclama que ‘solo existe lo que es, el Ser, y lo que no es, no existe’. Según expone en su bella obra poética ‘Sobre la Naturaleza’, lo sensible, la divisibilidad o la multiplicidad, son solamente ilusiones: su influencia en la filosofía de Platón es imposible de exagerar.

1. SÓCRATES DE ATENAS (470 – 399 a.M.)

El mejor filósofo de la historia, en dupla con Platón, y seguramente la figura humana más relevante que haya existido. No dejó nada escrito, pues su búsqueda de ‘lo bueno y lo bello’ era conforme al diálogo vivo, de donde decía surje el conocimiento. Pretendía encontrar una verdad particular a través una verdad universal y necesaria (ciencia), todo ello a través del uso apropiado de la razón (intelectualismo moral). Su integridad no la demostró sólo con buenas palabras, sino que a éstas acompañaba buenas acciones. Se conoce que salvó la vida de Alcibíades durante la batalla de Potidea, y lo apartó del vicio de la lujuria con las prostitutas. Vivió humildemente y acató las leyes democráticas hasta su muerte, prerrogada por el jurado popular de su pueblo, Atenas, que le sentenció a beber la cicuta.

Antigua herma de Platón, el más gran filósofo de todos los tiempos

Su nobilísimo fallecimiento provocó el estallido de la filosofía literaria, sobretodo gracias a su amigo más destacado, Aristocles de Atenas, más conocido por su sobrenombre ‘Platón’ (el ‘ancho’ de espaldas): y es que sólo él podía sobrellevar tamaña responsabilidad sobre sus hombros. Pero él era un hombre de bien, conservador, nacido en un antiguo mundo que ya agonizaba, y él fue consciente de ello, para lo cual, espoloneado además por la muerte de su gran maestro, decidió aglutinar, sintetizar y resolver las doctrinas filosóficas de que era conocedor, antes de que la oscura Modernidad se extendiera por la cóncava Tierra.

Y lo consiguió. La obra de Platón resume la sabiduría antigua en forma de obras de arte, dramas filosóficos, de una producción que sobrecoge por su cantidad y su calidad, y por la profundidad de los conceptos de que trata 10; para muchos literatos y estudiosos, Platón es no sólo el mejor filósofo de todos los tiempos, sino también el mejor autor literario por sí mismo.

[…]

CONCLUSIÓN

Para decirlo rápido y bien, durante los primeros 150 años de explosión de la literatura quedó fijada, como en una fotografía, la vida y pensamientos de los hombres gentiles antiguos: los 5 mejores filósofos corresponden a los 5 más antiguos filósofos, y tal vez es natural que así sea, por cuanto “otórguense honores, de entre lo bueno, a lo más antiguo” (Constitución de los Pueblos Libres ~ de Iberia, Art.948º).

Fuente: 

Historia Crítica de Filosofía, Marco Pagano (Editorial Caduceo 2005-2023)
  1. El redactado de una constitución, de principio a fin, es una labor descomunal que requiere años de dedicación: como ejemplo paradigmático véase la Constitución de los Pueblos Libres ~ de Iberia
  2. Cuyo título sería ‘Sobre la Naturaleza’ (Περὶ Φύσεως), y que dejó antes de morir en el templo de Ártemis, para que fuera descubierto.
  3. Es digno de advertir lo bien que Heráclito comprende la naturaleza divina del fuego: la tierra, el agua y el aire son elementos con los que el cuerpo interactúa constantemente (su medio ambiente), sin embargo el Fuego pertenece a otra naturaleza, inteligible y por lo tanto ingenerada, eterna y presente en todo momento y lugar, y de la misma manera. Algo que nunca se menciona, es que Heráclito también vislumbró un quinto elemento, acaso en la omnipresente Razón, que sirve de justa medida a la acción del Fuego y, aunque no llegare a mencionar al Éter directamente (como sí hiciera Empédocles de Agrigento), y pese a la escasez de los fragmentos heraclíteos que han sobrevivido al voraz paso del tiempo, en uno de ellos sí menciona que “todas las cosas las gobierna el rayo” (fr.596 BCG), en clara referencia al Éter como ‘fuego divino’, y también insiste en su naturaleza metafísica cuando advierte “¿cómo podría uno ocultarse de [un sol] que no se pone?” (fr.599 BCG).
  4. “La armonía invisible vale más que la visible” (Heráclito fr.648 BCG).
  5. Parece una referencia al Olimpo de los dioses, que al fin y al cabo es la realidad interior de la Esfera Celeste, en donde reside la pureza del fuego, de la luz y del Éter que originan la naturaleza sensible, el movimiento y el tiempo. Ésta parece la visión ancestral como se atestigua en Homero: “el Olimpo, donde dicen se halla la eterna mansión de los dioses, que no agitan los vientos ni mojan las lluvias ni alcanzan las nevadas jamás, porque todo en un éter sereno que sin nieblas se expande bañado de cándida lumbre” (Il. VI 41-46), y también así lo entenderán los pitagóricos, en tanto que “la parte más elevada de lo circundante, donde está la pureza de los elementos, (Filolao) la llama «Olimpo»” (FilPit.fr.157).
  6. Incluso entre los pitagóricos había discusiones sobre qué grupúsculo era más pitágorico: los pitagóricos ‘matemáticos’ o los ‘acusmáticos’
  7. De hecho, lo poco de bueno que pudiera aportar, en libros como el Eclesiástico o Sabiduría, ya fue dicho por muchos de los antiguos, múltiples veces, incluso por la mayoría de tías y abuelas de la gente común (el proverbial ‘no seas malo y pórtate bien’), sin hacer alardes de santidad e ínfulas de redención universal, y en el caso de los filósofos, con una magnitud y profundidad miles de veces superior
  8. Se dice empero que Filolao fue el primero en publicar un libro de enseñanzas pitagóricas, seguramente de título Sobre la Naturaleza – Περὶ τῆς Φύσεως, y que Platón mismo cuando visitó a la familia de Filolao, en Siracusa, le compró el libro, a partir del cual se dice pergeñó el célebre Timeo.
  9. El conocimiento de esta teoría facilita la comprensión de aquellas fuerzas cósmicas y naturales que originan, conforman y mantienen por siempre con amor consciente, no sólo a toda la naturaleza sino también al ser humano como parte de ella.
  10. Tal vez sólo la magna y cautivadora obra de Plutarco se le pueda asemejar, en voluminosidad y valía.
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